HERENCIA MALDITA.


II. TESTAMENTO.

—Cuando supe que había quedado en estado de mi primer hijo tan solo tenía 19 años. Era un estudiante de diseño, mantenía una relación en secreto con mi profesor de arte y me encontraba en un largo tratamiento a base de antidepresivos y ansiolíticos. No estaba listo, no quería tenerlo, pero no tenía opción. En el estado de Nueva York estaba y aún está prohibido el aborto y las medidas contra los omegas que deciden hacerlo de manera clandestina son bastante rígidas. Mantuve por secreto mi embarazo los primeros meses destrozándome los sesos sobre lo que haría, bien pude fingir un accidente o algo así, pero no era correcto. Cuando no tuve más opción se lo dije a Otabek y contrario a lo que pensé él enloqueció de felicidad. Jamás lo había visto tan feliz a mi lado, así que pensé que todo saldría bien y comencé a alegrarme por mi estado. Con el pasar de los meses los síntomas se hicieron insoportables, tuve que darme de baja un semestre en la universidad y comenzar a pensar continuar mis estudios en línea. Fue un embarazo complicado, el primer trimestre perdí demasiado peso y al último pase días enteros sin dormir, pero eso no impidió que todo siguiera su curso y Boris nació en Diciembre, cerca de Navidad. Fue una noche muy mala, durante el día una tormenta de nieve había comenzado a caer desde muy temprano, las principales autopistas estaban bloqueadas y conducir era riesgoso. Durante la noche antes de ir a dormir comencé a sentir los dolores de parto. Intenté soportar, había escuchado de las falsas contracciones y con lo complicado que estaba el clima decidí hacerme el fuerte, no quería ponernos en riesgo ni a Otabek ni a mí. Grave error. A las dos de la mañana no pude más, rompí fuerte y las contracciones se hicieron terriblemente regulares. No podíamos salir, no teníamos auto, pedimos una ambulancia, pero no había disponibles. Fue la peor noche de mi vida, era primerizo, sentía como me partía en dos con cada minuto que pasaba y yo solo quería morir. La agonía duró hasta la madrugada, sentí mi espalda a punto de partirse, no soportaba la cadera y estaba tan cansado que no creía soportar más.  A las siete de la mañana Boris vino al mundo ayudado por su padre en un pequeño departamento de Nueva York.

—No es la típica historia contada de emoción y alegría. Desde ese punto de vista suena como una historia bastante triste.—Víctor estaba a un lado de él en la sala de espera de un hospital ruso, su esposo Otabek había sido llamado hacía unos minutos por el médico a cargo de su hijo y él en un intento desesperado de calmar sus nervios había comenzado a recordar la manera en la cual Boris había llegado al mundo.

El camino al hospital había sido largo y tortuoso, no entendía lo que había ocurrido, Cuando despertó a su ensoñación una terrible vista lo había recibido.

Su hijo al pie de la escalera indudablemente había caído de esta, sangraba por la sien y se encontraba inconsciente, Otabek estaba al lado del adolescente terriblemente asustado intentaba reanimarlo sin entender que había sucedido. Cuando vio a Yuri en lo alto de la escalera su mente hizo click y no pudo evitar dirigirle una mirada asesina a su esposo.

El camino al hospital no pudo ser peor, la tensión en el ambiente podía cortarse con tijeras. Su esposo no volteaba a verlo ni por error mientras que él mantenía en el asiento de atrás del auto a su hijo en el regazo. Llorando inconsolable, asustado de sí mismo y de lo que había hecho mientras cubría con un pañuelo la sangre que continuaba brotando de la sien del joven.

Ingresaron a Boris de urgencia y a los pocos minutos arribo Víctor al hospital. Oportuno llegó al momento en que Otabek era llamado por el médico a cargo para hablarle del estado de su hijo. Yuri quiso acompañarle, pero la mirada del kazajo lo detuvo. Desde entonces no había vuelto a salir.

A pesar de ser solo el abogado Víctor se quedó al lado de Yuri y preparado para la tormenta que se avecinaba le había traído un café y escuchado pacientemente el relato sobre el nacimiento del primogénito de los Altin.

—No espere tener que contarle esto a un desconocido, mucho menos a alguien que fue contratado por mi madre, pero en este momento no puedo ver a nadie al rostro, en especial a mi esposo, ni a mi otro hijo, mucho menos a mi abuelo. No entiendo que fue lo que paso, todo fue como una pesadilla y cuando creí que despertaría lo hice, pero a una realidad aún peor.

—Tu hijo estará bien, es joven y es un alfa—Intento convencerlo el platinado aun cuando no se encontraba tan seguro de sus palabras.

—Eso espero. Contrario a lo que podría pensarse después de escuchar esta historia, amo a mi hijo con todas las fuerzas de mi corazón. Apenas lo tuve entre mis brazos cuando nació y el amor fue inmediato, supe que todo había valido la pena y que me dedicaría a protegerlo y hacerlo feliz sin importar lo que costará—Víctor lo miró, a estas alturas también estaba preocupado, la caída había sido importante, pero era más que evidente que el rubio no estaba en sus cinco como para culparlo. Al menos él no sería capaz de hacerlo.

—Lo que sucedió hace unas horas no fue normal. ¿Continuas en tratamiento?

Yuri bebió su café y al instante negó.

—No, fui dado de alta hace mucho. En determinados momentos tomo antidepresivos o calmantes, pero no lo he hecho desde hace ya bastantes años.

—Yuri…—No estaba seguro de abordar el tema tan de repente, pero como profesional que era lo mejor era ponerlo al tanto lo antes posible—. Lo que sucedió fue grave, si Otabek decide demandarte procederá sin una previa investigación. No solo podrían apartarte de tus hijos si no que podrías entrar a prisión preventiva o en el mejor de los casos a un hospital psiquiátrico.

Yuri rio irónico ya que todas esas cosas no le importaban en lo absoluto.

—Si soy un peligro para mis hijos entonces que me apresen, no me importa. Solo quiero que Boris este bien.

—Yuri, no debes hablar así, si sigues enfermo debes tratarte no ser enviado a un centro penitenciario o un psiquiátrico estatal con quien sabe qué tipo de personas. Sabes yo te ví después del accidente, capte tu mirada antes de regresar en sí y lo que ví me pareció bastante extraño.

El rubio dio un sorbo más a su café, no entendía para nada a ese entrometido abogado y comenzaba a sacarlo de quicio.

—Dime que carajo viste.

—Es extraño y ni siquiera te conozco, pero… soy bastante bueno con las personas. Desde el primer instante logro estudiarlas y conocerlas, algo que muchos tardan años en hacer y hoy ví algo que me perturbo demasiado. La mirada que tenías no era tuya, era la de Irina.

Escupió su bebida levantándose de su asiento cuanto antes, como si aquella simple mención le provocara una descarga eléctrica.

—Tú…¿Qué sabes de ella?

—Lo suficiente, trabaje para ella más tiempo del que crees y sé todo lo que sufriste a su lado y su arrepentimiento. Así que tengo bases para decir que hace un momento no eras tú.

Él no necesitaba escuchar nada de eso, no quería hacerlo. Se sentía como la peor de las personas y no necesitaba ni de los consejos, ni la compasión de un desconocido.

—Deberías irte ya, no hay nada para ti aquí—dijo por último. Víctor iba a replicar, pero Otabek salió al lado del médico a cargo de Boris.

—¿Cómo está mi hijo?—quiso saber ansioso. Otabek se llevó una mano al rostro, no sabía cómo comenzar, en tanto el médico siendo comprensivo le dio una palmada en la espalda al moreno.

—Mucho gusto señor Altin, soy el doctor Yuuri Katsuki y seré el encargado del caso de su hijo. Yo le explicaré—El médico era un joven oriental quien consciente de la situación busco no complicarles más el traumático episodio a la pareja.

—Señor Altin, me temo que la caída fue más aparatosa de lo que creímos. Realizamos diversas pruebas pero los resultados no fueron los esperados. Sufrió de un importante traumatismo craneoencefálico lo que provocó que al instante cayera en estado de coma.

Las últimas palabras hicieron click en el muchacho. Él sabía a qué se referían y no podía creerlo. Su mundo se vino abajo y sin importar todo lo que el médico continuaba hablando él ya no escuchaba nada. Sin poder contenerlas gruesas lagrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, los oídos le zumbaron y de un momento a otro su vista comenzaba a ser borrosa.

—¡Yuri…!—Otabek alcanzó a sujetarlo antes de que su cuerpo impactara contra el suelo. De inmediato el doctor Katsuki llamó a un enfermero y solicito una camilla.

Víctor se mantuvo al lado de Otabek en todo momento sin decir nada de manera casi imperceptible, vigilando atentamente la situación y con la intención de brindar ayuda cuando fuera oportuno.

Yuri se mantuvo inconsciente por algunas horas, tal vez su cuerpo le pedía descansar de todas las emociones vividas hasta el momento o incluso puede que su cuerpo sintiera el rechazo directo de su alfa ya que sin decir nada Otabek abandono la habitación donde Yuri se encontraba.

—Yuri estará bien—dijo mirando a Víctor al pasar por su lado directo hacía la puerta—Mi hijo me necesita.

—Lamento entrometerme, pero la condición de tu hijo es poco probable que cambie en las siguientes horas—Intervino intentando detenerlo, pero el efecto fue el contrario, había dolor en su mirada.

—Lo sé—respondió con pesar—Escucha, lo que sea que teníamos que hablar el día de mañana, ¿será lo último que tengamos que ver contigo?

—Si, solo hace falta dar lectura al testamento, pero puede ser postergada debido a los recientes eventos—Otabek medito la situación, la verdad es que no quería aplazarlo, no quería tener nada más que ver con la situación de la familia de su esposo, solo quería que todo terminara cuanto antes.

—Por mi esta bien que sea mañana, solo falta esperar a Yuri.

—Puedo quedarme con él mientras despierta—Ofreció de inmediato el platinado, Otabek no vio aquello como una mala idea, al contrario Víctor le daba cierta confianza a pesar de tratarse de otro alfa el hombre tenía en su aura algo difícil de explicar pero que terminaba por encantar a todo aquel que le conociera.

—De acuerdo, también debo hablar a Nikolai, le diré que nos quedaremos aquí—El alfa salió dando una última mirada a su inconsciente esposo, ya tendría oportunidad de hablar con él, al menos fue lo que pensó antes de salir.

Yuri continuo en aquel estado durante algunas horas más, horas en las que Víctor no se apartó de su lado. Aún cuando el sueño le vencía por momentos y mientras estaba en aquella fría habitación de hospital su mente le llevaba a recordar viejas promesas.

—Lamento que las cosas tuvieran que suceder de esta forma Víctor, perdóname, pero una vez que todo concluya por fin podré estar en deuda contigo.

—Irina Plisetsky…—murmuró mirando con atención al rubio que en medio de la inconsciencia se quejaba.

—¿Yuri?—Observó como su rostro se contraía en una dolorosa mueca y se quejaba, algo lo estaba atormentando por lo que decidió despertarlo como fuera posible. De entre sus ropas de un bolsillo interno de su abrigo extrajo un pequeño frasco con una sustancia oscura, tomo también su pañuelo para impregnar la sustancia y posteriormente pasarlo por la nariz del joven omega.

Antes de proceder a despertarlo lo miro con interés.

—Hermoso—susurro y paso una mano para acariciar los largos y rubios cabellos que caían a cada lado por los hombros del omega, se inclinó un poco para acercar su rostro al del rubio y estando a tan solo un palmo de él aspiro con fuerza hasta llenar sus pulmones del exótico aroma a vainilla y cítricos. Hecho lo anterior procedió a despertarlo.

—Es hora de que regreses.

Yuri aspiro con fuerza e instintivamente su ceño se frunció ante el penetrante aroma.

—Be…¿Beka?—preguntó intentando incorporarse y frotando sus ojos.

—Salió, dijo que llamaría a Nikolai y estaría con Boris.

—Boris…—El simple nombre le hizo recordar lo ocurrido y sin importarle nada más saltó de la camilla para a toda velocidad atravesar la habitación.

—¡Yuri espera!

No le importaron los gritos de Víctor tras él, ni el rechazo de su esposo, él solo quería estar al lado de su hijo, por lo que corrió hasta recepción para localizar el cuarto de Boris. Una vez hecho esto corrió hasta llegar con él, sin tomar siquiera un respiro, ni detenerse a pensar en nada más corrió lo más que pudo hasta llegar a su lado. Una vez estuvo fuera de la habitación se detuvo para medio tomar alientos y prepararse para lo que encontraría. Abrió la puerta con lentitud y la realidad lo abrumó. Otabek estaba sentado en un sillón al lado de la camilla donde se encontraba su hijo. El joven con una venda en la cabeza, unas cánulas sobre el rostro parecía tan solo dormir, su joven rostro se mostraba en completa paz. Yuri ignoró a su esposo y al instante se arrodillo a un costado de la camilla para tomar una de las manos de Boris entre las suyas.

—Perdóname por favor, mi amor perdóname—Apenas hizo esto y no pudo continuar conteniendo las lágrimas las cuales cayeron a raudales por sus mejillas, desesperado imploró por el perdón de su hijo y le pidió regresar.

—Yuri—Otabek se arrodilló a un lado de su esposo. Conmovido por la desesperación en la voz de este lo tomo entre sus brazos permitiendo se desahogara.

—¿Qué clase de pesadilla es esta?—preguntó separándose unos centímetros del moreno.

—Saldremos de esto—aseguro intentando confortarlo.

—Sé que no lo merezco, pero por favor perdóname Beka—El hombre lo miró inalterable, no sabía que decir, no entendía nada y a pesar de que su corazón se encontraba molesto con la persona entre sus brazos, su instinto le pedía a gritos protegerlo a toda costa.

Aquella noche fue complicada, Yuri se mantuvo al lado de su hijo en todo momento al igual que su esposo, ninguno de los dos dijo nada más. Otabek ni siquiera le pregunto que era lo que había ocurrido aquella tarde, no quería saber nada más, se encontraba molesto con su esposo pero no quería tocar el tema, no en la condición en la que se encontraba.

El día siguiente los sorprendió. Otabek queriendo darle fin al tema que los había llevado a las lejanas tierras de origen de Yuri lo obligó a acudir a la lectura del testamento de Irina, por supuesto este se había negado rotundamente, no quería dejar a su hijo solo en aquel estado por un mero formalismo. Sin embargo su esposo lo había persuadido queriendo darle carpetazo y concentrar su atención en Boris y lo que harían de ahora en adelante.

Víctor los recibió en su despacho con una cálida sonrisa, en contraste al lado de él se encontraba el notario que daría lectura al documento. Un hombre mayor de semblante serio y frio al hablar.

—Les presento a Yakov Feltsman, el notario de tu madre, quien nos ayudo a redactar el documento y en sus posteriores modificaciones.

—Un gusto conocerlos, ahora bien pasemos a tomar asiento para dar—dijo señalando unas sillas delante del escritorio donde Yakov tomaría asiento y a un lado de este Víctor.   

—Yo Ana Irina Plisetskaya en pleno uso de mis facultades…

Yuri no estaba al cien aquel día. Lo ocurrido la tarde anterior aun minaba su estado de ánimo además pese a no estar marcado por su pareja sentía su rechazo aunque este no dijera nada y más que nada en el mundo en aquel momento deseaba con todas sus fuerzas estar al lado de su hijo. De solo pensar en él sentía su corazón romperse y quería salir huyendo de esa terrible pesadilla.

—De esta forma dejo todo en manos de mi ahora único hijo Yuri Plistsky. Yuri por favor confió en que después de tantos años hayas decidido perdonarme y que tu buen juicio será el que te guie a tu camino definitivo.

Las últimas palabras si las escucho. Por alguna razón le erizaron los vellos de la nuca, no las entendía, pero le perturbaron.

—Dejo a ti mis preciadas joyas, el contenido de mis cuentas bancarias y sobre todo la Residencia que con tanto amor tu padre me heredo.

Su cerebro tardó en procesar las palabras, de hecho demasiado. Por lo que se encontraba demasiado confundido tanto que para cuando logro comprender lo ocurrido su esposo ya se encontraba estrechando las manos de Víctor y Yakov, asintiendo a quien sabe cuantas cosas. Un conocido, en aquel momento de nuevo percibió un sutil aroma a almizcle comenzó a inundar el ambiente de manera casi imperceptible o al menos así parecía para los demás por que para él era obvia, ¿acaso era de nuevo Víctor? Apenas tuvo este pensamiento y sintió la intensa mirada del platinado sobre si.

—Bien eso ha sido todo. Estaré en próximos días con ustedes para terminar los trámites correspondientes.

—Te agradezco Víctor. Has hecho demasiado por nosotros—agradeció el kazajo sinceramente. Ambos alfas estrecharon sus manos, Yuri miró la escena confundido. ¿Acaso su esposo no se había dado cuenta de lo que el platinado estaba haciendo de manera descarada con sus feromonas?

Ahora fue el turno del rubio de despedirse.

—Por favor, si necesitas algo no dudes en llamarme. Estoy para ayudarlos—dijo estrechando su mano con fuerzas. Yuri sintió el contacto seguido de una extraña corriente eléctrica que termino por perturbarlo más.

Tomó la mano de su esposo con fuerza camino al auto y apenas lo hicieron este decidió abordar el tema sin rodeos.

—Eres el heredero universal de tu madre.

—Lo sé, también lo escuche, pero no quiero nada de ella—Otabek frunció el ceño. Se sentía agobiado, cansado y molesto. En verdad era tanto el rencor que el rubio guardaba a su madre como para pensar de manera tan irresponsable. Inhalo con fuerza armándose de paciencia y valor para decirle lo siguiente.

—Sabía que dirías eso y esperaba que lo recapacitaras—Yuri lo miró sorprendido, usualmente el moreno no cuestionaba sus decisiones y más si estas involucraban a su pasado—Cariño, sé que ella te hizo demasiado daño y todo lo que sufriste aún después de abandonar tu hogar, pero nuestra situación es delicada.

—¿De qué hablas?—preguntó enojado.

—¿De verdad no puedes verlo por ti mismo?

—Yo…

—Yuri aún no hemos terminado de pagar el departamento, yo solo soy un profesor y tú un artista que es cierto que por temporadas generas enormes cantidades de dinero pero a su vez debes administrarlo sabiamente hasta que vendas alguna obra, te contraten para nuevas exposiciones o lances nuevas obras, y ahora con lo sucedido con Boris será difícil salir adelante, tan solo la hospitalización es un gasto que no tenía idea como podríamos solventar. Escucha estamos en un país extranjero donde no somos nada ni tenemos nada y tenemos un hijo que nos necesita, es cierto que es una terrible tragedia, pero si ahora contamos con una oportunidad por que no tomarla?

El rubio lo miró atento y escucho sus palabras con dolor porque muy a su pesar el moreno tenía razón.

—¿Escuchaste las condiciones?—lo interrumpió Yuri.

—Si, son mínimas, solo debes darle mantenimiento a la residencia, pero el mantenimiento será con el mismo dinero que Irina te dejó, vivir unos días en esa casa y darle mantenimiento hasta que recupere su esplendor, una vez hecho eso podrás disponer libremente de la herencia.

—Debo vivir en ella—dijo con pesadumbre.

—Viviremos ahí los tres como una familia, cambiaremos lo que viviste ahí, la llenaremos de nuestros propios recuerdos al menos por este tiempo—Yuri cubrió su rostro con ambas manos, no quería hacerlo, de verdad que no, pero no había más alternativas.

—Beka, ayer yo…lo que hice fue…

—¿Quieres hablar de eso?

—Quiero que entiendas mi postura.

—Bien, entonces explícame porque casi matas a nuestro hijo Yuri—El tono en que lo dijo estaba lleno de resentimiento y su mirada lo confirmaba. Yuri lo comprendió, después de todo Boris era el orgullo de su esposo, el primogénito, alfa, excelente en todo lo que se propusiera.

—Creo que tuve una alucinación. Boris estaba vagando en la casa y mi paranoia me llevó a buscarlo, empecé por mi cuarto y…y…encontré el maldito vestido blanco.

—¿Vestido?

—Estuviste conmigo cuando se lo conté a mi terapeuta en una sesión que tuvimos juntos. Las estúpidas juntas a las que mi madre me obligaba a ir, el endemoniado culto al que pertenecía y el sobrenombre que tenía. Yulia ese maldito nombre que va a perseguirme hasta que me muera.

—El día que tu madre confeccionó ese vestido fue cuando…

—Al día siguiente tendríamos la ceremonia y si ese día escape. Mi mente recreo todo de nuevo…—llegado a este punto la voz del mas joven se quebró y sintió sus manos temblar, todo su cuerpo temblaba—Ví en Boris a mi madre y…yo hice lo mismo que con ella.

Sintió el dolor en sus palabras y su instinto lo llevó a acogerlo entre sus brazos, brindarle su apoyo y protegerlo, pero su razón aún se encontraba nublada.

—Beka, no quiero que vivamos los tres ahí. No quiero que Ivan entré a ese lugar y tú tampoco. Si tengo que volver a enfrentar mis demonios quiero hacerlo solo. No quiero que nada malo les suceda a ustedes.

Otabek lo sostuvo con fuerza entre sus brazos, su instinto actuaba por él, pero su mente continuaba meditando lo ocurrido. Yuri había estado en tratamiento antes del nacimiento de Boris y poco después también. Su terapeuta en alguna ocasión le había comentado que los eventos sucedidos durante su infancia y adolescencia habían marcado de manera permanente la mente de su esposo. Como consecuencia los episodios psicóticos de Yuri ya se habían presentado aunque jamás había dañado a nadie. Miró el delgado cuerpo entre sus brazos, apreció las rubias pestañas Pensó en Boris, en Ivan y en sí mismo. Lo amaba de eso no había duda, se enamoró de él desde el momento que decidió tomarlo bajo su cuidado. No era tan mayor a él y en el momento en que decidió convertirse en su mentor él contaba con sus propios miedos y problemas, pero no importó Yuri aún con todo y su terrible pasado tenía tanta fortaleza, la suficiente fortaleza como para haber hecho un viaje a miles de kilómetros y empezar de nuevo. Para aún con todo y las sesiones con su terapeuta, los medicamentos y terrores nocturnos, aun así era capaz de darlo todo en busca de un mejor futuro y en ese momento cuando el rubio se convirtió en su alumno motivado por su belleza se acercó a él. Yuri era increíble, un conjunto de todo lo bueno y maravilloso que necesitaba en su vida. Su belleza, su aroma, su fortaleza, necesitaba todo lo que el omega fuera capaz de ofrecerle y él se encargaría de protegerlo, de amarlo, de preservarlo para él, esa había sido la promesa hecha tantos años atrás, pero ahora…todo parecía ser diferente.

—Es mi deber proteger a mi familia—dijo colocando su cabeza en el hueco que se formaba entre el hombro y el cuello de su esposo, aspiro con fuerza el aroma de este, el aroma que le volvió loco en más de una ocasión, aquel que le enamoro—Es mi deber hacerlo, pero fallé.

—Deja que solo sea yo quien se mude—apretó con fuerza el delgado cuerpo—No quiero que nada ni nadie dañe lo que amo, ni siquiera yo—

—No permitiré que vivas solo en la casa donde te hicieron tanto daño. Encontraremos una forma, te ayudaré.

Pasaba de la media noche cuando Víctor regresó a su hogar. Se sentía exhausto, todos los eventos acontecidos últimamente lo habían hecho trabajar más tiempo del previsto, pero las cosas parecían fluir por si solas de manera satisfactoria.

—¿Víctor?—Alguien llamaba desde el fondo del  departamento, para ser precisos desde la cocina.

—Llegué.

Víctor atravesó el departamento hasta encontrarse con el dueño de la voz.

—¿Cómo te fue?—pregunto encontrándolo en la cocina preparando un café.

—Las cosas van saliendo bien.

—Pensé que harías guardia.

—No, logre cambiar mi turno, pero esta bien. Podremos aprovechar este tiempo juntos y por un momento olvidar lo demás—El joven rodeo su cuello con sus brazos dándole un beso en el cuello.

—¿Qué tiene en mente doctor Katsuki?

—Aprovechemos este tiempo, aunque no sea nuestro.

Publicado por nincoxx

De entre todas las cosas en la vida mi mayor placer es escribir, para mi es tan esencial como el aire que respiro. Por medio de mis historias puedo ser libre, explorar mil y una posibilidades, salir de la monotonía, vivir varias vidas y convertirme en distintas personas. En lo personal me considero una persona completamente romantica, sin embargo mis historias pueden estar llenas de tragedia o finales no muy felices, pero sin embargo nunca faltará una buena dosis de amor.💓

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