En esta vida y en las que siguen.


The Yuyu week

Día 5

Tema: Reencarnación

EN ESTA VIDA Y EN LAS QUE SIGUEN

Ha terminado la rueda de prensa y la mayoría de los competidores se dispone a salir del recinto. El fin de otra temporada se acerca, y será momento de descansar un poco antes de volver a ajetreo competitivo y comenzar el ciclo de entrenamiento una vez más.

—Oye, anciano, ¿por qué estás tan contento? —pregunta Yuri Plisetsky. Víctor baja la mirada para encontrarse con el gesto adusto y gruñón de Plisetsky y ese gesto solo provoca que el mayor amplíe su sonrisa—. ¡Contéstame!

—No hay razón para estarlo, pequeño Yuri —concibe Víctor con tono cantarín, aumentando el enojo eterno del adolescente malhumorado. El chico se cruza de brazos y manteniendo el paso rápido de Nikiforov agrega:

—Error mio, por preguntar.

—Si tanto te interesa —agrega Víctor, la boca formando el clásico corazón es el signo inequívoco de que el patinador está la mar de contento—. Tengo el presentimiento de que algo muy bueno sucederá hoy.

—¿Aaaaaah? —atina a decir el menor, sin entender. Luego, al decidir que era momento de decir lo que realmente quería decir, Yuri, infla el pecho y confiado agrega—: Sonríe todo lo que quieras ahora, calvo, porque la próxima temporada te quitaré ese estúpido gesto risueño de la cara. ¡Ganaré todas las competencias y todos olvidarán qué o quién es Víctor Nikiforov!

—Ansío por ver eso —responde Víctor, aún envuelto en su propia aura de felicidad, para después, pensativo, llevando su dedo índice a la boca en señal de que estaba pensando, inquiere—: aunque me parece que deberías mejorar tu secuencia de pasos. Dudo mucho que con esos movimientos tan burdos y sin gracia puedas ganarme próximamente.

—¡¿Qué dices?! —cual gato endemoniado, Yuri se eriza y alza la voz. La actitud despreocupada y ligeramente altanera de Víctor es algo que al pequeño ruso siempre lo ha sacado de casillas—. Te tragarás tus palabras Nikiforov. ¡Yo ganaré, lo juro!

—Yura —Yakov interviene, no quiere que los muchachos llamen la atención de la prensa—. Escucha a Vitya, sus consejos pueden ayudarte.

Sin embargo, ninguno de los aludidos presta atención. Frente a ellos se encuentra uno de los patinadores que participaron junto a Víctor en el circuito, el sexto lugar, si Víctor mal no recordaba. El muchacho los observa absorto con esos lindos ojos de tonalidad café. Víctor sonríe y intenta acercarse al patinador ofreciendo una foto conmemorativa del momento. Sin embargo, el chico solo salta en su lugar, asustado, dirige su mirada a Víctor y, luego, se demora un poco de tiempo examinando a Yuri, quien también lo mira a detalle.

Nikiforov reprime una sonrisa al notar que ambos se han sonrojado; sin embargo, en un extraño giro de los acontecimientos, ambos chicos huyen a la mirada del otro y se apresuran en darse la espalda. Cada uno toma un rumbo distinto en la recepción del lugar y desaparecen mezclándose entre la gente, como un par de desconocidos que se han encontrando solo de forma casual en un día normal.

Víctor suspira y lleva una mano a su nuca. Observa el lugar donde ha desaparecido el muchacho de lentes y sigue, con la mirada, la trayectoria de la ruta que siguió Yuri para desaparecer de ahí. Una burbuja de angustia se instala en su corazón, y piensa que las cosas no son tan simples como él pensaba. Nikiforov alza su mirada al techo, pretende que es realmente al cielo hacia donde mira, pues él acaba de comprender que es el único que recuerda su vida pasada.

—Será más difícil de lo que pensé.

Sin resignarse a perder, Víctor camina en dirección a dónde hubo ido antes Plisetsky, en el camino recuerda a dos amantes infortunados que vieron frente a ellos miles de obstáculos que les impidieron amarse libremente y, sin embargo, aún en contra de todo pronóstico, encontraron el momento adecuado para jurarse amor.

Víctor recordaba perfectamente a Yuri, un guerrero fuerte y poderoso de cabellera rubia. Hábil con la espada y con un fuerte temperamento. Uno de sus mejores amigos también, una persona leal y justa. Un caballero dispuesto a dar la vida por sus seres queridos. Una persona que Víctor llegó a admirar por todas sus hazañas en vida.

También recordaba a Yuuri, un muchacho de facciones finas y bonitas que ambos encontraron herido a la orilla de un lago. El muchacho había sido emboscado y por suerte, no había sido asesinado. Creyendo que era un chico inofensivo, Víctor y Yuri lo acogieron con ellos y lo protegieron mientras se recuperaba. El muchacho era amable, comprensivo, valiente y honesto. De inmediato, Víctor se percató de la gran atracción de Plisetsky hacía él, así que lo dejó ser. Dejó fluir esa relación pues no había nada de malo el sentir un poco amor, más en esas épocas de guerra.

Feliz por su amigo, Víctor decidió emprender otro camino, pues debía darles a ambos tórtolos la oportunidad de amarse sin un tercero que los interrumpiera.

Estaba Víctor comprando provisiones para otro viaje cuando lo supo: Yuri Plisetsky había traicionado al rey y sería ejecutado, de acuerdo a las leyes, en los próximos días. Como pudo, el caballero emprendió el camino de regreso al reino intentando llegar a tiempo.

Al llegar, y gracias a sus influencias, Víctor fue capaz de ver a Plisetsky aún en prisión. Con tristeza, el caballero rubio le confesó a su amigo que Yuuri le había revelado que era un espía de la otra nación y tenía como misión hacer llegar unos documentos importantes a su reino para, de esta forma, acabar de una vez con esta tonta guerra a su favor.

—¿Yuuri nos traicionó? —preguntó Víctor con decepción.

—¡Escucha hasta el final el relato y ya luego opinas! —le reprendió Yuri, a Víctor le impresionó el comentario y decidió juzgar al terminar.

Después de entregarse ambos, bajo la hermosa luz plateada de la luna, Yuuri confesó su traición a su amado; sin embargo, también con lágrimas en los ojos aceptó ser incapaz de llevar dichos papeles a destino. Él amaba con toda su alma a Yuri y estaba dispuesto a aceptar las últimas consecuencias para así demostrarlo.

—Yuuri me enseñó cada una de las cartas que nunca llegaron al destino del Rey —explicó Plisetsky—. Me demostró que esta inútil guerra solo es producto de una serie de malentendidos. Esta era su primer misión, la cual consistía en cambiar las cartas por otras falsas y seguir creando un conflicto.

Víctor se encontraba en shock, por lo tanto, saltó asustado cuando Yuuri pegó con furia en la pared de su celda.

—¡Nosotros no les importamos, Víctor! ¡A esos idiotas les tiene el mínimo cuidado todas las personas que han muerto por su estúpida guerra!

—Si eso es lo que dices —argumentó Víctor—. Entonces podemos hacer algo. El consejero del rey es un viejo conocido mío. Solo debemos hablar con Chris para que esto se solucione y…

—Es por eso que me alegra que estés aquí —sonrió muy a su pesar Yuri, quien sacó una serie de cartas y se las entregó a Nikiforov—. Asegúrate de mañana entregarle estas cartas al consejero y acabar de una vez por todas con esta guerra de mierda.

Víctor observó las misivas, estaba confundido. Algo no cuadraba aquí.

—No entiendo —dijo, aún observaba los papeles—. Yo puedo contactar a Chris hoy. Podemos apelar por retrasar tu ejecucción y… ¿Yura?

—Hazlo mañana —la mirada triste y el gesto desencajado de Plisetsky helaron a Víctor, con voz quebrada agregó—: Solo hazlo mañana, ¿vale?

—¿Por qué? —preguntó Víctor, de inmediato aunque una chispa de entendimiento y un mal presentimiento se instalaron en su mente, Nikiforov, no pudo evitar preguntar—. ¿Dónde está Yuuri?

Por estar inmerso en la conversación, Víctor no se había dado plena cuenta que Plisetsky no hacía nada por contener las silenciosas lágrimas que corrían una tras otra por sus mejillas. El peor pensamiento del caballero se confirmó, ahogando un grito también de dolor.

—No es posible —musitó con tristeza. Las manos le temblaban y su vista comenzó a nublarse por lágrimas traicioneras que dolían por la partida de uno de sus amigos.

—Él me protegió para que yo llegara hasta aquí —susurró Yuri. Su mirada ahora yacía en el suelo—. Si en realidad me estimas tanto como siempre presumes, hazme un favor y entrega eso mañana, después de mi ejecución.

—Yuri, yo no puedo…

—¡ENTIENDE QUE YA NO TENGO FUERZAS PARA SEGUIR VIVIENDO! —Yuri tomó a Víctor por el cuello. Através de sus lágrimas, Víctor observó la desesperación y la tristeza en el siempre confiado rostro de Plisetsky. Le dolió ver a su amigo así—. Solo hazme este maldito favor, Nikiforov.

Víctor contempló a su amigo y las cartas que aún sujetaba entre sus manos. Suspiró resignado y, después de un momento, se levantó para salir de la fría y desolada celda. Deseó que las cosas hubiesen sido diferentes, ni él, ni Plisetsky, ni Yuuri merecían este sufrimiento.

—Yuuri y tú volverán a encontrarse —dijo, aún de espaldas, antes de salir de la celda—.Lo que no fue posible en esta vida, quizá se cumpla en las siguientes.

Ahora, en el presente, Víctor recordaba todos esos sucesos, cómo todo se solucionó con la entrega de estas tontas cartas, y cómo él se aseguró que todos supieran que ni Yuuri ni Plisetsky habían sido unos traidores, por el contrario, ellos habían sido los héroes que habían dado fin a tan triste e innecesaria guerra.

Es por eso que ahora, tomando en cuenta su último deseo del corazón, Víctor haría todo lo posible por juntar a esas dos almas solitarias que en estos momentos, por capricho del mismo destino de una u otra forma se volvían a encontrar.

Víctor mira una vez más el video que se ha vuelto tendencia en las últimas horas. Ve a Yuuri Katsuki patinar él último programa que él, Víctor, ha realizado en su carrera. Abrazado a su querido Makkachin, el ahora patinador planea su curso de acción. Compra un boleto a Japón y le envía la foto a su malhumorado compañero acompañado del siguiente mensaje:

“Te espero en Japón, Yuuri también quiere verte”.

Cuando Víctor ve llegar a Yuri Plisetsky con su maleta con estampado en animal print y su actitud retadora, sabe el patinador que está más cerca de lograr su objetivo.

“En esta vida y en las que siguen”. Piensa antes de saludar con alegría a su preciado amigo.

¡Hola!

Decidí tomar el tema de reencarnación el día de hoy, porque simplemente amo leer de esta temática. Espero no sea muy angs o triste, u.u trate de hacerlo todo muy rápido o nunca acabo. Disculpen si hay alguna incoherencia en la historia también.

Como siempre, y no sé si se habrán dado cuenta, intenté integrar al canon esta pequeña historia que ideó mi mentecita, ¡espero sea de su agrado!

Estoy determinada en terminar todos los prompts. Espero lograrlo, ya solo me faltan dos 😀

¡Mil gracias por su apoyo!

xoxo

Sam.

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

Un comentario en “En esta vida y en las que siguen.

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