Capítulo 2: Luchador


Yuri vio a Evans detrás de la mesa caliente, bañando un sandwich de Jamón con un cucharón. La Joven rodeo la mesa y alzó la voz para llamar su atención. Evans la miró con cara de fastidio

—Ya esta -anuncio Yuri, devolviéndole el ceño-. Tienes que firmarme la bitácora de entrega.

Evans descargó una ración de patatas fritas junto al sandwich y empujó el plato hacia ella sobre la superficie de acero inoxidable.

—Lleva esto enseguida al primer reservado y lo tendrás listo cuando vuelvas.

Yuri torció el gesto.

—No trabajo para ti Evans

—Y puedes dar las gracias, sino ya estarías afuera con el cepillo -contestó él, dándole la espalda con aquella camisa blanca que el sudor había acabado amarillentandola con el pasar de los años.

Yuri contrajo los dedos al imaginarse lanzándole el sándwich a la cara para ver como se despachurraba en comparación con los tomates, pero el semblante severo de su abuelo no tardó en interrumpir sus fantasías. No quería ni pensar lo decepcionado que se sentiría si al  volver  a casa descubriera que Yuri había perdido a uno de sus clientes más  fieles por su mal genio.

Cogió el plato echando chispas y entró decididamente en el comedor, donde estuvo a punto de acabar derribada por un camarero en cuanto la puerta se cerró detrás de ella. La taberna Rieux no era un sitio acogedor, los suelos estaban pegajosos, el mobiliario era un revoltijo de mesas y sillas baratas, y el olor a fritanga impregnaba el aire. Sin embargo, en una ciudad donde beber y cotillear eran los pasatiempos preferidos de la población, siempre estaba atestada de gente, sobre todo los domingos, cuando los jornaleros del lugar olvidaban el campo veinticuatro horas.

Mientras Yuri esperaba que el camino se despejara un poco para poder avanzar entre la clientela, las telerredes  instaladas detrás de la barra llamaron su atención. Las tres emitían los nuevos avances de la noticia que había acaparado los titulares desde la noche anterior. Todo el mundo hablaba sobre el baile anual de la Comunidad Oriental al que la reina lunar había asistido en calidad de invitado de honor y en el que se había colado una joven ciborg que había derramado varias arañas de luces a tiros y había intentado asesinar al recién coronado emperador y a la reina lunar. Circulaban teorías para todos los gustos. La imagen congelada que aparecía en las pantallas mostraba un primer plano de la chica con la cara sucia y un moño medio desecho donde se le escapaban varios mechones mojados. Para empezar, nadie se explicaba cómo había sido admitida al Baile Real.

—Tendrían que haber acabado con su sufrimiento cuando cayo por esas escaleras -Comento Ronald, un cliente habitual, con pinta de haber estado pegado a la silla desde el medio día. Apunto hacia la pantalla con un dedo y fingió disparar-.  Yo le habría metido una bala en la cabeza y hasta luego.

Al oír el murmullo en aprobación que suscitó el comentario a su alrededor, Yuri puso los ojos en blanco y se abrió paso a empujones hasta el primer reservado.

Supo que se trataba del luchador que hacía suspirar a Georgia de inmediato, en parte a la colección de cicatrices y magulladuras que lucía su piel trigueña, pero sobre todo porque no era uno de los habituales de la taberna. Tenia un aspecto más serio y desastroso de lo que se imaginaba, después del éxtasis de Georgia al describírselo. Llevaba el pelo con un corte estilo Undercut, con la parte de arriba despeinado donde apuntaba en varias direcciones, y un moretón reciente le hinchaba un ojo. Bajo la mesa, pareciera que tuviera un tic nervioso en  las piernas, como un juguete al que le hubieran dado cuerda.

Tenía tres platos delante, en los que apenas quedaban restos de aceite, huevo duro y trozos intactos de tomate y lechuga.

Yuri no advirtió que lo había estado observando fijamente hasta que el chico se volvió hacia ella y sus miradas se encontraron. Un escalofrío le recorrió toda la piel. Tenía los ojos de un color marrón claro extraño, con un tono amarillo que los hacia resaltar, le recordaban la época de caza en Rusia, cuando su abuelo lo llevaba de campamento y a veces podían ver algunos lobos. Yuri sujetó el plató con fuerza y de pronto comprendió el sofoco de Georgia “Tiene unos ojos…

Finalmente, acabó de abrirse paso entre la gente y deposito el sándwich en la mesa.

—¿Había pedido le croque monsieur?

—Sí, gracias.

Le sorprendió su voz, no por lo ronca, sino más bien porque sonaba apagada y vacilante. Tal vez su amiga no estaba alucinando y tenía razón. Tal vez era tímido de verdad.

—¿Esta seguro que no prefiere que le traigamos el cerdo entero? -preguntó, apilando los platos vacíos-. Les ahorraría a los camareros la molestia de tener que andar yendo y viniendo de la cocina.

El chico abrió los ojos y, por un instante, Yuri hubiera jurado que iba a preguntar si era posible, aunque  enseguida volvió a concentrarse en el sándwich.

—Aquí sirven buena comida.

Yuri reprimió una carcajada. “Buena Comida” y “Taberna Rieux” eran dos términos que no se relacionarían.

—Las peleas deben de abrirte el apetito.

No contestó. Sus dedos empezaron a juguetear con el palillo que tenia en la bebida, y Yuri  vio que la mesa comenzaba a temblar a causa del tic nervioso de las piernas.

—Bueno, que aproveche  -dijo al fin, recogiendo los platos para irse. Sin embargo, se detuvo un momento y los inclino ligeramente hacia él-. ¿Esta seguro de que no quiere los tomates? Es lo mejor del plato y procede de mi huerto. De hecho, la lechuga también, aunque no estaba tan mustia cuando la cogí. No importa, olvide la lechuga, pero ¿y el tomate?.

La expresión del luchador pareció relajarse ligeramente.

—No los he probado nunca

Yuri enarcó una ceja

—¿Nunca?

Tras un momento de vacilación, el chico soltó el vaso, rescató las dos rodajas de tomate y se las metió a la boca.

Se quedó inmóvil a medio bocado y pareció considerarlo un momento, con la mirada errática, antes de tragárselo.

—No es lo que esperaba -dijo, alzando la vista de nuevo hacia ella-, pero no están mal. ¿Podría  traerme un poco más?

Yuri recolocó los platos como pudo   para evitar que el cuchillo de la mantequilla resbalara y cayera al suelo.

—Mire, en realidad no trabajo…

—¡Ahora viene lo bueno! -anunció alguien cerca de la barra, haciendo que un murmullo animado recorriera la Taberna.

Yuri vio hacia las telerredes. En las pantallas se veían un exuberante jardín de azucenas, perlado de gotitas de lluvia que le daban un aspecto deslumbrante tras el reciente  aguacero. La cálida luz que se filtraba a través de los ventanales donde se celebraba el baile se derramaba por una majestuosa escalera. La cámara de seguridad estaba sobre la puerta, dirigida hacia las largas sombras que se proyectaban sobre el camino. Una imagen que transmitía belleza, serenidad.

—¡Diez univs a que hay una chica a punto de perder un pie e esa escalera! -gritó alguien, coreado por las risotadas que arrancó en la barra-. ¿Alguien quiere apostar conmigo? Venga, en serio, ¿qué probabilidades hay de que eso ocurra?

Un segundo después, la joven ciborg apareció en la pantalla. Salio en tromba por la puerta y bajó la escalera como un rayo, alterando la paz que reinaba en el jardín con su vestido azul con morado, que se hinchaba como una vela. Yuri contuvo la respiración, sabía que ocurriría a continuación, y aún así siempre torcía el gesto cuando la joven tropezaba y se caía. La ciborg rodó aparatosamente por los escalones y aterrizó el pie de estos, donde quedo postrada en una mala postura sobre el camino de grava. A pesar de que la imagen no tenía sonido, Yuri siempre se imaginaba a la joven jadeando mientras se volvía hacia la puerta, con expresión horrorizada. Unas sombras ocuparon las escaleras, y una serie de de figuras irreconocibles aparecieron en lo alto.

Después de haber oído la escena una docena de veces, Yuri busco el pie que le faltaba en los escalones. La luz del salón de baile se reflejaba en el metal. El pie biónico de la chica.

—Dicen que la reina es la de la izquierda -comento Georgia

Yuri dio un respingo. No la había oído acercarse .

El príncipe  -no, el emperador ahora- bajó los escalones poco a poco y se detuvo a recoger  el pie. La joven alargo la mano hacia abajo del vestido y tiró de este para taparse las pantorrillas, pero no consiguió ocultar los cables tentaculares que colgaban del muñón metálico.

Yuri estaba al tanto de lo que se rumoreaba. No solo habían confirmado que la joven era lunar -una fugitiva ilegal y un peligro para la sociedad terrestre-, sino que además, había logrado manipular el pensamiento del emperador Yuuri. Unos decían que solo quería poder, otros, que iba detrás del dinero y los más soñadores decían que realmente se habían enamorado. Incluso habían personas que aseguraban que seria el motivo para iniciar una guerra contra luna, de la cual llevaban amenazando a la tierra durante tanto tiempo.Ya que con las palabras dichas por el emperador tiempo después, aseguro que lo primordial seria vigilar la seguridad de la Joven.

Sin embargo, daba igual cuál hubiera sido la verdadera intención de la joven, Yuri era incapaz de no compadecerse de ella. Después de todo, solo era una chiquilla -aunque con el color tan raro de cabello parecía una anciana-  pero puede que hasta que sea un poco más joven que ella misma, y daba lástima verla tirada al pie de la escalera.

—¿Qué hay de eso de acabar con su agonía? -insistió uno de los tipos de la barra-.

Ronald apuntó a la pantalla con el dedo.

—Tú lo has dicho. En mi vida he visto algo tan repugnante.

Alguien sentado cerca del otro extremo se inclinó hacia delante para poder ver a Ronald sin que se lo taparan los demás clientes.

—No sé que decirte. Creo que es bastante guapa, fingiéndose tan inocente y desvalida. Seguro el Emperador ya se aburrió de ella y por eso se la llevan, En vez de mandarla de vuelta a la luna envíenmela a mí.

El comentario fue recibido con sonoras carcajadas. Ronald estampó la mano sobre el sobre de la barra e hizo traquetear un plato de mostaza.

—¡Seguro que esa pierna de metal la convertiría en una compañera de cama muy agradable!

—Tsst, ¡Cerdos! -gruño Yuri, aunque las risotadas ahogaron su voz.

—¡No me importaría que me dejaran calentarla!  -añadió otro, provocando la hilaridad de las mesas cercanas.

La rabia que había que tragado empezó a ascender poco a poco por la garganta de Yuri,  que medio estrelló y medio dejo caer la pila de plato sobre la mesa del reservado. Sin detenerse ante la expresión sobresaltada de quienes la rodeaban, se abrió camino a empujones hasta que rodeó la barra.

El desconcertado Barman se quedó mirando cómo Yuri apartaba varias botellas y se encaramaba a la barra, tan larga como la pared. La Joven levantó los brazos, abrió un panel que había bajo un estante lleno de copas de coñac y desenchufó el cable de la conexión de red. Las tres pantallas se apagaron, y el jardín del palacio y la chica ciborg se desvanecieron.

Un rugido de protesta se levantó a su alrededor.

Yuri se volvió con brusquedad para hacerles frente y derribó sin querer una botella de vino que había sobre  la barra. El cristal se hizo añicos contra el suelo, pero Yuri ni siquiera lo oyó mientras agitaba el cable ante la clientela furibunda.

—¡Deberían de  mostrar un poco de respeto! ¡No es un pedazo de carne para que se burlen de ella diciendo sus porquerías! ¡Esa chica va a ser ejecutada!

—¡Esa chica es una Lunar! -gritó una mujer- ¡Que nos importa si la matan!

Una opinión refrenada por los gestos de asentimiento que vio a su alrededor. Alguien incluso se atrevió a lanzarle una corteza de pan , que le dio en el hombro. La joven los miró tensa.

—No tiene más que unos diecisiete años. ¿Que pasarían si fueran sus hijos? ¡Realmente me dan asco!

Aquello solo consiguió provocar una avalancha de protestas. Hombres y mujeres se pusieron en pie, indignados, clamando contra los lunares, sus malas artes y contra la chica que “intentó asesinar a un dirigente de la unión”.

—¡Eh, eh, que se calme todo el mundo! ¡Dejen tranquila a Yuri! -gritó Ronald, con una seguridad reforzada por el whisky que delataba su aliento. El hombre levantó las manos ante la gente que parecía querer abalanzarse sobre ella-. Todos sabemos que en su familia no están muy cuerdos, ¡primero se escapa el viejo chiflado, y ahora a Yuri le da por defender los derechos de los lunares!

Las risas y los abucheos inundaron los oídos de Yuri, aunque se confundieron con el sonido de la sangre que corría por sus venas. Sin saber como había bajado, de pronto se encontró lanzando su puño por encima de la barra en la oreja de Ronald, derribandolo junto con las botellas y vasos que se estampaban contra el suelo.

El hombre lanzó un aullido de dolor, levantándose y se volvió a mirarla aturdido.

—¿Qué…?

—¡Mi abuelo no está loco! -Lo asió por el cuello de la camisa- ¿Es eso lo que le dijiste al inspector cuando te preguntó? ¿Le dijiste que estaba loco?

—¡Pues claro que le dije que estaba loco!  -le gritó él a su vez soltándose de su agarre-. Y me juego lo que quieras a que no he sido el único. Solo hay que ver cómo se pasa todo el día encerrada en ese caserón, hablando con los animales y los androides  como si fueran humanos y ahuyentando a la gente con un rifle…

—¡Eso solo ocurrió una vez, y era un vendedor de escoltas que se estaba robando las gallinas!

—No me extrañaría en lo más mínimo que Nikolai Plisetsky estrellará su último cohete. Ya hacía tiempo que se veía venir.

Yuri apretó y sin pensarlo dos veces se le tiro encima, estrellando su puño contra la mejilla de este.

Ronald Trastabilló y tropezó con Georgia, que había estado tratando de interponerse entre ambos. Georgia gritó y cayó hacia atrás sobre una mesa al tratar de evitar que la aplastaran.

El hombre recupero el equilibrio, limpiándose la mejilla del hilo de sangre que le brotaba de la boca, escupiendola en el suelo.

—Yo que tu me andaría con cuidado vermine, no tienes quien te proteja en esa casa tan sola

—A mi no me me amenaces чертов трус -lo retó Yuri con los puños en alto- ¡anda, atrévete a ponerme un dedo encima!

Ronald Gruño y dirigió su puño hacia Yuri, pero este no llego. Se escucho el chirrido de las patas de una mesa, y un segundo después el luchador rodeaba el cuello de Ronald con una mano y lo levantaba del suelo.

Todo el mundo guardó silenció. El luchador, inmutable,sostuvo a Ronald en alto como si fuera un muñeco, sin prestar atención a los jadeos ahogados de este.

Yuri lo miró boquiabierta 

—Creo que le debes una disculpa -dijo el luchador con su tono tranquilo y monótono.

Ronald empezaba a asfixiarse mientras agitaba los pies en busca del suelo.

—¡Eh, suéltalo! -lo increpó un hombre, levantándose  del taburete de un salto- ¡Va a matarlo!

Trato de hacerle bajar la muñeca, pero fue como colgarse de una barra de hierro. Sonrojado, el hombre lo soltó y se apartó ligeramente para propinarle un puñetazo, pero en cuanto lanzó el brazo hacia adelante, el luchador levantó la mano libre y lo detuvo.

Yuri retrocedió, tambaleante, y entrevió un tatuaje compuesto por letras y número sin sentido que llevaba en el antebrazo: LSOM963

El luchador todavía parecía enfadado, aunque en ese momento también se adivinaba cierto regocijo en su expresión, como si acabara de recordar las reglas de un juego. Dejó a Ronald en el suelo con toda calma y lo soltó al mismo tiempo que el puño de otro hombre.

Ronald intentó recuperar el equilibrio apoyándose  en un taburete.

—¿Y a ti que te pasa? -dijo, con voz ahogada, mientras se frotaba el cuello-. ¿Es que eres uno de esos locos de la ciudad o qué?

—Le estabas faltando el respeto.

—¿Que le estaba faltando el respeto? -protesto Ronald-. ¡Acabas de intentar matarme!

Evans dio un empujón a las puertas batientes de la cocina e irrumpió en el comedor. 

—¿Que esta pasando aquí?

—Este tipo busca pelea.

—¡Y Yuri se ha cargado las pantallas!

—¡No me he cargado nada, imbécil! -gritó Yuri, aunque no sabía quién lo había dicho.

Evans miró las pantallas apagadas, a Ronald, que todavía se frotaba el cuello, y las botellas y los vasos hechos añicos que tapizaban el suelo mojado, y se volvió hacia el luchador con el ceño fruncido.

—Tú -dijo, señalándolo-, fuera de mi local.

A Yuri se le encogió el estómago.

—Él no ha…

—No empieces Yuri. ¿Tienes planeado destruir algo más? ¿Estás buscando que cancele mi cuenta?

—Puede que me lleve la entrega -contestó, indignada. Todavía le ardía la cara-. A ver si a tus clientes les gusta comer verdura mustia a partir de ahora.

Evans rodeó la barra del bar y le arrancó el cable de la mano.

—¿De verdad crees que tienes la única granja de Francia? Para serte sincero, Yuri, solo te hago pedido a ti porque, de lo contrario, tu abuelo no me dejaría ni a sol ni a sombra.

Yuri tuvo que morderse la lengua para no recordarle que su abuelo ya no estaba allí y que, por tanto, ya podía hacerle el pedido a otra persona si era eso lo que quería.

Evans se volvió hacia el luchador.

—¡He dicho que fuera!

Sin inmutarse, el luchador le tendió la mano a Georgia, que seguía medio ovillada contra una mesa. Tenia las mejillas encendidas y la falda empapada de cerveza, pero los ojos le hicieron chiribitas al dejar que la ayudara a ponerse en pie.

—Gracias -dijo en un susurro que se perdió en el incómodo silencio.

Finalmente el luchador se decidió de volverse hacia Evans, que seguía mirándolo con el ceño fruncido.

—Me voy, pero todavía tengo que pagar -Vaciló-. Cóbreme también los vasos rotos.

Yuri Parpadeó

—¿Qué?

—¡No quiero tu dinero! -gritó Evans, como si lo hubiera ofendido, cosa que sorprendió aún más a Yuri, pues solo le había oído quejarse acerca del dinero y de cómo le chupaban la sangre los proveedores-. Quiero que te  vayas de mi local.

El luchador miró furtivamente a Yuri, quien por un momento sintió que había una conexión entre ellos.

Allí estaban, un par de marginados. Parias. Chiflados.

Con el pulso acelerado, se apresuro a desterrar aquel pensamiento. Ese hombre era de los que traían problemas. Peleaba para ganarse la vida… o tal vez incluso por placer. No sabía que era peor.

El luchador se dio la vuelta, agachó la cabeza en un gesto semejante a una disculpa y se dirigió a la salida arrastrando los pies. Cuando pasó por su lado, Yuri no pudo evitar pensar que, a pesar de todas las señales de ferocidad, no parecía más amenazador que un perro al que acabaran de regañar.

Glosario:

*Estilu Undercut: Es llevar el pelo corto en los laterales de la cabeza, desde abajo hasta la zona de las sienes, y más largo en la parte de la coronilla. Su técnica es sencilla: consiste en ir afeitando la parte inferior de la cabeza, de abajo hacia arriba, para lograr una ”desconexión” con la parte superior.

*Croque Monsieur: Es un sándwich elaborado con pan de molde, jamón cocido y queso, generalmente de emmental o gruyer, asado al horno, a la plancha o en una sartén. La mayoría de las veces se sirve gratinado.

*Mustia: Significado de escoria o alimaña, también puede interpretarse como bicho o gusano.

*чертов трус (chertov trus): Palabra Rusa que significa Jodido Cobarde

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Buenas Noches Gente, espero que se encuentren muy bien. Disculpen la demora pero no me he sentido bien últimamente, mi mejor amiga ya no lo es y eso me ha dolido mucho por la perdida por lo que me ha bajoneado mucho. Espero me disculpen por no haber actualizado a tiempo.

Les traigo un nuevo capitulo y espero tratar de subir el otro que ya se encontraba listo, un abrazo enorme y gracias por el apoyo a la historia,

Nos vemos.

Publicado por dmoonbrillentq

Dmoonbrillentq me encanta leer y ver anime, es una forma de poder desprenderme de toda la realidad y adentrarme a miles de aventuras que disfruto montones, por lo que cada historia y experiencias me encantaría poder compartirlo con ustedes. A nivel más personal amo la música y el baile <3 y ayudar a las demás personas, por lo que si necesitas en algún momento poder conversar con alguien aquí estaré

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