Retorno a Atlantis 18


Promesa de amor

Cuando el capitán Jean Jacques Leroy abrió los ojos automáticamente la cabina de hibernación le proporcionó las condiciones para que su respiración pulmonar fuera restablecida y en pocos minutos recuperase las funciones de su cuerpo.

El reloj de conteo retrocedía indicando los segundos que faltaban para que el casco de la cabina se abriera, en ese periodo las sondas que se habían introducido en su cuerpo fueron retiradas provocando una ligera molestia en especial en la uretra. Jean observaba cada paso con rigurosidad y afuera esperaba una asistente programada para darle las atenciones necesarias al capitán y volver a dormirlo.

—Capitán Leroy bienvenido, pero me temo que el hipersalto espacial aún no ha iniciado, usted solo durmió dos horas. —La amable unidad C42 sonreía según estaba programado y al ver que Jean estiraba la mano pidiendo su ayuda no dudo en brindarla. Esa era la función de los organismos programados.

—Necesito ir al baño. —Jean se incorporó dentro de la cabina y con ayuda de la C42 se puso en pie.

—Pensé que sus intestinos y sus vías urinarias habían sido vaciadas adecuada… —La unidad no pudo terminar de hablar, Jean la empujó dentro de la cabina y cerró la puerta con un código que impedía a la máquina central abrirla.

Dentro de la cabina de hibernación la unidad C42 intentaba ponerse en pie para ver la posición del capitán y llamaba con calma a la gran matriz, pero esta no respondía.

Al verse libre Jean caminó por entre las demás cabinas buscando la de Yuri. Cuando la encontró, al final del largo habitáculo de la nave, suspiró y sonrió a la vez pues Yuri tenía los ojos abiertos y el reloj contador decía que faltaban solo cinco minutos para que se abriera el casco.

Jean aprovechó ese tiempo para cambiarse y llevar una muda de ropa a Yuri. No le fue muy difícil encontrarlas porque el área de duchas y vestidores se encontraba frente al área de conservación.

Al ingresar de nuevo a la sala de cabinas Yuri se encontraba en pie y dando un ligero masaje a sus hombros que los sentía algo adormecidos por el medicamento que habían introducido en sus venas los doctores Giacometti.

Ante las cámaras de la nave había quedado registrado el momento en que Jean cambiaba las ampollas con el relajante por otras alteradas que no los harían dormir por mucho tiempo. Fueron ampolla preparadas por el doctor Christophe, quien las dejó en el casillero de Jean asegurándose que las cámaras de la nave no registrasen el momento de la especial entrega.  

El plan del capitán Leroy había iniciado y solo sería cuestión de moverse por los lugares menos transitados de la nave hasta llegar al hangar y tomar uno de los pequeños vehículos de transporte, cargar la unidad antimateria en él y salir del Amstrong. Luego, a una velocidad cercana a la luz retornarían a la nave que sería el refugio de su amor y la mortaja de sus cuerpos.

Habrían corrido unos cuarenta metros entre los laberintos de cables de uno de los pasajes internos de la nave cuando dos rostros conocidos se presentaron ante ellos. Jean y Yuri pararon de inmediato su carrera.

—Doctor Giacometti —Jean miró a Chris y pensó de inmediato que el médico lo detendría—. ¿Qué hacen aquí?

—Nos vamos con ustedes al Atlantis. —El doctor Masumi llevaba puesto el traje espacial al igual que su esposo y ambos sujetaban en los brazos los trajes y cascos para los otros dos fugitivos.

—¿Están seguros? —Yuri los miró incrédulo pues no pensó que dos adictos al sistema impuesto en las colonias del Sistema Solar los seguirían en tan mortal aventura.

—No hay tiempo de discutir. —Chris apresuró a los dos muchachos para que se vistieran y con un gesto de mano señaló el camino a tomar—. Ya lo haremos cuando estemos cerca de la nave de la muerte.

Sonrió y todos tomaron la ruta del tubo de alimentación de energía de la nave que terminaba en una sección contigua al hangar. Esa era la ruta más segura porque no contaba con demasiados sensores y cámaras que alertaran de su presencia al sistema central del Amstrong.

Los cuatro cómplices caminaron a prisa, no querían ser detectados por el sistema pues tal vez la unidad central de datos pondría en alerta a los demás ciborgs que vigilaban el procedimiento previo al hipersalto. Sin embargo, todos sabían que existía esa posibilidad.

Faltando solo ochenta metros para llegar a las escaleras que los conducirían directamente al hangar de las naves mayores donde tomarían “prestada” una de ellas, un dispositivo de visión nocturna activó la alerta y de inmediato las luces se encendieron en el área de reciclaje.

—Capitán Leroy, doctores Giacometti ¿qué se supone que están haciendo con el joven Plisetsky en esta zona?, falta muy poco tiempo para llegar al área del hipersalto. —ALECIS, como la conocían todos, emitió su tranquila voz programada por uno de los ingenieros que estuvieron involucrados en la construcción y puesta en marcha del Amstrong, le había dado el mismo color de voz de una de las estrellas porno que más admiraba.

—ALECIS queremos estar seguros que todo está bien fuera de la nave y como Yuri también se despertó lo invité a pasar una revisión conmigo de todo el casco de la nave. —Jean intentó relajar los músculos que rodeaban la garganta para sonar convincente—. Pero los doctores Giacometti que aún no habían dormido no querían dejar a Yuri conmigo. Ja, no confían en mí y por eso es que los invité a hacer este sobre vuelo.

—Es una maniobra que debió hacerla ayer capitán y no sé por qué no la hizo. —ALECIS guardaba en sus archivos los movimientos y actividades de cada hombre y mujer que eran parte de la nave.

—Fue un descuido mío y quiero remediarlo. —Jean sonrió y formó esa pose con el movimiento de sus manos—. Aún queda mucho tiempo para el hipersalto. ya sabes que JJ hace las cosas de manera rápida y eficiente.

—Me temo que no podré dejar que salgan de la nave capitán, porque mi prioridad es cuidar al joven Plisetsky y permitir que llegue con vida y buena salud a la base de Júpiter. —La imagen de la computadora central se proyectó como un holograma delante de los fugitivos. En verdad era muy parecida a Monique Van Gore la estrella porno que más seguidores tenía.

Los cuatro tripulantes se miraron sin poder decir una sola palabra y cuando creyeron que las cosas estaban perdidas fue Yuri quien resolvió todo.

—¡Me importa un carajo tus prioridades puta de mierda! —Yuri pateó con fuerza el dispositivo que proyectaba el holograma y pasó de largo hacia la puerta, pero la computadora la selló.

En ese momento todos supieron que llegar al hangar sería un asunto de vida o muerte pues la voz de ALECIS sonaba en toda la nave pidiendo a los ciborg custodios que se aproximen al área de reciclaje y al hangar.

Masumi se adelantó al grupo mientras Jean cuidaba la retaguardia. Ambos tenían el adecuado entrenamiento militar como para hacer frente a los simpáticos y estúpidos robots que brindaban seguridad. Esas unidades no estaban programadas para hacer daño a los seres humanos, así que solo debían evitar caer entre sus manos porque su agarre era implacable.

Los cuatro corrieron por el pasillo central para alcanzar las puertas no programadas del área de descontaminación y llegar al hangar. Hacer frente a los robots no era el problema sino abrir las puertas de la zona de despegue de las naves y desprogramar una de las naves medianas que ya no necesitaban ser recargadas.

De pronto la voz de ALECIS cambió y programó una contraorden a los ciborgs.

—Unidades A23, A24, B32, B41 y C15 la prioridad ha cambiado. Traigan con vida al tripulante Yuri Plisetsky. —La voz de mando de la computadora central era aterradora—. Maten al resto de fugitivos. Este es un motín.

Los cuatro hombres no podían creer que estuviera pasando eso con ellos. Se suponía que ALECIS respondía positivamente a todos los miembros de la tripulación y que cualquiera podría desprogramarla. Pero por más que ellos repetían códigos para detenerla la máquina no respondía y seguía enviando mortales perseguidores en su contra.

Los ciborgs los esperaban en la puerta de la unidad de descontaminación y Jean predijo que sería una batalla mortal, así que tomó su EVERLAST de cien pulsiones por minuto y se puso al frente del grupo.

Sin perder un solo segundo y sin dudar el capitán apuntó de inmediato al área más vulnerable de los ciborgs, el cuello y la cabeza y voló veinte de ellos en poco más de dos minutos que les tomó avanzar con cuidado hasta el lugar.

Al ingresar en las salas donde una potente luz violeta parpadeaba en forma intensa, Jean siguió disparando a todo aquello que se moviera delante o encima de ellos, ciborgs, cámaras y detectores de calor. Masumi estaba en la retaguardia, Chris llevaba de la mano a Yuri y todos avanzaban en conjunto dándose las espaldas.

—¿Cuánta carga te queda? —gritó Jean a Masumi.

—La suficiente para aniquilar a todos los malditos ciborgs de la nave —respondió el terapeuta.

—Guárdala hasta el final, solo usa lo necesario. —Jean abrió con mucho cuidado la puerta corrediza de salida hacia el hangar y miró hacia todos los ángulos de la inmensa infraestructura donde dormían las naves.

Tendrían que atravesar el área de las pequeñas AP3-26, naves que servían solo para transportar a una persona y luego el área de las O6- 455, naves mayores con capacidad para tres tripulantes. Su objetivo era llegar a las AS-700 que eran las naves adecuadas como para transportar a diez hombres y varias armas en su interior y esas naves siempre se mantenían listas para partir.

Debían correr contra el tiempo pues el hipersalto ya se acercaba y contra los ciborg que tirarían a matar.

Jean observó a cuatro unidades en las gradas del hangar, en el lugar por donde antes, ellos iban a bajar. De inmediato hizo un tiro de espejo y los rayos salieron proyectados contra los cuatro robots. Tres de ellos cayeron y solo uno resultó con averías simple.

No podían esperar más pues el murmullo de las máquinas y los sonidos de sus pies se escuchaban cada vez más cerca de ellos.

—¿Alguien sabe cómo vamos a salir de esta maldita nave? —Chris sentía que el corazón subía hacia su garganta, era un dolor intenso y solo se movía por reflejo—. Esa perra no dejará que se abra la puerta del hangar.

—Tenemos al Kaiser, con él haremos explotar la puerta y que todos estos malditos robots se vayan al vacío —indicó Jean.

—¿Pero, no desestabilizará la nave para el hipersalto? —Masumi se preocupó por la tripulación.

—ALECIS restaurará la puerta en unos cuatro minutos. —Jean sonrió—. Y yo solo necesito dos para estar fuera.

A la señal de Jean todos salieron al hangar. Corrieron por entre las naves para evitar ser blanco fácil de los ciborgs. Jean y Masumi se detenían cada cierta distancia para disparar a las máquinas.

Uno, dos, tres… siete, trece, veintiséis robots inutilizados en pocos minutos, pero decenas de ellos caminaban sin detenerse por detrás de ellos. Tenían que llegar a la gran nave de ataque, desprogramar su sistema y explotar la puerta de acero reforzado para volar hacia la libertad de la nada, hacia el encuentro con la muerte y es que ese destino era mejor que seguir siendo marionetas de un vil sistema.

De pronto todos se detuvieron de manera brusca cuando Jean cayó. Un minúsculo rayo disparado por una máquina ubicada tras la puerta superior de ingreso hirió la pierna del capitán. El disparo entró limpio por el músculo y rompió el fémur. Jean no podía seguir corriendo.

Pero ese disparo no detuvo la valentía del capitán. Tirado en el piso, siguió disparando mientras Yuri corrió para socorrerlo y llevarlo en hombros.

—¡Jeaaaan! ¡Vamos estamos cerca! —El terror que los ojos de Yuri expresaban y sus afanes por levantar el cuerpo de su amor no fueron suficientes.

—¡Masumiiii! —Jean se dio la vuelta y disparó toda su carga. De inmediato el médico le dio su arma y Jean hizo una elección—. ¡Llévatelo! ¡Suban a la nave! ¡Yo detendré a estos malditoooos!

—¡Nooooooo! —Yuri no quería soltar al capitán, pero los fuertes brazos de ambos doctores lo jalaron lejos de Jean— ¡Déjenmeeee! ¡No puedo irme sin tiiii! ¡Jeaaaan! ¡Yo vine por tíiii!

—¡Vete Yuri! ¡Me desharé de toda esta basura y tomaré otra nave! —Jean prometía un imposible porque de abrirse la puerta con el cañón fotónico todo lo que no estaba anclado a la nave, incluyendo él saldrían al espacio.

—¡Nooo! —Yuri mordió el brazo del doctor Mazumi con el fin de llegar donde estaba Jean, pero el médico resistió el mordisco y haló de Yuri con todas sus fuerzas para llevarlo a la nave—. ¡Déjame maldito…!

—¡Yuri no hay tiempo vete de una vez! —El capitán temía que la resistencia que ponía Yuri hiciera fracasar el plan. Tenía que enviar a un destino mortal a su amado chico que hablaba con las estrellas para impedir que los crueles intereses de las élites lo convirtieran en simple mercancía.

Yuri siguió gritando y los dos médicos continuaron caminando hacia la nave usándolo como escudo porque los ciborgs obedecían la orden de no disparar al rubio. Por un brevísimo instante dudó del plan y pensó que; si él volvía, pedía clemencia y hacía lo que le ordenaran los dirigentes del Sistema; podría salvar a todos de una grave sentencia.

—¡Te voy a esperaaar! —Yuri aún quería volver donde estaba Jean; pero estando tan cerca de la AS-700 decidió confiar en las palabras del capitán y con el temor expresó un grito de confianza que desgarró su garganta—. ¡Estaré esperando en el Atlantis! ¡Te lo prometoooo!

—¡Nos vemos en el Atlantis! —Jean debía asegurarse que Yuri dejara de inmediato el Amstrong—. ¡Te lo juroooo!

Jean apuntó su arma contra la entrada de la puerta corrediza esperando a todos esos robots que estaban a pocos metros de ingresar al área de descontaminación.

Chris ya no pudo soportar la resistencia que hacía Yuri y con un ligero golpe en la base de la cabeza del muchacho resolvió el problema. Masumi cargó el cuerpo desmayado de Yuri y los tres subieron a la nave de ataque.

Fue fácil desprogramar la nave. ALECIS no pudo evitar que los médicos introdujeran un virus en el sistema de la nave, luego desconectaran todo y volvieran a conectar un nuevo programa en tan solo dos minutos.

En ese tiempo Jean se batió a duelo con los ciborgs y logró inmovilizar y hasta destruir a medio centenar de ellos. Pero había demasiadas máquinas y una de ellas logró zafarse de su ángulo de tiro, llegó hasta su ubicación y apuntando contra la cabeza de Jean le hizo una advertencia.

—Deje el arma capitán o disparo. —Jean pensó que era mejor morir en ese momento así cuando Yuri llegara al Atlantis y cayera en el rotor ambos se encontrarían en algún lugar al otro lado de la vida. Pero recordó la promesa que le hiciera a Yuri hacía pocos minutos y sabiendo lo terco que era soltó el arma y levantó las manos.

En ese momento el Kaiser emitió sus poderosas hondas contra la puerta del hangar y ésta salió volando convertida en cientos de pedazos. La nave pilotada por Masumi dio la vuelta, se puso en posición de despegue y después de dos minutos y treinta y cinco segundos salió hacia el espacio.

La avería en la nave provocó que el resto de ciborgs salieran detrás de ella y que algunos fueran consumidos por la gran onda energética de sus motores.

Jean fue arrastrado por la furiosa ráfaga de aire que salía de la nave hasta chocar con una nave de mediana capacidad, se sujetó a sus cadenas y el tren de aterrizaje y esperó que la puerta del hangar fuera repuesta por ALECIS.

Se quedó mirando la luz que emitía la nave donde Yuri regresaba al Atlantis, con el cartucho de su arma vacío de disparos y con el nudo en la garganta de no volver a ver a su amado chico. No pudo subir a la nave y aprovechar el boquete hecho en la puerta, pues su pierna le impidió moverse del lugar donde estaba y aun sabiendo que Yuri y los Giacometti viajaban a una muerte segura, no supo por qué motivo él seguía aferrándose tanto a la vida.

Cuando la puerta de emergencia del hangar se cerró y el oxígeno se restableció en la nave, diez unidades de asistencia médica tomaron a Jean por los brazos y piernas y lo llevaron a la sala de emergencias para que sea intervenido por sus heridas y pudieran restablecer sus signos vitales alterados por la falta de aire.

Fueron seis horas en las que ALECIS procuró todos los cuidados dentro de la unidad de intervención quirúrgica para que el hueso del capitán fuera soldado con material óseo y para reponer sus niveles de sangre. Las asistentes trasladaron al dormido capitán y lo introdujeron en la cabina de preservación que le correspondía.

Pocos minutos después ALECIS ordenó que todas las unidades de IA retornaran al área de almacenamiento, revisó los niveles de combustible y el parche que cerró el boquete en el hangar. Y solo cuando confirmó los valores óptimos en las condiciones de resistencia del Rescate Amstrong dio inicio al hipersalto espacial.

El momento que el capitán Leroy volvió a abrir los ojos, cuando sintió de nuevo sus músculos y su piel, cuando sintió que respiraba aire de nuevo y el amnios de la cabina se retiró, enfocó la mirada hacia la sombra que se proyectaba frente al casco y se encontró con los oscuros ojos azules y el entrecejo junto del comandante Celestino Cialdini.

Notas de autor:

Primero quiero agradecer vuestro apoyo y decirles que estamos entrando en el último tercio de la historia. Y segundo quería preguntarles si ¿creen que Jean y Yuri puedan volver a verse en esta vida o esperarán para encontrarse en la otra?

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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