Inexistente. 17


Doble

 Sus ojos se abríana lentamente.

   —Lo siento… Lo siento… Lo siento…—gemía entre el dolor y la barrera del sueño.

   No pudo ser fuerte, fue débil, débil ante aquella tortura que le quemaba el interior.

   En esos momentos todo se tornaba tan confuso, no reconocía quien era, quería detener aquella corrupción que carcomía su conciencia, tenía miedo, miedo de saber que esto continuaría. Tal vez no sobreviva …

   Unos ojos azules, vienen a su mente, recordándole que la luz vence a la oscuridad. Solo era un mal momento…

   Viktor… Su Viktor… Cuanto deseaba tenerlo a su lado en ese momento.

   Se sentía mal, no por los cortes profundos en sus piernas y brazos, sino por su mente que le torturaba, sentía que estaba perdiendo la razón.

   —Veo que ya despertaste.—Una voz familia le llamó la atención.

   —¿M-mamá?—Su madre permanecía a su lado, con un severo rostro pero con una pizca de amor maternal, aquel amor le hacía sentir como un niño.

   Deseaba… no, anhelaba un abrazo por parte de ella. Quería que estuviera a su lado y le dijera con una sonrisa que todo estaría bien, que no estaba solo, sin embargo, eso nunca ocurrió.

   —¿Con qué te cortaste?—preguntó la mujer firme.

   —Y-yo… No lo sé.

   —No digas estupideces, claro que sabes, dime con qué te cortaste.

   Enmudeció. No estaba dispuesto a decir una palabra sobre aquella navaja que le proporcionó Viktor. No, no iba a delatar a su novio.

   —Está bien, no me lo digas. Pero quiero que sepas que has hecho una gran estupidez. Tuvieron que ponerte muchos puntos por todas esas heridas que te hiciste y no han sido nada baratas, no sé cómo pero tú pagarás esto.

   ¿Lo siento? ¿Un “lo siento” arreglaría las cosas? No.

   —¿Puedo ir a casa?—preguntó con la mirada baja.

   —Solo estaba esperando que despertaras. Es mejor que nos vayamos ya, no pienso pagar las horas extras en lo que tú consigues un empleo.

   Yuuri se levantó de la camilla donde se encontraba. Un agudo dolor le invadió en sus extremidades, sintió como su herida piel se estiró y mandó la señal a su cerebro para que activase el dolor.

   Vio su ropa desgarrada y dio un suspiro. Correr junto con Viktor así sería una verdadera tortura. 

   Había pasado un día, un día en el que prácticamente no había podido saber nada de Viktor, éste no había ido a visitarle, ni tampoco lo había visto por la ventana, y sus padres no lo dejaban salir


   Había pasado un día, un día en el que prácticamente no había podido saber nada de Viktor, éste no había ido a visitarle, ni tampoco lo había visto por la ventana, y sus padres no lo dejaban salir.

   Las cosas no podían estar peor.

   Miraba hacia la ventana que apuntaba la casa de Viktor, esperando que en cualquier momento apareciera y lo sacara de esas cuatro paredes. Pero su sonrisa se borraba instantáneamente al pensar que solo saldría de aquella habitación para arrebatar más vidas.

   La idea de matar no le gustaba en absoluto, pese a estar cerca de asesinatos, nunca había matado a nadie voluntariamente aún.

   ¿Algún día llegaría a ser un asesino como su amado?

   Cómo deseaba una señal, algo queda le dijera qué camino debía tomar: el camino del mal, o el camino del bien.

  Se encontraba solo en su habitación, sin nada que hacer, la soledad ya había hecho que su cerebro pensara cosas irrelevantes.

   Quería ver a Viktor, abrazarlo, decirle por todo lo que había pasado, mostrarle sus heridas y que él se sintiera orgulloso. Sin embargo, tenía prohibido salir por sus padres, estaba castigado. Pero: ¿por qué? ¿Por qué debía obedecer a sus padres? Siempre había sido un hijo obediente, pero ahora de ese niño no quedaba nada.

   Entonces no lo pensó más. Abrió la ventana y se dispuso a saltar, tal como lo hacía cuando escapaba con Viktor.

   Dio un salto y llegó al suelo, pero lo que no se esperaba era que su hermana estaba en el patio trasero y ahora le observaba con sus ojos matadores.

   —¡Mamá, papá, Yuuri se escapa!—gritó Mari. El nombrado, salió corriendo hacia el interior del bosque.

   Continúo corriendo hasta que poco a poco la voz de su hermana se dejó de escuchar. Su respiración se tornó agitada y sus piernas dolían. No estaba acostumbrado a correr tanto, más aún con tantas heridas en sus piernas.

   Trató de recuperar la respiración mientras descansaba, sin embargo fue en vano, pues comenzó a ver a su alrededor y se percató de que estaba en un lugar desconocido del bosque, se había perdido.

   Asustado, caminó en la misma dirección en la que había llegado, esperando estar cerca de su casa y así guiarse y buscar a su amado.

   Caminó por varios minutos y no había rastros de su casa, fue entonces cuando se asustó de verdad. No sabía dónde estaba ¿cómo podría llegar con Viktor ahora?

   —¡Viktor! ¡Viktor!—gritó, casi al borde del llanto como un niño.

   Entonces, pasos comenzaron a escucharse a la distancia. Al divisar de donde provenía el sonido, vio una silueta que se acercaba a él. Pensó que su amado había llegado, pero pese a lo ilógico que eso sonaba, grande fue su sorpresa cuando la silueta se dejó ver y le hizo caer en cuenta de que no era Viktor.

   Se trataba de un chico joven con unos rasgos muy interesantes. No era Viktor, estaba seguro pero… Su apariencia … ¿Acaso sus ojos le estaban jugando una mala pasada?

   Tenía aproximadamente dieciocho años, con un corto cabello plateado (a diferencia del largo cabello de Viktor), piel blanca y unos ojos verde pálido. De no ser por los ojos, diría que era una versión mayor de su novio.

   El peliplata le veía con una sonrisa cálida.

  ¿Quién sería ese chico?

  ¿Quién sería ese chico?

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