Inexistente. 16


Nuevo mundo

—Yuuri… Copito, es hora de despertar.—pequeños toquecitos eran notorios en la nariz del nombrado.

   La mirada chocolate se hizo presente y miró a la azulada.

   —Buenos días—mencionó con una sonrisa, dando un beso en los labios de su novio, quien lo abrazaba con fervor.

   —Mi bello copito, tus padres no tardan en hablarte para que vayas a la escuela, debes ir a tu casa.

   Un puchero casi imperceptible se posó sobre los labios del japonés. Realmente no tenía ganas de ir a la escuela, ni a su casa. Quería quedarse todo el día recostado sobre los brazos cálidos de su adorado novio.

   De pronto, una sensación electrizante le recorrió por la columna: el “accidente” de la noche anterior. Lo había olvidado por completo, era increíble.

   —Viktor, lo de ayer…

   —¿Sí?

   —…¿Se repetirá?—preguntó tímidamente.

   —Claro que se repetirá, y quien sabe, el próximo podría ser alguno de los que tanto te atormentan.

   ¿De qué hablaba? Todos los que lo atormentaban estaban muertos …un momento, todos no, quedaba su familia.

   Trago saliva y asintió.

   —Bien, es hora de irnos.

   —Sí—dijo sin ánimo mientras se levantaba.

   Con pasos sigilosos caminaba hasta su habitación

   Con pasos sigilosos caminaba hasta su habitación.

   ¿Se habrán dado cuenta de que no pasó la noche en casa? La incertidumbre le carcomía y el destino no parecía estar a su favor, pues pasos le alertaron de la presencia de alguien.

   —¡¿Se puede saber dónde estuviste toda la noche?!—El tono furioso de su padre le heló la sangre.

   —Y-Yo… Salí a caminar un poco, no podía dormir—se excusó tembloroso. Pero para su mala suerte, siempre había sido muy malo mintiendo.

   —¿Acaso crees que soy estúpido? Sé que en toda la noche no estuviste en tu habitación. Ahora quiero que me digas donde demonios estuviste.

   No podía decirle que había estado con Viktor toda la noche por la ciudad, mucho menos lo que estaba haciendo, tenía que inventar algo y rápido.

   —¿Crees que esto es un hotel donde puedes venir a la hora que quieras? ¡Pues no! Aquí hay reglas y las tienes que respetar.

   Reglas, siempre las estúpidas reglas, solo ese pretexto de los padres para tener autoridad. Estaba harto.

   —Papá… Si me dejarás explicarte…

   —¡¿Para qué?! ¡¿Para que me digas tus estúpidas excusas?!

   —Yo solo quiero su comprensión ¿Es mucho pedir?

   —Siempre has sido así, desde que eras un niño has demostrado ser débil y un completo fracasado. No sé qué fue lo que hice para merecer un hijo así.

  “¡Basta!” Es lo que rogaba su interior, aquellas palabras lo estaban haciendo pedazos, pero nada lo prepararía para lo que iba a escuchar.

   —¡No sé por qué no moriste en aquel incendio!

   Y ahí fue cuando todo se terminó.  ¿Dónde estaban esas palabras dulces que le decían de niño? ¿Dónde estaban las muestras de afecto y preocupación que caracterizan a una familia? ¿Cómo habían llegado a eso?

   Intentó encontrar la respuesta en el rostro de su padre, pero no había nada, absolutamente nada en esos ojos vacíos que deseaba la muerte del ser al que le dio vida.

   No pudo más. Corrió hasta su habitación, empujando a su padre al pasar a su lado.

   —¡Yuuri, ven aquí!—gritaba su progenitor furioso, pero el nombrado cerró la puerta deaa su habitación.

   Los recuerdos nunca perdonan, y en ese momento sentía que su propia mente lo castigaba por sus errores, presentes y futuros.

   Él solía convivíar con sus padres felizmente, solía reír y dibujar sin ninguna clase de preocupaciones. ¿Por qué no podían volver a ser así? ¿Por qué sus padres no lo querían más?

   Su corazón dolía y latía con fuerza mientras su padre pateaba la puerta con ira del otro lado.

   —¡Yuuri, abre la maldita puerta!—gritaba con una incesante irá.

   Sus ojos lagrimeaban, no solo por la tristeza, también por el miedo y la desesperación.

   —¡No voy a abrir! ¡¿Qué es lo que quieren, matarme?!

   Los golpes del otro lado no cesaban, al igual que sus numerosas lágrimas.

   No quería estar más ahí, quería huir, quería escapar ¿Pero a dónde? En el fondo lo sabía, sabía cuál era su escape de la realidad… Viktor, solo él podía sacarlo de ese calvario.

   Puso la mano en su bolsillo y pudo sentir la navaja que Viktor le había dado. La sacó. Lo pensó por un momento y con toda su ira arremolinándose en su mente hizo un corte en su pierna izquierda, rompiendo parte de su pantalón.

   La ácida sensación no tardó en presentarse.

   Normalmente él huía del dolor pero esta vez ese dolor se sentía tan bien, tan relajante, ese dolor era una muestra de que estaba vivo, de que contrario a los deseos de su padre aún vivía.

   Los muertos no pueden sentir dolor, pero él vaya que lo sentía.

   Dio un gran suspiro y una sonrisa se formó en sus labios al ver la gran cantidad de sangre que salió de su pierna herida. Era roja y muy brillante, caía como en una cascada, manchando su pantalón y sus calcetines.

   Los golpes en la puerta no se escuchaban más.

   Tomó la navaja una vez más e hizo de nuevo otro corte, está vez en su pierna contraria. De nuevo esa dulce pero a la vez ácida sensación.

   Este era su nuevo mundo. Su mundo solía ser tan triste. ¿Por qué nadie lo escuchaba? ¿Por qué todos hablaban de él? ¿Qué es lo que susurran a fuera de la puerta?

   Sus padres… Alguna vez los amó, pero el amor debe ser cuidado y sus padres no hicieron más que fomentar el odio que sentía hacia ellos. 

   Comenzó a reír, a reír sin ningún control contrastando con las lágrimas que salian sin cesar.

   Ahora llegaría a su nuevo mundo. Un nuevo mundo con sus padres fuera de él.

  Su mundo color carmesí junto a Viktor era su nuevo destino. ¿Qué más podía hacer? Lo dejaron solo, sin saber que hacer, nadie quiso ayudarlo, debió comenzar de nuevo solo. Buscar por si mismo la fórmula para no enloquecer.

   La sangre ya era tanta que ahora hacia un pequeño charco en el piso.

   Comenzaba a ver borroso aún con sus gafas. Sentía como su mundo se apagaba.

   Las palabras de su padre resonaban en su mente mientras sus lágrimas y su sangre no dejaban de caer.

   Su propio padre deseándole la muerte, esto ya era suficiente, no podía más. Ellos nunca lo iban a entender, su pasado siempre fue muy duro y ahora su presente llegaba para empeorar la situación.

   De pronto la puerta de su habitación se abrió de golpe.

   —¡Oh por Dios! ¡¿Qué hiciste!?—gritó su madre horrorizada.

   Rápidamente Yuuri guardo su arma, no iba a permitir que le quitaran su puerta al nuevo mundo que iba a crear con Viktor.

   —¡Tenemos que llevarlo a un hospital!

   Los ojos del japonés se nublaron, hasta que todo quedó negro.

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