Inexistente. 14


Accidente. Parte 1

La noche había llegado. Todos yacían en sus camas, listos para descansar… excepto por un chico azabache.

   Yuuri esperaba pacientemente al pie de su ventana. Estaba nervioso, sus manos estaban heladas y temblaban, pero estaba muy seguro de lo que hacía.

   Interrumpiendo sus pensamientos, un peliplata salió de la ventana de la casa vecina. Escaló por los duros y gruesos árboles hasta que logro pisar el suelo.

   —¡Copito! Ya estoy abajo—gritó, rompiendo con la paz de Yuuri.

   ¿Qué hacía? ¿Por qué gritaba? Los descubrirían por la indiscreción de Viktor.

   Sin pensarlo más, puso su pierna al otro lado de la ventana, dispuesto a abandonar su habitación. Pero justo cuando se disponía a poner su otra pierna del otro lado, resbaló y cayó.

   El sonido de ramas siendo mecidas por el viento amortiguó el sonido del golpe que se propinaron ambos chicos. Sí ambos, pues Viktor había atrapado a su copito antes de que éste cayera, por lo que ambos se desplomaron en el suelo.

   —Copito, pesas más de lo que esperaba—dijo Viktor sobando su cadera mientras Yuuri se levantaba de encima.

   —L-lo siento. Pero vámonos ya, espero que los vecinos no se hayan despertado.

   —Okay~

   Ambos se levantaron y se fueron del lugar.

   Eran cerca de las dos de la madrugada y ambos chicos caminaban por la desierta calle pacíficamente

   Eran cerca de las dos de la madrugada y ambos chicos caminaban por la desierta calle pacíficamente.

   Yuuri temblaba, no solo por el potente frío que le estaba carcomiendo. También por la adrenalina que le provocaba el estar haciendo algo prohibido.

   Tomaba la mano del mayor con miedo de que en algún momento un ladrón llegara y los lastimara, pero eso no ocurrió.

   —Copito, llevas temblando desde que nos fuimos de casa. ¿Tienes miedo?—preguntó con una sonrisa pícara.

   —N-no. Es solo que…tengo frío—respondió el temeroso Yuuri.

   —Sí claro—mencionó sarcástico—. Toma esto, te sentirás más seguro.

    Extendió su mano, ofreciendo una navaja de pequeño tamaño.

   Yuuri pensó por un momento, si tomaba la navaja eso significaría que debería dañar a alguien si las cosas se ponían feas. 

   Dañar a alguien… Sonaba irreal tomando en cuenta su personalidad tímida y reservada.

   Sin pensarlo más tomó la navaja, porque pese a que le aterraba dañar a alguien, le aterraba más la idea de ser dañado por alguien.

   Ambos caminaban por un parque desolado que de día debía ser un espectacular centro de juegos para niños, pero que ahora daba miedo.

   ¿Cuál era el propósito de tan peculiar paseo? Para Yuuri era solo un paseo que su novio quería hacer con él, parte de sus “gustos peculiares”, pero para Viktor era algo más, sabía que algo iba a pasar y lo estaba esperando con ansias.

   Pasaban al lado de unos grandes arbustos con algunas rosas asomándose por los huecos.

   Yuuri pensó que sería un lindo gesto regalar una de estas flores a su novio, así que se acercó, dispuesto a tomar una. Pero de entre los arbustos algo negro y grande salió y se abalanzó contra el japonés. El pobre chico, asustado y por reflejo, sacó la navaja que Viktor le había proporcionado y apuntó hacia la cosa que venía hacia él.

   Con los ojos cerrados del miedo y un ligero chillido, fue como Viktor encontró a su novio.

   —Yuuri, abre los ojos—ordenó Viktor.

   —¡N-no!—exclamó, lleno de terror al sentir algo caliente bajando por su brazo.

   —Yuuri, tienes que abrir los ojos.—Su voz sonaba más dura de lo normal, lo que hizo que el nombrado los abriera.

   Su vista se fue aclarando poco a poco y lo que vio lo dejo helado: a sus pies estaba un gato… muerto.

   —Y-yo… ¡Yo lo maté! ¡Yo lo maté!—Las lágrimas ya caían por sus ojos mientras helado y temblando, bajaba la navaja poco a poco.

   Había matado a un pequeño ser indefenso… ¡pero había sido un accidente!

   Con sus ojos húmedos giró su mirada hasta Viktor, en busca de un poco de consuelo, pero lo que encontraría no lo dejaría dormir.

   Su novio permanecía con una maníaca sonrisa y un pequeño cuchillo en su mano derecha.

   —V-Viktor ¿Qué haces?

   —Sigue…

   —¿Eh?

   —Sigue vivo.—Seguido de esto el peliplata se aproximó hasta el pobre animal y terminó lo comenzado.

    Yuuri quiso apartar la mirada, vaya que quería, pero algo en su interior se lo impidió. ¿Qué era esa sensación que hacía hormiguear su cuerpo entero? No lo sabía, pero el ver a Viktor hacer ese acto tan vil, de alguna manera… le llamaba mucho la atención.

   El peliplata se levantó, con manchas carmín en todo su hermoso rostro y una sonrisa aún más grande que la primera.

   —Copito ¿estás bien?—preguntó divertido a su asustado novio.

   —M-mejor que nunca…—respondió con una sonrisa fingida.

Capítulo cortito pero intenso

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