Inexistente. 7


Experimentando

Yuuri abrió sus ojos, siendo víctima de la luz de la mañana que penetraba con intensidad las cortinas de su habitación.

   Intentaba apartar los rastros de somnolencia de sus párpados.

   Mientras su mano buscaba a sus alrededores por su proveedor de claridad (sus gafas), notó que su entorno era extraño.

   Permanecía en el suelo, el dolor en su columna era prueba de que ahí había pasado la noche. Su cabeza dolía, su uniforme aún puesto le incomodaba de sobremanera.

   ¿Cuándo había caído dormido?

   No recordaba mucho de la noche anterior, estaba tan desorientado que al escuchar voces en el piso inferior, pensó por una décima de segundo que se trataba de intrusos, hasta que reconoció la voz de su madre.

   Finalmente encontró sus gafas y fue ahí cuando las telarañas de su mente comenzaron a esfumarse. El recuerdo de sus padres abrazándole en lágrimas, su colegio en llamas, su huída nocturna que terminó en un encuentro dulce con el peliplata, él regresando a su habitación y finalmente, su imagen tumbándose en el suelo riendo hasta que la pesadez del día cayó sobre sus párpados y le obligó a dormir.

   Vaya que había sido una noche fuera de lo común.

   Sin pensar más en el asunto, se dispuso a desprenderse de aquel uniforme, el cual veía con una sonrisa boba llena de dicha en el espejo a su diestra, pues ya no lo utilizaría más.

   Sin perder más tiempo lo lanzó en una esquina de la habitación, como si de basura se tratase.

   Se dirigió a su armario y aspiró el fresco aroma de la ropa limpia que sacó: un pantalón negro, y un suéter largo color azul.

   Los jeans le molestaban de sobremanera, prefería los pantalones elásticos, le parecían más cómodos. Aquella característica siempre fue la burla entre sus compañeros en las fiestas escolares. Entonces sonrió, eso jamás volvería a pasar.

   Se vistió con alegría.

   Por primera vez en mucho tiempo, podía despertar y respirar tranquilo, sin temores, sin dolor, sin apenas, sin agonía.

   Era tanto su entusiasmo que decidió abrir la ventana para dejar entrar algo de aire fresco. Corrió las cortinas seguido del vidrio y pudo tener una vista de la casa de al lado, aquella donde unas semanas antes había visto a nuevas personas mudarse. Hubiera dejado pasar aquel detalle insignificante de no ser por la persona que vio en el jardín contrario.

   Una mujer adulta, de un intenso cabello negro y potentes ojos verdes arreglando el destruido jardín de la vivienda. No poseía rasgos japoneses por lo que debía ser extranjera.

   Aquel rostro le resultaba extrañamente conocido.

   Entonces lo recordó: la foto que había visto en la casa del árbol, aquella donde Viktor permanecía en un cálido abrazo con su madre. Esa mujer era quien sostenía en sus brazos al peliplata.

«Lilia, se llama Lilia»

   Recordó.

   ¿Eso significaba que Viktor había sido su vecino todo ese tiempo?

   Pensó en ir a la casa y preguntar por él, pero creyó que era de mala educación, más si sus padres aún no se habían presentado.

   Sin prestar más atención, se apartó de la ventana, salió de su habitación y fue hasta el piso inferior, encontrándose con toda su familia reunida, al parecer alistándose para algún evento ya que se arreglaban la ropa los unos a los otros, una vestimenta totalmente negra.

   —¿Qué hacen?—preguntó mientras permanecía a mitad de la escalera.

   —Yuuri…—mencionó su madre con un sereno tono—hoy se hará el homenaje a tus compañeros y maestros de escuela. ¿No irás?

   —¿Homenaje?—Era una especie de funeral múltiple que solía hacerse cuando ocurría un incidente que terminaba con la vida de varias personas.  

   Estaba confundido, en Hasetsu se acostumbraba hacer los homenajes de noche.

   Miró el gran reloj de la entrada, con su peculiar tictacque marcaba la hora: 17:39pm

   ¿Cuánto tiempo había estado durmiendo? Y principalmente…¡Había perdido su tarde con Viktor! No, eso era imperdonable.

   Presa de la desesperación, se encaminó a la puerta de entrada, ignorando por completo a sus padres y hermana.

   —¡¿Yuuri a donde vas?!—preguntó molesto su padre, pero no obtendría respuesta, pues Yuuri ya había salido de su hogar.

   El azabache corrió rápidamente hasta aquel lugar que necesitaba con locura.

«Nuestra casa del árbol»

   Fue lo que dijo Viktor y lo que no dejaba de resonar en su mente. Aquellas simples palabras le hacían sentir un sin fin de sensaciones extrañas. Tan complejas e inexactas que era incapaz de identificarlas.

   No tardó mucho en dejar de pisar tierra para pisar hiervas, finalmente había llegado al bosque. Solo eran cuestión de segundos para que llegara a su destino.

   Rápidamente divisó aquella casa en el árbol y deseó con todo su ser que Viktor se encontrase dentro, que no se haya marchado, que no se haya cansado de esperar, que no estuviera molesto por llegar tarde. Su ansiedad estaba consumiendole.

   De haber tenido un poco de sentido común, de lógica, de pensamiento, como aquel que poseía en el pasado a pesar de su inminente depresión, se habría dado cuenta de que aquella obsesión enfermiza por Viktor lo estaba consumiendo, estaba cambiándole de una manera extraña.

   Pero él no podrá verlo, no podrá saber lo que está a punto de hacer ya que su mente está bloqueada por ese beso que el peliplata le dio y las sensaciones que le hizo sentir.

   Finalmente estaba subiendo aquellas escaleras tambaleantes que le dirigirían al fruto de su obsesión. Abrió la puerta y sintió que vomitaría por aquella bocanada de nerviosismo que se alojaba en su interior.

   Ahí estaba, tan pacífico, sosteniendo un libro en sus manos, con su hermoso cabello en una coleta alta, la posición hacía que sus largas pestañas sobresalieran, era tan her….

   «¡¿Qué estoy pensando?!» Pensó para sí mismo.

   —¡Yuuri! Nadie me hace esperar tanto como tú—. Posteriormente soltó una pequeña risa.

   El nombrado sintió de nuevo el calor arremolinarse en su rostro y terminó de subir.

   —L-Lo siento …

   —No importa, ayer debiste dormir muy tarde—declaró con la misma sonrisa en su rostro.

   Ayer …

   Las imágenes de su escuela en llamas regresaron a su cabeza, levantando más incógnitas que sentimientos.

   —V-Viktor …quiero que hablemos de la escuela…—le enfrentó, con la mirada algo baja.

   La sonrisa de Viktor no desapareció, ni siquiera se modificó en lo más mínimo, pero sus ojos parecieron oscurecerse.

   —¿F-fuiste tú?—preguntó temeroso—Quiero …que me digas la verdad.

   El silencio no tardó en presentarse.

   Un silencio siempre es un presagio para la confirmación de una pregunta.

   —Yuuri …Quisiera discutir algunas cosas contigo …—dijo con seriedad—. Quiero pedirte perdón, mi manera de actuar contigo ayer creo que no fue la adecuada. Me imagino que debió ser tu primer beso.

   —Y-yo bueno …. Y-yo…—No podía decir nada, estaba demasiado ocupado queriendo ocultar su vergüenza, pues en efecto, había sido su primer beso.

   El peliplata se acercó hasta el temeroso azabache, demasiado cerca, tomándole del mentón y viéndole con una mirada extraña, no era la típica mirada de ternura o alegría que solía darle, era una seductora.

   Yuuri no podía más, se sentía tan avergonzado que quería salir corriendo como lo había hecho ya en el pasado, pero no pudo. Era como si hubiese una pared de concreto detrás suyo que le impidiera moverse, esa pared se llamaba: ganas de que Viktor le besara de nuevo.

   Una parte de su ser deseaba volver a experimentar aquella sensación, pero la parte consiente gritaba por huir de ahí.

   —Me disculpo …—finalmente dijo Viktor—. Pero no me arrepiento y no quiero dejar de hacerlo.

   El infierno era el polo norte comparado con el rostro de Yuuri.

   —P-Pero entonces …¿y-yo, te gusto?—preguntó con un esfuerzo sobrehumano y la mirada tan clavada en el suelo que parecía que en cualquier momento la atravesaría.

   El peliplata sonrió y asintió con la cabeza, sin separarse un solo centímetro de él.

   El peliplata sonrió y asintió con la cabeza, sin separarse un solo centímetro de él

   La luz del sol ya había abandonado por completo la ciudad de Hasetsu.

   En una pequeña casa en un árbol no se apreciaba más que oscuridad, ni una sola luz era visible dentro, pero a pesar de eso, había alguien habitándola.

   Los labios de Yuuri se encontraban sumamente húmedos, y no era para menos: unos labios lo besaban lentamente.

   Se encontraba sobre la pequeña banca de madera del interior con Viktor a su lado, sosteniendo sus temblorosas manos con su diestra y su mejilla con la izquierda.

   Ambos se besaban a un ritmo lento, como si tuviesen toda una vida para poder hacerlo.

   Los delicados roces en sus labios hacían que los latidos de Yuuri se descontrolaran, o al menos así fue en un principio.

   Conforme el tiempo pasaba, comenzó a relajarse y dejarse llevar, disfrutando de aquel roce húmedo que acariciaba sus labios de una manera casi magistral.

   Permanecía con sus ojos cerrados, incapaz de poder abrirlos y encontrarse con el rostro de Viktor, volvería a morir de vergüenza si eso ocurría.

   Cuando los besos comenzaron, la luz de la tarde aún era perceptible para él a pesar de tener los ojos cerrados, pero ahora no había nada más que oscuridad.

   ¿Cuánto tiempo llevaban haciendo eso?

   No le importó mucho, por primera vez en su vida podía sentir algo diferente, algo que nunca antes había sentido, eso le agradaba.

   Se sentía sumamente extraño al estar ahí, en una estrecha casa del árbol oscura, de noche y besándose con un chico.

   En su estómago había sensaciones extrañas que no le eran agradables, pero al recordar que ese chico con el que se besaba era Viktor, aquel que le salvó la vida, aquel que le curó sus heridas, quien le brindó su apoyo, quien le confesó que le gustaba, aquellas sensaciones se calmaban un poco.

   El aire no faltaba entre ambos ya que era como si sus respiraciones se complementarán, mientras uno inhalaba otro exhalaba, además de que aquellos roces estaban llenos de inocencia y no pasaban de algo superficial.

   Ambas manos de Yuuri, que aún se mantenían en puños por la ansiedad, sentían la fría pero a la vez cálida sensación de la mano de Viktor en ella.

   En su interior comenzó a sentir algo extraño, era como si los latidos de su corazón se intensificaran y comenzara a sentirlos en absolutamente todo su cuerpo, especialmente en una zona en la que ni siquiera quería pensar.

   Dispuesto a terminar con aquella sensación, separó sus labios de los de Viktor, pero no abrió sus ojos.

   —¿Qué sucede pequeño? ¿No te gustaron mis besos?

   Finalmente abrió los ojos, encontrándose con la oscuridad en su total esplendor. Vio a su izquierda, apreciando solo una silueta difuminada que estaba seguro era Viktor.

    —N-no es eso …es que…ya es muy tarde.

   Yuuri evitaba la mirada de Viktor incesablemente, hasta que el peliplata pareció darse por vencido.

   —Te acompañaré a casa—mencionó con un tono suave y acercándose, dándole un tierno beso en la cabeza.

   Viktor se levantó, abrió la puerta, dejando entrar un poco de luz y aire.

  —Vamos pequeño—dijo con una sonrisa que apenas si pudo percibir y le extendió la mano.

   Ambos bajaron de aquella casa entre la oscuridad.

   En su breve recorrido no hubieron palabras, solo sus manos unidas.

   Finalmente la casa de Yuuri se podía ver a la distancia. Viktor tomó también la otra mano del azabache y juntó ambas, depositando un beso sobre ellas.

   —Nos vemos mañana—. Yuuri solo asintió nervioso y corrió en dirección a su hogar.

   Una gran sonrisa se liberó en sus labios.

   Así que eso era tener una relación, eso era tener alguien por quien despertar cada mañana, eso era ser besado, ser querido.

   Aquel shock que Viktor había puesto en él, ese donde sus padres y el resto del mundo pasaba a un segundo término, pareció romperse poco a poco y el Yuuri preocupado, temeroso y tímido, comenzaba a volver.

   El sentimiento de emoción desaparecía poco a poco para darle cabida a la preocupación y el miedo absoluto, había salido huyendo de su casa sin avisar a sus padres, seguramente lo matarían.

   Llegó pronto a su hogar, pero antes de introducir su llave en la puerta, pudo notar que todas las luces estaban apagadas.

   Temeroso, abrió la puerta, siendo recibido por la penumbra y cierto toque de aire frío.

   No había absolutamente nadie en casa.

   Cerró la puerta y dio un suspiro, estaba mentalmente exhausto.

   Entre la oscuridad de su tétrica sala vio un par de ojos brillantes. Pudo reconocerlos al instante, sorprendiéndose de que no le haya amenazado o atacado; era Vic-chan.

   Extrañado, se aproximó a encender las luces. Sus ojos tardaron un poco en acostumbrarse a la intensa luz.

   Retiró sus gafas y frotó sus ojos, esperando despejar su mirada. Estaba a punto de poner sus anteojos de nuevo cuando escuchó ciertos quejidos.

   Rápidamente terminó de colocar sus gafas, encontrándose frente una escena que definitivamente no hubiera querido ver.

   Vic-chan estaba tirado en el suelo, con respiraciones irregulares y sobre un charco de sangre.

Si les gustó el capítulo comenten (o me llegará la depresión ;-;) ¡Muchas gracias!

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