Inexistente. 5


Regalo

Los ojos nostálgicos de Viktor comenzaron a desaparecer entre una intensidad que dominó su mirada.

   —Yuuri, tú nunca cambies quien eres en realidad. Vivir en una mentira no solo es difícil, es …tan triste. Esa persona frente al espejo ya no era yo, y muy tarde comprendí que si no puedes ser tu mismo, entonces no tienes valor.  

   Sus palabras desesperadas y ese miedo profundo en sus ojos era el claro reflejo del martirio que debió soportar el peliplata.

   Yuuri no podía imaginar lo que era despertar y saber que tu único propósito era fingir ser aquello que odiabas cada día, no poder ser tú mismo, vivir con miedo de que algún día descubran tu secreto, querer demostrarle al mundo que ese no eres tú, pero a la vez tener miedo, un miedo justificado por la crueldad del pasado.

   —Pero … entonces, el Viktor que veo ahora …¿es el verdadero? Sin mentiras, sin fingir—. El nombrado permaneció en silencio. Un silencio siempre termina siendo un presagio que confirma una pregunta.

   Viktor continuó sin decir una palabra …su silencio era la respuesta: quien tenía frente no era el verdadero.

   Lo que decía era poco coherente: suplicaba a Yuuri jamás modificar su personalidad, pero él llevaba haciéndolo desde que lo conoció. Ciertamente le dolía saber que la persona en la que más confiaba en esos momentos estaba mintiendo, pero entendía que debía ganar más su confianza.

   —Quiero conocer al verdadero Viktor—declaró decidido y con firmeza en sus ojos.

   El peliplata le miró extrañado.

   —No creo que quieras…

   —¿Por qué no?—le interrumpió—. Tú has conocido mi verdadero yo, y me has dicho un secreto importante en tu vida. Ya no estamos solos, me tienes a mí como yo te tengo a ti.

   —Yuuri… mi verdadero ser es algo que jamás debe ser contado.

   —Yo quiero conocerlo. Quiero conocer todo de Viktor.

    La sorpresa en el rostro del peliplata poco a poco cambió. Una sonrisa se formó en sus labios, una sonrisa muy diferente a todas las demás.

   Yuuri no lo sabía, pero estaba abriendo una puerta que cambiaría su destino para siempre.

   Yuuri guiaba a Viktor hasta su colegio, aquel al que llevaba días sin asistir, presa del miedo

   Yuuri guiaba a Viktor hasta su colegio, aquel al que llevaba días sin asistir, presa del miedo.

   La petición de su amigo le desconcertó, desconocía por completo sus planes, pero prefirió no cuestionar nada y lo llevó, temeroso, pues alguien podía reconocerlo y saber que no asistió a clases, que llevaba días sin hacerlo, de hecho.

   Finalmente llegaron al hogar de las pesadillas de Yuuri. Viktor miraba el lugar con una extraña expresión, mientras un temeroso azabache se escondía detrás para evitar ser visto.

   —Llegamos …¿Qué es lo que harás?—preguntó ansioso, sin ver nada más que la espalada de su amigo, la cual utilizaba para camuflarse.

   —Secret~—Le escuchó mencionar con aquel tono infantil que lo caracterizaba y que tanto amaba escuchar, pero no vio su rostro, no podía imaginarse la expresión del ruso al ver ese lugar que le causaba escalofríos—. Yuuri, ve a casa, yo me quedaré aquí.

   —¡¿Qué?! No puedo ir a casa ahora y lo sabes, además ¿Por qué debo dejarte aquí?

   —Yuuri …hazme caso. Dijiste que a estas horas tus padres están trabajando. Quedate en tu habitación y espera a que lleguen, nadie te regañará, lo prometo—. ¿Cómo podía pedirle eso?

   —Pero Viktor …tengo m…—Sus palabras fueron interrumpidas por algo suave en sus labios, Viktor se había girado y le besaba.

   Yuuri quedó helado, incapacitado para poder pensar, fue como si entrara en un transe que cortaba la circulación de cualquier pensamiento racional e irracional.

   Era un beso estático, pero tierno, el peliplata cerró los ojos pero el azabache no, podía ver las largas pestañas del contrario mientras intentaba recobrar la movilidad.

   Finalmente Viktor se separó de él y esbozó por unos segundos una sonrisa.

   —Te daré un regalo muy especial, mañana te veré en la casa del árbol—declaró con ternura.—Ve a casa.

   Yuuri no dijo palabra alguna y corrió lejos de ahí.

   ¿Qué había sido eso? ¿Por qué Viktor lo había besado?

   Sentía que su rostro ardería en llamas en cualquier momento y que su corazón atravesaría su pecho por la magnitud de su latir.

   Olvidó por completo que en su casa no solo sería reprendido, también lo matarían si sabían que llevaba días ausente de clases. Todo eso no era importante en ese momento, lo único que le importaba era dejar de pensar en la sensación de los labios de Viktor sobre los suyos, quería distraerse en cualquier otra cosa pero su mente no parecía estar dispuesta a pensar en otra cosa que no fuera Viktor.

   Finalmente llegó a su hogar, abrió la puerta y se encontró con Vic-chan, quién le recibió con ladridos y gruñidos, pero poco le importó.

   Subió hasta su habitación y cerró la puerta.

   Solo el sonido del pequeño caniche resonaba detrás de la puerta con claras intenciones de entrar, mas en la mente de Yuuri había tantas cosas, tanto ruido, tantos pensamientos, tanto miedo… ¿miedo? Sí, miedo a lo desconocido.

   Comenzó a recordar y reflexionar sobre ese sentimiento que le estaba quemando el pecho, sobre esa aguda sensación en su ser que se activaba al recordar los labios de Viktor, al recordar su rostro… Su primer beso… con un chico.

   Pensó en el porqué nunca había sentido antes aquella sensación que le confundía, entonces lo recordó: jamás había tenido novia, nadie jamás se había fijado en él. Había tenido amores, claro, como todos, pero su autoestima era tan baja que nunca se había atrevido a declararse por el inminente rechazo que le esperaba.

   Sin embargo, había una diferencia muy grande: sus intereses amorosos siempre habían sido niñas. Nunca se le pasó por la cabeza interesarse en un chico.

   Ahora lo poco que había conocido sobre el amor había cambiado, pero la pregunta aquí era ¿había cambiado para bien o para mal?

   Intentó aclarar su mente. Ya era muy consciente de lo que Viktor sentía por él, ahora debía pensar ¿qué sentía él por Viktor?

   Algo amoroso jamás fue su meta cuando lo conoció. Sus sentimientos hacia él eran de agradecimiento, compañerismo, hermandad, pero algo romántico…

   Se sentía como una colegiala, tan patético.  ¿Eso lo convertía en gay? No lo sabía. Lo que sí sabía, era que aquel beso comenzaba a agradarle a sus labios. Esa idea le generaba aquel calor tan intenso en su rostro, aquel aumento de su frecuencia cardíaca, ese dolor en su estómago similar al ácido, y aquellas ganas de volver a repetir ese suceso.

   Necesitaba sentírlo una vez más para aclarar sus sentimientos, para sustituir la ansiedad por la razón.

   Fue tal el caos que aquel peliplata había ocasionado en él, que ni siquiera pudo darse cuenta de cuando se quedó dormido. Ahí, en el suelo de su habitación, con los ladridos de Vic-chan de fondo y con la cabeza hecha pedazos.

   Cayó en un sueño tan profundo que parecería que finalmente su mente tendría descanso, pero no.

   Sus párpados se cerrarían, pero sus sueños despertarían.

~°~

   Una oscuridad intensa. Un silencio matador.

   Un espejo frente a él. Pero con un reflejo inquietante.

   Una sonrisa llena de maldad, unos ojos sedientos de sangre, unas gafas rotas y cubiertas de tierra en el suelo, múltiples heridas en sus brazos, así como cicatrices. Cada aspecto parecía competir por cual le aterraba más, pero el que se llevaba la corona sin duda, eran sus muñecas cubiertas de abundante sangre que corría por sus manos y moría en el suelo sin cesar. 

   Ese no era él.

—¿Quién eres tú?—Preguntó el temeroso azabache a su aterrador reflejo.

—Soy los sueños, soy la realidad …soy momento …soy eternidad …soy locura …soy la voz que hay en ti.

    El sonido de la puerta de entrada azotándose y un grito desgarrador en la planta baja le hizo abrir los ojos.

   La ventana mostraba un oscuro escenario.

   Su corazón comenzó a llenarse de terror al escuchar a las voces de sus padres abajo. No podía entender lo que decían, estaba demasiado asustado como para concentrarse en ello.

   ¿Lo habrán descubierto? ¿Lo matarían por ello? ¿Debía bajar y averiguarlo?

   Estaba a punto de retroceder pero recordó las palabras de Viktor:

   “Nadie te regañará, lo prometo.”

   ¿Debería confiar en Viktor? ¿En aquel chico que lo había besado? La única respuesta que había era «sí».

   El característico sonido de las escaleras se hizo presente.

   Estaba temblando, pero sus piernas caminaban solas, era como si sus miembros inferiores le tuvieran más confianza a Viktor que él mismo.

   Aún indeciso, pudo apreciar conforme pasaba los escalones que su madre estaba en el piso, al parecer llorando, al igual que Mari y su padre. Se desconcertó.

   Como si su garganta actuara por si sola, se atrevió a hablar:

   —¿Q-Qué pasa?—Al instante, su familia le miró, con una mirada que jamás había visto en ellos.

   Hiroko no pudo más y corrió hacia su hijo, hecha un mar de lágrimas, le abrazó fuertemente.

   —¡YUURI! ¡Mi niño!—exclamaba la mujer—. ¡¿Estás bien?! ¡¿Te ocurrió algo?!

   La confusión se acumulaba en los ojos de Yuuri al ver a su madre en semejante estado. Sumando además a su hermana, quien tampoco se limitó en abrazarlo con fuerza.

   —¿P-pero qué ocurrió? ¿Por qué están así?

   Mari intentaba recuperarse, respiraba de manera acelerada y trataba de contener las lágrimas. Su madre no se despegaba de él y su padre estaba en estado de shock.

   —¡¿Qué ocurre?!—preguntó lleno de terror y ansiedad.

   Mari, la única que estaba dispuesta a hablar, aún luchaba por soltar las palabras.

   —Esta tarde … Tu escuela … Hubo un incendio… —Dijo con esfuerzo, pero fue interrumpida por su padre.

   —Acaban de apagar el fuego …Pero dicen los bomberos que es muy difícil que haya sobrevivientes…

«Mi verdadero ser es algo que jamás debe ser contado.»

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