Inexistente. 4


Máscara

—¿Te duele?—preguntó Viktor, sosteniendo aquella mano cubierta por sangre seca y oscurecida, demostrando que no había sido tratada una vez hecha.

   —No, en absoluto.

   —Debiste caer muy feo para  hacerte esto—mencionó con incredulidad. No era para menos: la excusa que le había dado carecía de coherencia—. ¿O acaso tú te hiciste esto al golpear algún cristal?

   Lo habían descubierto.

   No dijo nada, no podía, pues tenía demasiada vergüenza para admitir que había sido víctima de la ira, una irá que no da lugar para los pensamientos racionales ni mucho menos para el dolor, una irá que se deja llevar por el sentimiento en el interior y que se desconecta por completo de las consecuencias que dejará posteriormente. Consecuencias como explicarle a Viktor cómo se hizo esa herida tan obvia.

   Su puño prácticamente tenía escrito “causa: vidrio roto”.

   Bajó la mirada, avergonzado y mostrando un silencio que confirmaba lo preguntado por el peliplata.

   —Sea como sea, debo limpiar la sangre seca de aquí—mencionó Viktor, con un tono apagado.

   Aquel tono le lastimaba, ya estaba demasiado acostumbrado a su tono alegre y al entusiasmo que reflejaba con cada palabra, era como si aquel tono fuera su regaño por haber hecho algo tan estúpido.

   Elevó su mirada hacia el contrario, lenta y tímidamente, como un niño que sabe que será reprendido y vio como éste sacaba de la bolsa de su bello abrigo oscuro un pequeño pañuelo, el cual humedeció con un poco de agua.

   Las orbes azules se encontraron con las marrones, y en lugar del regaño tan temido, se encontró con una mirada dulce que inspiraba comprensión, esto le hizo dar un suspiro de alivio, pues Viktor no estaba enfadado con él.

   —Puede que esto duela—advirtió el mayor y pasó el pañuelo por la herida, intentando limpiarla. Pero la sangre seca es muy difícil de retirar.

   Yuuri veía los delicados y cuidadosos movimientos y esbozó una sonrisa, no solo se sentía feliz al saber que Viktor no estaba enfadado con él, sino que le estremecía el corazón ver qué quería evitarme el mayor dolor posible.

   Aquella sensación de sentirse protegido, de sentirse querido por alguien y saber que ese alguien se preocupaba por él, era un sentimiento más que agradable, reconfortante. Si tan solo Viktor pudiera salvarlo del dolor de su alma como lo hacía con el de su herida, aunque …tal vez ya lo hacía. Aquella sonrisa boba en sus labios era producto de las acciones del peliplata, una sonrisa sincera, tan poco usual que ya no recordaba como se sentía.

   Aquel acto de evitarle el dolor era tan tierno, el pensar en ello le generaba una extraña sensación en el estómago, similar al dolor que sentía cuando tenía miedo, pero muy diferente a la vez.

   Los movimientos cuidadosos de Viktor no cesaban, intentando limpiar su puño con muy poco éxito.

   —Viktor …Así no terminaremos jamás, hazlo fuerte, sin amor—dijo con tono burlezco y aquella sonrisa algo boba.

   —¿Estás seguro? No quiero que te lastimes, la herida ya debió causarte demasiado dolor, no quiero causarte aún más— ¿Cómo lo hacía? ¿Cómo podía hacer que con solo unas palabras su corazón aumentara su ritmo y el calor se acumulara en su rostro?

   —Sí, muy seguro—afirmó con una sonrisa aún más grande.

   El ruso le miró indeciso por unos segundos, pero finalmente hizo presión sobre la herida y limpió de manera más ruda. Yuuri cerró los ojos con fuerza al sentir el inminente dolor en su mano.

   —Lo siento…—Sus ojos se abrieron al escuchar ese tono tan triste disculpándose, encontrándose con las hermosas orbes azules humedeciendose.

   Era tan extraño …él era tan extraño ¿Por qué había comenzado a llorar? ¿Era por estar causándole dolor o había alguna otra causa? Nadie comienza a llorar de un segundo a otro, menos alguien que siempre se mostraba alegre como Viktor.

   En un acto de impulso puro, tomó las mejillas del peliplata y pudo contemplar mejor esos ojos que sufrían y estaban a punto de soltar lágrimas.

   —¿Por qué lloras?—preguntó con un tono más que compadecido, triste.

   Viktor apartó la mirada por unos segundos, pero Yuuri se mantuvo firme y con sus manos aún en sus mejillas retornó su mirada hacia él.

   El silencio pasó de dominar los segundos a hacer suyos los minutos, pero ese silencio no era incómodo, todo lo contrario, era como si sus mentes se unieran para compartir más que un pensamiento, un sentimiento.

   Aquella conexión comenzó a tener sentido cuando Viktor elevó su mano derecha y retiró el guante de ésta.

   El corazón del azabache pareció detenerse al ver grandes cicatrices en sus nudillos, plasmadas en su piel como un tatuaje, un tatuaje que hizo entender a Yuuri que aquel dolor que le había consumido, aquella irá que había corrompido su alma por unos momentos, aquel grito desesperado disfrazado de furia, también habían habitado en Viktor alguna vez.

   Aquel chico perfecto que tenía frente a sí, aquel que siempre tenía una sonrisa en su rostro, aquel que siempre bromeaba y parecía vivir la vida encantado, él también había sentido todos y cada uno de esos sentimientos.

   No pudo más con aquella nube abrumadora que ahora estaba opacando su razonamiento. Se abalanzó sobre Viktor, apresándole en un abrazo que el peliplata correspondió al instante de manera desesperada.

   Dos personas solitarias que compartían un mismo dolor, diferentes causas pero mismos efectos.

   —¿Por qué hiciste eso? No comprendo, quiero saber qué es eso que tanto te atormenta

   —¿Por qué hiciste eso? No comprendo, quiero saber qué es eso que tanto te atormenta.— Los ojos del japonés demostraban determinación.

   —No es fácil contarlo, son muchos recuerdos que había preferido olvidar, ahora …solo pensar en ellos me da escalofríos.—La mano de Yuuri se posicionó sobre la del contrario.

   Ya no se sentía avergonzado por hacer esa clase de cosas con alguien a quien llevaba días de conocer, pues había conocido a Viktor mucho más de lo que podía imaginar y sabía que el peliplata tendría el mismo trato con él. Ya no eran desconocidos.

   Las manos de Viktor estaban realmente frías, tal vez reflejo del miedo o dolor que conllevaba recordar su pasado. Pero no se rendiría, quería ayudarlo, tal como lo había ayudado a él.

   —Viktor, de ti aprendí que no puedes reprimir lo que hay en tu interior eternamente, debes hablar para poder respirar tranquilo.

   Los ojos temerosos e indecisos de Viktor le apuntaron, pues había dado con las palabras perfectas para ganarse su confianza.

Flashback

Flashback

~°~

   En los pasillos de un famoso colegio, unos pasos avanzaban hasta el aula B.

   Una figura en la que todos ponían sus ojos, algunos con envidia, otros con admiración.

   Aquella sonrisa encantadora enamoraba a quien se cruzaba con ella, parecía la de un ángel solían decir.

   Alguien respetado y admirado por su nueva aula de clase. Un deportista excepcional, un ser humano humilde, siempre alegre y amable con todos. Un estudiante estimado por sus profesores debido a su inteligencia y disciplina. Aguien amado por la chicas, quienes siempre hacían lo posible por acercarse a él.

   Él era Viktor Nikiforov, de 15 años.

   Pero nadie en esa escuela sabía que él en realidad vivía en una mentira.

   Un pequeño, con facciones tan bellas como las de un ángel, siempre víctima de la envidia.

   Los abusos no faltaron en su niñez y pre adolescencia, siempre siendo atacado sin cesar. Pero había una pequeña luz en su vida: tenía a sus padres, quienes lo amaban, lamentablemente no era suficiente.

   Los altos recursos de sus padres también era detonante para aquella crueldad con la que fue tratado por la sociedad rusa.

   Todo esto hizo del pequeño Viktor alguien con miedo, asustadizo, tímido y con aficiones distorsionadas.

   El sufrimiento, producto de la crueldad humana, puede ser capaz de destruir hasta la inocencia más fuerte.

   Su carácter lo hacía presa de aquel destino, su forma de vestir siempre con tonalidades oscuras, su largo cabello detonante de burlas diarias, su mirada extraña, su gusto por la soledad, sus aficiones peculiares.

   Todo eso debía desaparecer.

   Se graduó, y cuando llegó el momento de entrar a un nuevo colegio decidió que ya no quería ser aquel a quien siempre habían humillado.

   Compró ropa costosa y que estaba a la moda (según las revistas de moda de la época). Cortó su cabello con un corte que le favorecía (según la mujer que lo corto). Cambió su verdadera mirada por una alegre y llena de vida. Aprendió mecánicamente, como quien aprende una lección para un exámen, como socializar y comportarse como los demás.
Sus aficiones desaparecieron, ahora sus pasatiempos debían ser el estudio, los deportes y las fiestas.

   ¿Funcionó?

   Se volvió el chico más popular de su nuevo colegio, un colegio donde nadie conocía su pasado, donde ese pasado debía ser borrado.

   Pero las mentiras son muy pesadas, y cargar con ellas diariamente es muy cansado.

   Viktor sentía que no era más que un cascaron vacío, sin alma, sin emociones, sin opinión.

   Todo lo que fue desapareció.

   Un precio muy caro a pagar por esa recompensa.

   ¿Qué recompensa? ¿Ser el chico más popular? ¿Ser la persona perfecta con la que todos sueñan ser? No. Ser aquel chico vacío lleno de amigos falsos, lleno de logros indeseados, lleno de desesperación y tristeza.

   El dolor le consumió. Sus padres siempre intentaron ayudarle. Pero no puedes luchar contra esos fantasmas que habitan en tu mente.

   Un día, Viktor se cansó de vivir en una mentira que ya no podía sostener, si lo hacía un momento más enloquecería, si es que no había enloquecido ya, o mejor dicho: si no es que siempre lo estuvo.

   Estaba realmente enfermo como para hacer lo que él hizo. Renunciar a ti mismo para sentirte aceptado por la sociedad.

   La humanidad si que era un verdadero asco.

   Decidió terminar con todo, llevándose una gran lección: sé tú mismo, siempre.

~°~

~°~

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