Inexistente. 12


Cazador

Yuuri no podía creer lo que estaba escuchando.

   El rostro de Viktor era como un puzzle que no le permitía ver sus verdaderas intenciones.

   —¿Cómo?—preguntó, a nada del pánico.

   —¿No lo entiendes, Yuuri?—preguntó irónico mientras caminaba a la puerta y colocaba el seguro—. Tener el poder de decidir quién vive y quien muere es un sentimiento indescriptible.

   —¿T-tú causaste el incendio en la escuela.

   —¿Acaso aún lo dudas? Si es así, copito, eres más ingenuo de lo que creí.

   Claro que lo sabía. Una parte de su ser lo supo todo el tiempo, pero se negaba a creerlo. Se negaba a creer que aquel novio cariñoso y hasta en ocasiones cursi, podría haber llegado a ser un asesino.

   La mente del azabache era un completo caos. Por su cabeza corrían las imágenes de aquel edificio en llamas, con todos sus compañeros, inocentes y culpables, fundiéndose cual plástico ante las fulminantes llamas.

   Imaginaba a su amado con un cuchillo ante una inocente víctima, con una escopeta apuntando directamente a la cabeza, con adrenalina en su rostro golpeándo con algún objeto contundente a su presa, con sangre en su bello rostro de ángel mientras sus acciones dejaban ver en realidad a un demonio.

   Todo era tan variado y le generaba tal conflicto que le impedía pensar.

   Pero por sobre todas las cosas: el miedo lo comenzó a inundar. Miedo de saber que tenía a un asesino ante sus ojos. Un asesino que tenía en un pedestal a personajes que, a su corta edad, habían terminado con la vida de otros infantes de las maneras más viles y crueles.

   Pensó en salir corriendo de ahí, pero Viktor había bloqueado por completo la salida. Si intentaba huir se pondría en bandeja de plata ante el ojiazul.

   No hizo más que permanecer estático en su lugar, con sus pensamientos carcomiendo cada parte de su conciencia.

   —¿Copito, estás bien?—preguntó con un dulce tono mientras acariciaba con el dorso de su índice la mejilla del azabache, quien se estremeció ante el tacto.

   ¿Cómo podría estar bien? Tenía a un asesino enfrente suyo.

   Miró a la puerta mientras pensaba en una buena manera de escapar de ahí, sin embargo, esta acción fue percibida por el peliplata.

   —Yo no haría eso si fuera tú, Yuuri—mencionó sin apartar su sonrisa cínica, la cual comenzaba a tornarse en una más maliciosa—. Sé lo que piensas, pero dime una cosa ¿Haber alejado de tu vida a las personas que te atormentaban, darte una nueva oportunidad de vida, cambiar tu presente y futuro para bien, me convierte en alguien malvado?

   ¿Cómo lo hacía? ¿Cómo hacía que un crimen se escuchara como un tierno acto heróico? Fuera como fuera, había funcionado, la ansiedad de Yuuri disminuyó radicalmente al examinar todas y cada una de las palabras formuladas en esa pregunta.

   Negó con timidez, aceptando que tal vez su novio no era tan malo, después de todo, los resultados no habían sido más que positivos.

   Viktor apartó todo rastro de maldad de su sonrisa y llegó a ésta una inmensa ternura. Tomó las manos de su tembloroso copito y depositó un beso en ellas.

   —Mi bello Yuuri, el malvado no soy yo, es este mundo que no nos entendió, este mundo que nos trató de una manera tan cruel.

   Las palabras de su novio tenían sentido. Por su mente pasaron todos los acontecimientos de su vida que le hicieron esbozar lágrimas, desde la indiferencia de sus padres, pasando por su incapacidad para ser amigos, hasta llegar hasta el trato inhumanos que le brindaron sus compañeros de escuela.

   Todas las veces que fue humillado, pisoteado, golpeado, insultado, por los que compartían sangre con él y por los que no, pasaron por su inocente mente que cada vez iba perdiendo su inocencia.

   Padres, hermana, compañeros, maestros, él mismo, todos ellos siempre lo hicieron inmensamente miserable, pero la mirada azulada de su novio llegó para salvarle, dedicándole no unos ojos de repulsión, sino de amor.

   Su novio, aquel chico que sin conocerlo lo salvó de la muerte cuando estaba a punto de terminar con su vida. Aquel que lo trató con un inmenso cariño. 

   Las imágenes desagradables fueron reemplazadas por todo eso que había vivido con el peliplata, recuerda cuando le regaló su bufanda, cuando curó sus heridas, cuando estuvo ahí para él cuando más lo necesitaba.

   Ahora la imagen de asesino se había reemplazado por la de héroe, un héroe que nunca lo abandonaría, que lo protegería, que incluso mató para protegerlo.

   Rápidamente su mirada de terror se convirtió en una de deseo y se abalanzó a los brazos de su novio, quien lo abrazó como si lo compadeciera por el pasado tan triste que tuvo.

   —Tú eres mi héroe, me has salvado. Prometeme que no dejarás que nadie me vuelva a lastimar—suplicó el azabache, aferrándose al pecho del mayor.

   —Mi Yuuri…—el peliplata correspondió con más fuerza el abrazo, dando tal vez una respuesta afirmativa.

   Alguien que lo protegería de todo, una utopía que jamás pensó que ocurriría al fin estaba sucediendo.

   Su corazón latía con fuerza y sus mejillas estaban tenidas de rojo, estaba avergonzado, pero feliz y principalmente: más enamorado que nunca.

   —Te enseñaré a vengarte de todos aquellos que alguna vez te hicieron daño.

   ¿Qué decía? Vengarse de aquellos que lo hicieron conocer la crueldad humana en su máximo esplendor, la idea sonaba surrealista, incluso imposible.

   —¿C-cómo?

   —Lo sabrás a su debido tiempo. Mientras tanto, disfruta de tu nueva vida, copito, de esta nueva oportunidad de vida que tienes. Pero por sobre todas las cosas, nunca te alejes de mí, yo te adoro y no soportaría que me abandonaras.

   La idea de abandonarle nunca pasó por su mente, sin embargo ahora que lo había mencionado, la cuestión surgió, tal como si hubiera abierto una puerta en sus pensamientos.

   Un poco de razón regresó al azabache y se puso a pensar: si Viktor tenía en un pedestal a seres tan …peculiares y además le había hecho eso a sus compañeros ¿Sería capaz de hacerle daño si se atreve a dejarle?

   Elevó su mirada, encontrándose con la azulada y pudo ver su propio reflejo en aquellas orbes celestes. El reflejo de alguien que siempre fue pisoteado, humillado, abofeteado. Un ser indefenso que solo buscaba amor pero solo recibió crueldad. ¿Ese ser que fue visto como alguien inexistente iba a dudar ahora de la única persona que le brindó amor? ¡Por supuesto que no!

    Recostó su rostro sobre el pecho de su amado y aspiró su delicioso aroma, sintiéndose más protegido que nunca.

   Pobre Yuuri, acababa de caer en la trampa del cazador.

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