Inexistente. 10


Primer día

Yuuri se encontraba ansioso, con las manos empuñadas, su vista al frente y su labio inferior temblando: estaba a punto de ir a su nuevo colegio.

   Tres semanas habían pasado desde que su anterior colegio se calsinó ante las misteriosas llamas.

   Una vez disueltas las nubes oscuras, los bomberos declararon que se originó por un corto circuito en los fusibles de la parte trasera. Nada más que decir.

   Solo cuatro chicos sobrevivieron, esto porque, al igual que Yuuri, no habían asistido a clase. Afortunada o desafortunadamente, ninguno de sus ex compañeros se encontraba entre los sobrevivientes. Todos esos abusadores estaban en el más allá, pudriéndose en el infierno.

   De cualquier manera, aquellas breves vacaciones le habían servido no solo para calmar sus pequeños ataques de ansiedad y superar lo ocurrido, también para fortalecer la relación con su novio, Viktor. Una relación extraña, pero que era su única alegría. 

   La luz se presentaba de nuevo por su ventana, pero algunos recuerdos aún le perseguían. A pesar de negarlo, interna y externamente, no había olvidado aquel sueño, aquel donde se transformaba en un completo psicópata.

   ¿Fue acaso solo producto de su mente?

   En cuanto a la relación con sus padres, no era la mejor, pero al menos ya podían verse entre sí sin lanzarse algún objeto, además de que habían buscado un colegio nuevo para que no perdiera más clases. Tal vez esa era su manera de decir que aún lo querían… O que no lo querían tener cerca.

   Ahora se encontraba en el auto de su padre, pensando en su nuevo colegio: era mucho más lejano que el primero, pero tenía muchas ventajas más.

   No debía llevar uniforme, podía usar ropa normal, pero claro, moría de miedo al pensar que se burlarían de él por su vestimenta, una posibilidad no muy lejana.

   Era más grande, asistían chicos de diferentes ciudades pequeñas de los alrededores, por lo que había más posibilidades de socializar, o de quedarse aún más solo que en el anterior.

   Era más lejano, por lo que el viaje en auto lo relajaría un poco, pero ya no podría huir en caso de que todo se tornara turbio.

   Asistiría a clases por la mañana, lo que indicaba que tenía toda la tarde libre, pero sería una tortura despertarse temprano.

   Una persona que ha desarrollado una depresión duradera, nuca verá las cosas 100% bien. Siempre estará ese rayo de negatividad que hará sombrear su día a día.

   Finalmente las llantas del vehículo se detuvieron, pues el destino estaba enfrente.

   Un enorme colegio, los alumnos se dirigían a él, algunos por paso propio, otros por el autobús escolar, el cual Yuuri comenzaría a tomar a partir del día siguiente, aunque solo por las mañanas ya que por las tardes su padre iría por él.

   Bajó del auto, observando su nuevo centro de estudio, impaciente, pero asustado.

   Sujetando con fuerza su amada mochila, y sin siquiera dirigir una mirada a su padre, se dispuso a entrar.

   «Aula B» palabras inscritas en una puerta de madera que dejó ver alumnos conversando entre sí

   «Aula B» palabras inscritas en una puerta de madera que dejó ver alumnos conversando entre sí.

   El tímido azabache entró y con sus ojos llenos de ansiedad, buscó el lugar más lejano a sus nuevos compañeros. Tenía miedo, miedo a nuevamente ser rechazado. Y la situación no ayudaba: solo había un lugar disponible en el centro del aula, no le quedaba otra opción.

   Se encaminó hasta el asiento, tan cabizbajo que parecía que su cabeza, cual avestruz, se enterraría en el suelo.

   Las miradas de extrañeza de sus nuevos compañeros no tardaron en seguirlo conforme avanzaba, pero nadie dijo nada, o eso hasta que la profesora entró.

   —Buenos días, dejen de hablar que ya llegué—mencionó la malhumorada mujer. Era alta, delgada, pero muy desaliñada, su ropa estaba mal acomodada y su cabello era un desastre, esto en combinación con su rostro de fastidio, llamó la atención de Yuuri—. Como algunos recordarán, un colegio se incendió recientemente, así que uno de los alumnos de ahí se unirá a nosotros.

   ¿Era necesario decirlo? Parece ser que para su nueva profesora lo era.

   —Tú… Levantate y presentate ante la clase—sentenció la mujer mientras se tiraba perezosamente sobre su asiento.

Yuuri obedeció la orden con temor y el rostro hirviendo.

   —M-mi nombre es Katsuki Yuuri, y …—fue justo en ese momento que su mente se quedó totalmente en blanco. ¿Qué debía decir? ¿Qué debía hacer? Su mente pensaba en toda clase de cosas, menos en la respuesta a esas dos preguntas o a darle continuidad a su fallida presentación— Y…

   Nada, se había congelado. Pero no era su culpa, si a una tortuga la agredes fuera del caparazón, cuando salga le dará miedo el exterior.

   —Bienvenido Yuuri—pero una voz rompió con aquellos pensamientos y pareció salvarlo. Una voz grave pero amigable a la vez.

   Un chico, algo robusto y con párpados tan rasgados que apenas si podían verse sus ojos, le mencionó, haciendo que todos al unísono repitieran las palabras.

   Estaba siendo recibido por su nueva clase de una manera no negativa, esto le hizo esbozar una sonrisa nerviosa.

   La profesora se incorporó en su silla, parecía que algo en Yuuri le había llamado poderosamente la atención, le miraba atenta, con intriga en sus ojos.

   —Bienvenido Yuuri—mencionó  la profesora, esta vez con una voz más amable e interesada—. Soy la profesora Minako, y no te preocupes, te sentirás como en casa en poco tiempo.

   Yuuri dio una ligera reverencia como respuesta cordial a la bienvenida de su profesora y compañeros, y retornó a su asiento.

   La profesora se levantó, dispuesta a dar su clase.

   Aquel cambio drástico había sido de verdad extraño, pero intentaba no pensar en ello, después de todo, un chico que se congela a mitad de su presentación es muy usual pero no deja de ser extraño también.

   La clase transcurrió rápido. Aunque no pudo concentrarse del todo, pues aquel chico que le dio la bienvenida no dejaba de hacer extrañas muecas y dedicarle una gran sonrisa, a lo que Yuuri respondía con otra sonrisa tímida.

   Conforme el reloj avanzaba su miedo más grande se hacía más y más latente: el almuerzo.

   Imágenes de aquellos recesos llenos de terror le hacían querer soltar lágrimas, pero no, debía calmarse, después de todo, ellos ya estaban muertos y no regresarían.

   Pero no podía evitarlo, le asustaba de sobremanera. Cuando menos lo esperó, su mayor miedo se cumplió, el timbre para el almuerzo sonó.

   Mientras todos salían del aula, finalmente aquel chico que le había sonreído toda la clase se acercó a él, junto con otro chico de cabello corto y negro, rasgos extranjeros.

   —Hola Yuuri, ahora si me presento: soy Nishigori Takeshi y él es Leroy Jean Jacques, pero puedes decirle …

   —¡JJ!—exclamó el chico de al lado, interrumpiéndole y haciendo una seña con ambas manos que asemejaban dos «J».

   —Ven, almuerza con nosotros, sé lo horrible que es comer solo el primer día, así estuve yo, hasta que comencé a hablar con este tipo—relató Takeshi—. Parece desagradable pero es buen sujeto.

   —¡Oye! Yo no parezco desagradable, y más con mi genial ….¡JJ Style!

   —¿”JJ Style”?—preguntó Yuuri confundido.

   —No le hagas caso, mejor vamos a comer. ¡Muero de hambre!

   Yuuri asintió y los tres se dirigieron a la cafetería, todo normal, hasta que ya en el lugar, un delicioso aroma llamó poderosamente su atención.

   —¿Takeshi… Qué es lo que trajiste de comer?—preguntó pacíficamente el azabache casi con medio rostro en el recipiente de su compañero.

   El nombrado dio una ligera risa y respondió:

   —Es katsudon ¿Acaso nunca lo habías probado?

   Yuuri negó con la cabeza.

   Jean y Takeshi llevaron su mano a su pecho e hicieron una mueca dramática.

   —¡Eso debería ser un crimen!—exclamó Jean, y tomó bruscamente una porción de la comida de su compañero—. Abre—ordenó a Yuuri, éste, un poco desconcertado, obedeció y abrió la boca.

   En cuanto el alimento se topó con sus papilas gustativas, el sabor más delicioso del mundo se presentó. Incluso pareció olvidarse que era comida ajena y sus ojos veían con deseo aquel katsudon.

   —Y tomo un poco para mí porque es delicioso—prosiguió Jean mientras robaba otro poco.

   —¡Compartiste cuchara con Yuuri! ¡Eso es un beso indirecto!—exclamó Takeshi, lo que ocasionó que el rostro de Jean se tiñera de rojo.

   —¡Imposible! Yo no soy gay, tengo a mi hermosa Isabella. Por cierto Yuuri ¿tienes novia?

   En el pasado aquella pregunta lo habría hecho arder en vergüenza, pero ahora lo ponía a pensar.

   Era un colegio nuevo, con gente nueva, y él era un nuevo Yuuri ¿por qué? Porque tenía un novio, n-o-v-i-eso cambiaba las cosas que siempre consideró como usuales.

   ¿Acaso era gay? ¿Acaso debería comentarlo desde el principio? ¿Acaso sería discriminado por ello?

   El miedo a nuevamente ser rechazado pudo más que sus sentimientos hacia Viktor y negó con la cabeza.

   —¡Qué aburrido!—exclamó Nishigori.—No te preocupes, verás que te conseguiremos novia pronto.

   —Así de rápido como Takeshi consiguió—mencionó con picardía JJ pues éste no tenía novia.

   —¡Oye callate!

   Mientras sus compañeros se pelaban, Yuuri esbozaba una ligera sonrisa, se sentía feliz y en paz. 

   Era muy grato tener amigos por primera vez en su vida.

   Amigos. Esa palabra desconocida y prohibida para una persona solitaria. Pensar en ella y saborear cada letra en el proceso era tan reconfortante, era como una voz que indicaba:

«Tu vida comienza a mejorar»

   ¿Pero, realmente la vida de Yuuri comenzaría a mejorar?

   ¿Pero, realmente la vida de Yuuri comenzaría a mejorar?

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