Sha-Chihoko [Cap 2]


☆*゚ Guerra de Almohadas

El viaje desde España a Rusia y luego a Japón había sido realmente extenuante, pero a la vez muy gratificante para Yuri. Ya todo había terminado o, mejor dicho, todo se había pausado momentáneamente; ahora el chico de cabello oscuro y ojos color chocolate podía disfrutar de unas minivacaciones, antes de comenzar nuevamente con aquel círculo vicioso de arduos entrenamientos y reñidas competencias.

Como habían acordado, al menos dos de ellos –ya saben quién se opuso–, el trío pasaría unas cuantas semanas en ese pequeño lugar de leyendas ninjas, grandiosas aguas termales y exquisito Katsudon.

¡Ya no puedo esperar por visitar a mis suegros y mi adorable cuñada! —Con los brazos bien en alto dijo casi a los cuatro vientos Vitya, mientras se dirigían al taxi que los llevaría hasta Yu-topia Katsuki.

Por favor —titubeó—. No digas esas cosas, Víctor —Avergonzado a más no poder, Yuri quería a toda costa que su entrenador se callará.

Pero Yuri —respondió alargando la duración de la primer vocal del nombre de su discípulo de forma melodiosa, mientras lo abrazaba por detrás y hacía un pequeño berrinche junto con un destello de aquellos ojos de cachorrito.

Ya se podía percibir en el ambiente lo que aquel ruso estaba por insinuar.

Sabes muy bien que ellos lo son —objetó—. Si no lo fueran ¿cómo explicas los anillos? —Sin dejar de permanecer colgado de la espalda del japonés, señala dicho objeto redondo y dorado que llevaba orgulloso en su dedo anular derecho.

¿Habrá sido consiente el querido Yuri Katsuki del significado que dicho anillo tendría al ser portado en aquel lugar por el ruso de nalgas doradas?

¿O me negarás que no tenemos nada, tú y yo? —Como buen provocador, acerco sus labios al oído de su cerdito y junto a una sonrisa traviesa uso aquel tono de voz dulce y de falsa inocencia—, ¿Acaso mi lindo Yuri ya olvido lo que hicimos en el hotel después de…? —le susurró lo último para que nadie más pudiera oírlo.

El corazón de Yuri en un solo instante pálpito más de mil veces y, si antes él creía que su rostro estaba rojo, ahora era el triple. Podía sentir como la respiración de aquel pedazo de hombre chocando en su piel lo derretía; a toda costa quería salir corriendo, quería alejarse de esa gran tentación que lo estaba comiendo por dentro. Y aunque quisiera convencerse a sí mismo que Víctor solamente usaba su erotismo para jugar con él, no podía contener aquellos sucios pero lujuriosos recuerdos que aparecían en su mente con intenciones de quedarse.

¡Dejen de perder el maldito tiempo ustedes dos! Me provocan náuseas —exclamó algo irritado el Yuri ruso.

Ambos tórtolos fueron bajados de su mundo ideal en cuestión de segundos; en el fondo, Yuri se sentía más que aliviado ya que no podía aguantar ni un instante más las artimañas del joven hombre de cabellera plateada.

Veo que ustedes dos no perdieron el tiempo —Con una sonrisa pícara y guiñándoles el ojo, Minako golpeó levemente el hombro de Yuri quien no hacía más que desear ser tragado por la tierra.

Ni te imaginas el “Eros” que alcanzó mi Yuri en Barcelona —De igual manera o más atrevida que la “joven” muchacha, Víctor contaba.

Todo este tormento parecía no tener fin alguno para Katsuki. Y el trayecto desde el aeropuerto hasta la casa del japonés parecía ser un infierno.

❄❄❄❄❄❄❄❄❄

お帰りなさい 勇利 —Con gran alegría lo recibió Hiroko.

Su pequeño bebe había regresado con mucho más que una medalla. Y si nos ponemos a pensar un momento, quién no quisiera tener a ese ruso de ojos azules como yerno o algo más.

Luego de la cálida bienvenida de su familia y los comentarios inoportunos de Víctor, más las quejas de Yurio, toda la familia se reunió para degustar el tan ansiado Katsudon. Esta vez sí que se lo tenía más que ganado Yuri.

¡Makkachin! —Víctor, tan feliz como siempre, abrió sus brazos a la espera de su fiel compañero peludo quien lo ignoró por completo para irse con Yuri—. Eres muy cruel —Sollozó.

Mientras Víctor se acercaba hacía su prometido y mascota para hacer de las suyas en un feliz trío inusual; Yurio, de manera descarada, engullía cada plato que la señora Katsuki tan amablemente le ofrecía.

Todo era diversión y el tiempo pasó más rápido de lo que las Yuri Angels encontraban al gatito. La mayoría de los residentes ya se habían ido a descansar en sus confortables camas, pero el pequeño Yuri de ojos verdes yacía dormido en el suelo; al parecer, tanto Katsudon lo habría noqueado en el acto. En cuanto a nuestro bello príncipe y su cerdito, se marcharon entre risas y abrazos a una de las habitaciones alejadas. Aquel lugar estaba repleto de almohadones y un gran futón en el medio.

¡Es lindo regresar! —dijo Katsuki luego de reír, ya que había tomado un poco de sake.

¿Extrañaras todo esto cuando te mudes a Rusia conmigo? —preguntó su prometido en un suave tono mientras caminaba abrazando a su hermoso Yuri.

Antes que el japonés siquiera llegará a responder tropezaron, cayendo inevitablemente entre esos abundantes cojines. Las risas en ese momento colmaron cada rincón de ese cuarto hasta que sus miradas se cruzaron.

El rostro del dueño de los ojos color chocolate se tiñó de carmesí ante la mirada fija de aquellos ojos intensos del color del mar.

Víc.. —Antes de finalizar la frase, sus labios fueron callados por un largo y fino dedo.

Shh. No arruines el momento —Con el más suave de los susurros se impuso ante el joven que yacía debajo de él.

Los pequeños labios que segundos antes hacían sido privados modular palabras por un simple dedo; ahora eran sellados y humedecidos por los cálidos labios del mayor.

Nos verán —Tímidamente soltó el morocho sin poder evitar sumergirse en esos tentadores labios.

Poco a poco, el beso se fue prolongando y el ruso sin perder el tiempo deslizó su mano entre la yukata del menor y su piel, haciendo que éste se estremeciera ante el contacto casi inesperado. Por más que Yuri soltará débiles palabras para que Víctor se detuviera, los deseos del japones comenzaron a florecer.

No creo poder detenerme, Yuri. —Mordiéndole el labio inferior confesó.

Víctor se apoderaba lentamente del cuerpo de su prometido, sabiendo claramente que puntos tocar para hacer que el joven se perdiera en sus pensamientos. Un ligero toque de aquellos labios de origen ruso en el delicado cuello japonés; provocó que un débil gemido rompiera con el silencio del lugar.

V-Vitya —Soltó con el más suave y dulce tono de voz que endulzaron los oídos del europeo.

Su cuerpo febril comenzaba a gritar su nombre deseoso, hambriento y desesperado por sumergirse en el placer que solamente esa persona era capaz de darle.

Las suaves caricias y los besos dejaron de ser tan simples. Cada toque de Víctor en el cuerpo de Yuri era un detonante que disparaba sin piedad un sinfín de emociones, desatando el caos en el interior de Katsuki. En cuanto al mayor de los dos, las ansias por poseer a su amado lo volvían loco.

Así como la noche tras la final y, sobre todo, la noche después del banquete; la leyenda del patinaje se disponía a devorar a su amado una vez más. Con la misma rapidez o mayor en la que tardo Víctor en pegar su cuerpo con el de Yuri, éste fue apartado y golpeado en el rostro con un almohadón. Sin duda alguna, Víctor quedó desconcertado y algo adolorido por el golpe.

¿Por qué Yuri lo había rechazado tan repentinamente? ¡Y de ese modo! Aunque, no sería la primera vez…

¿¡Qué diablos están haciendo ustedes dos!? —gritó Yurio desde la puerta al abrirla de un solo tirón como si fuera un tifón.

¡G-guerra de almohadas! —Fue lo primero que se le cruzó por la cabeza al avergonzado y totalmente nervioso Yuri japonés, luego de casi dejar inconsciente a Víctor para que el menor de los tres no los descubriera infraganti.

Ustedes sí que son unos inútiles hasta para esto —bufó el rubio mientras se arremangaba las mangas de su yukata—. Yo les enseñaré pedazos de vejestorios ¡cómo! se hace una verdadera guerra de almohadas.

Y así fue como los tres pasaron la primer noche en Hacerse…

❄❄❄❄❄❄❄❄❄

Continuaremos donde nos quedamos —susurró ese sensual hombre al oído de su cerdito.

GLOSARIO:

  • お帰りなさい 勇利 = Bienvenido a casa Yuri.

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