Retorno a Atlantis 16


La razón del universo

La voz de Isabela era música para los oídos de Jean Jacques. Había estado enamorado de ella desde que ingresó en la academia militar y durante tantos años ella fue la principal razón para que se esforzaba en cada misión y cumplía con su trabajo con dedicación y profesionalismo.

Soñó muchas veces que ella por fin se fijaba en él, soñó con que la enamoraba y que eran felices juntos. Imaginó que un día harían una breve ceremonia de bodas en algún registro civil y por fin podrían vivir en uno de esos elegantes edificios de Venus, en un sector con jardines y parques, en un departamento con comodidades y donde el aire fuera limpio y el agua no tuviera que pasar por diez procesos descontaminantes para ser bebida.

Cuántas veces antes de entrar en las cámaras de hibernación imaginó que la amaba toda la noche y ella le entregaba el suave perfume de su cuerpo y el calor de corazón y que juntos algún día verían coronado su amor en la sonrisa de un niño o una niña. Un campeón o una princesa como solía decir él cada vez que los veía en sueños.

Al escuchar la voz de la bella joven, Jean sintió un dulce calor en el pecho que retrotraía el recuerdo de la abierta sonrisa y la sincera mirada de una mujer que se había convertido en todo para él. Engalanando su voz Jean le saludó dispuesto a conversar un buen rato para saber todo lo que pudiera de ella.

—Isa estoy sorprendido que me llames. —Jean sentía nacer un nudo en el pecho y sabía que pronto migraría a su garganta así que sin darse cuenta aclaró la voz—. Y también me siento tan feliz.

—Jean, tanto tiempo sin saber nada de ti, ¿cómo estás? —Isabela sonreía frente a la cámara y se veía radiante—. Veo que muy bien.

—No me quejo. Todo lo que ha sucedido en este viaje es sorprendente y me siento afortunado de ser uno de los integrantes de esta misión. —El capitán se llevó la mano a la nuca y sonrió.

—Pues quiero que te pongas más contento JJ. —Isabela era una de las pocas personas que trataba a Jean con tanta familiaridad—. Tengo una súper noticia para ti.

La dama observó que Jean arqueaba las cejas y se mostraba sorprendido y algo abochornado.

—No me hagas esperar por fa. —Jean moría de ganas por saber qué sucedía como para que la secretaria de la Oficina de Asuntos Exteriores de Venus le llamara tan de repente.

—Te han promovido a un puesto muy alto. —Ella aplaudió al darle la noticia—. Al parecer están convencidos que has logrado una buena comunicación y amistad con el chico del Atlantis y los miembros del gobierno, en especial el representante del Grupo de los Trece ha hablado a favor que tú y él puedan instalarse en un hermoso departamento de la Zona Uno del planeta.

Conforme Isabela contaba la gran noticia el rostro de Jean pasaba de ser el de un niño que espera una gran sorpresa a tener cierto tono de seriedad y se convertía en un adusto gesto de preocupación. Pero casi sin dar mucha importancia a estas diferencias, Isabela prosiguió.

—Todos los gastos estarán cubiertos y no tendrás que preocuparte más que por su seguridad. Esto hasta que él se adapte a su nueva vida y pueda integrarse a la sociedad. —La hermosa dama de lacios cabellos negros y ojos azules no se guardó ningún detalle.

—¿Nueva vida? —Jean se mostraba algo más que intrigado por conocer algún otro detalle.

—Sí, la señora Eliane DuPontier me comentó que tienen grandes planes para Yuri. —Isabela seguía sonriendo entusiasmada—. Le permitirán obtener un título académico mayor y lo inscribirán en Challenge, ya sabes que allí solo estudia la élite.

Al escuchar las novedades Jean se preguntaba si eso era lo que Yuri querría hacer, si aceptaría esas propuestas o las rechazaría en nombre de su amada libertad o de su plan para regresar a la nave de la muerte. El capitán siguió escuchando la explicación de la bella Isabela.

—Luego tendrá que viajar para mostrar sus habilidades en diferentes conferencias y foros. Una vez graduado y con dos años de experiencia en cualquier mega compañía se convertirá en embajador de las poblaciones de Venus con las de la Tierra a donde viajará para mostrar las maravillosas expresiones de su conocimiento y dominio de la materia y energía y su presencia será benéfica para pacificar ciertos sectores y dar esperanza y motivación a la gente que vive en ese planeta. —Casi sin aire, así quedó la señorita Yang ante las cámaras y es que tener la presencia de Yuri en Venus aseguraría la presencia de su querido amigo Jean Jacques.

—¿Me estás diciendo que tienen programada la vida de Yuri? —Jean cambió aún más la expresión de su rostro. El plan tal como lo escuchaba no era alentador porque no dejaban espacio para que Yuri pudiera maniobrar su propia vida.

—Programada suena feo JJ. Tienen sí un norte o una guía para que el muchacho pueda vivir sin problemas en Venus y contribuya a nuestra sociedad desde lo que sabe hacer mejor. —El parpadeo en los ojos de Isabela denotó la preocupación que sentía al ver el rostro poco contento de Jean—. Mira, en confianza te quiero decir que Yuri tendrá una buena vida a cambio de prestar su imagen para un Movimiento de Integración que pueda dar esperanzas éticas, morales y elevar la espiritualidad de esos hombres y mujeres de la Tierra que caminan sin rumbo, saboteando cuanto emprendimiento tienen los progresistas de Venus.

Todo se escuchaba como un buen plan político a futuro, pero la verdad se abría paso ante los ojos y oídos de Jean. Iban a usar a Yuri para sus fines políticos y por último sus intereses económicos y de poder.

Sabiendo que Yuri no se prestaría jamás a su juego y que su actitud contestaría le traería muchos problemas y hasta peligros, Jean siguió el juego a Isabela para conocer algo más de los planes de aquellos que dominaban la galaxia.

Entre las cosas que Isabela pudo revelar destacó el hecho que habían programado una serie de escuelas profesionales que se ajustarían al perfil de Yuri. Habían contratado un equipo de coach con los que pensaban organizar el día a día del muchacho. Su casa estaría conectada a la gran computadora madre de Venus para que nada le hiciera falta en el lugar donde vivirían.

Habían determinado que Jean se quedaría a acompañarlo unos tres años y que luego lo promoverían a un puesto diplomático de la armada. Incluso habían programado el lugar donde podría empezar a trabajar y todas las opciones que le presentaban quedaban muy cerca del lugar donde trabajaba Isabela.

Llenarían la vida de Yuri de lujo y comodidades y nada le haría falta. Programaron que escribiría sus memorias y otros libros para promover su pensamiento revolucionario entre todos los habitantes de las colonias y en especial los de la Tierra.

Tal vez conseguiría un novio con quien vivir, sabían bien sobre su orientación sexual y convinieron en presentarle a jóvenes talentosos nacidos en las canteras de las familias más importantes que prestaban su colaboración directa con las trece familias de Venus.

Tenían la visión que un día Yuri se cansaría de tanto ajetreo así que planificaron su retiro y que a partir de ese momento solo ofrecería conferencias de forma esporádica.

Y el punto final del plan consistía en la preservación del cadáver de Yuri para cuando éste falleciera. Harían del lugar de su entierro un sitio de peregrinación porque estaban seguros que durante su vida Yuri se encontraría con las oportunidades adecuadas para hacer sus “milagros”.

Todo estaba muy claro dentro de un buen plan de mercado donde las ganancias por cada viaje, evento o movimiento ya estaban determinadas. Y claro a Yuri nunca le faltaría nada en vida y su memoria sería conservada por milenios.

Jean preguntó todo lo que se le ocurrió para hacer hablar a Isabela y sabiendo que la comunicación era grabada afirmó y asintió todo el tiempo que ella le preguntaba si estaba de acuerdo. Se mostró conforme con las ideas de las élites a las que calificó de visionarias. Demostró incluso cierto entusiasmo por cómo ayudarían a Yuri a pasar su vida y cómo lo inmortalizarían.

Isabela luego le preguntó si cuando estuviera en Venus la visitaría y él le dijo que irían a cenar a uno de los mejores lugares, pero que debía ser ella la que lo eligiera porque no conocía nada del planeta.

—Estoy feliz Jean —le dijo la muchacha al momento de despedirse—. No veo las horas de verte de nuevo.

—Ya hablaremos más Isa. —Fue lo único que se le ocurrió decir y con el corazón muy lejos de esa llamada y de la mirada de Isabela, Jean se despidió con una amable sonrisa y una caballerosa frase—. Hablar contigo fue lo más importante que me ocurrió en estos días. Gracias por confiar en mí.

Al instante que la comunicación se cortó Jean se quedó mirando la pantalla que adquiría ese tono azul marino de siempre y con algo de extrañeza notó que todo el afán que sintió cuando comenzó a hablar con la muchacha se había diluido en la nada. Sin embargo, no quiso mostrar ni el más mínimo gesto de preocupación y con mucha calma dirigió sus pasos hacia el área médica.

En el camino intercambió saludos con sus compañeros y compañeras, chocó los puños de algunos y se gastó un par de bromas con los más conocidos. Con el rostro alegre, el paso elegante y esa altivez que siempre mostraba cuando hablaba o caminaba frente a los jóvenes de menor rango, Jean ingresó al consultorio de los Giacometti que a esa hora se encontraba vacío.

Al ingresar se paró en el umbral con el hombro apoyado al marco de la puerta y su actitud de niño curioso, esperando que la asistente programada saliera de la sala con las muestras tomadas a la tripulación para el hipersalto.

Podría haberse sentido el hombre más afortunado tras hablar con la chica de sus sueños; sin embargo, su corazón sentía una intensa punzada de angustia al imaginar el destino de Yuri y saber que después de tres años él ya no sería parte de su círculo social. Y solo con imaginar el momento de una despedida se sintió vacío.

—¿Ese salvaje ya se tranquilizó? —Christophe revisaba las últimas tomas y las separaba por grupos de edad en la bandeja.

—Estaba alterado y creo que sufrió un shock por lo vivido esas horas que lo creímos muerto. —Jean observaba el trabajo y el reloj al mismo tiempo. No había olvidado que dejó a Yuri esperando por comida y bebida—. Mañana hablaré seriamente con él y creo que tengo la habilidad de convencerlo.

Los ojos de Jean se encontraron con los de Masumi y con moverlos le dio a entender que deseaba saber si la asistente ya se retiraba. Masumi que era más observador que su pareja comprendió que el capitán Leroy no estaba porque sí en su consultorio.

Ayudó a Chris para acelerar el trabajo y envió a la unidad programada a hacer las tomas al personal que faltaba. Y sabiendo que tardaría un buen tiempo en completar su labor, el doctor en neurociencias desconectó de inmediato los dispositivos de comunicación.

—¿Qué lo trae aquí capitán? —Chris también había notado lo extraño que se le hacía la presencia de Jean en su área de trabajo. Él solo se aproximaba al consultorio cuando Yuri se hallaba presente.

—Acabo de recibir una llamada desde Venus, una amiga mía que me dijo algo que en verdad me preocupa. —Jean estaba arriesgando su seguridad al hablar sobre sus temores con los doctores pues no sabía si ellos lo apoyarían en su teoría o si alertarían a Cialdini sobre sus dudas.

—Somos todo oídos capitán. —Masumi se acercó con un vaso de té con limón y se lo ofreció al preocupado muchacho.

—Piensan llevar a Yuri a vivir a la Zona Uno de Venus. —Jean sabía que eso no levantaría sospechas en ninguno de los dos, además quien no quería vivir en ese lugar—. El estado ha dispuesto que va a marcar a Yuri.

—No pueden hacerlo. —Chris sintió que el pulso se le aceleraba al escuchar la noticia—. No es un ciborg o una entidad no viviente

—Dicen que es para su seguridad y para que se ocupen por completo de su futuro. —Jean no decía lo que pensaba hasta ese momento porque solo quería explorar la visión de ambos médicos.

—Significa que ya presentaron un plan para Yuri. —Masumi apoyó la mejilla sobre su mano y sintió que la noticia era peor de lo que había esperado—. ¿Y qué va a pasar si él se niega a aceptar ese futuro que ellos le presentarán?

—Están pensando hacer de Yuri un producto y vender su imagen a las masas y a las élites. —Jean había leído las entrelíneas del plan.

—Pobre. No quisiera estar en su lugar. —Chris había dicho algo que parecía una locura en especial si provenía de él que tanta ilusión mostró en su momento por vivir en la Zona Uno de Venus y codearse con esa gente inalcanzable.

—¿Vas a hablar con él para convencerlo? —preguntó Masumi pensando que Jean debía jugar un papel importante para que el muchacho aceptase ese destino.

—¿Usted cree que pueda convencerlo? —comentó con cierto pesar y se despidió con una reverencia de los galenos.

Jean sabía que no podría lograr más con los Giacometti, pero fue bueno conocer qué pensaban ambos pues tal vez más adelante podrían ayudarlo para que, a su vez, él pudiera ayudar a Yuri.

Deseaba tanto verlo bien, verlo tranquilo y satisfecho. Y las imágenes que se formaron en su mente sobre el destino que le esperaba al profeta, le decían todo el tiempo que dejarlo en manos de las élites solo lo condenarían a una vida llena de sufrimiento y frustración.

Caminando rumbo a su habitación Jean se preguntaba por qué le preocupaba tanto el futuro de Yuri, apenas si lo conocía y no lo había tratado más que como un hombre asombroso capaz de lograr la admiración de todos.

Entonces recordó la mirada de tigre mal herido, la determinación en sus palabras, las actitudes oscas que lo llevaban a decir verdades amargas y las escasas veces que lo vio sonreír y como si una verdad oculta se hubiera abierto paso en su corazón, Jean sintió que le debía a Yuri algo más que aprecio y lealtad.


Cuando Jean ingresó a la habitación portando la bandeja de comida Yuri se hallaba de pie con la toalla azul alrededor de su cintura. Había tomado un baño y pensaba salir al comedor porque creyó que Jean se tardaría más con algún encargo del comandante.

—Yuri perdona la tardanza. —Jean acomodó de inmediato los envases en la mesa plegable que tenían colgando a un lado de la pared junto a la puerta—. Recibí una llamada y luego pasé por el consultorio de los Giacometti.

—Iba a salir a comer algo. —Yuri se quitó la toalla y buscó en uno de los gabinetes un pantalón de dormir y una camiseta—. Pensé que el tirano de la nave te había enviado de nuevo al espacio para que barrieras y lustraras la nave.

Jean sonrió con la broma y la entendió muy bien. Había sido tan sumiso durante toda su vida. Acataba órdenes todo el tiempo y solo tenía iniciativa si todo se ajustaba al plan.

Mientras Yuri comía como un hombre de las cavernas, Jean contempló su rostro y sus gestos. Nunca antes había notado esas pequeñas pecas en la punta de su nariz y tampoco la cicatriz delgada al final de la ceja izquierda. Sus largos y delgados dedos tenían las uñas bien cortas y no sabía cómo es que podía arañar tanto con ellas, eran cuadraditas, rosadas y pequeñas.

El corto y delicado mentón parecía el de una dama; pero la manzana de Adán era tan gruesa como la suya y los delgados músculos se aferraban al esqueleto de manera armónica. Yuri mostraba su contextura fina y rasgos delicados, pero toda esa finura se compensaba con el carácter de ogro que siempre mostraba.

Jean intentaba adivinar dónde y cómo lo marcarían, qué le dirían para que aceptara sus términos, qué sentiría cuando el equipo que delegaron para sus cuidados se hiciera cargo de él, todos profesionales cumpliendo su labor y cobrando puntualmente a fin de mes.

¿Podría confiar en ellos o solo escucharían sus bellas explicaciones como parte de su labor? ¿Llegaría a encontrar a algún hombre a quien amar o también sería programado? ¿Ese hombre lo amaría o solo cumpliría con una misión? Y si no aceptaba la propuesta de la élite ¿qué pasaría con Yuri? ¿Lo obligarían o lo usarían para la investigación científica?

En ese momento Jean comprendió que la propuesta de Yuri de retornar al Atlantis no era tan descabellada. Tal vez morir en esa nave sería una mejor opción que vivir una vida determinada por otros.

Yuri podía sentir la pena y la gran preocupación que Jean tenía en el corazón porque el aire y el impulso de sus cuerdas vocales al hablar lo delataban. Solo estaba esperando que le dijera el motivo por el que sus ojos lo miraban con pena y los músculos de su rostro se tensaban tanto.

Pero Jean permaneció callado, quería planificar algo que le permitiera ayudar a Yuri y quería hacerlo bien, solo que en ese momento no sabía por dónde empezar.

—¿Sabes Jean? —Yuri había terminado de comer y en su afán por amenguar la tensión que observaba en los hombros de JJ comenzó a divagar un poco—. El amor es todo, es la causa y es el efecto. Es el inicio y el final. Si ves este universo y cada una de sus partículas podrás entender que éstas se mueven con una voluntad y esa voluntad está alimentada por el amor. Los pocos árboles que observé durante mi vida extendían sus ramas hacia el cielo en armonía con el valle y parecían como si estuvieran abriendo los brazos para darte un abrazo amoroso. Las flores brillan atrayendo insectos y comparten el polen y no sé si te has preguntado alguna vez si ese acto de compartir es un acto de amor, no es solo un cálculo frio de su naturaleza para que sean fecundadas.

Jean contemplaba cómo la mirada de Yuri se transformaba en un límpido, pacífico y profundo estanque. Sus ojos lo volvían a hipnotizar.

—El amor prospera en los mares y también en las estrellas. Cuando los soles emanan su luz y calor es porque hay dentro de ellos una voluntad de seguir consumiendo su propia energía y esa voluntad está movida por un sentimiento y no puede llamarse bondad o responsabilidad, solo se puede decir que es amor.

Jean sentía que ese discurso tan sentido y profundo tenía un carácter más personal. Yuri hablaba de un amor universal, pero en el fondo parecía hablar de un sentimiento que solo lo pueden discutir y apreciar los seres humanos y en especial aquellos que mucho han amado.  

—El amor es la razón del universo y de sus leyes tan estrictas y sus paisajes luminosos y su materia oscura. Esa danza de las galaxias es una gran coreografía amorosa que nos permite ser a todos. La expansión del propio universo que permite la gloriosa expresión de los elementos es un acto de amor.

El capitán podía notar el radiante brillo en el rostro de Yuri que lo hacía ver casi como un ángel y sentía que, sin proponérselo, lo estaba amando. Amaba los verdes ojos, amaba el tono de su voz, amaba la revelación que se abría ante los ojos de su alma, con cierto temor amaba cada palabra y gesto de ese terrible muchachito que en ese momento se había transformado en un elocuente maestro para él.

—Y no creas que quiero dar una definición del amor, porque el amor no puede entrar en una categoría o determinarse como si fuera una enfermedad por sus síntomas, solo quiero que entiendas que el amor se da, surge, no puedes detenerlo porque es más escurridizo que el agua, el amor es ser en sí mismo como la vida.

Yuri calló y se acomodó mejor en la cama para seguir con el mágico discurso de sentimientos.

—Los seres humanos somos una fuente eterna de amor, solo que nuestras construcciones sociales nos imponen ideas que nos hacen temerosos y precavidos ante su verdadera presencia. —Se detuvo unos minutos para pensar un poco y con lenta cadencia en la voz siguió argumentando—. Escuchaste decir…  estaba tan loco que renuncio a su trabajo por amor a ella, quiso hacer lo que creyó mejor y se fue al peor lugar de la Tierra a ayudar a unos niños mugrientos e ignorantes, dice que lo hizo por amor. Prefirió sentir los dolores de un parto porque así se conectaría con el dolor del feto y le demostraría su amor. No encontramos explicaciones para esos absurdos y solo lo llamamos amor.

Jean sonrió y es que en su mente comenzaba a formarse una idea de hacer una locura similar a la que Yuri describía en sus cavilaciones.

—Aunque me tachen de loco prefiero dar paso al amor en su pura expresión, esa que nos manda hacer actos arriesgados, nos convierte en seres temerarios y nos impulsa a hacer aquello que nos dicta la voz de nuestra alma, esa que se escucha en el corazón. Porque el amor es como una fuerza muy sutil y a la vez poderosa que impulsa nuestras vidas y mueve cada partícula del universo.

—Yuri… ¿qué dirías si te dijera que siento como si yo te hubiera conocido de antes y que creo que te he amado y que todavía creo que… todavía te amo? —Envuelto por completo por los latidos de su corazón y casi sin darse cuenta, Jean dejó hablar a su corazón y aunque se arrepintió de inmediato ya no pudo detener esa gigantesca ola de sentimientos que afloraban cuando estaba junto al irascible Yuri Plisetsky.

—Yo te diría que estoy muy seguro que te estoy amando. —Yuri tomó la mano de Jean entre las suyas y jugó unos segundos con sus dedos, escribió la palabra amor en la palma y se acercó al capitán para aspirar su aroma a roble y trabajo intenso.

Jean se sorprendió cuando el atractivo muchacho lo atrajo hacia su pecho ajustando entre él y sus brazos su encendido rostro. No dijo nada cuando se apartó para que respirase ni cuando ambos cayeron sobre la mullida almohada que los esperaba en la cabecera de la cama. Se dejó llevar el momento que lo besó con dulzura, con los labios cerrados y los ojos abiertos; mirando dentro de sus iris verdeazulados cómo el amor se abría paso entre sus labios y el calor de sus alientos.

Casi sin poder entenderse a sí mismo el capitán Leroy no protestó ante los claros gestos conquistadores de Yuri y sintió como si ya conociera sus movimientos y sus expresiones.

Por ese motivo con los ojos cerrados calló sus razones que pedían explicación de cada acto y se dejó llevar por la cálida voz de su corazón, ese que parecía no estar equivocado cada vez que tenía lo que todos conocen como “corazonada” y Jean decía era la voz de su propio yo.

La noche se volvió cómplice y en estricto silencio, para no molestar a sus vecinos, se unieron en un gran abrazo, se prodigaron tiernas caricias y cortos besos. No forzaron un encuentro más íntimo pues solo querían sentirse uno junto al otro y observar en sus gestos y sus emociones la presencia tímida y alegre del amor.

Durmieron juntos escuchando una sonata y soñaron con un futuro, un único futuro que les permitiría quedarse juntos amándose en libertad y sin restricciones.

Notas de autor:

Estoy feliz de compartir este fic que sin querer se ha convertido en mi engreído. Es una pareja a la que le he agarrado cariño a pesar de sus diferencias. Espero que también les guste y agradezco vuestro apoyo. Saludos y nos seguimos leyendo.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

Un comentario en “Retorno a Atlantis 16

  1. Mujer hace poco lei el capi 15 y ya subiste el 16 🤣🤣🤣🤣🤣omggg amo todo

    Pdt: le cogí cariño al pliroy por culpa de tu fic Indomito ToT debias reinvindicarte xD 🤣🤣🤣🤣🤣🤣

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