Inexistente. 0


Cuenta regresiva

Año 2015

   Su ansiedad aumentaba conforme los segundos transcurrían.

   Movía sus manos incesablemente, realizando movimientos totalmente al azar, era prensa de los pensamientos que se arremolinaban en su mente y golpeaban su conciencia.

   No podía evitar pensar en todas aquellas personas que siempre lo vieron como un bufón, como una burla, como un inocente y estúpido chico manipulable. Todos ellos estaban a punto de conocer su verdadera naturaleza.

   Siempre tener que disculparse por los errores de otros, siempre ver por los demás antes que por él, una enseñanza absurda que sus padres le inculcaron. Aquella enseñanza iría mejor con un esclavo.

¡¿Por qué la vida de los demás era más valiosa que la suya?!

   Una pregunta extraída de la locura que jamás tendría una respuesta.

   La oscuridad de su habitación destrozada no era tan intensa como la oscuridad de la noche.

   La penumbra que penetraba las cortinas le invitaba a salir de esas cuatro paredes impregnadas de sentimientos y experiencias que marcaron su existencia.

   La noche le seducía poco a poco con ese espectacular encantó.

  Se levantó de su cama y caminó hasta la ventana abierta, el aroma de la noche le dio la bienvenida, aquél aroma frío, de adrenalina, de libertad, de deseo.

   Ya no estaba dispuesto a ser la burla del mundo. Ahora mostraría su verdadero ser, aquello para lo que había nacido.

   Tomó su celular y marcó el número de aquel chico al que días antes había tenido entre sus sabanas. El sonido de espera era tan molesto, era como una cuenta regresiva que indica la explosión de una bomba atómica.

   Sus ojos apuntaban a su escritorio, sintió un pequeño estremecimiento ante los recuerdos de su pasado.

   Vio sus libros esparcidos por el suelo e incompletos, esos compañeros que le habían brindado alegría y conocimiento por años ahora se encontraban destruidos, totalmente hechos pedazos, producto del dolor disfrazado de ira.

   Observó los peluches que su madre le había regalado con tanto amor, antes de abandonarlo, esos peluches que no solo representaban un recuerdo, también su infancia.

   Finalmente sus ojos se posaron en aquel cuchillo brillando entre el desorden de la habitación.

   El niño que alguna vez fue ahora estaba muerto.

   El sonido de espera terminó y esa voz que le hacía suspirar respondió al otro lado.

   —¿Yuuri?

   —Es la hora. Hoy termina el chico inexistente.

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