Capítulo VI – Tori [鳥]


Ya que hemos llegado a esta parte de la historia, te darás una idea de cómo funciona este pequeño universo. El Rey Chulanont, junto a sus fieles servidores, los hombres hoja, se encargan de mantener el equilibrio entre las fuerzas del bien y el mal para preservar la vida del bosque. Por otra parte, la malvada Emperatriz Anya, intenta con todos sus recursos impedir que el bosque se mantenga en equilibrio; por el contrario, ella busca terminar con esa armonía y acabar con el reinado del Rey Chulanont y su fiel séquito para siempre. 

En resumen, esa es la batalla que se libra en el bosque; no obstante, hay criaturas que se mantienen fuera de esta infinita discusión, seres que prefieren no meterse en problemas y disfrutar la cómoda vida que el bosque les ofrece. Claro que los ciclos de vida de cada criatura es diferente, es por eso que la mentalidad entre uno y otros cambia drásticamente. 

Para estos casos, alguno de ellos optan por una vida más sencilla, fuera de preocupaciones, llena de emociones, y en muchas ocasiones un inminente riesgo. No es que la Gran Carrera de Aves fuese una práctica ilegal (incluso los hombres hoja usaban aves para transportarse), sino que las apuestas efectuadas en las carreras, era lo que precisamente estaba fuera de los ámbitos de la ley.

Al llegar al lugar de las carreras, Yuuri no contuvo la expresión de asombro en su rostro. Nunca imaginaría que tantos insectos y pequeñas alimañas tuvieran conciencias tan avanzadas, muy similares a las de un ser humano. El nivel de raciocinio que observaba era surreal. Yuuri observaba fascinado a un grupo de mariposas que coquetas trataban de llamar la atención de los jinetes en el cielo. 

—¿Te vas a quedar observando embobado todo el día? —la voz de Plisetsky lo sacó de su ensimismamiento. Yuuri sintió la mano de Plisetsky tocar su hombro para arrastrarlo, con poca delicadeza, hacia la fila en donde estaba esperando Seung. 

—Está aquí —anució Seung una vez ambos se hubieron acercado. Plisetsky tomó la palabra y contestando a su pregunta, Seung agregó—: será mejor abordarlo al final de la carrera.

—¿Carreras? —preguntó Yuuri—. ¿En verdad realizan carreras en el cielo?

—Es ilegal —respondió Seung.

—Las carreras no son ilegales —argumentó Yuri—. Apostar en ellas, es ilegal.

Ante la cara de pocos amigos de Seung, Yuri disimuló diciendo que lo mejor era que se apresuraran a tomar su lugar en el público antes de que iniciara la competencia.

—Espero y hayas sido cuidadoso —argumentó Plisetsky una vez los tres se hubieron sentado en su lugar—. Ese anciano es demasiado escurridizo.

—Estás hablando con tu general, Plisetsky —prosiguió Seung—. No me hagas castigarte por insubordinación. 

Yuri chasqueó la lengua desestimando el comentario. Yuuri seguía observando con fascinación a los presentes y el lugar. En torno a una arena con forma de media luna, la audiencia se encontraba sentada en sus lugares asignados, hablando y festejando por las carreras que se llevaban a cabo una tras otra, emocionados algunos estaban, mientras hacían cuentas de las apuestas que ganaban. Todo era alucinante; sin embargo, Yuuri no acababa de entender qué venían a hacer los tres ahí.

—¿En verdad crees que el anciano aceptará ayudarnos? —preguntó una vez más Plisetsky.

—No tenemos otra opción —contestó Seung, observaba el cielo buscando entre los jinetes a alguien—. En eso coincido con Phichit.

—Puede ser —Plisetsky torció la boca en señal de descontento—, aún así, ¿por qué trajimos al cerdo con nosotros?

Yuuri reclamó por el apodo; no obstante, Seung sin desviar la mirada contestó una vez más:

—No es seguro que él y Phichit estén en el mismo lugar sin suficiente protección. Eso aumentaría las posibilidades de Anya de ganar. En esta ocasión es mejor dividir, aunque eso no sea un pensamiento muy adecuado para los hombres hoja.

—Disculpen por retrasar sus planes —intervino Yuuri con desazón, si había algo que el chico no soportaba, era ser una carga para los demás—. Aunque estoy de acuerdo con Yurio, ¿no sería mejor que ustedes estuvieran cuidando a Phichit?

—Esta es una carrera contra el tiempo —explicó Seung—. Nuestra prioridad es llegar donde Celestino, pero antes debemos conseguir refuerzos.

—Y ya te dije yo que con nosotros basta —discutió Yuri, dirigiéndose a Seung—. No necesitamos a desertores cobardes.

Seung no contestó, Yuuri observó al general, quien entrecerró los ojos y sonrió levemente; al parecer había encontrado a la persona que buscaba.

El público guardó silencio, pues el presentador se hizo escuchar por encima de todos en una especie de altoparlante.

—¡No quiten su mirada del cielo, nuestra carrera principal está a punto de comenzar! Le recordamos a todos los presentes que hemos cerrado las apuestas. Aprovechamos también para recordarles que las larvas y huevecillos sin dueño, serán devorados al terminar la competencia.

—¡¿De-devorados?! —preguntó Yuuri. Al escuchar el dejo de pánico en su voz, Plisetsky sonrió en tono de burla y agregó:

—Será mejor que no te separes de nosotros, podrías terminar siendo la cena de una asquerosa oruga panzona.

Yuuri observó algunos asientos más adelante a una oruga panzona que comía hojas como si no hubiese un mañana. El chico ahogó un grito de horror al darse cuenta que un par de larvitas distraídas fueron engullidas sin reparo alguno. Decidido a no ceder ante el temor, el chico de lentes intentó centrar su atención una vez más en la presentación de la carrera.

—En estos momentos, los jinetes están tomando sus posiciones. La ovación desgarradora de las gradas se escucha emocionada, pues en la línea de salida se encuentra ni más ni menos que nuestro apuesto pentacampeón. La leyenda viviente que sigue invicto y espera ganar la competencia una vez más. 

Fue ahí que Yuuri lo vio, el público gritó emocionado en el momento que un hermoso joven de deslumbrante cabello color plateado saludó al público con su mano. Montado en un hermoso colibrí a juego con su cabello, Yuuri sintió enrojecer sus mejillas al observar la belleza etérea del muchacho, quien ahora tomaba las riendas de su fiel compañero de carreras y mantenía serio el rostro, atento a la señal de salida.

El conteo se realizó y, al llegar al número 0, los jinetes de la carrera arrancaron con rapidez inaudita. Los ojos de Yuuri se iluminaron al observar la emoción de la carrera y como en un destello plateado combinado con la iridiscencia del ave, el hermoso joven rebasó a todos sus contrincantes alcanzando con enorme facilidad la primera posición. La destreza y habilidad con la que planeaba a su fiel colibrí, lo convertían en un acérrimo competidor. Una figura majestuosa, que a los ojos de Yuuri, era tan impresionante como cautivadora. El corazón del chico latía desbocado cada vez que el jinete daba una voltereta o tomaba una curva cerrada dentro del complicado circuito.  

—¡Impresionante! —Yuuri contenía el aliento, no podía despegar su mirada del apuesto jinete. Ante esta reacción, Plisetsky chasqueó la lengua una vez más y enojado exclamó:

—Es solo un fanfarrón.

Sin embargo, Yuuri no prestó atención. El chico se encontraba realmente emocionado, sintió la adrenalina correr por sus venas tan rápido como planeaba el apuesto jinete a través de la pista. Era una emoción que el chico nunca había sentido antes y, por un momento, deseó ser él mismo quien montara al ave y se aventurara dentro del circuito para hacerse con la victoria del primer lugar.

Fue por eso que Yuuri gritó y aplaudió de pie tan emocionado como la mayoría de la audiencia en el mismo instante que el apuesto pentacampeón ganó la competencia. Vitoreó como nunca antes cuando el jinete pasó frente a ellos y los saludó con respeto.

Sin salir de su estado de emoción, Yuuri sintió cómo Plisetsky y Seung lo condujeron a un lado menos concurrido en esa arena. Los hombre hojas se encontraban atentos; sin embargo, él seguía rememorando la reciente carrera.

En qué momento se perdió, eso Yuuri no pudo comprenderlo. Al darse cuenta de su situación, sin querer perder la calma, el chico de lentes observó a su alrededor intentando ubicar un destello dorado que le diera una pista del paradero de Plisetsky. No obstante, Yuuri solo alcanzaba a divisar hojas, patas, algunas alas y muchas antenas. Comenzando a sentirse ansioso, Yuuri comenzó a avanzar entre los presentes intentando pasar desapercibido. Hacía mella en su mente el comentario de Yuri acerca de terminar siendo la cena.

—¿Estás perdido? —preguntó un alto e imponente insecto palo, que se agachó a comprobar el estado del muchacho.

—Eh… no, claro que no —intentó Yuuri contestar con confianza. Sin embargo, los insectos nunca fueron de su agrado y verlos de frente, a detalle y a todo color, le proporcionaban al muchacho una sensación de nervios e intranquilidad—. Yo solo buscaba el baño… ¡sí!… estoy buscando el baño.

—¿Baño? —preguntó el insecto—. ¿Qué es un baño?

—¡No es nada! —se apresuró a contestar Yuuri, quien retrocedía a cada paso que el alto insecto daba en su dirección—. Yo solo… yo solo… ¡auch!

El chico chocó de espaldas con alguien más. En un intento por no caerse, el chico se sostuvo como pudo del cuerpo con el que chocó; sin embargo de inmediato se sintió asqueado al sentir un líquido viscoso escurrir por su cuerpo. Observó sus manos llenas del mismo líquido y, aguantando las ganas de vomitar, miró con horror a la gran babosa con la que había chocado. Intentó hacerse alejarse mientras observaba con horror las inquietas antenas del viscoso insecto que se dirigían hacia él. 

—¿Y tú quién eres? —preguntó la babosa. Yuuri no podía articular ninguna palabra más. Con ese choque, no solo el insecto palo y la babosa lo observaban. Ahora todos los presentes lo miraban con curiosidad. 

¿Cómo haría Yuuri para salir de esta situación?

—¿Qué sucede aquí? —una voz se sumó al barullo general. Los insectos abrieron el paso y Yuuri observó de cerca al apuesto jinete que hacía unos momentos había visto planear por el cielo.

—Parece que está perdido —contestó el insecto palo—. Creo que lo mejor será llevarlo con  Gran Oruga para qué…

—¡Ya les dije que no estoy perdido! —interrumpió Yuuri—. No es necesario que me lleven a ningún lado, gracias…

—Insisto, —sin darse por vencido, el insecto agregó—: ¡vamos, te acompaño!

—No creo que sea necesario —intervino el jinete y ante el asombro de todos (y más de Yuuri), el jinete lo acercó hacia sí, rodeando su brazo en torno a sus hombros. En medio de su confusión, Yuuri se sintió cohibido al encontrarse lleno de baba—. Yo lo llevaré con la Gran Oruga. Debo hablar con él de unos asuntos pendientes.

Los espectadores y la babosa que chocó con Yuuri decidieron que no había más que ver; sin embargo, el insecto palo era más insistente. Observó con suspicacia al jinete y cómo Yuuri temblaba ligeramente en los brazos de este. 

—Insisto en acompañarlo con Gran Oruga.

Yuuri sintió cómo el agarre del apuesto jinete se tensó ligeramente, no obstante la voz que escuchó de él al hablar, le indicó al chico que el jinete aparentaba encontrarse tranquilo.

—No hace falta. Yo me haré cargo de indicarle que este rico aperitivo es de parte de usted. 

Sin esperar a ninguna otra reacción, el jinete instó a Yuuri a caminar a su paso y perderse rápidamente de la vista del imponente insecto. Para ese momento, Yuuri estaba muerto de miedo, él no quería ser alimento de Gran Oruga. Aún intentando con todas sus fuerzas, Yuuri no podía liberarse del jinete, solo podía seguirle el paso hacía su final, cual cerdo al matadero.

¡Quién diría que su aburrida vida terminaría en manos de una oruga chimuela!

Como Yuuri se encontraba pensando en su testamento y cómo Minami se enteraría de que le estaba legando todas sus pertenencia, el chico no se dio cuenta del momento en que ambos llegaron a un rincón, lejos del público hambriento.

—¡Eso estuvo cerca! —la voz del jinete se escuchó una vez más. Yuuri la escuchaba lejos, muy lejos, como si ambos se encontraran gran distancia uno de otro. El chico intentaba calmarse y pensar en su siguiente paso. Yuuri no quería ser devorado, en verdad—. ¿Estás bien?

Un ligero toque en su barbilla obligó a Yuuri a subir su mirada hasta encontrarse con un par de hipnotizantes zafiros que lo observaban atentamente en busca de alguna reacción. Aun en medio de todos sus temores, Yuuri sintió sus mejillas enrojecer por la cercanía a tan hermosa mirada. 

—Piensas que te llevaré con Gran Oruga, ¿verdad? —inquirió el muchacho de cabello plateado, quien posó una mano contra la pared, Yuuri palideció, cada vez parecía más difícil el poder escapar. La vergüenza y el temor se entremezclaban en sus sentimientos, el apuesto jinete aprovechó la situación para delinear los labios del asustado muchacho y susurrar—: Tranquilo, nunca le llevaría a esa oruga gorda a uno de los nuestros. ¡Y menos a uno tan bonito como tú!

La sonrisa resplandeciente que le dedicó el jinete dejó mudo a Yuuri. El muchacho ya no sabía qué pensar, ¿estaba asustado?, ¿avergonzado?, ¿emocionado? Ni él mismo lo sabía. Phichit le había recomendado no confiar en absolutamente nadie y, ni aún siendo un adonis, el apuesto y sexy jinete debía ser la excepción.

—¡Oye, tú, será mejor que dejes al cerdo en paz o te arrancaré el poco cabello que te queda!

Con alivio, Yuuri reconoció la voz de Plisetsky. Nunca en su vida el muchacho pensó que se alegraría tanto de oír sus preocupaciones disfrazadas de reclamos. En un arranque de valor, Yuuri pisó al jinete y aprovechando la distracción lo empujó para correr al lado de Yuri y Seung. 

De inmediato, la actitud del jinete cambio. Ahora se mostraba serio y ligeramente arrogante. Se cruzó de brazos y con la expresión más altiva en su haber declaró: 

—Me adelantaré a los hechos: mi respuesta es no. Aunque admito que hoy se esforzaron, trayendo una linda carnada y todo eso.

—¡Yo no soy la carnada de nadie!

—¡Él no es la carnada de nadie, idiota!

Ante el reclamo de ambos Yuris, el jinete rió con ganas. Ahora que lo miraba con más detalle, Yuuri se percató que la sonrisa del apuesto jinete no llegaba a sus hermosos ojos color celeste, los cuales permanecían alerta y fríos como un par de cristales de hielo filosos y mortales, esperando por el momento apropiado para atacar a muerte a su presa.

—Nikiforov —Seung se adelantó. Con su temple acostumbrado, el general no se dejaba amedrentar ante nadie. Yuuri distinguió un dejo de sorpresa en esa azul y helada mirada—, no vendríamos a buscarte si no fuera un asunto de emergencia. 

Impávido, el General Lee esperó por una respuesta de Nikiforov; sin embargo, al no recibirla, Seung se aclaró la garganta y se dispuso a continuar.

—Anya volvió a atacar, la ceremonia de selección fue retrasada una vez más y el Rey Chulanont resultó herido en el ataque.

Yuuri observó una sombra de preocupación surcar el rostro de Nikiforov. No obstante, dicha expresión desapareció al instante para ser sustituida por la impasibilidad de un principio.

—¿No dirás nada? —inquirió Seung al no escuchar respuesta.

—Si el rey hubiera muerto, ni siquiera estarías aquí —argumentó Nikiforov—. Él está bien, no juegues conmigo, ¿qué es lo que realmente quieres?

—Tu ayuda —aclaró sin rodeos el General Lee—. Necesitamos refuerzos, Víctor.

El aludido volvió a reír, como quien ríe después de un chiste mal contado. De forma exagerada y forzada.

—Tienes un ejército de miles de hombres hoja, ¿y necesitas mi ayuda? —Víctor volvió a su semblante serio y ligeramente amenazante para agregar—: di la verdad, Seung, vinieron a arrestarme.

—¡Creeme que lo haría si pudiera! —exclamó Plisetsky con furia. Yuuri tuvo que tomarlo por los hombros, de lo contrario, seguro se abalanzaría sobre Nikiforov. Ante la reacción enojada del rubio, Víctor compuso esa sonrisa plástica de superioridad. 

—No vamos a arrestarte —repuso Seung, intentando ser la voz de la razón—. Necesito a alguien hábil y con tu capacidad de liderazgo, con la experiencia suficiente para desafiar a los Boggans y entrar en su territorio de ser posible. 

—Pues buscas a la persona equivocada —Víctor suspiró, de espalda a sus interlocutores, se propuso a marcharse del lugar—. Le recuerdo, General Lee, que ya intentamos entrar en territorio Boggan. No es necesario mencionar el resultado de la misión. Conmigo estás buscando a tu peor opción.

—Insisto —intervino el serio general—. Esta vez debo insistir hasta convencerte, Víctor.

Yuuri observó la espalda ancha de quien nombraran Víctor, los hombros ligeramente caídos le indicaban al joven que Nikiforov no estaba del mejor momento. A pesar de conducirse con confianza y ejemplificar una actitud cautivadora y avasallante, el apuesto jinete no brillaba tanto como Yuuri hubiese creído verlo antes. No era aquel imponente competidor que ganaba uno tras otro trofeo; por el contrario, Yuuri veía tristeza y soledad combinados en los iris azules de esos hermosos ojos que no sonreían a la par de sus labios. El muchacho veía un halo de conocida desesperanza cernirse sobre su atractiva presencia.

—¿Por qué sería diferente en esta ocasión? —preguntó con suavidad.

—¿Por qué no puede ser diferente? —cuestionó Seung.

Víctor volteó en dirección de Seung, la exasperación en su rostro, fue sustituida por sorpresa y un dejo de curiosidad, pues el general no lo observaba a él, si no a Yuuri, quien aún lleno de baba, miraba sin comprender por qué ahora todos lo observaban. Al no estar acostumbrado a ser el centro de atención, el joven humano sintió sus mejillas enrojecer una vez más. Cohibido, intentó mimetizarse con la pared.

—No puedo contarte los detalles aquí —inquirió Seung—, vamos con Celestino y prometo que te lo explicaré todo. Si después de eso no quedas conforme, te dejaré marchar sin ninguna repercusión. ¿Qué dices?

Los ojos azules de Víctor analizaron con perspicacia la propuesta. El apuesto jinete se llevó un dedo a los labios, sopesando la situación. Sin embargo, un estruendo, pasos y gritos acercándose a ellos, alertó a los presentes. Los hombres hoja, el jinete y el humano dirigieron su mirada hacia la misma dirección.

—¿Qué sucede? —preguntó Plisetsky, en un acto reflejo el rubio desenvainó su espada.

—Creo que alguien se acaba de dar cuenta que un bonito aperitivo no le llegó a Gran Oruga —observó Víctor. Yuuri ahogó un grito en el mismo instante que Seung y el propio Víctor adoptaron posturas de combate, ambos espadas en mano.

—¿Bonito aperitivo? —volvió a preguntar Plisetsky, su voz denotaba confusión.

—Cuando enviaron a su carnada, se topó con uno de los insectos bajo órdenes de Gran Oruga. Se ve tan bonito y apetitoso que seguro pensaron era un buen aperitivo. ¡Demonios, deben entrenar mejor a sus hombres! —respondió Víctor, los pasos se acercaban cada vez más.

—¡Que no fui la carnada! —gritó Yuuri, ofendido—. ¡Yo ni siquiera sabía en dónde estaba!

—¡Lo primero que te dije y lo primero que hiciste! —a pesar del regaño, Yuri Plisetsky cubrió con su cuerpo a Yuuri, listo para defenderlo—. Si que eres un cerdo problemático. ¿Y cómo es que te llenaste de baba? ¡Qué asco, hueles horrible!

Yuuri iba a contestar, sin embargo fue interrumpido por el asertivo general.

—Lo importante ahora es salir de aquí. Nikiforov, ¿sabes alguna ruta de escape?

—Aún no decido si los voy a acompañar. Pensándolo bien, lo mejor sería que entregue a los tres a Gran Oruga. 

—¡Eres un maldito traidor! —gritó Plisetsky, aguantando el asco provocado por el olor de la baba de babosa en el cuerpo de Yuuri, el rubio tomó al chico de la mano y dispuesto a correr en dirección contraria se dirigió por última vez a Nikiforov. Su mirada en tonos jade despedía destellos de desprecio dedicados al jinete—. Vine aquí por insistencia de Seung, sin embargo no esperaba mucho de ti. No se puede esperar nada de un cobarde. 

Y por cuarta vez en ese día, Yuuri observó otra expresión diferente a la arrogancia mostrarse en ese apuesto rostro que parecía solo mirar con superioridad a los demás. El dolor en en todas las facciones de Nikiforov, le provocaron a Yuuri un dejo de desasosiego en su propio y lastimado corazón. 

—Si vamos todo derecho y luego doblamos a la izquierda por este túnel podremos llegar a una salida improvisada y llamar a nuestros colibríes —propuso Nikiforov.

Sin pensarlo más, y después de la orden del General Lee, los cuatro salieron corriendo a toda velocidad hacía el lugar indicado por Nikiforov. Yuuri intentaba mantener el ritmo de sus tres acompañantes; sin embargo, debido a su inexperiencia, continuamente tropezaba con algún agujero en el camino que travieso, le jugaba una mala pasada.

—¡Fíjate en dónde pisas! —le advirtió Plisetsky, quien una vez más lo jaló del hombro, impidiendo Yuuri diera de bruces contra el suelo.

—Lo siento, no es mi intención —dijo Yuuri entre exhalaciones. Plisetsky chasqueó la boca y Yuuri comenzó a identificar el gesto como una expresión de preocupación del rubio hacia su persona. Yuuri decidió en ese momento que se concentraría más en el camino. No quería ser una carga para Yuri o el General Lee.

Finalmente, después de unos cuantos minutos más de carrera intensa, el cuarteto llegó a su destino. Sin querer perder más el tiempo, Seung, Yuri y Víctor, llamaron con un chiflido a sus fieles colibríes. Solo restaba esperar a que llegaran pronto.

—Espero que no tarden en llegar —expresó impaciente Yuri, Luego, dirigiéndose a Nikiforov, agregó—: ¿Qué tan lejos está este lugar del Coliseo?

—Algo lejos, supongo… —contestó restándole importancia—. Si no estuviera lejos no sería una excelente ruta de escape.

Yuri estaba a punto de estallar en su acostumbrada cólera; sin embargo, Seung le indicó con un gesto que se callaran. Sus contrincantes se encontraban cada vez más cerca y, por lo visto, evadir la batalla sería imposible.

—Maldición —murmuró Yuri para sí mismo, después de chasquear con la boca una vez más. 

—Esto no sería divertido si no hubiera un poco de acción, ¿no lo crees, Yu-ri-o? —Nikiforov le dirigió a su compañero una sonrisa confiada. En ese momento, el imponente insecto palo, junto a otros dos compañeros insectos arribaron al lugar. Los hombres hoja y el jinete se pusieron en guardia. 

—Quédate detrás de mi, Yuuri —Plisetsky se posicionó enfrente del mencionado, e inmediatamente, Seung se puso en guardia enfrente de ambos. 

—¿Eh? ¿No trajiste arma, preciosura? ¡Creo que necesitas repetir año en la academia! —interrumpió Nikiforov. Los cuatro retrocedían al mismo ritmo lento que lo hacían los atemorizantes insectos. 

—Él no es de por aquí —intervino Seung—. Repito, si vienes con nosotros podré explicarte con detalles la situación. 

Uno de sus oponentes, un amenazante escorpión, dirigió sus intimidantes tenazas oscuras en dirección a Nikiforov, quien con suma agilidad logró esquivarlo con precisión y con la rapidez otorgada con todos sus años de entrenamiento, contestó con certeza el ataque, cortando de un tajo la poderosa arma del invertebrado. 

—Iré con ustedes —decidió Nikiforov—. Promete que no me arrestarás.

Sin perder más tiempo, y aprovechando que su contrincante se retorcía de dolor, el apuesto jinete clavó su espada filosa en el torso del escorpión herido, propinando así el golpe final.

—Acordamos hace mucho no hacerlo —repuso Seung, quien con maestría había derribado ya a los dos oponentes restantes. La tijerilla que acompañaba al insecto palo, permanecía inmóvil, en el suelo. Era la única víctima mortal del duelo del general. Yuuri observó cómo sus patas se retorcían con dolor, crujiendo con cada movimiento, definitivamente los insectos no se encontraban entre sus criaturas favoritas. 

—¡Ahí viene Potya! —la voz de Plisetsky lo sacó de su ensimismamiento. Yuuri alzó la vista y observó los destellos iridiscentes de los colibríes que volaban con prisa hacia sus dueños. Solo el colibrí de Nikiforov era diferente a los demás que Yuuri hubiera visto hasta el momento. Era un hermoso y raro especimen color plateado, los destellos azules predominaban en el cambio de color de sus plumas. 

—Él es Makkachin, ¿es muy hermoso, verdad? —le preguntó Víctor. Sin saber a ciencia cierta por qué le apenaba hablar con él, Yuuri solo se limitó a asentir con la cabeza. Víctor volvió a sonreír sin realmente hacerlo y agregó alzando ambas manos aparentando hacer un cuadro con ellas cual fotógrafo en busca de su mejor toma—: Me parece que su belleza va contigo, ¿no te gustaría volar en él? 

—El cerdo va conmigo —intervino Plisetksy, el muchacho acariciaba a Potya, pero no perdía detalle de la interacción del jinete para con su tocayo.

—¿Tampoco vuelas? —volvió a preguntar Víctor, cada vez estaba más confundido—. ¡Entonces yo te llevaré! Debes estar cansado de volar al lado de un soldado malumorado y con pésimo gusto.

—¡Ya dije que él irá conmigo! —repitió Yuri encolerizado.

—No aguantas el olor a baba. Te conozco, Yurio —Víctor regresó su mirada hacia Yuuri y guiñándole un ojo insistió—. Volarás conmigo y sabrás lo que es montar con un buen jinete. 

—¿Eh? —Yuuri enrojeció ante el comentario. Aún con el coqueteo descarado, al chico de lentes no le terminaba de agradar la actitud distante y ligeramente arrogante de Nikiforov. Además de que no era momento para flirteos, en opinión de Yuuri, decidiendo que lo mejor era poner un límite con el jinete, el chico de lentes procedió a contestar—. Yo prefiero ir con Yuri, gracias. 

Para Víctor no pasó desapercibido que Yuuri huyó del toque de su mano cuando él intentó tomarla momentos atrás. Haciendo de cuenta que ese detalle jamás pasó, Nikiforov compuso el gesto y se inclinó ligeramente para presentarse:

—Me imagino que por ellos dos ya debes saber mi nombre, pero aún así me presento. Me llamo Víctor, Víctor Nikiforov. ¿Puedo saber el nombre de tan agradable compañía? 

Yuuri no contestó enseguida, se acercó a Potya y a Yuri y consciente de la cara de asco que Plisetsky intentaba aguantar, montó tras de él al hermoso colibrí. Dirigió una mirada seria a Nikiforov y al fin se presentó:

—Soy Yuuri Katsuki, un placer —después de decir esto, Yuri ordenó a Potya despegar; fue ese el motivo que Yuuri  no notó la cara de desconcierto y sorpresa en Víctor, ni tampoco la sonrisa confiada del General Lee al observar la reacción del jinete ante un apellido conocido por ambos.

Con la certeza de que Nikiforov lo seguiría, Seung se adelantó en el camino. Los cuatro debían llegar pronto con Celestino y preparar la estrategia para la travesía principal.

“Ya estamos en camino, Phichit. Esta vez, las cosas serán diferentes” pensaba Seung

¡Hola a todos!

Al fin tengo el siguiente capítulo de esta historia. Disculpen la tardanza, en verdad me costó trabajo escribir la entrada de Víctor y a la vez estaba ansiosa por hacerla, espero haya quedado bien.

Estoy muy emocionada, pues poco a poco la historia va tomando forma y se van dando a conocer las historias de nuestros demás personas. Espero puedan acompañarme en esta aventura, prometo tener muy pronto el siguiente capítulo.

Quiero aprovechar para enseñarles la hermosa portada que me ha regalado la linda Venus_23c, en verdad me siento halagada por el hermoso detalle. Este capítulo va dedicado a ti en agradecimiento por la hermosa portada. ¡Muchísimas gracias!

Cuídense mucho, lávense las manitas y sigan las recomendaciones. ¡Mucho ánimo y fuerza para todos!

Nos vemos pronto.

Sam.

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

5 comentarios sobre “Capítulo VI – Tori [鳥]

  1. Un encuentro con Yuuri oliendo a babosa solo ocurrirte a ti mujer. Gracias por este lindo capítulo y por mostrar un Víctor tan coqueto, caballeroso y hermoso, se nota su altivez. Saludos Salem.

    Le gusta a 1 persona

    1. Hola!
      Primero que nada, gracias por leer 🙂
      Segundo, yo solo escribo lo que va pasando, Yuuri es quien chocó con esa babosa :S De hecho ya tenía a Víctor listo para entrar a la historia, pero me demoraba porque quería mostrar esa personalidad coqueta en él.

      Me gusta

  2. Victor como siempre y sus entradas 🤣🤣🤣🤣🤣joder no es victor si no saca su lada extravaganteee….ahh presiento que a ese ruso le costara enamorar a Yuuri 🤣🤣🤣 y que fallará muchas veces

    Me agrada la interaccion de Seung y victor a modo de -quien manda más- Ahhhh necesito saber que mas sigue 🤣🤣🤣 salem te amooo

    Le gusta a 1 persona

    1. Awww Shary… oye leíste el capítulo V ?
      Bueno, me costó trabajo integrar a Victor en la historia por la personalidad difícil que estoy manejando aquí.
      En cuando a la relación con Yuuri, con la actitud que tiene actualmente será muy difícil que Yuuri se enamore de él, pues aunque le parece atractivo, Yuu presiente que algo oculta este apuesto jinete, además, de momento Yuuri está mas preocupado por su vida y la de Phichit.
      En cuanto a seung y él, más adelante se explicará la razón de esa relación de tira y afloja. Pareciera que no, pero solo Víctor y el irreverente de Yuri le contestan de esta forma al general Lee, eso si dejamos de lado a Phichit, quien es el único capaz de domarlo XD
      Mil gracias por leer, Shary. Me.hace muy feliz ver tus comentarios y que te gusta la historia 💖 un abrazote!

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      1. Siiii leiiii el.capi 5 😍😍😍 y hasta dejé comentario pero no sé si lo guardó, encuanto a lo.otro por eso mismo pensé que el.trato de victor y yuuri sera muy pero muy complicado al inicio y quisas segun el.como se comporte es que podran mejorar o no, pero dudo mucho que sea asi por ahora 🤣🤣🤣🤣🤣 a mi me riene preocupada Phi no quiero que muera jajajajaja

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