No me abandones.


V. APOYO.

No podría precisar cuándo fue que comenzó a sentir algo por Yuuri, aunque probablemente había sido desde la primera vez que lo vio patinar, siendo este el único dato exacto y confiable con el que contaba. Y es que a partir de aquella presentación podría decirse que no le perdió de vista, quedando de inmediato cautivado por la atrapante secuencia de pasos donde era más que notorio que el muchacho dejaba parte de su esencia en cada presentación y a pesar de que le faltaba mucho por pulir en cuanto a saltos y técnica, sus movimientos, su dedicación, su pasión hacían desear por más, hipnotizando todos sus sentidos, queriendo acompañarlo hasta el final del programa. 

Si tan solo pudiera perfeccionar su técnica—Pensaba el joven con anhelo percibiendo en su corazón una desconocida sensación de solo imaginarlo y maldiciendo por la poca preparación del ejecutante, sintiéndose frustrado y como un tonto por la mezcla de emociones que le podía causar un competidor más.  
En aquellos momentos jamás se le cruzo por la cabeza que las fallas de Yuuri se debían más a problemas de debilidad mental que a falta de preparación, hasta que lo conoció. Lo siguió hasta los sanitarios y le encontró llorando. La rabia que sintió en aquel momento fue mayor ya que no podía concebir tal debilidad en un adulto, aquello le exaspero y como pudo descargo toda aquella ira de la única forma que sabía hacerlo. Sin tener idea que aquel sería el primero de bastantes encuentros y diversas situaciones que entrelazarían sus vidas.

Cuando lo conoció como persona y convivieron en el día a día le sorprendió aún más, si le hubieran contado por supuesto no habría creído en realidad quien era Yuuri Katsuki. Él era un muchacho sencillo, inseguro y hasta cierto punto ingenuo. Yuri no entendía cómo era posible que alguien como él tuviera el valor de presentarse ante miles de personas, ¿Cómo era posible que alguien como él tuviera el coraje y la fuerza para llegar tan lejos?, se preguntaba. Sin embargo no le llevo mucho descubrirlo; el patinaje era lo único que él conocía que podía hacerlo sentir vivo, sentirse libre, ser él mismo, y lo único en lo cual que estaba seguro era lo suficientemente bueno. Una extensión a otro mundo, un escape, todo eso y más significaba para él ponerse los patines y deslizarse en la fría pista, perdiéndose en ella. Solo en aquel momento comprendió porque el mundo lo llamaba “el patinador con el corazón de cristal más grande”. A partir de ahí comenzó a admirar su fuerza, sus ganas por superar sus miedos e incluso comenzó a tolerar su ingenuidad pareciéndole tierna; de esta forma poco a poco algo que comenzó como una rivalidad amistosa paso a admiración y posteriormente a algo más profundo, un sentimiento desconocido para él, algo que le parecía vergonzoso por lo cual intento negarlo ante sí mismo y los demás, pero era infructuoso ya que salía de lo más profundo de su ser cada vez que se lo topaba, cada que alguien hablaba de él y por supuesto cada vez que notaba a lo lejos su cercanía con Víctor, aunque en este último caso, el sentimiento se transformaba en algo desagradable, una amarga sensación que después de mucho supo que iba de la mano y la identifico como “celos”. 

Dicen que los niños pequeños cuando se enamoran lo ocultan molestando a la persona querida, y por muy tonto e inmaduro que sonaba aquello eso era precisamente lo que hacía ya que era lo más cómodo, obtenía su atención y disimulaba su sentimiento. Sin embargo era más que obvio que jamás lograría nada con esa actitud, lo medito por mucho llegando a la conclusión de que podría vivir así y lo mejor sería tratar de olvidar sus sentimientos, después de todo Yuuri era mucho mayor que él y en esas circunstancias en donde sospechaba que el japonés sentía algo por Víctor la batalla parecía estar perdida desde mucho antes de intentarlo por ello decidió tomar unas vacaciones, para tratar de olvidar el tema y replantear sus ideas, pero justo su ultimo día en Barcelona en pleno desayuno y por medio de la prensa alarmista en redes sociales se enteró de un aparatoso accidente a unas calles de donde se había celebrado el banquete, los medios especulaban que quienes iban en el auto afectado eran Víctor Nikiforov y Yuuri Katsuki. La noticia lo dejo helado a mas no poder y aun a pesar de que en aquel momento su mente comenzó a jugarle sucio planteándole diversos y aterradores escenarios decidió guardar la calma para pasar a hacer uso de sus propios medios hasta lograr confirmarlo, al saberlo su corazón se paralizo y rezo a todos los dioses habidos y por haber que se encontrara bien, deseando ofrecer lo que fuera porque él hubiera salido ileso. Paso una noche entera despierto de la angustia y llamando desesperadamente a Víctor, pero sin lograr localizarlo. Quiso decirle a Yakov u Otabek, pero no quería alarmar a nadie más y que la histeria se hiciera colectiva prefería llegar a ellos por sus propios medios por lo que aún ansioso busco ayuda en Pichit, sin embargo este ya había partido. Todos sus esfuerzos parecían ser en vano no llevándole a ningún lado y solo causándole más ansiedad. Hasta ese día, cuando al fin logro conseguir la paz que necesitaba su mente y corazón al saber al menos qué aunque Yuuri no estuviera del todo bien, por lo menos se encontraba con vida. Ese incidente logro poner tantas cosas en perspectiva, con todo el miedo que albergo su ser al creer perder a Yuuri pensó de golpe en muchas cosas, muchos “hubiera” pasaron por su cabeza y decidió que si no iba a poder negar su sentimiento lo mejor era buscar una oportunidad y más allá de eso, acompañar a Yuuri en esos difíciles momentos. Sin importar lo que costase su decisión.  

Tan absorto iba en sus pensamientos que lo tomo por sorpresa el empujón que recibió por parte de un enfermero que corría a toda prisa a una habitación. 
—¡Oye! — le gritó dispuesto a armar un escándalo, pero a Víctor le llamo la atención un detalle más importante. 

—Va a la habitación de Yuuri—dijo con angustia comenzando a correr hacía la habitación del oriental, el corazón de Yuri se encogió y sin perder tiempo también comenzó a correr tratando de alcanzarlo, pero por un momento sus piernas dejaron de responder se quedó paralizado a mitad del pasillo sin saber qué hacer, el miedo ante lo que pudiera encontrar si alcanzaba a Víctor lo domino.

—No, él me necesita, justo ahora debo estar con él.


Yuuri se encontraba inconsolable, en vano la enfermera intentaba calmarlo para poder suministrarle sus medicamentos y un sedante pero el muchacho no lo permitía, se encontraba tan alterado que no atendía a razones.  
—¡Ves lo que causaron tus estupideces, lárgate de aquí! —gritó la joven enfermera a su compañera la cual salió discretamente de la habitación. 
—Por favor debe de tranquilizarse, aún se encuentra convaleciente —rogaba la joven mujer al oriental que no parecía escucharla. 
—No, es que no puede ser cierto, no es cierto —repetía llorando al tiempo que trataba de librarse de todo cable conectado a su cuerpo, aparto intravenosa, monitores, quería salir de esa camilla comprobar que lo que le decían no era verdad; la enfermera desesperada y sabiendo que no sería capaz de controlar la situación, presiono de un pequeño control cercano a la cama, un botón para emergencias. En poco tiempo un enfermero le ayudaría a controlar a su paciente, sin embargo Yuuri se adelantó, como pudo trato de salir de la camilla, era verdad que continuaba bastante débil por la reciente intervención, pero como pudo se las ingenio, él debía conocer la verdad y la realidad es que continuaba sin sentir ni poder mover sus piernas, pero no podía, no quería aceptarlo, por lo que tercamente usando todas sus fuerzas movió su cuerpo intentando en vano mover sus piernas, quería salir de esa cama, demostrar que no era verdad. 
Mónica quiso impedirlo, pero la fuerza del joven la supero y en un movimiento en falso término en el piso, un abrumador dolor invadió su espalda, pero nada comparable con la dolorosa verdad. Yuuri mordía sus labios al tiempo en el que lloraba inconsolablemente, lo había comprobado, era cierto, estaba inválido. 


En ese instante un fornido enfermero entro al cuarto y se arrodillo dispuesto a regresar al japonés a su lugar, pero este se rehusaba. 
—Déjeme en paz, solo déjeme—gritaba al tiempo que trataba de alejarlo de sí. 
—Yuuri…—Víctor también había llegado quedándose en el marco de la puerta, mirándolo con profundo dolor, Yuuri se encontraba en el piso llorando y forcejeando con el enfermero para que le dejara en paz, pero al percatarse de la presencia de su entrenador le reprocho. 
  —¡Tú lo sabías y no me dijiste nada!—grito aun llorando. 
—Era…era muy pronto…iba a decírtelo, pero no en este momento. Apenas alcanzo a decir antes de que una inútil disculpa se atorara en su garganta, sin embargo no hizo falta hacer más ya que una quinta persona entro a toda velocidad a la habitación. 
Desesperado, con la respiración agitada y una dolorosa angustia en el pecho lo encontró en el piso llorando desconsoladamente, pero aparentemente bien 
—¿Cerdo?.  
—¿Yuri?, ¿Qué haces aquí?, ¡Vete!—grito, pero no le importó, lo comprendía a la perfección sintiendo su dolor e impotencia como propios, así que sin que nadie lo detuviera se aproximó al azabache retirando al enfermero tomo a Yuri por los hombros y le obligo a mirarle, una vez que obtuvo su atención le propino una sonora bofetada. 
—Por un carajo, ¿quieres hacer el favor de calmarte y dejar que te ayuden?—Como si saliera de un trance Yuuri lo miró con atención mientras colocaba una mano en su adolorida mejilla, dejando que las lágrimas corrieran lenta y silenciosamente, y sin si quiera estar preparado para el siguiente movimiento del rubio, solo sintió cuando lo atrajo hacia si abrazándolo y recargando su cabeza en su delgado pecho en un gesto bastante desconocido tratándose del insufrible Yuri.    
—Todo estará bien, te lo prometo, yo…, yo… te daré mi apoyo.   
—Yuri— susurro su nombre de manera calmada, —Gracias y perdón por…— el ruso negó con la cabeza dejándole saber que no importaba la escena anterior.  
—No importa, solo concéntrate en recuperarte. 
—Lo sé, eso hare — contesto aún en voz queda, Yuri quiso creerlo, pero de pronto sintió como el cuerpo del azabache se encogía. 
—¿Qué te pasa? — Al instante el muchacho grito de dolor contrayendo su rostro en una mueca 
—¡Haaaag! —  
—Cerdo, ¿estás bien? ¿te lastime? —pregunto asustado el adolescente, mientras Yuuri negaba con la cabeza intentando responder. 
—Es…mi…mi espalda…due…le mucho.- el enfermero apartando al muchacho de Yuri lo tomo en sus brazos y lo regreso a la camilla, Mónica trato de revisarle, pero se encontraba encogido del dolor y solo repetía una y otra vez cuanto dolía.  
Yuri no sabía qué hacer a pesar de todo cuanto estaba dispuesto aún era un niño, sin más se quedó al lado de Yuuri en un intento quiso tomar su mano, pero se encontraba muy asustado sin ganas de querer quedarse como un simple espectador retiro de la perlada frente en sudor del oriental algunos mechones acomodándolos torpemente. 
—To…todo va a estar bien, estarás bien solo tranquilízate —atinó a decir a pesar de no creerlo completamente, con la mirada buscó a Víctor esperando que reforzara sus palabras, pero este continuo al margen, sin lograr entender que sucedía.  
Maldición.  
—Cuanto antes debemos llevarlo a revisión, la caída pudo haberle afectado —indicó Mónica al enfermero quien comprendió y de inmediato se encargó de movilizar la camilla, sacándole de la habitación, Víctor salió junto con ellos, Yuri quiso seguirlo, pero simplemente no sabía qué hacer por lo que maldiciendo por lo bajo se quedó en su lugar sintiéndose como un completo inútil. 
—¿A dónde lo llevan? —inquirió Víctor intentando seguir el paso de la enfermera. 
—Debemos valorarlo, lo llevaremos con el doctor Alba. 
—¿Y cómo se enteró de su condición, acaso, ¿usted se lo dijo? —esto último lo pregunto en un tono molesto intentando confirmar sus sospechas. 
—Fue un accidente —se excusó la muchacha y sin permitir que se le preguntara o reclamara algo más, salió a toda prisa doblo por uno de los pasillos adelantándose. Yuri se quedó mirando a la dirección por donde se perdían, con una ira mal contenida. Cerró sus puños sintiéndose impotente y dejo escapar toda su frustración propinando un fuerte golpe a puño cerrado a una de las paredes de la habitación. 
—¡Maldita sea! —grito frustrado. 


Publicado por nincoxx

De entre todas las cosas en la vida mi mayor placer es escribir, para mi es tan esencial como el aire que respiro. Por medio de mis historias puedo ser libre, explorar mil y una posibilidades, salir de la monotonía, vivir varias vidas y convertirme en distintas personas. En lo personal me considero una persona completamente romantica, sin embargo mis historias pueden estar llenas de tragedia o finales no muy felices, pero sin embargo nunca faltará una buena dosis de amor.💓

2 comentarios sobre “No me abandones.

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