Retorno a Atlantis 15


Tenemos que volver

Yuri durmió durante tres días y los doctores Giacometti tuvieron que ir al dormitorio de Jean para observar sus signos vitales por lo que explorar su cerebro resultaba una labor difícil en extremo. Ellos querían conocer el estado en el que se encontraban las áreas donde ingresaron los conectores del visor de imágenes para comprobar si había existido algún daño neuronal.

Cialdini por su parte deseaba saber si Yuri se encontraba bien para seguir haciendo los prodigios que lo había visto hacer. Era importante mantenerlo con muy buena salud por lo que, obligarlo a recordar a través del visor fue un plan que quedó descartado.

En su lugar los hombres y mujeres de las élites tenían nuevos planes para Yuri, planes que dejaban de lado lo que sucedió en la nave Atlantis cien años atrás y que se basaban en el futuro que estaban preparando para Yuri como un mensajero espiritual que calmase, a través de una moderna creencia, las voces disidentes de los habitantes de la Tierra y las colonias.

El comandante de la nave ordenó que Yuri siguiera durmiendo para que fuera sometido a un exhaustivo control de salud y recuperase a través de medicina molecular todas las funciones que tal vez fueron dañada durante las horas que permaneció en coma.

Las ordenes fueron acatadas al cuarto día y Jean fue el encargado de llevar a Yuri en brazos hasta una cabina del área de recuperación.

En medio del traslado Yuri despertó y los doctores le explicaron por qué debía permanecer en el área de salud de la nave, lo importante que era para él recuperarse y encontrarse muy bien física y emocionalmente, lo importante que también era que mantenga una buena disposición para el momento que hicieran el hipersalto y llegasen a las cercanías del Sistema solar.

—No sabemos si sufriste daño cerebral que, aunque fuera mínimo, afectaría con el tiempo tus funciones. —Christophe le dio la bienvenida con un pálido saludo y señaló la cabina donde Yuri debía ponerse a hibernar.

—Estaremos atentos a todas tus necesidades y ya no serás sometido a ningún proceso invasivo en tu cuerpo y en tu mente, te lo juro —afirmó el doctor Masumi que era el más preocupado por el estado de Yuri.

—Yuri confía en los doctores por favor, ellos solo quieren hacer bien su labor y quieren ayudarte. —Jean dejó a Yuri sobre una silla junto al baño, debía ayudarlo a tomar un baño y dejarlo en la cabina—. Además yo estaré siempre pendiente para que nada malo suceda y ni nadie te toque porque este rey ha sido nombrado tu custodio y debe velar por tu integridad.

Jean abrió los brazos en señal de triunfo y con un guiño de ojo señaló su pecho con mucho orgullo.

—¿Qué sucederá conmigo cuando lleguemos al Sistema Solar? —Yuri se mostraba muy calmado.

—Parece que te han asegurado la estadía en una de las colonias más importantes de Venus. —Masumi le hizo una señal para que se pusiera en pie que Yuri no obedeció—. Tienes mucha suerte de llegar a ese lugar, en estos cien años de acondicionamiento a la vida en el planeta, el sector Este de Venus se ha convertido en un próspero lugar lleno de construcciones innnovadoras y jardines hermosos. Así que tendrás mucho para escoger desde un buen trabajo en el que tú desees desarrollarte hasta una buena escuela superior donde podrás complementar tus estudios de piloto.

Yuri pasó la vista sobre cada uno de sus acompañantes, los miró con cierta pena y negó un par de veces en silencio. Suspiró y sentenció.

—Si regresamos al Sistema Solar, si ustedes vuelven a vuestro departamento y a vuestra vida, si yo voy a uno de esos lugares lujosos para vivir la vida que ellos me asignen, si tú Jean te conviertes en un héroe y te dan medallas y ascenso para seguir tu carrera en la armada… si eso sucede estaremos perdidos.

—Yuri perdona, pero hasta ahora no hablas claro y no podemos entenderte bien. —Jean empezaba a desesperar porque el misterio que envolvía a Yuri se convertía en un terrible obstáculo para ayudarlo más.

—¿Y según el niño prodigio qué debemos hacer? —Chris también estaba cansado que Yuri pusiera delante de ellos las piezas menos importantes de ese complicado rompecabezas que intentaba armar para revelar la verdad.

—Volver al Atlantis. —La mirada de Yuri apuntó al estante lleno de muestras y pruebas del laboratorio.

—Sí, definitivamente tiene daño cerebral —concluyó Chris y tomó de la mesa una ampolla que contenía un poderoso relajante.

Yuri fijó su severa mirada en los tres, sabía que lo que acababa de decir era una locura para cualquiera que lo escuchara, pero era la verdad. Regresando a Atlantis podrían encontrar todas las respuestas que andaban buscando, Jean, Chris, Masumi, Gordon Lázarus y hasta el propio Cialdini. Pero en especial Jean, era él el objetivo de Yuri.

Sin embargo, anticipando que los doctores y nadie en esa nave creería en él, Yuri hizo lo que todo buen felino suele hacer para evitar un momento riesgoso.

—No dejes que me duerman y no dejes que esta puta nave dé el hipersalto Jean. —Yuri se puso en pie y con torpes pasos corrió hasta la puerta empujando a su paso a los doctores y soltando la fuerza de su puño sobre una de las asistentes programadas que fue a para al suelo.

—¡Yuri basta! —Chris se lanzó sobre él para detenerlo, su orden era clara debía dormir a Yuri y mantenerlo quieto mientras reparaban su cuerpo—. ¡Estás loco! ¿No lo ve capitán Leroy? El chico cruzó la raya de la cordura.

—¡Yuri espera! —Jean lo retuvo en la puerta sosteniéndolo con fuerza—. ¡Solo queremos tu bien!

—¡Nooooo! ¡No entiendes Jean! —Yuri apretaba los fuertes brazos que lo retenían en la puerta del área médica sin tener idea del por qué estaba tan alterado—. ¡No dejes que me lleven al Sistema! ¡Debemos volver Jean! ¡Debemos volveeeeer!

Yuri estaba fuera de sí y nadie podía comprender su violenta reacción. Yuri pateaba todo lo que se encontraba a su paso con incontrolable furia, tiraba los puños por todo lado y hasta arañaba como un verdadero gato salvaje. Sus ojos encendidos y desorbitados mostraban un estado de extrema alteración y su mandíbula tiesa endurecía su gesto convirtiendo su bello rostro en el de un paciente con alteraciones mentales.

—¡Yuri! ¡Yuri cálmate! —Jean seguía sosteniéndolo contra la pared para calmarlo—. No permitiré que te toquen o que te hagan daño… por favor doctor Giacometti permítanme un tiempo con él, les prometo que haré todo para calmarlo por favor.

—¡Llévate a este salvaje! —Chris resintió el terrible rasguño que Yuri hizo en el brazo derecho y no insistió en su intento por ponerle la ampolla—. ¡No sé por qué lo quieren en Venus cuando en verdad debería irse a las minas del sistema Ferris y quedarse allí para siempre! ¡Chusco!

Jean sujetó del brazo a Yuri y con cierta rapidez lo trasladó de regreso a la habitación. Durante el trayecto que se les hizo largo Yuri respiraba agitado y decía cosas que para Jean no tenían sentido.

—Diez de enero, recuerda esa fecha Jean diez de enero ¿no te dice nada? —Yuri tocía y caminaba a tientas, los miembros de la tripulación los miraban con cierta distancia, algunos con respeto y otros con temor—. Keeky Street, Northhood park ¿no te dice nada eso?

—Yuri no sé de qué me hablas. —Jean también sospechaba que Yuri tenía serios problemas en el cerebro, por eso extremó el cuidado en el último tramo rumbo a la habitación—. Tal vez son tus recuerdos de tu vida hace cien años atrás y creo que de verdad debes descansar para poner en orden tus ideas.

—¡No me crees!

—¡No te entiendo!

Llegaron al dormitorio y Yuri arrastraba lo pies, su cuerpo se dejaba vencer por un cansancio extremo y por el hambre y sed que se apoderaba de cada célula. Jean sabía que su alterado compañero debía hidratarse y comer algo ligero así que ya preparaba un plan. Quizá si Yuri comía algo y bebía podría relajarse y conectar bien todas sus ideas. Jean deseaba tanto entender lo que él quería decirle.

Al llegar al dormitorio Yuri temblaba por la rabia y la desesperación que todavía no habían desaparecido. Su cuerpo era como un costal de carne y ya casi no podía sostenerse en pie, así que Jean lo ayudó a sentarse en la cama con la intención de dejarlo dormir un rato más.

—Solo dormirás una hora y vendré con algo deliciosos para que recuperes tus fuerzas. —Jean le sonrió y con mucho cariño—. ¿Qué quieres que te traiga? Pollo en salsa BBQ, cordero asado…

Jean calló porque sus ojos observaron algo que jamás hubiera pensado ver en Yuri. Una gruesa y caliente lágrima resbalaba por su suave mejilla y su mirada parecía la de un felino que no quería darse por vencido.

Con cuidado el capitán detuvo la lágrima con sus dedos y acarició el suave rostro del rebelde jovencito, lo contempló con gran asombro y su corazón pronto se enterneció. Yuri aún era muy joven a pesar de tener algo más de cien años de diferencia en edad cronológica con él. Su ímpetu mostraba la intención pura de un ser que no había sido invadido por la frialdad con la que los adultos suelen resolver las cosas.

Yuri estaba llorando y Jean no pudo detener las demás lágrimas. Abrió los brazos cuando el muchacho los buscó y con un gran abrazo intentó calmar ese miedo y dolor que mostraba en sus ojos y en sus palabras.

—Jean… de verdad debemos volver al Atlantis. —Yuri balbuceaba en medio de las lágrimas y el frío que comenzó a sentir en su cuerpo.

—Yuri el Atlantis es un lugar donde solo nos espera la muerte. —Jean apretaba a Yuri contra el pecho intentado detener el temblor de su cuerpo—. Y yo no quiero que te mueras, eres muy importante para mí, quiero verte bien.

—Jean y si te digo que la muerte… lo que todos llamamos muerte es la respuesta y la solución. —Yuri hipaba para ese momento, sus lágrimas y su desesperación lo consumían—. Por favor créeme, por favor no dudes de mi Jean no sé cómo decirte todo porque parecerá una locura, pero por favor dime que harás todo para que volvamos al Atlantis.

—Yuri estás hablando de suicidio. Volver al Atlantis es una sentencia de muerte segura. —La calmada voz de Jean y sus labios sobre la frente de Yuri no eran suficientes para detener la rabia y el miedo del chico.

—Estoy hablando de libertad. —Yuri no paraba de llorar, algo que jamás le había ocurrido y es que necesitaba con todo el corazón convencer a Jean—. Esto que vivimos es una tiranía donde todo está determinado y en verdad no eres dueño de tu destino. Eso es algo que te hacen creer.

Jean no podía estar de acuerdo con el muchacho. Él había elegido una vida en la armada, había decidido cada paso que dio en su carrera, incluso fue él quien insistió en mover ciertas conexiones en el ejército y en el Congreso para ocupar un lugar en la misión al Atlantis y no podía ser que Yuri dijera lo contrario.

Pero el gran corazón del rey JJ lo obligó a callar y abrazar con mucho afecto a Yuri. No intentaría detener su llanto, solo estaría allí con él hasta que ya no tuviera más ganas de llorar y el sueño venciera sus fuerzas. Con cuidado abrió las mantas de la cama en un intento por acomodarlo dentro, pero como Yuri no lo soltaba él también se echó para recostarlo. 

—Jean por favor vamos al Atlantis. —Yuri tomó el rostro de Jean con sus frías manos y lo acarició con mucho cariño—. Confía en mí por favor.

Jean contempló los ojos de Yuri y quedó cautivado por esos destellos verdes que capturaban toda su atención y por ese brillo azul que los transformaba en tranquilo cielo.

Las manos de Yuri acariciaron con suavidad las cortísimas hebras de su pelo negro, con cuidado sus yemas repasaron la frente y las gruesas cejas del capitán y jugaron un poco con el lóbulo de su oreja izquierda.

Jean miraba fascinado al muchachito que sostenía bajo su cuerpo, observando con especial detenimiento la forma cómo su mirada se convertía en una cálida flama que lo invitaba a quedarse con él para siempre, sintiendo ese calor suave, esa respiración profunda, ese aroma de niño-hombre y esa suavidad de sus manos.

El capitán Leroy se acercó aún más, como los milenarios marinos que hipnotizados por el canto de las sirenas se atrevían a entrar la mar. Sintió el aliento de Yuri cerca de sus labios, lo vio cerrar los párpados y abrir la boca y entrecerrando sus ojos besó al salvaje, loco y extraño jovencito. Con mucho cuidado probó sus labios, los ajustó con la ligereza de una libélula y absorbió ese aliento que le hacía recordar el olor de las manzanas frescas en el huerto que tenía el ejército en la colonia de Marte.

Yuri lo apretó entre sus delicados brazos que se envolvieron sobre su cuello y volvió a llorar, mientras intentaba profundizar el beso, abriendo sus largas pestañas rubias, suspirando al interior de su boca y moviendo su cuerpo como un suave oleaje que viaja a través del mar.

Pero entonces Jean se detuvo de inmediato cuando sintió que ese beso, esa forma de abrazar y esos movimientos ya los conocía. Luego otra idea intensa cruzó por su cabeza y de inmediato soltó a Yuri y se quiso poner en pie, pero su cabeza se estrelló contra el larguero de la cama superior y lo obligó a sentarse de nuevo junto a Yuri que todavía sostenía su mano.

—Qué te pasa —afirmó Yuri mirándolo extrañado.

—No puedo hacer esto. —Jean ocultó su mirada y retiró de inmediato la mano—. Eres un hombre santo, haces milagros, tal vez y eres el ser que tanto esperaba la humanidad y yo…

—No puedes amarme por completo, no puedes desearme porque…

—Temo mancharte… yo soy solo un soldado. —Jean se puso en pie y sin mirar a Yuri siguió disculpándose—. Un hombre común y corriente, un ser que debe respetarte porque tú eres puro e inmaculado. Perdóname por favor.

—Si yo no hubiera querido que esto sucediera este es el momento que tendrías un golpe creciendo sobre tu ojo. —Yuri miraba a Jean con cierta nostalgia—. Deja de juzgar las apariencias Jean… puro e inmaculado mi calzoncillo.

—Voy a traer algo de comer y beber.

Jean salió a prisa mirando sus manos que temblaban de emoción, intentando detener sus emociones y sus deseos. Sin poder explicar por qué sentía tan familiar la actitud del chico de los milagros. No debía haber pasado ese límite de confianza, pensaba. Tenía que calmar sus ansias y seguir con el plan de ayudar a Yuri.

Pero cómo detener el deseo y el sentimiento si son como dos corrientes que se mueven a velocidad en un mismo cauce. Jean temblaba de emoción por ese beso y a la vez de miedo por su atrevimiento.

Jean amaba a Yuri, podía asegurarlo; pero su mente le repetía que ese amor debía ser puro, casto y debía entrar en la categoría de la veneración. No podía manchar el respeto por un ser tan especial con un simple y vulgar amor de hombre.

—¡Jean! —Albert Donovan, un delgado y serio Mayor lo detuvo en medio de su loca carrera hacia la máquina distribuidora de alimentos—. Te estoy llamando hace rato. Tienes una llamada especial muchacho y es mejor que la atiendas de inmediato.

—¿Cialdini? —Donovan negó con su rostro de palo—. ¿Mi padre? —El Mayor volvió a negar y esta vez lo hizo con una sonrisa, Jean se mostraba algo alterado.

—Es de Venus y es la voz de una bella mujer. —Donovan se despidió con el clásico saludo militar, el brazo sobre el pecho y siguió su camino.

Jean tuvo que dejar sus planes por unos minutos y corrió a atender la llamada, de antemano sabía bien de quién se trataba. Isabela, la chica de sus sueños le llamaba después de casi un año y medio de silencio entre los dos.

Notas de autor:

¿Será que Jean y Yuri se conocen de otra vida? ¿Por qué deben regresar al Atlantis?

Gracias por seguir con la historia.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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