VICDER: CAPITULO TREINTA Y SEIS


—¿Negociar? -dijo Yuuri- ¿Por su vida?


—¡Bienvenido al mundo real de la política!





Minako le dio un sorbo a su copa de vino. A pesar del carmín, no dejó ninguna marca en el cristal.




—No es el momento ni el lugar más indicado para discutir esta cuestión- Contestó Yuuri, con una irritación mal disimulada.





—Pues yo diría que es una cuestión que concierne a todos los que están en este salón. Al fin y al cabo, todos desean la paz, desean mantener a salvo a su pueblo. Metas muy admirables, debo decir, pero -Deslizó su mirada hacia Vicder- También deseas salvarle la vida a esta desdichada criatura. ¿Que parte de ti te hará decidir lo realmente importante? ¿dejaras que el frió y centrado razonamiento dicte tu veredicto o elegirás las emociones y las pasiones de tu ser?





La visión de Vicder parpadeó al volver la visa hacia Yuuri. El corazón le latía con fuerza.




—¿Y vos? -preguntó el joven- ¿que deseas con todo esto?


— Ya lo sabes muy bien, su Majestad. Deseo ser emperadora.





Vicder trató de zafarse del guardia.




—¡Yuuri no!. No puedes hacerlo.





Yuuri se volvió hacie ella. En sus ojos se debatía la lucha que se debatía en su interior.




—Eso no cambiará nada -insistió Vicder-, y lo sabes.





—Hazla callar -ordenó Minako.





El guardia le tapó la boca con una mano y la atrajo hacia su pecho con fuerza, pero no pudo impedir que siguiera suplicando con la mirada. “No lo hagas, no entres en su  trampa”




Yuuri se acercó al ventanal con pasos largos y lentos, se detuvo unos instantes delante de el, con la mirada perdida en la tormenta torrencial y los hombros temblorosos. Tras unos breves instantes, se volvió y paseó la mirada por el salón. Por aquel océano de color, seda y tafetán, de oro y perlas. Por los rostros asustados y confundidos que lo rodeaban.

El baile anual. Ciento Veintisiete años de paz mundial.




Dejó escapar un suspiro e irguió el cuerpo.




—Creí que había dejado claro cuál era mi postura. Hace apenas unas horas; le dije a mi pueblo que haría cualquier cosa para protegerlo. Lo que hiciera falta. -Abrió las manos y dirigió las palmas hacia la reina, suplicante-. No dudo en admitir que posees más poder que todos los pueblos terrestres juntos y no albergo ningún deseo de medir nuestras fuerzas. También reconozco mi absoluta ignorancia hacia las costrumbres del pueblo de Luna y que no puedo censurarlos por el modo en que habeís gobernado. Estoy convencido de que siempre han hecho lo que creían más oportuno para su gente. -Se reencontró con la mirada de Vicder y le dio una sonrisa de tristeza-. Sin embargo, no es el modo en que deseó se gobierne la Comunidad. Queremos la paz, pero no a costa de la libertad ni la manipulación del sentir de las personas. Así que no, no puedo…. No me casaré con vos.





De pronto fue como si toda la estancia contuviera la respiración, pese a que al mismo tiempo los cuchicheos recorrían el salón en veloces susurros. La sensación de alivió que invadió a Vicder desapareció en cuanto cruzó una mirada con Yuuri, quien no podía parecer más desdichado.




—Lo siento -musitó el joven- Buscare la forma.





Vicder deseó  poder decirle que no pasaba nada. Que lo entendía, era la decisión que estaba deseando que tomara desde el principio y nada cambiaría eso.




Ella no valía una guerra.




Minako tenía los labios fruncidos y, salvo por el lento retroceso de las orejas y la casi imperceptible tensión de la mandíbula, en su rostro no se movía un solo músculo. El escáner de retina de Vicder parpadeaba incontrolablemente en el limite de su campo de visión, vomitando números y cifras, pero lo ignoró como lo haría con un mosquito molesto.




—¿Es vuestra última palabra?




—Sí -confirmo Yuuri-. Vic… la joven permanecerá en nuestras celdas del palacio hasta su partida -Levantó la barbilla, como si se resignara ante la decisión que él mismo había tomado-. No es mi intención ofenderles, su Majestad. Deseo de corazón que podamos seguir manteniendo nuestras conversaciones en busca de una alianza aceptable para ambos. 




—No podemos  -contestó Minako. La copa que tenía en la mano se hizo añicos y el suelo quedo bañado por una cascada de esquirlas de cristal. Vicder dio un respingo y se oyeron varios gritos entre la multitud quienes retrocedían, pero el guardia lunar permaneció inmutable-. ¡Eres realmente estúpido al igual que tu padre! Expuse mis requerimientos ante él con la misma claridad y del mismo modo con que los he expresado ante vos, y son unos ineptos ignorantes. -Arrojó el fino pie de la copa contra la columna. El vino goteaba de la punta de sus dedos mezclandose con su sangre- ¿Insistirás en rechazar mis peticiones?





—Su Majestad…





—¡Contestad!





El escáner de retina de Vicder se iluminó, como si de repente alguien hubiera dirigido un foco hacia la reina. Se le corto la respiración. Le flaquearon las rodillas, desplomándose sobre el guardia, quien sorprendido volvió a levantarla con brusquedad con ambas manos, soltándole la boca.







Vicder cerró los ojos con fuerza, convencida de que eran imaginaciones suyas, y volvió a abrirlos. El entramado de lineas se ordenó. Lineas que determinaban los ángulos exactos del rostro de Minako . Coordenadas que mostraban la colocación de los ojos, la longitud de la nariz, la anchura de la frente. un dibujo perfecto se superponía sobre la mujer perfecta… y no coincidían.




Miraba atónita a la reina, intentando comprender el significado de las lineas y los ángulos que su escáner le mostraba, cuando se dio cuenta que la discusión había terminado. La reacción de la joven había sido tan brusca  que todo el mundo había vuelto la atención a ella.







—Por todas las estrellas -musitó. Su escáner era capaz de atravesar el espejismo, no le afectaba el hechizo lunar, sabía donde se encontraban los limites  reales del rostro de la reina, las imperfecciones, las inconsistencias-. Es un verdadero espejismo. No eres hermosa. 







La reina palideció. El mundo parecía haberse detenido alrededor del entramado de lineas que cruzaban la visión de Vicder, de los puntitos y las mediciones que desvelaban el mayor secreto de la reina. Seguía viendo el hechizo de Minako, los pómulos altos y los labios carnosos, pero el efecto quedaba oculto tras la realidad que le mostraba la imagen superpuesta. Cuanto más tiempo pasaba mirándola, más datos recogía su visor, con los que iba rellenando de manera gradual la verdadera fisonomía de Minako.




Estaba tan absorta en la lenta revelación que no reparó en los largos dedos de la reina, crispados junto a sus caderas.No fue hasta que una corriente eléctrica pareció prender el aire cuando Vicder desvió su atención de los garabatos que se dibujaban frente a ella.




La reina flexiono los dedos. El guardia retrocedió y soltó las muñecas de Vicder.




La Joven plantó los pies en el suelo para no perder el equilibrio y darse de bruces al tiempo que una de sus manos, como si tuviera vida propia, retrocedía y desenfundaba el arma del guardia.

Se puso tensa al sentir el peso del arma en la mano de acero de manera tan repentina e inesperada. 

Su dedo se deslizó sobre el gatillo como si fuera una extensión de si misma, como si estuviera acostumbrada a llevar un arma, a pesar de ser la primera vez que empuñaba una. El corazón le golpeaba el pecho.




—Maldita insolente -murmuro la reina con Odio- disfrutare verte desangrar.




Vicder miró aterrorizada como su mano apuntaba directamente en dirección a Yuuri, este la miraba asombrado lo que estaba haciendo.




El Emperador estaba bajo amenaza” grito una voz que no dudo en descifrar que provenía del consejero Takeshi. La seguridad del príncipe se acercó apuntando con sus armas directos hacia Vicder, esperando la señal para disparar.




—¡Alto!, no se atrevan a abrir fuego contra ella, esta siendo Manipulada -Miro con odio hacia Minako- Por favor, detén esta locura de una vez por todas.





Minako lo miro con una sonrisa de falsa inocencia




—Como guste su majestad.





Vicder volvió a levantar la mano que sostenía el arma y se llevó el cañón a la sien. Un grito estremecedor escapó de su garganta. miró a la izquierda de reojo, aunque no alcanzó a ver ni el arma ni la mano traidora que la apuntaba. Temblaba de pies a cabeza.




—¡No! ¡Déjala en paz! -Yuuri corrió hacia ella y la asió por el codo para intentar alejarle el brazo, pero Vicder estaba rígida, como si estuviera hecha de piedra- ¡Soltadla! 





—Solo estoy siguiendo su indicación querido, me dijiste que terminara con esta locura, ella es el problema en todo esto- Yuuri miro hacia su personal de seguridad para dar la orden de cambiar la dirección de las armas hacia la reina Minako, pero estos estaban apuntándose entre ellos- No se lo recomiendo su Majestad, si no quieres derramar más sangre. Ellos no podrán dispararme al menos que Mila así se los permita.








—Yuu…ri -balbuceo Vicder, invadida por el terror





Le ordenó a su mano que soltara el arma, le ordeno al dedo que se apartara del gatillo, pero todo fue inútil. Cerró los ojos con fuerza. Sentía la cabeza a punto de estallar.  “AUMENTO DE LOS NIVELES DE ADRENALINA, CORTISONA, GLUCOSA, AUMENTO DEL RITMO CARDÍACO, AUMENTO DE LA PRESIÓN ARTERIAL, ALERTA, ALERTA…




Noto un breve y ligero temblor en el dedo de la mano antes de que volviera a solidificarse.







Imagino el estruendo del disparo. imagino la sangre y su cerebro apagándose, sin sentir nada. 




“DETECTADA MANIPULACIÓN BIOELÉTRICA. INICIANDO EL PROCEDIMIENTO DE SEGURIDAD: RESISTENCIA EN TRES, DOS…”




Su dedo empezó a presionar el gatillo lenta, muy lentamente.Escuchando como Yuuri rogaba para que la soltaran.

Un fuego abrazador le recorrió la columna vertebral y se propagó por nervios y cables, deslizándose hasta sus partes metálicas.  







Con un alarido, apartó el arma de la sien y dirigió el cañón hacia el techo, con el brazo estirado. Dejo de resistirse. Acciono el gatillo. Una lámpara de araña se hizo añicos sobre su cabeza en una explosión de cristales y chispas.




Los invitados gritaron y se precipitaron hacia las salidas.




Vicder cayó de rodillas, doblada sobre si misma, acunando el arma contra el estómago. El dolor la desgarraba por dentro, la cegaba. En su cabeza estallaron fuegos artificiales. Era como si su cuerpo  estuviera intentando deshacerse de todos sus componentes metálicos, como si explosiones,chispas y humo le rasgaran la piel.




Al oír la voz de Yuuri por encima del caos generalizado comprendió que el dolor empezaba a remitir. Vicder ardía al tacto, como si alguien la hubiera arrojado a un horno, pero el dolor y el calor se había trasladado al exterior, a la piel y a la punta de los dedos, y ya no la devoraban por dentro. Abrió los ojos.




Unos puntitos blancos salpicaban su visión. En su retina parpadeaban las alarmas rojas. Los diagnósticos estaban ejecutándose al filo de su campo visual. Tenía una temperatura corporal demasiado alta, la tensión demasiado alta, las pulsaciones demasiado altas. Una sustancia extraña, que su sistema no reconocía y no podía eliminar, había invadido su torrente sanguíneo. Algo iba mal, aullaba su programación. “estás enferma, estás muriéndote”







Sin embargo, no tenía la sensación de estar muriéndose. Tenía tanto calor que le sorprendía que el delicado vestido no entrara en combustión. Se sentía diferente, Fuerte. Poderosa.En llamas.




Temblorosa, afianzó los talones en el suelo y se miró las manos. el guante de la izquierda había empezado a derretirse y formaba pegajosos grumos de piel sedosa sobre la mano metálica, al rojo vivo. Veía la electricidad chisporroteando sobre la superficie acerada, aunque no habría sido capaz de determinar si la detectaba su visión humana o la biónica. O puede que ni una humana ni biónica. sino Lunar 

Irguió la cabeza, una bruma  fría y gris lo cubría todo, como si el mundo se hubiera detenido a su alrededor. Su cuerpo empezaba a enfriarse. La piel palidecía, el metal se apagaba. De manera inconsciente, trató de taparse la mano metálica, como una boba, por si Yuuri no había reparado en ella, al verse cegado por el resplandor.




En ese momento algo llamo la atención de le reina. La ira de Minako pareció encogerse cuando sus miradas se encontraron. La soberana Lunar ahogó un grito y retrocedió un paso. Por espacio de un segundo, incluso pareció asustada.




—Es imposible -murmuró.

Vicder reunió hasta el último nanobyte de fuerza que le quedaba para ponerse en pie y apuntó a la reina con el arma. Apretó el gatillo.







El guardia pelirrojo apareció de pronto y la bala lo alcanzó en el hombro. Minako ni siquiera se inmutó.




El cerebro de Vicder por fin consiguió recuperar el control total de su cuerpo cuando la sangre empezó a manar de la armadura del guardia.







Vicder tiró el alma y echó a correr. Consciente de que sería imposible atravesar la multitud enloquecida que trataba de abandonar el salón, se dirigió como un rayo hacia la salida más cercana: las imponentes puertas que conducían a los jardines. El guardía, la reina, su séquito, todos quedaron atrás mientras los cristales crujían bajo sus zapatillas.




El eco cavernoso del patio de piedra. Las piernas salpicadas de agua al pisar el charco. La limpia y fresca fragancia de una lluvia que se había convertido en llovizna.







La escalera se extendía a sus pies. Doce escalones, un jardín Zen, una muralla imponente, una portalada, la ciudad, una vía de escape.







En el quinto peldaño, oyó como se partían los tornillos. Los cables se rompieron, como tendones tensados hasta el limite. Sintió el corte de energía al final de la pantorrilla, lo que envío una cegadora señal de alarma a su cerebro.




Se desplomo con un alarido, intentando amortiguar la caída con la mano izquierda. El dolor le traspaso el hombro y viajó hasta la columna vertebral. El metal fue repicando contra la piedra al rodar por los escalones hasta que se detuvo al pie de la escalera, donde se iniciaba el camino de grava. Se quedó tendida en el suelo, de lado. Varios agujeros habían aparecido en el guante del brazo con el que había pretendido detener la caída. La sangre manchaba la bella seda a la altura del codo.




Le costaba respirar. De pronto, la cabeza le pesaba demasiado y la apoyó pesadamente en el suelo. Pequeños guijarros de grava se le clavaron en el cuero cabelludo. Dirigió al cielo una mirada extenuada, de soslayo. La tormenta había amainado y había dejado atrás una bruma espesa que se aferraba al cabello, las pestañas y le refrescaba la piel. La luna llena intentaba abrirse pasó entre los nubarrones, perforando lentamente el cielo nublado, como si pretendiera engullir el firmamento.




Algo hizo que volviera la vista hacia el salón de baile. El guardia que le había sujetado las manos a la espalda apareció en lo alto de la escalera y se detuvo en seco asombrado. Yuuri lo alcanzó un instante después, aunque tuvo que agarrarse a la barandilla para conseguir no irse de bruces por el asombro.




Yuuri parecía no dar crédito a lo que veían sus ojos: de seguro el brillo acerado de unos dedos, el chisporroteo de unos cables al final de una maltrecha pierna metálica. Boquiabierto, por un momento dio la impresión de estar mareado.




Nuevos pasos apresurados en lo alto de la escalera anunciaron la llegada del hombre y la mujer ataviados con los uniformes taumatúrgicos y del guardia al que había disparado, a quien no aparecía preocuparle la herida, de la que no dejaba de sangrar. Detrás aparecieron el consejero de Yuuri y, finalmente, la propia reina Minako. El hechizo había recuperado plena fuerza, pero ni toda su belleza conseguía disimular la ira que crispaba su rostro.




—Su… su majestad… ella… ella… -tartamudeo la taumaturga Mila, viéndose por primera vez asustada-.

—¡Cállate! -grito Minako- ¡Cállate! no es verdad.




La reina se recogió la falda centelleante con ambas manos e hizo el decidido ademán de bajar los escalones, pero la taumaturga la detuvo con un gesto pausado y señalo la muralla del palacio.




Vicder siguió la dirección de la mano






Había una cámara de seguridad dirigida hacia ellos. Hacia ella. Una cámara que lo veía todo.




Las fuerzas abandonaron definitivamente a Vicder, débil y exhausta.




Yuuri bajó la escalera despacio, como si se acercara a hurtadillas a un animal herido. Se agacho y recogió el pie metálico y oxidado, desprovisto de la zapatilla de terciopelo. Apretó los dientes mientras lo examinaba, recordándolo del día que se habían conocido en el mercado. No la miró.




Minako torció el gesto.




—Es repugnante -dijo, desde la entrada a los jardines, a salvo de las cámaras. Su voz sonaba estridente y anormalmente forzaba en comparación con su acostumbrada cadencia-. Lo mejor que puede ocurrirle es morir. 



—Al final resulto que tenía razón, no era una caparazón -comento Mila-. ¿Como lo ha ocultado?






—Eso no importa -contestó Minako con desprecio- Pronto habrá muerto. ¿Seung gil?








El guardia descendió un escalón en dirección a la joven, volviendo a empuñar el arma de la que Vicder se había desecho.

—Deténganse






Yuuri bajó apresuradamente los peldaños hasta el pie de la escalera, empuñando su katana que tenia en su cinturilla y se situó delante de Vicder, protegiéndola. Al principio se estremeció, como si le costara mirarla a la cara, y la joven no supo cómo interpretar la mezcla de emociones -incredulidad, confusión, pesar- que cruzaron el rostro de Yuuri. Con la respiración agitada, por dos veces intentó Yuuri que le salieran las palabras antes de conseguirlo,unas palabras que jamás abandonarían a Vicder, pronunciadas con voz apagada.

—¿Todo ha sido mentira?





El dolor le atravesó el pecho y la dejo sin aire.

—Yuuri…


—¿Todo ha sido imaginaciones mías? Lo que he sentido…¿Ha sido una treta lunar?





A Vicder se le revolvió el estómago




—No Yuuri, fue real. Yo… -la joven sacudió la cabeza con vehemencia. ¿Cómo podía explicarle que hasta ese momento no tenía el don? ¿Que no podría haberlo utilizado con él?-. Yo nunca te mentiría… -No pudo terminar la frase, le había mentido, no le había confesado que era una ciborg-. Lo siento mucho -acabó diciendo, sin demasiada convicción.





Yuuri desvió la mirada hacia el resplandeciente jardín, donde se encontró un lugar en que concentrar su sensación de derrota.




—Me cuesta más mirarte a ti que a ella. Es… es muy fuerte.





A Vicder se le encogió el corazón, convencida de que dejaría de latirle en cualquier momento. Se llevo la mano a la mejilla y sintió la seda húmeda contra la piel.




Apretando los dientes, Yuuri se volvió hacia la reina. Vicder levantó la vista hacia la espalda del Príncipe, quien con su mano, apuntaba su espada en dirección a Minako y en la otra mano sostenía el pie metálico.

—Será arrestada -anunció Yuuri, sin apenas fuerza con que respaldar las palabras-. Bajo mis condiciones, Permanecerá en prisión hasta que se decida que hacer con ella. Pero si la matas esta noche o alguien le llega a tocar un solo cabello, les juró que jamás firmaré una alianza con Luna.





La mirada feroz de la reina se ensombreció. Aunque Minako accediera, tarde o temprano Vicder acabaría siendo repatriada a Luna y, en cuanto la reina la tuviera en su poder, firmaría su sentencia de muerte y él no podría protegerla.




Yuuri solo trataba de conseguirle  algo más de tiempo. Aunque seguramente no sería demasiado.



Lo que la joven no lograba comprender era la razón.




Vicder vio cómo la reina intentaba contenerse, consciente de que podía matarlos a ambos en un abrir y cerrar de ojos.




—Será mi prisionera -finalmente accedió Minako- Sera repatriada a Luna y juzgada según nuestras leyes.


Traducción. Sería ejecutaba.

—De acuerdo -convino Yuuri-, con la condición de que se comprometerán a no lastimarla ni tampoco le declaran la guerra ni a mi país ni a los demás aliados de la tierra.





Minako irguió la barbilla y lo miró con despreció.


—Muy bien, No le declararé la guerra a la tierra por esta violación de los acuerdos, pero, en su lugar, no estaría arriesgando mucho mi paciencia, yo me andaría con mucho cuidado, joven emperador. Esta noche me han puesto demasiado a prueba.




Yuuri inspiro hondo, afirmando con la cabeza, guardando su katana y a continuación se apartó a un lado para dejar paso a los guardias, que ya bajaban los escalones. Levantaron el maltrecho cuerpo de la joven del camino de grava con cuidado. Vicder intentó mantenerse en pie, mirando a Yuuri con ojos suplicantes, deseando disponer de tan solo un momento para decirle cuánto lo sentía. De un breve instante para explicarse.





Sin embargo Yuuri no le devolvió la mirada cuando pasaron junto a él, llevándosela a rastras. Tenía los ojos clavados en el sucio pie metálico que sujetaba con ambas manos, y las puntas de los dedos blancas de tanto estrujarlo.

Buenas Noches gente bella, todo fue un caos en este capitulo!

¿Que les parece las reacciones de cada uno de los personajes??? los leo!!

no se les olvide comentar y votar, ya que me motivan mucho a seguir con la historia!, los quiero mucho! cuidense.

Publicado por dmoonbrillentq

Dmoonbrillentq me encanta leer y ver anime, es una forma de poder desprenderme de toda la realidad y adentrarme a miles de aventuras que disfruto montones, por lo que cada historia y experiencias me encantaría poder compartirlo con ustedes. A nivel más personal amo la música y el baile <3 y ayudar a las demás personas, por lo que si necesitas en algún momento poder conversar con alguien aquí estaré

4 comentarios sobre “VICDER: CAPITULO TREINTA Y SEIS

  1. Hola creo q odio a tu examiga porque siento q por ella no has subido más capítulos, espero q estés mejor y puedas subir la Conti porque está muy interesante la historia. Saludos.

    Me gusta

    1. Muchas Gracias @Aurora <3, pronto actualizare. Han pasado muchas cosas que me han hecho sentir mal, razón por la que he no me he sentido bien para actualizar. Les contare con más detalle en el capítulo. En un momento lo actualizare y espero que te guste!!! Gracias por seguir la historia y por darme ánimos 🙂

      Me gusta

  2. jajajaja Shary!!! auxilio!!! emergencias! se nos va!

    es necesario, fue muy triste pero se creen que los lunares en general son malos, jaaaaa pero Yuuri tarde o temprano se dará cuenta de la verdad!

    Me gusta

  3. erjtlñsjghsdjlvk
    uasgfhkasghf}gasdlahgsk
    aghslahsdgkaas
    gasdlñasklghadslas
    hasdlkhaslgasd
    bhaslhasdlajsd
    hasldhakljdgasd
    bhasldhalsjdghlads

    -Shary ha tenido un corto circuito…Shary exe, dejó de funcionar. Reiniciando sistema oeprativo.
    Error…error….error…

    -SE CACHETEA.–

    CARAJOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!! YUUURIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII Q____Q VICDER TE SALVÓ EL PINCHI PELLEJO Y OSAS PENSAR QUE ELLA ES MALVADA TOT ME CAES GORDO CARAY!!!!! AKSJHDGKASGDKASDGKLASD SEÑORITA DMOON he de decirle que me ha encantado, este capi fue emocionante!!! pero tambien mi corazon se ha roto TOT

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: