VICDER: CAPITULO VEINTIOCHO


El incomodo silencio que imperaba en el gran salón comedor solo se veía interrumpido por el repiqueteo de los palillos contra la porcelana y los pasos apresurados de los sirvientes. Únicamente sirvientes humanos, una concesión a la profunda desconfianza de Minako hacia los androides. Según la reina Lunar, para su pueblo era amoral e iba en contra de las leyes de la naturaleza conferir una falsa idea de emoción y raciocinio a máquinas fabricadas por el hombre.







Sin embargo, Yuuri sabia que la razón de su rechazo hacia los androides era su incapacidad para lavarles el cerebro.









Sentado frente a la Reina, Yuuri ponía todo su empeño en no mirarla. Era tentador y desagradable al mismo tiempo, y ambas sensaciones lo sacaban de quicio. Takeshi estaba a su lado, mientras que Mila y el segundo taumaturgo flanqueaban a la reina. Los dos guardias lunares montaban guardia junto a la pared. Yuuri se preguntó si alguna vez comerían.








El asiento del emperador, en la cabecera de la mesa, permanecería desocupado hasta la coronación. Yuuri tampoco deseaba mirar aquella silla vacía.









Minako hizo un gesto elegante con el que atrajo la atención de todos los comensales, aunque únicamente pretendía tomar un sorbo de té. Los labios de la reina se curvaron al dejar la taza sobre la mesa y encontrarse con la mirada de Yuuri.









—Mila me ha informado de que celebraban anualmente unos pequeños festejos -comento con voz tan cadenciosa como el arrullo de una nana-.










—Sí -contesto Yuuri, removiendo los trozos de Kushiage que trajeron como aperitivo con los palillos-. Siempre se inician con la novena luna llena del año.











—Oh, qué detalle por vuestra parte regir vuestras festividades por los ciclos de mi planeta











Yuuri estuvo a punto de atragantarse al oír la palabra “planeta”, pero reprimió sus burlas a tiempo.










—Celebramos el final de la Cuarta Guerra Mundial -comentó Takeshi-.














Minako chascó la lengua.













—Ese es el problema de que haya tantos países en un solo planeta. Demasiadas guerras.












Algo cayó en el plato de Yuuri. Al mirar, vio que el kushiage se había partido a la mitad debido a la presión de los palillos.















—Tal vez tendríamos que agradecer que estallara la guerra y obligara a los países a unirse como acabaron haciendo.









—No creo que a los terrestres les hiciera algún mal -comento Minako-.














A Yuuri le palpitaban los oídos. Habían muerto millones de personas en la cuarta guerra mundial. Culturas enteras se habían extinguido, decenas de ciudades habían quedado reducido a cenizas, entre ellas la antigua Pekin. Por no mencionar los incontables recursos naturales que se habían desperdiciado y perdido en la guerra química y nuclear. Si, estaba bastante seguro de que a los terrestres no les había hecho ningún bien.












—¿Más té, Alteza? -intervino Takeshi-.









El ofrecimiento del consejero sobresaltó a Yuuri, quien en ese momento se dio cuenta de que empuñaba los palillos como si fueran un arma.











Renegando para sus adentros, se incorporó ligeramente para que un sirviente le llenara la taza.














—No obstante, hemos de reconocer que gracias a la guerra se acabó firmando el tratado de Bremen -prosiguió Takeshi-, el cual, hasta la fecha, ha demostrado ser beneficioso para todos los paises de la Unión Terrestre. Por descontado, esperamos ver pronto vuestra firma en el documento, su Majestad.














Los labios de la reina formaron una fina línea.













—Por supuesto, Vuestros libros de historia prodigan en las bondades del tratado. Aún así, sigo teniendo la impresión de que Luna, un país único dirigido por un único gobernante, se presta como una fórmula más idónea. Un sistema justo y beneficioso para todos sus habitantes.













—Siempre que su gobierno sea justo -observo Yuuri-.












La reina tensó la mandíbula con cierto desdén, que fue sustituido casi al instante por una sonrisa serena.









—Algo de lo que Luna disfruta, por descontado, como lo demuestra ciento de años en los que no ha estallado ni una sola revuelta, ni hemos conocido la más mínima disensión. Nuestros libros de historia así lo atestiguan.













“Menuda Sorpresa”. Eso es lo que hubiera rezongado Yuuri de no haberse percatado de la mirada severa que le dirigía Takeshi.












—Algo que todos los gobernantes tratan de alcanzar -contestó Takeshi-.












Los sirvientes se adelantaron y se llevaron el primer plato para sustituirlo por el plato principal, cubierto por una tapa de plata.













—Mi reina siente deseos como ustedes de estrechar lazos entre Luna y la Tierra -intervino Mila-. Es una lástima que no pudieran alcanzarse un acuerdo durante el mandato de su padre, pero albergamos la esperanza de que vos, Alteza, sea más partidario de aceptar nuestros términos.











Una vez más, Yuuri se obligo a moderar la fuerza con la que sujetaba los palillos, no fuera a ser que, sin querer, saltara por encima de la mesa y se los clavara en los ojos de aquella Bruja. Su padre había probado todos los arreglos posibles para forjar una alianza con Luna, salvo el único punto en el que no estaba dispuesto a claudicar. Aquel que, de producirse, conduciría al fin de la libertad de su pueblo: un matrimonio con la reina Minako.










Sin embargo, nadie puso objeciones al comentario de Mila. Ni siquiera él. Era incapaz de apartar de su mente la imagen de la reunión que se había celebrado ese mismo día, la de los mutantes lunares, el ejército de criaturas de aspecto inhumano. A la espera.










Le producía escalofríos, aunque no solo por lo que había visto, sino por lo que imaginaba que le quedaba por ver. Si estaba en lo cierto, Minako había sacado asu ejercito para exhibirlo, como una amenaza. Sin embargo, sabía que la reina no era de las que mostraba sus cartas con tanta facilidad.












De modo que, ¿qué más les ocultaba?. ¿Y se atrevería Yuuri a arriesgarse a descubrirlo?










Matimonio. Guerra. Matrimonio. Guerra.










Los sirvientes levantaron al unísono las tapas de plata y liberaron nubecillas de vapor con el plato de Tonkatsu aromatizadas con ajo y aceite de sésamo.











Yuuri les musitó un agradecimiento por encima del hombro sintiendo su estómago rugir, pero sus palabras se vieron interrumpidas por el chirrido de las patas de la silla de la reina sobre el suelo de mármol. Minako había separado su asiento de la mesa con brusquedad, ahogando un grito.













Desconcertado, Yuuri siguió la mirada hasta su plato. En vez del fino filete de pollo empanizado, el plato contenía un pequeño espejo de mano encajado en un marco de un reluciente blanco plateado.














—¿Como te atreves? -Minako volvió su mirada encendida hacia la camarera que le había servido la comida, una mujer de mediana de edad y pelo cano.










La sirvienta retrocedió tambaleante, con los ojos abiertos de par en par.















Minako se levantó tan rápido que la silla cayó al suelo detrás de ella. Un coro de chirridos acompaño el estrépito al tiempo que todo el mundo se ponía en pie arrastrando las sillas.












—¡Habla, repugnante terrestre! ¿Cómo te atreves a insultarme?














La sirviente sacudió la cabeza, muda.












—Su Majestad… -trató de intervenir Yuuri-.









—¡Mila!









—Mi Reina 







—¡Está insignificante humana, me ha faltado el respeto! ¡Es intolerable!.








—¡Su Majestad!  -dijo Takeshi- por favor, cálmense. No sabemos si está mujer es la responsable. No debemos precipitarnos.










—Entonces, debe servir de ejemplo  -replicó Mila, con voz gélida-, de esa manera, el verdadero culpable cargará con los remordimientos, lo cual a menudo es un castigo mucho peor.








—Nuestro sistema no funciona así -repuso Takeshi. Tenía el rostro encendido- mientras estén aquí en calidad de invitados, tendrán que atenerse a nuestras normas.









—No atacaré unas leyes que permiten prosperar la desobediencia -dijo Minako-. ¡Mila!










Mila rodeo la silla caída de la reina. La sirvienta retrocedió, haciendo reverencias, musitando disculpas y suplicando piedad, sin saber qué decía.









—¡Basta ya! ¡Déjenla en paz! -intervino Yuuri, corriendo hacia la sirvienta.









Mila cogió un cuchillo de la mesa y se lo tendió a la mujer por la empuñadura. La mujer lo aceptó, llorando, sin dejar de suplicar.









Yuuri se quedó boquiabierto, a un tiempo indignado y fascinado al ver que la sirvienta volvía la hoja hacia si misma, asiendo la empuñadura con ambas manos.











El bello rostro de Mila conservo su expresión serena, como si estuviera hecho de porcelana.












Con manos temblorosas, la sirvienta fue alzando poco a poco el cuchillo hasta detener el reluciente filo en la comisura del ojo.









—No -gimoteó-. Por favor.












Yuuri se estremeció al comprender lo que Mila pretendía obligarle hacer a aquella mujer. Irguió la espalda, con el corazón a punto de salírsele del pecho.










—¡He sido yo!












Un silencio absoluto se impuso sobre la estancia, únicamente interrumpido por los sollozos convulsos de la mujer.















Todos se volvieron hacia él. La reina, Takeshi, la sirvienta, con un rasguño de la herida junto al parpado, sin soltar el cuchillo.
















—He sido yo -repitió.














Miró a Mila, quien lo observaba imperturbable, y luego a la reina Minako.









La reina tenia las manos cerradas en un puño junto a las caderas y echaba fuego por los ojos. Una ira apenas controlada le encendía la piel. Por un fugaz instante, incluso resultó repulsiva,con la respiración entrecortada y los labios de color cereza fruncidos en una apretada mueca.












Yuuri se pasó la lengua seca por el paladar.













—Di orden en cocina para que pusieran un espejo en vuestra bandeja. -Mantuvo los brazos pegados amlos costados para contener el temblor-. Solo pretendia gastarles una broma inocente. Ahora comprendo que tome una decisión precipitada, animado por mi ignorancia, y que existen diferencias culturales insalvables, por todo esto, les pido una disculpa y solicito vuestro perdón. -Sostuvo la mirada de Minako-. Y si no podrían convencerme de su perdón, al menos dirijan su rabia hacía mí y no hacía la sirvienta, quien ignoraba que el espejo estuviera ahí. Solo yo merezco ser castigado.













Si la tensión le había resultado difícil de soportar durante el aperitivo, en esos momentos lo asfixiaba.















La respiración de Minako volvió a calmarse mientras sopesaba las opciones. No se lo había creído, era mentira, y todos lo sabían. Sin embargo, el joven había confesado.













Abrió las manos y extendió los dedos sobre la tela del vestido.












—Suéltala.










El cuchillo cayó al suelo con estruendo. La mujer retrocedió tambaleante hasta topar con la pared y se llevó las manos temblorosas a los ojos, a la cara, a la cabeza.










—Gracias por su sinceridad, Alteza -dijo Minako con voz neutra y apagada-. Disculpas aceptadas.












Acompañaron fuera del salón a la mujer llorosa. Takeshi se estiró, cogió la tapa de plata y cubrió el espejo.









—Traigan a nuestra invitada otro plato.












—No es necesario -dijo Minako-. He perdido el apetito.












—Su Majestad… -quiso protestar Takeshi-.












—Me retiraré a mis aposentos -zanjó la reina.Seguía enfrentada a Yuuri a través de la mesa, con sus ojos frios y calculadores clavados en el futuro emperador, que era incapaz de apartar los suyos-. Esta noche he aprendido algo muy valioso sobre vos, joven príncipe. Espero que vos también hayas aprendido algo sobre mí.









—¿Que preferís recurrir al terror en lugar de la justicia para gobernar? Lo lamento, Su Majestad, pero temo que eso ya lo sabía.










Takeshi se llevo la mano a la cara con un sonoro golpe , sin creer lo que acaba de escuchar.













—No, en absoluto. Espero que hayan comprendido que sé decidir qué batalla me conviene liberar. -Sus labios se curvaron en una sonrisa y recupero su belleza en todo su esplendor-. Si con ello gano la guerra.











Abandonó la estancia con la suavidad de una pluma, como si nada hubiera pasado. Su guardas acomodaron el paso tras ella. Cuando el repiqueteo de las botas de ellos se perdieron en los pasillos, Yuuri se desmoronó en la silla que tenía más cerca, se quito los anteojos y hundió la cabeza en las rodillas. Tenía arcadas y sentía los nervios a flor de piel. Perdió totalmente las ganas de comer.










Oyó que alguien levantaba una silla y vio que Takeshi se sentaba a su lado, con un hondo suspiro.










—Tendremos que investigar quién está realmente detrás del asunto del espejo. Si resulta ser alguien del personal, habría que relevarlo durante el tiempo que la reina permanezca en el palacio.












Yuuri levantó la cabeza lo justo para mirar por encima del borde de la mesa , donde vio la magnifica tapa de plata delante de la silla abandonada de la reina. Hizo una profunda inspiración, alargó la mano libre, levantó la tapa y asió el espejo por el bello mango.











Se puso los lentes para poder examinarlo, era tan liso como el cristal, pero lanzó destellos de diamante cuando lo movió bajo la luz tenue de la sala. Solo había visto aquel tipo de material una vez, en una astronave.









Volvió el espejo hacia Takeshi y sacudió la cabeza, indignado.










—Misterio resuelto -dijo, girandolo para que el consejero pudiera apreciar los extraños simbolos rúnicos, grabados en la parte posterior de la montura.











Takeshi se le quedó mirando, atónito.








—Nos ha puesto a prueba.









Yuuri dejó caer el espejo sobre la mesa y se froto la frente con los dedos, sin dejar de temblar.











—Alteza -un mensajero se detuvo junto a la puerta y unió los talones con un golpe seco-. Traigo un mensaje urgente del ministro de Salud y Seguridad Publica.












Yuuri miro irritado al mensajero. Trato de respirar hondo para calmarse.













—¿No pudo haberme enviado una com? -se llevo la mano libre al cinturón antes de recordar que Minako había solicitado la retirada de todos los portavisores durante la comida. Gruño y se enderezo-.¿Cual es el mensaje?







El mensajero entró a la estancia, con los ojos brillantes.







—Se ha producido un altercado en la cuarentena del distrito veintinueve. Una persona no identificada ha atacado a dos med-droides, ha inutilizado a uno de ellos y se ha dado a la fuga.









Yuuri frunció el ceño, enderezándose.









—¿Un paciente?








—No estamos seguros. Los únicos androides que habían podido obtener una buena imagen eran precisamente los que quedaron inutilizados. Otro androide consiguió registrar desde lejos parte de lo que sucedía, pero solo grabó la espalda de la persona en cuestión. No hemos podido obtener una identificación precisa. En cualquier caso, no parece enferma.










—Todos los que están en las cuarentenas están enfermos.













El mensajero vaciló. Yuuri aferró con fuerza los brazos de la silla.











—Tenemos que encontrar a ese sujeto. Si tiene la letumosis…










—Parece que se trata de una mujer, Alteza. Y todavía hay más. Las grabaciones que obran en nuestro poder la muestran hablando con otra paciente momentos después de que atacará al primer med-droide. Una niña llamada Soary, que ingreso ayer en las cuarentenas con letumosis en fase dos.








—¿y?









El oficial se aclaró la garganta.










—Parece que la niña está recuperándose.










—¿De que? ¿Del ataque?










—No Alteza… Parece qué esta recuperándose de la enfermedad.










Ambos, consejero y príncipe se levantaron asombrados de sus asientos y hacharon  a correr en dirección en donde había entrado el mensajero.


Buenas gente linda! 😅 

Señores!! Vemos en función cómo manipulan los lunares la mente humana y lo descarada que puede ser Minako!! 

A Takeshi le va a dar el patatús si Yuuri no se muerde la lengua, siento un poco de pena por él, pero solo un poco 😂😂😂😂

Y será que descubren que nuestra niña estuvo involucrada en el altercado de las cuarentenas? 
Que piensan ustedes? Me encantaría leer sus teorías! ❤️

Ojalá les guste mucho el capítulo 🙂

Les dejo imágenes de los platillos mencionados. 

Torikatsu:



Torikatsu:

No se ustedes, pero con esto me dio mucha hambre xD iré a cenar,¡Nos vemos pronto! Un abrazo!!

No se ustedes, pero con esto me dio mucha hambre xD iré a almorzar,
¡Nos vemos pronto! Un abrazo!!

Publicado por dmoonbrillentq

Dmoonbrillentq me encanta leer y ver anime, es una forma de poder desprenderme de toda la realidad y adentrarme a miles de aventuras que disfruto montones, por lo que cada historia y experiencias me encantaría poder compartirlo con ustedes. A nivel más personal amo la música y el baile <3 y ayudar a las demás personas, por lo que si necesitas en algún momento poder conversar con alguien aquí estaré

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