VICDER: CAPITULO VEINTICINCO


Desde que salieron del ascensor y hasta que llegaron al despacho del doctor Yakov, Yuuri recibió dos coms  -Vicder lo sabía porque había oído el tintineo que Procedía del cinturón-, que no contestó. El joven insistió en llevarla en brazos a pesar de las protestas de Vicder, que afirmaba que podía caminar sin ayuda, y de las miradas curiosas de aquellos con quienes se cruzaron y que al príncipe no pareció importarle ni la mitad de lo que le incomodaba a Vicder. Quería que se la tragara la tierra ahí mismo, estaba llamando demasiado la atención.

Yuuri entro sin llamar cuando se detuvieron frente a la puerta del doctor Feltsman, y este no pareció sorprenderse al ver que quién había irrumpido en su despacho sin anunciarse no era otro que el príncipe Yuuri.

—Le ha vuelto a ocurrir  -informó Yuuri-. Lo del desmayo o lo que sea.


Los ojos azules del doctor Yakov se volvieron hacia Vicder.

—Ya se me ha pasado -aseguró la Joven-. Estoy bien.


—No, no estas bien  -insistió Yuuri-. ¿Que le ocurre? ¿Qué podríamos hacer para que no volviera a ocurrirle?


—Le echaré un vistazo  -dijo el doctro Yakov-. A ver qué se puede hacer.


Yuuri gruño con aquella respuesta, no parecía que el doctor le tomara demasiada importancia.

—Si necesita fondos para la investigación… O un equipo especial  o lo que sea…


—No adelantemos acontecimientos  -dijo el médico-. Seguramente lo único que necesita es un par de reajustes.


Vicder apretó la mandíbula en cuanto el detector de mentiras empezó a parpadear. Volvía a mentirle al príncipe. Y a ella. Sin embargo, Yuuri no puso objeciones ni hizo más preguntas, pero si una profunda inspiración antes de volverse hacia Vicder. Su expresión la incomodó, aquellos ojos que la miraban como a una frágil muñeca de Porcelana.

Aunque también creyó distinguir en ellos cierto desengaño.

—Estoy bien de verdad.

Vicder sabía que no le creía, pero Yuuri no tenía modo de demostrar que mentía. El comunicador volvió a sonar. Esta vez lo consultó. Yuuri frunció el ceño y lo apagó.

—Tengo que irme.

—Es evidente.

—El primer Ministro de África ha convocado una reunión de dirigentes mundiales. Cosas aburridas de políticos. Mi consejero está a punto de sufrir una crisis nerviosa al no ubicarme.

Vicder enarcó las cejas, esperando que aquel gesto expresara suficientemente que aprobaba su partida. Después de todo, era un príncipe. Los hombre y mujeres más poderosos de la Tierra lo habían citado. Lo comprendía.

Aún así, él seguía allí, con ella.

—Estoy bien  -repitió-. Ve

Yuuri pareció relajarse. De pronto se volvió hacia el doctor Yakov. 

—S’il vous Plaît, docteur, Je ne peux pas la perdre aussi. 

—Ne t’inquiète pas Jeune Prince. Elle ira bien.

Vicder volteo la cara, avergonzada. Había entendido lo que se habían dicho pero no dijo nada. Desde que era una niña, A veces practicaba con Chris cuando tenían unos pequeños tiempos libres. 



Yuuri afirmó un poco más tranquilo, metió las manos en el bolsillo y sacó un frasco, dándoselo al doctor.


—Vine a darle esto 


El doctor Yakov se coloco las gafas y alzo el vial de cristal hacia la luz.
Estaba lleno de un líquido transparente.



—¿Y esto es? 


—Un presente de la Reina Minako, según ella, es un antídoto contra la letumosis.

A Vicder le dio un vuelco el corazón. Su mirada se dirigió hacia el vial.

¿Un antídoto? ¡Yuko!

El doctor empalideció y abrió los ojos de par en par tras los vidrios de las gafas.

—Ah, ¿Sí? 

—Podría ser una treta. No lo se, se supone que es una dosis única, suficiente para un hombre adulto.

—Ya veo 


—¿Cree que pueda duplicarlo? Suponiendo que realmente sea una cura.

El doctor Yakov frunció los labios hasta que formaran una línea y bajo el vial.


—Eso depende de muchas cosas Alteza -dijo, tras una larga pausa- pero haré todo lo posible que esté en mis manos.

—Gracias, infórmeme cuando tenga algún resultado.




—Por supuesto




Aliviado, Yuuri relajó el ceño y se volvió hacia Vicder.



—Y tú, si cambias de opinión sobre el baile, ¿me lo dirás?



—Te lo dire -Vicder agachó la cabeza-.



La sonrisa del joven no se reflejó en sus ojos, solo se acercó y le acarició el cabello. Tras de eso hizo una leve reverencia y se fue.


Vicder respiro profundo y se volvió hacia el vial encerrado en el puño del médico y sintió que la esperanza renacía en su interior.



Sin embargo, también se fijó en los nudillos blancos del hombre y al levantar la vista se topó con una mirada furibunda.



—¿¡Que demonios está haciendo usted aquí!? -pregunto el hombre, aporreando la mesa con la otra mano. Vicder dio un respingo sorprendida ante su vehemencia-. ¿Es que no sabe que la Reina Minako está aquí, ahora, en el palacio? ¿Es que no me entendió cuando le dije que se mantuviera lejos de aquí?.



—Tenia que traerle a Makkachin al príncipe, es parte de mi trabajo -respondió en defensa cruzándose de brazos-.



—!Usted me está hablando de cómo ganarse la vida! ¡Yo le habló de cómo puede conservarla! Este no es un lugar seguro para usted.



—Para que sepa, esa androide puede ser de vital importancia -apretó los dientes, reprimiéndose para no decir nada más. Se quitó los asfixiantes guantes con un hondo suspiro y se los metió en el bolsillo- Esta bien, lo siento. Siento no haberle hecho caso en esta ocasión. 



Yakov la miro indignado


—¿Como puede decir eso? Señorita Vicder, usted nunca me ha hecho caso con las ordenes que le indico -suspiro dejándose caer en la silla- Tiene que irse, de inmediato. ¿Que tal que se le ocurra pasar por los laboratorios? 


—No creo que se le ocurra pasar por los laboratorios, además, es demasiado tarde, la Reina ya me ha visto.




Esperaba que el médico estallara ante aquella confesión, pero para su sorpresa, una expresión aterrorizada sustituyó el ceño. Las pobladas cejas rozaron el borde de la gorra.





—¿La ha visto? ¿Está segura?



Vicder asintió con la cabeza.




— Estaba en el patio durante la manifestación. La Reina Minako apareció en uno de los balcones superiores, y algo les hizo a la gente. Les lavo el cerebro o los hechizo o como quiera que se llame, pero todos se calmaron y dejaron de protestar. Fue espeluznante.



—Si -El doctor dejó el vial en la mesa- Así es fácil de entender cómo su pueblo no se rebela en su contra. ¿Verdad?.




Vicder se inclinó hacia adelante y empezó a tamborilear con los dedos metálicos sobre el escritorio .



—Además hay algo más, usted me dijo que el hechizo lunar no afecta a los caparazones ¿verdad?, y que por eso ordenó que los… que nos mataran a todos, ¿no es así?.


—Correcto


—Pues me afecto. Confié en ella como todos los demás. Al menos hasta que mi programación intervino y se hizo con el control. Eso no debió de haber ocurrido, ¿no es cierto?, porque soy una caparazón.


—No. -contestó sin demasiada convicción- Eso no debió haber ocurrido.


El hombre se levantó de la silla y se volvió hacia el alto ventanal que cubría del suelo al techo.


Trago saliva y enderezó la espalda.

—¿Doctor?, no parece demasiado sorprendido.


El hombre alzo la mano y se dio unos golpecitos en la boca con un par de dedos antes de volverse a ella, muy despacio.

—Debo de haber malinterpretado mal sus diagnósticos.



Mentira.


Vicder se retorció las manos en el regazo.


—O no me ha dicho la verdad


El hombre frunció el entrecejo, pero no lo negó. Los dedos de Vicder se crisparon.

—Entonces, ¿no soy Lunar? 

—No,no, usted es Lunar sin lugar a dudas.


Verdad.


—He estado investigando un poco sobre su familia señorita Vicder  -El hombre debió de ver cómo se le iluminaba la mirada, porque se apresuró a levantar ambas manos-. Disculpe, me refiero a su familia adoptiva, ¿Sabía usted que su tutor fallecido, Linh Hisashi diseñaba sistemas robóticos?

—Esto… -Vicder pensó en las placas y los premios que descansaban en la repisa del salón de Anya-. La verdad es que no me extraña.


—Bien, el año anterior a que la operarán, su tutor presentó un invento en la feria científica de Nueva Pekín. Un prototipo. Lo llamaba sistema de seguridad bioeléctrico.

Vicder lo miro sorprendida.

—¿Que? 

De pie, el doctor Feltsman encendió una telerred hasta que un holograma familiar parpadeo delante de ellos. Hizo que apareciera en primer plano la representación del cuello de Vicder y señalo un puntito negro en la parte superior de la columna.

—Esto.


Vicder se llevo la mano a la nuca y se la masajeó. 

—Es un dispositivo conectado al sistema nervioso de una persona. Tiene dos propósitos: En un terrestre, impide la manipulación externa de su bioelectricidad personal, consigue que sea inmune al control lunar. Pero en un Lunar, le impide manipular la bioelectricidad de los demás. Es como si le hubieran puesto un seguro a esa capacidad.


Vicder sacudió la cabeza, confundida.

—¿Un seguro?¿A la magia? ¿Eso es posible?


El doctor levantó un dedo a modo de advertencia.

—No es magia. Lo único que consigue insistiendo en que se trata de magia es conferirles más poder y que la gente les tema más. No olvidemos que paso hace muchos pero muchos años, en la historia, sobre la caza de mujeres que creían que practicaba magia y eran inocentes. Solo por el temor a lo desconocido.


—De acuerdo. A lo que sea bioeléctrico. ¿Es eso posible?


—Por lo visto, sí. El don de los lunares reside en su capacidad para manipular el cerebro de los demás y controlar su energía electromagnética. Para impedir que utilizaran dicha capacidad sería necesario modificar el sistema nervioso cuando entra en el tallo cerebral, y conseguirlo sin que queden afectados la motricidad y el sistema sensorial es… impresionante. Realmente brillante.


Boquiabierta, Vicder siguió al hombre con la mirada mientras este regresaba a su asiento.

—Se habría hecho rico.


—Puede ser, si hubiera vivido lo suficiente -el hombre apagó la pantalla-.Cuando presentó el prototipo en la feria, todavía no lo había probado y sus contemporáneos acogieron la idea con escepticismo, tal como corresponde.Primero tenía que realizar las pruebas pertinentes.

—Y para ello necesitaba a un lunar.


—Lo ideal hubiera sido contar con ambos especímenes, uno lunar y otro terrestre, para comprobar ambas funcionalidades de manera separada. Desconozco si encontró un sujeto terrestre, pero es evidente que dio con usted y que le instalo su invento para impedir que utilizara su don. Eso explica por que no ha podido usarlo desde que la operaron.

Vicder movió las piernas con nerviosismo.

—No se equivocó al interpretar mis diagnósticos, Usted lo sabía desde le principio. Desde el momento en que entré en este laboratorio, sabía que yo era lunar y que tenía ese seguro de locos y… Usted lo sabía.

El doctor Yakov se retorció las manos. Hasta ese  momento Vicder no se había fijado en la alianza de oro que llevaba en el dedo.

—¿Que me hizo?  -dijo, levantándose del asiento-. Cuando sentí ese dolor tan insoportable después de que me tocara el cuello y acabé desmayándome. Y luego hoy otra vez. ¿Por qué me ocurre eso? ¿Qué me esta pasando?.

—Tranquilícese señorita Vicder

—¿Por qué? ¿Para que me siga mintiendo al igual que le ha mentido a Yuuri?

—Si le he mentido solo ha sido para protegerla.

—¿Protegerme de qué?

El doctor  unió las yemas   de los dedos de ambas manos.

—Entiendo que este confusa…


—¡No, no entiende nada! Hace una semana sabia exactamente quién era, qué era, y puede que solo fuera una ciborg insignificante, pero al menos lo sabía. Ahora… ahora resulta que soy lunar, una lunar que podría tener poderes pero que no puede usarlos, y encima está esa loca demente que quiere matarme y no sé por qué.


NIVELES ELEVADOS DE ADRENALINA, le avisó su panel de control. LINEA DE ACTUACIÓN RECOMENDADA: RESPIRACIÓN LENTA Y ACOMPASADA. CONTANDO: UNO, DOS, TRES…

—Por favor, señorita Vicder, tranquilícese. En realidad, es bueno que la escogieran para ponerle ese seguro.


—Oh claro, por supuesto. ¿A quien no le gustaría que la trataran como a un conejillo de Indias?


—Le guste o no, el seguro le ha ahorrado demasiados problemas.


—¡¿Cuales?!


—Se lo diré en cuanto deje de chillar 


Vicder se mordió el labio y sintió que su respiración se estabilizara casi en contra de su voluntad.

—De acuerdo -dijo cruzando los brazos, sentándose- pero esta vez quiero la verdad.


—A veces, es usted capaz de crisparle los nervios a cualquiera, señorita Vicder. -el doctor Fletsman suspiró y se rascó la sien-. Verá, manipular la bioelectricidad es un acto tan natural para los lunares que resulta prácticamente imposible impedir que lo hagan, sobre todo cuando son muy jóvenes. Si hubieran dejado que se las arreglara sola, abría atraído demasiada atención hacia su persona. Habría sido como tatuarle “lunar” en la frente. Y aunque hubiera conseguido aprender a controlarlo, el don es una parte fundamental de lo que somos, que dominarlo puede producir efectos psicológicos colaterales devastadores: alucinaciones, depresión… incluso locura. -Volvió a unir las puntas de los dedos de ambas manos haciendo m una pausa- En fin, verá, ponerle un seguro a su don la protegió de usted misma, en muchos sentidos.

Vicder se le quedó mirando fijamente.

—¿Comprende hasta que punto ambos salieron ganando? -prosiguió el doctor-, Linh Hisashi consiguió a su sujeto y usted pudo integrarse  entre los terrestres sin perder la cabeza.


Vicder se inclino hacia adelante, despacio.

—¿Somos?

—¿Disculpe?


—Somos. Ha dicho que el don forma parte fundamental de lo que somos.


El hombre se levanto, dándose la vuelta.

—Ah, ¿he dicho eso?

—¡Usted es lunar!

El doctor Feltsman se quito el sombrero y la arrojó sobre la mesa. Sin ella, parecía más encorvado. Más viejo. Volvió al frente de Vicder, quien la miraba fijamente.

—No me mienta.

—No iba hacerlo, señorita. Solo intentaba encontrar el modo de explicárselo de manera que dejara de lanzarme esas miradas tan acusadoras.

Vicder apretó los dientes, se levantó de un salto y se alejó de la mesa sin apartar la mirada de él, como si en cualquier momento fuera a aparecer un tatuaje en la frente del hombre donde se leyera “lunar”.

—¿Como voy a creer nada de lo que me ha dicho? ¿Cómo se que ahora mismo no está lavándome el cerebro?

El hombre se encogió de hombros

—Si fuera por ahí hechizando a la gente todo el día, al menos haría que me viera más alto y más Joven para que mi compañera de laboratorio me hiciera un poco de caso y dejar de estar peleando todo el tiempo, ¿no cree usted?

Vicder frunció el ceño, ausente, recordando a la reina en el balcón y a su optobiónica advirtiéndole de que alguien mentía, a pesar de que nadie había dicho nada. De algún modo, su cerebro distinguía entre realidad y ficción, aun cuando sus ojos eran incapaces de hacerlo.

Lo miró con desconfianza, señalándolo con un dedo acusador  

—Utilizó su mente para controlarme, cuando nos conocimos. Usted… me lavó el cerebro. Igual que la reina. Hizo que confiara en usted.


—Lo lamento, pero, sea justa. Iba a atacarme con una llave inglesa sin permitirme hablar.


Su rabia flaqueó. El doctor abrió las palmas hacia ella.

—Señorita, le aseguro que en los años que llevo en la tierra no he utilizado el don ni una sola vez, y pago el precio de esa decisión a diario. Mi estabilidad mental, mi salud psicológica, hasta mis sentidos se recienten porque me niego a manipular los pensamientos y los sentimientos de los que me rodean. No todos los lunares son de confianza, eso lo se bien, pero puede confiar en mí.


Vicder tragó saliva y apoyó los brazos en el respaldo de la silla.

—¿Lo sabe Yuuri?


—Por supuesto que no, nadie debe saberlo.


—Pero trabaja en el palacio, ve a Yuuri todo el tiempo. ¡ Y al emperador Toshiya!


Los ojos azules del doctor delataron una irritación pasajera.

—Sí, ¿y eso por que tendría que ser preocupante?


—¡Porque usted es Lunar!


—Igual que usted, ¿Debería considerar que la seguridad del Príncipe se ve amenazada porque esta enamorado de usted y le pidió ir al baile?


—¡Sí!… ¡No!… Él no está… ¡Aahhh! No sé, ¡No es lo mismo!.


—No se obstine, señorita Vicder. Entiendo que pueda tener prejuicios. En muchos aspectos son comprensibles, incluso justificados, teniendo en cuenta la historia conjunta de la tierra y luna, pero eso no significa que todos seamos seres malvados, interesados y codiciosos. Créame, no hay una sola persona en este planeta que desee ver destronada a la reina Minako más que yo. La mataría yo mismo si pudiera.


El doctor echaba chispa por los ojos y tenía el rostro ligeramente congestionado.

—De acuerdo. -Vicder pellizcó el cojín del respaldo hasta que sintió que el material cedía entre sus dedos de acero-. Estoy dispuesta en aceptar que no todos los lunares son seres malvados y que no todos permiten que Minako les lave el cerebro con tanta facilidad; sin embargo, ¿cuantos de esos que desean plantarle cara arriesgan sus vidas para huir? -hizo una pausa y lo miró fijamente-, ¿Por qué huyo usted?


El doctor, tras una breve vacilación, volvió a hundirse en su asiento, derrotado.

—Asesinó a  mi hija.


Verdad.

Vicder irguió la espalda.

—Lo peor de todo -prosiguió el hombre- es que, si se hubiera tratado de cualquier otra criatura, me habría parecido justo.


—¿Qué? ¿Por que?


—Por que era una caparazón -recogió el sobrero y la estudió con atención mientras hablaba-. Siempre había aprobado las leyes, creía que los caparazones eran peligrosos, que nuestra sociedad se desintegraría si se les permitía vivir. Pero mi niñita no. -Una sonrisa amarga contrajo sus labios-. Cuando nació, y después de que crecía y la diagnosticaron como caparazón,?pensé en huir con ella, en traerla a la Tierra, pero mi mujer era incluso más devota de su Majestad de lo que yo había sido. No quería saber nada de la niña y en el momento en que estaba escapando nos delato… se llevaron a mi pequeña luna, igual que a todos los demás. -Volvió a colocarse el sombrero y miro a Vicder-. Ahora tendría mas o menos su edad.


Vicder rodeo la silla y se sentó en el borde.

—¿Como era?


—Era una bebé preciosa, tenia el cabello tan negro como la noche y sus pequeños ojitos, se parecían a los míos.


—Lo siento mucho.


—De eso ya hace mucho tiempo. Señorita Vicder, es necesario que entienda por todo lo que tuvo que pasar la persona que la sacó de Luna para traerla hasta aquí y los riesgos que asumió para ocultar su don lunar, para protegerla.


Vicder cruzó los brazos.

—Pero, ¿por que yo? No soy un caparazón. No estaba en peligro. No tiene sentido.


—Lo tendrá, se lo prometo. escúcheme con atención, pues lo que voy a decirle puede que la impresione profundamente.


—¿Que me impresione? ¿Quiere decir que ahora viene el plato fuerte y que todo lo que me ha contado hasta ahora no era nada más que un aperitivo?


La mirada del hombre se dulcificó.

—Está recuperando su don, señorita Vicder. Logré manipular su bioelectricidad para anular de manera temporal el dispositivo de su padrastro. Eso es lo que hice el primer día que estuvo aquí, cuando perdió la consciencia. El seguro que le colocaron a su don quedó irremediablemente dañado. Con la práctica, conseguirá anular los mecanismos de seguridad usted sola, hasta que vuelva a hacerse con el control total de su don. Ya sé que le provoca grandes dolores cuando aparece de sopetón, como hoy, pero ese tipo de episodios no deberían repetirse demasiado a menudo, solo en momentos de intensa alteración emocional. ¿Sabe que ha podido desencadenarlo hace unos instantes?


Vicder recordó la proximidad de Yuuri en el ascensor y volteó la cara agachandola rápidamente, aclarándose la garganta

—Eeehh e…en realidad, solo hablábamos en el ascensor.


El doctor la miro con una sonrisa

—Así que es cierto


—¿Que cosa?


—Oh nada grave señorita Vicder, solo que un ayudante mió llego gritando emocionado que estaba esperando el ascensor y fue testigo de como una joven coqueteaba con el príncipe Yuuri y se encerraron por mucho tiempo en el ascensor, lo normal de todo los días


Vicder Sintió un vuelvo en el estomago, empezó a sentir calor hasta que su mecanismo intervino para no sobrecalentarse.

—Yo.. no… eso no… no cambiemos el tema, me estaba diciendo que me estoy convirtiendo en una verdadera lunar.


El doctor soltó una pequeña carcajada, sacudiendo la cabeza.

—Si, Tardará un tiempo, pero al final acabará recuperando el uso total del don natural con el que nació. -Hizo un gesto con los dedos, dibujando círculos en el aire-. ¿Le gustaría probar a utilizarlos ahora? 

Vicder imagino un chispazo en los cables y algo chisporroteando en la base de su columna vertebral. Sabía que probablemente solo eran imaginaciones suyas, que solo se debía al pánico, pero no deseaba arriesgarse. ¿Qué se sentía siendo lunar? ¿Que se sentía teniendo ese poder?

Sacudió la cabeza.


—No, no me siento preparada todavía.


El doctor Feltsman la miró con tristeza.

—Por supuesto, cuando esté lista.


Vicder cruzó los brazos sobre el regazo e inspiró débilmente.

—¿Doctor?


—¿Si?


—¿Es usted inmune a la letumosis, como yo?


Yakov le sostuvo la mirada, imperturbable.

—Si, lo soy.


—Entonces, ¿por qué no ha utilizado sus muestras de sangre para encontrar el remedio? Las levas ciborg…


Las arrugas del rostro del hombre se atenuaron.

—Las he utilizado, señorita Vicder. ¿De donde cree que han salido los veintisiete antídotos que hemos probado?


—Y no ha funcionado ninguno. -Metió los pies bajo la silla, sintiéndose pequeña. Insignificante… otra vez-. Entonces, mi inmunidad no es el milagro que usted me hizo creer.


Vicder desvió la mirada hacia el Vial. El antídoto de la Reina.

—Señorita Vicder.


La joven volvió la vista hacia él y descubrió un brillo en los ojos del anciano que producía un ligero mareo, como la primera vez que se habían visto.

—Usted es el milagro que andaba buscando -dijo-, pero tiene razón, no por su inmunidad.


Vicder se le quedó mirando, esperando una explicación. ¿Que más podía tener de especial? ¿No seria el seguro de su magia lo que realmente andaba buscando el hombre? ¿El dispositivo de su padrastro?

Su com interna emitió un tintineo y la arrancó de sus pensamientos. Vicder dio un respingo y se volvió de espaldas al doctor al tiempo que el texto de color verde se deslizaba por su campo de visión.

COM RECIBIDA DESDE EL DISTRITO 29 DE NUEVA PEKIN, CUARENTENAS DE LETUMOSIS. LIHN YUKO HA ENTRADO EN LA CUARTA FASE DE LUTOMOSIS

—¿Señorita Vicder?


A Vicder le temblaban las manos.

—Mi hermana ha entrado en la cuarta fase.


Sus ojos se desviaron hacia el vial que el doctor tenía sobre la mesa. El hombre siguió la mirada.

—Ya veo -dijo-. La cuarta fase evoluciona con rapidez. No hay tiempo que perder. -Se inclinó hacia delante y cogió el vial entre los dedos-. Una promesa es una promesa.

Vicder sintió el corazón bombeando contra sus costillas.

El doctor se levantó, se acerco a una estantería y cogió un vaso de pruebas.

—¿Cuantos años tiene?

—Quince

—Entonces, creo que con esto habrá suficiente. -Vertió una cuarta parte del antídoto en el vaso de pruebas. A continuación colocó el tapón en el vial y se volvió hacia Vicder-. Tenga en cuenta que proviene de la reina Minako. Desconozco cuál es su plan, pero sé que no lo ha hecho por el bien de la tierra.Podría tratarse perfectamente de un engaño.

—Mi hermana no tiene nada que perder.

El hombre asintió y se lo tendió.

—Eso pensaba.

Vicder se levantó, tomo el vial en su mano y lo abrazó.

—¿Está seguro?

—Con una sola condición, señorita. -Vicder tragó saliva, se separaron  y se la llevo la mano al pecho -. Debe prometerme que no volverá acercarse al palacio mientras la reina Minako siga aquí.


—Lo prometo -contesto- solo si ocurriera una emergencia muy  grande, no me acercare al palacio.


—Con eso me conformo -le acarició la cabeza- Ahora señorita, corra, su hermana la necesita.


Vicder asintió con un nudo en la garganta, sonriendole débilmente y salio corriendo de la habitación.

Vocabulario:

“S’il vous Plaît, docteur, Je ne peux pas la perdre aussi.”: Por favor, doctor, no puedo perderla también.

“Ne t’inquiète pas Jeune Prince. Elle ira bien.”: No te preocupes joven Príncipe. Ella estará bien.

Hola mi gente hermosa! He regresado ❤️

Con todo el cariño les traigo este nuevo capítulo 🙂 que espero que les guste mucho!

Ahora si, hablando del capítulo! Tenemos nuestra continuación  del desmayo de nuestra niña en el ascensor y las tiernas palabras de nuestro Yuuri expresando su miedo a perderla 💖

Nuestro doctor resultó ser Lunar también!!! Y la muerte de su hija 😦 y Yuko, señores!! Llego a la última fase de la enfermedad! Ojalá Vicder llegue a tiempo! 

Que otras cosas les llamo la atención? Me encantaría leerlos.

Nos vemos pronto con un nuevo capitulo! Un abrazo

Publicado por dmoonbrillentq

Dmoonbrillentq me encanta leer y ver anime, es una forma de poder desprenderme de toda la realidad y adentrarme a miles de aventuras que disfruto montones, por lo que cada historia y experiencias me encantaría poder compartirlo con ustedes. A nivel más personal amo la música y el baile <3 y ayudar a las demás personas, por lo que si necesitas en algún momento poder conversar con alguien aquí estaré

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