Capítulo 15: Penúltima noche


Yuuri quería convencerse de que estaba haciendo lo correcto. Miraba a Phichit tan feliz y en tan calma como hacía muchos meses no lo estaba, que se sentía mal por la clase de arrepentimientos que de vez en cuando se presentaban en su cabeza. Sí, trataba de convencerse que todo estaba bien, a pesar de que, una vez la rabia había dejado de hervir la sangre en sus venas, comenzó a comprender que Víctor de verdad intentó explicarle la situación. ¿Qué hubiera pasado de habérselo permitido? ¿Habría dado una explicación tan buena como para convencerlo pese a su enojo de ese entonces? Quería flaquear, sin duda quería hacerlo, pero trataba de ver todos los factores más allá de su sentir, entre ellos el punto más importante: desde ese día Víctor no había vuelto a poner un solo pie en On Ice ni había tratado de acercarse a él de nuevo. Al parecer el mensaje de que “eran solo socios” terminó por quedarle bastante claro. Y eso estaba bien, ¿no? Una vez lograra salir del país con Phichit, eso iba a dejar de importarle.

Lo que justamente le frustraba era que, por más que lo intentaba, siempre se sorprendía a sí mismo mirando hacia la entrada del bar, casi deseando en silencio ver a Víctor cruzar la puerta y caminar hasta él más que dispuesto a limar las raspaduras que habían quedado. Eso era alguna clase de Déjà vú, ¿no? Pero ahora la sensación era tan diferente, Yuuri se sentía diferente… Por fin había creído comprender lo que estaba sucediendo entre los dos y ver todo caer tan de repente, desperdiciarse de una forma tan distinta a como había creído que lo haría, le dejaba un sentir agrio y lleno de decepción. No quería irse, pero arreglar las cosas en ese punto se había vuelto tal vez imposible… Y si no se atrevía ni quería retractarse de su decisión era principalmente por Phichit, no debía olvidar eso nunca. Además, esa iba a ser su penúltima noche en el bar y tal vez Víctor no iba a presentarse ni ese día ni nunca más. 

—Un martini, cariño.

Reconoció a aquella mujer apenas sus ojos se posaron en ella. No sabía su nombre, pero era inconfundible aquella melena rojiza y corta que caía sin tocarle los hombros. Ella era quien había atendido a Víctor aquella vez que llegó herido al bar. En un principio le sonrió coqueta al mismo tiempo que tomaba un asiento en la barra, justo enfrente suyo. Yuuri no tardó en asentir y servirle su bebida; sin embargo, pronto comenzó a sentirse algo nervioso gracias a que ella había clavado su mirada de forma muy penetrante en él y no la apartaba en absoluto, ni siquiera para intentar verse algo discreta, como si estuviera escudriñándolo a detalle y quisiera que fuera consciente de eso.  

—Luces tenso, cariño. ¿Por qué?

—No estoy tenso.

Después de dejar el martini frente a ella, Yuuri trató de controlar ese nerviosismo e incomodidad al darle la espalda y distraerse al reacomodar los vasos que usaban como adorno en la estantería junto algunas botellas. No obstante, tras sus palabras, un vaso estuvo a punto de caerse de sus manos, aunque logró sujetarlo a tiempo. 

—Ajá.

La mujer sonrió más. Yuuri intentó concentrar su atención de nuevo en sus acciones y, para su suerte, todo se mantuvo en silencio durante un rato, aunque todavía sentía la mirada ajena bien clavada en su espalda. 

—Y, dime, cariño, ¿qué piensas de Víctor Nikiforov?  

Y fue tras la mención de aquel nombre que Yuuri finalmente dejó caer una copa sin querer. Era claro que no esperaba una pregunta tan directa e invasiva como esa, sobre todo de alguien con quien apenas había cruzado un par de palabras. No la miró, sino que se agachó para comenzar a recoger con sus manos los pedazos más grandes de cristal mientras pensaba en qué responder… o si el tiempo de espera le ayudaría a evadir aquella pregunta.

Mila no se sorprendió por esa reacción. A pesar de la visión temeraria que Víctor le había ilustrado sobre Yuuri, ella intuía que en general era un chico tímido, fácil de sacar de balance si se lo hacía de la forma correcta. Y ahí estaba la prueba. Esperó divertida a que el chico terminara de juntar ese pequeño desastre, sin dejar de iluminar una sonrisa sobre sus labios, aunque esta pronto se desvaneció cuando alguien la tomó del hombro. Reconoció perfectamente que era la mano de un hombre… ¿Cómo olvidar esa asquerosa presión de superioridad y poderío sobre su cuerpo? No importaba de quién se trataba, estaba ya tan asqueada de cualquier toque proveniente de uno, que el más mínimo roce le producía una devastadora repulsión. Un escalofrío la perforó y de inmediato intentó zafarse, hasta que volteó su vista y unos gélidos ojos negros entraron en su visión. Entonces se quedó quieta, petrificada del miedo. Ahora entendía mejor el escalofrío. 

—Mila, ¿cierto? La puta que mi hermano no usa. Un sincero desperdicio.

Markov Nikiforov le sonría prepotente mientras la mano sobre su hombro se apretó con mayor fuerza, casi enterrando las uñas sobre su piel. Era una muy clara advertencia y Mila se dio cuenta mejor que nunca de su posición cuando, tras las espaldas de ese hombre, había otros tres que claramente lo custodiaban. En ese momento sentía tantos deseos de gritarle que lo soltara, de abofetearlo con todas sus fuerzas, pero sin Víctor en el bar y conociendo muy bien el temprano del hermano mayor, no era una buena idea. En especial porque desconocía qué planeaba al presentarse de esa manera en un territorio que era propiedad de Víctor. ¿Venía por ella, acaso? ¿A arrebatarle a Víctor algo que era “suyo”?

—Oye, déjala en paz.

La voz de Yuuri hizo a Mila palidecer aún más. Oh, no… seguro él no tenía idea de con quién demonios estaba tratando, en especial porque ambos hermanos no solían parecerse tanto entre sí… Tanto el cabello como los ojos de Markov eran oscuros, casi pozos aterradores por los cuales, se sabía muy bien, saldría una horrible desgracia. Mila rápidamente encajó la mirada en Yuuri, casi en regaño, advirtiéndole que cerrara la jodida boca frente a él y se alejara. Pero eso al final sería la menor de sus preocupaciones, pues no solo Yuuri había hablado con una clara amenaza hacia Markov Nikiforov, sino que saltó fuera de la barra y tomó la mano que este presionaba en su hombro con toda la intención de alejarlo a la fuerza. El efecto surtió de inmediato: uno de los guardias de Markov lo tomó bruscamente de la camisa y lo arrojó contra la barra, con una fuerza tal que, con tan solo aplicar un poco más, seguro le hubiera roto la espalda. 

—¡No! ¡Basta! —chilló Mila, consciente de que cualquiera de aquellos hombres serían capaces de matar a Yuuri sin ningún titubeo. Y creyó que eso ocurriría en el momento en que los otros dos guardias de Markov se acercaron a Yuuri y, entre los tres, comenzaron a propinarle una intensa oleada de golpes y patadas. Eran tantos a la vez que Yuuri solo optó por hacerse un pequeño ovillo en el suelo e intentar proteger su rostro y sus costillas de aquella descarga feroz. Era imposible para él intentar alejarse o contraatacar.

—¡Basta, por favor…!  ¡Dejalo! Él no sabe quién eres tú. ¿Quieres que vaya contigo? ¿Sabes cómo eso haría enfadar a Víctor? Por favor, déja…

Mila, desesperada, se había arrojado a los pies de Markov para rogarle con todas sus fuerzas que dejara a Yuuri. Se había ofrecido ella a cambio, creyendo que ese era el objetivo que pretendía al ser tan cercana a Víctor. No obstante, Markov la miró con cierto asco y sacó su arma para apuntarla en su dirección.

—No vine por ti, puta.

Tras esas palabras, dejó caer un claro “Suficiente” dirigido hacia sus hombres, mismo con el cual estos se detuvieron de inmediato. Mila miró con terror el rostro de Yuuri después del ataque: lleno por completo de protuberancias hinchadas y colores rojizos y morados que se combinaban grotescamente entre sí. Sus anteojos habían caído a un costado, destrozados. Quiso correr hacia él, pero a cambio miró Markov tratando de intuir cuál sería su próximo movimiento: si no iba por ella, entonces…  

—¡No! 

El disparo de Markov se dirigió hacia el techo, solo como una advertencia para que nadie se atreviera a acercarse. Varios de los clientes habían huído apenas la golpiza comenzó; pero otros, más curiosos que se habían quedado para observar, se arrepintieron de inmediato tras el disparo e intentaron esconderse tras alguna mesa. Phichit estaba congelado varios metros a la distancia, sin saber cómo actuar. En ese momento vaya que deseó que Nikiforov estuviera ahí. Cuando la golpiza hacia Yuuri comenzó, él estaba en la parte trasera. Había sido Georgi quien corrió hacia él para contarle lo que ocurría con su amigo, pero fue demasiado tarde: salió cuando el disparo fue lanzado al aire. En ese momento el ambiente era demasiado confuso, no sabía bien dónde estaba Yuuri ni cómo se encontraba…  ¿Qué podía hacer alguien como él?

Uno de los hombres de Markov tomó a Yuuri de los brazos y lo alzó solo un poco para comenzar a arrastrarlo consigo. El chico respiraba, sí, pero no parecía estar del todo consciente, pues sus ojos se mantenían cerrados bajo unos párpados que se habían hinchado por completo. Hubo un alarmante silencio mientras todos quienes acompañaban a Markov, y este mismo, caminaban sin prisa hacia la salida, como si nada hubiese ocurrido ahí y sin que nadie se atreviera a dar siquiera un paso hacia su dirección. Sin embargo, aquel grupo de cuatro se detuvo tan solo unos metros antes de la puerta, pues en ese momento se encontraban ahí dos personas que detenían su paso y apuntaban con firmeza sus armas hacia ellos: Yuri Plisetski y Otabek Altin.

—Que huevos de venir a poner un pie aquí. Aunque no tantos en realidad. Lo hiciste cuando Víctor no estaba. No eres más que un cobarde —masculló Yuri con firmeza, sin un solo atisbo de miedo en su voz. Sus ojos eran fieros contra el contrario: claro que a él poco le importaba lo que el apellido Nikiforov significaba en aquel hombre. 

Markov, por su parte, solo esbozó una ligera sonrisa sin notarse perturbado de aquellas dos presencias que le impedían el paso, aunque la realidad era que estaba sumamente furioso: se supone que alguien iba a encargarse de la gente de Víctor para que nadie interfiriera. 

—Apártense. 

Los hombres de Markov habían alzado también sus pistolas en respuesta. En ese momento, nadie se movía…  Nadie, incluso, parecía respirar. Las miradas estaban fijas en los objetivos claves, en espera de que alguien, quien fuera, cometiera el más mínimo error y dejara una ventana abierta de oportunidad. Y esto ocurrió algunos segundos después, en forma de una fuerte explosión que provino desde la calle.

Tanto Markov como sus hombres se vieron desorientados y confundidos con esto; sin embargo, pareció que Yuri y Otabek lo estuvieran esperando, pues ambos reaccionaron al instante. Otabek se lanzó hacia el frente, disparó de forma directa en la cabeza de quien sujetaba a Yuuri y lo tomó apenas este se vio libre. Plisetski se mantuvo en su lugar, pero había bajado su cuerpo mientras descargaba una oleada de municiones hacia el frente. No pretendía realmente dar contra alguien, era todo solo una distracción, y lo único que evitaba a consciencia era herir a Katsuki o a Otabek mientras este actuaba y podía en resguardo al otro. Y, claro, también evitaba que alguna bala ajena diera contra él. 

Los hombres de Markov reaccionaron un poco más tarde. Quien sujetaba a Yuuri no fue capaz de ver a Otabek venir; mientras que quien se encontraba más cerca de Nikiforov rápidamente lo empujó hacia el suelo y usó su propio cuerpo como un escudo al tiempo que disparaba contra Plisetski. El tercer hombre fue directo contra Otabek, quien se concentraba más en proteger a Yuuri que en defenderse. Para su suerte, fue Plisetski quien logró notar que lo seguían y asestó un par de disparos certeros que hicieron al hombre sucumbir en el suelo. 

Poco a poco, una densa nube de humo ennegrecida comenzó a llenar la entrada del bar, sirviendo como una cortina sobre la cual Yuri podía moverse con más seguridad y obtener el menor daño posible. Sin embargo, eso terminó por nublar la vista de todos los involucrados y pronto los disparos se detuvieron de golpe. Markov se dio cuenta que ese humo generado era antinatural. Solo escuchó una explosión y, aun sin saber qué la había provocado, sabía que nada era capaz de producir tanto y de manera tan constante. Además, era consciente de que había perdido a Katsuki y a dos de sus hombres, y aunque la rabia de aceptarse derrotado le hacía corroer ácido dentro de sus venas, tampoco iba a seguir exponiendo su propia vida por una misión con la cual ya no valía la pena proseguir. Pero haría pagar al responsable de todos los errores cometidos. 

—Sácame de aquí.

Fueron cuidadosos al momento de guiar sus pasos hacia la salida. Sabían que seguro el chico de Víctor se encontraba aún ahí, alerta, pero sin poder ver más allá de su propia nariz debido al humo que ya les calaba en la garganta, se sentían un poco más seguros. Incluso podrían tener la suerte de que aquel chico se habría movido a un lugar donde pudiera respirar mejor. 

Al final no hubieron más disparos en su contra, y pudo salir e huir sin un solo rasguño. Claro que poco le importó los otros dos hombres que dejó atrás.


Víctor dejó ir a su hermano porque era lo más prudente. Ganas no le faltaban de ir contra él y llenarlo de tantas balas hasta que quedara irreconocible, pero estaba más preocupado sobre cómo se encontraba la situación dentro del bar. Solo había recibido un mensaje por parte de Yuri en el cual le avisaba que su hermano Markov había aparecido en el bar y que había atacado a Katsuki. La rabia fue inmensa, así como el vacío que se le creó en el corazón al solo imaginarlo. Markov era capaz de matar a Yuuri en ese instante y, aunque no lo creía, pues Yuuri les servía a él y a su padre más vivo que muerto, la angustia lo atormentaba hasta casi hacerlo arrancarse la piel. Sabía que no era capaz de recibir en ese momento algo más detallado, solo le pidió a Yuri que entretuviera a Markov lo más posible en lo que llegaba con refuerzos. Por suerte, algunos de sus hombres no estaban lejos y también les dio indicaciones de cómo actuar mientras él llegaba junto con Christophe. Les pidió que prepararan todo para hacer explotar algún automóvil que se encontrara en el exterior y luego procuraran mantener las llamas vivas cerca de la entrada para crear mayor humo como distracción.

Cuando llegó, el auto había sido ya explotado, el fuego encendido y varios hombres de Markov que intentaron detenerlos, acribillados. Víctor se mantuvo en resguardo junto a sus hombres, esperando que hubiera alguna oportunidad para actuar, pero al parecer el humo había sido suficiente, pues tan solo momentos después, vio a Markov salir y huir de ahí como una jodida rata asustada. Se tentó tanto en seguirlo para hacerlo pagar, pero lo mejor era dejarlo ir… Necesitaba saber con urgencia si es que Yuuri y el resto se encontraban bien.

Apenas se aseguró que su hermano se había alejado lo suficiente, entró al bar. Todo era un desastre, por supuesto, y entre todas las cosas por ver y comprender, no supo a cuál prestarle atención primero: si a Yuri, quien se encontraba aún contra el suelo muy cerca de la entrada (no parecía haber sangre suya alrededor, pero lucía adolorido);  a dos hombres que yacían muertos en el suelo, a quienes no reconocía y que por tanto debían haber trabajado para su hermano; a Otabek, que estaba contra la barra con sangre corriendo de un costado de su cabeza y brazo; o a Chulanont y Mila, quienes con semblantes sumamente pálidos y llenos de pánico, se habían acercado corriendo hacia el cuerpo que Otabek abrazaba contra su pecho: un Yuuri inconsciente, con su cara hinchada y llena de varios manchones de sangre que, en composición, le daban un efecto por demás devastado. 

Durante varios segundos, Víctor también se tornó confuso. No era la primera vez que estaba en una posición parecida, incluso con escenarios mucho peores, y claro que en aquellas ocasiones había sabido actuar de inmediato, con frialdad, dando órdenes sobre las cosas que serían prioritarias de atender. Sin embargo, en ese momento, en cuanto vio a Yuuri y su estado, toda razón se borró de su cabeza y su pecho fue llenado con un sinfín de sentimientos entre los cuales destacaba la rabia…  y la culpa. 


Plisetski, dentro de todo, se encontraba bien. Había recibido varios disparados contra su pecho, pero se encontró protegido gracias al chaleco antibalas que todos los hombres de Nikiforov solían llevar oculto bajo sus ropas. Como consecuencia, solo le quedaría un horrible dolor que soportar por varios días, así como algunos moretones en consecuencia. Por su parte, Otabek sí había recibido dos disparos directos: uno en su brazo izquierdo y otro justo en un costado de la cabeza, el cual, a informes de Mila, le había arrancado un pequeño pedazo de oreja.

Yuuri tenía la nariz y un par de costillas rotas, así como varios cortes y moretones a lo largo de todo su rostro, y algunas partes de su torso y brazos. Estarían hinchados y morados por algunos días, y dolería todo su cuerpo por varios más, pero también, podría decirse, que no había nada de lo que preocuparse demasiado. De todos los escenarios posibles, de verdad habían salido bien librados de eso.

Mila se encargó de atender a Yuuri en aquella habitación privada que Víctor tenía. Este, por supuesto, se mantuvo en el bar durante todo ese tiempo, con muchos de sus hombres vigilando la entrada y los alrededores por si a su hermano se le ocurría volver, aunque sabía que ese no sería el caso. Víctor no se había atrevido a estar en la misma habitación que Yuuri cuando este despertara. Por eso, aunque seguía demasiado angustiado como para siquiera tener fuerzas de fingir serenidad, dejó que fuera Mila, con un rostro mucho más amigable, quien le explicara lo que había ocurrido. 

En ese momento estaba sentado en la barra, bebiendo una copa de vodka que él mismo se había servido. Sí, quería algo mucho más fuerte para esa ocasión. 

—Es una dulzura, Víctor.

Alzó su rostro y miró a Mila caminando hasta él para terminar por sentarse a su lado. 

—¿Por qué lo dices? —se moría por preguntar lo obvio, el cómo se encontraba Yuuri, pero la expresión pacífica de Mila lo tranquilizó un poco. Sabía que de ser algo grave, se lo hubiera informado de inmediato. 

—¿Sabes qué fue lo primero que preguntó en cuanto despertó? Si yo me encontraba bien…  y si su amigo, aquel chico moreno, también lo estaba. Lo hizo a pesar de que seguro se dio cuenta lo mucho que su cuerpo dolía. Y que seguro le costaba respirar. Además, se metió en ese problema por tratar de defenderme.

Víctor miró de reojo la sonrisa de Mila. Tal vez ella detestara en general a casi cualquier hombre que le pusiera los ojos encima, pero… de la misma forma, podía derretirse de una manera más bien maternal con aquellos que eran capaces de mostrar ese tipo de actitudes “protectoras”.

—¿Qué fue lo que pasó?

—Markov apareció en el bar y se acercó a mí, solo pudo tomarme del hombro, pero eso fue suficiente para que Yuuri intentara defenderme. Le pregunté por qué lo hizo y él dijo que notó de inmediato como me sentí tan incómoda y asustada por él. Por eso salió de la barra, le dijo que me dejara en paz e intentó quitarlo. Lo tocó. Te imaginarás que eso no lo iba a permitir y, por eso, sus hombres comenzaron a golpearlo. 

Mila bajó la mirada. Su sonrisa era triste, una delgada curvatura que presionó con fuerza. 

—Le dije a Markov que me llevara consigo y que dejara a Yuuri en paz, pero él respondió que no venía por mí… entonces sus hombres lo llevaron consigo, ya algo inconsciente, antes de Yuri y Otabek les impidieran salir. 

Víctor apretó con bastante fuerza la copa que sostenía en su mano. Esta tembló un poco y crujió, a punto de reventarse. 

—¿Yuuri te dijo algo más cuando despertó?

—No. Me preguntó detalles de lo que ocurrió después de que perdió la conciencia. Aunque… antes de salir, me preguntó también por ti, si tú seguías aquí. Creo que deberías hablar con él.


Víctor se había dado cuenta que, cuando se trataba de Yuuri, se volvía incapaz de pensar las cosas con la claridad de siempre. En más de alguna ocasión, desde que este le dejó en claro que solo “eran socios”, estuvo a punto de ir al bar para intentar arreglar las cosas, esperando que el tiempo hubiera menguado un poco su actitud producida, seguramente, por la molestia. Pero no se atrevió. Estaba demasiado atemorizado que, una vez volviera a verlo, encontrara sobre sus orbes la misma frialdad que le había desatado el cometer la estupidez de matar a J.J. 

Incluso en ese momento, cuando ambos se encontraban a solas en su sala privada del bar, era difícil verlo a la cara. Pero el sentimiento parecía ser mutuo, pues Yuuri tampoco hacía el amago de intentar dirigir sus ojos hacia él, sino que miraba al suelo…  y temblaba apoderado del dolor. El aire era evidentemente tenso, incómodo. Ninguno de los dos quería tener la primera palabra, pero Víctor sabía que era su obligación hacerlo ante lo que había ocurrido. Yuuri se merecía una explicación; sin embargo, eso no era lo único que iba a conversar con él. Tenía ya tomada una decisión…  y, aunque, la detestaba con todas sus fuerzas, era lo mejor. 

—Quiero disculparme por lo que ocurrió hoy. Esto ha sido mi culpa, así que de verdad lo lamento.

Era extraño para Yuuri, puesto que él había deseado demasiado que ese momento de confrontar a Víctor llegara pronto, pero claro que no bajo esas circunstancias. Mila le había explicado que era gracias a él y a sus hombres que todos se encontraban, en general, a salvo. Yuuri se creía el único responsable de lo sucedido, era él quien había intentado ayudar a Mila sin tomar consciencia que podía enfrentarse contra alguien tan… peligroso. Por eso, no entendía el por qué la disculpa del mayor; al contrario, era justamente esa situación la que le hacía sentirse algo avergonzado con aquel: después de no haberle permitido explicar todo el asunto de Leroy, Víctor de todas formas había intercedido en su auxilio.  

—No fue tu culpa, yo solo la intenté ayudar…  

—El hombre a quien tocaste es mi hermano, Yuuri. Ellos fueron al bar a buscarte a ti.

En ese punto Yuuri tuvo que alzar la mirada y observarlo finalmente, pese a que su falta de anteojos le hacía ver solo una mancha borrosa de la cual apenas distinguía una figura. 

—¿Por qué? Solo soy el dueño del bar.  

Víctor también lo miró. Era la primera vez que sus ojos volvían a encontrarse después de tanto tiempo y, aunque ver el estado del rostro de Yuuri y su expresión adolorida desató en su pecho una rabia legendaria, también lo llenó de alivio: no había por ningún lado aquella frialdad con la que tanto temió encontrarse, al contrario, había una genuina confusión. Víctor quiso sonreír de la ingenuidad ajena… ¿Qué las cosas no habían ya quedado un poco más claras entre las dos?
—Porque para mí eres más que eso, Yuuri, y ellos lo saben. Seguro todo este tiempo has pensado que no es así por lo que ocurrió con Leroy. Sí, yo le pedí en un principio que preparara esa trampa para ponerte a prueba, pero eso fue hace tantos meses atrás… No tenía intenciones de seguir con eso, ¿sabes? Incluso lo había olvidado. Por eso, J.J. actuó sin mi consentimiento. Yo no sabía que tenía planeado continuar. Yuuri…

Sin notarlo, Víctor había dado algunos pasos hacia donde el menor se encontraba recostado. Supo que quizá su voz estaba sonando inusualmente alterada; que desde que entró en ese sitio, perdió ante Yuuri toda clase de solidez que siempre lo caracterizaba incluso en situaciones extremas, ¿pero qué más podía hacer? Estaba desesperado, temeroso, porque iba a hacer algo que de verdad no deseaba… y dolía. 

—Pero…  todo esto nunca ha tenido sentido, ¿verdad? Es estúpido pensar que algo entre nosotros podría haber funcionado. Tú no perteneces aquí, y estándolo solo te expones a este tipo de situaciones, todo por mi culpa. Escucha, esto será solo el comienzo. Mi padre obvió mi interés hacia ti y eres un blanco fácil. Así que lo mejor será que te vayas en cuanto te recuperes. 

Cada palabra presionaba su pecho pero, al mismo tiempo, también le otorgaba un extraño sentimiento de ligerez. No era del todo satisfactorio, era como vaciar una enorme presión para quedarse sin nada dentro, salvo un leve alivio de saber que Yuuri estaría a salvo en cualquier otro lugar. 

—No solo tú, también Chulanont. Y no solo del bar, sino de la ciudad. O el país, si así lo desean. Esto es en serio, Yuuri. Solo dime a dónde desean ir y yo pagaré sus gastos, su vuelo. Les daré algo de dinero para que puedan vivir un par de meses en lo que logran acomodarse en algún lado. 

Claro que Yuuri no podía creer todo lo que estaba escuchando… ¿Víctor lo estaba dejando ir? ¿Era en serio? Y no solo se trataba de eso, ¿estaba dispuesto a correr con todos los gastos? Aún no terminaba de procesar el hecho de que era una realidad la culpa que este sentía, cuando sobre su ser saltó el intenso deseo de confrontarlo y decirle que no iba a irse, pero…  ¿por qué? ¿Qué tan estúpido podía ser? Lo habían golpeado, casi lo secuestraban, no tenía idea de lo que le hubieran hecho si es que no lo ayudaban… Todo por culpa de Víctor, ¿y aún así deseaba quedarse? Apretó los labios: tenía que recordarse que todo eso no solo se trataba de él, sino que desde el principio había arrastrado a alguien más a su lado y que, durante todo ese tiempo, solo actuó de una manera bastante egoísta. ¿Y si no hubiera sido él? ¿Si hubieran atacado a Phichit?

Yuuri había vuelto a bajar su mirada. Debido a todos los golpes, los vendajes y la hinchazón, para Víctor era imposible descifrar qué clase de gesto tenía sobre su rostro. Si es que le sorprendía lo que le estaba diciendo; si es que lo estaba considerando; si acaso creía, una vez más, que todo solo era alguna clase de trampa. Al final, Yuuri no supo por qué movió sus labios y le contó a Víctor la verdad. Tal vez quiso creer en su buen gesto y pensó que lo mejor que podía darle en agradecimiento era su sinceridad. 

—Phichit y yo…  Pensábamos irnos ya. Tenemos vuelos que salen el jueves en la mañana.

Víctor sintió pedazos dentro suyo desprenderse de su ser. ¿Yuuri… había planeado irse? ¿Huir de la ciudad? ¿Desde cuándo? ¿Desde lo que ocurrió con J.J.? O…  acaso… ¿desde mucho antes que eso? La sola idea le rompió el corazón. Para Víctor era un poco más digerible pensar en la primera opción, pero que tal vez Yuuri hubiera planeado su huída en aquel tiempo donde creía que las cosas entre ambos estaban avanzando, donde se creía siendo correspondido poco a poco, era… inconcebible. Ridículo pensar que, siendo Yuuri tan precavido y cuidadoso de no caer en una trampa suya, hubiera sido Víctor el que terminara por caer en el desfiladero sin control. Pero se lo tenía bien merecido. 

Sonrió agriamente ante las palabras ajenas o, más bien, ante el desastre propio que sentía explotar en su interior. No era aún lo suficiente para lograr arrancarle algunas lágrimas; pero, sin duda, el vacío y la devastación que quedaba dentro suyo era enorme. En realidad, comenzó a sentirse sumamente idiota, idiota de estarse desmoronando por algo así cuando él y Yuuri realmente no habían logrado algo concreto. Volvía a sentirse como un adolescente inmaduro, incluso más estúpido si acaso.

Claro que Yuuri no tenía idea de lo que había desatado en Víctor. En realidad, se arrepintió un poco de habérselo advertido y, por un instante, temió que Víctor se retractara de sus palabras, mismo temor que se intensificó cuando este giró su cuerpo con brusquedad y caminó hasta la puerta. ¿Había arruinado la oportunidad de Phichit para escapar?

—Me alegra que ya hayas ultimado esos detalles. De todas formas, no estás bien como para tomar un vuelo el jueves ni tampoco es seguro que se muevan solos —Víctor se detuvo apenas abrió la puerta, pero evitó girarse y confrontarlo—. Así que habla con Christophe, él cambiará su vuelo de fecha y los llevará al aeropuerto para asegurarse que tomen su avión a salvo. También les dará el dinero del que te hablé. Y eso será todo, Yuuri. No tendrás nada de lo que volverte a preocupar en relación conmigo.

Y lo último que Yuuri escuchó fue la puerta cerrándose con fuerza. 


NA: Este fic ha cambiado tanto de mi plan original, que en algún momento debo darme a la tarea de modificarle ciertas cosas al Prólogo que ya no encajan tanto xD

13 comentarios sobre “Capítulo 15: Penúltima noche

  1. Es que no nos puedes dejar así!! 😭😭😭 Par de tontos! Por qué no solo son sinceros, por qué no se dicen cuan de importante se están volviendo el uno para el otro?? Aaaaaaa por favor Jazz actualiza prontito siii??? Quiero ver cuál será la venganza contra Markov muajajaja 😈 Gracias por este capítulo!! ❤❤

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    1. Pues prácticamente Víctor sí ha sido sincero xD, por eso está pidiendo que Yuuri se vaya. Yuuri es al que le está fallando, pero está pensando más en Phichit que en sí mismo… Y bueno… espero pronto poder actualizar… Y veremos sí habrá vengando o no (?)
      ¡De verdad muchas gracias! No sabes cuánta alegría me dio verte por aquí ToT ❤❤❤

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    1. No soy tan cruel xD Por el Prólogo ya saben que sí van a estar juntos en algún momento (?) ¿Cuándo? Quién sabe…
      ¡Muchas gracias por el apoyo, Shary! Siempre es tan genial verte por aquí ❤❤❤

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    1. Solo algunos detalles, pero lo que sucede seguirá siendo lo mismo…
      ¡Muchas gracias por el apoyo, en serio❤! Y de verdad espero pronto traer más capítulos!!!

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  2. A caso cambiaras el final tu historia m parece genial m tienes en la baba y creo ya no volverte a leer pero mil gracias x avisarme donde puedo seguir leyéndote avísame cuando vuelvas a actualizar y nuevamente mil gracias

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    1. El final como tal no, porque después que lleguemos a lo que sucede en el Prólogo, todavía habrán varios capítulos antes del final. Y el Prólogo tampoco tendrá un gran cambio, son más que nada detalles xD
      ¡Muchas gracias por seguir apoyando esta historia❤! Y claro! Yo estaré avisando en los grupos de fics de Facebook cuando vuelva a actualizar!

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