VICDER: CAPITULO VEINTE


La aeronave Lunar era muy parecida a las de la tierra, solo que estas brillaban como si estuvieran recubiertas por diamantes con una hilera de símbolos rúnicos dorados, envolviendo el casco.


Tal era su resplandor cuando los rayos del Sol tocaban la nave, que Yuuri tuvo que cerrar los ojos para no encandilarse. Ignoraba si los símbolos rúnicos eran mágicos o solo pretendían parecerlo. Lo único que sabía era que era imposible mirarla de frente.


La lanzadera aterrizó con gran suavidad. Ondas de calor abrasador se alzaron del suelo de cemento. La delicada camisa de seda de Yuuri se le pegaba a la espalda y las gotas del sudor corrían por su cuello.


Esperaron.

Takeshi, a un lado, parecía tranquilo. Estaba impasible, a la expectativa. Aquella serenidad solo consiguió inquietar aún más a Yuuri.

Al otro lado del príncipe se encontraba Mila Babicheva, que llevaba puesta una casaca blanca protocolaria que la cubría desde la barbilla hasta los nudillos de las manos, bordada con símbolos rúnicos similares a los de la nave. La tela parecía ligera, y los faldones acampanados le llegaban por debajo de las rodillas. Si se asfixiaba de calor no lo expresaba, se mantenía en una perfecta compostura.

Unos pasos más atrás de ella se hallaba el guardia rubio, con las manos entrelazados en la espalda.

Dos guardias reales de palacio flaqueaban la plataforma, solo eran ellos, Minako había insistido en que nadie más fuera a recibirla al lugar de aterrizaje.

Yuuri hundió las uñas en las palmas de las manos tratando de reprimir el desdén que pugnaba por reflejarse en su rostro, y siguió esperando acomodándose los lentes en su lugar.

Cuando por fin pareció que la reina se había cansado de hacerlos sufrir, la rampa de la nave descendió y unos escalones plateados quedaron a la vista.

Dos hombres fueron los primeros en bajar, ambos altos y fornidos. Uno era muy blanco y pelirrojo, con el cabello finamente peinado en un moño, vestido con una especie de coraza en el pecho y armas, como el guardia de Mila. El otro era de tez oscura, llevaba la cabeza totalmente afeitada y vestía una casaca de color rojo carmesí con las mangas acampanadas, lo que lo situaba en un rango inferior al de la primera Taumaturga. Yuuri se alegro de saber lo suficiente sobre la corte lunar para, al menos, conocer las jerarquías.

Los hombres observaban el espacio que los recibía con una expresión de repulsión y superioridad antes de colocarse a ambos lados de la rampa.

Mila se adelantó de manera apenas perceptible. Yuuri inspiró una bocanada de aire sofocante.

En ese momento, la Reina Lunar apareció en lo alto de la escalera. Todavía llevaba el largo velo, de un brillo cegador bajo el sol inclemente. El vestido pulcramente blanco se ondeaba en torno a sus caderas al descender los escalones con porte regio y aceptar la mano que Mila le ofrecía.

La taumaturga hincó una rodilla en el suelo y se llevo el nudillo de la reina a la boca y luego la frente.

— Nuestra separación ha sido insoportable. Me complace a volver a estar a vuestro servicio, Mi Reina.


A continuación se levantó con gesto elegante y retiró el velo de la reina hacia atrás para descubrir el rostro de Minako.


El aire caliente se estancó en la garganta de Yuuri, estrangulándolo. La reina se detuvo lo justo y necesario para simular que sus ojos necesitaban unos instantes para adaptarse a la brillante luz diurna de la tierra, aunque Yuuri sospechó que, en realidad, solo quería que la admirarán.




Era de una belleza incomparable, como si alguien hubiera calculado las medidas de la perfección y las hubiera utilizado para modelar un espécimen único de proporciones ideales. Su rostro tenía una ligera forma de corazón, con pómulos altos levemente sonrosados. El cabello de color caoba, caía sedosamente y lacio, su inmaculada piel como el color del marfil desprendía un brillo en la luz del atardecer, sus ojos grises brillaban como estrellas. Tenía unos labios rojísimos, como si acabara de beberse una jarra de sangre. 

Un escalofrío en lo más profundo de su ser sacudió el cuerpo de Yuuri. Aquella mujer era antinatural.

Yuuri miro a Takeshi de soslayo y, al ver que este sostenía la mirada hacia Minako sin transmitir emoción alguna, se contagió de la determinación y el aplomo de su consejero. Recordándose que no era más que un espejismo, sacó fuerzas para volver a mirar a la reina.

Los ojos grises de la soberana lanzaron un destello al pasar sobre él.

—Su Majestad -dijo Yuuri, cerrando el puño y llevándoselo al corazón-, es un honor darles la bienvenida a mi país y a mi planeta.

Los labios de la Reina se curvaron. Una gran dulzura le iluminó el rostro, una inocencia equiparable a la de un niño. Aquello lo desconcertó. La reina no hizo ninguna reverencia, ni siquiera inclinó la cabeza, sino que limitó a tenderle la mano.


Yuuri vaciló, sin apartar la vista de aquella piel blanca y traslúcida, preguntándose si sería suficiente con tocarla para destruir la mente de cualquier hombre.

Se armo de valor, aceptó la mano tendida y depositó un beso superficial sobre los dedos. No ocurrió nada.

—Alteza -le correspondió la reina con una voz tan cadenciosa que un cosquilleo recorrió la espalda a Yuuri-. Es para mí un gran honor recibir esta bienvenida. Permitáme presentarle una vez más mi más sentidas condolencias por la pérdida de vuestro padre, el gran emperador Toshiya.





Yuuri sabía que Minako no lamentaba en absoluto la muerte de su padre, pero ni la expresión ni el tono de voz de la reina traicionaron los verdaderos sentimientos de la soberana lunar.

—Gracias -contestó el príncipe-. Espero que encuentre todo de vuestro agrado durante su estancia.


—Ansío disfrutar de la afamada hospitalidad de la Comunidad Oriental.


Mila dio un paso al frente, con la mirada respetuosamente apartada de la reina Minako.




He inspeccionado vuestros aposentos personalmente mi reina, No pueden compararse con nuestras habitacciones en Luna, pero creo que lo encontrara aceptables.




Minako ignoró a su taumaturga por completo, pero su mirada se dulcificó y el mundo se transformó. Yuuri sintió que el suelo temblaba bajo sus pies, que la atmósfera terrestre se había quedado sin aíre, que el sol se había extinguido y que la etérea reina era la única fuente de luz de todo el universo.

Las lágrimas pugnaban por acudir a sus ojos

La amaba. La necesitaba. Haría cualquier cosa para complacerla.

Hundió las uñas en las palmas de las manos con todas sus fuerzas, a punto de gritar de dolor, pero funcionó. Venció el control que la reina pretendía ejercer sobre él y solo quedó la mujer hermosa, no la adoración desesperada que de pronto había sentido por ella.

Yuuri sabía que la reina era muy consciente del efecto que había tenido en él al ver cómo intentaba controlar su agitada respiración, y aunque esperaba toparse con una mirada fría y altanera, en sus ojos grises no se leía nada.

—Si tienen la bondad de seguirme -dijo el príncipe con la voz ligeramente ronca-. Les acompañare a sus aposentos.


—No será necesario -aseguró Mila-. Conozco bastante bien el ala de invitados y yo mismo puedo conducir hasta allí a su Majestad. Desearíamos disponer de un momento para hablar en privado.

—Por supuesto- contestó Yuuri, esperando que su expresión no revelara la satisfacción que aquella decisión le producía.


Mila abrió la marcha, seguida del segundo Taumaturgo y de los dos Guardias. No se molestaron en dirigir ni una sola mirada al príncipe o a su consejero cuando pasaron junto a ellos, pero Yuuri no dudaba de que le hubieran partido el cuello ante el más mínimo movimiento sospechoso.

Respiró con gran alivio en cuanto se hubieran ido, sin poder evitar un escalofrío.




—¿Has sentido eso? -preguntó , con un hilo de voz.


— Por supuesto -contestó Takeshi. Estaba vuelto hacia la nave, pero a juzgar por la verdadera atención que le prestaba, podría haber estado contemplando Marte-. Ha puesto resistencia con una gran valentía, Alteza. Sé que no ha sido sencillo.

Yuuri se retiró el pelo de la frente para que le diera un poco el aire, por poco que fuera, pero no corría la menor brisa.

—No ha sido tan difícil. Solo ha sido un instante.

Sus miradas se encontraron. Una de las pocas ocasiones en que Yuuri vería verdadera lástima en aquellos ojos.

—Esto no ha hecho más que empezar.

—Lo se y es lo que más me preocupa. No se si podré con todo esto.

Takeshi se acercó a él y le puso la mano en el hombro como consuelo.

—Su majestad, no estará solo -repuso- Además, su padre siempre confió en usted y sabía lo maravilloso que es, y yo también lo sé.

Yuuri sonrió de lado levantando la mirada.

—Gracias Takeshi.  Aprecio tus palabras.

Gente hermosa!!! Un nuevo capítulo de Vicder con la llegada de la Reina Minako!! A partir de estos momentos se vienen cosas bastantes fuertes!!! 😀

¿Que opinan sobre la aparición de la Reina Minako? Y de la Taumaturga Mila? 

Me encanta poder leer sus opiniones 😀 

lES COMPARTO UNA HERMOSA IMAGEN QUE ME HABIAN HECHO DE PARTE DE @sharayanime, y amo tanto esta obra de arte ❤

También les traigo una noticia increíble!!! Mi querida Sharayanime  trabajaba en un diseño precioso de los personas de su historia de MOF (que realmente se los recomiendo que pasen por ella, es más que exquisito! No se arrepentirán)  junto con el ...

Admiren esta belleza!! 😍😍😍 Vickytoria y Vicder están preciosas! Y los Yuuris 😂😂 son únicos!! 

Nos vemos pronto en un próximo capítulo!! 😁

Publicado por dmoonbrillentq

Dmoonbrillentq me encanta leer y ver anime, es una forma de poder desprenderme de toda la realidad y adentrarme a miles de aventuras que disfruto montones, por lo que cada historia y experiencias me encantaría poder compartirlo con ustedes. A nivel más personal amo la música y el baile <3 y ayudar a las demás personas, por lo que si necesitas en algún momento poder conversar con alguien aquí estaré

2 comentarios sobre “VICDER: CAPITULO VEINTE

  1. Omg i che minakoooo Yuu es de Vicder a si como mi TC de Vicky 🤣🤣🤣 buscate otro reyyyyyy hija de tu mentada lunar

    Awwwwww Dmoon gracias por esa mencion 💜💜😍😍😍❤❤❤❤❤ y adoré dibujar a Vicder

    Le gusta a 1 persona

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