VICDER: CAPITULO DIECIOCHO


Vicder caminaba arrastrando los pies, totalmente perdida en sus pensamientos. Ver así a Yuko, como poco a poco la niña alegre y sonriente que creció con ella y que dormían juntas en sus improvisadas pijamadas se iba perdiendo, como una flor marchitándose, secando sus pétalos.

Y presenciar la muerte de Sala, su cerebro y su corazón no podía con tanto. Irónicamente le dolió, a pesar de que la mujer nunca fue amable con ella, no quería ni imaginar la agonía que estaba viviendo sus últimos minutos pensando en que dejaría totalmente desamparada a su hija, y Vicder sabía lo horrible que es llegar a sentirse completamente sola.

Sin haberse percatado chocó con algo duro que la hizo trastabillar y caer sentada en el suelo. Hizo una mueca de dolor y trato de levantarse de nuevo. Cuando alzo la cabeza se topó con un androide que bloqueaba la entrada del almacén. Su única salida.

—Los pacientes tienen estrictamente prohibido abandonar  la zona de la cuarentena -dijo, empujando con las pinzas de los brazos a Vicder hacia atrás-.

—¡Ey! Espere, no soy una paciente. ¡Ni siquiera estoy enferma! Mire.


Extendió el brazo y le enseñó el cardenal que le había salido de todas la veces donde le habían clavado agujas en aquellos dos últimos días.


Las entradas del androide emitieron un pequeño zumbido, se abrió el panel de su pecho y salió un tercer brazo con una jeringa que se dirigía en dirección a Vicder.

La joven se estremeció, pues todavía tenía la zona dolorida pero intentó relajarse mientras el
Androide extraída una nueva muestra de sangre.

La jeringuilla desapareció en el interior en el cuerpo del robot y Vicder esperaba mientras se desenrollaba la manga hasta el inicio del guante.

Tuvo la impresión de que la prueba duraba más que en el depósito de chatarra  y unos escalofríos de pánico empezaron a recorrerle la columna vertebral.  -¿Y si el doctor Yakov se habría equivocado? – Cuando oyó un pitido grave y el androide retrocedió para franquearle el paso.




Vicder dejó de contener la respiración y no se volvió hacia el robot ni hacia ninguno de sus compañeros mientras avanzaba por el asfalto caliente. El levitador seguía esperándola. Se acomodó en el asiento trasero y le dijo que la llevara al palacio de Nueva Pekín.

La primera vez que la habían llevado al palacio estaba inconsciente, por lo que en esta ocasión no se despegó de la ventanilla del levitador cuando inició el ascenso por la empinada y sinuosa carretera que conducía  a lo alto de los escarpados precipicios que se asomaban a la ciudad. Su conexión de red buscó información y averiguó que el palacio había sido construido tras la Cuarta Guerra Mundial, cuando la ciudad apenas era algo más que una llanura de escombras. El diseño, inspirado en el viejo mundo, combinando una gran carga de simbolismo nostálgico con ingeniería de vanguardia. Los tejados estilo pagoda tenían un tono dorado y estaban bordeados de gárgolas de qilins, aunque, en realidad, las tejas eran de acero galvanizado cubierto con diminutas cápsulas solares que producían suficiente energía para abastecer a todo el palacio, incluida el ala de investigación. Las gárgolas estaban equipadas con sensores de movimiento, escáneres de identidad, cámaras de trescientos sesenta grados y radares capaces de detectar la aproximación de cualquier aeronave o levitador en un radio de cien kilometros. No obstante, toda aquella tecnología quedaba oculta entre las vigas profusamente adornadas.

Sin embargo, no fueron precisamente los modernos avances técnologicos los que llamaron la atención de Vicder, sino una carretera de adoquines flanqueada por cerezos. Mamparas de bambú  enmarcaban el paso a los jardines y a través de un ventanillo se destinguía el tranquilo discurrir de un riachuelo.

El levitador no se detuvo en la entrada principal, con sus pérgolas carmesíes, sino que rodeo el edificio y se dirigió hacia el ala norte, la más cercana al centro de investigación. A pesar de que aquella parte del palacio era más moderna, menos nostálgica, Vicder atisbó la estatua de un buda rechoncho de rostro sonriente a un lado del camino. Ya había pagado el levitador y se encaminaba hacia la puerta automática de cristal cuando sintió una pulsación tenue en el tobillo: el buda registraba a las visitas en busca de armas. Para su alivio, La pierna de acero no hizo saltar ninguna alarma.

Una vez dentro, la recibió un androide que le preguntó su nombre y le pidió que esperara junto a los ascensores. El centro de investigación era un hervidero de actividad: diplomáticos y médicos, embajadores y androides, todos deambulaban por los pasillos con su propio cometido.


Se abrieron las puertas de un ascensor y Vicder entró, contenta de encontrarlo vacío. Las puertas empezaron a cerrarse, pero de pronto se detuvieron y volvieron a abrirse.

—Por favor, espere  -dijo la voz mecánica del operario del ascensor-.


Segundos después, el príncipe Yuuri entraba a toda prisa por las puertas medio abiertas.

—Disculpe, lo siento, gracias por espe… -Al verla, se detuvo en seco-. ¿Vicder?


Vicder se arrincono a la pared del fondo del ascensor e intentó hacer una reverencia de la manera más natural posible mientras comprobaba que el guante le tapaba la muñeca por completo.

—Alteza.

La palabra le salió sin más, pronunciada de manera automática, aunque enseguida sintió la necesidad de añadir algo, para llenar el vacío, pero no se le ocurrió nada.

Se cerraron las puertas y la cabina inició el ascenso.

Vicder se aclaró la garganta. Los labios del príncipe se curvaron  en una ligera sonrisa, aunque su mirada no los acompañaba.

—Vicer, ¿Acaso estas siguiéndome?

La joven frunció el ceño, a punto de ponerse a la defensiva, cuando comprendió que estaba burlándose de ella.

—Voy a revisar al med-droide. Ese al que le eché un vistazo ayer. Para asegurarme de que no quede ningún error residual ni nada por el estilo.

El príncipe asintió, pero Vicder percibió un velo tras su mirada. 

—Iba a hablar con el doctor Feltsman sobre sus avances -anuncio, pero sus ojos, bajo aquella montura de lentes azules, se notaba opaca y podía jurar que se veían un poco hinchados,Notaba la rigidez en los hombros pero no se atrevió a preguntar.-

El ascensor se detuvo. Yuuri le cedió el paso con caballerosidad y se encaminaron hacia los laboratorios. Vicder veía el suelo blanco pasando bajo sus pies.

—Alteza  -Lo abordó una mujer de Cabello negro con un moño tirante y fuerte mirada-. Lo siento mucho.

Vicder se volvió hacia Yuuri, quién inclinó ligeramente la cabeza.

—Gracias Madame Lilia.

Y continuo caminando. Vicder frunció el ceño.

No habían avanzado ni diez pasos cuando volvieron a verse  obligados a detenerse. Esta vez se trataba de un muchacho joven que llevaba un puñado de viales vacíos en la mano.

—Mis condolencias, Alteza. Si necesita hablar o una mano amiga cuente conmigo.


—Gracias Minami -Respondio Yuuri, dandole un apretón en el hombro y siguió caminando-.


Vicder se estremeció y poco a poco fue quedándose atrás, hasta que se detuvo.

Yuuri la imitó y se volvio hacia ella.

—No has visto la red esta mañana, ¿Cierto?

Un segundo después, Vicder accedía a su conexión y las páginas empezaron a pasar ante sus ojos. La página de noticias de la CO, media decena de fotografías del emperador, dos de Yuuri, el príncipe Heredero.

Se tapó la boca con una mano.

Yuuri pareció sorprendido, pero la confusión solo duró unos instantes. Agachó la cabeza y varias mechones azabache le cayeron sobre los ojos.

—Lo has acertado.

—Lo siento mucho. No lo sabía.

El joven se metió las manos en los bolsillos y se quedó mirando el final del pasillo. La sospecha que tenia sobre la inflamación de los ojos eran ciertas, un cierto enrojecimiento le bordeaban los ojos.

—Ojalá todo quedara en la muerte de mi padre.

—¿Alteza?

La conexión a la red de Vicder seguía buscando información, pero no encontró nada que pudiera compararse con el fallecimiento del emperador. El otro cotilleo de cierto pero era que la coronación del principe había sido fijada para la noche de la Fiesta de la Paz, antes del baile.

El joven la miró a la cara, sorprendido, como si hubiera olvidado con quien estaba hablando.

—Puedes llamarme Yuuri.

—¿Disculpa?  -preguntó asombrada-.

—Olvida lo de “Alteza”. Ya me llama así… todo el mundo. Pero quiero que tú me llames por mi nombre.

—No. Eso no estaría…

—No me obligues a dictar una orden real  -repuso el príncipe con una débil sonrisa-.

En un repentino ataque de timidez, Vicder se encogió de hombres hasta que estos casi le rozaron las orejas.

—De acuerdo. Supongo.

—Gracias  -señaló el pasillo con un gesto de la cabeza-. Bueno, pues entonces, ya podemos continuar.

Sin haberlo pensado, Vicder acorto el espacio que los separaba cuando Yuuri se  daba la vuelta y lo abrazo. Se quedaron unos minutos así, totalmente quietos escuchando mutuamente el respirar del otro.

 Se quedaron unos minutos así, totalmente quietos escuchando mutuamente el respirar del otro



—Realmente lo Siento -murmuro tras su espalda-.

Yuuri le tomo las manos y se dio la vuelta, mirándola fijamente. Tenia las mejillas sonrosadas y le sonrio, una sonrisa diferente a las que había mostrado en todo el camino.

—Realmente te lo agradezco  -le contestó acariciándole la mejilla apenas con las yemas de los dedos, soltándola después y retomando el camino-.

Vicder casi había olvidado que estaban en el ala de investigación, rodeados de personas que educadamente fingían ignorarlos, como si ni siquiera estuvieran allí. La joven reanudó sus pasos, preguntándose si habría dicho algo fuera de lugar o si se había pasado con el abrazo y sintiéndose un tanto incómoda junto a aquel príncipe que de pronto, había pasado a ser simplemente Yuuri. Era una sensación extraña.

—¿Que le pasaba al androide?


Vicder se froto las mano tratando de no parecer nerviosa.




—Oh, emmm, lo siento, todavía no esta lista, pero estoy trabajando en ello.


—No, me refería al med-droide. El que arreglaste para el doctor Yakov.


—Ah. Sí, claro. Hum… Estaba… tenía… un… cable suelto. Entre el optosensor y… el panel de control.  -Yuuri enarcó una ceja, por lo que Vicder no estaba demasiado segura de haberlo convencido. Se aclaro la garganta-.  ¿No habías dado a entender que, bueno, que había más noticias y no demasiado buenas?  -Al ver que Yuuri tardaba en contestar, se encogió de hombros-. No importa. No pretendía ser indiscreta.

—No, no, no pasa nada. De todas maneras no tardarás en enterarte.  -Bajó la voz e inclinó la cabeza hacia ella mientras seguían caminando-. Esta mañana, la reina lunar nos ha informado que realizará una visita a la Comunidad en misión diplomática. “Supestamente”.


Vicder estuvo a punto de tropezar, pero Yuuri la detuvo. Lo siguió como pudo.

—¿La reina lunar va a venir aquí? Estás de broma.


—Ojalá. Todos los androides del palacio se han pasado la mañana entera retirando las superficies reflectantes del ala de invitados. Es ridículo, como si no tuviéramos nada mejor que hacer.


—Superficies reflectantes? Siempre había creído que no eran más que supersticiones.


—Pues parece ser que no. Tiene algo que ver con su encanto…  -Enmarcó su rostro con un dedo-. ¿Qué más da?


—¿Cuándo Vendrá?

—Hoy.

A Vicder le dio un vuelco el estómago. ¿La reina Lunar? ¿En Nueva Pekín? Se le erizó el vello de los brazos.

—Lo anunciaré dentro de media hora.


—Pero, ¿para qué viene justo ahora, cuando la Comunidad está de luto?

Yuuri esbozó una sonrisa  amarga.

—Por eso mismo, porque estamos de luto. -guardó silencio unos instantes. Miro un momento a su alrededor, bajó la voz y se inclinó hacia Vicder-. Mirá, te agradezco sinceramente que nos eches una mano con los med-droides y estoy seguro de que la mejor mecánica de la ciudad tiene un millón de encargos urgentes, pero a riesgo de parecer el típico príncipe consentido, ¿sería mucho pedir que pusieras a Makkachin en la primera de tu lista? Tengo ganas de volver a verla. Creo… -Vaciló un instante-. Creo que ahora mismo me vendría bien el apoyo moral de mi mejor amiga desde la infancia, ¿sabes?.


La intensidad de su mirada no trató de ocultar el verdadero significado de lo que pretendía decirle. Yuuri quería que Vicder supiera que estaba mintiendo. Aquello no tenía nada que ver con el apoyo moral o los lazos de la infancia.


El pánico que se escondía tras aquellos ojos lo decía todo. ¿Qué información almacenaría la androide que fuera tan importante? ¿Y qué relación tenía con la reina Lunar?.


—Cla…ro, Alteza. Perdón, príncipe Yuuri. Le echare un vistazo en cuanto vuelva a casa.


creyó entrever un atisbo de gratitud en aquella mirada cargada de preocupación. Yuuri hizo un gesto para indicar la puerta que tenía al lado, en cuya placa se leía: DR. YAKOV FELTSMAN. La abrió e hizo pasar a Vicder.

El doctor Yakov estaba sentado tras una mesa lacada, con la atención puesta en una pantalla encajada en la superficie. Al ver a Yuuri, se puso de pie de un salto, se quitó el sombrero con gesto presuroso y rodeó la mesa en su dirección.


—Alteza, lo lamento de veras. ¿Que podría hacer para aliviar vuestro dolor?


—Nada, gracias -contestó Yuuri de manera automática, aunque de pronto enderezó la espalda y pareció cambiar de opinión-. Encontrar una cura.


—Así lo haré, Alteza. -Volvió a ponerse la gorra-. Por descontado.



La determinación que se reflejaba en el rostro del cientifico casi resultaba desconcertante, aunque también tranquilizadora. Vicder se pregunto de inmediato si no habría descubierto algo nuevo desde la última vez que se habían visto.



Pensó en Yuko, sola, en la cuarentena. Se dijo que no estaba bien pensar en aquello y enseguida se lo recriminó, aunque no podía evitarlo, Yuko podría ser la primera que recibiera el antídoto si lo logran encontrar a tiempo.

Yuuri se aclaro la garganta.

—Me he encontrado con una guapa mecánica en el vestíbulo y me ha dicho que venía a revisar los med-droides. Ya sabe que si lo necesita puedo conseguirle más fondos para comprar modelos más actualizados.


Vicder dió un respingó al oír lo de “guapa”, pero ni Yuuri ni el doctor se dieron cuenta.


Tambaleante, echo un vistazo a la estancia. El ventanal que ocupaba parte de la pared, del suelo al techo, encuadraba una vista perfecta de los exuberantes jardines del palacio y de la ciudad que se extendía tras ellos. Las extanterías estaban llenas de objetos de todo tipo, familiares y desconocidos, nuevos y antiguos. Una de ellas estaba repleta de libros, no de portavisores, sino de libros de verdad, de papel. Tarros llenos de hojas y flores secas, tarros llenos de líquidos etiquetados con cuidada ortografía. Una colección de piedras, metales y minerales, todos rigurosamente identificados.


Era la guarida de un brujo y el despacho de un aclamado cientifico de la casa real al mismo tiempo.


—No, no, solo necesitan un poco de mantenimiento  -aseguró el doctor, mintiendo con naturalidad como lo había hecho el dia anterior-.  No hay nada de que preocuparse, y seria una pesadilla tener que programar un modelo nuevo. Además, si no tuviéramos androides medio averiados, ¿con que excusa haríamos venir a la señorita Vicder al palacio de vez en cuando?




Vicder le lanzó una mirada iracunda, muerta de vergüenza, pero en el rostro sonrosado de Yuuri se dibujó una gran sonrisa.


—Doctor -dijo Yuuri-, me siguen llegando rumores de que ha hecho avances de algo importante. Quisiera saber de que se trata. 


El doctor Yakov se sacó las gafas del bolsillo y empezó a limpiarselas con el dobladillo de la bata.


—Principe, debería saber que nunca hay que hacer caso a los rumores. Como le comente el día de ayer, estamos trabajando arduamente, no quiero darle falsas esperanzas, asi que en el momento que encuentre algo realmente importante, no dudare en comunicarselo enseguida.



Se coloco las gafas sobre la nariz.


Yuuri se metió las manos en los bolsillos, supuestamente satisfecho.


—De acuerdo, en ese caso le dejaré trabajar tranquilo a la espera de ver un informe sobre la mesa en mi despacho en cualquier momento.


—Eso podría traernos algún problema, Alteza, teniendo en cuenta que aún no disponéis de despacho 

Yuuri se encogió de hombros y se volvió hacia Vicder. Su mirada se suavizó ligeramente mientras hacia una leve inclinación de cabeza.


—Espero que nuestros caminos vuelvan a encontrarse.


—¿De verdad? En ese caso, creo que  seguiré persiguiéndote -le guiño un ojo-.


Tan pronto como lo dijo, se arrepintió al instante de haber bromeado con tanta ligereza, hasta que Yuuri se echó a reír. Una risa sincera que derritió el corazón de la Joven.


En ese momento, el principe tendió la mano hacia la suya, hacia la mano mecánica.

Vicder se puso tensa, aterrorizada ante la idea que notara el duro metal a tráves del guante. Ya le habia tomado la mano momentos atrás pero no cuando ella estaba totalmente consciente de tal acto.

Mentalmente ordenó a su extremidad robótica que fuera delicada y flexible, que fuera humana, mientras veía a Yuuri llevársela a los labios y depositar un beso en el dorso. Vicder contuvo la respiración, abrumada, y muerta de vergüenza. 


El príncipe le soltó la mano, hizo una breve inclinación de cabeza  -el pelo volvió a caerle sobre los ojos- y abandonó la habitación.



Vicder estaba clavada al suelo, sintiendo el zumbido de los cables conectados a los nervios.



Oyó el gruñido lleno de curiosidad del doctor Feltsman, pero la puerta volvió a abrirse tan pronto como se hubo cerrado.




—Santo Cielo, esto estará bueno -musitó el doctor Yakov al ver entrar a Yuuri de nuevo.

—Discúlpeme, pero ¿le importaría que le preguntara  una última cosa a la señorita Vicder?

El doctor sonrio divertido y giro la muñeca en dirección a la joven.

—En absoluto, adelante.




Yuuri se dirigió a ella, con medio cuerpo afuera de la habitación.




—Ya sé que tal vez no sea el mejor momento, pero créeme cuando digo que mis motivos responden a la pura supervivencia y también al hecho de sentirme seguro en tu compañía. -Hizo una rápida inspiración-. ¿Querrías ser mi invitada personal al baile?


El suelo se abrió bajo los pies de Vicder. De pronto se quedo en blanco. Seguro que no lo había oído bien

Sin embargo, allí seguía él, esperando. Al cabo de una larga pausa, el joven enarcó ambas cejas como invitándola a contestar.


—¿Dis…disculpame?


Yuuri se aclaró la garganta y se puso derecho.


—Supongo que irás al baile, ¿no es así?


—No… no lo sé. Es decir, no. No, lo siento, no voy a ir al baile.

Yuuri retrocedio, desconcertado.


—Ah, bien… tal vez… podrías considerar mi invitación.



Vicder  tragó saliva. El baile. El príncipe Yuuri le estaba pidiendo que lo acompañara al baile. Sin embargo, esa sería la noche en que Chris y ella se irian de allí, siempre que el coche estuviera listo a tiempo para su huida.



Además, él no sabe a quién, mejor dicho a qué estaba invitando. Si supiera la verdad… ¿Acaso no se avergonzaría si alguien lo descubriera?

Yuuri removió los pies incomodo, lanzando una mirada nerviosa al médico.


—Lo.. lo siento -tartamudeo Vicder- Gracias. Yo… Gracias Alteza. Pero con todos mis respetos, debo rechazar vuestra invitación. No me es posible asistir al baile.



Yuuri parpadeó. Bajó la mirada, tratando de digerir la respuesta. Acto seguido, alzó la barbilla e intentó esbozar una amplia sonrisa, aunque la alegria no le llegaban a los ojos.




—No pasa nada. Lo entiendo.





El doctor Yakov se apoyó contra la mesa.




—Mis más sinceras condolencias, Alteza. En más de un sentido, parece ser.





Vicder le lanzó una mirada gélida, pero el hombre se concentro en volver a limpiarse las gafas.




Yuuri se rascó la nuca.




—Ha sido un placer volver a verte, Linh-mèi.





La joven notó que habían regresado de  vuelta a las formalidades y quiso decir algo, quería explicarle que si le gustaría ir con él pero no podía desaprovechar la oportunidad de escapar, no podía tampoco, traicionar a su hermana enferma, mientras ella se divertía. Quería disculparse , pero el príncipe no espero oírlas. La puerta se deslizo tras él.




Vicder cerró la boca soltando un quejido, cubriéndose la cara con ambas manos. El doctor Feltsman chascó la lengua y la joven se disponía a verter airadamente sobre él las justificaciones que pugnaban por salir, cuando este se dio la vuelta y regresó a su asiento antes de que ella tuviera tiempo de abrir la boca.




—Es una verdadera lastima que no pueda sonrojarse, señorita Vicder. Porque esto estuvo mejor que las teledramas que transmiten en los portavisores en estos tiempos.

Literalmente morí con lo ultimo 😂😂😂
Mi querida gente!! Otro nuevo capítulo!! Tuvimos un poquito más de acercamiento de Vicder y Yuuri aunque no terminó también que sigamos 💔💔

Ya pronto tendremos a la Reina Lunar en Tierra!!!

Ojalá les guste mucho el capítulo, les agradezco todo el apoyo que me brindan! Los quiero mucho! ❤️❤️❤️❤️ 

Publicado por dmoonbrillentq

Dmoonbrillentq me encanta leer y ver anime, es una forma de poder desprenderme de toda la realidad y adentrarme a miles de aventuras que disfruto montones, por lo que cada historia y experiencias me encantaría poder compartirlo con ustedes. A nivel más personal amo la música y el baile <3 y ayudar a las demás personas, por lo que si necesitas en algún momento poder conversar con alguien aquí estaré

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