VICDER: CAPITULO QUINCE


Vicder tuvo que descargarse un mapa del ala de investigación del palacio para encontrar la salida. Entre lo del príncipe, lo de Yuko y lo de… todo, tenía los nervios a flor de piel. Se sentía como una impostura deambulando por los pasillos blancos, evitando hacer contacto visual con los científicos y androides de bata blanca.


Pasó junto a una sala de espera  -amueblada con dos telerredes y tres sillas acolchadas-.  Y los ojos se le fueron a la ventana.


La Vista.


La Ciudad.


Siempre había visto Nueva Pekín en un autenticó caos: demasiados edificios embutidos en demasiado poco espacio, calles descuidadas, callejones cruzados de un lado a otro por cables eléctricos y cuerdas de tender y molestas enredaderas que invadían hasta la última pared de cemento.


Sin embargo, allí, en lo alto del precipicio, la ciudad era hermosa. El sol estaba en su Cénit, y la luz se modulaba sobre los rascacielos de cristal y los tejados bañados en oro. Vicder veía el movimiento constante  de telerredes enormes y el destello de los levitadores, que se movían a velocidad vertiginosa entre los edificios. Desde allí, la ciudad era un hervidero de vida, aunque sin el runrún tecnológico.


Vicder buscó el conglomerado de esbeltos edificios de cristal de azul y cromo que custodiaban la plaza del Mercado y luego intentó trazar una ruta desde allí hacia el norte, intentando encontrar la Torre Fénix, pero se escondía de demasiada ciudad y de demasiada sombra.


El embrujo se disipó.


Tenía que volver a su casa. A su cárcel. 



Tenía que arreglar a Makkachin, Tenía que proteger a Christopher, pues no pasaría ni una semana antes de que a Anya se le metiera en la cabeza querer desmontarlo para venderlo por piezas, o peor aún, cambiarle el chip de personalidad “defectuoso”. Había estado quejándose de lo respondón que era Chris desde que Vicder había llegado a vivir con ella.



Además, no tenía otro sitio adonde ir. Hasta que el doctor Feltsman no encontrara el modo de ingresar el pago en la cuenta de Vicder sin que Anya se de cuenta, no tenía ni dinero ni levitador, y su única amiga humana también estaba cerrada, en las cuarentenas.


Apretó los puños. 


Tenía que volver. Aunque no se quedaría mucho tiempo. Anya había dejado bastante claro que consideraba a Vicder una carga y que la despreciaba. No había tenido ningún reparo en despacharla en cuanto había descubierto la manera lucrativa de hacerlo, un modo que le ahorraba los remordimientos, ya que, al fin y al cabo, había que encontrar un antídoto. Yuko lo necesitaba.


En realidad tal vez había hecho lo correcto. Tal vez Vicder, por ser Ciborg, tenía la obligación de sacrificarse para que los humanos normales pudieran curarse.


Sin embargo, Vicder sabía que jamás perdonaría a Anya. Aquella mujer tenía el deber de protegerla, de ayudarla. Si Anya y Mari era la única familia que le quedaba, estaría mejor sola.


Tenía que irse y sabía muy bien cómo iba hacerlo.

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La cara que puso Anya al ver entrar a Vicder en el apartamento casi consigue convencerla que la horrible  experiencia había merecido la pena.




La Mujer estaba sentada en el sofá,  leyendo en su portavisor. Mari estaba en la otra punta d la habitación, entretenida con un juego de mesa holográfico cuyas piezas tenían la forma de los famosos preferidos de la joven. Llevaba mucho tiempo siendo el juego favorito de Mari y Yuko, aunque en estos momentos la joven combatía con extraños en la red y parecía aburrida y cansada de él. Cuando Vicder entro en la estancia, tanto Mari como Anya se quedaron boquiabiertas y una versión del príncipe en miniatura cayó traspasada por la larga hoja de un rival virtual. Mari puso el juego en pausa demasiado tarde.




— Vicder  -dijo Anya, dejando el portavisor en una mesita de café-. ¿Cómo es que estás…?





—Me han hecho pruebas y han decidido que no soy lo que andan buscando, así que me han mandado de vuelta a casa, -Vicder esbozo una sonrisa forzada tratando de que fuera creíble-. No te preocupes, estoy segura de que seguirán teniendo en cuenta tu noble sacrificio. Puede que te envíen una com de agradecimiento.




Anya se puso en pie, mirándola incrédula.




—¡No pueden enviarte a mi casa!





Vicder se quitó los guantes y se les metió en el bolsillo.




—Me temo que tendrás que presentar una queja oficial. Siento interrumpirte, veo que estabas muy ocupada encargándote de los quehaceres domésticos. Si me disculpas, será mejor que vaya a intentar ganarme el sustento para que tú puedas volver a desplomarte la próxima vez que encuentres una manera conveniente de deshacerte de mí.




Se dirigió hacia el pasillo. En ese momento, Chris asomó su reluciente cabeza por la cocina, alzando los brazos. A Vicder le sorprendió la velocidad con que la sensación de alivio desterró su resentimiento. Por un momento, había pensado que no volvería a ver a Christoper nunca más.




La alegría momentánea se desvaneció cuando Anya salió al pasillo detrás de ella.




—Vicder, ¡quieta ahí señorita!.




A pesar de lo tentada que estuvo de desobedecerla, Vicder se detuvo y se volvió hacia su tutora.




Se sostuvieron la mirada. Anya todavía no se había recuperado de la sorpresa y le temblaba la mandíbula. Parecía mayor, mucho más vieja que antes.




—Llamaré al centro de investigación para verificar que es cierto lo que dices y asegurarme de que no mientes  -le informó-.  Si has hecho algo… Si has echado a perder la única oportunidad que tenía de ayudar a mi hija…  -La rabia se apoderó de su voz, que alcanzo un tono estridente. Vicder la oía enterrar las lágrimas bajo las palabras-.  ¡Es imposible que no sirvas para nada!.




Anya enderezó la espalda, agarrándose al marco de la puerta.




—¿Qué más quieres que haga?  -contestó Vicder con el mismo tono, agitando las manos-. ¡Muy bien, llama a quien quieras! No me interesa, no he hecho nada malo. Fuí allí, me hicieron pruebas y me echaron. Siento mucho que no me hayan devuelto a casa en una caja de cartón, si era eso lo que esperabas.




Anya apretó los labios.




—Sigues ocupando el mismo lugar que antes en esta casa y no me gusta que la huérfana que acepté en mi hogar me falte al respeto hablándome de esa manera.





— Jajaja No me digas  -Río Vicder con ironía-.  ¿Quieres que te haga una lista de todas las cosas que me han hecho hoy y que tampoco me han gustado? Me han…  -Se interrumpió. No quería que Anya supiera la verdad, ni que se regocijara en su dolor ni que supiera que era importante para la investigación-.   Sinceramente, ahora mismo me importa bastante poco lo que te gusta y lo que no. Eres tú quien me ha vendido y yo nunca te he hecho nada.





—Ya basta. Sabes muy bien lo que me has hecho. A mí y a mi familia.





—Yo no tuve la culpa de la muerte de Hisashi.





Volvió la Cabeza cuando unos puntitos blancos de rabia le enturbiaron la visión.




—De acuerdo, ya vuelves a estar aquí  -dijo Anya, sin abandonar su altivez-.  Bienvenida a casa, querida. Sin embargo, mientras vivas bajo mi techo, obedecerás mis órdenes. ¿Lo has entendido?





Vicder apoyó la mano biónica en la pared, con los dedos abiertos para sostenerse.

—Wow, que novedad. Obedecer tus ordenes. Muy bien, lo típico: “Haz las tareas del Hogar Vicder, Ponte a trabajar para que pueda pagar las facturas Vicder, Haz de ratón de laboratorio para esos científicos locos Vicder”.  Si, te entiendo a la perfección.  -Miró atrás, hacía Chris que estaba cruzado de brazos como una estatua-. Ahora te recalcó algo, entenderás que he perdido media jornada de trabajo y que será mejor que me lleve a Christopher para ponerme al día.




Sin esperar una respuesta, se encaminó con pasó decidido hacia la caja de cerillas que tenía por habitación y cerro la puerta de golpe tras de sí.




Esperó con la espalda apoyada contra la puerta hasta que el texto de advertencia de la retina hubo desaparecido y dejaron de temblarle las manos. Cuando volvió a abrir los ojos, descubrió que la vieja telerred, la que Anya había arrancado de la pared, estaba tirada sobre la pila de mantas que le servían de cama. Había trocitos de plástico esparcidos por la almohada. No se había fijado si habían comprado una nueva o si la pared del salón seguía vacía.




Lanzó un suspiro y se cambió, ansiosa por deshacerse del olor a antiséptico que se le había pegado a la ropa. Metió las piezas de plástico en la caja de herramientas . Escucho unos golpes en la puerta. Cuando abrió esperando otra discusión con su madrastra vio un borrón gris quien la derribó de golpe. Espero sentir su cabeza chocar contra el suelo pero en lugar de eso solo sintió algo frió y pesado encima de ella.

—¡Oh Chèrie, Mon amour!, ¡soy tan feliz de verte! Perdóname mi petite! por favor, perdoname  -Chris la abrazaba con fuerza-.

—Christophe, tranquilo. Primero suéltame que no puedo respirar 

Chris susurro un lo siento de nuevo y se levanto, brindándole una tenaza para ayudarla a ponerse de pie. Los dos se sonrieron.

— De verdad yo… -Vicder le uso un dedo en los labios para hacerlo callar-.


—Todo esta bien Chris, no tengo nada que perdonarte, hiciste tu mayor esfuerzo y lo aprecio. Estoy aliviada de encontrarte en una pieza, me tenias  preocupada que esa loca te hubiera desarmado.





—JA! no te vas a deshacer de mi tan fácil -respondió abrazándola de nuevo-. Dime, ¿Que fue lo que sucedió? ¿Que te hicieron esos lunáticos?





—Tenemos mucho de que hablar, pero primero, salgamos de aquí. Las paredes escuchan.


Ambos se separaron, Vicder tomo la pantalla colocándosela debajo del brazo y la caja de herramientas antes de salir de nuevo al pasillo con Chris atrás de ella. No volvieron a mirar hacia el salón pero creyó oír el grito agónico y apagado de uno de los personajes del juego de Mari. Chris tomo la caja de herramientas y se dirigieron a los ascensores.




Esperaron que estuvieran adentro, de camino al sótano antes de informar a Chris de lo que había sucedido. Únicamente obvio la parte del príncipe Yuuri sabiendo que si se lo contaba, no la dejaria tranquila en todo el día, o más bien en toda la vida.




—Entonces, ¿tienes que volver?  -preguntó Chris cuando salían del ascensor-.





—Sí, pero no pasa nada. El doctor me ha dicho que ya no estoy en peligro. Además, van a pagarme y Anya no se enterará.





—¿Cuantó?





—No estoy segura, pero creo que bastante





Chris asió la muñeca de Vicder justo cuando esta abría la puerta de rejilla que daba paso a su taller.




—¿Te das cuenta de qué significa esto?





Vicder mantuvo la puerta abierta con el pie.




—¿Qué parte?





—Significa que puedes comprarte un vestido bonito… ¡incluso más bonito que el de Mari!. ¡Puedes ir al baile y Anya no podrá hacer nada para detenerte!.




Vicder apretó los labios, como si acabara de morder un limón, y se zafó de la mano del androide.




—¿Eso crees Chris?  -dijo, repasando aquel caos de herramientas y piezas de recambio-.  ¿De verdad crees que Anya va a dejarme ir solo porque puedo pagarme el vestido? Seguramente insinuara que le he robado o me lo arrancaría para intentar revender los botones.




—Bueno, de acuerdo, pues no le diremos nada, ni del vestido ni del baile. No tienes por que ir con ellas. Eres mejor que ellas. Eres valiosa, yo siempre te lo he dicho.  -Le guiño un ojo-. Inmune a la letumosis. ¡Por todas las estrellas del firmamento, podrías hacerte famosa!




Vicder sacudió la cabeza sonriendo, había extrañado las locuras que soltaba su amigo. Se agachó y dejó la telerred apoyada contra las estanterías. Su mirada habia reparado en un bulto de tela plateada, hecho un ovillo en un rincón, que lanzaba un brillo muy tenue bajo la luz mortecina.





—¿Que es eso?





Chris volvió a ver hacia la dirección que veía Vicder y su mirada chispeante fue apagandose.




—El vestido de la fiesta de Yuko. No… no he podido tirarlo. Creía que nadie volvería a bajar aquí nunca más… Tenia mucho miedo… Te habían llevado y me decían que estabas muerta, y no me querían decir como esta Yuko… Yo solo… Resumiendo.., Decidí quedármelo  para mí junto con una blusa tuya… como un recuerdo de mis únicas amigas… para no sentirme solo.





Vicder sintió un nudo en el estomago.




—Sabes que eso no esta bien, Chris -Vicder tomo su cabeza con ambas manos dándole un beso en la frente-. Además, como tu mismo me dijiste, no te vas a deshacer de mi tan fácil.





Vicder volvió a ver el vestido, vaciló un instante antes de acercarse a el y levantarlo por las mangas salpicadas de perlas. Estaba manchado de tierra, arrugado, y para el colmo, cabía la posibilidad de que hubiera estado expuesto a la letumosis, aunque el doctor había dicho que era muy dificil contagiarse a través de la ropa. Además, ahora ya nadie iba a llevarlo.




— ¿Sabes? -contesto Chris, como si pudiera leerle la mente-, Apuesto a que a ti se te vería muy bien, puedes hacerle unos arreglos si gustas.





Dejó el vestido sobre la soldadora y se dio la vuelta.




— No vamos a gastarnos el dinero en un vestido  -dijo-. Y, por enésima vez, no vamos a ir al baile.





—¿Por que no?  -Pregunto Chris, con un claro lamento robótico


Vicder se acerco a la mesa de trabajo, subió la pierna al tablero y empezó a sacar las herramientas que había guardado en el compartimiento de la pantorrilla.




—¿Recuerdas ese coche que vimos en el depósito de chatarra? ¿Ese viejo, de gasolina?.





Chris gruñio, no le agradaba mucho por donde iba esa idea.




—¿Que pasa con eso?





—Vamos a tener que emplear todo nuestro tiempo y dinero en arreglarlo.





—¡No Vicder! Dime que es una broma.





Vicder empezó a grabar una lista mental mientras cerraba el compartimiento de la pantorrilla y se bajaba la pernera. Las palabras se desplazaban ante su visión:




*Sacar el Coche del Vertedero

*Evaluar su estado,

*Encontrar Piezas,

*Descargar diagrama de cableado,

*Comprar Gasolina,

En ese momento vio el androide de Yuuri sobre la mesa

*Arreglar a Makkachin.




—Lo digo en serio.





Se soltó el pelo y se hizo una trenza de medio lado, estaba animada. Se dirigió con paso decidido hacia la caja de herramientas vertical del rincón y empezó a buscar varias cosas que le vendrían bien: correas elásticas, cadenas, trapos, cualquier cosa que le permitiera dejar listo el coche para su  reparación.




—Volveremos esta noche. Si podemos lo traeremos al aparcamiento y, si no, habrá que arreglarlo en el depósito. Veamos, tengo que volver al palacio mañana por la mañana y echarle un vistazo al androide del príncipe por la tarde, pero si nos ponemos en serio, creo que podría tenerlo listo en un par de semanas, tal vez menos.Depende de las reparaciones que necesite, claro.





—Pero, ¿por qué?. ¿Por qué vamos a arreglarlo?





Vicder metió las herramientas en la bolsa.




—Porque ese coche va a sacarnos de aquí.

Gente hermosa!!! Espero que estén pasando un maravilloso día!!!

Aquí os traigo un nuevo capítulo!! 🤩🤩😍 me pareció muy tierno el recuento de Vicder y Chris.

Para explicarles un poco se supone que los androides son programados para seguir estrictamente las órdenes de sus dueños, sin chistar o preguntar el porqué, solo lo hacen. Tampoco es posible que ellos sientan algún tipo de emoción alguna, pero Christophe es todo lo contrario desde que llego Vicder siendo una niña. 

Él, como ya lo habrán notado es demasiado rebelde y muy descarado para decir las cosas y realmente puede sentir las emociones, no puede llorar como Vicder, pero todo lo demás es igual a una persona. Por eso Anya no lo quiere y lo cree desperfecto, ya que nota el gran cariño que le tenia a Vicder y a Yuko, y para ella eso es aberrante, aparte que no hace lo que quiere al cien por ciento.

Traducción de palabras:
•¡Oh Chèrie, Mon amour!= ¡Oh Cariño, Mi amor!

Un beso enorme! Espero que les haya gustado, y nos vemos muy pronto ❤️❤️😁

Publicado por dmoonbrillentq

Dmoonbrillentq me encanta leer y ver anime, es una forma de poder desprenderme de toda la realidad y adentrarme a miles de aventuras que disfruto montones, por lo que cada historia y experiencias me encantaría poder compartirlo con ustedes. A nivel más personal amo la música y el baile <3 y ayudar a las demás personas, por lo que si necesitas en algún momento poder conversar con alguien aquí estaré

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