VICDER: CAPITULO DOCE


El príncipe Yuuri observaba por
A que no es super sexy <3.<3

El príncipe Yuuri observaba por medio del cristal como un med-droide le colocaba una vía en el brazo de su padre. Habían transcurrido cinco días exactos desde que el emperador empezó a mostrar síntomas de la fiebre azul, pero esos días se han mostrado una eternidad de Angustia.

El doctor Yakov le había comentado una vez que tenía la sospecha de que las malas noticias llegaban de tres en tres, y al parecer tenía toda la Razón. Primero, su acompañante Makkachin sufre un desperfecto antes de poder comunicarle lo que había averiguado, luego su padre cae enfermo sin esperanza de recuperación. Ahora, ¿Que más podría suceder?, ¿Que podría ser peor que todo eso?.

Tal vez los lunares aprovecharían y declararían la guerra. Se estremeció de solo pensarlo.

Takeshi Nishigory, el consejero de su padre y el único humano, aparte del príncipe a quien se le permitía acercarse al emperador en su estado descanso una mano en el hombro de Yuuri.

—Todo saldrá bien -dijo, sin rastro de emotividad, de aquella manera tan peculiar que tenía de leer el pensamiento de los demás.

El padre de Yuuri gimió y abrió los ojos hinchados. Habían aislado una habitación en la séptima planta del ala de investigación del palacio, pero se había procurado que el emperador estuviera lo más cómodo posible. Habían hecho traer cantidades gigantes de sus flores favoritas del jardín del palacio. Lirios y crisantemos inundaban la habitación, la cama estaba cubierta con las mejores sedas de la comunidad, pero a pesar de todo, no cambiaba nada.


Una ventana separaba a Yuuri de su padre. El hombre entrecerraba los ojos como si tratara de verlo, pero su mirada se encontraba tan vacía.

—¿Su majestad? -dijo Takeshi- ¿como se encuentra?.

Unas arruguitas se formaron en las comisuras de los ojos del emperador. No era un anciano pero la enfermedad lo envejecía apuradamente. Estaba pálido y ojeroso, varias manchas rojas y negras le salpicaban el cuello.

Separó los dedos de las sábanas, en un gesto lo más cercano a un saludo.

—¿Que necesita? -pregunto Takeshi- ¿Un vaso con agua? ¿Algo de comer?

—¿Un plato de Katsudon? -sugirió Yuuri-.

Takeshi le dirigió una mirada de desaprobación, pero al emperador se le escapó una risita entre dientes, tratando de confirmar lo que había dicho su hijo.

Yuuri sintió que se le empañaban los ojos y los apartó del ventanal. Se quitó los lentes y apretó con sus dedos el puente de la nariz para controlar las lagrimas.

—¿Cuánto le queda? -pregunto en voz baja para que su padre no lo pudiera oír-.

Takeshi sacudió la cabeza.

—Días, con suerte.

Yuuri volvió a ponerse los anteojos sintiendo la mirada de Takeshi clavada en él, compasiva pero también dura.

—Deberías sentirte afortunado por el tiempo que estás pasando con él. La mayoría de nosotros no vuelve a ver sus seres queridos una vez que se los llevan. 

—¿Y quien quiere ver a sus seres queridos en ese estado? -Yuuri alzo la vista. Su padre estaba luchando por permanecer despierto-. Med, dale agua.

El androide se acercó al emperador y le levantó el respaldo para acercarle un vaso de agua a los labios. No bebió mucho, pero parecio algo más aliviado cuando volvió a desplomarse sobre las almohadas.

—Yuuri…

—Estoy aquí -contestó el principe empañando el cristal con su aliento-.

—Sé fuerte. Confía… Escucha tu corazón, y cree en ti  -una tos interrumpió sus palabras-. Eres más valiente de lo que piensas.

El med-droide le sostuvo una toalla delante de la boca y Yuuri pudo notar una mancha de sangre en el tejido de algodón. Cerró los ojos, tratando de controlar la respiración. 

Cuando volvió a abrirlos, el med-droide estaba inyectándolo un líquido transparente en la vía intravenosa, un calmante para mitigar el dolor. Yuuri y Takeshi siguieron mirándolo hasta que se sumió en un sueño estático. Era como si contemplaran a un extraño. Yuuri lo quería, pero le resultaba difícil reconocer que el hombre enfermo que tenía al frente era su padre cuando estaba lleno de vida la semana anterior.

Una semana.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo, y Takeshi le apretó el hombro. Yuuri había olvidado que la mano del consejero seguía ahí.

—Alteza.

Yuuri no contestó, concentrado en el movimiento del pecho de su padre.

Los dedos posados en sus hombros ejercieron una leve presión y luego se retiraron.

—Serás emperador, su Alteza. Debemos empezar a prepararnos. Ya lo hemos postergado demasiado tiempo.

Demasiado tiempo. Una semana. Solo ha pasado una maldita semana. Yuuri fingió no haberlo escuchado.

—Tal como ha dicho su majestad, debe ser fuerte. Sabe que le ayudaré en todo lo que pueda -Takeshi hizo una pausa-, Será un gran gobernante.

—No, no lo seré.

Yuuri se paso las manos por el pelo, echándoselo hacia atrás, casi tirando de el. 

Iba a ser emperador, y el monstruo de la ansiedad iba trepando por su estómago. Cualquier palabra en estos momentos las sentiría vacías.

El verdadero emperador estaba allí, en esa cama. El solo era un impostor, no seria capaz llegar a ser como su padre. No sería digno ni siquiera de tal nombre.

—Voy hablar con el doctor Yakov -dijo, alejándose del cristal-.

—El doctor está ocupado con una voluntaria de pruebas Alteza, no debería ir a interrumpirlo.

Yuuri lo miro frunciendo el ceño, sentía una mala corazonada.

—Y está voluntaria ¿quien es?, por qué no se me ha notificado antes.

—No tengo conocimiento de quien sea, las noticias que hemos recibido fue por parte de la doctora Lilia. Cómo no fue ningún avance de gran importancia no queríamos molestarlo.

—De igual forma, iré a verlo personalmente. Solo quiero preguntarle si ha tenido algún avance.

—Estoy convencido de que si hubiera encontrado algo, lo habría notificado inmediatamente.

Yuuri apretó los dientes y se quedó mirando a Takeshi, el hombre había sido el consejero de su padre desde mucho antes de que Yuuri naciera. A pesar de todo el tiempo que había pasado, compartir la misma habitación que Takeshi lo hacía sentirse como un niño y, paradójicamente, eso lo empujaba a mostrarse un poco rebelde. Se pregunto si algún día conseguiría superarlo.

—Necesito sentir que estoy haciendo algo -dijo-. No puedo quedarme aquí viendo cómo se muere.

Takeshi bajo la mirada.

—Lo sé Alteza, es duro para todos.

No es lo mismo”, sintió el deseo de contestar Yuuri, pero se mordió la lengua. A veces podía decir cosas que luego se arrepentiría.

Takeshi se volvió hacia el ventanal e hizo una breve inclinación con la cabeza.

—Larga vida al emperador.

Yuuri repitió las palabras en un susurro, tratando de burlar la sequedad de la garganta.

—Larga vida al emperador.

Salieron de la sala de visitas y guardaron silencio mientras avanzaban por el pasillo, en dirección a los ascensores, donde los esperaba una mujer. A Yuuri no debería haberle sorprendido. Tenía la sensación de que últimamente, se encontraba en todas partes, a pesar de que era la última persona en la tierra a la que deseaba ver.

Mila Babicheva, Primera Taumaturga de la corona lunar. Poseía una belleza deslumbrante, una melena tan roja como los pétalos de una rosa, sedosa y corta  y unos ojos celestes e inocentes, o eso trataba de aparentar, pues en ellos serpenteaban atisbos de gélidez pura. Llevaba el atuendo que ocupaba su título y rango, una larga casaca blanca de cuello alto y mangas acampanadas , bordado con signos rúnicos y jeroglificos cuyo significado Yuuri era incapaz de descifrar.

Cinco pasos detrás de ella se encontraba su eterno y silencioso guarda, un joven tan bello como lo hermosa que era Mila, con el cabello negro, ojos almendrados del mismo color y la piel igual de crema y lisa como la taumaturga. Sus rasgos eran tan duros e impenetrables que Yuuri todavía no había descubierto ninguna expresión en ellos.

Los labios de Mila se curvaron al verlos acercarse pero sus ojos destellaban con una frialdad sorprendente. 

—Su Alteza imperial -dijo, con una grácil y leve inclinación de cabeza-. ¿Cómo evoluciona el honorable emperador Toshiya Katsuki? 

—No demasiado bien, aunque gracias por su interés  -contestó Takeshi al ver que Yuuri no respondía. 

—No saben cuánto lamento oír eso -Por el tono parecía lamentarse tanto como un gato que acaba de arrinconar a un ratón-. Mi señora les envía sus condolencias y les desea una pronta recuperación.

Clavó los ojos en el principe, quien creyó ver cómo su imagen se estremecía ante él, como un espejismo. Unos susurros inundaron su cabeza, Respeto, admiración, desasosiego y lástima.

Yuuri apartó la mirada y las voces enmudecieron. Tardó unos instantes en recuperar su pulso normal.

—¿Que desean? -pregunto-.

Mila señaló los ascensores con un gesto. 

—Charlar con el hombre que pronto será gobernador… si es así como lo quiere el destino.

Yuuri miro a Takeshi en una forma de ayuda, pero se topó con una mirada de advertencia la que le indicaba mantener el tacto, la diplomacia, sobre todo cuando se trataba de los malditos lunares.

Yuuri suspiro y se volvió ligeramente hacia el androide, que esperaba indicaciones.

—Tercera planta.

El sensor lanzó un destello.

Al subir a la cabina, Mila lo hizo flotando como una pluma arrastrada por la brisa. El guardia fue el último y se quedó junto a la puerta, al frente de ellos, cubriendo a la taumaturga como si está estuviera en peligro de muerte. Su mirada gélida incomodaba a Yuuri, pero Mila parecía ni siquiera respirar el mismo aire que este. 

—Qué momento tan poco oportuno para que majestad cayera enfermo -comentó la lunar-.

Yuuri se aferro al pasamanos con fuerza y se volvió hacia ella, aplastando su oído con la madera pulida.

—¿Acaso les hubiera quedado mejor el mes que viene? 

Mila conservo la compostura.

—Me refiero, claro está, a las negociaciones de paz que mi señora había entablado con el emperador Toshiya. Albergamos grandes deseos de llegar a un acuerdo que satisfaga tanto a Luna como a la Comunidad.

Mirarla lo mareaba, como si de pronto perdiera el equilibrio; así que prefiero posar su atención en las números que se reflejaban en la puerta.

—Mi padre ha intentado forjar una alianza con la Reina Minako desde que ella ocupó el trono, pero su señora siempre se ha negado.

—Vuestro padre todavía no ha accedido a sus justas peticiones -Yuuri apretó los dientes-.  Espero que, cuando sea emperador  -prosiguió Mila-,  se encuentre más dispuesto a entrar en razón, Alteza.

Yuuri guardo silencio mientras observaba cómo iban dejando atrás las plantas sexta, quinta y cuarta.

—Mi padre es un hombre muy sensato. En estos momentos no tengo la más mínima intención de revocar ninguna de sus decisiones previas. Espero que podramos llegar a un acuerdo, pero me temo que su señora tendrá que rebajar sus tan justas peticiones.

A Mila se le heló la sonrisa en el rostro.

—Muy bien, usted aún es muy joven -dijo, cuando las puertas se abrieron en la tercera planta.

Yuuri hizo una leve inclinación con la cabeza, fingiendo que había tomado esas palabras como un cumplido, y se volvió hacia Takeshi.

—Si te sobra un minuto, ¿Te importaría acompañarme a ver a los doctores? Tal vez se te ocurran preguntas que a mi se me escapen.

—Por supuesto, su majestad.

Ambos salieron del ascensor, sin prestar mayor atención a la Taumaturga o a su guarda, pero Yuuri oyó la fina voz de la mujer a su espalda.

—Larga vida al emperador -y las puertas se cerraron-.

El joven gruñó.

—Deberíamos encerrarla, me provoca migraña.

—¿A una embajadora Lunar?, eso estaría lo más alejado a una demostración de paz.

—Le daríamos un trato mejor de lo que ellos nos han demostrado -se pasó una mano por el pelo-. ¡ah! Lunares.

Al darse cuenta de que Takeshi había dejado de seguirlo, Yuuri bajo la mano y al volverse hacia él se encontró con una mirada cargada de preocupación.

—¿Que ocurre?

—Se que está atravesando momentos  muy difíciles.


Yuuri sintió que debía ponerse a la defensiva e intentó aplacar esa sensación.

—Son momentos difíciles para todos, cómo me dijiste.

— Su Alteza, tarde o temprano tendremos que hablar de la reina Minako y sobre vuestras intenciones respecto a ella. Lo más sensato es tener un plan.

Yuuri se acercó a Takeshi, haciendo caso omiso a un grupo de técnicos de laboratorio que se vieron obligarse a separarse para poder rodearlos y seguir su camino.

—Tengo un plan. Mi plan es no tener que casarme con ella. Al infierno con la diplomacia y punto. Fin de la discusión. 

La mandíbula de Takeshi se tensó.

—No me mires así  -Yuuri bajo la voz-. Sabes que nos destruiría.Nos convertiría en sus esclavos.

—Lo se Alteza  -su mirada comprensiva desarmó la creciente irritación del joven-.  Por favor, le ruego que me crea cuando le digo que jamás le pediría algo así, como jamás se lo pedí a su padre.

Yuuri retrocedió y se apoyó contra la pared con los brazos cruzados. Necesitaba salir rápido de esto para ir con el doctor Feltsman.

—De acuerdo, soy todo oídos  -dijo-, ¿Cual es el plan?.

—Alteza, este no es el lugar.

—No,no, tienes toda mi atención. Por favor dame algo en que pensar  que no sea en la enfermedad. 

Takeshi inspiró lentamente.

—No creo que sea necesario modificar nuestra política exterior. Seguiremos el Ejemplo de su padre. Por el momento nos mantendremos firmes en cuanto a la búsqueda de un acuerdo de paz, de un tratado.

—¿Y si no lo firma? ¿Y si se cansa de esperar y decide llevar a cabo sus amenazas? ¿Te imaginas una guerra justo ahora, con la peste y la crisis económica? Nos destruiría. ¡Lo peor es que lo sabe!.

—Si quisiera iniciar una guerra, ya lo habría hecho.


—O solo está esperando el momento oportuno, cuando nos hayamos debilitado mucho más y no nos quedará que rendirnos. 


Yuuri se rasco la nuca y observo a su alrededor, la gente corría de un lado a otro con documentos o cajas con probetas, todos ocupados buscando un antídoto.

Suspiro.

—Tendría que haberme casado, si estuviera casado, la Reina Minako ni siquiera sería un problema. No le quedaría otra que firmar el tratado de paz, si es que realmente busca la paz.

Ante el silencio de Takeshi, se volvió hacia el consejero y se sorprendió verlo con una mirada tan cálida muy impropia de él.

—Puede que encuentres a la joven perfecta durante los festejos -dijo Takeshi-. Vivirán un gran amor apasionante, serán muy felices y no tendrás más preocupaciones el resto de sus vidas.

Yuuri trato de dirigirle una mirada desaprobadora pero no fue capaz de mantenerla por mucho tiempo. El recuerdo de ciertos ojos azules y cabello gris-platino hicieron que se sonrojara profundamente. 

—Oh ya veo -comentó Takeshi, tratando de picarlo- no estoy muy lejos de la realidad, ¿cierto su majestad? ¿Alguna pretendiente de nuestras amistades reales?

Yuuri solo sacudió la cabeza para no escucharlo y avergonzarse más.

—Más bien, tenía otra idea en mente, hace un tiempo que llevo dándole vueltas.

—Oigámoslo su alteza, muero de curiosidad -sonrió con picardía-.

Yuuri bajo la voz.

—Me he puesto a investigar… -hizo una pausa antes de proseguir-. Sobre… la heredera Lunar. 

Takeshi borro la sonrisa y abrió los ojos de par en par.

—Su Alteza…

—Espera a que acabe -lo interrumpió Yuuri, alzando las manos para que Takeshi no lo regañara antes de tiempo. Sabía de antemano lo que diría el consejero, la princesa Svetlana, la sobrina de la Reina Minako había muerto hace mucho tiempo, No existía tal Heredera Lunar-. Todos los días aparecen nuevos rumores -prosiguió Yuuri- Gente que asegura haberla visto o haberla ayudado, teorías…

—Si, todos hemos oído esas teorías. Y sabes tan bien como yo que no tienen ningún fundamento.

—Pero, ¿Y si fueran ciertas? -Yuuri cruzo los brazos y agachó la cabeza hacia Takeshi. Su voz apenas era un susurro-. ¿Y si ahí fuera hubiera una joven que pudiera ocupar legítimamente el trono de Minako? ¿Alguien incluso más poderosa que ella?.

—¿Estás oyéndote?, ¿Alguien más poderoso que Minako? ¿Te refieres a alguien como su hermana, quien hizo que le apuntara los pies a su costurera favorita para que no tuviera otra cosa mejor que hacer que quedarse sentada a coserle sus vestidos?.

—No hablo de la Reina Channary.

—No, hablas de su hija. Yuuri, no existe ni un solo miembro de todo su linaje que no haya sido codicioso, violento o que no haya caído corrompido por su propio poder; lo llevan en la sangre. Créeme cuando le digo que si la princesa Svetlana realmente estuviera viva, no sería mejor que si tía.

Yuuri se dio cuenta de que le dolían los brazos de la presión que ejercían sus manos sobre la piel.

—Tampoco podría ser peor -replicó-. ¿Quien sabe? Si los rumores son ciertos y ha vivido en la tierra todo este tiempo, tal vez sea distinta, tal vez simpatice con nosotros.

—Estás basando sus deseos en rumores.

—Nunca encontraron el cuerpo…

Takeshi apretó los labios en una fina línea.

—Encontraron lo que quedó de un cuerpo.

—¿Que mal hay en indagar un poco más? -insistió Yuuri, que empezaba a desesperarse.

Llevaba mucho tiempo depositando todas sus esperanzas en aquella idea y en aquella investigación. Le resultaba insoportable pensar que había construido un castillo de naipes, aunque en el fondo siempre tuvo el presentimiento que sucedería algo así.

—Lo hay -contestó Takeshi-. Si Minako descubriera que has estado planeando algo así, nuestras esperanzas de alcanzar un acuerdo de Paz se irán al traste. Ni siquiera tendríamos que estar hablando de esto aquí, es demasiado peligroso.

—¿Quien es ahora el que hace caso a los rumores?.

—Su Alteza, no hay nada más que discutir sobre este tema. El objetivo primordial en estos momentos es evitar una guerra, no preocuparse por princesas lunares imaginarias.

—¿Y si no puedo evitarlo? 

Takeshi alzo las manos con un gesto de rendición, cómo si la discusión lo hubiera llevado al cansancio.

—Entonces la Unión tomarás las armas.

—Bien, un plan excelente. Me alegro mucho de haber tenido esta charla.

Dio media vuelta y se encaminó ofuscado hacia los laboratorios. No le cabía duda de que la Unión terrestre presentaría batalla. Sin embargo, contra luna; probablemente sucumbirían.

Gente linda!! Hola de nuevo! 

Que tal les ha ido esta semana? Alguna novedad? 

Al fin aparece nuestro príncipe! Y por lo menos ya sabemos donde estaba metido, y va de camino al laboratorio!! Se nos viene! 😂

También tenemos la aparición de nuestra hermosa Mila 💖 pero aquí será hermosamente mala, no tanto como Minako pero si xD

También tenemos la aparición de nuestra hermosa Mila 💖 pero aquí será hermosamente mala, no tanto como Minako pero si xD

Y, ¿adivinan quien es el guardaespaldas de la Taumaturga? 

Ojalá les guste mucho, nos vemos en otro capítulo 😁

Publicado por dmoonbrillentq

Dmoonbrillentq me encanta leer y ver anime, es una forma de poder desprenderme de toda la realidad y adentrarme a miles de aventuras que disfruto montones, por lo que cada historia y experiencias me encantaría poder compartirlo con ustedes. A nivel más personal amo la música y el baile <3 y ayudar a las demás personas, por lo que si necesitas en algún momento poder conversar con alguien aquí estaré

3 comentarios sobre “VICDER: CAPITULO DOCE

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: