VICDER: CAPITULO DIECISEIS


Doctores y androides del turno de noche se arrimaron a las paredes cuando el príncipe Yuuri atravesó el pasillo como un rayo. Había salido corriendo de su dormitorio, en la decimosexta planta del ala privada del palacio, y solo se había detenido para tomar aire cuando no le había quedado más remedio que esperar el ascensor. Irrumpió en la sala de visitas y se detuvo en seco, todavía con la mano en el picaporte

Su mirada enloquecida recayó en Takeshi, cruzado de brazos, apoyado contra la pared del fondo. El consejero aparto los ojos del ventanal y recibió la expresión angustiada de Yuuri con gesto resignado.

He oído… -empezó a decir Yuuri, enderezando la espalda-.

Tragó saliva para humedecerse la garganta reseca y acabó de entrar en la habitación. La puerta se cerro detrás de él con un ligero chasquido. Una única lamparita y el resplandor de los fluorescentes de la cuarentena iluminaban la pequeña sala.

Yuuri escudriño la habitación del enfermo a través del cristal justo en el momento en que un med-droide extendía una sábana blanca sobre los ojos cerrados de su padre. El martilleo de su corazón se detuvo de golpe.

—He llegado demasiado tarde.

Takeshi cambió de postura.

—Hace apenas unos minutos  -le confirmó y se apartó de la pared con movimientos pesados.

Yuuri se fijó en las arrugas que le surcaban el rostro, en los ojos exhaustos y privados de sueño y en la taza de té intacta que descansaba junto a un portavisor. Takeshi se había quedado trabajando hasta tarde en vez de volver a casa, a su cama.

El agotamiento finalmente venció a Yuuri, quien apoyó la frente ardiendo contra el frío cristal. Él también tendría que haber estado allí.

—Convocaré una rueda de prensa  -dijo Takeshi, con voz apagada-.

—¿Una rueda de prensa?

—El país tiene que saberlo. Todos lloraremos su pérdida.

Por un insólito momento, el consejero pareció profundamente afectado, aunque la respiración contenida lo desimulaba.

Yuuri cerró los ojos con fuerza y se los frotó con los dedos. A pesar de ser consciente de que su padre había contraído una enfermedad incurable y cuál sería el desenlace, nada parecía tener sentido. Era incapaz de asimilar todo lo que acababa de perder en apenas unos instantes. No solo era su padre. No solo al emperador. Su juventud. Su libertad.

—Seréis un buen emperador  -dijo Takeshi-


—Seréis un buen emperador  -dijo Takeshi-. Como fue él.

Yuuri se aparto de él con un estremecimiento. No queria pensar en aquello, en sus muchas deficiencias. Era demasiado joven, demasiado simple, demasiado ingenuo. No podía hacerlo.

La pantalla que tenían detrás lanzó un breve pitido, seguido de una voz dulce y femenina: “Comunicación entrante de la reina Minako de Luna para Su Majestad Yuuri, príncipe heredero de la Comunidad Oriental”.

Yuuri dio media vuelta hacia la telerred, que en esos momentos solo mostraba un globo terráqueo girando sobre sí mismo en una de las esquinas, señal de que había una com disponible. La tensión se respiraba en el ambiente, pero ninguno de los dos se movió.

—¿Como ha podido enterarse? ¿Tan pronto?  -preguntó Yuuri-. Debe de tener espías.

Vio de soslayo que Takeshi le lanzaba una mirada iracunda, como advirtiendole de que no empezara tan pronto con las teorías conspiratorias.

—O puede que la tamaturga o su guardia lo hayan visto correr por el palacio en medio de la noche  -dijo-. ¿Que otra cosa podría significar?.

Yuuri apretó los dientes, enderezó la espalda y le hizo un gesto a la pantalla, como si saludara a un enemigo.

—Me temo que se acabó el luto  -murmuró-. Pantalla, acepta la com.

 Pantalla, acepta la com



La pantalla se iluminó. A Yuuri se le erizó el vello al ver a la reina lunar, quien ocultaba la cabeza y los hombros bajo un recargado velo color crema, como una novia perpetua. Lo único que se adivinaba bajo aquel sudario era una insinuación de su cabellos largo y oscuro y un atisbo de sus facciones. Los lunares justifican aquella peculiar carta de presentación con la belleza de su reina, de tal perfección que los terrestres no eran dignos de contemplarla. Sin embargo Yuuri había oido que, en realidad, el hechizo de la reina  -su facultad para conseguir que la gente la considerara sublimemente  hermosa mediante la manipulación de ondas cerebrales-  no tenía efecto sobre las telerredes y por tanto, nunca permitía que se la viera a través de estas.

Se debiera a la razón que se debiera, a Yuuri siempre acababan escociéndole los ojos si miraba largo rato la figura envuelta en aquel velo blanco.

—Mi querido príncipe Regente  -dijo Minako con voz dulzona-, permiteme ser la primera en transmitirle mis condolencias por la perdida de su padre, el buen emperador Toshiva. Que descanse en paz.

Yuuri lanzó una mirada gélida a Takeshi. ¿Espías? 

Takeshi no se la devolvió.

—A pesar de las trágicas circunstancias espero poder continuar las conversaciones de paz con voz, como nuevo líder de la comunidad oriental de la tierra. Puesto que no veo que exista motivo alguno para postergar dichas conversaciones hasta el momento de vuestra coronación, se celebre cuando haya de celebrarse, creo que sería conveniente concertar un encuentro tan pronto como sea oportuno, teniendo en cuenta su periodo de luto. Mi nave está lista para partir tan pronto como amanezca en sus latitudes, para poder expresarle tanto mis condolencias como mis felicitaciones en persona. Avisaré a mi taumaturga de mi llegada, ella se encargará de mis aposentos estén debidamente acondicionados, de modo que le ruego no se preocupe por mi alojamiento. Estoy segura de que tiene otros asuntos de que ocuparse en estos momentos tan trágicos. Mi más sentido pésame a usted y a la comunidad.

Finalizó el mensaje con una leve inclinación de la cabeza y la pantalla se fundió de negro.

Boquiabierto, Yuuri se volvió hacia Takeshi y apretó los puños contra los costados antes de que empezara a temblarle.

—¿Quiere venir… aquí? ¿Ahora? ¡No hace ni quince minutos que mi padre ha fallecido y ella se quiere meterse aquí!.

Takeshi se aclaró la garganta.

—Deberíamos discutir esto en la mañana. Lo más conveniente sería hacerlo antes de la conferencia de prensa. 

Yuuri se dio la vuelta y apoyó la cabeza en el ventanal agotado. Al otro lado, la silueta angulosa del cuerpo de su padre quedaba oculta bajo la sábana blanca, muy similar a la Reina y su velo. El emperador había perdido tanto peso que en las últimas semanas que parecía más un maniquí que un hombre.

Su padre ya no estaba a su lado. Ya no volvería a protegerlo. No volvería a darle consejos. No volvería a molestarlo y hacerlo reír. No volvería a gobernar el país. 

Minako cree que soy débil -dijo Yuuri-. Intentará persuadirme durante el periodo de confusión que vendrá a continuación para que acepte un matrimonio que acepte la alianza. -le dio una patada a la pared, aunque tuvo que aguantar un grito de dolor al recordar que iba descalzo-. ¿No podemos decirle que no? Que no es bienvenida.

—No creo que eso sea una señal de paz por la que su padre había luchado tanto.

—¡Pero es ella la que lleva doce años amenazándonos con la guerra!.

Takeshi frunció los labios y la viva preocupación que se traslucía en su mirada sofocó la rabia de Yuuri.

—Las conversaciones se entablan entre dos interlocutores, Alteza. Escucharemos sus peticiones, pero ella también tendrá que escuchar las nuestras.

Yuuri hundió los hombros. 

—¿Que ha querido decir con eso de que su taumaturga se ocupara de su alojamiento? -preguntó, con la mirada dirigida hasta el techo oculto en la penumbra-.

—Supongo que se refiere a retirar todos los espejos.

Yuuri cerró los ojos con fuerza.

—Los espejos, claro. Lo había olvidado.

Se masajeó la frente. ¿Que pretenderían los lunares?. Y no una lunar cualquiera. La Reina Minako. En la tierra. En su país, en su hogar. Se estremeció.

—Esto no va a gustarle nada al pueblo.

—No, -Takeshi suspiró-. Mañana será un día amargo para la Comunidad. 

Cómo vemos, lastimosamente el padre de Yuuri fallece y hay muchas cosas que empezarán a cambiar. Nuestro príncipe no se siente capaz de llevar un peso tan grande como lo hacia su padre, y vemos cómo la ansiedad trata de apoderarse de èl 😦 

Pronto tendremos a la Reina Minako en la tierra. ¿Ustedes que opinan que sucederá? 

Los leo! ❤️❤️❤️ un abrazo gigante! 

Hermosa Noche!

Publicado por dmoonbrillentq

Dmoonbrillentq me encanta leer y ver anime, es una forma de poder desprenderme de toda la realidad y adentrarme a miles de aventuras que disfruto montones, por lo que cada historia y experiencias me encantaría poder compartirlo con ustedes. A nivel más personal amo la música y el baile <3 y ayudar a las demás personas, por lo que si necesitas en algún momento poder conversar con alguien aquí estaré

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