Tabú 25


Bangalore y sus ocho millones de habitantes nos recibió con su acostumbrada modernidad y tradición.

Calles llenas de personas que caminaban de un lado a otro, hermosas mujeres vestidas con saris de distintos colores vivos que realzaban la belleza de su piel ceniza y sus grandes ojos en los que se concentra la profunda oscuridad del universo.

Yakov y yo tuvimos que viajar a la ciudad situada al sur de la India luego recibir una preocupante noticia. Miles de mujeres trabajadoras habían comenzado una huelga reclamando sus derechos laborales en el bastión de las confecciones de ese país. Eran casi quinientas mil personas las que trabajaban en las fábricas textiles que se habían asentado en las afueras de la ciudad y en las que confeccionaban sin parar miles y miles de prendas de vestir al día para las marcas de ropa más reconocidas del mundo.

Esa huelga nos dejaría sin la posibilidad de llegar a nuestros mercados a tiempo y en la empresa no podíamos permitir ese impase. Nuestras deudas nos comían a pesar de todos los esfuerzos que hicimos en “Nefrit” para salir adelante. Teniendo la colección en plena preparación y con la posibilidad de firmar contratos millonarios de distribución, el sistema de producción no podía parar.

No está de más recordar que Yakov y yo teníamos posiciones distintas sobre la manera cómo debíamos resolver el problema de los trabajadores. Durante el viaje las discutimos, pero no llegamos a ningún acuerdo.

—Si desean seguir con la huelga y no llegamos a ninguna negociación tendrás que denunciar a los trabajadores ante los organismos respectivos por abandono de puestos y al día siguiente tendrás a la mitad en sus lugares y la otra mitad de puestos vacantes se podrá cubrir en dos horas. —Yakov había visto la manera cómo otras empresas trataban a sus empleados y esa forma tan poco humana les permitía ser líderes en el mercado porque reducían de tal manera los costos de producción que les permitía bajar también el precio final de las prendas—. Víctor son negocios y en los negocios no debe intervenir el corazón.

—Solo quiero saber cuáles son sus reales condiciones de trabajo y porqué ellos se han sumado a la huelga. —El noventa por ciento de los empleados en las fábricas de “Nefrit” eran mujeres de diferentes edades y de extracción socioeconómica muy humilde, eso lo sabía de antemano; lo que no sabía era si mi padre los dejó con cierta protección laboral o si fue uno más de los tantos diseñadores que no desean ver el trato denigrante que sufrían los confeccionistas.

Nos tomó algo más de dos horas llegar a la fábrica desde el aeropuerto debido al bloqueo de vías por lo que tuvimos que tomar diferentes carros y al mediodía por fin pude conocer sus instalaciones. Era una construcción de estilo inglés cuyos talleres se encontraban distribuidos en todo el perímetro que circundaba un gran patio central, dentro de habitaciones bastante amplias y en las que el calor se sentía con más rigor que en el exterior.

En el patio central me recibió una delegación de trabajadoras y entre ellas conocí a Sundari Bidyadhara. De cuarenta y tres años, madre de dos adolescentes y con un esposo enfermo que se quedaba en casa. La mujer trabajó desde los quince años en el sector y lo conocía como la palma de su mano. Ella fue muy respetuosa el momento de nuestra presentación y junto con las demás damas hicieron el típico gesto de juntar las manos, llevarlas al centro del rostro y hacer una pequeña inclinación mientras me deseaban un buen día y me decían el tradicional namasté que acostumbraban usar ellas.

Sundari me pidió que la siguiera en una pequeña visita por nuestra fábrica y pude conocer de cerca las condiciones en las que ellas trabajaban. Las máquinas modernas se encontraban bien ubicadas y seguras en cada uno de los talleres, en total veinte entre el primer y segundo nivel de la gran casona. La construcción también era muy segura, pero existían detalles que la convertían en un lugar poco adecuado para seguir trabajando.

Después de caminar por media hora y visitar los talleres donde las trabajadoras me recibían con sus sonrisas y sus ojos llenos de esperanza, nos reunimos en el patio central bajo la enorme higuera llena de frutos que daba sombra desde hacía más de ochenta años a quienes se sentaban bajo sus gruesas ramas y sobre sus retorcidas raíces. Yo me senté en uno de los dos sillones que ellas trasladaron para que las ramas me protegieran del sol. Las mujeres se reunieron alrededor del árbol rodeándonos con sus murmullos y todos nos sentamos sobre cojines y telares. Cuando ellas hicieron silencio a pedido de sus representantes las observé en silencio y miré en ellas al corazón mismo de la India.

La dama se puso en pie y habló con su dulce voz en un inglés pronunciado con ese especial acento entre británico e hindi que parecía envolver cada sílaba en una burbuja.

—Señor Nikiforov gracias por su visita esperamos que su estadía y la del señor Feltsman sea pacífica y muy gratificante. Soy una mujer que trabaja en las confecciones desde mi adolescencia por eso mis compañeras y compañeros me han nombrado su representante para hablar con usted. —Los negros ojos de Sundari me bañaban con destellos orientales de paz y bondad.

—Sundari he podido ver en esta corta visita que faltan muchas cosas, hace falta más zonas cómodas y seguras para ustedes y que no todo en una fábrica debe ser maquinaria moderna y horas de trabajo. —En comparación con los talleres de Nefrit en San Petersburgo, esa casa tenía el doble de extensión y el cuádruple de necesidades—. He venido a escuchar vuestros pedidos y propuestas.

—Señor Nikiforov usted mismo ha dicho que hace falta muchas cosas en esta fábrica y su señor padre también lo observó, solo que no le alcanzó vida para cumplir sus promesas. —La mujer mostró un gesto de real pena cuando mencionó a papá—. Somos conscientes que no se puede cambiar todo en un solo momento, pero existen problemas que creemos se deben atender con prioridad.

»Lo primero que queríamos pedirle por favor es el arreglo de los ventiladores en los talleres, es tan difícil trabajar con tanto calor y eso nos cansa demasiado y reduce nuestra productividad.

—Sundari… antes que siga con los pedidos queremos saber cuáles son las condiciones en las que ustedes trabajan todos los días, eso me ayudará a entender mejor vuestras necesidades.

La mujer me miró, caminó como diez pasos hacia atrás y se detuvo entre los espacios que dejaron sus compañeras que observaban sentadas en el suelo.

—Señor Nikiforov esta no es la peor fábrica en la que he trabajado en todos mis años de confeccionista, tampoco es la mejor. Somos doscientas mujeres y veintidós hombres los que a diario llegamos muy temprano dejando nuestros hogares en la madrugada y saliendo de aquí cuando el sol se pone. Después de nuestra jornada de trabajo vamos a casa a cocinar, lavar y atender a la familia. Pero si no fuera este trabajo tal vez hace tiempo ya hubiéramos muerto de hambre.

»Tengo que confeccionar cien piezas al día, mis manos se cansan para las tres de la tarde, pero no puedo parar porque si me detengo no cumpliré con mi cuota y mi trabajo estará en peligro porque el inspector de la fábrica elevará un informe diciendo que no cumplo con mis obligaciones y me despedirá. Durante el día no puedo tomar mucha agua porque eso me obligaría a ir al baño y ese tiempo retrasaría mi trabajo.

Sundari calló y observé que sus compañeras asentían en silencio cada frase que decía, imaginé que ellas pasaban por las mismas tribulaciones que la delgada mujer.

—Como le decía los ventiladores no funcionan bien y hay un momento que el cansancio y el sueño me vence y tengo que esforzarme el doble. Comemos en tan solo doce o quince minutos en la hora de almuerzo para evitar retrasos en nuestra entrega. Si por algún motivo no he cumplido con la cantidad de piezas al día tengo que quedarme una o dos horas más y cuando salgo a tomar el bus para casa es muy peligroso y varias veces me vi en la situación de ser asaltada y hasta violada. Llegué a casa temblando de miedo.

»Debido a las exigencias para cumplir con las cuotas diarias me han diagnosticado una deficiencia renal porque no tomo agua, algunas de mis compañeras han enfermado de los nervios y del corazón por el estrés, otras tienen que aguantar sus dolores menstruales porque si no lo hacen las despiden. No tenemos un lugar donde podamos atendernos de alguna dolencia, solo lo hacemos con pequeños botiquines y solo hay uno por cada dos talleres.

Sundari hablaba sobre exigencias inhumanas para que la producción de nuestras prendas no parase y pudiéramos atender los pedidos de los almacenes. En la India, Nefrit preparaba la ropa casual para vestir a las mujeres ejecutivas y la exigencia de los estándares de calidad obligaba a que muchas piezas confeccionadas sean devueltas para tener más precisión en los detalles y mejor calidad en las costuras y remates.

Sundari siguió explicando.

—Las compañeras que tienen a sus niños no pueden dejarlos en la guardería de la empresa porque ese lugar es demasiado húmedo y cerrado y ha generado muchas infecciones en los pulmones y la piel de los pequeños y las personas que los cuidan no son tan buenos con ellos.

»Los baños son muy antiguos y de las treinta baterías que existen, solo cuatro funcionan en el segundo nivel y seis en el primero. No hay un tanque de agua de donde proveer los baños cuando hay cortes en el suministro.

No podía creer que las condiciones de trabajo fueran tan precarias. En Rusia la vida en las fábricas era incómoda, pero lo que esas mujeres de Bangalore tenían que vivir a diario en el trabajo era inconcebible. Me dolió mucho escuchar las quejas de la representante y observar los rostros cansados y delgados de sus compañeras me produjo una gran vergüenza porque era yo el que mantuvo por algunos meses esa situación. 

—Las sillas son muy incómodas para trabajar no son… cómo se dice… ergonómicas y nos duele mucho la espalda al final del día y no hay un lugar adecuado dónde poder preparar algún té de hierbas o calentar nuestros almuerzos, la cocina no funciona desde hace dos años porque el antiguo dueño no se ocupaba ya de la fábrica.

»Muchos de estos problemas podemos solucionarlos con una mejor organización y tiempos de trabajo, otros podemos soportarlos hasta que se puedan solucionar porque sabemos que su marca está recién en expansión y entendemos esa necesidad suya señor. Pero cuando veo a mis compañeras y las escucho decir que sus sueldos no les alcanzan para los problemas que tienen que enfrentar, cuando sabemos que los administradores no pagaron nuestros seguros médicos o no tramitaron bien los papeles de trabajo y no nos pueden atender en los hospitales, cuando sé que alguna de ellas tiene que prestarse dinero para pagar alguna emergencia a personas que nos cobran muchos intereses y cuando veo el cheque que me dan a fin de mes … perdóneme pero no puedo dejar de preguntarme cómo es posible que la venta de una sola camiseta en una de esas tiendas bonitas de Nefrit en Europa tenga el mismo valor de mi sueldo de todo un mes.

»Solo estamos pidiendo lo justo señor y estoy segura que todas mis compañeras y mis compañeros sentiremos que nuestro esfuerzo estará bien hecho, que todas esas horas de trabajo duro habrán valido la pena.

Las lágrimas sobre el rostro de Sundari y de algunas de las doscientas mujeres sentadas bajo la sombra del gran árbol callaron sus voces y yo, estremecido con cada frase que la mujer dijo, supe que debía corregirse todo en el lugar.

Mi corazón palpitaba lleno de tristeza y de vergüenza de ver tanta indiferencia. Qué las hacía tan desdichadas a esas bellas mujeres de cabellos negros y saris coloridos, qué las diferenciaba de mí que podía viajar en primera clase y disponer miles de dólares en una compra de algún aparato que después de un año ya no me era útil.

—¿Saben?, la empresa atraviesa en estos momentos ciertas dificultades; pero ahora que hemos eliminado al intermediario, ahora que estas dos fábricas pertenecen directamente a Nefrit y no a otra persona que nos vende las confecciones creo que vamos a mejorar las cosas en los próximos dos años. —Pensé que esa no podía ser una mejora inmediata, pero el cambio debía empezar. Entonces decidí no ofrecer demasiado—. Quiero que prioricemos las cosas, ustedes decidan cuáles son los aspectos más urgentes que debemos atender o mejorar y en cuanto a los tiempos de trabajo y la entrega de las cuotas de vuestras confecciones vamos a hacer un cambio de sistema.

—Si me permites Víctor. —Yakov se puso en pie y tomó la palabra—. Señoras y señores vamos a mejorar el porcentaje de vuestros ingresos mensuales poco a poco, pero lo vamos a hacer después que salga la primera colección de este año, solo les pido un par de meses de paciencia y verán que las cosas van a cambiar.

—Y en cuanto a la guardería y la cafetería nos vamos a encargar directamente de sus mejoras, solo les pido que elijan los mejores lugares de la fábrica para implementarlas. —Calculé que con solo diez mil dólares se podría mejorar esos ambientes y yo sabía muy bien de dónde iba a sacar ese dinero.

Cuando terminamos las negociaciones nos comprometimos a cambiar el sistema de ventilación, las sillas de todos los trabajadores, mejoraríamos los procesos de contratación y acreditación de los confeccionistas principales y también estableceríamos contratos más largos de trabajo.

Creo que la principal mejora fue aceptar la propuesta de establecer dos turnos de trabajo con jornadas de ocho horas y ya no un solo turno de doce horas.

Una innovación importante fue que las cuotas exigidas de confección bajaban, pero en su lugar las trabajadoras apoyarían la solicitud ante las organizaciones nacionales e internacionales de ser una marca que no recurría a la explotación de sus empleados.

Sundari Bidyadhara y sus compañeras nos despidieron con cánticos y flores que no sé de dónde las sacaron con tanta prisa. Al día siguiente dispusimos que una parte del pago que deberíamos hacer al banco se destinase para los primeros cambios en las condiciones de la fábrica antigua.

La otra fábrica no nos dio mucho problema porque debido a la automatización de la misma eran pocos los trabajadores en ella y sus problemas eran más técnicos que humanos.

Mi viaje a Bangalore me permitió saber qué otras historias escondía cada blusa, cada vestido, cada traje, cada falda y cada accesorio que llevaba el “ojo verde de mujer” estampado en la etiqueta.

Me despedí de Bangalore convencido que las fábricas orientales de Nefrit ya no serían un lugar de explotación laboral y juré que en un par de años tendría una certificación de calidad otorgada por la OIT.

Lo haría por Sundari y por todas sus amables y sufridas compañeras.


Regresamos a Rusia con muchas promesas que se debían convertir en proyectos y también con bonitos regalos para Yuri y Lilia. No fue un viaje improductivo porque los resultados del mismo nos ayudaron a mejorar nuestra producción y abrir la marca a mercados y sobre todo mujeres más comprometidas con los derechos laborales de los trabajadores en el mundo. Para nosotros fue un gran avance.

Las cosas en las fábricas de Bangalore comenzaron a cambiar y también en Peterburg. Lilia me esperaba con una sorpresa agradable. Una joven diseñadora a quien las revistas especializadas habían calificado como una gran innovadora se unía al equipo de Nefrit llenando de alguna manera el gran vacío que dejó Joseph Done.

—Víctor ella es Mila Babicheva, también es de San Petersburgo y creo que no hace falta que te señale sus grandes cualidades como diseñadora pues ha sido elegida por la asociación de diseñadores como la mejor el año pasado. —Lilia se mostraba orgullosa de Mila pues había sido alumna suya en los cursos cortos que ella solía dictar entre las temporadas.

Mila es hermosa y muy alegre. Desde el primer día que ingresó a trabajar con nosotros se mostró muy disciplinada y tenía un gran don para hacer un buen trabajo en equipo, apoyando a los demás sin que se sintieran intimidados con su presencia.

—Mucho gusto Mila y bienvenida. —Tomé con delicadeza su mano al saludarla—. Espero que nos acompañes un buen tiempo en la firma.

—Yo estoy encantada de trabajar con ustedes y en especial con Madame Baranovskaya a quien admiro mucho señor Nikiforov. —Su sonrisa llenaba cualquier espacio y era contagiosa.

—No me digas señor Nikiforov, llámame Víctor por favor. —Le hice un pequeño guiño de ojo y ella respondió con algo de rubor en las mejillas.

Pero mi entusiasmo se detuvo en forma brusca cuando vi la molesta mirada de Lilia que parecía desaprobar nuestra mutua coquetería. Algo que solo se dio esa vez porque Mila no tuvo ojos para mí jamás y porque pronto sería otra la persona que entró en su corazón.

Tras conversar sobre las nuevas tendencias que llegarían para el siguiente año me despedí de las damas y las dejé en el taller charlando como dos buenas amigas. Me sentí feliz por Lilia quien parecía tener una gran afinidad con la chica Babicheva, la de los ojos azules y la visión innovadora de la empresa.  


Al regresar al departamento el manto de misticismo con el que me vestí esos días en la India desapareció y una vez más los habituales habitantes espectrales de mi mente comenzaron a dar señales de vida.

Yuri me recibió con buen semblante y la actitud mansa. Pero una vez más sus ojos se convirtieron en los bellos verdugos que provocaban mis instintos y sus brazos alrededor de mi cuello fueron las amarras con las que me sentí de nuevo esclavo de mis negros pensamientos.

—Te extrañé Vitya. —Yuri se había convertido en un gatito mimoso que restregaba su cabeza contra el cuerpo de su humano.

—Un día tenemos que hacer ese viaje juntos para que entiendas bien por qué he tomado ciertas decisiones. —Si Yuri pretendía manejar un día Nefrit debía convertirse en un líder justo para todos los talentos que trabajasen en la empresa.

—Sé que mucha gente trabaja en inhumanas condiciones para otras empresas y no quiero que Nefrit sea otra marca más vinculada a la explotación de la gente. —Yuri me había servido una generosa copa de vino tinto y me la ofrecía mientras apoyaba su brazo en mi hombro.

—Gracias Yuri… ya te contaré mañana todas las experiencias que he vivido allá. —Bebí de un sorbo mi copa y me puse en pie caminando en dirección de mi habitación. Miré mi reloj y era algo más de las diez de la noche y al día siguiente los socios minoritarios de la empresa y yo teníamos varias reuniones de trabajo para ejecutar las decisiones que nos permitieran realizar los compromisos adquiridos en la India.

Yuri recibió mi copa y se quedó unos minutos más en la cocina mientras yo tomaba un refrescante baño y deseaba entrar en mi cama de inmediato. Estaba muy cansado como para hacer otra cosa más.

Cuando me cubrí con las mantas el tono de mi celular me obligó a abrir mis pesados párpados. Era Anya quien llamaba desde Brasil. No quise ser descortés así que contesté de inmediato.

—Amor… ¿estás ya en casa? —Su voz sonaba deliciosamente enronquecida, parecía el ronroneo de una gata el que vibraba en mi oído.

—Sí y todo está bien por aquí. —Yuri entró en mi habitación para despedirse y lo hizo alzando ambas cejas y la mano para luego ir a darse un baño—. Yuri también te saluda.

—¿Cómo está él? —Anya suspiró y por lo general no lo hacía, pero con Yuri el trato era distinto, ella incluso modulaba su voz y la hacía más delgada cuando ambos hablaban por el teléfono—. ¿Ya se adaptó?

—Va en proceso. En la escuela no ha hecho muchos amigos, pero tiene buenos promedios en sus evaluaciones. —Escuché que la regadera comenzó a sonar e imaginé que Yuri dejaba en el suelo la última pieza de su ropa e ingresaba en ella—. ¿Cómo van las cosas con el documental?

—Hemos sufrido algunos retrasos en las filmaciones y debemos internarnos una última vez para hacer unas tomas más. —Anya tenía ese tono de voz con el que me hablaba cada vez que quería explicar cuán importante era culminar bien su trabajo—. Los nativos son muy huidizos y es que no confían en nadie porque muchos colonos los han agredido y hasta mataron algunos de los integrantes de las dos tribus que dominan esta pequeña región.

—¿Eso significa que no vendrás en diciembre? —Ya tenía planificado todo para su retorno, fue por ese motivo también que no me quedé más tiempo en la India. Las fechas coincidirían bien y con Anya junto a mí ya no tendría necesidad de fantasear con Yuri como lo estaba haciendo ese momento.

—Amor solo serán unas tres o cuatro semanas más. —Anya cambió su tono de voz por uno más suplicante. Yo solo imaginaba el vapor del agua caliente llenando el ambiente del baño y el cuerpo de Yuri en medio de esa cálida bruma—. Después de eso no me apartaré de ti por lo menos en tres años, te lo prometo… no, te lo juro.

—Cuatro semanas. —Suspiré sin pensar por qué lo hacía, Anya tal vez entendió que me daba demasiado coraje o nostalgia soportar ese tiempo adicional sin ella, mi mente en cambio ordenaba a mi cuerpo reaccionar ante la idea de ver a Yuri repasando con sus manos inundadas en crema de baño todo su cuerpo.

—Tal vez puede ser menos tiempo amor… por favor no te enojes, sabes que ese documental es un trabajo muy importante para mí. —La voz de Anya se escuchaba como la de una niña pequeña que parecía jugar con el celular mientras hablábamos.

—Está bien, pero ese retraso te costará algunos castigos que estoy planeando darte niña mala. —Había pensado llevarla de viaje a un lugar muy distinto a esas selvas brasileras, tal vez las montañas alpinas o un lugar de invierno en Suecia donde ambos pasaríamos cerrados en nuestra habitación todo el día. Esa sería la mejor manera de apartar a Yuri de mi mente o de reorganizar todo dentro de ella.

—Estoy dispuesta a recibir todos tus castigos amor. —Ella agravó más su voz sabiendo que ese tono me prendía de inmediato. Pero era la imagen de mi hermano y la espuma del jabón, bajando por su espalda y escurriendo por sus piernas, los que me provocaban más calor esa noche.

—No me provoques Anya sabes muy bien que soy capaz de cosas muy sucias. —Y yo sabía que ella era capaz de ser más extremista, recordé de inmediato la vez que me dio una severa mordida en el brazo mientras se movía sobre mi cuerpo como una amazona cabalgando a pelo sobre su caballo. Todavía tengo la huella de su amor cerca de mi hombro.

—¿Y qué haremos con Yuri esos días? —Solo de escuchar su nombre volví a pensar cómo las gotas de agua caían de sus mechones dorados y bajaban con entera libertad por sus pequeños pectorales, pude seguir la trayectoria de una de ellas hasta que se perdía en la suave mota de su pubis.

—Podría ir por unos días a casa de Lilia. Ella lo adora, aunque diga que es un demonio. —Era mejor tenerlo controlado de alguna forma.

—O podrías contratar un viaje corto para él y un amigo suyo. —Esa idea estaba más que negada en mi mente porque estaba seguro que Yuri elegiría a su depredador y ese mozo lo haría suyo de mil formas que no quería ni imaginar.

—Creo que será mejor que se quede con Lilia por que no puede perder clases. —Esa fue la excusa perfecta para no dejarlo partir de mi lado, para saber que Yuri conservaba esa pureza para… para mí. Fue estúpido pensar de esa forma pues yo deseaba que Anya volviera de inmediato y porque solo con ella a mi lado podría alejarme de Yuri.

Pero una vez lejos de él, una vez que volviera a ponerlo en el lugar que le correspondía ¿qué esperaría que hiciera? Yuri me había confesado que le gustaban solo los chicos, así que, si no era esa musculosa máquina demoledora, tarde o temprano sería otro hombre el que se haría dueño de su cuerpo y de su corazón.

Una vez más el fantasma de mis celos se hizo presente y me obligó a hacer algo que jamás habría pensado hacer en el pasado.

—Amor estoy a punto de dormir, el viaje fue muy pesado. —Fingí un bostezo largo—. Te llamo mañana ¿sí?

—Duerme mi bebé. —Sentí el beso que me enviaba a la distancia y sonreí—. Sabes que te amo.

—Yo también nena. —Escuché que Yuri salía del baño y no jugué con Anya a las despedidas largas como antes, luego de escuchar un beso sobre el auricular corté la llamada.

Esperaba que Yuri pensara que estaba dormido y con esa confianza se tocase una vez más en la oscuridad de su dormitorio. Pero él hizo algo más, con los ojos entrecerrados lo vi pasar desnudo frotándose la cabeza con una toalla.

De inmediato una de mis manos viajó hacia mi tenso falo y la otra cubrió mi boca. La succioné simulando que era la carne de Yuri y froté sin piedad mi fusil hasta que varios proyectiles salieron disparados contra las sábanas.

Mi pecho agitado y mis manos mojadas por mi propio líquido me delataban ante los dioses inquisidores. Era culpable de lujuria y el objeto de mi pecado escuchaba música en su celular mientras posaba su suave mejilla en la almohada.

Yuri era mi perdición.

Una criatura demoníaca que con su belleza se había apropiado de mi pobre alma.

Esa noche mi cuerpo, entre sollozos estremecedores y latidos furiosos, deseaba que mi erecto falo fuese el dueño de su boca, de sus manos y de su estrecho agujero rosa.

Yuri vivía en mi piel sin haberlo tocado y mis manos palidecían cada noche, cuando después de brindarle una caricia de hermano abnegado, las obligaba a reprimir sus mundanas ganas de arrebatar la inocencia de un muchachito casto.

Qué delicia pensar en sus labios, qué impudicia imaginar su saliva escurriendo entre mis dedos, que espanto fantasear con su tensa carne endurecida abriéndose paso por mi boca. Mi monstruo soñaba con devorarlo entero, someterlo a las exigencias más vulgares de mi cuerpo y luego elevarlo como el copón ante el altar para declararle mi amor y mi veneración.

Yuri se había clavado en mis manos y mis pies. Y yo aceptaba el dolor que me producía amarlo de lejos y en silencio, temiendo que descubriera en mis gestos o mi mirada, que el intenso deseo que sentía por hacerlo mío, el anhelo por tomar con mi boca su aliento y por beber todas sus fuentes para saciar mi sed perversa y mi angustia mortal.


Notas de autor:

Saris.- Tradicionales trajes femeninos de la India.

Como siempre agradezco vuestras lecturas y comentarios. Ahora les tengo una noticia y es que las actualizaciones semanales de Tabú serán dos, los martes para saber qué nos cuenta Víctor y los jueves para conocer la versión de Yuri.

Nos seguimos leyendo en la próxima.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

2 comentarios sobre “Tabú 25

  1. Me encantó que hallas tocado el tema de explotación en las empresas textiles ,gente pobre que lo único que puede hacer es aceptar terribles condiciones de trabajo a cambio de llevar algo a su casa .El saber de dónde viene nuestra ropa tal vez nos haría más consciente del sufrimiento de mucha gente y que sus voces aún siguen enterradas ente montones de tela.
    Espero la actualización ,necesito ver a mis rusos en acción ,quiero y a la vez no quiero que Víctor intenté algo con Yuri pero siento que Zuko probablemente desencadene los monstruos de Víctor.
    Por favor continua ,eres la mejor y gracias por escribir sobre está pareja .

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    1. Gracias Lady por tener en cuenta ese tema y es una realidad que se da en la industria de la confección y no podía soslayarlo. No te preocupes de que siga eso está asegurado. Saludos.

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