VICDER: CAPITULO DIEZ


Vicder se sobresaltó cuando la voz misteriosa volvió a inundar la habitación, exigiendo otra muestra de sangre del cordero ofrecido en sacrificio. Lanzó una mirada furibunda hacia el espejo, haciendo caso omiso al med-droide mientras este preparaba una aguja nueva con eficiencia robótica.

Trago saliva para humedecer la garganta.

—¿Cuanto falta para que me den el falso antídoto?

Espero, pero no obtuvo respuesta. El androide cerró sus garras metálicas alrededor del brazo de Vicder. La joven dio un respingo al sentir el frío y otro más cuando le clavó la aguja en el brazo dolorido.

El cardenal no se le iría en varios días.

Entonces recordó que al día siguiente estaría muerta o muriéndose. Como Yuko.

Se le revolvió el estomago. Tal vez Anya Tuviera razón. Tal vez aquello era lo mejor.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo. La pierna metálica replicó con fuerza contra la mesa. 

O tal vez no. Puede que el antídoto funcionara.

Lleno los pulmones con el aire frío y estéril del laboratorio y miró el holograma de la pared que reproducía su cuerpo. Dos puntos verdes palpitaban por el pie derecho.

El med-droide estrajo la aguja y utilizo una bolita de algodón para taponar la herida. A continuación, colocó el tubito lleno de sangre en una caja metálica pegada a la pared.

Vicder golpeó la cabeza contra la mesa del laboratorio.

—Te he hecho una pregunta. ¿Y el antídoto?. Al menos intentarán salvarme la vida, ¿no?.

—Med -dijo una voz distinta, femenina. Vicder volvió la cabeza de inmediato para encontrarse con su imagen reflejada en el espejo-. Desconecta a la paciente de los instrumentos de monitorización y acompáñala al laboratorio 4D.

Vicder hundió las uñas en el papel que cubría la camilla. Laboratorio cuatro. ¿Era ahí donde los enviaban para observar cómo morían?

El androide cerró sin más el panel de la cabeza de Vicder y retiró los electrodos del pecho. La maquina que  controlaba el ritmo cardíaco mostró una línea continua.

—¿Hola?  -dijo Vicder-.  ¿Podrías decirme qué está pasando?

Sin respuesta. Una lucecita verde parpadeó junto al sensor del androide y la puerta se abrió a un pasillo de baldosas blancas. El med-droide empujó  la mesa de reconocimiento fuera del laboratorio, pasando junto al espejo. El pasillo estaba desierto y olía a desinfectante. Una de las ruedas de la camilla chirriaba al compás de las orugas del androide.

Vicdr intentó alargar el cuello, pero solo alcanzó a ver el sensor del med-droide.

Vicder apretó los labios. Pasaron junto a varias puertas blancas y numeradas.

—¿Qué hay en el laboratorio 4D?

Silencio.

Vicder tamborileó con los dedos el único acompañamiento del crujido del papel que cubría la camilla y el chirrido de la rueda, que estaba a punto de provocarle un tic nervioso. Oyó unas voces a lo lejos, al fondo de otro pasillo, y no le habría sorprendido oír gritos tras las puertas cerradas. En ese momento se abrió la que tenía al lado y el androide pasó junto a un letrero que indicaba 4D negro, empujando la camilla. El laboratorio era una réplica del anterior, aunque sin espejo de observación.

El androide aparcó la camilla junto a la mesa de exploración, sobre la que descansaban un par de botas y guantes que Vicder le resultaron conocidos. Para su sorpresa, en ese momento se abrieron los grilletes con un silbido simultáneo. Se masajeo la muñeca con cierto consuelo de sentirse por un momento libre.

Apartó las manos y pataleo las bandas metálicas de los pies de inmediato antes de que el androide cayera en la cuenta de que había cometido un error y quisiera volver a atarla. Sin embargo, el robot no reaccionó de ninguna manera y salió al pasillo, sin comentarios. La puerta se cerró detrás de el con un estrépito.

Temblorosa, Vicder se incorporó y buscó cámaras ocultas por toda la habitación, aunque a primera vista no encontró nada. Sobre la repisa que recorría una de las paredes descansaban los mismos instrumentos para controlar el ritmo cardíaco y los detectores de ratio. Una telerred a la derecha, apagada. La puerta. Dos camillas. Y ella.

Tomo los guantes y su calzado, mientras se anudaba una de las botas, recordó las herramientas que se había guardado en la pantorrilla antes de salir del vertedero de chatarra, y aunque aquello había ocurrido hacía apenas unas horas, para ella era como si hubieran pasado siglos. Abrió el compartimiento y sintió un gran alivio al descubrir que todo seguía allí. Cada vez más tranquila, cogió la herramienta más grande y pesada que tenía -una llave inglesa-  antes de volver a cerrarlo y acabar de anudarse la bota.

Con las extremidaades biónicas cubiertas y un arma en la mano, estaba más calmada. Seguía tensa, pero no se sentía tan vulnerable como antes.

Aunque si más confusa que nunca.

¿Por qué le devolvían sus cosas si iban a matarla? ¿Por qué la habían cambiado de laboratorio?

Frotó la fría llave inglesa contra el cardenal que le había salido en el pliegue del brazo. Parecía inquietantemente una mancha de peste. Puso el pulgar encima y apretó, aliviada al sentir el leve dolor que demostraba que no lo era.

Volvió a buscar cámaras por la habitación, casi esperando que un pequeño ejercito de med-droides irrumpiera antes de que pudiera destruir el equipo del laboratorio, pero no vio nada. En el pasillo no se oían pisadas.

Vicder fue hasta la puerta y giró el picaporte, Cerrada. Había un escáner de identidad encajado en el marco, pero la lucecita roja no cambió a verde cuando pasó la muñeca por delante, por lo que supuso que estaría programado para que solo pudiera activarlo el personal.

Se acercó a los armarios e intentó abrir la hilera de cajones, pero ninguno cedió. Se volvió hacia la telerred mientras iba golpeteando la llave inglesa contra el muslo. De pronto, la pantalla cobro vida con un destello y la sorprendió una imagen holográfica, ella nuevamente, aunque el gráfico estaba empalmado por la mitad.

Pasó la llave inglesa por el abdomen del holograma, que parpadeó antes de volver a la normalidad. La puerta se abrió a sus espaldas, deslizándose con un leve susurro.

Vicder dio media vuelta, pegando la llave inglesa a la pierna, ante ella había un hombre anciano con una gorra gris que sostenía un portavisor en una mano y dos tubos de sangre en la otra. Era más bajo que ella y la bata del laboratorio le caía sobre los hombros con la misma gracia que si la llevara un esqueleto de las practicas de medicina. Las arrugas en su rostro sugerían muchos años de profundos debates, sin embargo, tenía unos ojos vivarachos y más azules que el cielo, los cuales la miraban joviales, Le recordó a un niño  viendo un dulce o el regalo esperado en navidad.

La puerta se cerró detrás de él.

—Hola, señorita.  -Vicder apretó los dedos en torno a la llave inglesa, ese era el hombre con el acento extraño-.  Soy el doctor Yakov Feltsman, científico a cargo del equipo de investigación de la casa real sobre la letumosis. 

Vicder fruncio el ceño, estaba realmente molesta con este hombre aunque solo hacía su trabajo.

—¿No tendría que llevar mascarilla?

El hombre enarco las canosas cejas

—¿Por qué? ¿Acaso está enferma?  -Vicder apretó los dientes y pegó la llave inglesa contra la pierna acomodándola en la mano-.  ¿Por qué no se sienta? Tengo asuntos importantes que discutir con usted?.

—Vaya, ahora quiere hablar conmigo  -contestó Vicder, acercándose muy lentamente-. Tenía la impresión de que no le importaba la opinión de sus conejillos de indias.

—Es usted un poco distinta de los voluntarios que solemos ver por aquí.

Vicder lo miro irritada, sentía la herramienta metálica calentarse en su mano.

—Puede que se deba a que no me presenté como voluntaria.

Levanto el brazo en un movimiento fluido, apuntó a la sien, imaginándoselo como caía en el suelo.

Sin embargo, se detuvo, con la mirada borrosa. Su ritmo cardíaco disminuyo y el pico de adrenalina descendió antes de que apareciera la alerta en el visor retinal.

En ese momento, un pensamiento acudió a su mente, una idea en medio de la confusión que le embotaba el cerebro, espesa como el jarabe: solo era un hombre mayor, frágil e indefenso, con los ojos azules más dulces e inocentes que jamás hubiera visto. No quería hacerle daño, quería escuchar lo que le iba a decir.

Le temblo el brazo.

De pronto se encendió la lucecita naranja y la llave inglesa se le cayó de la sorpresa. La herramienta se estrelló contra el suelo con un gran estrépito. Sin embargo, Vicder estaba demasiada aturdida para preocuparse ahorita por ello.

El hombre no había dicho nada… ¿Como podía estar mintiendo? ¿Sera que sus circuitos estaban dañados por la descarga o por los microbios implantados? ¿Eso sería posible?

El doctor ni siquiera se inmutó, aunque sus ojos delataban cierta satisfacción con la reacción que mantenía Vicder.

—Por favor  -dijo, señalando la mesa de exploración con un gesto-  ¿Le importaría sentarse?

Gente linda!! Les traigo un nuevo Capítulo.

Espero que les guste mucho!!! 😁😁😁

Aquí tenemos a nuestra querida Vicder junto con el doctor Feltsman. Como que nuestra niña no está muy contenta con él. Pero, realmente, ¿Quien lo estaría?.

Será posible que la paliza que apostaron Minami y la doctora Lilia se haga realidad? 😂😂

Nos vemos pronto en otro capítulo! Besos!! 😘😘

Publicado por dmoonbrillentq

Dmoonbrillentq me encanta leer y ver anime, es una forma de poder desprenderme de toda la realidad y adentrarme a miles de aventuras que disfruto montones, por lo que cada historia y experiencias me encantaría poder compartirlo con ustedes. A nivel más personal amo la música y el baile <3 y ayudar a las demás personas, por lo que si necesitas en algún momento poder conversar con alguien aquí estaré

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