Retorno a Atlantis 13


La dura prueba

El espacio mostraba su inconmensurable expansión y Jean Jacques, como cada vez que se encontraba pilotando alguna nave menor, volvió a sentirse tan pequeño frente al vacío del firmamento que por instantes imaginaba que esa inmensidad lo iba a devorar.

Si no hubiera sido por el silbido agudo con el que el ingeniero Lazarus Gordon se acompañaba mientras colocaba la solución moldeable sobre el casco, Jean tal vez se habría quedado suspendido reteniendo el aliento ante la belleza aterradora del universo.

Gordon sujetaba el modelador eléctrico con especial cuidado y mediante los rayos calóricos que éste emitía distribuía en forma proporcional la sustancia que sellaría los pequeños agujeros que produjo le polvo cósmico arrastrado por las fuertes ráfagas de la tormenta solar.

A cien metros de la superficie del casco, Jean mantenía la nave de reparaciones alineada con la coraza del Amstrong y se divertía escuchando la conversación entre los ingenieros de vuelo del puente de mando. Ambos hombres hablaban sobre los menús de la nave y lo tedioso que resultaba comer casi lo mismo. Uno decía que le parecía mejor el sabor del cordero y que el pollo no sabía a casi nada; el otro refutaba diciendo que el cordero era demasiado grasoso y que no había mejor carne que la de pollo que se adaptaba a muchas preparaciones.

Jean seguía la discusión con cierto interés, a la vez que se preguntaba cuál sería el platillo que escogería como premio a su salida y también imaginaba el rostro de Yuri comiendo esos camarones que ordenaría para los dos. Los menús especiales estaban preparados en base a alimentos que por lo general eran muy escasos de conseguir en la Tierra o eran cultivados con restricciones en los criaderos de las colonias de Marte.

Sin embargo, la concentración del piloto estaba puesta en su totalidad sobre la distancia y la estabilidad que debía mantener sobre la superficie de la nave y giraba a trece revoluciones por hora sobre sus gigantescos rotores.

Ese era el lugar más difícil de ser reparado pues no se contaba con ganchos que sujetasen los arneses de los trajes espaciales. Razón suficiente para mantener una nave pequeña sosteniendo al especialista en reparaciones sobre el casco del Amstrong y dar vueltas al mismo compás del motor.

—Terminaremos antes de lo previsto muchacho. —El ingeniero Gordon escuchó el gran suspiro que Jean lanzó al aire y sabiendo que el joven debía estar aburrido allá arriba sin hacer nada más que mantener estable la navecilla, intentó darle ánimos—. No tengo que reemplazar ninguna pieza, solo debo distribuir bien el sellador y hacer un repaso con el protector.

—Ingeniero, ¿usted cree que el cordero es más delicioso que el pollo? —Jean se había unido a la discusión en la cabina de pilotaje.

—No sé, yo prefiero el pescado desde hace muchos años. —Gordon seguía haciendo su tediosa labor—. Creo que se me olvidó a que sabe el pollo y el cordero.

Todos rieron y Jean calculó que si las cosas seguían de esa manera, amenas y tontas charlas, así como música alegre en los parlantes; la hora del retorno se aproximaría en un santiamén.


En la nave Yuri se dirigió al área médica. Una asistente artificial había ingresado a su habitación para recogerlo y sin dar más explicación lo llevó hasta la sala de diagnóstico de los doctores Giacometti.

Casi no reparó sobre su situación porque tenía la mente y el corazón puestos fuera de la nave, allí donde estaba Jean. Por ese motivo obedeció sin protestar todos los pedidos que la asistente programada le hizo. Y cuando estuvo vestido con la bata de color celeste del minihospital se quedó solo sentado sobre la cama de auscultación.

Su mirada fija en la escotilla pequeña que se ubicaba a un costado de la cama se dirigía hacia el espacio y forzaba sus ojos en un vano intento por observar dónde estaría ubicada la nave de Jean.

Habría querido estar en el puente de observación porque desde ese lugar podría tener una clara vista sobre lo que sucedía con su protector y con el ingeniero al que en ese momento Jean cuidaba.

Yuri estaba tan concentrado en sus pensamientos que no reparó el ingreso del doctor Christophe y solo se fijó en él cuando éste aclaró la garganta para comenzar a hablar.

—Buenos días Yuri, veo que estás muy distraído con la situación de Jean. —El doctor se acercó a él y comenzó la revisión de rutina con el estetoscopio y los lentes de visión interna que llevaba puesto, con los que podía visualizar en forma clara el estado de los órganos de sus pacientes—. Te voy a sacar unos últimos exámenes que necesito antes de la intervención.

—¿Me meterás tus dedos por todas partes? —Yuri ni lo miró.

—No, solo unas sondas y nada más. —Chris pensó que haber enviado a Jean al espacio fue una buena estrategia de Cialdini para mantener muy distraído al chiquillo y eso les permitiría hacer una revisión profunda sin que se molestase—. Así que no te sientas ansioso.

—Idiota. —Yuri en verdad no le estaba prestando atención y sus ojos seguían fijos sobre la pequeña ventana que solo mostraba la eterna oscuridad del universo.

Chris tuvo toda la facilidad para sacar muestras de los órganos principales de Yuri con delgadísimas agujas que insertó con mucho cuidado en los puntos energéticos del cuerpo.

Tras veinte minutos de haber puesto las muestras de tejido sobre diferentes placas, Chris se despidió de Yuri con un simple “ya vuelvo” y se perdió rumbo al laboratorio.

Media hora después ingresaba de nuevo al dormitorio de diagnóstico, junto con Masumi y dos asistentes programadas, además llevaban el apoyo de tres oficiales de rango menor.

Yuri los miró y sintió que el corazón se le empequeñecía dentro del pecho. Ver a todas esas personas con los rostros tan amables solo significaba una cosa, una intervención quirúrgica que se esperaba para dentro de un par de días. Y si bien sabía que debía ser sometido a la intervención del área de memoria en su cerebro, saber que Jean no estaría junto a él en ese momento lo hizo sentir completamente desamparado.

—Así que alejaron a Jean de mí para poder poner vuestras garras en mi cerebro sin problemas. —Yuri había dejado de desafiarlos con la mirada, parecía resignarse a su condición.

—Recibimos órdenes del alto mando Yuri y ellos fueron los que decidieron intervenir hoy. —Chris sabía que ellos habían movido las piezas para que Cialdini enviara a Jean al espacio y así pudieran tener el camino llano a hacer lo que quisieran con Yuri.

—Yuri te prometo que vamos a ser muy cuidadosos con nuestros procedimientos y los nanoconductores no van a ingresar de manera profunda a tus centros nerviosos. —Masumi estaba muy preocupado por la situación así que optó por una intervención que minimizara en gran medida las consecuencias de la operación—. Cree en mí por favor, no quiero hacerte daño ni tampoco voy a permitir que te hagan daño.

—Si mi cerebro queda como coladera y ya no sirve más que para diseccionarlo, mátame rápido. —Yuri sostuvo con fuerza el brazo de Masumi y buscó con mirada desesperada la aprobación de su pedido.

—No va a suceder eso Yuri. —Chris tomó el brazo de Yuri e hizo unos pequeños golpes sobre la vena para inyectar una sustancia oleaginosa en ella—. Dentro de unas horas despertarás y volverás a insultarnos y maldecirnos como lo haces siempre.

Chris podría mostrarse calculador frente al procedimiento, pero fue él, quien más precauciones tomó para que éste no dañase a Yuri.

Uno de los oficiales, el más fuerte y alto tomó en brazos al paciente y lo llevó a la sala de intervenciones. En el camino el poderoso narcótico hacía su efecto en el cuerpo del jovencito y este quedaba paralizado por completo. La asistente conectó un aparato para hacer funcionar el corazón y el sistema arterial, además de conectar los pulmones de Yuri a un respirador artificial, porque por sí solo el paciente no podría hacerlo.

El cuerpo de Yuri quedó completamente paralizado, pero no su conciencia. Aún podía ver y escuchar las voces de quienes asistieron a la sala de intervenciones.

Las asistentes programadas desnudaron al paciente y éste fue sometido a un baño especial de oxígeno puro dentro de un tanque cristalino donde la temperatura descendió por debajo de cero grados.

Cialdini y su oficial adjunto ingresaron a la planta de intervención y se quedaron junto a los médicos y las asistentes artificiales. El comandante de la nave se acercó a ver a Yuri y contempló sus ojos abiertos y estáticos, tanto que ni las potentes luces alógenas de la máquina producían el menor movimiento en sus dilatadas pupilas.

Cuando el aparato de intervención estuvo programado, finos hilos casi imperceptibles, cien veces más delgados que los cabellos se introdujeron al cerebro de Yuri por los oídos, la nariz, las comisuras de los ojos, la boca y el cuello. Los conductores eran tan sensibles y finos que no lograban rozar en absoluto ninguno de los nervios del paciente. Pero Yuri sí podía sentirlos avanzar e introducirse con agudeza en ciertos puntos de su cerebro y lo más extraño es que no le resultaba doloroso, pero sí era aterrador.

Después de diez minutos, tiempo que los nanoconductores tardaron en ingresar a las áreas de memoria de Yuri, el muchacho sintió una voz dentro de su cabeza.

—Por favor Yuri quiero que retrocedas a los días y horas en los que sucedió la tragedia del Atlantis. —Yuri reconoció la voz, era el doctor Masumi quien como todos los días le pedía con su suave y agradable tono que recordase algún detalle de lo sucedido en el crucero—. Recuerda los momentos previos antes de ver por última vez a tu abuelo.

Si Yuri hubiera estado usando todas sus facultades, no solo hubiera mandado al diablo a todos los presentes, sino que tal vez y les habría hecho comprender con buenos golpes que no se metieran con algo que era sagrado para él.

En medio del enojo y la desesperación Yuri comprobó que la voz que le hablaba no era la del doctor Masumi, pues no tenía la calidez humana ni la energía de su vibración. Era una simple imitación que hacía el sistema central de la nave.

Intentó resistirse ante la orden, pero al notar cómo se movían los hilos en su cerebro no le quedó más opción que cederle el control al sistema central del Atlantis y permitir que ingresara a sus memorias, incluso las más sutiles y privadas.

Las luces se apagaron para Yuri cuando el sistema PAI de la nave tomó el control y comenzó a proyectar en las pantallas las imágenes que provenían de sus recuerdos. Imágenes que quedaron registradas en parte de la memoria que destinaron solo para ese fin.

Cialdini observaba las imágenes y le parecían tan inconexas unas con otras que no podía entenderlas, por ese motivo y con mucha preocupación recurrió al doctor Masumi Giacometti para que le explicase.

—¿Cómo sabremos cuáles son sus recuerdos de infancia, adolescencia y los que tenga del Atlantis?

—El sistema central tendrá que identificar los recuerdos y ordenar todos los archivos y supongo que le tomará menos tiempo del que nos tomaría a nosotros comandante. —Masumi seguía observando el movimiento de los hilos conductores—. Y por favor manténgase fuera del área de trabajo porque un mal movimiento en la visión de Chris podría dañar al paciente.

—No me importa. Solo quiero que aíslen los recuerdos de cuando vio a los pasajeros morir en la nave, con eso me sentiré satisfecho. —Cialdini seguía observando desesperado los recuerdos de Yuri, de cuando su abuelo lo llevó por primera vez a una nave espacial y luego el recuerdo de cuando se dio el primer beso con un chico de la escuela de pilotos. Entonces el comandante ya no quiso ver más.


Las bromas iban y venían por los parlantes de la pequeña nave que pilotaba Jean y las risas tampoco habían cesado. En ese momento todos discutían sobre las poderosas caderas de la capitana Mayen Cook y lo enfadada que había quedado cuando no la convocaron para viajar en la misión de rescate.

De pronto Jean observó que el monitor que mostraba el estado de salud del ingeniero Gordon comenzó a titilar y de inmediato deseó comprobar qué sucedía con él.

—Gordon… oiga ingeniero Gordon ¿está todo bien? —Jean seguía observando la luz centellante que pasaba del verde al anaranjado segundo a segundo.

—M…mi… ma… nos… —El ingeniero que había estado pasando el pulidor por segunda vez para darle acabado a la zona reparada y le había dicho hacía solo unos quince o veinte minutos que en una hora más regresarían, no podía pronunciar bien una sola palabra.

—¡Gordon qué pasa! ¡Revise su equipo de comunicación! —Jean vio cómo la luz pasaba del naranja hacia el rojo.

—¿Qué pasa Leroy? —La voz del mayor Barclay sonó en la nave.

—Es Gordon, su equipo de pervivencia me dice que está teniendo dificultades para respirar. —Jean pulsaba con insistencia el timbre de alerta que lo comunicaba con el especialista—. ¿Qué hago bajo a ver cómo está o lo elevo a escotilla?

—Espere… —El mayor Barclay comunicó el estado al mando central y el gran sistema puso en pantalla un diagnóstico inicial—. Gordon está perdiendo el sentido, su rostro está rígido y su centro de lenguaje se nota afectado. —Sin dejar de observar el monitor el mayor ordenó—. ¡Súbelo a escotilla y regresa en seguida Leroy!

Una hora después de recibir la orden la nave del capitán Leroy ingresaba al hangar del Rescate Amstrong y las asistentes programadas esperaban en la escotilla de ingreso.

Ambos tripulantes fueron descontaminados mientras las máquinas revisaban los signos vitales del ingeniero.

—Le di los primeros auxilios, pero no respondía. —Jean se sacaba a prisa el uniforme y absorbía con cierta molestia el vapor cargado de sustancias descontaminantes—. Debemos llevarlo a la sala de cirugía.

—Creo que es un poco tarde capitán Leroy. —La asistente B-6 PADIS respondía con absoluta sobriedad—. Por los signos que muestra calculo que el ingeniero Gordon ha dejado de respirar hace treinta minutos.

—¿Pero podemos reanimarlo? —Jean se sentía responsable por la pérdida, creía que no manejó con la rapidez debida la pequeña “hormiga” transportadora.

—Podemos ponerlo en espera y ver si todavía tiene actividad cerebral. —La asistente A-5 PADIS, dejó de revisar el ritmo cardiaco del ingeniero.

—Pero los doctores podrían tal vez intervenir en este momento. —Jean observaba desesperado los inexpresivos rostros de los ciborgs.

—Me temo que no podrán hacerlo capitán. —B-6 miró a Jean desde el reflejo del vidrio de la sala de descontaminación—. Los doctores Giacometti están ocupados en este momento en la sala de intervención.

Jean se quedó paralizado y pensó que no había escuchado bien debido al sonido que producía las máquinas de descontaminación.

—¿P- por qué la sala de intervención? —El titubeo en la voz de Jean anunciaba su temor.

—Porque se están ocupando de ver la memoria del joven rescatado, capitán. —B-5 movió la camilla cuando la puerta de la sala de descontaminación se abrió y salió con el cuerpo del ingeniero Gordon hacia el ascensor.

Jean sintió el golpe frío del aire del pasillo sobre su piel desnuda y corrió a vestirse con su uniforme de comando. Nunca antes sintió que ponerse la trusa, la remera o el pantalón fueran actividades que lo retrasaban tanto en su propósito por ir a la sala de intervención y ver si era verdad aquello que la máquina le había dicho.

Cuando llegó al área médica notó que las asistentes no habían llevado a Gordon a la sala de recuperación, pero no le importó el destino del ingeniero. Solo quería ver a Yuri, saber de él y conocer por la boca de los médicos que todo había salido bien.

Durante más de dos horas se quedó observando la luz encendida del cuarto de intervención, caminando de un lado a otro, reportando la versión de lo ocurrido con Gordon desde su dispositivo de comunicación y maldiciendo el momento que aceptó salir al espacio para cumplir con esa pequeña misión.

Tenía más preguntas que daban vueltas en su mente, en especial quería saber por qué habían adelantado la intervención de Yuri y por qué Cialdini no esperó. Él como comandante de la nave tenía la potestad de detener cualquier orden llegara de donde llegara ésta y no lo hizo.

Jean no quería pensar que, el hombre a quien tanto admiraba por su trayectoria como militar y sus impecables intervenciones como rescatista, fuese un simple títere de los intereses del comando central.

Cuando la luz del letrero se apagó Jean supo que la intervención había concluido y que solo sería cuestión de unos minutos para que todos salieran de ese lugar y para que él pudiera ingresar. Se había preparado en la sala de esterilización y haría valer su derecho como protector de Yuri; a verlo y enterarse de su condición.

El primero en salir fue Cialdini que al verlo se sorprendió.

—¿Terminaron tan pronto? —Nadie en esa sala fue informado sobre el accidente de Gordon.

—Gordon está muerto, comandante. —Jean se acercó a la puerta de la sala—. Una arteria en su cerebro estalló poco antes que regresara a la nave de reparaciones.

—¡Maldita sea! —Cialdini sacó el barbijo de su boca con furia mientras caminaba hacia la salida del área médica—. Eso significa que transportaremos dos cuerpos en las bodegas de criogenia.

El corazón de Jean pareció detenerse y volteó el rostro para requerir una aclaración al comandante de la nave.

—Comandante acaba de decir… dos cuerpos. —Jean tensó tanto el cuerpo que sintió que hasta le dolía respirar—. ¿Por qué?

El comandante se detuvo en el umbral de la puerta de salida y sin volver la vista atrás habló sin ser tan efusivo como era siempre.

—Algo salió mal y Plisetsky entró en coma profunda. —El comandante bajó el tono de su voz y terminó de darle la horrenda noticia—. Si los médicos no lo reaniman en las próximas setenta y dos horas tendrán que desconectarlo y ponerlo en un tanque de helio.

Jean tuvo la misma sensación de cuando salía a la gravedad cero del espacio y con gran lentitud dio la vuelta para ingresar a la sala de intervención donde aún se encontraban los Giacometti y las asistentes programadas intentando recuperar la consciencia de Yuri.

Cialdini salió y con paso lento se dirigió hacia el puente de mando, recordando el momento exacto que las máquinas dieron la alerta sobre la situación de Yuri y el sistema central informó que no debían desconectarlo de ninguna máquina porque no podía ni respirar ni pulsar su corazón por sí mismo.

Sin poder entender lo que significaba la frase “consciencia perdida” los médicos intentaron todo para reanimar de inmediato al muchacho; pero la respuesta fue la misma, Yuri había entrado en coma profunda y lo más probable era que ese estado fuera permanente.

Cuando el doctor Masumi volvió la vista atrás observó los ojos del capitán Leroy y vio lo que jamás habría imaginado. Ese hombre insufrible, astuto, por momentos intimidante y egocéntrico estaba de pie tras de ellos y sus lágrimas bajaban mudas por las mejillas mientras sus ojos miraban a Yuri que permanecía en el tanque donde la temperatura seguía aumentando a paso lento para reanimar sus músculos.

Los ojos del capitán Leroy se clavaron sobre los ojos del doctor Masumi y con toda la ira contenida en su pecho el joven capitán hizo una simple pregunta llena de reproche y dolor.

—¡¿Por qué?!

Notas de Autor:

Hola chicas. Por fin logré concentrarme bien para corregir el capítulo y hacerlo más presentable.

Gracias por vuestro apoyo y quiero compartir una bonita noticia. Este fic nació a raíz de un concurso que convocó Isisbelleart, una joven y talentosa artista a quien pueden ubicar en su página de Facebook. Ella me comunicó hace unas horas que la historia fue ganadora del concurso y estoy muy complacida. Pronto tendremos y hermoso fanart.

Otra vez gracias y publico los lunes sin falta.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: