VICDER: CAPITULO SEIS


Vicder se adentró furtivamente en la cálida noche, arrastrando tras de sí el rumor de sus pasos sobre el cemento, como si ambas piernas fueran de acero. La solitaria noche era un coro de sonidos apagados en su cerebro, el crujido arenoso de las orugas de Chris, el chisporroteo de los postes de luz sobre sus cabezas, el zumbido constante del superconductor magnetico bajo las calles. La llave inglesa que guardaba en la pantorrilla producía un golpeteo metálico a cada paso. Sin embargo, el vídeo que se reproducía en su mente sin interrupción ahogaba todo lo demás.

Le ocurría de vez en cuando su interfaz grababa momentos de gran intensidad emocional y después los reproducía sin descanso. Como un déjà vu o como cuando las últimas palabras de una conversación quedan suspendidas en el aire mucho después de que se haya instalado el silencio. Por lo general, conseguía detener el recuerdo antes de que la volviera loca, pero esa noche ya no le quedaban fuerzas.

La mancha negra en la piel de Yuko. Su alarido. La jeringuilla del med-droide extrayéndole sangre, clavada en el pliegue del brazo. Yuko, diminuta y temblorosa en la camilla. Muriéndose.

Se detuvo y se llevó las manos al estómago, tratando de detener la náuseas. Chris se paró unos pasos por delante de ella y camino hacia ella dirigiéndose su luz hacia el rostro contraído de Vicder.

—¿Te encuentras bien?

El haz barrio su cuerpo de arriba abajo, sintiendo la mano fría de metal de Chris sobre su cuerpo. Agradecía el contacto por un momento.

Vicder no contestó, en lugar de eso se quitó los guantes guardándolos en los bolsillos traseros del pantalón. Apoyo su cabeza en el hombro de Chris, inhalando y exhalando el aire húmedo para calmar las náuseas que la habían embargado.

El brillo de la luna creciente bañaba el último piso de la Torre Félix que se alzaba en la siguiente manzana.

Vicder contó los pisos hasta dar con los que correspondían a la cocina y el dormitorio de Anya.

Aunque tenues, aún quedaban luces encendidas en alguna parte de la vivienda. Anya no era una ave nocturna, pero tal vez había descubierto que Yuko aún no había regresado a la casa. O quizá Mari estaba haciendo algún trabajo para el colegio o intercambiando coms con sus amigos a altas horas de la noche.

Tal vez fuera mejor así, le hubiera incomodado tener que despertarlas.

—¿Que voy a decirles?

— Realmente no lo se mi Petit, pero quiero que te graves en esa cabecita tuya, que no has tenido la culpa de esto -respondió Chris dándole un apretón en la mano-.

Vicder respiro hondo y retomaron el camino. Por mucho que lo intentaba no se le ocurrían palabras adecuadas. Explicaciones, excusas. ¿Como le dices a una mujer que su hija se muere?.

Pasó la muñeca por delante del escaner de identidad y esta vez entró por la puerta principal, subieron por el viejo ascensor que producía un estruendoso traqueteo metálico.

El pasillo estaba casi desierto, salvo por el inquilino del apartamento 1807, quien estaba dormido en su puerta. Vicder tuvo que recogerle el brazo extendido para poder pasar, el olor dulzón del vino de arroz le inundó la nariz.

Vaciló ante la puerta del departamento 1820, con el pulso acelerado. Se mordió el labio y levantó la muñeca en dirección al escáner, la lucecita cambió a verde y la joven abrió la puerta intentando hacer el menor ruido posible.

El resplandor de la sala de estar se derramaba en el oscuro pasillo. Vicder atisbó la telerred, que todavía seguía transmitiendo imágenes del Mercado de esa misma mañana. Las llamas consumían la panadería una y otra vez. Habían apagado el sonido.

Vicder entró en la habitación, pero se detuvo con brusquedad. Chris chocó con ella a su espalda.

Frente a ella, en medio de la sala habían tres androides con cruces rojas pintadas en sus cabezas esféricas. Med-droides de urgencias.

Detrás de ellos, Anya esperaba envuelta en una bata de seda junto a la repisa, aunque el fuego holográfico se encontraba apagado. Mari aún vestía ropa para salir, se encontraba sentada en el sofá con las piernas recogidas y la barbilla apoyada en las rodillas.

Ambas sujetaban una toalla de mano sobre la nariz y miraban a Vicder con miedo y con asco.

A Vicder se le formó un nudo en el estómago. Retrocedió medio paso hacia el pasillo, preguntándose cuál de ellas estaría enferma, aunque enseguida comprendió que no podía tratarse ninguna de las dos. Los androides se la habrían llevado de inmediato y todo el edificio hubiera quedado clausurado.  Se fijo en el pequeño vendaje que Anya llevaba en el pliegue del brazo, acaban de hacerles el análisis.

Chris dio unos pasos y la tomó de la mano como apoyo.

Vicder se quitó el bolso en bandolera y lo dejó en el suelo, pero no soltó la magnetocorrea.

Anya se aclaro la garganta y bajo el trapo hasta el pecho. Parecía un cadaver bajo aquella luz, tan tenue    que resaltaba su tez macilante y su constitución huesuda. No iba maquillada, y bajo los ojos, inyectados en sangre, se le habían formado unas bolsas ojerosas. Había estado llorando, aunque en esos momentos sus labios dibujaban una delgada y severa línea.

— Hace una hora recibí una com -dijo una vez el silencio se hubiera impuesto en la habitación-.  Me informaban que habían recogido a Yuko en el depósito de chatarra de  Taihang y se la habían llevado… -se le quebró la voz. Bajo la vista y, cuando volvió a alzarla, echaba fuego por los ojos-. Pero claro, todo eso ustedes ya lo sabían, ¿verdad?.

Vicder se removió incómoda, intentando no mirar a los med-droides.

Sin esperar a que Vicder respondiera, Anya se dirigió hacia Christophe.

—Ya puedes empezar a deshacerte de las cosas de Yuko. Cualquier cosa que haya llevado puesta esta última semana irá directamente a la basura, pero tú lo llevarás al callejón, no quiero que atasque los vertederos. Supongo que lo demás podrá venderse en el mercado.

Lo había dicho con voz cortante y segura, como si hubiera repasado mentalmente aquella lista una y otra vez desde que había recibido la noticia.

—¿Que estás esperando? -prosiguió- ¡muévete!

Chris iba a replicar pero Vicder le apretó la mano que tenían sostenida, se miraron por un segundo.

—Sí señora -dijo Chris-.

Aunque los androides no estaban programados para desobedecer las órdenes de sus amos, este se movía muy lento hacia el pasillo tratando de no perder de vista a Vicder-.

En el momento en que perdió el contacto de la fría mano de Chris, Vicder se sintió vulnerable, apretó la magnetocorrea con ambas manos, como si fuera un escudo.

—¿Por que estaba mi hija pequeña en el depósito de chatarra? -pregunto Anya retorciendo la toalla-.

Vicder estrecho la magnetocorrea contra ella, alineándola verticalmente con su cuerpo. Fabricada del mismo acero que su mano e igual de deslustrada, era como una extensión de ella misma.

—Me ha acompañado a buscar una magnetocorrea  -le costaba respirar, era como si tuviera la lengua hinchada  y se le hubiera formado un nudo en la garganta-. Lo siento mucho, no sabía… He visto las manchas y he llamado a un levitador de emergencia. No sabía que hacer.

Las lagrimas asomaron los ojos de Anya, apenas un instante, antes de controlarlas con un par de parpadeos. Su cuerpo se arqueó hacia la repisa.

—No sabía si volverías Vicder, esperaba recibir una com en cualquier momento diciéndome que también se habían llevado a mi pupila -Anya enderezo la espalda, el momento de debilidad había pasado y ahora sus ojos se endurecieron-. Estos med-droides nos han hecho la prueba a Mari y a mi. Por ahora, ninguna de las dos a contraído la peste.

Vicder empezó a sentirse aliviada pero Anya no había terminado.

—Dime, Vicder. Si nosotras no tenemos la enfermedad, ¿Donde se contagió Yuko?

—No lo sé.

—¿No lo sabes? Pero si sabías sobre el brote de peste que hubo en la mañana en el Mercado.

Vicder abrió la boca, todo iba encajando. Las toallas, los med-droides. Creían que ella estaba infectada.

—No lo entiendo Vicder, cómo has podido ser tan egoísta, después de todo lo que he hecho por ti.

Irguió la cabeza con brusquedad, no. No iba a dejar que jugara con ella así.

— A mi también me han hecho los análisis en el vertedero. No estoy enferma. No se donde se ha contagiado -Extendió el brazo para mostrarle el cardenal-. Pueden volver a comprobar si quieren.

Uno de los med-droides dio señales de vida por primera vez y dirigió la luz hacia el brazo, fijando el punto rojo que había dejado la aguja. Sin embargo, no se movieron, y Anya tampoco los motivó a que lo hicieran. La mujer dirigió su atención hacia un pequeño portavisor que había encima de la repisa y empezó a pasar las imágenes de cuando Mari y Yuko eran niñas. Fotos de la antigua casa, de la que tenía jardín, fotos de Anya antes de que perdiera la sonrisa, fotos de las niñas con su padre.

—Lo siento -dijo Vicder-. Yo también la quería mucho.

Los dedos de Anya se crisparon sobre el marco.

—¡No me insultes! -dijo acercándoselo al pecho-. ¿Que sabe tú espécimen sobre el amor? ¿Acaso es posible que sientan algo así sin estar programados?

Sus palabras hirieron a Vicder. La joven decidió mirar a Mari de reojo, quien seguía sentada en el
Sofá, con el rostro medio oculto detrás de las rodillas, aunque ya no sujetaba el pañuelo sobre la boca.

Vicder flexiono los dedos sobre la magnetocorrea.

—Claro que se que es el amor, es mi hermana.

Y la tristeza también, ojalá pudiera llorar para demostrárselo.

—Bien. Entonces comprenderás que hago lo que cualquier madre haría para proteger a sus hijos.

Anya devolvió el marco a la repisa boca abajo. En el sofá, Mari desvió la mirada apoyando su mejilla en las rodillas.

El miedo le hizo un nudo en el estómago.

—¿Anya?

—Haces seis años que formas parte de este hogar Vicder. Seis años desde que Hisashi te dejó
a mi cuidado. Sigo sin saber por qué lo hizo, todavía ignoro que lo hizo viajar hasta Europa en busca de una… mutante a la que cuidar. Nunca me lo explico, tal vez lo hubiera hecho con el tiempo. Pero yo nunca te quise aquí, lo sabes.

Vicder frunció los labios. Los inexpresivos med-droides la miraron de soslayo.

Lo sabia, pero no recordaba que Anya lo hubiera expresado tan Claro anteriormente.

—Hisashi quería que cuidara de ti y he hecho todo lo que he podido. Incluso después de que muriera, incluso después de que se acabara el dinero, incluso después… de perderlo todo -se le quebró la voz y se llevó una mano a la boca-.

Vicder vio el temblor en los hombros, oyó la respiración entrecortada con que intentaba reprimir los sollozos-. Sin embargo, Hisashi hubiera estado de acuerdo. Yuko es lo primero. ¡Nuestras hijas son lo primero!.

A Vicder la sobresaltó el tono de voz, en el que le resultó fácil distinguir la necesidad de justificarse. La determinación.

“No me dejes con esta cosa”

Se estremeció.

Anya…

—Si no fuera por ti, mi esposo seguiría vivo, y Yuko…

—No, no es mi culpa.

Vicder atisbó un movimiento por el rabillo del ojo, vio que Chris seguía deambulando por el pasillo, sin saber que hacer.

Intento encontrar las palabras. Le palpitaban las sienes y unos puntitos blancos parpadeaban en su visión. Una lucecita roja se encendía y se apagaba en la comisura del ojo, recomendándole que se tranquilizara.

— Yo no pedí que me hicieran así. No pedí que me adoptaran, ni tú ni nadie. ¡No es culpa mía!.

—¡Ni mía tampoco! -replicó Anya, arrancando la telerred de su soporte de un tirón.

La pantalla cayó al suelo y se hizo añicos, arrastrando tras de sí un par de premios de su marido. Trocitos de plásticos se esparcieron en la alfombra gastada.

Vicder retrocedió de un salto, pero el arrebato de cólera se apagó con la misma rapidez con la que había estallado. Anya recuperó el ritmo pausado de su respiración. Siempre procuraba no molestar a los vecinos, pasar desapercibida. No causar problemas, no hacer nada que manchara su reputación, incluso en momentos como este.

—Vicder -dijo Anya, frotándose los dedos en el trapo, como si quisiera borrar el hecho de que había perdido por un momento los estribos-. Te irás con estos med-droides, no te atrevas a montar una escena.

Vicder tuvo la sensación de que el suelo cedía bajo sus pies.

—¿Que? ¿Por qué?.

—Por que todos tenemos la obligación de hacer lo que podamos, y conoces muy bien la gran demanda que existe de… los de tu especie. Sobre todo ahora -Hizo una pausa, su rostro iba recobrando el color-. Todavía estamos a tiempo de ayudar a Yuko, necesitan Cyborgs para encontrar una cura a esta enfermedad.

—¿Me estás vendiendo para que hagan experimentos conmigo?

Sus labios apenas fueron capaces de formar las palabras.

— Es para lo único que sirves, ¿que otra cosa puedo hacer?.

Vicder se quedó boquiabierta. Sacudió la cabeza, incrédula al tiempo que los tres sensores amarillos parpadeaban como alarma en su sistema.

—Pero… nadie sobrevive a las pruebas. ¿Cómo puedes…?

—Nadie sobrevive a la Peste. Si quieres tanto a Yuko como dices, harás lo que te digo. Si no fueras tan malditamente egoísta, te hubieras presentado tu sola después de lo sucedido en el mercado, en lugar de venir aquí a destruir a mi familia, Otra vez…

—Pero…

—Llévensela, es suya.

Vicder estaba demasiado estupefacta para moverse cuando el androide que se encontraba a su lado alargó un escáner hacia su muñeca. La máquina emitió un pitido y la joven retrocedió.

—Linh Vicder -recitó el androide con voz metálica-. Todos los habitantes de la Comunidad Oriental le agradecen y admiran su sacrificio voluntario. Sus seres queridos recibirán una compensación como muestra de gratitud por la contribución a las pruebas que se estarán realizando con usted.

Vicder apretó con fuerza la magnetocorrea.

—Me lo imaginaba -replicó mirando fijamente a su madrastra quien se mantenía serena-. No solo lo haces por eso, ¿verdad?. Ni Yuko ni yo te importamos en lo más mínimo. ¡Lo único que quieres es el maldito dinero!

Anya la miro con los ojos desorbitados, cruzó la habitación en dos zancadas y abofeteó a Vicder. La joven se llevó la mano a la mejilla.

— Llévensela -dijo Anya-. No la quiero volver a ver en mi vida.

—No me he presentado como voluntaria, ¡No pueden llevarme en contra de mi voluntad!.

El androide ni se inmutó.

—Su tutora legal nos ha dado la autorización de llevárnosla haciendo uso de la fuerza en el caso que fuera necesario.

Vicder flexionó los dedos y cerró la mano en un puño junto a la oreja.

—No pueden obligarme a ser un conejillo de Indias.

—Si Puedo -contestó Anya-. Mientras sea tu tutora legal.

—Sabe muy bien que esto no le servirá de nada a Yuko, así que no finjas que lo haces por ella.

—Entonces, mi único error ha sido esperar demasiado para deshacerme de ti -la interrumpió Anya-. Créeme Vicder, está decisión me hace lo más feliz de lo que nunca he sido y nunca me arrepentiré.

Las orugas de uno de los med-droides traquetearon sobre la alfombra.

—¿Está preparada para acompañarnos?

Vicder frunció los labios y se apartó la mano de la cara. Fulminó a Anya con los ojos, le dolía en sobremanera todo lo que le había dicho, pero no hallo en su mirada ningún gesto de compasión.

Un odio descarnado se centró en su interior. Las alarmas se encendieron en su visión.

— No, no lo estoy.

Vicder blandió la magnetocorrea y golpeó el cráneo del androide con fuerza, este cayó al suelo con un sonido sordo.

—No pienso ir. Los científicos ya han hecho suficiente conmigo, ¡no permitiré que me pongan un dedo encima de nuevo!.

Un segundo androide avanzó hacia ella.

—Iniciando procedimiento 24B: traslado forzoso de la Cyborg a las instalaciones.

Vicder sonrió burlonamente y encajó el extremo de la magnetocorrea en el sensor del androide. El lente quedó hecho añicos.

Se dio media vuelta para enfrentar al último androide mientras pensaba en cómo iban a escapar del apartamento. Vio a Chris en la entrada mirándola asombrado, junto a él, unos pasos más adelante estaba Mari estupefacta, no la había visto cuando se
Levantó. Les guiño un ojo a ambos.

Vicder estaba calculando el tiempo, si sería muy arriesgado llamar a un levitador. Necesitaría un cuchillo para arrancarse el chip de identidad de la muñeca y así no dieran con ella. Se preguntaba si Chris sería lo bastante rápido para seguirla y si ambos lograrían llegar a Europa.

—¡Vic, cuidado! -chilló Chris-.

El med-droide se acercó demasiado rápido, Vicder tropezó al echarse hacia tras lo que afectó el ángulo del golpe. El androide atrapó su muñeca con una tenaza, los electrodos se activaron y la descarga eléctrica recorrió el sistema nervioso de Vicder con un chisporroteo.

El cableado fue incapaz de asumir el voltaje. Vicder abrió la boca para soltar un grito, pero quedó atrapado en su garganta.

—¡Alto! -grito Chris soltando las sábanas que tenía sujetadas- No le hagan daño. ¡Suéltenla!.

Trato de correr pero la mano de Mari tocó el interruptor de su nuca, haciendo que cayera sordamente en el suelo, desactivado.

Vicder dejo caer la magnetocorrea y también se desplomó. Las alarmas rojas se incendiaron en su visión hasta que, siguiendo el protocolo de autoconservación biónica, su cerebro la obligó a apagarse.

Hola mi gente linda! Les traigo Otro nuevo capítulo!!

De igual los invito para que pasen por su historia de Au Policiaco MOF, es una historia fantástica y tenemos una versión de Vitya Fem y un suculento T.C Katsuki7u7 
Los dos están de infarto!! 😍😍😍

y un abrazo muy especial a Sharayanime ❤ que desde un inicio siempre me ha apoyado con la historia :3

Nos vemos pronto en otro capítulo!

Publicado por dmoonbrillentq

Dmoonbrillentq me encanta leer y ver anime, es una forma de poder desprenderme de toda la realidad y adentrarme a miles de aventuras que disfruto montones, por lo que cada historia y experiencias me encantaría poder compartirlo con ustedes. A nivel más personal amo la música y el baile <3 y ayudar a las demás personas, por lo que si necesitas en algún momento poder conversar con alguien aquí estaré

2 comentarios sobre “VICDER: CAPITULO SEIS

  1. aopfudgaisugñasjgfjasklghadsv omgggg TOT releyendo todo (y me sigue doliendo mi chrisuuu TOT)
    autora mala, autora mala, autora mala xD (buee no me quejo yo igual lo hago sufrir jajaja)
    gracias por esa linda mención TOT

    Le gusta a 1 persona

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