VICDER: CAPÍTULO CINCO


Los chillidos de Yuko inundaron el vertedero y se filtraron entre las grietas de la maquinaria desvencijada y los ordenadores anticuados. La interfaz auditiva de Vicder no consiguió protegerla del eco estridente, ni siquiera cuando la voz de Yuko se quebró y se abandonó al histerismo.

Vicder seguía temblando, incapaz de moverse. Deseaba consolar a Yuko pero nunca fue buena en saber que hacer cuando la gente lloraba, deseaba salir corriendo. Se sentía culpable, se sentía impotente. ¿Como era posible?.

Yuko era una chica Joven, alegre, hermosa y sana. No podía estar enferma, de todas las personas ella no, era su única amiga, su única hermana, la única que la trataba como una humana y no como un monstruo.

La pobre niña lloraba, frotándose la piel, intentando borrar las manchas.

La conexión de red de Vicder se activó automáticamente, como solía ocurrir cuando se quedaba bloqueada. Buscando, enlazando, proporcionándole información que no deseaba recibir.

Letumosis: La fiebre azul, Pandémica en  todo el mundo. Cientos de miles de muertos.

Causa: Desconocida.

Cura: Desconocida.

— Yuko…

Dio un paso al frente, vacilante, pero esta retrocedió, pasándose las manos por la nariz y las mejillas húmedas.

—¡No! no… por favor, no te acerques a mi. Te infectarás. Los infectare a todos.

Vicder apartó la mano, Oyo a Chris a su lado poniendo su mano en el hombro.

Yuko cayó de rodillas y se dobló sobre si misma, Vicder trato de nuevo en acercarse a su lado, la pobre temblaba, asustada.

— Mis niñas… tenemos -se trabo Chris, incomodo ante la escena- tenemos que llamar a un levitador de emergencias para…

“Para que venga y te lleven” penso Vicder.

Yuko no contestó. Su cuerpo se sacudía con fuerza. Vicder incluso alcanzaba a oir el castañeteo de sus dientes seguido de un gemido; trato de tomar su mano pero esta la quito antes que la pudiera alcanzar.

— Por favor, no -hipo- te puedes contagiar.

Se estremeció. Frotándose los brazos en busca de manchas. No vio ninguna pero miro el guante derecho con recelo, resistiéndose a comprobar lo que había debajo.

Miro a su alrededor, era imposible. La peste estaba aqui, en el aire, en la basura. ¿Cuanto tardaban en aparecer los primeros sintomas de la enfermedad?. O…

Pensó en Sara, en el mercado. La muchedumbre aterrorizada alejándose de la panadería lo más deprisa posible. El aullido ensordecedor de las sirenas.

Se le hizo un nudo en el estómago.

¿Y si ella tendría la culpa? ¿Habría llevado a casa el brote de peste que se había declarado en el mercado? ¿Su pequeña hermanastra estaría muriendo por su culpa?.

Volvió a mirarse los brazos, intentando aplastar los bichos invisibles que le recorrían la piel, mientras los sollozos de Yuko le inundaban la cabeza, la ahogaban.

Una alerta roja se iluminó en el visor retinal para informarle de que se estaban detectando niveles altos de adrenalina. La desactivó con un parpadeo. A continuación, enlazó con su conexión com mientras se le retorcían las tripas y envió un escueto mensaje antes de que le diera tiempo de pensárselo dos veces, su corazón lo sentía en la garganta.

EMERGENCIA, DEPÓSITO DE CHATARRA DE TAIHANG. LETUMOSIS.

Apretó las mandíbulas, con los ojos dolorosamente secos. El palpitante dolor de cabeza que la torturaba, le recordó que por más que quisiera acompañar sus sollozos con los de su hermana, no se le era permitido.

—¿Por qué? -gimoteó Yuko, con voz temblorosa-.  ¿Qué he hecho?

— Tú no has hecho nada   -contestó Vicder-. No es culpa tuya.  “Aunque tal vez sea mía

— ¿Que puedo hacer? -pregunto Chris, con un hilo de voz. Era la primera vez que se le escuchaba así-.

— No lo sé -contesto Vicder-.  Hay un levitador que viene en camino.

Yuko se limpió la nariz con la manga, tenía los ojos enrojecidos.

—Tie…Tienen que irse. Los infectare.

Medio mareada, Vicder comprendió que había estado intentando contener la respiración. Solto el aire y volvió a inhalar despacio.

— Puede que ya lo tenga. Tal vez lo has cogido por mi culpa. El brote del mercado… Yo… Yo creía que estaba lo suficientemente lejos, pero… Yuko, lo siento mucho.

Yuko cerró los ojos con fuerza y volvió a enterrar el rostro en el pecho. Su melena era una maraña de enredos colgando sobre los hombros que creaba un descarnado contraste sobre su pálida piel. Un hipido, otro sollozo.

—No quiero ir.

— Lo sé, yo no quiero que te lleven. Me iré contigo.

No se le ocurría qué otra cosa podía decirle. ¿Que no tuviera miedo?, ¿Que todo saldría bien?. No podía mentirle y, en cualquier caso, tampoco le hubiera creído.

— Ojalá hubiera algo… -se interrumpió. Oyó las sirenas mucho antes que Yuko-. Lo siento mucho.

Yuko volvió a limpiarse la nariz con la manga y continuó llorando hasta que el aullido de las sirenas alcanzó sus oídos, momento en que levantó la cabeza con brusquedad. Se quedo mirando a lo lejos, hacia la entrada del vertedero, más allá de las montañas de chatarra. Los ojos abiertos de par en par. Los labios temblorosos. El rostro congestionado.

A Vicder se le encogió el corazón. No pudo evitarlo. Si tenía que contagiarse, ya lo había hecho.

Tomo a Yuko de los brazos y la estrecho entre los suyos. El cinturón de las herramientas se le clavaba en la cadera, pero olvido el dolor. Yuko se aferraba a su camiseta con sollozos renovados.

— Te quiero Yuko, ¡Dios!, cuanto te adoro y cuanto lo siento, daría mi vida por la tuya para que no estuvieras pasando por esto.

— Sabes -hipo tratando de controlar sus sollozos y poder hablar- desde que papá te trajo a casa con nosotras nunca más me volví a sentir sola. Yo… yo también te quiero Vic, eres la mejor hermana y persona que haya podido conocer.

Chris se agacho con ellas y las abrazo a ambas, manteniéndose en silencio.

— ¿Qué les dirás a mamá y a Mari? -pregunto Yuko con voz ronca-.

Vicder se mordió los labios.

— No lo sé. -lo pensó unos instantes-.  La verdad, supongo.

Notó el sabor de la bilis en la boca. Tal vez aquello fuera una señal, Quizá el estómago revuelto fuera un síntoma.

Se escucharon las sirenas más cerca, el primero que se levanto fue Christophe iluminando el escenario para ver por donde aparecerían.

Yuko aparto a Vicder  rompiendo el abrazo y retrocedió velozmente, arrastrándose por la tierra.

—No te acerques, puede que todavia no estés enferma, pero aun así te llevarán con ellos. Tienes que irte.

Vicder Vaciló. Oyó el crujido de las orugas de tracción sobre los restos de aluminio y plástico desperdigados por todas partes. No queria dejar a Yuko.

Descansó el peso en los talones y se puso en pie. Unos haces de luz amarilla se aproximaban entre las sombras.

— Ya se acercan -aviso Chris acercándose tomando la mano de Vicder-.

Este iba a dar un paso pero Yuko lo tomo del pie.

— Chris, por favor, cuida de Vicder. Hazlo por mi, por favor.

Chris se agacho hacia ella besandole la cabeza

— Te prometo douceur que no permitiré que le hagan daño. -respondió Chris, guiñándole un ojo-.

Yuko trato de sonreír, afirmando con la cabeza y lo solto.

— Yuko… -Vicder se iba acercar de nuevo pero su hermana la detuvo-

—¡Vete!, ¡Rápido antes que los agarren!

Vicder retrocedió un paso. Otra más. Hasta que Chris lo tomo de la mano y sin ser demasiados conscientes de ello, se detuvieron para recoger la magnetocorrea que había plegado y se dirigieron hacia la salida,  con la pierna humana tan insensible como la biónica, perseguida por los sollozos de Yuko.

Al doblar un recodo se toparon con tres androides blancos. Tenían sensores amarillos y cruces rojas pintadas en  la cabeza, dos de ellos llevaban en vilo una camilla de ruedas.

—¿Es usted la enferma de letumosis?  -preguntó uno de ellos con voz neutra, enseñandole un escáner de identidad.

Vicder escondió la muñeca.

— No, es mi hermana, Linh Yuko. Está… está en esa dirección, a la izquierda.

Los med-droides de la camilla los sortearon y siguieron las indicaciones.

— ¿Ha estado en contacto directo con la enferma en las últimas doce horas?  -preguntó el primer androide-.

Vicder abrió la boca, Vacilante. La culpabilidad y el miedo le atenazaban el estómago.

Podía mentir. No había señal de que ella también la tuviera, pero si se la llevaban a las cuarentenas, tarde o temprano acabaría contrayendo la enfermedad.

Aunque si volvía a casa, podía infectar a todo el mundo. A Anya, a Mari. A esos niños que no paraban de reír correteando por los pasillos.

Apenas alcanzó a oír su propia voz.

—Sí.

—¿Muestra algún síntoma?

—No… No. No lo sé. Estoy un poco mareada pero no… -se interrumpió-.

El med-droide se acercó a ella. Las orugas chirriaron sobre el suelo mugriento. Vicder retrocedió tambaleante, alejándose del androide mientras que Christophe se trata de poner en el medio. El androide los miro por un segundo y se limitó a avanzar como si no pasara nada. El robot alzó el escáner de identidad que llevaba en la mano de dedos articulados y, de pronto, apareció un tercer brazo del interior del torso, aunque este, en vez de prensores, tenía adaptada una jerinquilla.

Vicder se estremeció, pero no se resistió cuando el androide le tomó la muñeca derecha y le clavó la aguja. Aguanto sin rechistar, mirando cómo el líquido oscuro, casi negro bajo la luz amarillenta del androide, llenaba el tubo. No le daban miedo las agujas, pero la cabeza le empezó a dar vueltas. El androide la retiró instantes antes de que Vicder se desplomara sobre un cajón. Chris la ayudo a ponerse de pie de nuevo, sosteniéndola contra él.

— ¿Que haces? -le preguntó en un susurro-.

—Iniciar un análisis sanguíneo en busca de los patógenos de la letumosis.

Vicder oyó el encendido de un motor en el interior del androide. Unos débiles pitidos anunciaban las diferentes fases del proceso. La intensidad de la luz del androide fue amortiguándose al desviar el flujo eléctrico.

Vicder contuvo la respiración hasta que el panel de control tomó las riendas y obligó a los pulmones a contraerse.

— Identificación. -dijo el androide, alargando el escapee hacia ella-.

Una luz roja le recorrió la muñeca y el escáner lanzó un pitido. El robot volvió a guardarlo en el torso hueco.

Vicder se pregunto cuánto tiempo tardaría en finalizar el análisis y concluir que era portadora de la enfermedad, en confirmar que ella tenía la culpa, de todo.

Oyó el sonido de unas orugas de tracción avanzando por el camino. Vicder se volvió y vio aparecer a los dos androides, con Yuko en la camilla.

La muchacha estaba incorporada con las manos sobre las rodillas. Miraba a su alrededor con ojos hinchados, desesperada, como si buscara una salida. Cómo si estuviera atrapada en una pesadilla.

Sin embargo, no intento escapar. Nadie se resistía cuando se era llevado a la cuarentena.

Sus ojos se encontraron. Vicder abrió la boca, pero no dijo nada, intentando implorar su perdón con la mirada.

Los labios de Yuko esbozaron una débil sonrisa. La joven levantó una mano y se despidió agitando ligeramente los dedos.

Vicder le devolvió el saludo, consciente de que tendría que haber sido ella.

Ya había burlado a la muerte una vez. Tendría que ser ella la de la camilla. Tendría que ser ella la enferma. Tendría que ser ella.

Unos segundos más y lo sería.

Intento hablar, intento decirle a Yuko que le haría compañía, que no la dejaría sola, pero en ese momento el androide emitió un pitido.

— Análisis completado. No se han detectado agentes patógenos de la letumosis. Se recomienda al sujeto que se mantenga alejado a quince metros del paciente infectado.

Vicder parpadeo. El pánico y el alivio le encogieron las entrañas.

No estaba enferma. No iba a morir. No acompañaría a Yuko.

—Le enviaremos vía com cuando Linh Yuko entre en las subsiguientes fases de la enfermedad.

Vicder dio una paso en dirección a la camilla pero el androide le bloqueó el paso.

—No puede acercarse a la persona infectada.

Christophe abrazo a Vicder mientras veían que Yuko se tumbaba y se la llevaban, ovillándose como una criatura sobre la camilla.

Aquí les traigo otro capítulo. Uno realmente triste que me dolió el alma pasar.

Me gustaría escuchar sus opiniones, ¿Que creen que pase con Yuko? Y con Vicder. ¿Cómo tomará la noticia Anya?

Espero que les guste y muchas gracias por tan lindos comentarios. Nos vemos pronto! ❤️

Publicado por dmoonbrillentq

Dmoonbrillentq me encanta leer y ver anime, es una forma de poder desprenderme de toda la realidad y adentrarme a miles de aventuras que disfruto montones, por lo que cada historia y experiencias me encantaría poder compartirlo con ustedes. A nivel más personal amo la música y el baile <3 y ayudar a las demás personas, por lo que si necesitas en algún momento poder conversar con alguien aquí estaré

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