Capítulo IV – Ha [葉]


A veces, cuando dormía más de la cuenta, Yuuri sentía la cabeza pesada y el cuerpo flojo al despertar, como una forma de reclamo por atreverse a dormir las horas necesarias para descansar. Con esa sensación, el moreno abrió poco a poco los ojos. Lo primero que pudo percibir el chico, fue la luz del sol colándose entre las hojas de los árboles que brindaban sombra en ese claro del bosque. Con dificultad, Yuuri se sentó mientras se llevaba una mano a su cabeza en un intento de recapitular lo sucedido antes de que quedara inconsciente. 

El lago, los murciélagos, la tormenta y el relámpago. En ese orden, la mente de Yuuri hizo la recapitulación de lo sucedido. Asustado, el chico tanteó su cuerpo en busca de una herida o algo peor. Curiosamente, todo su cuerpo se encontraba intacto. 

¡Qué extraño!

Un leve quejido interrumpió el hilo de los pensamientos de Yuuri, buscando el origen del sonido, el chico localizó a otra persona que, en vano, intentaba reincorporarse. ¿Había otra persona con él?

Sin pensarlo mucho, y recordando el trueno que cayera momentos antes sobre ellos, Yuuri se acercó rápidamente al chico que vestía el traje blanco con azul. Al llegar a su lado, localizó el origen del problema: un herida en el costado derecho le impedía al muchacho ponerse de pie. Yuuri ahogó un grito e intentó calmar al muchacho.

—Tranquilo, estarás bien.

Yuuri sintió el contacto cálido de la mano del chico de tez morena, quien susurró:

—Huye.

—¿Qué?

—¡Que te vayas!

—No puedo dejarte así. —argumentó Yuuri, quizás podría cargarlo a la cabaña y curar un poco sus heridas, mientras Minami se contactaba con una ambulancia o al menos con Nishigori. El agarre del chico se hizo más fuerte.

—Por favor, aquí es muy peligroso. ¡Vete! —Yuuri no entendía la lógica del muchacho. Él necesitaba ayuda médica urgente, no que lo dejaran abandonado. 

Sin pensarlo más, Yuuri maniobró hasta colocar al muchacho sobre su espalda y de esa forma poder cargarlo hasta la cabaña.

«No debe estar muy lejos de aquí». Pensó Yuuri, sin embargo, al levantar la mirada se encontró de frente con otra persona, que igual que el muchacho, a duras penas podía sostenerse en pie.

—Quítate de enmedio —musitó la mujer. Yuuri observó sus heridas, no tan graves como la del muchacho que cargaba a la espalda, pero sí significativas como para necesitar atención médica.

—Descuida —Yuuri dio un par de lentos y pesados pasos, intentando no perder el equilibrio con el peso extra que cargaba a la espalda, el muchacho se acercó a la mujer—. Necesitas ayuda, tenemos que ir juntos con un médico.

Lo que ocurrió a continuación sirvió de evidencia para afirmar lo que Yuuri desde un principio sospechaba: estaba soñando. Al extender su mano en dirección a la mujer herida, una energía invisible la lanzó con fuerza hacia atrás. Sorprendido, Yuuri ahogó un grito.

—¡Perdón! —gritó avergonzado, intentando acercarse—. ¡No me fue mi intención!

—¿Por qué te disculpas? ¡Ella es el enemigo! —exclamó Phichit—. Ahora corre, ¡vámonos!

Antes que la mujer se volviera a levantar o que Yuuri se decidiera a hacer algo, tres personas más hicieron su aparición. En definitiva esto debía ser un sueño, pues esta especie de soldados, tomaron cada uno su arco y dispararon a la mujer que a duras penas logró escapar. Dos de ellos corrieron en su dirección para capturarla; el tercero, un muchacho de presencia seria y cabello negro, dirigió sus fríos e intimidantes ojos hacia Yuuri, quien instintivamente, protegió con su cuerpo al moreno que aún cargaba.

—¿Seung? —Yuuri escuchó una voz a su espalda, al parecer ambos chicos se conocían. Al ver que el otro muchacho conservaba la guardia baja, Yuuri recostó, con cuidado, al moreno una vez más en el suelo y dejó que su compañero se acercara. 

—Te dije que era peligroso —Seung, como le había llamado el otro chico, sostuvo al moreno en sus brazos—. Estás herido. Eres demasiado terco, Phichit.

—Solo es un rasguño —desestimó el aludido, la palma de su mano ahora se encontraba en la mejilla de su compañero—. Estaré bien, tranquilo.

Aprovechando la distracción, Yuuri dio un par de pasos en reversa. Tal vez lo mejor era alejarse de los problemas innecesarios, al parecer ambos estarían bien sin él.

Sin embargo, al dar el siguiente paso, Yuuri sintió que su espalda chocó contra dos superficies puntiagudas. Se volteó y fue recibido por los dos muchachos que momentos antes habían corridos detrás de la mujer.

—¿A dónde crees que vas, idiota? —el rubio fue el primero en hablar. 

—Ya que estás aquí, vas a explicarnos qué fue lo que le hiciste a su Alteza —el más alto, de cabello negro y ojos azules, también abrió la boca para hablar.

Yuuri, con las manos arriba en señal de rendición, intentó mantener la calma. Este sueño loco se estaba tornando en una retorcida e ilógica pesadilla. 

—Yo… yo solo pasaba por aquí…

—¡Al diablo con tus malditas mentiras! —el rubio volvió a hablar, la dureza de sus ojos en tonalidad jade eran realmente intimidantes—. Inventa otro pretexto mejor, boggan.

El miedo de Yuuri disminuyó y fue sustituido por curiosidad, ¿boogan?

—Él no es un boggan —la voz de Phichit se escuchó. Aunque débil, su tono fue suficiente para que todos los presentes le prestaran atención. El Rey se recargaba en Seung, con lentitud se acercó al trío, abrazado por la cintura de su fiel general—. Él es un humano.

—¿Humano? —preguntó asombrado el rubio—. ¿Un pisa-tonto?

—¿Qué hemos hablado de los comentarios despectivos, Plisetsky? —intervino el general Lee.

Plisetsky chasqueó la lengua y junto a su compañero envainaron sus espadas. Yuuri suspiró con alivio de encontrarse a salvo… o lo más a salvo que podía encontrarse en ese momento. 

—Debo agradecerte —la voz de Phichit se volvió a escuchar—. De no ser por tu intervención, seguro ahora estaría muerto. 

—No es nada —repuso Yuuri, aunque se encontraba ligeramente intimidado por la presencia de los tres sujetos vestidos de verde, la sonrisa del moreno lo hacía mantenerse tranquilo—. Yo simplemente estaba de paso.

—¿De paso, eh? —se preguntó a sí mismo Phichit, una ligera sonrisa pintaba su rostro—. Qué curioso…

—¿Por qué es curioso? —preguntó Yuuri.

—Bueno —repuso el Rey—, es curioso porque no es normal que un humano esté entre nosotros.

Yuuri los miró confundido. Observó a quien llamaban Rey y a su compañero al lado, luego dirigió su vista al rubio gruñón que fingía ignorarlos y finalmente al alto joven que sonreía como si en todo momento posara para un comercial de pasta dental. No había nada diferente en sus facciones como para no catalogarse también como humanos, nada diferente a excepción de la vestimenta que ellos portaban formada de hojas y pétalos de flores. 

Un momento… ¿hojas y flores?

Al fin, Yuuri se permitió observar su entorno y lo que ocurrió casi le provocó un infarto del susto. Los árboles, que de por sí ya eran grandes y frondosos, se elevaban hasta donde podía alcanzar su vista y un poco más allá. El verde pasto que cubría el claro era incluso más alto que él. Las piedras que antes ignoraba al pasar, ahora se hallaban frente a él, del tamaño similar a las rocas donde solía sentarse habitualmente con Minami a la orilla del lago. Incluso los rayos del sol iluminaban con más intensidad y eran perfectamente visibles entre el espacio de cada una de las hojas que cubrían parcialmente el cielo.

En conclusión: todo era enorme.

—Esto tiene que ser un broma —exclamó exasperado. Yuuri intentó correr, pero sus acompañantes se lo impidieron, deteniéndolo por los hombros.

—Sé que esto puede ser muy extraño —repuso Phichit en tono tranquilizador—. Pero dejarte huir no es la mejor opción. Yuuri, déjanos protegerte. En estos momentos corres peligro.

Yuuri forcejeó un poco con los chicos que lo mantenían cautivo, este asunto no tenía ni pies ni cabeza. Al fin, después de una señal por parte de Phichit, ambos muchachos soltaron a Yuuri. Él, ni tardo ni perezoso, se acercó a Phichit, su rostro reflejaba toda la consternación de su mente.

—¿Peligro? ¿Cómo no voy a correr peligro si soy tan pequeño como una aguja? ¿Y cómo es que sabes mi nombre?

—Entonces sí eres Yuuri —Phichit sonrió y Yuuri alcanzó a escuchar a Plisetsky chasquear la lengua una vez más—. Te pareces mucho a ella y me atrevo a decir que no solo en el físico. Tu carácter es similar.

—¿A ella?

—A Mari —intervino Plisetsky, quien se acercó a Yuuri y lo examinó de cerca, el chico de lentes dio un paso atrás. El rubio era intimidante—. Ahora que te veo bien, eres el sujeto que aparecía junto ella en esas “jot off”.

—Fotos, Yurio —corrigió el chico de ojos azules. 

—¡Deja de joder, J.J., yo les digo como sea! —se exasperó Plisetsky.

—Este no es un lugar seguro —la voz del general Seung se hizo escuchar. Él no atendía a la conversación sino que observaba su entorno y vigilaba que no se acercara ninguna amenaza. Además, no perdía de vista la herida del Rey Chunanlont. Debían atenderlo pronto—. Debemos atenderlo primero, su Alteza. —Phichit asintió en señal de acuerdo y, por segunda ocasión, la mirada fría y calculadora del general se posó sobre Yuuri—. Tú vendrás con nosotros. No es una sugerencia, es una orden.

Yuuri quiso decir que eso no era posible, que había alguien esperando por su regreso en la cabaña, que al día siguiente sus amigos llegarían a recogerlo y él se alejaría de este lugar para siempre, dejando atrás todo excepto el recuerdo y la memoria de su hermana Mari, sin embargo, la mención de la misma activó la vena natural de curiosidad del moreno, por no decir que su tamaño se había reducido de forma exponencial. ¿Cómo volvería a su estado original? Tal vez lo más prudente de momento mantenerse cerca del extraño grupo.

Por lo tanto, lo siguiente que supo Yuuri es que se dirigía volando sobre un colibrí, detalle que lo tenía asombrado, por cierto. Abrazado de la espalda del tal Plisetsky, quien a pesar de haberlo ignorado olímpicamente, también había discutido con uñas y dientes el ser él quien transportara a Yuuri. 

—El tonto de J.J. seguro se caería —argumentó en un mal intento de disimular su preocupación. 

—Yo nunca me he caído, gatito. Suelo planear con mi novia, Isabella, por todos los rincones del bosque.

—Me tiene sin cuidado lo que tu y Yang hacen mientras están a solas. Es más, será mejor que no lo menciones. ¡Qué asco!

 Ahora, mientras el viento le daba de lleno en la cara, Yuuri pensaba en los apuntes de su hermana. Los detalles eran ciertos, ella ya conocía este lugar. La teoría de las frecuencias de su hermana posiblemente fuera cierta también, lo cual abría una remota posibilidad que se reflejaba en esperanza en el corazón de Yuuri, ¿aún sería posible encontrar a Mari?

Parecía que el misterio de la desaparición de su hermana estaba a punto de resolverse. Con un poco de alivio, Yuuri suspiró y recargó su cabeza y la espalda de Plisetsky. Por muy extraño que pareciera, la esencia arisca del rubio lo tranquilizaba más que el notable narcisismo del tal J.J.

—¡Qué demonios estás haciendo! Si no dejas de recargarte, ¡te tiraré! —los reclamos de Plisetksy y su agarre a las riendas del colibrí desestabilizaron su marcha. Al no estar acostumbrado a esos viajes, Yuuri no tuvo otra opción más que abrazarse más de su compañero—. ¡Hey, suéltame, cerdo, no te he dado el derecho a tocarme!

—¡No me digas cerdo, solo Mari puede decirme así!

—Pues entonces suéltame, ¡no lo repetiré dos veces!

—Ja, ja, ja, ¡ustedes dos se llevan muy bien! —la voz de Phichit se escuchó por encima del ruido de los aleteos de los colibríes. Él compartía el transporte con el general Lee. 

—La herida que te hicieron tenía esencia de Boggan, seguro que sí porque ya se te contagió su estupidez —replicó con sorna Plisetsky.

—¡Eres tan gracioso, pequeño gatito! —respondió Phichit, sonriente—. Aunque hoy estás más arisco que de costumbre, ¿es porque compartes nombre con Yuuri?

—¿Te llamas igual que yo? —Yuuri escuchó una vez más a Plisetsky chasquear la lengua.

—Él es el capitán Yuri Plisetsky —agregó Phichit, con una mano se sujetaba de la cintura del general y con la otra apretaba un poco su herida, aun cuando con su sonrisa intentaba disfrazar el dolor que la misma le generaba—. Para no confundirlo contigo, aunque a partir de ahora, volveremos a llamarlo Yurio.

—¡Por última vez ese no es mi nombre, dejen de molestar! —vociferó el rubio. La sonrisa del monarca se hizo más pronunciada, al parecer disfrutaba de molestar a Plisetsky.

—El valiente chico de al lado es el capitán Jean-Jaques Leroy.

—Capitán J.J. para los amigos —agregó el aludido componiendo una señal con sus manos para formar las dos J que conformaban su nombre. Debido a la distracción y por soltar las riendas, el jinete chocó contra una rama que traviesa, le hizo la maldad.

—¡Ja!, ¡tan tonto como de costumbre! —se burló Plisetsky, con sorna. 

—Él, —continuó Phichit, señalando a su acompañante—, es Seung Gil Lee, el general del ejército de los hombres hojas. Junto a ellos, protegen al bosque de amenazas y lo mantienen vivo y hermoso. Además, me protegen a mi, Phichit Chunanlont, el rey de las tierras del bosque. Es un placer conocerte, Yuuri.

A pesar de las raras circunstancias en las que se conocieron o que incluso, ahora él estuviera volando sobre un colibrí en medio del bosque con cuatro perfectos desconocidos, Yuuri sintió una extraña calidez extenderse dentro de su pecho, algo así un sentimiento de bienvenida y conforte. Como si Yuuri hubiera llegado a casa después de un largo y extenuante viaje. Aún con las preguntas que navegaban por la mente del muchacho, Yuuri sonrió y con la voz calma de quien ha llegado a su hogar, contestó:

—El placer es todo mío, Phichit-kun.

Minami observaba con preocupación el punto donde la breve tormenta se había formado. Era extraño, hacía cinco minutos no se divisaban nubes que indicaran la presencia de lluvia en la zona, y sin embargo, lo que el chico del mechón rojo escuchó con anterioridad habían sido truenos retumbando en el cielo. 

—Estoy viviendo un déjà vu —dijo para sí el muchacho. Sin pensarlo más, buscó el equipo de primeros auxilios (por si acaso, era mejor ser precavidos) y salió en dirección al lago rogando al cielo por la seguridad de su amigo—. Ojalá esté equivocado. Manténte a salvo, Yuuri-kun.


Con los boggans, la situación no era la mejor. Debido a la cantidad de heridos, en una orden de su comandante, las tropas se habían marchado del campo de batalla, declarando de esa forma la victoria para sus enemigos, los hombres hojas. Momentos después de su huida, y mientras los oficiales a cargo hacían la contabilización de los heridos y las bajas, apareció su general, Georgie, llevando consigo a la Emperatriz, Anya, quien se encontraba herida. De inmediato el equipo médico se hizo cargo de la situación.

La guarida de los boggans se encontraba en los límites del bosque, en un terreno desolado lleno de árboles secos y suelo infértil. Un pequeño cachito del bosque que carecía de vida. Desprovisto de esperanza y la frescura del bosque. Ahí, dentro de del grueso tronco seco de un árbol ya muerto, se conglomeraban cada uno de los sobrevivientes de la batalla.

Georgie salió de los aposentos de la Emperatriz, aún con la vestimenta sucia, característica de los boggans, el muchacho mostraba un porte que lo diferenciaba a leguas de casi todos los demás presentes.

Los soldados que podían se inclinaban en señal de respeto. Georgie, ignorando el gesto, se acercó a un boggan y ordenó:

—Solicito con urgencia la presencia de mi equipo de élite.

Después de confirmar que la orden había sido escuchada, el boggan salió corriendo en búsqueda del dichoso equipo que le habían ordenado reunir. Después de cinco minutos, el General Popovich se encontraba esperando en un espacio destinado a las reuniones tácticas del ejército de boggans. No había pasado ni un minuto de su llegada cuando tres figuras hicieron su aparición.

—¿Cómo se encuentre la emperatriz, general? —los tres presentes se inclinaron. Georgie ordenó posición de descanso  y así los tres pudieron alzar el rostro.

Dos muchachos, uno de cabello castaño y otro de cabello negro, junto a una chica pelirroja, observaban atentos a su general.

—Los médicos la están atendiendo. Sus heridas no son de gravedad —comentó Georgie, y agregó—: Ahora, necesito los detalles de la batalla.

—Sí, señor —se adelantó un paso la pelirroja, sus ojos de tonalidad azul reflejaron un destello rojo al hacer contraste contra la luz—. Aún con la retirada de nuestro ejército, conseguimos bajas contundentes de parte de los hombres hoja. Este ataque, más el golpe perpetrado hace seis meses, constituyen un avance para nuestra conquista. 

—¿Importante? —preguntó Georgie—. ¿Mataron acaso al General Lee? ¿O traen la cabeza del Rey con ustedes? 

—Señor…

—¡No quiero detalles vagos, Babicheva! ¿Hicieron algo de provecho o solo jugaron a los soldaditos?

—Aunque las defensas de los hombres hojas han sido reforzadas con el nombramiento de Leroy como capitán —repuso el chico de cabello oscuro, sus ojos negros, igual que Babicheva, desprendían los mismos destellos rojos—. En su ofensiva, la única persona diestra en estos momentos es el General Lee. Si aprovechamos este detalle y reforzamos nuestro ataque, será posible darle el golpe de gracia al Rey.

—La ceremonia de selección no se ha llevado a cabo —intervino Babicheva—. Si eliminamos al Rey, nuestra Emperatriz podría realizar la ceremonia y el nuevo ciclo favorecerá a los boggans. 

—Es así, ¿eh?  —musitó Popovich para sí—. Necesito saber más detalles. De lo poco que me dijo su Alteza, ella peleó contra el Rey y aunque pudo herirlo, un intruso impidió que le diera el tiro de gracia. Necesito más detalles. Capitán Altin, será el encargado de conseguir esa información, es de suma importancia saber a qué nos estamos enfrentando. 

El Capitán Altin asintió con la cabeza, y al no ser una persona de muchas palabras, se dispuso a salir del lugar, sin embargo, el llamado de su general lo hizo voltear antes de salir por la puerta. 

—También necesito que me proporciones la ubicación de Nikiforov cuanto antes.

—Así será, señor. —Con esta frase como despedida, el chico salió sin más miramientos de la habitación. 

—Teniente Babicheva, encárguese de alistar a las tropas. Espere por más indicaciones.

La chica pelirroja se inclinó brevemente y salió por el mismo lugar que el capitán Altin segundos antes.

—Masumi —el aludido, de cabello castaño ligeramente quebrado, observaba al General con seriedad y un poco de repulsión.

—Diga, señor.

—Ordené también la presencia de Christophe. ¿Por qué no llegó a la junta?

—Chris está atendiendo a los heridos. No sé si se habrá dado cuenta, pero los médicos los dejaron de lado solo por atender a “su Alteza”. —El sarcasmo en la frase de Masumi, no pasó desapercibido para el astuto general, quien desestimó su tono resoplando con sorna.

—Ella es nuestra prioridad.

—¿Entonces los boggans no son importantes para ustedes?

—Sin una Emperatriz, ¿quién los liderará a ustedes, bola de salvajes? —se burló Georgie. El general observó a Masumi, quien contenía su furia apretando los puños. A pesar de todo, el General Popovich era un diestro combatiente, sería de tontos desafiarlo con Babicheva y Altin como soporte y peor aún, con los boggans como sus rehenes. Sin perder su tiempo, Popovich agregó—: No olvides como los encontraron a ti y a tu gente. De no ser por Anya, todos ustedes habrían muerto.

Georgie se apartó de Masumi , el castaño odiaba esos destellos rojos en los ojos de los tres soldados, pues ese mismo destello le indicaba que no era justo matarlos. El general estaba dispuesto a marcharse, pero antes de hacerlo, se detuvo en el resquicio de la puerta para agregar:

—Indícale a Christophe que si no quiere que sus queridos Boggans sufran más, él tendrá que pelear hombro con hombros con nosotros. 

Habiendo dicho todo lo que tenía que decir, el general marchó, dejando a Masumi solo con la furia peleando en su interior. 

Hola, de nuevo:

Aquí tenemos el nuevo capítulo de esta historia. Poco a poco se van dando a conocer más detalles. Espero sean interesantes y los anime a querer leer más. Yo estoy muy emocionada pues se acerca la aparición de alguien especial ❤ ❤

¡Muchas gracias a quien está leyendo! En verdad, me hacen el día 🙂

Nos vemos muy pronto con otra nueva actualización.

xoxo

Salem.

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

2 comentarios sobre “Capítulo IV – Ha [葉]

  1. JODER MASUMIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII ❤ PRECIOSOOO ❤ Y GEORGI COMO MALO ME PUEDE ❤ ES PERFECTO

    me ha gustado la interaccion de Leroy y yura xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD awww pobre yuuri xDDDDD excelente trabajó mi salem !!

    Le gusta a 1 persona

    1. Creo que le subí 2 rayitas de sensualidad a Georgie con esa maldad.
      Awww sí, creo que J.J. y Yura hacen yn buen equipo, pero chocan por sus personalidades XD
      Poco a poco van saliendo más personajes 😉 ¡Me alegra que te haya gustado! 💖

      Le gusta a 1 persona

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