CAPÍTULO II – Shiitake [椎茸]


Cada día, antes de levantarse, el recién nombrado, Rey Chulanont deja que el sol que entra por su ventana, bañe un poco su rostro. Después de todo, vivir en la seta aunque era cómodo podía a llegar a ser bastante húmedo y era necesario para el Rey sentir en su piel un poco de los rayos del sol.

Phichit amaba la luz, y anhelaba pronto poder mudar a todo el reino a un lugar menos deprimente, en donde los más pequeños pudieran jugar y todos vivan en armonía como justo estaban destinados a coexistir con el bosque, desde el principio de los tiempos.

Sin embargo, no era así. El bosque, que antes solía ser un lugar seguro para ellos, poco a poco se iba convirtiendo en un peligro inminente, un lugar hostil en donde se habían perdido muchas vidas a causa de la erosión. 

Insistentes toquidos a la puerta se escucharon. Phichit se sentó en su cama y con la característica voz ronca de alguien que se acaba de levantar, permitió la entrada de quien quiera que fuese la persona que interrumpía su sagrado sueño. Un muchacho de apariencia estoica, ataviado en un elegante uniforme hecho de hojas, hizo su aparición. Con elegancia y porte se postró en una reverencia para saludar a su rey.

—Llegó la hora de alistarse para la ceremonia, Majestad.

—Sabes que no me gusta ese tono de formalidad cuando estamos solos, Seung —comentó Phichit, Seung se levantó y siguió observando al rey sin inmutarse.

—Ahora usted es el Rey, merece el mayor de los respetos.

—¿El mayor de los respetos, eh? —Phichit sonrió con malicia, observó pícaramente a su compañero y luego a sí mismo, la sábana que lo cubría parcialmente dejaba en vista su torso desnudo—. Y sin embargo, vienes aquí, tocas mi puerta, entras a mis aposentos y encima de todos miras a tu rey semi desnudo. ¿No será ese un comportamiento muy atrevido, mi general?

Seung se sonrojó copiosamente, sin embargo, de inmediato recuperó la compostura.

—No es así, Phichit —se defendió—. Solo vengo a asegurarme que tengas listo tu trasero a tiempo para la ceremonia.

Phichit sonrió complacido, y sin ninguna clase de pudor se levantó de la cama dejando que la delgada sábana se escurriera por la piel morena de sus muslos y piernas, quedando tal y como llegó al mundo, Seung solo atinó a bajar la mirada. El sonrojo en sus mejillas del soldado ahora parecía permanente. 

Con un movimiento sensual, el moreno se acercó a su general. Delicado y con gracia, Phichit lo tomó de la barbilla para que ambos quedaran viéndose de frente. La fría mirada de Seung se cruzó con los oscuros y coquetos ojos de Phichit.

—Extraño ese tono rudo cuando me hablas, ¿sabes?

—Mucho ha cambiado, ahora tú eres el rey. 

Phichit sonrió con tristeza, un dejo de desilusión se hizo presente en su voz:

—Deseo que algún día todo sea como antes. Soy un rey de un pueblo amenazado, con una ceremonia que deberá realizarse a puerta cerrada, cual tabú. 

Seung tomó a Phichit de los hombros, el cálido aliento de ambos rozando de cerca, sus miradas sin poder despegarse, ambos respirando el mismo aire.

—Te protegeré. —sentenció Seung—. Realizaremos la ceremonia y te juro que todo será como antes. 

Phichit terminó por acortar la distancia entre ambos juntando sus bocas en un suave y sentido beso. Phichit sentía las manos de Seung recorrer su espalda desnuda, con suavidad. El oscuro y suave cabello del general se entrelazaba con las manos inquietas de Phichit. Ambos buscaban acercar más sus cuerpos, sentirse cerca y así sincronizar sus latidos, pues el día de hoy era prometedor, pero como nunca antes, desde que Phichit fuese nombrado Rey, su mundo había corrido tanto peligro.

Al final, ambos se separaron y permanecieron abrazados un momento más. Disfrutando del contacto, ambos suspiraban de vez en cuando. 

—Se hace tarde —Seung se separó de Phichit con delicadeza, tomó el casco que momentos después de iniciado el beso tirara al suelo e hizo una rápida reverencia—. Debe arreglarse para la ceremonia, su majestad.

Phichit se abrazó a sí mismo, suspiró y sonriendo se dirigió de nuevo a su pareja:

—No toleraré que llegue tarde al desayuno. Necesitamos ajustar los últimos detalles para la ceremonia, general Lee.

Repitiendo su reverencia, el General Lee salió cerrando la puerta tras de sí. 

En otro lugar, no muy lejos de ahí pero en el mismo bosque, rayos de sol se colaban a una pequeña y hogareña cabaña. Incómodo por la posición en que se había dormido, Yuuri se despertó en medio de una ligera confusión. Observó el lugar, la sala donde ambos habían dormido, pues la plática a la luz de las velas se había extendido mucho más tarde de lo que pensaron. A Yuuri le agradaba pasar tiempo con Minami, sin embargo, la causa que originaba esas reuniones le causaban al chico tristeza. Él no quería que los encuentros con sus amigos y seres queridos se vieran empañados por el recuerdo de su hermana. Yuuri adoraba a Mari y cada día que pasaba la extrañaba más y más; sin embargo, si él quería avanzar no tenía más que aceptar que su hermana ya no estaba con ellos y él debía seguir adelante.

Yuuri se levantó y observó el calendario que Minami cambiaba diligentemente cada año que ellos regresaban a la pequeña cabaña. La fecha, que el chico del mechón rojo marcara un año atrás indicaba que el día de ayer había sido miércoles, por lo tanto, Nishigori y Yuuko pasarían por él y Minami al atardecer del viernes. El plan de Yuuri era sencillo: ahora que la casa estaba limpia, él y Minami se quedarían con algunas pertenencias de Mari como recuerdo, dejando las demás en la cabaña. El viernes, la puerta de la cabaña cerraría para siempre y ni Minami ni Yuuri regresarían a este lugar al próximo año, ni el que sigue, ni el siguiente. Esa fue la decisión tomada por Yuuri, después de cinco años de la desaparición de su hermana mayor.

El chico abrió la puerta de la última habitación del hogar de la mayor de los Katsuki. Dentro había mapas, muestras, cuadernos y un muro de anotaciones y evidencia. En los cinco años que Yuuri y Minami llevaban visitando la cabaña, Yuuri no había tenido el valor de entrar a esa habitación, pues de sobra sabía que Mari pasaba la mayor parte de su tiempo realizando sus investigaciones. La última esperanza del chico era abrir la puerta y encontrar a su hermana peinada con una coleta anotando absorta cualquier nuevo descubrimiento u ocurrencia de su brillante mente. 

Aunque Yuuri ya sabía que ese pensamiento era una mera fantasía, al abrir la puerta todo el peso de su corazón bajó a su estómago. Un vacío se instaló en su pecho al descubrir el lugar tan abandonado y solo, lleno de polvo y telarañas. Sin vida y sin Mari. 

Conteniendo las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos, Yuuri se armó de valor y se propuso a limpiar el lugar. Era muy temprano, así que no valía la pena despertar a Minami, además de que quería ahorrarle el dolor que ahora experimentaba el chico a su amigo. Esto era algo que él podía hacer solo y que, sentía en su corazón, debía hacer por sí mismo.

Con un cubrebocas y con extrema precaución, Yuuri fue limpiando los estantes y los objetos que quedaron ahí. Uno por uno, no había necesidad de hacerlo con prisa. Al final, pasadas un par de horas, Yuuri se acercó al mapa que reposaba en el escritorio al fondo de la habitación. En él había marcados varios lugares con una equis, sin embargo, en solo uno había, además, una tachuela color rojo. Si no se equivocaba Yuuri, el lugar marcado no estaba muy lejos de ahí. 

—¿Qué estabas buscando? —susurró Yuuri, acariciando la tachuela. Cerca de la cabaña había un pequeño lago en donde, Mari y él habían ido por agua y nadar alguna vez. Yuuri siguió observando con curiosidad, él no recordaba que hubiera algo fabuloso más allá de un cristalino lago. 

—¿Yuuri-kun? —El mencionado dirigió su mirada hacia la puerta. Minami se tallaba un ojo e intentaba enfocar a Yuuri en medio de la habitación—. ¿Qué haces aquí?

Yuuri esperó a que Minami entrara en la habitación, Sin contestar las preguntas de su compañero, señaló el punto señalado con la tachuela y preguntó:

—¿Sabrás por qué Mari-neechan señaló este lugar en el bosque? 

Yuuri observó cómo Minami se mordía el labio. El moreno conocía demasiado bien al chico como para saber que eso era símbolo de nerviosismo. Aunque a veces Yuuri podía ser un chico callado y tímido, a veces poseía una seguridad y determinación absolutas. El muchacho podía ser tan opuesto, pero a la vez equilibrado como el símbolo del yin y el yan.

—¿Lo sabes, verdad? —preguntó con seriedad.

Minami observó a Yuuri, esos ojos color marrón, tan idénticos y a la vez tan diferentes a los de su hermana solía ponerlo nervioso, más aún cuando la seriedad se apoderaba de ellos. Esa era la cualidad que el rubio consideraba más atrayente de Yuuri, pero también la que más temía de él. Al final, el menor suspiró y se acercó con cautela al escritorio.

—Mari me ordenó que no te hablara de esto hasta que ella estuviera completamente segura —susurró Minami. Tomó el libro que se encontraba cerrado al lado del mapa, lo abrió y se lo pasó a Yuuri. El chico de lentes observó el libro, de inmediato reconoció la letra de su hermana. El cuaderno se conformaba por dibujos y anotaciones hechos por Mari. Sin embargo, de haber visto estas anotaciones en otra parte de la casa y no en esta habitación, Yuuri hubiera creído que su hermana mayor estaba preparándose para escribir un libro de fantasía del bosque.

—¿Mini personas? —preguntó confundido.

—Personas chiquitas, o como les decía: hombres hoja —corroboró Minami. La mirada de confusión de Yuuri era un poema, así que aprovechando su desconcierto, Minami continuó hablando—. La verdadera razón de que Mari viniera a este recóndito bosque, era investigar acerca de los hombres hoja. Según su teoría ellos son los guardianes del bosque y gracias a ellos los ciclos del mismo se cumplen, permitiendo a todos los seres vivos cumplir su coexistir en armonía.

—¿Tan pequeños? —con incredulidad, Yuuri le daba un rápido vistazo a las hojas del cuaderno. Aves con sillas de montar, personitas viviendo dentro de hongos; orugas, ramas y demás seres con consciencia dignos de cualquier obra de fantasía. 

Esto no podía ser cierto.

Yuuri comenzó a respirar agitado, dejó el cuaderno sobre la mesa y se recargó sobre ella. Muchas cosas pasaban por su mente. Yuuri intentó serenarse y con voz temblorosa se dirigió a Minami.

—¿Cuánto tiempo investigó esto?

—Mmmm, no sé. ¿Cerca de dos años?

—¿Pasaba mucho tiempo en esta habitación?

—Había días que no comía por estar investigando.

—¿Por qué no me lo dijiste antes?

—No pensé que fuera importante. —Argumentó el menor, además de preocupación, por su voz Minami se notaba asustado por el creciente tono de voz de Yuuri—. Esto no es lo que era Mari. Tú la conoces y…

—¿¡Y ME OCULTASTE, TODO ESTE TIEMPO, QUE MI HERMANA SE VOLVIÓ LOCA!? —Yuuri no quería gritar, en serio no lo quería, pero la frustración y el sentimientos de sentirse engañado por una de las personas más importantes en su vida hicieron mella en él. Yuuri notó cómo Minami se encogía ante su grito. Cómo se veía tímido y diminuto al lado de él—. ¿¡POR QUÉ NO ME LO DIJISTE ANTES, POR QUÉ?

Minami intentó explicar que eso no era lo que él tenía planeado. Quería disculparse y quería resarcir su error; sin embargo, Yuuri salió cual bólido de la habitación, chocó con un par de muebles y salió de la cabaña dando un fuerte portazo que retumbó con eco en el lugar. 

Minami intentó alcanzarlo, pero al escuchar el sonido de la puerta, solo pudo divisar la delgada figura de su amigo alejarse con rapidez de la cabaña. 

—Perdóname, Yuuri-kun. —musitó—. No era mi intención lastimarte.

Aplausos emocionados le dieron la bienvenida al rey. Aún en ese lugar recóndito y húmedo del bosque, la alegría de los presentes reflejaba la esperanza de un futuro mejor. Phichit caminaba con elegancia y distinción. Saludaba a sus súbditos y, de vez en cuando, guiñaba su ojo con coquetería, siempre que el general Lee, quien se encontraba al frente de la marcha como parte de la seguridad del Rey, se distraía; pues de otra forma, Seung reprendería a Phichit por ser un rey con “tan poca clase”, en sus propias palabras.

Chulanont no había nacido en cuna de oro, él había sido elegido por la reina anterior, justo antes de morir. Ahora, la responsabilidad del reino y del bosque pesaba sobre sus hombros, y todos los habitantes buenos del bosque lo veían a él como el pilar que los ayudaría a regresar a sus vidas anteriores. Phichit trataba de autoconvencerse día a día de él era la persona indicada para eso. 

Hoy era el día perfecto para demostrarlo. El bosque benevolente les había dado una segunda oportunidad, él como rey, debía poner todo su empeño para hacer del bosque un lugar mejor. 

Ataviado en un elegante traje azul con blanco formado por pétalos, el rey Chunalont, junto a su comitiva de seguridad, llegaron a la orilla del improvisado pueblo. Los habitantes callaron expectantes una vez que el General Lee alzó la mano ordenando silencio.

Había llegado el momento del discurso del rey:

—¡Mi amado pueblo! —con voz fuerte y clara, Phichit se dirigió a sus súbditos—. Como el nuevo soberano del bosque, he aceptado la responsabilidad que en mi recae. Hoy quisiera que nuestra ceremonia se organizara en medio de algarabía y celebración. No obstante, nos encontramos ante tiempos difíciles. El enemigo que nos recluyó en este lugar se encuentra más fuerte y amenazante que nunca. 

«Es por eso que decidimos realizar la ceremonia de selección e intercambio con la menor cantidad de presentes posibles. Antes de fallecer, la reina me encargó la seguridad de su pueblo y siendo esta una de sus últimos deseos, quiero permanecer fiel a esa promesa. Los capitanes Crispino y el teniente Nekola estarán a cargo de su seguridad a mi partida.  ¡El bosque seguirá a salvo y nosotros seguiremos siendo sus protectores!

La ovación de los habitantes fue más fuerte que la anterior, la emoción en sus caritas alegraban el amigable corazón del rey. A su señal, el General Lee indicó a las tropas prepararse, después de que Phichit hubo subido a su carruaje, su majestuosa guardia, los hombres hoja, montaron sus colibríes y emprendieron la marcha hacía el gran lago. 

Las ramas de los árboles de esa porción del bosque estaban secas y desgastadas, al punto de sucumbir aun bajo el simple peso de la más escuálida rata. Un hombrecillo, de características similares a los hombres hoja, con la gran diferencia que estaba vestido con piel de rata, corría entre las ramas haciéndolas crujir. Sin pensar en el peligro inminente de una caída, el hombre no se detuvo hasta adentrarse en el tronco del árbol seco, en donde al llegar se arrodillo ante la figura ahí presente.

—Su alteza, hemos localizado su ubicación.

—Excelente, —una voz tan femenina como sensual hizo eco en el lugar—. Ordena a las tropas que llegó la hora del ataque.

—Como usted ordene, Emperatriz.

Con una reverencia más, el súbdito se despidió para alistar las tropas. La Emperatriz de los Boggans, Anya, no le daría tregua al reino de los hombres hoja esta vez. Antes de montar su murciélago, la poderosa monarca, dirigió una orden más:

—Capturen al Chulanont con vida. La cabeza del rey me pertenece.

Con esa última oración como grito de guerra, la malvada Anya, junto a su ejército, salió en bandada en dirección al gran lago. En esta ocasión el bosque sería suyo y no habría fuerza en el universo capaz de arrebatárselo de las manos.

«La victoria siempre fue mía». Pensaba con confianza la mujer, mientras se encaminaba al encuentro con su destino.

¡Hola, de nuevo!

Por única ocasión, hago una doble actualización. Espero con ella se vaya entendiendo el curso que estará tomando la historia. Los siguientes capítulos me emocionan mucho, ¡espero verlos por aquí!

¡Muchas gracias por leer! Nos vemos en la próxima actualización.

xoxo

Salem.

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

4 comentarios sobre “CAPÍTULO II – Shiitake [椎茸]

  1. No tengo idea de cual es la película que inspiró está historia, pero leerla me dejó una sensación bonita y también me contagio el espíritu de aventura. Sentí nostalgia por la desaparición de Mary, simpatía por el pequeño y alegre Phichit e intriga por el ataque de la malvada Anya. Interesantísimo. Las historias de fantasía nunca han sido lo mío , pero la narración me atrapo y sé que lo voy a seguir disfrutando un montón.

    Le gusta a 1 persona

    1. Hola!
      Omg! Gracias. ¡Me alegra leer que te ha gustado! Espero los próximos capítulos sean de tu agrado :3 yo estoy muy emocionada por escribirla. Quería hacer hace tienpo algo de fantasía, ya que es el género que más me gusta n.n

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: