Capítulo I – Mori [森]


Si quieres referencias acerca de botánica, Mari Katsuki encabeza la listas en cualquier buscador de la red en la red. 

Con tan solo 20 años, la reconocida botánica lograba encantar a chicos y grandes con sus pláticas acerca de la vida vegetal, las clasificaciones de la misma y la correcta interacción que los seres humanos debían realizar para minimizar la contaminación y de forestación de las áreas verdes con las que aún contaba la humanidad.

Alabada por los amantes de la naturaleza, Mari también era detestaba por la corporaciones que opinaban que no era tan importante un montón de árboles y hojas que crecían en un punto clave donde bien podría construirse una nueva ciudad. 

De carácter fuerte y decidido, la chica lideraba las mayores confrontaciones en pos de la madre naturaleza, hasta que un día todo cambió: Mari Katsuki simplemente desapareció. 

La prensa, los medios, todos se preguntaban qué había sucedido con tan sagaz muchacha. Las teorías conspirativas no se hicieron esperar. Algunos argumentaban que las grandes corporaciones eran las culpables, otros más insistían en que ella había muerto de alguna rara enfermedad. Los más sensatos, indicaban que solo había salido del ojo público y ahora se encontraba tranquila en una pequeña cabaña alejada en un distante bosque. Sea cual fuese la situación, pronto, los medios y las personas se cansaron de la premisa, siendo así que el nombre de Mari pasó a ser otro nombre más dentro de los archivos del internet.

Al final, el bosque y Mari Katsuki fueron olvidados. El paradero de la reconocida bióloga se mantuvo como una incógnita que, con el tiempo, se fue transformando incluso en una leyenda urbana, un mito que circulaba por red y que, de vez en cuando, salía a colación en conversaciones o grupo de facebook. El mundo parecía haber olvidado a Mari, excepto una de las personas más cercanas a ella: su hermano menor, Yuuri Katsuki. 

El clima en el bosque era fresco, los árboles que conformaban el paisaje ayudaban a mitigar el calor de la zona con su sombra y su follaje. A la orilla del bosque, sobre un improvisado camino, circulaba a toda la velocidad que sus viejas ruedas le permitían, un pequeño auto que momentos después se estacionó cerca del inicio del bosque. Del vehículo color verde bajaron tres personas: dos muchachos y una chica, los tres entrecerraron los ojos, pues el sol de mediodía no daba tregua a ningún transeúnte.

—¿Seguro que estarás bien, Yuuri-kun? —preguntó la chica, en su mirada se adivinaba la preocupación que su tono de voz transmitía—. El bosque puede ser muy peligroso.

—Estaré bien, Yuu-chan —comentó el chico de cabello negro sin regresar la mirada a su compañera. Absorto en sus acciones, el chico recibía una enorme mochila del otro muchacho.

—No olvides que regresaremos por ustedes el viernes —intervino el chico de cabello castaño.

—Lo sé, Nishigori —Yuuri se adelantó un poco a la pareja, se inclinó un poco y dijo—: en verdad, se los agradezco mucho.

Momentos después, Yuuri se despedía de sus amigos antes de internarse en el bosque. Yuuko observaba a su amigo y, aún preocupada, se abrazó de su esposo para preguntar:

—¿Crees que Yuuri-kun esté bien?

—Tranquila. —La reconfortó Nishigori, devolviendo el abrazo—. Yuuri necesita hacer esto para poder avanzar.

—Lo sé —susurró Yuuko en su vano intento de calmarse, por alguna extraña razón, esa despedida a su amigo de la infancia se sentía como definitiva. 

«Solo quiero lo mejor para Yuuri-kun», pensó la chica después de darle un último vistazo al lugar donde segundos antes se encontrara su amigo.

Yuuri comenzó su camino por el bosque, a pesar de que los árboles crecían en perfecto desorden, como lo marca la naturaleza, el muchacho pisaba seguro por donde pasaba. Sin un sendero que lo guiase, cualquiera pensaría que el delgado muchachito estaba destinado a perderse entre maleza y hojas, mas no era así, Yuuri conocía el camino perfectamente, sabía dónde estaba y hacía dónde se dirigía, pues cada año visitaba sin fallar el mismo lugar.

Después de un largo rato de caminata, un par de descansos para beber agua y comer, Yuuri llegó a su destino. En medio de algunos árboles, casi oculta por la maleza y la vegetación, se erigía una acogedora cabaña construida completamente de madera. Yuuri se acercó a la entrada y, de su bolsillo, sacó una rudimentaria llave, la cual introdujo a la chapa que aún en su estado semi oxidado, cedió al contacto. La puerta se abrió y dentro encontró los muebles y pertenencias de su hermana, las cuales Yuuri ya se había acostumbrado a ver. El chico se internó en la cabaña, de inmediato, la frescura de la madera inundó sus sentidos.

Ahí, sobre el escritorio, se encontraba una foto de Yuuri junto a su hermana, Mari. Esa foto ya era vieja, Yuuri apenas era un niño regordete con mejillas redondas y rosadas, el característico suéter tejido por su madre y una sonrisa radiante de felicidad. A su lado, Mari también sonreía, de cabello castaño, sus ojos aunque más pequeños que los de Yuuri, eran del mismo tono marrón con ligeros destellos color vino. 

Unos pasos se escucharon en el piso superior de la cabaña, Yuuri levantó la mirada en el momento justo que un chico rubio con un gracioso mechón rojo en la cabeza hizo su aparición.

—Esta vez llegaste más temprano que de costumbre, Yuuri-kun.

—Quería ayudarte a limpiar la cabaña —argumentó el muchacho—. Además esta será la última vez, quería permanecer más tiempo de lo habitual.

El chico se abrazó de su escoba y observó la mirada taciturna del recién llegado. Minami Kenjirou era un chico que había trabajado como ayudante de Mari antes de su desaparición, por lo tanto, cada aniversario de la desaparición de la muchacha, él y Yuuri se reunían en la cabaña y limpiaban un poco el lugar en espera del regreso de la mayor de los Katsuki.

—¿Eso significa que ya no veré a Yuuri-kun? —la voz de Minami fue apenas un susurro, el chico admiraba a Yuuri y, a pesar de las circunstancias, le alegraba pasar un rato con él.

—Nos seguiremos viendo —Yuuri había pasado a la cocina, después de dejar su mochila en un sillón, el muchacho había tomado un escoba y una cubeta para comenzar a limpiar un poco el suelo de la cabaña—. Por cierto, ¿solo eso trajiste de comer?

Minami se sonrojó de la pena, pero aún así, contestó con su acostumbrado ánimo:

—¡No hay nada como una buena pizza para cenar con un amigo!

Yuuri río y Minami lo hizo un poco después, aunque el aire que reinaba en la atmósfera en el lugar era nostálgico. Ambos sabían que la despedida era inevitable, y aún así, ambos trataban de alargarla. En los cinco años, desde la desaparición de Mari, ambos habían desarrollado una bonita amistad aderezada por la esperanza de encontrar una pista, una señal o ser partícipes de un milagro. Con el tiempo, las probabilidades del regreso de Mari se desvanecía y con ello, la posibilidad de decirle adiós a estas reuniones anuales.

Después de terminar de limpiar la cabaña, Yuuri y Minami comieron la pizza prometida y observaron cómo se oscurecía el bosque sentados en las escaleras de la entrada de la cabaña. 

—Ahora que has terminado la universidad, ¿regresarás a Japón? —preguntó Minami, el chico observaba un pequeño espacio donde algunas estrellas comenzaban a aparecer. 

—Aún no lo sé —aceptó Yuuri—. Minako-sensei me ofreció un puesto como ayudante en su academia de ballet, sin embargo, también me gustaría viajar. Sería hermoso conocer nuevos lugares y observar las diferencias y las similitudes que hay con los lugares que ya conozco.

—Suenas igual a Mari —sonrió Minami—. A veces es difícil comprender por qué después de tanto viajar, ella decidiera recluirse en esta cabaña, lejos de la civilización y de todo lo que conocía. ¿No te parece extraño eso, Yuuri-kun?

Yuuri intentó distinguir el bosque, las sombras cada vez eran más profundas y se adivinaba que a lo lejos, el sol ya se estaba marchando para dar paso a la oscuridad de la noche. Aún cuando Yuuri quisiera dejar ir a su hermana y marchar a otro lugar solo con su recuerdo, las incoherencias de su partida seguían haciendo mella en su mente, como algo que le decía que estaba pasando un importante detalle por alto.

—Es un poco extraño —admitió Yuuri, luego se levantó y tendió su mano hacía Minami para agregar—: comienza a hacer frío. Creo que será momento de entrar. 

Minami y Yuuri entraron a la cabaña y platicaron un rato más hasta que el sueño, producto del cansancio del día los venció. Yuuri soñó con su hermana, en esos viejos tiempos en el que ambos discutían por cosas vanas en el onsen de sus padres y se divertían andando en bicicleta o paseando a su pequeño perrito Vicchan. Era complicado aceptar que había ciclos que a lo largo de la vida, deberían ser cerrados. 

Sin embargo, el bosque oculta muchos secretos. Te has preguntado, por ejemplo: ¿por qué cambian las hojas de color en otoño? o ¿cuándo desaparece la maleza? o tal vez ¿cómo es que crecen los hongos? El bosque es un ente vivo y como tal debe cumplir ciclos para mantener también a los seres vivos que habitan en él. Y para que esto se cumpla, existen guardianes a su servicio, unas diminutas criaturas que lo procuran y lo protegen contra su mayor amenaza: la erosión.

Yuuri dormía plácidamente en la cabaña, acompañado de su amigo Minami, sin embargo, el chico no tenía ni la más remota idea de que el destino tenía preparadas muchas sorpresas y un descubrimiento de un secreto resguardado por siglos.

¡Hola!

Este es el primer capítulo de esta peculiar historia. Sinceramente, esta película me gustó desde que la vi por primera vez y tenía, desde hace tiempo, ganas de escribir una historia dentro de este universo.

Para quienes no han visto la película, espero poder explicar de manera eficiente este universo. Esta es una historia completamente de fantasía, por lo tanto, les pido llevar a volar su imaginación junto a la mía.

Las invito a acompañarme en esta fantástica aventura, me emociona mucho publicar este capítulo. Espero sea de su agrado.

xoxo

Salem.

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

4 comentarios sobre “Capítulo I – Mori [森]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: