Retorno a Atlántis 11


Abriendo heridas

La pregunta había sido clara y la respuesta tardaba en llegar.

Echado en el cómodo sofá del centro de investigación médica, Yuri respiraba con cierta dificultad, sus párpados mostraban el vaivén que sus ojos hacían de izquierda a derecha y derecha a izquierda moviéndose a gran velocidad.

Era claro que los recuerdos vívidos de su infancia fluían por su mente y con su entendimiento de niño muy pequeño, tal vez de dos años; no podía concentrarse en un solo objeto ni en un solo acontecimiento.

Todo llamaba su atención, los grandes globos de la fiesta, las luces que brillaban en ese enorme salón, las risas de los demás niños, el rostro de su madre sonriendo y los brazos fuertes de su abuelo que lo elevaban por encima de su cabeza.

Por la descripción los doctores podían inferir que Yuri estaba recordando un cumpleaños cualquiera, pero esperaban el momento preciso para que el joven revelara por qué había escogido ese momento especial para recordar.

La sorpresa no se hizo esperar.

Yuri relajó los músculos de su rostro y con un tono de voz más grave que el usual, hablando las palabras con cierto aire de suficiencia y autoridad en lugar de responder se puso a preguntar.

—¿Qué quieren saber sobre el Atlantis? —Quedó en silencio y sus ojos cerrados parecían concentrarse en el rostro de ambos doctores.

—¿Qué sucedió con los pasajeros y la tripulación? —En solo tres pasos Christophe había llegado junto al sofá y con los ojos bien abiertos contemplaba al muchacho.

—Entendieron, comprendieron… cayó el velo que tenían sobre los ojos y decidieron volver… —La voz de Yuri sonaba con tanto poder y efecto que los tres hombres presentes y la asistente virtual quedaron muy impresionados.

—¿Volver a dónde? —Masumi no iba a dejar pasar esa oportunidad, así que enfilaba todas las preguntas posibles para desentrañar el misterio.

—Al origen.

—¿Puedes explicarlo mejor?

—¿Para qué? —Yuri endureció el rostro y sus cejas juntas dijeron que comenzaba a enfadarse—. Ustedes tienen los ojos cubiertos y no van a entender mi explicación.

—¿Por qué? —insistió Christophe.

—Porque buscan siempre afuera y no adentro. —Yuri calló y volvió a relajar el rostro.

—No te entiendo. —Masumi estaba sediento de escuchar una gran explicación, un discurso con pormenores y detalles de cada tema. En su lugar solo obtuvo la voz de un niño perdido.

—Abuelo… abuelo… ¿dónde estás? —Yuri balbuceó y luego comenzó a gemir como si fuera un niño muy pequeño. Casi no podíamos entender entender lo que decía.

Después de varios intentos y preguntas por regresar a Yuri a ese estado de revelación los doctores se dieron por vencidos y tuvieron que dar por concluida la última sesión de regresión. Después de ésta Yuri tendría que ser sometido a la intervención quirúrgica.

Tras darle las instrucciones para que volviera en sí el doctor Masumi le pidió que despertase y recordase todo aquello que había visto mientras estaba sumergido en las memorias de su infancia.

Despertar para Yuri era un verdadero martirio. La droga que usaban los doctores para permitir un recuerdo más nítido y en mayor profundidad le había provocado esos zumbidos agudos en los oídos en las últimas tres sesiones.

Yuri comenzaba a decir esas palabrotas que nadie quería repetir y Jean se preguntaba si tanto esfuerzo valía la pena. Tal vez Yuri solo era un chico desorientado y nada más, pero se corrigió cuando recordó su último “milagro”.

—Yuri hoy fue un día bastante revelador. —Masumi tomó la palabra y por lo general él lo hacía de inicio para lidiar un poco con la mala actitud que Yuri cobraba al finalizar cada sesión—. Dijiste que los pasajeros y la tripulación del Atlantis volvieron al origen porque se les cayó la venda de los ojos y recordaron algo importante. ¿Puedes describir qué fue lo que recordaron?

Los erráticos ojos verdes buscaban un punto de concentración. Yuri trataba de no sentirse mareado y la vez abría la mandíbula para dejar de sentir ese pitido agudo dentro de su oído izquierdo. El lado izquierdo del cerebro estaba como comprimido y todavía mantenía cierta visión borrosa en el ojo izquierdo.

—Ustedes dos quieren que les cuente cada detalle de lo que sucedió en el Atlantis. Qué pasó con los pasajeros, si ellos murieron por alguna epidemia o si fue la cegadora luz blanca la que los calcinó cuando intentaban huir en las naves o ingresar a las capsulas de pervivencia. Incluso puedo apostar que están deseosos de saber qué le pasó a mi abuelo, cómo dejó este mundo y qué pasó con su cuerpo. —A pesar que tenía la garganta seca Yuri no dejaba de hablarles a los médicos. Sus miradas le recordaban las de los cachorros ansiosos por un pedazo de comida o un puñado de galletas—. Lo siento, pero solo puedo describir emociones, no tengo ni una puta imagen de lo que les pasó en mi memoria. Pero si quieren elevar una teoría válida de qué les sucedió recuerden bien a esos hermanos que saltaron hacia el rotor de la nave y se desvanecieron en ese mismo instante. Eso fue lo que les pasó.

—Bien, pero si dices que sientes sus emociones puedes tal vez describir ¿por qué saltaron? —Masumi comenzaba a perder la inmensa paciencia que lo caracterizaba.

—Porque al otro lado está la verdad.

—Maldita sea mocoso por qué sigues jugando a las adivinanzas. —Chris no era tan paciente—. ¿Qué carajo es la verdad?

—La verdad es relativa, cada uno de nosotros tenemos nuestra verdad y no es igual para todos, pero es lo que es y nada más. —Yuri en verdad no podía describir más porque tampoco podía encontrar sentido a las emociones de las personas que viajaron con él en el Atlantis.

—¿Es ese tu dios que te manda hacer milagros? —Chris no se daba por vencido, tal vez y presionando un poco a Yuri lograría algo significativo y no solo esos argumentos que habían sido el común denominador de las últimas sesiones de regresión—. ¿Esa es la verdad que hay al otro lado?

—Tal vez, no lo sé. Tal vez soy el hijo de dios, el escogido y estoy aquí para revelar su verbo y su presencia absoluta. —Las escandalosas carcajadas de Yuri acompañaron sus palabras. Él se reía mientras sus dedos se aferraban a los bordes del sofá clínico—. Si tanto quieren saber sobre los pasajeros del Atlantis, si tanto desean conocer los efectos de la luz que se genera en el motor principal que esos hijos de puta del gobierno envíen una legión de robots para que investiguen y si pueden lo trasladen al Sistema para que asesinen a todo aquel que se opone a su absolutismo y su régimen de mierda.

Los doctores callaron y Jean se sintió muy incómodo sabiendo que cada sesión era grabada y sería analizada en la base militar y por los expertos asesores de los gobernantes y los representantes. En su opinión Yuri no debía mostrarse tan contestatario si no quería sufrir sus políticas y métodos represivos.

—Yuri estás algo desorientado por el medicamento… mejor te llevo para que descanses y luego vuelves con más ánimos a hablar… —Jean no terminó la frase, un molesto Yuri lo interrumpió.

—No tengo miedo de decir que ese maldito régimen nos tiene a todos como esclavos de un grupo que nos domina y que solo se fija en sus putos intereses. Todos somos sus monos. Todos nos comportamos como ellos quieren que seamos. —Yuri intentó pararse, pero el mareo lo venció y quedó sentado al borde del sofá—. Mira a estos dos imbéciles, son los mejores médicos y atienden a todos tratando de mejorar su salud física y su salud emocional; pero ellos no pueden solucionar su propio problema.

—Yuri… —Jean se acercó intentando aliviar la tensión que estaba generando el descontrol del jovencito.

—Yuri nada. Carajo… mira Jean, que me desmientan estos dos si no tengo razón en decir que se jactan de sus títulos y sin embargo se mueren de dolor y se cagan en los calzoncillos cada vez que tienen que descartar la idea de tener hijos. —No podía dejar de hablar en voz alta y por más que Chris y Masumi intentaron callarlo con las miradas y un silbido agudo, él prosiguió muy enfadado—. Mueren por saber cómo sería tener un hijo, pero el maldito régimen se los prohíbe porque la ciencia que tanto predican ha demostrado que los niños serán más dóciles y menos problemáticos para el sistema si son criados por una mamá y un papá.

—No cuestiones a la ciencia… —Si algo enfadaba demasiado a Chris era que un neófito en materia científica hable mal de los progresos de la humanidad y de la verdad que la ciencia encerraba en sí.

—A la mierda con la ciencia, la ciencia solo sirve a unos cuantos canallas y si no es así dime cuántas investigaciones se han quedado en nada cuando se trata de beneficiar a todos e igualar un poco más la balanza de la iniquidad. —Yuri tenía los ojos inyectados con las delgadas venitas teñidas de carmesí producto de la droga que aún no salía de su sistema y de la acalorada discusión—. La única verdad que cuenta es la que tengo dentro de mi corazón y éste me dice que aquí hay dos monos creyendo ser eminencias científicas y sacrificando su más caro sueño, preguntándose todas las mañanas quienes serán herederos de sus pequeños bienes y de sus grandes logros. Y también tengo a un gran militar que tiene miedo que los altos mandos se vengan encima para disciplinarme y de paso recordarle que juró lealtad y fidelidad a los principios de un régimen que es una farsa.

—¡Yuri basta! —Jean no quería que siguiera hablando porque las autoridades calificarían a Yuri como sedicioso o como loco y no quería verlo ni en la cárcel ni mucho menos en el manicomio.

—Si quieren la verdad vayan al Atlantis, allí está la verdad y dejarán de ser esclavos de un puñado de canallas. —El váguido venció a Yuri además de la tos, pero venciendo sus propias limitaciones se puso en pie y se dirigió a la puerta de salida.

Jean corrió tras de él dejando atrás a la pareja que contrariada comenzó a revisar de inmediato el contenido de las cintas grabadas en esa última sesión, pero después de diez minutos comprobaron que era más que imposible concentrarse de nuevo en su trabajo.

Una espina puntiaguda y dolorosa había sido plantada en el pecho y rasgaba una antigua herida que creyeron cicatrizada, una herida que quisieron disimular con la obtención de logros y los continuos viajes y misiones prestigiosas que los convertían en celebridades del mundo de la medicina.

Dos eminencias que al llegar a su lujoso departamento en uno de los mejores centros residenciales de Venus compartían una copa de vino, algo de música relajante, un baño juntos, una buena sesión de masajes, el juego sexual atrevido de siempre y se dormían intentando pensar que sus vidas no tenían mayor sentido.

Salieron a caminar en la nave por separado, para ellos era mejor pensar así; Masumi en la soledad absoluta del puente de observación y Chris en compañía de los camaradas de viaje.


En la soledad de la habitación que Yuri intentaba relajar el cuerpo mientras Jean desconectaba los últimos equipos de comunicación a pedido del muchacho de ojos verdes. El capitán bastante preocupado ensayaba una sonrisa para levantar el ánimo, pero en su lugar su mirada se cubría con el oscuro manto del temor.

—¿Quieres ir a cenar? —Jean se sentó al borde de la cama de Yuri y éste negó—. ¿Te traigo algo de comer? —No sabía qué más hacer o decir, no quería preguntarle más por el Atlantis porque ese tema parecía ponerlo muy nervioso. Yuri volvió a negar—. ¿Entonces quieres que te deje solo para que puedas descansar?

—Quédate conmigo por favor. —Yuri tomó a Jean de la mano y mientras le pedía compañía la apretaba más—. No me abandones, no ahora cuando no sé dónde estoy, qué estoy haciendo en verdad… estoy perdido Jean y tengo miedo y no puedo ni quiero pensar qué sucederá cuando esta nave aterrice en la base militar.

—Yuri yo sé que no puedes callar tu verdad, pero tengo miedo que todo lo que dices sea tomado a mal y te puedan hacer daño. —Jean era consciente que los gobernantes reprimían cualquier intento de cambio en un sistema que se decía perfecto porque había logrado satisfacer todas las necesidades de los ciudadanos en todos los planetas y bases.

—¿Tienes miedo que me maten? —Yuri sonrió y sin dejar de apretar la mano del capitán afirmó sin temor—. No importa que muera mañana o dentro de ciento diez años, lo que importa es vivir de cara a la verdad y todo esto amigo, el régimen, las pruebas, la ciencia, las normas, los hallazgos y el progreso, créeme que todo esto es una farsa.

—¿Cómo lo sabes? —Jean se sentía tan frustrado como los Giacometti, porque Yuri no terminaba de explicarse.

—Lo sé porque lo siento. —Yuri calló y sus párpados hinchados por la luz se cerraban, su cuerpo se quedaba quieto, la respiración se hacía más lenta y pesada; pero su mano aún apretaba la de Jean.

Cuando Yuri se quedó profundamente dormido el capitán comenzó a buscar nuevos datos sobre la fe, las religiones de la antigua humanidad, hechos que estaban calificados de superchería, pero que él los estaba viviendo sin habérselo propuesto.

Jean tendría que hilar fino para seguir acompañando y ayudando a ese muchachito, que como él mismo dijo estaba solo contra todo un sistema.

Lo único que le quedaba era pensar que las palabras de Yuri, tan confusas y contundentes, solo merecían guardarse en el corazón pues carecían de lógica. Creerle a Yuri era solo cuestión de fe y no de razón.

Notas de autor:

Es la primera vez que me dejo llevar por la historia.

Tal vez lo que todos creen que puede ser una fuente de energía infinita, un arma para dominar a las colonias o una condena para la humanidad, sea un momento de liberación.

Yuri solo necesita recordar qué sucedió en la nave y por qué esa cegadora y potente luz atrae a quienes están cerca de ella. ¿Qué misterio se oculta tras desaparecer en el gigantesco motor de la nave?

Agradezco que sigan la historia y como siempre nos encontramos la próxima semana.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

Un comentario en “Retorno a Atlántis 11

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