Shinku no me


Notas iniciales: El hijo del emperador es una historia con severa crudeza de la trama, con muerte de personajes, asesinatos, sangre y algunas escenas que pueden herir ciertas susceptibilidades, las cuales serán trabajadas con la respectiva objetividad, sin romantizar ni alardear sobre los hechos. Si aun con ello, desea seguir la lectura, bienvenido, si no, puede retirarse con toda la confianza del mundo. 

Ojos Carmesí

真紅の目

Shinku no me

Corriendo en la oscuridad de la noche entre montañas escabrosas, escapando con Celestino por un camino que nadie más debería conocer. Yuuri aún tenía la sangre caliente entre su rostro y sus ropas, las manos le temblaban y sentía que si no se detenía no iba a poder respirar, pero tampoco podía permitir retrasar sus pasos, no cuando estaban tan amenazados por el enemigo que, al más mínimo error, pisaría sus talones. No podían desperdiciar la única oportunidad establecida por Ikezawa que dejo en sus manos toda la esperanza del clan Katsuki. Pero la respiración le estaba fallando y las lágrimas ya rodaban por sus mejillas mientras mordía el interior de su boca para no gritar de dolor.

“Todo era su culpa”

Gracias él, personas inocentes habían sido atacadas y perdido sus vidas o sus hogares, por su culpa Liliana había muerto y Hisashi había perdido no solo a su esposa, sino también a su hijo no nacido. Era debido a él que Celestino era perseguido y herido tantas veces con el único fin de protegerlo de personas que únicamente le perseguían a él. Él no quería que nadie más muriera o fuera herido por su culpa, ya no podía soportarlo más.

— ¡Ah!

— ¡Su alteza!

Tropezando estruendosamente contra el pedregoso camino, Celestino corrió para levantarlo y cuando apenas pudo incorporarse, sintió como un corte sangrante emanaba aquel liquido rojizo desde su pierna y manos. Ya no daba más.

Estaba cansado, tenía demasiado dolor, físico y mental, se estaba convirtiendo en una carga para el emisario que estaba más que fatigado, herido y con el peso de una deshonra sobre sus hombros. Yuuri ya no podía dar más… Quería quedarse allí, ser atrapado y morir, reunirse al lado de su familia y no ser una carga más. Ya no le importaba su linaje, su poder o el trono, solo quería desaparecer, porque si él lo hacía, ya nadie debería sufrir por él.

Al observar como su maestro se quedaba allí, llorando sobe el suelo, Celestino no tuvo de otra que cagarlo sobre su espalda y retomar el paso corriendo. No sabía cuánto tiempo tendrían, cuanto espacio de escape habían asegurado, conteniendo aquel mal presentimiento obligo a su cuerpo a escapar más rápido y sostener el cuerpo de su maestro con más fuerza, porque pasara lo que pasara no podían quedarse allí, no iba a dejar que la desesperación los consumiera, ni a él ni a Yuuri, irían a salir de allí con vida.

Al amanecer, el general Georgi Popovich de la rama secundaria de la familia Nikiforov llegaba al valle donde sus hombres habían sido dirigidos por los informes de la línea principal. Observo los retazos de la fuerte lluvia llevándose los vestigios de la aldea Hinamori perteneciente a los ninjas del clan Katsuki. Varios cuerpos se encontraban calcinados y desparramados en las aceras, supurando un hedor que apenas era disimulado por el olor a tierra mojada. En otro lugar, un grupo de personas, aquellos que sobrevivieron y fueron capturados por la línea principal de la familia Nikiforov, estaban siendo golpeados con el fin de sacarles cualquier tipo de información sobre su alteza imperial. El general y mano izquierda de Víctor Nikiforov, resintió su presencia en aquel horroroso lugar, agradeciendo que su maestro no se encontrara con él allí y aunque él debía supervisar al equipo de búsqueda del príncipe Yuuri, se veía reducido contra la presencia del general de mayor confianza de Alexei Nikiforov.

— ¿Qué noticias tenemos sobre el paradero del príncipe Yuuri? —cuestiono Igor Sokolov, sentándose en la silla preparada para él en el campamento levantado por sus hombres en la villa Hinamori. A su lado, Georgi escuchaba los informes de sus hombres.

—Interrogamos a todos los sobrevivientes de la aldea, especialmente a aquellos que parecían poseer un rango. Dos de ellos, cometieron suicidio atragantándose con su lengua antes de poder responder cualquiera de nuestras preguntas. Sin embargo, dos hombres, un alfa y un beta, ambos ninjas pertenecientes a la elite media-alta de la aldea. Uno de ellos se niega a hablar, parece saber algo —explico el soldado, ante eso, Igor lo vio como exasperado.

—¿Que esperan para torturarlo? Debemos sacar toda la información que pueda tener sobre el paradero del príncipe omega —insto Igor, como si fuera lo más obvio a cumplir. El joven beta asintió, dispuesto a la tarea pero antes de que el soltado Aishigaru* pudiera retirarse, Georgi toma la palabra, deteniéndolo.

—El maestro Víctor insto claramente que no tuvimos permitido torturar ni matar a ningún aldeano o persona, nuestra única prioridad era encontrar al príncipe Yuuri para llevarlo al castillo —recordó el general, pero sorpresivamente fue golpeado fuertemente en el estómago bajo la mirada atónica de sus hombres que corrieron a auxiliarlo, siendo detenidos por aquellos pertenecientes al grupo de Igor. Este lo pateo nuevamente, colocando su pie sobre la cabeza de Popovich.

—Lo que diga Víctor Nikiforov no es de nuestro interés ni debemos tomar en consideración, las palabras de nuestro señor Alexei Nikiforov fueron precisas y absolutas: exterminar todo retazo de la asquerosa familia imperial —declaro el general de manera certera—. Torturen a ese bastardo a que suelte todo lo que tiene que decir, si no dice nada, tráiganlo ante mí —expresa retirándose con una siniestra mirada de satisfacción ante la expresión del general Popovich.

Incorporándose lentamente, algunos soldados sostuvieron el cuerpo del general Popovich hasta que sus pies estuvieron firmes sobre el suelo y pudiera ser capaz de limpiar el polvo de sus ropas. Aunque hubiera llegado a ese lugar por orden de su señor, estaba más que atado de manos y su voz jamás seria escuchada. Si los dioses aun le tenían algún estibo de misericordia, deseo desde lo más profundo de su corazón, que el príncipe Yuuri no apareciera por ningún lugar.

Celestino observaba desde una de las cuevas del paso Shin. Habían caminado toda la noche y apenas estaba por amanecer cuando el cuerpo del príncipe no pudo soportar más, el ninja debió cargarlo para poder refugiarse en lugar “seguro” mientras su maestro descansaba. Apenas de eso habían pasado unas cinco horas y ya estaban en plena luz del día, Celestino calculaba que habían avanzado aproximadamente unos cinco kilómetros por medio del paso, pero que aún les faltaba al menos un día más de camino para poder llegar al lugar en el que pudieran estar seguros. Sin embargo, la salud física y mental de Yuuri iba cada vez peor, aun cuando su cuerpo había colapsado, su mente seguía en shock por presenciar la muerte de Liliana y cada cierto tiempo murmuraba que todo aquello era su culpa. Fue a causa del cansancio y la fatiga extrema que pudo caer dormido apenas hacia tres horas, pero si continuaban de ese modo, estarían completamente vulnerables si por desgracia el clan Nikiforov daba con ellos.

Su estómago resintió la falta de alimento aupado a la debilidad de su cuerpo por el infructuoso escape durante la noche. Celestino estaba preocupado porque su maestro tampoco había consumido nada de comida hasta ese momento y se encontraban en el medio de las montañas del norte, una zona áspera y austera donde no existía gran fertilidad en los suelos. Difícilmente encontrarían algo para comer que no fuera algún animal, y esa opción debía ser descartada ya que el fuego generado para su cocción seria la alerta inminente para los Nikiforov de su ubicación.

Entonces escucha algo, se pega de inmediato contra la pared rocosa y logra apenas precisar el sonido, 20, no, 30 pisadas, ya estaban nuevamente cerca.

Con algo de temor, se apresura a despertarlo, este lo observa algo desorientado al principio.

—Celestino…

—Su alteza, necesito que despierte —le pide con nerviosismo y el joven lo ve alerta—. Son soldados, alteza —anuncia y los temores de Yuuri se confirman, provocando que su cuerpo comience a temblar de nuevo.

—Ellos están otra vez —no puede terminar la frase por culpa del miedo. Celestino afirma a sus temores y el joven príncipe siente que su respiración se acelera.

Analizando las posibilidades, sabe que Yuuri no se encuentra en condiciones físicas de huir. Se encontraban en una cueva muy oculta dentro de aquel paso y fácilmente podría camuflarla con la vegetación circundante. Lo que estaba pensando era suicidio completo, pero le daría oportunidad a su maestro de salir con vida de esa situación. Por eso, considerando todos los escenarios, Celestino obro por lo más seguro.

—Su alteza, necesito que tenga esto.  

Al observar lo que el ninja tenia para entregarle a sus ojos todo estuvo claro. Se trataba de un Daicho, una daga ceremonial entregada al menor de los hijos o hijas de la familia imperial, un arma capaz de llevarla dentro de sus ropas y que lo protegería en caso de necesitarlo. Yuuri apenas pasando la saliva, sostuvo el arma entre sus manos, temblando. Debía luchar. Era ineludible, si no lo hacía, terminaría muerto, él y Celestino morirían si no hacía algo. Debía hacerlo o el sacrificio de su hermana seria en vano… él debía….

Poco a poco comenzó a hiperventilar y Celestino dio rápido con ello, acercándose por su espalda y levantando su pecho.

—Su alteza Yuuri, por favor respire —le pide y Yuuri con dificultad hace caso, respirando y aspirando, tratando se calmar la forma como lo hacía. Cuando ya pudo calmarse, Celestino lo observo con culpa—. Lo siento tanto, su alteza.

El omega lo observo sin entender y se sintió extraño cuando el hombre que siempre cuido de su hermana lo abrazara tan fraternalmente, pero con un deje tan palpable de miedo que hasta él se sintió sobrecogido, provocando que nuevamente las lágrimas fluyeran de sus ojos.  

—Discúlpeme de verdad, usted no debería estar pasando por nada de esto y era mi deber como emisario de su hermana protegerla con mi vida —expresaba el ninja, superado por la propia situación del momento. Ya le era imposible contener sus emociones—. Debí estar en el momento en que ella fue ataca junto a su majestad el emperador, no llegue a tiempo y usted ahora debe sufrir todas las consecuencias de mis acciones. Por favor, le ruego que me perdone.

Yuuri también llora, no puede evitarlo. En medio de toda esa desesperación, se encuentra abrumado por la sinceridad de su emisario, ambos entienden que corre inmenso peligro y que el clan Nikiforov le pisa los talones, sus cuerpos están cansados, incluso un poco lastimados. Sus almas ruegan por un poco de alivio, resonando con el dolor del otro que comparten.

Poco a poco, el ninja recupera la compostura y vuelve a disculparse con Yuuri, este siquiera sabe que decirle, pero a Celestino no le importa, él debe volver a lo que es para poder mantenerse con vida.

—No se preocupe, su alteza Yuuri —le dice sonriendo levemente para buscar calmarlo—. Usted vivirá pase lo que pase. Así que, por favor, permanezca oculto aquí hasta que el sol se oculte y cuando lo haga, salga de aquí lo más pronto posible, el camino es recto y este lo llevara hacia la frontera con la región de la tierra.

El ninja se incorporó y dejo una última sonrisa antes de encaminarse a la entrada de la cueva.

— ¡Celestino! —lo llamó Yuuri, y este nuevamente se viró hacia él.

—Por favor, manténgase en silenció. Volveré por usted enseguida.

Sin embargo, Celestino sabía que no regresaría, ya que por el número de soldados sería imposible mantener la lucha. Ese sería el fin de su vida, y Yuuri lo presentía, pero, aun así, no pudo hacer nada para levantarse.

Celestino sale y corre varios metros siguiendo un camino diferente al que le hubo dicho a Yuuri, reconociendo poco después los gritos de alerta de los soldados del clan Nikiforov, es encontrado a los pocos minutos por un grupo mucho mayor al que había contabilizado en un principio. El general Igor Sokolov sonrió complacido al verlo desde las primeras filas de su ejército, casi como si se trata de un gato reduciendo a su presa. Sin embargo, su sonrisa se desvaneció cuando la pieza más importante de esa operación no se hallaba por ningún lado, de inmediato, dirigió su mirada furiosa hacia el ninja imperial.

—Asquerosa sabandija ¿Dónde has escondido al miserable omega que estas protegiendo? —cuestiona iracundo. El sudor frio baja por la frente de Celestino, pero no se intimida por la presión que emite el alfa sobre él—. ¡Contesta!

—Usted ya no podrá encontrar a su alteza nunca más, lo he decapitado y lanzado sus restos por el acantilado para que no puedan hacer de él lo que plazcan. Esa es mi última redención con la familia imperial —expresa, desvainado su propia daga y amenazando con atravesarse el mismo—. No tengo nada a quien más servir, por eso he decidido morir con honor, dejadme solo.

Todos los presentes alzan un jadeo de sorpresa, asombrados de las palabras que el emisario ha pronunciado. Incluso el mismo Georgi se encuentra consternado, conoce muy bien las prácticas de los clanes orientales, hombres que son capaces de suicidarse o matar a sus maestros solo para mantener su honor. Viéndose completamente arrinconados, no le era de extrañar que hubiese recurrido a ese tipo de métodos solo para no ser capturados con vida. Georgi no puede más que sentir lastima por aquella pobre alma y todo lo que ha de recaer ahora sobre su maestro.

Sin embargo, una nueva sonrisa es emitida por los labios de Igor, quien lanza una terrible carcajada que deja a todos congelados.  Celestino y el mismo Georgi lo observan estupefactos, incluso, muertos de miedo. Eso no era un buen presentimiento.

—Debo admitirlo, eres un excelente actor. Cualquiera que no conociera las prácticas de tus estúpidos clanes, pero ustedes son diferentes. Herederos del clan del Katsuki. Ustedes no se matan para salvarse, son tan estúpidos que luchan hasta el fin, aunque deban morir descuartizados —habla el general analizando cada expresión del ninja, deleitándose hasta del mas mínimo movimiento de desfiguramiento en su rostro—. Y tú como fiel servidor de Katsuki Mari eres más terco que cualquier otro, no piensas morir aun cuando tu honor ha sido completamente manchado, estas protegiendo a esa pequeña mosca. Así que dime ¿Dónde escondiste al omega?

Empuñando la daga con fuerza, casi volviendo blancos sus nudillos, Celestino desenvaina su espada, colocándose en posición para recibir los ataques que vengan de todas direcciones. Esta no será como en el castillo, esta vez resistiría lo suficiente para evitar que los soldados de los Nikiforov diesen con el escondite de su alteza.

— ¡Celestino!

El ninja ahoga un jadeo y su corazón casi es expulsado de su pecho, saltando desde uno de los bordes de la montaña, Yuuri con el daicho que le hubo entregado entre sus manos, cae sobre el general Igor empujando la daga contra el hombro izquierdo del hombre. Esté grita del dolor que la herida le ha provocado y golpea con su otro brazo el cuerpo de Yuuri hasta lanzarlo contra el suelo. Este da múltiples vueltas hasta impactarse con la roca de la montaña, pero determinado a no desmayarse, este se levanta de nuevo y empujado a otro soldado, logra despojarlo de su espada, amenazando a Georgi desde muy cerca.

— ¡Ordena a tus hombres que se alejen de Celestino! —grita, la espada tiembla en su agarre, pero se niega a soltarla. Todo su cuerpo convulsiona levemente por el terror, mas no piensa detenerse. No ha podido soportar la idea de dejar morir a Celestino. Aunque había pensado en quedarse callado y esperar que este regresara, en lo más profundo de su corazón sabía que este iba a morir por el bien de protegerlo. ¿Entonces qué es lo que estaba haciendo? ¿Acaso dejaría que más personas murieran por culpa de él? No quería eso, por ende, salió del escondite donde Celestino lo hubo dejado, persiguió de cerca las tropas de Nikiforov y cuando vio adecuado, ataco de acuerdo a las últimas sesiones de entrenamiento que tuvo con su hermana. Por eso estaba

Igor estaba verdaderamente sorprendido. Jamás espero que el inútil príncipe omega del emperador Toshiya pudiera hacer semejantes acciones, creyó que habría perdido toda la esperanza de vivir luego de todo lo que sucedió en el castillo. No obstante, no se dejó llevar por esa situación, aún estaban en una posición más ventajosa que ellos.

— ¿Crees que haremos caso a una insulsa orden proveniente de tu estúpida persona? —inquirió el general casi con diversión.

—Si te preocupa la seguridad de tu compañero, harás lo que te digo. Ahora ordena que se alejen de celestino —ordeno nuevamente. Más una terrible carcajada sorprendió al príncipe quien ajusto el agarre sobre el cuello de Georgi, la carcajada de Igor permaneció durante un tiempo más, provocando hasta lagrimas que se formaron en el borde de sus ojos—. ¿Qué es lo gracioso?

— ¿En serio crees que me detendré por un inútil como ese sirviente de Víctor Nikiforov? —aproximo el alfa, congelando en el proceso al príncipe—. Nosotros somos leales al señor Alexei Nikiforov, esa inútil sabandija no es de mi interés, si quiero puedo matarlo con mis propias manos.

Sin embargo, un estremecimiento amenazo al general al divisar la mirada del joven príncipe. Envuelto en una ira sin precedentes, la mirada de Yuuri penetro todo el ser del General Igor sin poder evitarlo. Un gran asco sacudió su garganta y lo llevo a sujetar con mayor fuerza su espada.

— ¿No se suponen que son de la misma familia? Un hombre como usted que no tiene moral no puede venir a estar pidiendo mi cabeza para entregarle el trono a otros infelices —bramo Yuuri con sus ojos envueltos en llamas. Incluso Georgi y el propio Celestino no podían apartar su mirada del príncipe—. Puede que sea un príncipe que no sepa nada, pero no entiendo como ustedes pueden seguir ciegamente a una persona como esta —exclama duramente a los soldados que se encuentran en los alrededores de Igor—… Puede que hayan podido con mi padre o mi hermano, pero ¡Yo no he caído todavía!

La mirada de Igor cambio un pequeño sudor bajo por su frente ¿Qué era aquello? ¿Por qué no podía dejar de mirar los ojos de aquel enfermizo omega? Estaba seguro que con solo empujar otro golpe contra él sería capaz de ajustar sus manos sobre su cuello y acabar con el trabajo. Entonces ¿Por qué sentía ese miedo? ¿Qué era eso que le provocaba eso? Si ese iluso príncipe viviendo en la comodidad de su castillo parecía ser un omega inútil y débil, entonces ¿Por qué no podía dejar de temblar? ¿Acaso era por los ojos encendidos de aquel príncipe qué se suponía era débil?

Su mirada no vacilaba y no podía apartar la mirada de él.

En ese lapsus de tiempo, uno de los soldados de Igor alzo su espada para atacar a Yuuri, Celestino fue más rápido y apartando al enemigo que tenía enfrente, tomo al príncipe entre sus brazos.

— ¿Por qué ha cometido semejante locura? ¡No debió haber salido! —gritó mientras tomaba nuevamente espacio para escapar. No obstante, recibió un profundo corte en la espalda producto del ataque de un soldado.

— ¡Celestino! —grita el príncipe, más el ninja solo se preocupa por protegerle sin importar sus heridas.

Igor parece recobrar el sentido y la cólera lo consume de inmediato al verse visto manejado por un simple omega, de inmediato alza su mano contra ellos, ordenando el avance de sus tropas.

— ¡Mátenlos, no dejen que ninguno de ellos quede con vida! —exclama el general encolerizado.

La orden había sido dada y los soldados fueron de frente para atacar a Yuuri y a celestino. El ninja hacia hasta lo imposible para proteger al joven omega, este gritaba al ver como el cuerpo del emisario era herido y sangraba copiosamente. Se encontraban muy cerca del acantilado cuando ya estaban siendo rodeados, la sonrisa de Igor se amplió al verlo en esa posición y Georgi estaba apenas estaba recuperándose de su impresión inicial.

Ya estaban rodeados, un poco más y podrían matarlos a ambos, caer por el acantilado era lo de menos. Entonces, bajo ese pensamiento, decide que es su última esperanza. Si todo marcha como lo espera, al menos podrá ver a los ojos a su maestra cuando se encuentren del otro lado. Por eso, alejando un poco a Yuuri cuando recibe un último ataque, solo puede emitir una sonrisa de satisfacción.

—Maestro —le llamó Celestino, el joven príncipe alzó el rostro consternado. Aun cuando el ninja tenía su estómago atravesado por una lanza y de las comisuras de sus labios escapaba gran cantidad de sangre, este le sonreía afablemente, con añoro y fraternidad, viéndolo como el pequeño niño que conoció alguna vez pero que sería el hombre que llevaría nuevamente las riendas de todo un pueblo—… Yuuri, vive, vive y lucha por lo que de verdad deseas. Nunca dejes que la desesperación te cubra y… perdóname.

Tomándolo del cuello de su kimono, Celestino empujo a Yuuri contra el borde del acantilado. Georgi pudo observar el momento de aquella acción, apresurándose al borde con el único fin de salvarle. A duras penas había podido tomarlo por una de las mangas del kimono, el joven omega le vio contrariado mientras Popovich hacia hasta el último esfuerzo por intentar subirlo, pero era demasiado complicado para él. Yuuri lo observa asustado, sin saber qué hacer, queriendo subir para ayudar a Celestino que ha sido herido, pero frente a sus ojos, igual como ocurrió con su amada hermana, el ninja es apuñalado por el resto de los hombres de Sokolov.

El sonido en seco de una tela rasgada lo hace devolver a él y a Georgi hacia su brazo, la manga del kimono de Yuuri se rompe, el joven emisario busca tomar su mano, pero no logra hacerlo a tiempo y este cae inevitablemente al vació.

Luego de ello, todo queda en completo silencio.

El cuerpo de Celestino Cialdini yace sin vida a escasos metros de distancia de Igor Sokolov y en lo más profundo de aquel acantilado, el cuerpo del ultimo heredero imperial de la familia Katsuki desaparece sin dejar rastro, completamente oculto por la inmensidad del bosque.

El general sonríe complacido y alza la mano en gesto de victoria, el resto de sus hombres celebran mientras Georgi permanece al borde del acantilado, sosteniendo frio entre sus manos el trozo de tela perteneciente al kimono del príncipe Yuuri.

La misión de la familia Nikiforov ha terminado.

Notas finales: Bueno mis amores, no me maten, se que ha sido duro y todavía falta mucho camino por recorrer, pero nadie dijo que asumir la pérdida del poder sería agradable o sencillo, especialmente en un periodo tan complejo como el reflejado en esta historia. Por el momento, hemos llegado al margen de lo que tengo escrito y espero que este par de semanas de cuarentena me permitan adelantar lo más que pueda. Espero les haya gustado y nos podamos seguir leyendo pronto en un nuevo capítulo de El hijo del emperador. Muchos abrazos ciberneticos. 

Publicado por ellexlight

¡Hola! Mi nombre es Génesis, pero por esta zona me conocerán como Elle. Soy licenciada es Gestión Ambiental y vivo en Caracas, Venezuela. Me gusta la lectura, la música (especialmente la instrumental y japonesa), y sobre todo escribir. Tengo escribiendo desde el 2009 y he estado en varios fandoms, tales como SCC, TRC, PPG, inazuma eleven y muy gran parte en Death note, a quien amo con locura. Tengo casi tres años escribiendo para YOI, que se ha vuelto un amor extremo para mi y recientemente he comenzado a escribir para el fandom de BNHA. En cuanto a géneros me gusta el drama, lo erótico, lo fantástico, detectivesco y mpreg/omegaverse. Multishipper a morir.

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