Tabú 21


La llamada del coach del equipo de hockey me sorprendió demasiado más aún cuando él me dijo que era una comunicación no oficial y que requería que me presente en el colegio con mucha urgencia.

Georgi me saludó con su habitual cortesía, pero su voz sonó un poco severa luego del saludo y cuando me dijo que el tema que quería hablar era bastante delicado e insistió que no podía adelantar ningún comentario por teléfono, mi corazón se aceleró de inmediato ante mis temores por alguna travesura o tontería hecha por mi pequeño diablillo dorado de inmediato.

Le pedí a la secretaria que adelante dos siguientes citas para estar presente a la hora acordada, eso era cerca a la hora de salida de los chicos. Atendí mis asuntos con dos proveedores quienes ratificaron su confianza en la empresa y salí de inmediato dejando todo a cargo de Lilia.

Mientras me dirigía hacia el colegio recordé que Yuri había tenido problemas con uno de los alumnos del año superior y que en más de una ocasión el muchacho golpeó a mi hermano. Por ese pequeño gran detalle inferí que Yuri había recibido alguna golpiza o que tal vez había reaccionado de mala forma frente a ese muchacho.

También recordé que ese mes vi al chico un par de veces, una a la salida del colegio junto con sus amigos y otra en uno de los partidos de hockey a los que Yuri me invitó a asistir con mucha insistencia. Al rememorar el tamaño y la complexión del joven supuse que, si mi hermano tuvo alguna reyerta con él, probablemente llevó la peor parte.

Por eso decidí que después de hablar con el coach, esta vez sí conversaría de manera seria con el hermano de ese chico, como no lo hice la anterior vez cuando fuimos citados por la directora. Era tiempo de parar a esa máquina demoledora.

Si en el colegio no lo hacían, pensé que sería la justicia la que debería encargarse. Debía proteger a mi hermano menor, aunque él protestara diciendo que tenía que aprender a protegerse, mi obligación como su apoderado era velar por su integridad. Nadie iba a tocar a mi hermano con violencia ni se iba a reír de él y yo estaba dispuesto a poner las cosas en orden.

Al ingresar en el colegio recordé los años que estudié en él. Mi infancia la viví en ese lugar y pensé que los buenos amigos de ese entonces ahora eran unos completos extraños para mí; sin embargo, sus rostros y nuestras travesuras siempre quedarían en el cajón de mis mejores memorias.

Dejé el auto en el estacionamiento y atravesé el patio delantero rumbo a la oficina de coordinación donde debíamos presentarnos los apoderados cuando éramos citados por algún docente. En medio de mi camino vi a mi hermanito que a pesar de llevar el uniforme algo desaliñado se veía precioso.

El elegante traje resaltaba su delgada y compacta figura de atleta, tenía el pantalón gris bien ajustado a sus caderas, el chaleco abierto, llevaba dos botones de su camisa blanca abiertos, noté la punta de la corbata gris sobresaliendo de uno de los bolsillos del bléiser azul con sus notorias franjas rojas sobre la solapa. Yuri llevaba las mangas del saco elevadas hasta mitad del antebrazo.

Me miró y lo saludé con una sonrisa y el movimiento de mi mano. Él respondió levantando la suya y su rostro mostró un inmediato gesto de preocupación, pero como llevaba prisa para asistir a la cita pasé de largo y solo le hice una señal con las manos indicándole que nos veríamos luego. Vi por el reflejo de las ventanas que Yuri me seguía con la mirada y que no atendía en absoluto a uno de sus compañeros que le hablaba desde la banca.

Al llegar a la oficina central del colegio me anuncié ante la secretaria y ella se comunicó con el profesor Popovich. Éste apareció en la oficina después de unos minutos y luego de un saludo donde nos dimos la mano me pidió que lo siguiera a su oficina en el gimnasio.

Al pasar por el pasillo del colegio volví a ver la disposición de las vitrinas donde se exhibían las medallas de campeonatos ganados a lo largo de los años por los equipos de vóley, basket, fútbol, patinaje, gimnasia, polo, atletismo y por supuesto su deporte estrella, el hockey.

También observé los trofeos obtenidos por actividades culturales y participaciones en concursos de arte donde también brindaban una buena formación y tenían alumnos destacados. Por último, observé que en una gran pantalla se exhibían las fotografías de los alumnos destacados de ese año y entre ellas reconocí las fotos de mi hermano como uno de mejores de su clase y también la foto del enorme atacante del equipo de hockey.

Popovich me invitó a pasar a su oficina y acomodó la silla frente a su escritorio, le dijo a una colega suya que por favor nos deje a solas y cuando ella salió de la oficina cerró la puerta con seguro.

—Víctor estoy tomando todas estas precauciones porque lo que voy a decirte en los próximos minutos es algo muy delicado. —Georgi tenía esa confianza conmigo porque fuimos compañeros de colegio y nuestros padres llevaron una buena relación de amistad mientras duró el matrimonio de los míos.

—Estoy al borde de un ataque Georgi por favor no hagas más larga mi espera. —Imaginaba que me iba a advertir que Yuri se había peleado una vez más con el chico, aunque el momento que vi a mi hermano, no me pareció que tuviera rasguños o golpes.

Georgi miró por la ventana hacia el patio y se acercó al escritorio puso los codos sobre la mesa y apoyó el mentón sobre sus manos cruzadas, me miró y suspiró.

—Sorprendí a Yuri hace dos días teniendo actos indecorosos en los vestidores de la pista de hielo. —Georgi no dejaba de mirarme mientras hablaba y pude ver un ligero bochorno asomando por sus pálidas mejillas.

—Indecorosos… ¿cómo? —El término me llevó a pensar que mi hermanito se había sobrepasado con alguna de sus compañeras, tal vez lo capturaron mirando por un agujero hacia el vestidor de las chicas del equipo de gimnasia que entrenaban en un ambiente contiguo a la pista de hielo o quizá metiendo sus manos bajo la blusa de una de ellas.

—Víctor primero te voy a pedir calma y segundo quiero que me dejes hablar hasta el final. —Georgi parecía más severo de lo que podría estar un maestro y entrenador cuando se trata sobre las conductas impropias de adolescentes.

—Bien voy a callar, pero luego quiero que respondas a todas mis preguntas sin exagerar y sin anteponer el rígido reglamento del colegio. —Pensaba que cualquier cosa que mi hermano hubiera hecho podía solucionarse con una buena conversación, orientación, tal vez una amonestación y nada más.

—Hace dos días tuve que ausentarme del colegio porque tenía una reunión urgente con la organizadora del campeonato de invierno y los entrenadores de los demás equipos tampoco vinieron porque tenían una importante reunión para establecer el cronograma de los próximos juegos de otoño. Cancelé el entrenamiento del equipo y dejé claras instrucciones para que los chicos salieran más temprano que de costumbre.

Pero como mi reunión no duró demasiado tiempo regresé al colegio pensando encontrar aún a los muchachos, el conserje del colegio me dijo que todos ya se habían ido y que solo faltaban dos de ellos. Cuando observé en el estacionamiento la bicicleta de Yuri y el auto de Vladimir Zhúkov me asusté y corrí hacia la pista…

Georgi siempre fue así, nunca decía las cosas de frente, primero tenía que dar a conocer todo el contexto y a veces hacía referencias a sus maestros y autores favoritos sobre temas que solo él entendía. Yo intentaba conservar la calma mientras él seguía contando algunos detalles sobre lo que hizo mientras buscaba a Yuri y Vladimir en el patio y en los pasillos del colegio hasta que llegó al gimnasio donde encontró a mi hermano.

Pero lo siguiente que me dijo, la manera cómo lo dijo, las palabras con las que decoró la escena que encontró en los vestidores, me dejaron congelado y pude sentir que mis músculos se tensaban uno a uno mientras mis manos apretaban los brazos del sillón donde estaba sentado Sentí que mi mandíbula se ajustaba cada vez más y una oleada de calor se apoderaba de mi estómago, mi pecho, mi cuello y mi cabeza.

Por un instante quise negar lo que estaba escuchando y en forma automática dirigí mi mano hacia mi boca, cerré el puño y mordí el dorso de mi dedo índice. Mi hermanito, mi tierno y dulce hermanito, mi salvaje y sensual hermanito en efecto había sido protagonista de un verdadero acto indecoroso en el colegio y no sé qué me dolía más, si saber que él tuvo cierto roce íntimo o saber que fue con un chico. Un chico que se suponía lo molestaba, lo golpeaba, le hacía bulling y lo humillaba.

No podía caber en mi imaginación la escena a pesar que Georgi se empeñó en describirla casi al detalle. Mi hermano arrodillado con el cuerpo contra la pared, recibiendo en su pequeña boca un enorme pedazo de carne inflamada y diciendo luego que él había querido hacerlo.

No quise imaginarlo y sin embargo la escena comenzó a cobrar vida en mi cabeza. Primero fue una forma general que me mostraba a Yuri en la posición descrita y luego los detalles de su rostro y de sus ojos. La bella forma de su boca abriéndose y tragando…

—Georgi, estoy seguro que el muchacho mayor lo amenazóy mi hermano tal vez está encubriéndolo por miedo a que le haga algo más. —No iba a permitirme creer que mi hermano menor estuvo de acuerdo con esa felación.

—Yo también pienso lo mismo, pero a pesar que el otro chico quiso echarse la culpa solo… Yuri saltó como una fiera en su defensa. —Cuando Georgi terminó de describir la actitud de Yuri el calor se había apoderado de mi cuerpo y comencé a sentir que en mi pecho adolorido despertaba el peor de mis monstruos que creí haberlo dominado por completo.

—Georgi te pido por favor que este problema quede entre los dos. —No podía exponer a mi hermano y menos en una circunstancia tan grave—. Voy a hablar con él y voy a asegurarme que me diga la verdad.

—No lo he reportado ante la directora ni lo voy a hacer, pero si ellos vuelven a insistir en sus encuentros dentro del colegio no dudaré en llevarlos ante la señora Komarova para que se apliquen las medidas disciplinarias. —Georgi no podía hacer nada más que cumplir con su obligación y yo tenía que admitir que, a pesar que me preocupaba vivir una situación así, estaba de acuerdo con él—. Si vuelve a pasar lo más probable es que los expulsen y que este hecho quede reportado en su historial.

—Te juro por la memoria de mi padre que esto no volverá a pasar. —Las imágenes de mi hermano y ese gigante del hockey juntos revoloteaban por mi mente sin ningún control y mi enojo comenzó a transformarse en ira.

Tenía ganas de salir al patio, buscar a ese idiota y golpearlo sin parar hasta verlo sangrar y quería advertirle que no se acercase a Yuri, a mi Yuri. Incluso me vino a la mente la posibilidad de cambiar de colegio a mi hermano o darle educación personalizada en casa.

—No seas severo con él —me dijo Georgi mientras nos levantábamos de nuestros respectivos asientos—. Hablaré con el hermano de Zhúkov y me encargaré de orientar a ese muchacho. Los estaré vigilando todo el tiempo para que nada malo pase… te lo prometo.

Eran palabras alentadoras, pero en ese momento no lograban calmar mi ímpetu vengador. Nos despedimos con un apretón de manos y viendo que era hora de la salida le pedí si podía llevar a Yuri conmigo a casa. Georgi aceptó y me dijo que hablaría con el jefe de normas y el conserje para que lo dejasen salir conmigo.

El hombre que salió del departamento de deportes era muy distinto al que había entrado. Mi sonrisa y mi tranquilidad se habían ido a pasear muy lejos y en su lugar el dolor que invadía la boca del estómago me provocaba ganas de golpear todo lo que se presentara en frente de mí.

Con un simple “hasta pronto” me despedí de las personas que había saludado media hora antes con sonrisas y hasta abrazos y caminé con grandes pasos hacia mi auto. Esperaría a Yuri allí y cuando lo tuviera en frente… cuando lo tuviera junto a mí, no sabía qué iba a hacer.

Tenía ganas de agarrarlo de la solapa de su bléiser y sacudirlo sin parar, tenía ganas de aplastarlo con mi cuerpo, sentía el deseo de estrujarlo entre mis manos, quería abrazarlo hasta que ingresara en mi piel, hasta hacerlo parte de mí y no dejarlo salir jamás.

Me senté en el asiento del piloto observando por el espejo retrovisor si Yuri venía al auto. Los minutos se hacían horas y mi tensión aumentaba con tanta rapidez que podía sentir las venas de mis sienes palpitando al igual que las de mi cuello, mis dedos golpeaban el timón sin parar y sentía el pecho tan agitado como cuando terminaba de correr por las mañanas.

Intentaba tranquilizarme para no hacer una tontería. Sabía que debía hablar con Yuri en forma seria, pero no debía ser violento porque eso solo lo espantaría y conociendo cómo era de arisco, tal vez se cerraría conmigo y no quería tenerlo alejado.

Cerré los ojos, aspiré y boté el aire de mis pulmones varias veces hasta lograr que en mi pecho amainara un poco la tormenta que se había desatado por dentro.  Pero en mi mente se formó una imagen clara de Yuri y de sus labios. Recordé su forma, su suave tonalidad rosa color, siempre hidratados, finos y delicados, parecían verdaderos pétalos de flor.

Imaginé cada milímetro de su contorno, sus comisuras suaves y sus pliegues pequeños. Los vi estirarse al sonreír y los vi arrugarse cuando sujetaban un lápiz o cuando absorbían el jugo por un sorbete. Vi la punta de su delgada lengua mojándolos y recordé como se movía cuando lamía un helado de crema.

Esos labios dulces que imaginé un día dando un casto beso a alguna chiquilla inocente y coqueta, esos labios puros que tal vez formarían palabras de amor al oído de una niña de coletas rubias. Esos labios que pronunciaban con rigor mi nombre. Esos labios que se movían tentadores cuando saboreaban una barra de caramelo.

Cómo podía ser que esos tiernos labios hubieran rozado la firme virilidad de otro chico, cómo pudieron abrirse a los deseos calientes de otro hombre, cómo absorbieron la dura impudicia de otro joven. Maldición, esos labios delicados no podían haberse deslizado sobre otro miembro venoso y caliente que no fuera el mío.

No podía aceptar que la pequeña boca de Yuri se hubiera abierto para recibir la palpitante excitación de ese musculoso sin cerebro, no quería aceptar que su boca sintió el calor y el sabor salado de otro hombre que no fuera yo.

Yo que soñaba con llenar de besos su casta boca y abrirla poco a poco a mis deseos y al siseo de mi lengua desesperada. Yo que llenaría de dulzura esa boca inmaculada y la haría mía, la besaría como se besa una gota de rocío sin desperdiciar su prístino dulzor.

En sueños yo hacía de esa boca mi dama venerable y la llenaba de caricias, la mantenía inocente por un tiempo y poco a poco la probaba, la bebía, la sorbía y la convertía en mi bella novia, en mi enamorada concubina, en mi ardiente amante, en mi insaciable golfa.

Su boca había sido profanada. Un estúpido adolescente me arrebató el gusto de seguir fantaseando que era yo el que inauguraba esa boca con mis suplicantes labios, con mi punzante lengua, con mis traviesos dientes, con mis mezquinos dedos, con mi tirano falo, con mis deseos desbocados y con mis umbrías sensaciones.

Otro monstruo abrió las gruesas rejas del calabozo donde lo mantuve quieto tantos años y comenzó a desgarrar mis entrañas, mi pecho y mi garganta con sus afiladas uñas. Lo sentí cobrar el impulso del resurrecto y su aura se adueñó de mi corazón y mi cabeza. Me provocó los sentimientos más viles: reproche, arrebato, delirio, muerte, llanto. Nubló mi mente perversa y comenzó a manejar todos mis hilos.

Mi monstruo reclamaba su lugar. Era uno de los malditos demonios que habitaban en mi interior, el más sombrío y el más intenso de toda la legión. Tenía un nombre que yo quise disfrazar con otro, lo llamé disciplina, lo llamé autoridad de hermano, lo llamé deber, lo llamé amor. ¡Me atreví a llamarle amor de hermano! ¡Mentía! ¡Mentía en forma impune! Ese monstruo gigante e incoherente solo tenía un nombre.

Celos.

Celos enfermos que me quemaban desde la punta de mi coronilla hasta las puntas de mis pies. Estaba envuelto en llamas de ira e impotencia. Mi monstruo desatado era capaz de tomar un puñal y hundirlo en el cuerpo de mi objeto de deseo para no dárselo a nadie más, para que se quede solo mío, aunque sea muerto, pero mío.

Entonces vi que Yuri salió por una de las puertas laterales y caminó hacia el auto.

Era un gato asustado, un pequeño ángel caminando al encuentro con el severo amo del infierno. Un cervatillo frente a las fauces del lince. Mi hermanito era un cordero y yo era el lobo fiero. Me dolió verlo así y me dolió saber que tanta inocencia era falsa, que ese chiquillo había disfrutado del deseo y lo había hecho lejos de mí.

—Cálmate. —Antes que Yuri llegara a la puerta de mi auto, hablé con mi monstruo e hice un pacto con él. Le prometí que, si nuestro pequeño hablaba con la verdad, seríamos indulgentes, aunque nos hiriese; pero desde ese instante lo cuidaríamos con uñas y dientes. Con cierta desconfianza mi demonio aceptó.

—Víctor… —Yuri entró en el auto y sentí que su voz temblaba cuando dijo mi nombre.

—Entra. —No quise disimular mi enojo, mi indignación, mi fastidio y mi decepción—. Tenemos que hablar Yuri, pero no aquí.

Me sentía defraudado, dolido, engañado y durante todo el camino a casa me quedé mudo. No música, no preguntas, no miradas. Nada para Yuri, solo el silencio y la indiferencia. Esa era mi forma de decirle que estaba muy, pero muy molesto con él. Y él solo miraba por la ventana aferrándose con fuerza a su mochila y apretando entre sus dedos su llavero de gato.

El departamento nos recibió con su calor y aroma de siempre. Quien nos recibió con varios maullidos fue el himalayo de Yuri. Yo no quise hacer más caso al gato y me dirigí a la sala, encendí todas las luces porque quería ver muy bien los ojos de mi hermano y cada uno de sus gestos cuando tuviera que decir los alegatos de su defensa.

—Siéntate Yuri. —Me senté en sofá principal y le señalé el sillón de un solo cuerpo que estaba en frente. Acomodé mi cuerpo con los brazos cruzados, las piernas bien abiertas y la mirada más severa con la que podía mostrar mi decepción—. Hablé con el entrenador Popovich sobre lo que pasó en los vestidores el otro día. Me dijo lo que vio y lo que le dijiste sobre tu conducta. Ahora que ya lo escuché a él… quiero escuchar tu versión.

Yuri bajó la mirada y agachó la cabeza. Su rubia melena cubrió su rostro y sus brazos posados sobre sus muslos abiertos no dejaban de temblar.

—Te voy a pedir que me mires cuando me hables y que me digas toda la verdad. —Aunque severa, mi voz sonaba calmada y yo sabía que solo era un disfraz. Quería tanto gritarle y llenarle de reproches; pero era el hermano mayor el que estaba hablando ese momento, no el hombre enamorado que se sentía defraudado.

Yuri levantó la mirada y sus ojos brillaban por efecto de las lágrimas que daban vueltas alrededor de sus párpados—. Se… la estaba… chupando… a Zhúkov.

Sí, la verdad quemaba y desgarraba al mismo tiempo. Sabía que Yuri no iba a desmentir el hecho, pero fue demasiado duro escucharlo de él y peor aún de la forma en que lo dijo.

—¿Te obligó? —Miré a Yuri y él solo negó con la cabeza. A partir de ese momento mi estrategia fue la de sacar, aunque sea por cucharadas su verdad y no hablo de saber lo que pasó, eso estaba de más. Yo quería saber su verdad interior, sus motivos, sus deseos, aquello que Popovich no había conseguido arrancar.

—Yo quise hacerlo.

—¿Te gusta ese chico?

—Me gusta mucho.

—¿Lo amas?

—No, solo me gusta… es el chico más atractivo de la escuela.

—¿Sabes que hiciste mal?

—Fue una estupidez, debimos haber ido a otro lugar.

—¿Lo volverás a ver?

—No, es mejor dejar las cosas así.

Mis ojos se detenían en los de mi hermano intentado atrapar alguna mentira, pero su mirada era tan clara y sus respuestas sonaban tan convincentes que elegí creerle. Mas… otra vez sentí la necesidad de saber todos los detalles.

—¿Tuvieron sexo… es decir hicieron algo más que…? —Ni siquiera quería pronunciar la palabra.

—¿Mamarnos? No, nunca hicimos algo más, él no sabe cómo hacerlo bien dice que me puede herir y yo tampoco sé. —Esa fue una respuesta que me devolvió en parte la tranquilidad.

—Lo digo por tu salud y tu seguridad. —Era un argumento tan hipócrita; sin embargo, era el único válido que encontré en ese momento.

—Nadie me ha penetrado si quieres saberlo. —Yuri como siempre decía las cosas por su nombre, yo no pude evitar el bochorno. Bajó los ojos y cuando volvió a buscar mi mirada me hizo una pregunta con tenor a súplica—. Dime cuán molesto estás.

Estaba seguro que la dureza de mi mirada y mi contraído rostro le decía lo mal que me había caído la situación.

—Fuiste demasiado imprudente y estúpido Yuri, si hubiera sido otra persona quien los encontraba ese día, ahora estarías expulsado y lo peor de todo es que ninguna escuela te querría recibir. —No le estaba mintiendo porque los hechos hubieran sucedido tal como los describía—. Incluso podían haberte denunciado por actos inmorales y en este instante estarías camino a una correccional del gobierno. ¿Te das cuenta del peligro al que te has expuesto hermanito?

—¿Qué va a hacer el profesor? —Con los nervios a flor de piel Yuri parecía que estaba a punto de llorar.

—No los va a reportar ahora; pero me ha pedido que te diga que si tú vuelves a ceder a cualquier pedido o capricho de ese… compañero, se verá obligado a reportarte. —Callé unos segundos como parte de mi estrategia para ver su reacción—. Y si eso sucede no me va a temblar la mano para denunciar a ese tipo por acoso e intento de violación. Hay muchos antecedentes de maltrato así que piensa bien lo que haces Yuri.

Yuri se quedó callado, agachó de nuevo la cabeza y sus lágrimas saltaron hacia la alfombra a pesar que él intentaba en vano detener su llanto. No me dio pena verlo así porque sentí que se merecía el trato y la advertencia, debía saber que yo era una autoridad para él y que tenía que comportarse como lo exigía la sociedad. O tal vez como lo exigía mi herido corazón.

—Te juro que no lo voy a volver a hacer… —La voz de Yuri se quebró y pude verlo convertido en un pequeño felino indefenso y muerto de miedo—. Perdóname Víctor… debes estar pensando lo peor de mí, pero no puedo evitar… que me gusten… los chicos.

Hasta ese momento no me había puesto a pensar en la posición ni en los sentimientos de Yuri, no solo era una severa reprimenda la que tenía que enfrentar. También debía enfrentar la confesión de una verdad que había mantenido oculta. Recordé las palabras de Georgi cuando dijo que Yuri había asegurado una y otra vez que era gay y que el otro chico no lo obligó. Entonces pensé que el temor de mi hermano era más profundo.

—Nunca más haré una tontería como esa… por favor no me odies… no me desprecies Víctor, no me mires con asco o con miedo…

Lo vi tan indefenso y empequeñecido que me conmoví tanto como él y aunque el monstruo de los celos todavía caminaba por mis venas le tendí la mano, Yuri la tomó y cayó a la alfombra llorando con temor, yo también me arrodillé y lo abracé con cariño.

Besé su frente y su cabeza. Lo apreté entre mis brazos, sentí que sus cálidas lágrimas bajaban por mis mejillas y seguí ajustando su delicado cuerpo contra el mío.

Y en medio del momento revelador y del llanto sentí que un monstruo más poderoso y gigante comenzaba sonreír en silencio en la profundidad de mis perversas emociones, un monstruo más fuerte que mis celos, que mi ego herido y que mi falsa tristeza. Un monstruo que sonreía satisfecho porque acababa de enterarse que a mi bello hermano le gustaban los hombres.

Era mi lujuria agigantada que se deleitaba una vez más con sus intrincadas y polutas fantasías. Un ángel de alas rojas y cuerpo incandescente que se sentó orgulloso y feliz en el trono de mis infernales apetencias.

Dejé que Yuri llorara un rato y cuando los suspiros y los hipos lo vencían, cuando sentí que mis piernas se adormecían, me levanté y lo senté junto a mí en el sofá. Sin dejar de abrazarlo comencé a acariciar sus luminosos mechones y le dije de todo corazón.

—Yuri estoy aun enojado por lo que hiciste en el colegio, pero jamás pienses que llegaría a despreciarte por la naturaleza de tus deseos.

Yuri apretó sus brazos alrededor de mi torso y acomodó su rostro sobre mi pecho. Lo dejé reposar sobre mi cuerpo y en silencio hice míos su aroma y sus suspiros, me apoderé de sus frías manos y de la fina textura de su mejilla que rozó mi mentón.

Si él hubiera podido interpretar el lenguaje que mi corazón cantaba a su oído, se habría enterado que yo me sentía muy feliz, extasiado y complacido de tenerlo en mi regazo inventando las maneras cómo lo apartaría del chico más atractivo de la escuela y de cualquiera que se atreviera a tocarlo.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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