Tabú 19


Otro día más para que los tensos músculos de mi cuello me provocasen un dolor insoportable y me dejasen clavado en el escritorio.

Otro minuto más que sentía todo el peso del mundo sobre mis hombros y de nuevo el intenso aguijón dentro de mi cabeza me hacía recordar lo frágil que podía ser frente a los papeles llenos de números en rojo y frente a la actitud apática del último inversionista al cual quería encandilar con las maravillas de la futura colección de Nefrit para la próxima temporada.

—Víctor no lo tomes a mal, pero creo que es más de lo mismo. —Era un hombre de mediana edad, con un metro noventa y casi ciento diez kilogramos sobre el cuerpo. Sus gruesas cejas no se habían arqueado ni un poco al ver la propuesta que los creativos y Lilia prepararon para la presentación que le llevé—. Son hermosos, no lo niego, son lujosos, con colores suaves y discretos como los que reinan en los últimos meses… pero no me convencen.

Adam Kosmarov me estaba haciendo perder el piso, era el rostro más parco que vi en él desde que modelé la colección verano para Safir Kaleb y él solo aprobó unas cuantas piezas a las que llamó “de extraña belleza”. Pero tenía que ser realista era un hombre que sabía de moda y me estaba desgraciando el futuro en ese preciso instante con sus comentarios.

—Vitya es como estar con la misma chica durante ya cinco años, es bella, ha cambiado y madurado, no es una mocosa tonta, es una mujer, la convertiste en mujer; pero ya conoces cómo mueve sus caderas y a qué sabe su cosita y bueno es bella… pero ya no te excita tanto como en un inicio. —El ejemplo no podía ser más visual y caía de maduro. Kosmarov acababa de darme la estocada final.

—No puedo cambiarlo ahora porque ya está en producción. —Mi angustiada voz era más que evidente, así que el hombre puso su mano en mi hombro, caminó junto a mí por el largo pasillo de su exitosa empresa y me dijo con total confianza.

—Víctor ¿qué carajo haces en Nefrit?… Sin tu padre y su chispa esa empresa agoniza y tú no estás haciendo nada más que un simple RCP cuando la firma necesita una intervención quirúrgica de alta cirugía. —Adam era así de franco y la suya era la segunda voz que me decía que dejara de lado la empresa y que me dedique a lo que sí sabía hacer de verdad.

—Creo que no ve voy a rendir con tanta facilidad —le dije confiado, pero me sentía rendido porque las dudas eran gigantescas frente a las certezas.

—Lilia ha perdido el toque  y tú deberías estar en las pasarelas disfrutando de los aplausos. —Esas eran verdades que me dolía admitirlas, eran verdades que no quería confesarlas ni a mi almohada, pero eran verdades innegables—. Sé que los diseños se venderán muchacho, pero solo entre los clientes más identificados con la marca.

—Me estás diciendo que tendremos una relativa aceptación. —Quería sonreír más, pero me era difícil mentir a mi corazón que quemaba al ver la espantosa realidad del presente y aún más del futuro de Jade.

—Lo que te estoy diciendo es que tendrás completa aceptación, pero solo en el estrecho margen de tus habituales clientes. —Kosmarov era asquerosamente realista, por eso me gustaba conversar con él, me hacía bajar de mi nube en caída libre y no ponía una red que amortigüe el golpe—. Sin embargo, las nuevas damas, la generación reciente que empezó a trabajar en puestos más importantes y a obtener más éxito… esas mujeres no son de gustos tan elaborados, ellas aman lo bello y lo práctico y ellas no elegirán tu colección como una opción ni para ir a la mejor de las fiestas de la temporada.

—Por lo menos podré vender a mis habituales clientes la colección. —Mis ojos no se humedecían porque estaba pellizcando mi pierna con fuerza para permitir que el dolor de mi cuerpo ganara al de mi orgullo.

—Vuelve a estar frente a las cámaras Víctor y piensa en hacer otra cosa más para equilibrar lo poco que pagan a los modelos en la industria, tal vez administrar el negocio de Angélica o crear tu propia fragancia… no insistas en una empresa que en dos años más se irá por el caño y pasará a la historia. —Eso mismo no se lo hubiera dicho a mi padre y no porque Adam sea un hipócrita, sino porque sabía que mi padre tenía el ingenio para darle vuelta a los malos tiempos.

Agradecí sus consejos, su tiempo que no me lo cobró y sus ácidas palabras finales.

—Nefrit fue el bello sueño de Miroslav… deja que ese sueño se vaya con él, Víctor.

No podía decirle que Nefrit comenzaba a ser el sueño de mi hermano menor porque sabía de antemano la respuesta que me daría. Estaba seguro que me diría que, si mi hermano soñaba con ser alguien dentro del difícil mundo del diseño y la moda, él debía construir su sueño desde las bases y no tomar el de otro como propio.

Sabía que no le faltaba razón a Adam y cuando manejaba mi auto por la ruta Primorskiy hacia la empresa pensaba en los rostros de Yuri, Lilia y el resto del personal si yo anunciaba que esta sería la última colección que nuestra casa de modas presentaría. Que tal vez la marca quedaría, pero nosotros ya no tendríamos ningún vínculo con la empresa.

No me gustó ver esos rostros en mi mente.

Al llegar a Nefrit tardé varios minutos en recuperar mi estado habitual, ensayé varias sonrisas frente al espejo retrovisor del auto y con un lento movimiento de mis manos abrí la puerta del auto. Debía ir una vez más a mirar los modelos y saber que a pesar de su brillo y lujo y del empeño que todos ponían en ellos ya no tenían la belleza que mostraron en el pasado.

Al llegar al taller otro grave problema me esperaba y yo me sentía al límite de toda la paciencia con la que me había alimentado durante la mañana para aguantar otro momento negativo.

—Done no desea dibujar ni un solo trazo más y está arreglando todas sus pertenencias para dejar la empresa. —Lilia miraba a ese hombre como si fuera una eminencia. Yo le tenía respeto, pero desde que llegué a la empresa vi que se comportaba como un niño mimado.

—No te preocupes voy a hablar con él —le dije intentando calmar a Lilia y ella me siguió hacia el atelier para procurar que nuestra conversación esté a la altura.

Done era un extraordinario, dinámico y muy eficiente diseñador, durante años fue la imagen exclusiva de los modelos más osados que presentaba Nefrit. Mi padre le tenía mucho cariño, Lilia respetaba muchísimo sus propuestas y los demás diseñadores de la empresa lo miraban como un divo. Yo debía poner las cosas en su lugar porque en ese momento la empresa necesitaba de todos para no hacer aguas por ningún lado más.

—Víctor me voy de Nefrit. —Puso cara de consternación e hizo un puchero exagerado—. Cuando nuestro hermoso Miroslav, que en paz descanse, vivía me había prometido muchas cosas. Por ejemplo, prometió que trabajaría en un lugar personal y privado que podría decorarlo a mi gusto, me dijo que me daría cierta participación de las ventas y me aseguró que mis ingresos serían mayores porque el trabajo que desempeño es muy importante.

—No dudo que mi padre tuviera razón Joseph, pero en estos momentos la empresa está a punto de salir a flote o a punto de hundirse y como vez todos estamos poniendo mayor esfuerzo en nuestro trabajo. —No sé si me escuchaba porque sus mohines y poses de reina me estaban molestando demasiado—. Así que cuando la empresa pueda darte todos los beneficios que pides, no dudaré en hacer realidad las promesas que mi padre te hizo.

—Víctor voy a ser sincero contigo… —Volteó hacia mí y me informó el motivo mientras arreglaba mi corbata—, Pamela Rich me ofreció un lugar en su empresa y no es cualquier lugar porque estaré a cargo del equipo especial. —La empresa de la Rich era una de las pocas que seguía subsistiendo en el mercado luego de tres décadas de éxitos y fracasos.

—Pero tienes una obligación por lo menos moral de terminar con nosotros este trabajo y permitirnos tener toda tu propuesta para esta colección que quiero lanzar… no puedes dejarnos en medio del trabajo. —Por mí Done podía irse por la puerta, la ventana o el desagüe el momento que quisiera porque en verdad era muy irritable; pero no me parecía el momento ni la forma cómo nos estaba dejando. Ese no era un adiós, era solo quitar el cuerpo de una situación difícil.

—No cariño, no tengo ninguna obligación, ni contigo ni con ellos. —Señaló a todos sus admiradores que lo miraban espantados—. Solo tengo un gran agradecimiento a Madame Lilia por todo lo que hizo por mí y porque es una dama muy respetable, pero mi tiempo en Nefrit ya llegó a su fin. Sé que no podrás conseguir un diseñador como yo que he dado tanto de mí a los modelos y la empresa, pero te deseo la mejor de las suertes Víctor.

Se acomodó el bolso gigante de fieltro en el hombro, tomó una pequeña caja color añil entre las manos y comenzó a repartir besos a todos los que se agrupaban a su alrededor para despedirlo.

—José Alberto —Llamé al divo por su verdadero nombre y no me interesó que le recuerdara su origen argentino y humilde pasado que tanto quería enterrar—. Hace una hora atrás conversaba con Adam Kosmarov y si sabes muy bien de quién te estoy hablando sabrás también que sus palabras tienen el peso del oro.

—No sé a qué viene que menciones a ese hombre. —Done seguía subido en su gran pedestal y me miraba con un gesto de desprecio mal ensayado.

—Me dijo que las últimas dos colecciones, que si no me equivoco estuvieron a tu cargo, no tenían el peso ni la contundencia de una novedad y siendo como es de cáustico me dijo que tus diseños eran bellas damas desnudas frente a él que no le provocaban ni la más pequeña excitación. —Estaba cansado de sus poses de dios y tal vez fui demasiado precipitado y poco cuidadoso con mis comentarios porque parte de las colecciones fueron hechas por Lilia y el resto de creativos, pero debía decirle algo que pusiera en su lugar a un tipo muy bueno pero que estaba a kilómetros de distancia de la experiencia de Lilia y de la creatividad de mi padre.

Done me miró con los ojos negros y la boca pintada con un suave brillo cereza bien abiertos. Volteó su calva cabeza y con pasos largos se alejó hacia el ascensor donde entró sin decir una palabra más y cuando las puertas se cerraban lo vi mirando el techo del aparato en lugar de decir un formal adiós.

A esas alturas de mi vida, el momento que más necesitaba cohesión en mi empresa, cuando todo su futuro dependía de la colección del verano, un hombre de gran genio y mucha ambición nos dejaba en la nada, con por lo menos la mitad del trabajo paralizado. Yo no podía darme el lujo de parar ni un minuto la presentación que todo el mundo esperaba y tampoco podía salir a rogarle que se quedara.

—¿Kosmarov dijo eso del trabajo? —Lilia me preguntó con verdadera preocupación y el resto de diseñadores nos miraban con cierto temor. Yo asentí.

—No dijo que estuviera mal, pero señaló que ya no impactaría a las nuevas generaciones. —Recordé a mi profesor de administración y negocios diciendo que en una empresa un análisis frío de su realidad es lo que debe hacer que sus directivos determinen su presente y su futuro.

Todos volvieron al taller con las cabezas agachadas y los ánimos por los suelos, era claro que el resto del día no harían más que revisar el material de su competencia en las redes y páginas especializadas y así fue porque ninguno tomó los lápices para hacer un solo trazo nuevo.


Nefrit parecía un cementerio, incluso la música que por lo general llenaba el espacio de los talleres sonaba en volumen tan bajo que parecía el simple ruido de cualquier cosa menos una melodía.

Lilia se había encerrado en su oficina y miraba colecciones de otros diseñadores intentado captar la esencia de cada una de ellas. Su rostro era de amargura, una amargura que yo podía entender porque cuando la chispa de la creatividad no se enciende, la persona se siente miserable e inservible, yo lo sentí cuando mi carrera de modelo comenzó a caminar en piloto automático y mi rostro, mis facciones, mis poses, mi larga cabellera platinada ya no impresionaba a nadie.

Pero llegó Yuri y toda la languidez y pesimismo pasó a segundo plano, cuando comenzó a ser él mismo, desde el tono musical que él silbaba ese anochecer hasta sus preguntas incisivas y molestas con las que trataba de enterarse del por qué todos llevaban caras largas en la empresa. Una actitud que empeoró cuando Lilia le dijo desde su sillón que no le interrumpiera.

Yuri no reprimió más su curiosidad y después de golpear un par de veces la puerta de mi oficina, la abrió y me miró como un tigre mira a un cordero.

—¿Qué carajo hiciste allá afuera? —Una vez más sus labios rosados lanzaban bolas de fuego sobre mi alma—. Estoy seguro que les dijiste algo malo para que todos estén así.

—Yuri no juzgues antes de saber la verdad. —Tenía que tomar la postura de hermano mayor, tranquilo, responsable y maduro.

—Entonces dime de una vez qué tan jodida es la noticia. —Estaba en su derecho, era el otro heredero y yo no debía ocultar más las cosas que sucedían en Nefrit, cosas cada vez más malas.

—Done nos dejó por una mejor propuesta laboral y yo le dije que un crítico mencionó que sus modelos eran pasados de moda. —Suspiré y volví a mirar mi portátil revisando un nuevo cuadro de pedidos de la fábrica.

—Así que ese maldito engreído nos dejó. —Yuri posó sus manos sobre mi escritorio y con su sabida sencillez adolescente me hizo entender algo que había pasado por alto—. Tenemos en esta empresa varios cerebros activos y maravillosos que han vivido bajo la sombra de ese imbécil durante mucho tiempo, diles algo o dales algo para que empiecen a hacer funcionar su imaginación.

Tres personas más y Lilia que bien podían hacer algún esfuerzo de producir algo bueno, aunque no tuvieran esa espectacularidad que la mirada y opinión de Adam Kosmarov exigía.

—Ya será mañana Yuri, porque hoy todos se han sentido mal. —«Tan mal como yo me siento», me faltó decirle.

Yuri me volvió a mirar de frente por varios segundos y me venció una vez más, mis ojos se desviaron hacia mi celular que se encendía con un nuevo mensaje. Si hubiera imaginado lo que estaba a punto de hacer en el momento que traspuso la puerta de mi oficina lo hubiera detenido.

Yuri caminó a toda prisa hacia el atelier, se paró sobre la mesa de diseño que lucía vacía y a viva voz declaró ante todos los chicos y chicas que en ese momento preparaban sus maletines para retirarse.

—Si la huida de ese puto modisto los va a afectar tanto como veo entonces ustedes son unos idiotas que no merecen llamarse diseñadores, tal vez monos, copiones, seguidores, tontos… pero no diseñadores de modas. —Elevó la voz aún más para recalcar a todos los que lo miraban con incredulidad—. Si se sienten tan perdedores, ya no regresen mañana y quédense toda vuestra jodida vida preguntándose si pudieron superar a un cretino.

Bajó de la mesa de un salto y cuando salió del atelier cerró la puerta con fuerza. Adentro no se escuchó ni un solo ruido y yo estaba paralizado en el corredor. Lo que menos necesitaba era despedir a mi equipo de creativos.

Quise entrar en el taller de creación para decirles que esa no era mi opinión, pero Yuri me tomó del brazo con fuerza y me jaló hasta mi oficina. Adentro me obligó a sentarme en el sofá y él se sentó en frente de mí.

—No eres el único que tuvo un momento de mierda. —Me dio su celular para que viera un mensaje que le había enviado Yakov desde Moscú—. No puedo vender la casa de mi abuelo porque todavía sigo siendo un triste y estúpido menor de edad que no vale para las autoridades del país.

—¿Por qué querías vender la casa de tu abuelo? —Me pareció demasiada extraña esa decisión porque Yuri siempre hablaba con nostalgia de ese lugar.

—Para darte el dinero y que pagues la puta deuda de Nefrit. —Yuri estaba algo colorado por la molestia que le provocaba la situación, además de tener encendidas sus mejillas, el brillo de sus ojos me decía que ya estaba perdiendo el control.

—Pero esa casa tiene muchos recuerdos para ti. —Insistí en saber sus motivos más íntimos para tomar una decisión tan radical.

—Tú lo has dicho… solo son recuerdos. —Sus ojos brillaron más y vi una pequeña lágrima en la esquina externa de su hermoso ojo—. El abuelo ya no está allí, todas son cosas del pasado y si bien las amo y las respeto no puedo quedarme pegado al pasado, Víctor.

Era una respuesta tan sincera y llena de sabiduría, parecía por un instante escuchar a mi padre en la boca de Yuri.

—Mi presente es lo que me importa y en este mi presente tenemos una jodida deuda que pagar y yo no puedo cruzarme de brazos esperando que tú soluciones todo, hermano. —Miré su cara de niño enojado, desesperado por hacer algo por mí y no me contuve. Lo abracé con todas mis fuerzas y escondí mi cara en su hombro. Yuri se quedó parado sin saber cómo responder ante mi espontánea demostración y luego sus brazos se cruzaron por sobre mi cansada espalda.

—Yuri no todo está tan jodido como dices, pero saldremos de ésta… te lo prometo. —Era más lo que podía desear que lo que podía hacer, sin embargo en ese momento necesitaba reforzar las palabras de aliento y la actitud tan decidida de mi hermano menor.

Cuando deshizo el abrazo se levantó de inmediato y fue a mi pequeño bar a servirme una copa de wiski. Volvió hacia mí y me la ofreció con un gesto de claro amor. En sus ojos había una bella aura de felicidad que me atraía como la Tierra atrae a los perdidos meteoritos que vagan tristes en el espacio.

Yo tomé el licor de un solo trago y Yuri sostuvo mi vaso, lo llevó hacia el escritorio, me pidió que lo esperase y corrió hacia el atelier, sentí como movió unos cuantos cajones en el desolado lugar y cuando regresó tenía una fina tijera con mangos negros entre las manos.

—Vamos a cambiar algunas cosas Víctor. —Con absoluta sobriedad y seguridad en la mirada Yuri se acercó a mí dejó la tijera en la mesa de centro y soltó mi cola de caballo, sentí que la cabeza se aliviaba un poco cuando comenzó a peinar con sus dedos mi cabello.

Sus manos recorrieron mi melena desenredando con suavidad cada pequeño nudo, sus suaves yemas me dieron un pequeño masaje en la cabeza que tanto había estado necesitando y su perfume de goma de mascar me devolvían la vida perdida por la mañana.

Frotó con cierta rapidez mi cuello y luego de varios minutos que deseaba no terminen nunca volteó mi cabeza con rapidez a ambos lados provocando que mis vértebras suenen como los fuegos artificiales de navidad. Me dejé llevar por un pequeño mareo y las manos de Yuri levantaron mi cabeza y luego mi rostro.

Con admiración y calor en la mirada Yuri peinó mi cabello con un pequeño peine de dientes menudos que también trajo consigo.

—Yuri no eres estilista —le dije mirando sus claras intenciones de quitarme ocho años de melena larga y varios años de juventud con ella.

—¿Quién crees que me corta el cabello Víctor? —Elevó una ceja mientras sus ojos me decían obedece y calla.

—Pero… —Estaba asustado y a la vez no quería desanimar a mi niño y cortar su actitud luchadora.

—Víctor no es atrapando tus veinte años con lo que vas a lograr que las revistas y diseñadores vuelvan a llamarte. —Una vez más tenía que escuchar sus claras verdades ese día.

—Si lo haces mal te juro que voy a castigarte Yuri. —No sabía qué hacer porque el pequeño demonio ya me tenía medio convencido.

—No temas, además vamos a dar un toque especial a esa enorme frente que ves cada mañana en el espejo. —Esa también era una fea verdad.

—No seas cruel Yura. —Apunté con mi dedo índice hacia su nariz y le di un pequeño tope y recibí un chasquido de dientes como respuesta. Luego sonrió y comenzó a pasar el peine y las tijeras por mi larguísima melena.

Hasta ese momento no había sentido lo pesada que era y es que traía a cuestas muchas historias, muchas ilusiones no cumplidas, mucha tristeza, mucho miedo por mi futuro y mucha frustración por mis sueños y deseos que dejaba de lado cada mañana y cada noche.

Sus manos que siempre estaban frías, se sentían más cálidas que nunca y sus ojos no dejaban de escudriñar mi mirada e inundarla con destellos esmeralda de felicidad y vigor. Y ese simple instante entre los dos, cuando Yuri inventaba un nuevo Víctor para el mundo con las tijeras y su especial imaginación yo fantaseaba con el calor de su fresca piel.

Su perfume alivió mis tensiones durante las mágicas horas en las que Yuri cambió la forma de verme frente al espejo y de ver mi futuro, pero también provocó el intenso deseo que mi monstruo tejía dentro de mi alma.

Mis sucios y dulces pensamientos cobraban fuerza en mis venas. Mi boca lo besaba sin tocarlo y mi mente imaginaba su sabor, mis manos se perdían en su pequeña cintura y apretaban con fuerza sus filosas caderas robándole un gemido.

Ignorando tanta impudicia, Yuri solo me miraba juntando las cejas de tanto en tanto para ver cómo haría el próximo corte y yo soñaba que sus ojos pudieran mirarme con descaro y con pasión.

Cada roce de sus manos sobre mi cabeza o mi cuello era un incentivo para el apetito de hombre que lo desnudaba y lo acariciaba de pies a cabeza. En mi mente lo hacía mío una y otra vez, en mi imaginación éramos dos amantes insatisfechos que se besaban y mordían desesperados buscando el calor de un nuevo abrazo o el descontrol del éxtasis profundo.

Mi imaginación se apoderaba de él, absorbía el jugo de su boca y el zumo de su sexo, envestía sin parar su delgado cuerpo arrebatándole la pureza de su alma y sentía el calor de su apretado trasero.

Yuri solo se mantenía en silencio y por instantes breves podría jurar que disfrutaba de mí al ver cómo iba cambiando. Por momentos me sentía acariciado por su sonrisa y pensaba que me estaba devorando con su mirada de tigre.

Infernal amor que me envolvía en un callado e imaginario juego de seducción en el que Yuri transformaba a su hermano con complejo adolescente en otro hombre, tal vez ese que deseaba ver para sentirse amado y protegido.

Un hombre fuerte y mayor para conducirlo en la vida como un buen hermano y para tomarlo en la cama como un desesperado semental. Así soñaba mi alma mientras mi cuerpo caliente frenaba todos sus impulsos y ganas de tocar a mi hermano apretando el lapicero o mordiendo la colilla de un cigarrillo que jamás encendí.

Mi amado y bello Yuri no me lo permitió.

Si cada uno de mis pensamientos se hubieran hecho realidad esa noche, su piel habría amanecido cubierta de hermosas marcas rojas y moradas impresas por mis enamorados dientes. Su espalda sería el lienzo donde mis uñas habrían dejado imperecedera huella y sus labios habrían estallado en suspiros mientras yo absorbía su miel y su tibia sangre.

Porque así amaba y deseaba a Yuri, con los deseos más voraces y candentes con los que solemos amar los hombres, con ese amor poluto que reclama día y noche la candidez de un suspiro y la violenta ráfaga de un gemido. Un amor que se eleva al cielo mientras se hunde más en la carne suave y fresca de su amante.

Un imperfecto y egoísta amor que reclamaba para sí convertirse en el todo de Yuri, su abnegado maestro, su responsable tutor, su correcto guía, su querido hermano, su salvaje amante e incluso el tirano amo de sus sueños.

Yuri.

Mi piel reclamaba sus climas, mis labios necesitaban sus manantiales, mis manos anhelaban sus texturas, mis ojos buscaban sus perfectas formas, mi vientre deseaba con ardor sus espasmos, mi corazón lloraba por su cariño y mis oídos querían sentir sus palabras cargadas de malicia.

Y él… él solo se movía frente a mí y con mirada orgullosa aprobaba su obra mientras yo me perdía en el cristal de sus preciosos ojos, intentando adivinar por su mirada si me amaba con la intensidad y en la forma en que yo lo amaba.

—No he terminado Víctor. —Con esa misma energía con la que llegó salió de nuevo como un rayo hacia el taller y volvió a entrar de igual forma en mi oficina—. Quiero que ahora poses para mí como si yo fuera una bella mujer a quien quieres convencer de hacer el amor todo un fin de semana.

Sonreí ante el pedido.

Si mi lindo hermano se hubiera dado cuenta que yo quería posar como un hombre que intentaba convencer a un bellísimo demonio de ojos verdes para hacer el amor con él todo un fin de semana y todo el resto de mi vida, tal vez el pulso de sus manos que recorrían su cuaderno de dibujo habría fallado por completo y yo aprovecharía para tomarlo entre mis brazos y besarlo.

Me hubiera gustado decirle que nunca debía compararse con una mujer, que su belleza no era superior ni inferior a las hermosas hijas de Venus, si no que era una belleza única, masculina y angelical, a pesar que su forma de ser era la de un pequeño súbdito de satán.

Mi niño.

Me dibujó de tantas maneras e inventó trajes tan especiales sobre mi cuerpo esa noche mientras yo inventé miradas y sonrisas ardientes frente a sus ojos. No pensé que yo inspirase tanto su imaginación.

Entrada la medianoche retornamos a casa juntos, escuchando algo de música romántica en la radio de mi automóvil. Él se adormilaba en el asiento del lado y acomodaba su cabeza entre el espaldar y mi hombro y yo todavía ardía en deseos al ver el brillo de sus rubias pestañas, la suave curva de su pequeña nariz y sus estriados labios rosa.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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