Capítulo 12: Golpes


El estudio de Baran Nikiforov era tal y como Víctor lo recordaba desde la última vez que había puesto un pie dentro, siete años atrás. Su padre era un viejo hombre de costumbres, por lo que no le extrañaba que, aún tras tanto tiempo, las cosas se mantuvieran exactamente igual: los mismos adornos y figuras anticuados, los mismos cuadros viejos que realmente valían una fortuna, el mismo acomodo de libros y documentos dentro de los estantes. Todo de madera barnizada, con detalles que eran de un genuino dorado que todavía se mantenía brillante gracias al cuidado que el personal de limpieza mantenía en ese lugar.

Baran caminó directamente hacia su escritorio. Víctor lo siguió de cerca y se sentó en una de las sillas del otro lado, justo frente a su padre.

  —Quiero que esto sea rápido —comentó apenas Baran tomó asiento también. Ya tenía en mente su respuesta: no habría nada de lo que su padre pudiera decir o hacer que lo hiciera cambiar de opinión.

Baran sonrió, con ese gesto que Víctor ya conocía tan bien de él, ese mismo que siempre utilizaba ante hombres con quienes deseaba llevar una negociación más o menos tranquila. Baran era quien estaba en desventaja en ese momento y ambos lo sabían a la perfección.

—Como gustes.

Baran se mantuvo firme sobre su asiento, con la espalda recta y sus ojos azules clavados sobre su hijo. Era una situación evidentemente tensa entre ambos, pero los dos eran capaces de guardar una compostura extraordinaria, como si la electricidad que había en esa habitación no corriera peligro de estallar ante la más mínima chispa. Baran se tomó su tiempo para comenzar: medía sus palabras, analizaba la situación, veía sobre el tablero cuál era la mejor pieza que podría mover en ese momento.

—Hace poco escuché lo que ocurrió con Sina y Fould. Una desgracia.

Claro que Víctor no esperó que ese fuera su primer golpe. Apretó con fuerza sus puños, pero su rostro no mostró la perturbación que a su corazón sí hizo agitarse. Las ganas de alzar su arma contra él viborearon con potencia en sus dedos.

—Si ellos se hubieran quedado conmigo, seguro seguirían vivos…

Segundo golpe.

—… pero, sin rencores. Realmente lo único que lamento es que no fueras capaz de protegerlos…

Tercer golpe.

—… yo lo hubiera hecho.

Cuarto golpe.

Víctor ya encajaba sus uñas en su propia mano, pero su rostro se mantenía así: ligeramente serio, con apenas una diminuta sonrisa que no titubeó ni una sola vez.

—Protegerlos de ti mismo te hubiera sido fácil, ¿no?

Víctor estaba por completo seguro que su padre era el responsable de su muerte y que estuviera recriminándole de ello era para él su confirmación. Ahora comprendía mejor su juego: quería hacerle creer que su gente no estaba a salvo bajo su mando… Quería venderle, una vez más, la idea de que él podría protegerlos mejor.

—¿De mí? —Baran fingió no comprender—. No sé a qué te refieres, pero realmente no tiene sentido lamentarse por los hombres ya caídos, sino que es mejor prevenir que otros no tengan su mismo destino… Como ese chico, dueño del bar… ¿Katsuki?

Quinto golpe.

—Sería una lástima que algo le ocurriera, sobre todo por el interés… “extra” que pareces tener por él.

Sexto…

Víctor siente la sangre helada recorrer cada una de sus venas.

—Me interesa solo porque es uno de mis socios. Tú también cuidas de los tuyos. No te debió agradar mucho que tuviera ciertas conversaciones con la gente de Rillon.

Baran amplió ligeramente su sonrisa mientras destello de fuego bailó sobre sus orbes: era rabia auténtica. Sí, no le había gustado para nada que Víctor se metiera con eso. Nikiforov hijo festejó en silencio: había logrado desviar el séptimo golpe.

—Sí, supe que hablaste con ellos. Ya tienes acciones gracias a tu madre, ¿qué más deseas?

“Arrebatartelo todo”. No era necesario que Víctor respondiera, ambos lo sabían a la perfección.

—¿Qué es lo que deseas tú? Te dije que esto fuera rápido, así que terminemos con esto de una vez y dime que es lo que quieres.

—¿Así es cómo sueles entablar tus negaciones? Me sorprende que hayas logrado obtener algunos socios así.

—Sorprendente, sobre todo cuando la mayoría te los he quitado a ti, ¿no crees?

Segundo contragolpe por parte de Víctor.

Baran mantuvo una expresión seria y gélida, la sonrisa sobre sus labios se había desvanecido. Víctor se sintió ligeramente triunfador, aunque no permitió que ese festejo se reflejara en ninguna de sus facciones.

—Si eso es lo que deseas.

Baran abrió un cajón de su lado del escritorio. De allí extrajo un sobre tamaño carta y lo colocó justo frente a Víctor para que este lo tomara. De alguna forma, este supo intuir de qué se trataba, qué es lo que había dentro, y le sorprendía que su padre hubiera llegado ya al nivel de formalizar las cosas de esa manera. De todas formas, tuvo que tomar el sobre y comprobar su contenido: efectivamente era un contrato donde, si Víctor firmaba, le cedería a su padre y a su hermano Markov el poder de varias propiedades, negocios y cuentas de banco que estaban bajo su nombre y que su madre le había heredado solo a él. Víctor lo notó de inmediato: era un contrato auténtico, legal.

—Tú estás a salvo, Víctor, pero ellos no… Sina y Fould son la prueba de ello. Tu sola protección no puede contra la red que yo tengo bajo mis órdenes. Y no solo soy yo, son tus hermanos quienes también están de mi lado. Markov estará más que encantado de ofrecerte una tregua si me devuelves lo que me pertenece.

Víctor apenas terminó de leer los detalles de dicho contrato antes de arrojar el sobre de vuelta al escritorio, en dirección a su padre.

—Justo por eso no deseaba hablar contigo. —Se puso de pie, mientras reacomodaba el saco de su traje—. Esta conversación no tiene sentido. No voy a traspasar las propiedades que me heredó mi madre a ti. No soy esa clase de idiota.

Baran disimuló una sonrisa. No esperaba otra reacción que esa.

—Sé que no lo eres, justamente por eso me sorprende que no puedas darte cuenta de tu situación. Todo este tiempo tú solo has jugado con este trabajo, pero no eres capaz de mantener las cosas completamente en orden. No tienes la convicción para ello, hijo, te conozco a la perfección… Y sé muy bien cuáles son tus debilidades. Seguro tu madre solo deseaba protegerte, pero ella nunca se dio cuenta que el enemigo no somos nosotros, sino los demás.

Olenka Nikiforov había fungido durante muchos años como prestanombre para su esposo, sobre todo en negocios que implicaban cierto grado de ilegalidad oculta, especialmente lavado de dinero. Por ello, cerca del final de su vida, tenía bajo su nombre innumerables propiedades y enormes cuentas en el banco de las cuales solo Baran disponía. Sin embargo, pronto Olenka fue consciente del enorme poder que tenía en sus manos con ello, sobre todo si gracias a eso podría proteger a Víctor de su propio padre. Para ella nunca fue una novedad el odio y rencor mutuo que se tenían, y sabía que Víctor no sería capaz de doblegarse ante su padre una vez ella ya no estuviera presente para contenerlo. Y Baran, para evitar lidiar con un enemigo que lo conocía bastante bien, era evidente que preferiría deshacerse de él antes de que se volviera una completa amenaza.

Por ello, poco antes de que el Alzheimer diera las primeras señales de su aparición, Olenka preparó un testamento en el cual heredaba a su hijo todo lo que, “de forma legal”, le pertenecía. Por supuesto, el poder de protección no radicaba solo en que Víctor fuera dueño de esas propiedades y ese dinero, sino que hacía falta un pequeño elemento que su madre procuró dejar con claridad en una de las cláusulas del testamento: “Si mi hijo, Víctor Nikiforov, llegase a morir por alguna causa no natural, todas las propiedades, negocios y cuentas que he dejado a su nombre pasarán a manos del Gobierno, el cual podrá hacer uso de estas como le mejor le convenga en ayuda de beneficencias y proyectos sociales”. Con esto, se implicaba que si Víctor era asesinado o moría en un “accidente”, todo pasaría a manos de personas que, al tener el completo acceso a la información detallada sobre cómo y de dónde provenía esa fortuna y bienes, podrían encontrar con bastante facilidad todos los hilos que no solo conectarían a Baran Nikiforov con acciones fraudulentas e ilegales, sino a gran parte de socios que estaban a su lado. 

Era obvio que algunos miembros importantes del Gobierno eran aliados de Baran, comprados por él o amenazados de alguna manera. Pero, sin importar que tan fieles fingieran ser, fuera por dinero o por temor, ninguno iba a mantener su apoyo si todos los crímenes de Baran Nikiforov salían a la luz. Todos iban a preferir mantener su imagen pública, sin contar que las “leyes” estarían de su lado cuando les fuera imposible ignorar todas las que se estaban violentando. Sin duda no sería sencillo para ninguna de las dos partes, comenzaría una guerra sucia entre el Gobierno y la propia Bravat, pero pese a lo adherida que estaba la mafia a ese Estado corrupto, el Gobierno tenía más posibilidades de ser el vencedor y lograr detener a Baran Nikiforov para ser condenado por todos sus crímenes… O por lo menos la mayoría.

Por supuesto, él era consciente de eso y deseaba volver a tener todo bajo su poder para evitarlo. Tenía sus planes de emergencia, claro, en especial porque sabía que a Víctor no le convendría usar esa carta en vida, pues su libertad también se vería atentada con ello. De todas formas, detestaba que ese factor no pudiera estar bajo su control y buscaba alguna manera de lograr que Víctor le cediera las propiedades y el dinero. Ya fuera con una guerra directa o intentado que él se lo diera a voluntad.

No sería sencillo, pero estaba seguro que poco a poco lograría escarbar en sus inseguridades, porque ya lo había comprobado varias veces en toda su vida: Víctor era débil cuando se trataba de proteger a las personas que estimaba y era capaz de cederlo todo con tal de mantenerlos con bien. Y eso haría, lograría hacerlo ceder de alguna u otra manera. No esperaba que ese día se diera la resolución final, pero quería implementar en él la idea de que existía esa posibilidad si es que de verdad quería mantener a salvo a su gente.

Por ello, no le sorprendió que Víctor no respondiera de nuevo, sino que saliera en silencio de su oficina. Casi momentos después, uno de sus hombres ingresó para asegurarse que todo estuviera en orden. Baran se mantenía pensativo, con su mirada fija en las puertas que habían sido abiertas.

—¿Señor?

—Llama a Markov —le ordenó de pronto. Era momento de que dejara que su hijo mayor comenzara a mover también sus propias piezas.


En cuanto Yuuri abrió la puerta del departamento que compartía con Phichit, este saltó del sofá y se lanzó hacia él. Sus labios se llenaron de infinitas preguntas y preocupaciones, mientras Yuuri se mantenía en silencio, sin tener ninguna certeza sobre qué responder a todas ellas. Había vuelto a casa sumido en un asfixiante silencio, donde ni siquiera las certeras preguntas que Christophe hizo durante el camino mientras conducía lograron que dijera algo de todo lo que se procesaba en su cabeza.

Chris se había mostrado demasiado curioso sobre descubrir algunos detalles de lo que sucedió con Víctor. Por supuesto, no solo se refería a la cita y la noche que había pasado en el departmento de su jefe, sino a ese encuentro que tuvo con Inna Nikiforov. Claro que Chris se enteró de inmediato de lo sucedido, tras recibir un mensaje por parte de Vìctor donde le pedía que se encargara de la “limpieza” del recibidor del edificio. Sin embargo, este no había tenido oportunidad de relatarle todos los detalles, por lo menos no hasta que pusiera a salvo a Yuuri en su departamento.

Fue obvio para Chris que el aspecto del chico tal vez decía muchas más cosas de las que sería capaz de poner en palabras y, de alguna manera, intuyó que todos los avances que posiblemente Víctor había logrado con él en su cita se habían ido por la borda. Yuuri tenía un rostro tan parecido al de aquella vez cuando lo llevaron a casa después de que algunos hombres de Baran rondaran las proximidades del bar, justo cuando había visto a Yuuri presenciar el asesinato que Víctor hizo con sus propias manos. Sí… era justamente ese mismo tipo de expresión como el que en ese momento tenía: de pánico, de estupor, de darse cuenta una vez más en la clase de mundo que estaba metido. Definitivamente el encuentro con Inna Nikiforov debió ser impactante para él. Chris casi podría jurar que dentro de Yuuri navegaba ya el pensamiento de escapar del control de Víctor… Tal vez incluso aceptar el trato de Leroy. Sonrió para sí y desistió de su intento de sacarle algo de información.

Claro que Christophe era incapaz de saber que realmente en la cabeza de Katsuki su encuentro con Inna era la menor de sus preocupaciones; había algo más que lo tenía shockeado, con sus pensamientos siendo una maraña grande de oscuridades en su cabeza: la confesión de Víctor.

Yuuri había logrado mantener las cosas a raya durante el desayuno que Víctor hizo para él. Quizá en ese momento prefirió pensar en cualquier otra cosa que hacer una vez más un recuento de lo sucedido una noche atrás. Y, efectivamente, tenía varias excusas para lograrlo: la conversación que Nikiforov había tenido con quien se supone era su hermana, aquella muerte que había ido a anunciarle, el que Víctor fuera tan excelente cocinero (nunca se lo hubiera imaginado). Pero una vez ambos se despidieron de manera incómoda, donde ninguno estaba muy seguro si debían solamente estrecharse la mano o hacer algo más, las cosas comenzaron a caminar de nuevo en la cabeza de Yuuri.

Una vez en casa, después de que Phichit hubiera terminado su ronda de preguntas y esperara aunque fuera alguna reacción por parte de su amigo, Yuuri simplemente se disculpó con él por haberlo preocupado y le pidió que esperara un poco, que necesitaba pensar en algunas cosas antes de poderle contar lo qué había ocurrido. Después de eso caminó hasta su habitación y se encerró ahí por el resto del día.

Yuuri, sin duda, tuvo demasiado en lo que pensar, sobre todo al tratar de recordar con mayor precisión lo que había ocurrido la noche anterior en la cita con Víctor. No estaba seguro de algunos detalles, pero sin duda recordaba ya las partes importantes, sobre todo las palabras que este le había dicho cuando comenzó a llorar y cómo, inspirado en su estado de embriaguez, tomó la iniciativa y lo besó. Moría de vergüenza de solo imaginarse la escena y su atrevimiento, pero también intentaba comprender el por qué lo había hecho. Y, sobre todo, qué pensaba ahora al respecto. No estaba seguro y todo tenía una sensación demasiada extraña para él, como si las cosas estuvieran fuera de lugar. Aunque Víctor prácticamente se le había confesado en la cara, seguía pareciéndole todo tan irreal e imposible, y llegó a considerar que tal vez estaba recordando las cosas mal por culpa del alcohol. No obstante, quizá la pregunta más importante que debía hacerse en ese momento era si él deseaba que los sentimientos de Víctor fueran reales o no.

Intentó tomar una siesta y lo logró por un par de minutos, aunque esto trajo consigo un extraño sueño… O, más bien, como un recuento demasiado realista de su cita de anoche. Recordaba la extrañeza que sintió, su incomodidad de tener a Víctor Nikiforov enfrente suyo intentado entablar una conversación casual, su confusión y temor por no comprender aún qué estaba sucediendo; recordaba las pocas copas de champagne que ingirió y cómo, poco a poco, perdió el hilo de sus pensamientos coherentes hasta que terminó por llorar. Recordaba también cómo Víctor prácticamente le gritó en la cara que le gustaba… y, sobre todo, cómo se había atrevido, inspirado por un brote de calor en su pecho producto de las palabras contrarias, a romper la distancia y sentir sus labios arder en sintonía de los de Nikiforov. Recordaba los jadeos, cómo Víctor impidió que pudiera separarse y tomó el control de lo roces, cómo sus manos danzaron sobre el cuerpo contrario mientras estiraban y jalaban su ropa entre sí. Se recordaba intentando corresponder lo mejor posible, de manera torpe, ahogada, ansiosa, y cómo su corazón pesaba tanto en su pecho, haciéndolo sentir tan lleno de algo que no supo identificar. 

Cuando abrió los ojos y casi pudo degustar una vez más el sabor de Víctor sobre sus labios, la quemazón que invadió sus dedos tras tocarlo como si todo hubiera ocurrido recién, supo qué hacer al respecto para resolver su dilema: todo había ocurrido cuando él no se encontraba muy consciente de lo que sucedía, quizá era momento de descubrir en sus cinco sentidos qué sentía realmente.


Apenas Víctor salió del estudio de su padre, notó la mirada intensa que Yuri le dedicó, como una especie de reclamo silencioso por haberlos apartado cuando su trabajo, se supone, era cuidar de él. Apretaba los labios, seguro conteniendo las ganas de decir tantas cosas en ese momento. Víctor solo suspiró y trató de ignorarlo mientras se encaminaba fuera de la mansión y, con ello, hacia el vehículo que los había llevado hasta ahí. No obstante, Yuri apenas fue capaz de soportar el silencio hasta que todos estaban arriba de la camioneta y Chris encendió el motor. Comenzó entonces a despotricar primero contra el propio Vìctor, furioso por su imprudencia de haber entrado solo y tan expuesto a un territorio que era completamente dominado por su padre. Después se ensañó contra Baran, sobre todo por su descaro de llamarlo “gato rabioso”. Vìctor evitó mirarlo para no darle más cuerda a sus reclamos, sobre todo porque era consciente de que parte de ellos eran su culpa, puesto que aún no le había contado sobre el testamento de su madre, el cual prácticamente lo hacía intocable para Baran. En ese aspecto, Chris era el único que lo sabía, por ello se imaginaba que las constantes miradas que este le dedicaba al asiento trasero a través del retrovisor, como ya era muy su costumbre, iban más encaminadas a sus deseos de conocer los detalles sobre la “conversación” que tuvo con su padre. No obstante, Víctor se sentía agotado y lo que menos deseaba en ese momento era hablar al respecto.

Tan solo varias calles después, le pidió a Christophe que lo llevara al bar. Este pensó que tal vez Víctor querría ver a Yuuri, lo que parecía desear siempre que algo lo estresa o abrumaba; sin embargo, en esa ocasión no era así: Víctor estaba huyendo justamente de su amigo y sus preguntas.

Una vez frente al bar, Víctor bajó del vehículo sin esperar que Christophe descendiera primero para abrirle la puerta. Apenas se giró un poco, ordenándole que dejara a Otabek y Yuri en sus puestos y él volviera al edificio. Chris se quedó recargado en la camioneta con el ceño fruncido una vez Víctor ingresó: como si fuera a dejarlo solo, aún cuando se tratara de una orden suya.

A diferencia de tantas veces, Nikiforov entró y caminó directamente a su cuarto privado, esquivando en todo lo posible cualquier contacto con alguna persona que pudiera reconocerlo. Era ya una hora tardía, el punto de mayor afluencia de clientes, por lo que creyó que le sería sencillo escabullirse sin que nadie notara su presencia, ni siquiera Yuuri. Por supuesto, se equivocó: los ojos marrones del chico fueron los primeros en darse cuenta de su llegada y, claro, presentir que algo no estaba bien cuando ni siquiera Víctor intentó buscarlo con la mirada como siempre hacía. Yuuri sintió una agria sensación de déjà vu: ¿qué no ya habían pasado por algo así? ¿Por qué, después de que Víctor prácticamente le confesara su atracción hacia él, lo estaba ignorando de esa manera?

Víctor entró a la habitación, se dejó caer en el sofá tras un suspiro y quitarse su saco. Era bastante obvio que su padre intentaría atacar a su gente hasta que le dejara en claro que, sin él, no podría protegerles. Si no podía hacerle daño directo a él, sin duda buscaría la forma de acabar con quienes le importaban.

La amenaza había quedado demasiado clara y obviamente le enfureció que, dentro de todos los posibles blancos, se metiera justamente con Yuuri. De nuevo dudaba sobre él, ni siquiera estaba seguro sobre lo que había logrado en la cita, pues después de que su hermana apareciera para arruinarles la mañana, no se sintió correcto preguntar sobre lo que Yuuri pensaba de todo lo ocurrido, en especial por la clase de expresión que este mantuvo sobre su rostro mientras ambos desayunaban en silencio. En ese momento Víctor tampoco se había encontrado de humor para seguir coqueteando con él y, en ese instante, se mantenía con el mismo desánimo. Yuuri ahora era un blanco demasiado tentador para Baran, lo que le hizo pensar que quizá lo mejor era dejarlo en paz… Si lo alejaba, tal vez el interés de su padre se volcaría en otras personas de su círculo íntimo, otras a quienes Víctor creía poder proteger mejor. De alguna forma sabía que Yuuri no confiaba en él, ¿cómo podría resguardar su seguridad así?

Suspiró de nuevo, sintiendo una desazón subir por su garganta. Justo cuando había descubierto por qué no dejaba de pensar en él, nuevamente tenía que hacerlo a un lado… Aunque estaba seguro que la tortura de Yuuri rondando en su cabeza no iba a detenerse aún, no de una manera tan sencilla.

De pronto, dos ligeros golpes se escucharon en la puerta. Víctor dudó en responder, imaginándose que tal vez se trataba de Chris, quien seguro lo había seguido en busca de respuestas. Talló el puente de su nariz antes de decirle a la persona al otro extremo de la puerta que pasara. Claro que quien entró no se trataba de su amigo. En cuanto Víctor reconoció la mirada de Yuuri observándolo con un gesto confuso, se irguió de inmediato y tomó una posición más firme y seria en el sofá. 

—No encargué nada. —Víctor intentó ser brusco, buscando que Yuuri notara su mal humor y lo dejara en paz.

—Lo sé, por eso me pareció extraño. —Sin embargo, Yuuri entró y cerró la puerta tras de sí.

El gesto tomó por sorpresa a Víctor, quien comenzaba a notar que el ambiente dentro de la habitación se tornaba demasiado distinto a otras ocasiones. Miró a Yuuri con atención e intentó descifrar qué estaba planeando, pero, aunque sus miradas se cruzaron fijamente, de manera directa, no logró sacar nada en claro. Al final, Víctor cedió y se hizo a un lado en el sofá para dejarle un espacio a Yuuri. Lo había hecho sin pensar demasiado, quizá inspirado en esas ganas de saber por qué estaba ahí y, claro, que aún de manera inconsciente lo quería junto a él. Por supuesto, no esperó que, antes de ofrecerle el asiento, Yuuri caminó por sí mismo hacia él.

Los ojos de ambos se mantuvieron fijos entre sí, con ligeros rastros de ese reto y seguridad en Yuuri que tantas veces atrajo a Víctor. Sin embargo, había algo distinto, una confianza y electricidad diferente que incluso podía sentirse vibrar en el aire. Yuuri realmente no lo retaba como antes, sino que parecía tener ya la convicción de poder sostener esa mirada sin acobardarse siquiera un poco, como si incluso lo tentara a que descubriera cuál era el pensamiento firme que tenía en su cabeza, qué era eso que estaba planeando. 

Los escasos pasos que los separaban parecieron transcurrir una eternidad, casi en cámara lenta, pero el último movimiento de Yuuri antes de llegar hasta él fue tan efímero y rápido, que Víctor no fue capaz de reaccionar hasta sentir los labios del chico sobre los suyos. Yuuri lo había tomado de la corbata y lo había jalado bruscamente hacia él hasta lograr un beso profundo… y muy diferente a los que habían compartido la noche pasada. Era bastante evidente que ahora Yuuri lo hacía con sus cinco sentidos intactos y que estaba más consciente de todo lo que hacía… y lo que sentía. No era un beso simplón como los de antes, esos torpes que Víctor se dedicó a guiar con maestría. No, este tenía el completo control de Yuuri, la convicción de sus acciones y el ardor suficiente para hacer que los labios de Víctor se derritieran irremediablemente entre los suyos. ¿Cómo no hacerlo? Si parecía la primera ocasión que los tocaba, con esa brusquedad tácita y ardiente de quien ha esperado una eternidad para poder lograr ese beso y que en el momento lo disfruta con el ímpetu, gozo y la precisión de no dejar un solo sitio dentro de la boca ajena sin explorar. Apenas Víctor pudo cerrar los ojos, deslizar una de sus manos por la nuca de Yuuri y atraerlo todavía más hacia él. Sus lenguas se tocaron incontables veces y se tentó tanto en morderlo… sin embargo, fueron apenas solo unos segundos, los suficientes para que Víctor quedara destrozado en el sofá, jadeante, sin alguna arma con la que defenderse de eso que no había esperado ni en mil años. Había sido una batalla que Yuuri ganó con un solo y certero golpe. 

—¿Por… qué? —Víctor quiso saber.

—Solo quería comprobar algo.

2 comentarios sobre “Capítulo 12: Golpes

    1. Ahgdashgjasd!!! Que bello leer esto ToT!! ❤❤❤
      Y de verdad me emociona, porque siempre creí que me quedó bastante soso para ser su primer beso… ¡Pero esto me alivia bastante! ❤

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