Capítulo 11: Puntos de quiebre


Víctor fue el último hijo de Olenka y Baran Nikiforov, uno que ninguno de los dos esperaba ni deseaba. Sin embargo, Olenka pronto se percató de que tenía en él la última oportunidad para ser realmente una madre, puesto que su esposo le había impedido compartir más de lo necesario con sus dos hijos mayores: Markov y Aleksandr; e Inna, la mujer a quien se supone sí podría criar a su antojo, nunca hizo nada por mantenerse a su lado, sino que siempre procuró acercarse más a sus hermanos y seguir la figura paterna que parecía admirar demasiado.

Olenka fue muy posesiva con Víctor y, hasta cierto punto, Baran se lo permitió, puesto que él debía concentrarse en sus otros dos hijos, quienes comenzaban a acercarse a la edad suficiente para comprender y aprender los oficios del negocio familiar. Por ello, Víctor creció siendo sumamente apegado a su madre, más que ninguno, y viendo a Baran solamente como un hombre extraño que se aparecía de vez en cuando por la casa y al que se veía obligado a llamar “padre”, aunque en realidad no lo sintiera así. Baran solía estar ausente debido a sus constantes viajes de San Petersburgo a los Estados Unidos, con el propósito de crear y consolidar los nexos necesarios para arrebatar el actual liderato de la mafia que había en ese lugar.

Debido a que Markov era el mayor de todos, solía viajar de forma habitual con su padre después de que Víctor naciera, por lo que este lo veía como un ente extraño también. Apenas si entablaban algunas palabras, Víctor no conocía nada de sus gustos y a veces olvidaba cómo era su voz o su rostro. En cambio, Aleksandr e Inna sí permanecieron más tiempo con él en casa, y muchas veces llegaron a jugar y compartir tiempo juntos. Sasha, diminutivo con el que Olenka llamaba con cariño a Aleksandr, se caracterizaba por tener un temperamento demasiado dócil, pasivo y serio. Era obvio que siempre deseaba mantener la distancia de Baran, Markov y todos esos asuntos de la mafia lo más que le fuera posible, pero se dejaba arrastrar con facilidad a ellos cuando era por órdenes de su padre, aunque hacía apenas lo suficiente para que este no lo riñera por su desinterés. En cambio, Inna era como un cachorrito que seguía con fidelidad los pasos de su padre y muchas veces le exigía a este que la llevara junto a sus hermanos a las juntas de “negocios”, pese a que Baran muy pocas veces estaba de acuerdo.

El primer quiebre de Víctor ocurrió cuando él tenía seis años. En ese entonces había adoptado a un bello y juguetón caniche al cual llamó Makkachin. Lo había obtenido con permiso de su madre, quien solía cumplir la mayoría de sus caprichos. Víctor pasaba gran parte del tiempo con él, a un punto en que se habían vuelto inseparables e incluso dormían todas las noches juntos. Inna y Markov ni siquiera permitían que Makka se acercara a ellos, pero Sasha solía jugar con él cuando Víctor se ocupaba en otras cosas. Además, en más de alguna ocasión, llegó a regalarle algún que otro juguete.

En ese tiempo, Víctor también había dejado crecer su cabello hasta que este le llegara casi a la cintura. Había sido un mero capricho, un deseo inspirado en la envidia que durante un par de años le provocó ver a su madre pasar horas enteras peinando el largo cabello de Inna y que con él solo pudiera durar apenas unos minutos. Ahora que tenía un largo casi idéntico al de su hermana, podía tomar fácilmente ese lugar y disfrutar de la compañía de Olenka mientras esta, con cariño y devoción, desenredaba su cabello durante horas. A Víctor le encantaba porque se sentía más en conexión con ella, porque podía hablar sin parar y relatarle con un entusiasmo infantil todas las cosas que había hecho el día anterior. Y su madre lo escuchaba paciente, incluso le sonreía y hasta bromeaba junto con él, y siempre al terminar, recibía un enorme abrazo de su parte del que muchas veces nunca quería separarse. 

Sin ebargo, un día Baran los descubrió de esa manera y enfureció al creer que esa era una clase de actividad propia solo para mujeres. Ordenó de inmediato a Víctor que se cortara el cabello y que dejara de comportarse como una niña. Claro fue que este se negó rotundamente a ello y retó a su padre, a quien nunca aprendió a mirar con el respeto y miedo que sus demás hermanos sí le tenían. Baran simplemente guardó un silencio sepulcral mientras Víctor le gritaba por última vez que no se cortaría el cabello antes de salir corriendo de aquella habitación. Si bien él no comprendió el peligro que hubo detrás del silencio de su padre y de la forma cómo lo miró irse, Olenka sí lo hizo: reconoció ese infierno estallando tras sus ojos. Se puso de pie e intentó tomar a Baran del brazo. 

—Por favor, no le hagas nada… Prometo que hablaré con él para que se lo corte. 

Baran se dejó sujetar, pero su mirada se torció con enojo hacia su esposa. Era claro que la culpaba. 

—Cometí un gran error al dejarlo a tu cuidado. Ahora debo corregirlo. Déjame este asunto a mí y no vuelvas a entrometerte.

Dos días después de aquella riña, Víctor despertó con la sorpresa de sentir sus sábanas completamente húmedas. Se asustó al creer que se había orinado en la cama, sobre todo porque hacía mucho tiempo que eso no le ocurría; sin embargo, cuando hizo las sábanas a un lado y descubrió la verdad, hubiera preferido un millón de veces que fuera aquello: lo que había ensuciado su cama era sangre… una enorme mancha expandiéndose por el colchón. Su corazón se detuvo al instante y un ligero chillido se contuvo en sus labios, pero al final fue incapaz de no perder los estribos y gritar aterrorizado cuando se percató que la sangre provenía de la cabeza cercenada de su perro Makkachin, la cual se encontraba a sus pies, donde el can solía dormir.

Víctor apareció minutos después frente a su padre, justo cuando conversaba con Markov y Sasha. Sus ojos estaban inundados de lágrimas y sus mejillas rojas e hinchadas, llenas de rabia. Se aproximó a Baran y lo golpeó en el estómago con toda la rabia infantil del que fue capaz, mientras balbuceaba reclamos y un odio recalcitrante entre un llanto que apenas hacía entendibles sus palabras. Lo único que recibió a cambio fue una fuerte bofetada por parte de su padre y que este, después, jalara su cabello con tal fuerza que lo hizo caer al suelo.

La advertencia de que se cortara el cabello volvió a caer sobre él, ahora con más violencia y frialdad. Ya no era una orden de padre a hijo, sino una exigencia de un hombre que se sabe con el poder suficiente para hacer estremecer al mundo. Fue esa la primera vez que Víctor temió y odió a Baran, y que fue consciente de la clase de monstruo que se albergaba en el interior de ese hombre que siempre parecía sonreír a los demás. 

Víctor ya no fue capaz de decir nada y prácticamente corrió al baño con tijeras en mano. Sin embargo, estaba tan deshecho por la muerte de su amado perro y por la forma en que había encontrado su cabeza, que solo logró cortar apenas algunos mechones de cabello antes de que terminara en el suelo, incapaz de hacer algo más que no fuera llorar.

A los minutos, Sasha entró al baño con él. Víctor, al verlo, aumentó su llanto al creer que él estaría furioso, puesto que sabía que también le tuvo bastante aprecio a Makkachin. Creyó que lo odiara por no haber obedecido a su padre y haber provocado que lo asesinaran.

—Lo… siento… —Víctor sollozó.

Sin embargo, no recibió ninguna respuesta. Solo sintió cómo su hermano tomó las tijeras y se sentó a su lado.

—No es tu culpa —fue lo único que Sasha dijo en aquella ocasión, mientras tomaba el cabello de Víctor y comenzaba a cortarlo por él.


Cuando Víctor cumplió dieciséis años, ocurrió el segundo quiebre. En ese punto se sentía ya asfixiado por las exigencias de su padre, quien desde aquel incidente con su cabello, lo alejó de su madre, como había hecho con sus hermanos, y procuró encaminarlo hacia el negocio que desempeñaba. Víctor, al igual que Sasha, detestaba adentrarse en cualquier asunto que tuviera que ver con la mafia, sobre todo cuando tuvieron la suficiente edad para conocer en carne propia el lado más oscuro y repugnante de todo eso. Sin embargo, la pasividad y obediencia que Víctor guardaba respecto a las órdenes de Baran eran simplemente una fachada. Él observaba y aprendía todo en silencio, no porque de verdad tuviera un interés genuino como su hermano Markov, sino porque quería estar preparado para cuando ocurriera el momento perfecto en que pudiera escapar de esa casa y esa familia para vivir su propia existencia lejos de toda esa mierda.

Durante un tiempo creyó que Sasha era igual a él en ese aspecto, que también su docilidad era solo para sobrevivir a la posible ira de su padre; sin embargo, después de incontables intentos en que Víctor trató de que se pusiera de su lado para que ambos buscaran la forma de escapar, descubrió que en realidad Sasha sí era demasiado cobarde como para no atreverse a retar los deseos de su padre, ni siquiera por su propio bien. Se había convertido prácticamente en el mandadero de la familia, aquel encargado de realizar los trabajos más fastidios y peligrosos, aquellos de los que ni Baran ni Markov deseaban hacerse cargo por ellos mismos. 
Y ni hablar de Inna, quien había logrado ganarse a Baran con su encanto y logró su petición de ser tomada en cuenta para los negocios de la familia. Ciertamente, su astucia y seducción femenina muchas veces eran necesarias para el cierre de algunos tratos… Y, claro, tender algunas trampas. 

—Siempre he creído que tienes un lindo trasero.

De alguna forma, a Víctor nunca le extrañó que ese comentario hacia él viniera de los labios de Christophe Giacometti, el único hijo de uno de los socios más importantes de su padre, el hombre que colocó la última pieza para que toda la familia Nikiforov pudiera asentarse finalmente en Estados Unidos, ya cuando Baran había logrado obtener el poder en varias ciudades importantes. Christophe llevaba un año trabajando también para la familia, sirviendo como mano derecha de Markov. Por ello, solo muy pocas veces él y Víctor habían tenido el placer de cruzar de palabra, aunque cada uno de esos momentos fueran por medio de coqueteos descarados que Víctor supo corresponder a la perfección.

En un principio solo se había mostrado interesado por Chris debido al puesto que este tenía junto a su hermano, en un deseo morboso de encontrar la forma de hacer algo contra él; sin embargo, con el tiempo, ese interés se sobrepuso a otro mucho más intenso, sobre todo cuando Chris fue el encargado de despertar en Víctor cierta atracción y apetito que durante un par de años intentó reprimir.

No podían estar siempre juntos, pero Christophe fue quien encontró la excusa perfecta para pasar más tiempo a su lado: él era un excelente tirador, habilidad que había heredado de su padre, Alper Giacometti. Baran había sido entrenado por Alper, al igual que Markov. Por ello, tuvo cierto sentido que Chris se ofreciera a enseñarle al resto de los hermanos a mejorar su puntería con la pistola, siendo claro que su mayor tiempo lo invirtió con Víctor. 

No pasó mucho para que los coqueteos descarados entre ambos se convirtieran en insinuaciones claras, en manos largas que aprovechaban la cercanía ajena para tocar intimidades e incluso en besos que, desde un principio, fueron candentes y fogosos. Ambos eran dos adolescentes con las hormonas alborotadas, redescubriendo entre sí lo bien que se podía sentir la compañía del otro. Fue por eso que ninguno tomó la preocupación suficiente para ocultar lo que hacían, sobre todo cuando el calor apremiaba y los deseos se intensificaban a un punto sin retorno. Debido a su descuido, fue solo cuestión de algunos meses para que Baran los descubriera besándose en un rincón de la zona de tiro, mientras Chris metía su mano en el pantalón de Víctor y lograba que varios jadeos escaparan de sus labios. En ese instante Baran no les hizo frente, simplemente salió del lugar en silencio sin que ninguno de los dos chicos se percatara que su secreto ya no lo era más. 

—¿Has visto a Christophe? 

Tres días después, Sasha tocó en la habitación de Víctor para realizar esa única pregunta. 

—No. ¿Para qué lo buscas?

Claro que Víctor miró con recelo a su hermano. Lo notaba extraño, ansioso. Algo ocultaba, era evidente, y que eso tuviera relación con Chris no lo hacía sentir para nada tranquilo. 

—Nuestro padre lo está buscando… Creo… que quería citarlo en La bodega.

La bodega era la forma cómo llamaban al sitio fuera de la ciudad donde solían torturar y matar a los traidores. No era extraño que tal vez Chris fuera a apoyar ahí si Markov había sido requerido por Baran, pero el tono que Sasha utilizó al mencionarlo… Víctor sintió su garganta secarse por completo. 

—¿Para qué lo busca? —preguntó sin aliento, casi a punto de tomar a su hermano de las solapas de su traje. 

Sasha no respondió, pero ese silencio fue suficiente para que Víctor comprendiera que Chris no había sido llevado a La bodega como apoyo, sino como traidor. Ciertamente le molestó que Sasha no se lo dijera de forma directa, pero estaba ya acostumbrado a su cobardía ante la sola idea de traicionar la confianza de Baran. Por lo menos debía agradecer que en ese momento se hubiera salido un poco de su zona de seguridad y se atreviera a advertirle lo que estaba sucediendo, aunque fuera de esa manera. De inmediato le agradeció y tomó su arma.

No tenía un plan y, en los minutos que le tomó llegar a La bodega, realmente no se le ocurrió alguno. Solo pensaba en todas las razones por las que Christophe se encontraría en ese lugar como traidor, aunque la idea de que su relación hubiera sido descubierta por alguien fue la opción que más golpeó con fuerza su cabeza. Además, moría de miedo y ansiedad al tan solo imaginarse que no fuera capaz de llegar a tiempo para salvarlo.

Apenas Víctor puso un pie fuera del vehículo, los guardias de Baran se acercaron para pedirle que se fuera, que en ese momento no podía ingresar debido a órdenes de su padre. Aunque Víctor sintió su estómago siendo apresado con violencia, no lo pensó mucho: ambos cuerpos cayeron al suelo después de ser abatidos por un par de balas. Uno murió instantes después, el otro soltó un quejido mientras sostenía su pierna herida. 

Con el camino libre, Víctor se apresuró a entrar, encontrando un escenario que lo horrorizó por completo: Chris estaba arrodillado en el suelo, con sus brazos alzados al aire mientras era sujetado por unas cadenas que colgaban del techo… El señor Alper Giacometti yacía a su lado, colgado de la misma forma que su hijo, pero con el cuerpo desnudo y… muerto, demacrado.

En un extremo se encontraban Baran y Markov, ambos observando, con una expresión bastante estoica, como uno de sus hombres obligaba a Chris a que se tragara los testículos que le habían arrancado en vida a su padre. Cada vez que el chico volteaba su rostro asqueado, a punto de vomitar entre lágrimas, el mismo hombre le golpeaba las costillas con una vara metálica, haciéndolo aullar del dolor. 

Quizá la mayor impresión para Víctor fue darse cuenta que no solo se trataba de Chris, sino que el padre de este se encontraba también ahí, el hombre que tanto había hecho por Baran y que, por ello, se suponía que su padre le tenía bastante estima. ¿Qué había ocurrido para que tan sencillamente se hubiera deshecho de él de esa manera? Solo algo que de verdad había desatado la peor y más profunda furia de Baran Nikiforov. 

El hombre que torturaba a Chris fue abatido con un disparo en su brazo. Frente a su padre, no era buena idea matar a uno de sus hombres, aunque las ganas hubieran viboreado con potencia en sus dedos. Baran fumaba un cigarrillo y, sin sorprenderse en absoluto de ver a su hijo menor ahí, exhaló algo de humo antes de hablar con bastante calma. 

—A menos que hayas venido a ejecutarlo por ti mismo, lárgate de aquí. No es como que no tuviera ganas de que también estés en su lugar, pero luego me encargaré de ti. 

Con esa respuesta, le había sido demasiado fácil intuir a Víctor que su mayor sospecha era verdad: de alguna forma los habían descubierto. En ese instante palideció, sabiendo que no estaba en una posición prudente para intentar negociar y salvar a Christophe… Él también iba a ser castigado y casi pudo revivir con claridad ese momento en su infancia cuando descubrió la cabeza degollada de Makkachin en la cama. Pero, a diferencia de aquel niño de seis años que se doblegó al instante, aterrado por aquella horrible imagen, el joven de dieciséis tenía el suficiente odio acomulado como para mantenerse de pie y no ceder. Además, la imagen de Christophe herido, rogando con su mirada que lo salvara, no le provocó miedo… sino mucha rabia y valor. 

—No voy a matarlo, pero tampoco dejaré que tú lo hagas. —Víctor bajó el arma y la guardó, demostrándole a su padre que no tenía intenciones de pelear contra él—. Aceptaré cualquier castigo por él, pero déjalo ir para que salga del país. No tendrás que volver a verlo… Ni yo. 

Su vista se había enfocado en su padre. Lo miraba de forma directa, pero ligeramente baja, en señal de sumisión a la voluntad de Baran. Markov sonrió. 

—¿Le creerás, padre? ¿Al mismo Víctor que prometió hacerse cargo de Phillips y al final lo dejó ir con vida?

Víctor frunció el ceño y miró con enorme enojo a su hermano Markov. Eso había ocurrido cuando tenía tan solo doce años y Phillips debió ser el primer hombre a quien mataría por él mismo… Pero no se atrevió. 

—¿Y si yo prometo realizar el trato con Frank? ¿Lo dejarías ir, padre? —Aquel ofrecimiento no provino de la voz de Víctor, sino de Sasha. 

Nadie se había percatado de su presencia en ese lugar hasta que habló. Por supuesto, Víctor se sorprendió enormemente porque, aunque Sasha nunca lo hubiera dicho en voz alta, él no deseaba hacerse cargo de aquel negocio por todos los peligros externos que implicaba. Su garganta se volvió un nudo grueso que ni siquiera le dejó tragar saliva. Deseó tanto negarse, no permitir que su hermano se sacrificara de esa forma, pero al notar la expresión interesada de su padre, supo que algo así lo convencería. Víctor apretó sus puños y miró a su hermano lleno de eterno agradecimiento y disculpa, sin saber que realmente Sasha no lo hacía por él, sino por el mismo Christophe, de quien siempre estuvo enamorado en secreto.

Después de un breve silencio, que para Víctor y Sasha les pareció casi una eternidad, Baran aceptó con simpleza, aunque con la condición de que fuera Sasha quien se encargara de que Chris saliera del país. Víctor no se opuso: era lo mejor que podía esperar en ese momento y sabía que con Sasha, gracias a lo que había hecho, estaría a salvo. Saldría a salvo.

Durante varios días, Víctor esperó con demasiada ansiedad cuál sería el castigo que su padre le daría a él. Esperaba algo cruel, en especial porque finalmente Baran no había terminado de castigar a Chris como seguro había planeado. Sin embargo, los días pasaron sin ninguna novedad al respecto. Incluso Baran llegó a saludarlo con una pequeña sonrisa cuando ambos se encontraron de frente por el pasillo. De no conocerlo bien, Víctor hubiera creído que había sido perdonado… Pero obviamente no era así, sino que en realidad su padre estaba planeando algo peor de lo que llegó a imaginarse.

Casi dos semanas después, Baran apareció acompañado de una hermosa y joven mujer, quien era evidentemente una prostituta. Parecía una ofrenda de paz de su parte, aunque Víctor entendió a la perfección lo que eso significaba. No lo desairó directamente por obvias razones, sino que la hizo pasar a su habitación como si estuviera emocionado con el regalo; sin embargo, una vez se quedó a solas con ella, le aclaró que no tendrían nada, pero que harían pensar a su padre que sí. Claro que nunca esperó que Baran quisiera platicar con ambos horas después, y que la chica se quebraría enfrente suyo y le diría la verdad: una bala quedó impactada en su frente, con la suficiente cercanía de Víctor para que algo de su sangre salpicara en él. 

—Murió por tu culpa, Víctor, por no ser lo suficiente hombre para solo acostarte con ella. Espero que con la siguiente no vuelva a ocurrir —advirtió. 

Víctor no era un desalmado como su padre, en ese momento solo había asesinado por cuestiones de supervivencia, por órdenes, por necesidad. Por ello, se sintió horrorizado de imaginarse que Baran seguiría matando a cualquier chica con quien no lograra tener sexo. 

Las siguientes ocasiones en que una prostituta llegó hasta su habitación, de verdad intentó acostarse con ellas, pero le fue completamente imposible. Los cuerpos frente suyo no le inspiraban la más mínima excitación, y su temor y ansiedad por lo que podría pasar con ellas después lo hacía todo mucho más difícil. Sin embargo, algunas chicas lograron salvarse gracias a que no se rompieron frente a Nikiforov cuando eran interrogadas por este, pero la gran mayoría sí terminaron por ser asesinadas, mientras Baran no dejaba de culpar a su hijo menor por ello, quien estuvo presente en cada uno de esas ejecuciones. Víctor había creído que, con que su padre creyera que de verdad había tenido sexo con alguna, dejaría el asunto en paz… Pero no, cada semana aparecía una nueva chica tocando la puerta de su habitación… Hasta que Madame Lilia apareció en escena.

Ella era socia de Baran en su red de prostitución pero, pese a lo que pudiera esperarse, no estaba para nada de acuerdo con que Nikiforov dispusiera así de sus chicas y las asesinara sin más, pese a que recibía una buena cantidad de efectivo por la muerte de cada una de ellas. Estaba cansada de ese asunto y, aunque era consciente de las posibles consecuencias, tuvo el valor de encarar a Baran y negarse a darle el servicio si él no garantizaba que sus chicas volverían a salvo.

Baran aceptó a todo y Madame Lilia salió de su oficina. Todo el mundo creyó que sería solo cuestión de tiempo para que ella desapareciera… Pero nunca ocurrió y, efectivamente, las prostitutas dejaron de acudir a la habitación de Víctor.


El último punto de quiebre ocurrió a sus veinte años de edad. Markov y Sasha habían heredado ya varios negocios de los cuales se hacían por completo cargo, e Inna luchaba por obtener la parte que le correspondía. Víctor, por supuesto, no estaba interesado en nada, y una vez terminaba con sus responsabilidades obligatorias, esas que le permitían no tener que ver el rostro de Baran en mucho tiempo, volvía a casa y pasaba la tarde con su madre, quien había comenzado a mostrar las primeras señales de Alzheimer. Tenía una enfermera y un guardia que siempre cuidaban de ella y la acompañaban, y aunque era una situación horrible y algo desesperante para Víctor, de alguna forma le aliviaba que Olenka no tuviera que recordar las cosas atroces que llegó a padecer. Si bien ella nunca se dedicó a lo que el resto de la familia, más de alguna tuvo que presenciar la horrible ejecución de otras personas frente a ella, y más de alguna vez los enemigos de Baran intentaron secuestarla, violarla o asesinararla.

—Vitya, cariño, cuando muera… busca a Frederick Jiggins —repetía Olenka de vez en cuando, sobre todo en sus momentos de mayor lucidez, cuando era capaz de reconocerlo. Víctor más de alguna ocasión intentó saber la razón de ello, pero nunca recibía una respuesta satisfactoria puesto que Olenka siempre cambiaba el tema de forma abrupta. Por ello, Víctor creía que aquella petición en realidad provenían de delirios suyos, quizá recuerdos de un pasado que ya no tenían importancia. 

En ese tiempo, Víctor había logrado contactar secretamente con Christophe y entre ambos planeaban de forma minuciosa los pasos que darían para que pudiera salir del país e ir a Suiza donde Chris se encontraba. Víctor no tenía interés alguna en seguir los pasos de su padre y continuar en la mafia, mucho menos competir contra él. Había quedado ya muy claro que ninguno de los dos se soportaba ni deseaban estar el uno a lado del otro, pero que Baran se regocijaba demasiado en el poder con que sometía a su rebelde hijo menor sin que este pudiera hacer mucho para evitarlo. Víctor estaba atado a él por su madre, aunque, curiosamente, era justamente ella quien evitaba que Baran pudiera atacar a Víctor de una manera directa.

El contacto y cercanía con sus hermanos Sasha e Inna se había perdido también, puesto que Víctor era el único que continuaba viviendo en la mansión, a excepción de aquellos días donde Markov se quedaba después de algún viaje. De todas formas, ambos ni siquiera se saludaban al verse, pues era bastante obvio el desprecio que sentían el uno por el otro, sobre después del incidente con Chris. Sasha, por su parte, era como un ente invisible que se sumergía en el trabajo y no daba señales de vida durante semanas completas, incluso meses. Víctor debía admitir que le hubiera encantado tenerlo a su lado, incluso proponerle huir con él, pero años atrás se había dado por vencido con el intento: Sasha no tenía el ímpetu suficiente para traicionar a Baran como él sí lo tenía. Inna estaba comprometida y vivía con uno de los socios de su padre, un hombre algo mayor que cubrió el puesto que el señor Giacometti dejó tras su muerte. Por ello, Baran no podía sentirse más que complacido con esa unión. 

En ese tiempo, Víctor solo buscaba el momento perfecto en que llevar a cabo su plan… Aunque, desgraciadamente, este no apareció de la forma en que él lo hubiera querido. Una tarde, Víctor volvió a la mansión más temprano de lo usual. Como era su costumbre, se encaminó directamente a la habitación de su madre para saludarla, pero al verlo llegar, el guardia que siempre cuidaba de ella le impidió el paso. Hubiera creído su excusa de que Olenka pidió no ser molestada de no ser por la expresión que la enfermera, a un lado de ambos, tenía sobre su rostro: era de completo pánico ante él. Algo ocurría… y los instintos de Víctor, ya demasiado afilados para ese entonces, nunca mentían. 

Forzó la puerta con rapidez y encontró a su madre sobre la cama, siendo abusada por un hombre que no era claramente su padre. Víctor ni siquiera lo pensó, extrajo el arma y disparó de forma certera contra la cabeza de aquel. Cuando el hombre cayó muerto y Víctor lo hizo a un lado para alejarlo de Olenka, descubrió que se trataba del prometido de Inna. 

La guerra estalló dentro de casa después de eso: era claro que Inna enfureció al descubrir la muerte de su prometido. Si bien había más interés monetario y de estatus hacia él que verdadero amor, creyó que el arranque de Víctor había sido alguna clase de venganza hacia su persona o Baran, sin importar cuántas veces este intentara aclarar que lo había encontrado violando a su madre. Nadie creyó su historia, por supuesto, y Baran solo intervino hasta que ambos hermanos alzaron su arma uno contra el otro a punto de dispararse entre sí. En ese momento, a Víctor solo le hizo falta un pequeño vistazo hacia su padre para comprender que él estaba al tanto de aquellos abusos… y que los había permitido. 

Pese a la rabia que lo golpeó con violencia en ese momento, Víctor supo controlarse y no estallar con la fuerza que necesitaba. Nunca había deseado tanto asesinar a su propio padre como en ese instante, pero fue inteligente: estaban en casa, rodeados de guardias que no durarían en matarlo a él con tal de proteger a Baran. Víctor no podía ganar la batalla así y solo sería asesinado estúpidamente. Aunque deseaba la venganza y ver a su padre agonizar… su prioridad fue sacar a su madre de toda esa jodida mierda.

Esa misma noche llamó a Chris y dos días después ponían en marcha su plan, aprovechando que tanto Baran como Markov no se encontrarían en la ciudad. Lo que Víctor nunca llegó a intuir fue que su padre sospechaba ya de él y que lo creía capaz de realizar un movimiento como ese, por lo que le había ordenado a varios de sus hombres que lo vigilaran las veinticuatro horas del día. 

El plan de Víctor era viajar a una ciudad al otro extremo del país, una donde sabía su padre no tendría ninguna jurisdicción mayor a la suya. Ahí tomaría un vuelo a Suiza con pasaportes falsos que conseguiría en el camino. Sería un viaje largo, sobre todo porque no tomarían las rutas habituales, pero con eso Víctor esperaba perder más fácilmente su paradero de la vigilancia de su padre. Sin embargo, tan solo un par de horas después de iniciado el viaje en carretera, fueron interceptados por hombres de Baran: el chofer terminó muerto sobre el volante del automóvil y Víctor tuvo que bajar con las manos en alto antes de que los mataran a él y a su madre. Eran solo dos quienes le apuntaban y Víctor pensó en la posibilidad de lograr atacarlos antes de que ellos lo hicieran. Tal vez sería herido, pero creyó que podría salir con vida. Debido a eso, se concentró tanto en calcular cada uno de sus movimientos, que no notó al tercer hombre que había bordeado su vehículo y que vigilaba que Olenka no escapara. No obstante, ella sí lo notó, al igual que el momento justo en que ese hombre se percató de las intenciones de Víctor y apuntó hacia él. El sonido del disparo lo alertó demasiado tarde, pero la bala no llegó hasta él, sino que quedó incrustada en el pecho de Olenka al ella entrometerse en el camino. 

Los hombres de Baran quedaron abatidos momentos después, dándole solo a Víctor la oportunidad de sostener el cuerpo de su madre durante unos segundos antes de que ella muriera en sus brazos.


Víctor no huyó del país, sus planes habían cambiado por completo. Él solo había deseado huir y alejarse de todo eso para poder darle una vida más tranquila a su madre, aunque fuera en sus últimos momentos. Nada hubiera perdido Baran de haberlo dejado ir, solo que ambos no tendrían que verse nunca más. No obstante, ahora Víctor iba asegurarse que su nombre y presencia nunca se le fuera a olvidar: pensaba arrebatarle todo aquello que le importaba… su poder, sus pertenencias, su dinero…

Durante varios meses, Víctor se mantuvo oculto en otra ciudad, en espera de que la búsqueda de él por parte de su padre cesara un poco. Era obvio que Baran deseaba volver a tenerlo bajo su poder, hacerle pagar por su intento de huida y haber expuesto a Olenka de esa manera, pero Víctor no iba a permitirlo nunca más.

Christophe volvió al país para ayudarlo (él también deseaba venganza) y, por todo ese tiempo, fue su principal contacto con el exterior. Su relación, por supuesto, ya no fue la misma cuando se volvieron a reencontrar: ambos habían madurado de formas muy distintas y Víctor, sin duda, ya no era el mismo que cuatro años atrás… Algo en él había cambiado bastante y más de alguna vez Chris no dejó de preguntarse qué tanto de Baran había aprendido para terminar asemejándose tanto a él. 

—He escuchado que un tal Frederick Jiggins te busca también. ¿Crees que sea un enviado de tu padre? —comentó Chris un día, mientras ambos cenaban juntos en el departamento donde se ocultaban.

Claro que Víctor reconoció el nombre de inmediato y cómo su madre había insistido tanto en que lo buscara cuando ella muriera. Por supuesto, su situación era delicada y corría el riesgo de presentarse ante una inminente trampa de su padre… Sin embargo, se atrevió, solo porque tuvo una extraña corazonada al respecto y porque confiaba en su madre sobre cualquier otra persona. Por ello, le dijo a Chris que lo buscara y que concordara con él una discreta reunión.

El hombre se presentó en el lugar citado con una elegante puntualidad. Vestía un traje negro y era algo regordete y bajito. Desde su apariencia, Víctor pudo intuir ya que de verdad ese hombre no tenía ninguna relación con su padre y, al presentarse como el abogado de Olenka, lo confirmó. Víctor conocía a la perfección a cada uno de los abogados que servían a Baran y a la familia, y claramente él no era ninguno de ellos. De todas formas, se mantuvo receloso de su presencia, sobre todo cuando Frederick le explicó que la única razón de su deseo por verlo era entregarle una copia del testamento de Olenka Nikiforova. 

Víctor se mostró algo confundido, en especial porque se imaginaba que sería su padre el encargado de vigilar ese tema, sobre todo cuando su madre tenía bajo su nombre importantes negocios, inmuebles y dinero que realmente eran de Baran. Sin embargo, cuando el abogado le entregó el sobre y Víctor leyó con atención cada uno de los puntos de ese testamento, lo comprendió todo… y no creyó posible que su madre hiciera algo así con tal de proteger su vida. 

Víctor no lo pensó más y comenzó a actuar con la impunidad que ese testamento le otorgaba: ahora sí haría caer a Baran Nikiforov y el primer socio que le arrebataría sería, sin duda, Madame Lilia. 

Arte por Mariv

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