Resiliencia [Capítulo 9]


Yuuri se detuvo en la puerta del edificio y dudó un momento antes de bajar la rampa que llevaba al estacionamiento. Victor lo esperaba junto al taxi que los llevaría a la pista de San Petersburgo, a donde Yuuri iría por primera vez en las dos semanas que llevaba en Rusia. Victor le había preguntado en un par de ocasiones si quería acompañarlo a ver el entrenamiento de Yurio, y al principio Yuuri se negó. Una cosa era ir a ver a Yuri en Ice Castle y otra, muy diferente, visitarlo en la pista de San Petersburgo, donde estaban todos esos otros patinadores y Yakov Feltsman.

Sin embargo, aunque Yuuri insistía en quedarse en casa mientras Victor iba a trabajar, e incluso si poco a poco se aventuraba a recorrer los alrededores del departamento, pronto fue evidente que los días en Rusia se harían mucho más largos si solo se quedaba en casa. La noche anterior, cuando Victor le preguntó si quería acompañarlo a su trabajo, como lo hacía todos los días, Yuuri aceptó. La sorpresa de Victor fue evidente, pero evitó hacer comentarios al respecto. Solo dijo que le sorprendería mucho ver el avance de Yurio durante esos días.

Yuuri no le dijo que el adolescente también había contribuido un poco para que cambiara de opinión. En una de las veces en las que Yuri iba al departamento de Victor después de entrenar, había dicho, de forma muy sutil (en realidad no), que Yuuri sería más útil haciendo comentarios sobre su trabajo, como en Ice Castle, que encerrado en el departamento junto con Makkachin, perdiendo el tiempo y pensando cosas inútiles.

En esta ocasión, dentro del taxi, fue Yuuri quien buscó la mano de Victor, y aunque no se miraron directamente, se contentó con sentir su calor a través de ese simple gesto, que Victor acentuó acariciando su mano con el pulgar.

En unos cuantos días Yuuri había logrado sentirse más cómodo junto a Victor, tanto como para ser él mismo quien iniciara el contacto físico en algunas ocasiones. A veces, mientras salían a pasear con Makkachin, era él quien tomaba la mano libre de Nikiforov durante un rato y en casa, cuando se sentaban en el sofá a ver la televisión, acortaba la distancia entre ambos hasta que estaban hombro con hombro.

En los días que llevaba en Rusia, además de romper el hielo con Victor y de sentirse cómodo con el breve, pero constante, contacto físico, Yuuri también había descubierto algunas cosas sobre su alma gemela. Sabía que Victor se levantaba temprano para pasear a Makkachin antes de ir a trabajar, que tenía una taza favorita (era color rojo y siempre la dejaba en el mismo lugar de la alacena), que tomaba su café con crema pero sin azúcar, y que aparentemente sí sabía cocinar, aunque prefería no hacerlo.

Ahora Yuuri también sabía que el rostro de Victor se iluminaba cuando llegaba a casa y Makkachin lo recibía, y que lucía más contento cuando Yurio hacía alguna de sus visitas inesperadas después de su entrenamiento.

En Hasetsu, Victor dijo que quería conocerlo más y eso era lo que hacían con cada día que pasaba. Aún había mucho que conocer del otro, y quizá lo que Yuuri sabía de Victor eran detalles nimios, si se quería ver de esa manera, pero para él tenían un gran significado. No había otra persona que conociera esa parte del famoso Victor Nikiforov y eso le hacía sentir importante.

El taxi se detuvo, sacando a Yuuri de sus pensamientos. Ambos bajaron con cuidado y Yuuri siguió a Victor hasta la entrada principal, mientras caminaba en silencio a pesar de sentir que algunas personas los miraban con curiosidad.

—¿Estás seguro de que está bien que haya venido? —preguntó mirando a Victor de reojo.

—Claro que sí —respondió Victor. Después, mientras fruncía un poco el ceño, añadió—: ¿Quieres regresar?

Yuuri lo pensó por unos segundos. Una parte suya no estaba del todo segura de que estar en ese lugar fuera una idea muy acertada, pero otra estaba segura de que regresar al departamento sería un retroceso, también, en el avance que había logrado al sentirse cómodo junto a Victor y en Rusia. Negó con la cabeza.

—No, no quiero regresar.

—Está bien, pero dime si cambias de opinión.

—Sí.

Continuaron con su camino hasta estar en la orilla de la pista. Yuuri aprovechó el momento para observar a su alrededor. Aquel lugar era, definitivamente, más grande que Ice Castle y, en realidad, le recordó un poco al lugar en el que entrenaba en Detroit. Una sonrisa apareció en su rostro.

Notó, también, que además del equipo había otras personas sentadas en las gradas, observando en silencio. Se preguntó si eran patinadores, si estaban ahí para observar el entrenamiento aunque ellos no fueran a contender en las siguientes competencias. En Detroit a veces era así: en ocasiones algunos patinadores iban a ver los entrenamientos abiertos para estudiar el trabajo de otros, para pulir un poco sus propias técnicas e intentar, más adelante, clasificar a alguna de las competencias más importantes.

—Yurio no está —comentó después de pasear la mirada por el lugar, sin ver al muchacho.

—No creo que tarde mucho. Nosotros llegamos un poco temprano. Ven —agregó Victor—. Te presentaré a Yakov.

Yuuri ya sabía de la conversación entre Victor y Yakov Feltsman, y sabía que, a pesar de su actitud imponente, Yakov era un hombre que apreciaba a Victor y a Yurio. En palabras de Victor, les tenía verdadero afecto aunque tuviera una forma un tanto particular para mostrarlo, así que la idea de conocerlo en persona sonaba aún aterradora. En cierto sentido, creía que la opinión que ese hombre se forjara sobre él era tan importante como conocer a los padres de Victor.

Esa idea le hizo detenerse por unos segundos antes de notar que se rezagaba. Victor volteó a verlo.

—¿Estás bien? —preguntó. Yuuri asintió.

—Sí, sólo…

—¿Nervioso?

—Mucho.

Victor le sonrió como para darle ánimos y aunque Yuuri aún sentía un hueco en la boca del estómago debido a los nervios, le respondió el gesto lo mejor que puso.

Mientras continuaban con su camino, Yuuri pensó en la familia de Victor, en especial en el hecho de que éste nunca les había mencionado. Si hacía un recuento de las conversaciones con Victor, resultaba evidente que aquellas personas, quienes sea que fueren, estaban ausentes en la vida del ex patinador. Había mucho que quería preguntarle a Víctor al respecto, pero ese no era el lugar y no era el momento tampoco; y Yuuri no estaba seguro de que ese momento para las confesiones fuera a darse pronto. No con el poco tiempo que tenían de conocerse y con todo lo que pasó en Japón. Pero quizá ocurriría algún día, cuando hubiera más confianza y seguridad entre ambos. Pensar en ello le hizo sentir un poco mejor.

Su mente se enfocó en el presente al ver a Feltsman a unos pasos de distancia. El hombre estaba de espaldas a ellos, con la mirada fija en la pista. Victor y Yuuri esperaron por unos segundos, mientras la chica que estaba en la pista en ese momento terminaba su rutina. Al terminar, Victor carraspeó para llamar la atención del otro entrenador.

Yakov volteó a verlos y abrió los ojos con algo de sorpresa al ver a Yuuri.

—Yakov —saludó Victor. Feltsman paseó la mirada de uno al otro antes de dejarla fija en Nikiforov.

—Victor —respondió. Después, se aclaró la garganta y miró a Yuuri una vez más—. Yuuri Katsuki, ¿cierto? —preguntó mientras se quitaba un guante y le ofrecía su mano, la cual Yuuri estrechó—. Yakov Feltsman.

—Mu-mucho gusto.

—Victor me habló de ti —dijo el hombre—, de… ya sabes —agregó mientras dirigía una mirada rápida a su pierna.

—Ah. Sí. Me dijo —agregó Katsuki.

El silencio que se hizo en ese momento sólo podía describirse como incómodo.

—Así que Victor al fin logró convencerte para que vinieras, ¿eh? —dijo Yakov. Yuuri rio con nerviosismo.

—Él y Yuri —respondió.  

Yakov levantó una ceja con curiosidad y Yuuri también supo, por su lenguaje corporal, que a Victor también le causaba curiosidad esa respuesta.

—Puede ser bastante convincente cuando se lo propone —agregó por toda explicación. Yakov soltó una risa y Victor también sonrió.

—Definitivamente es un chico muy convincente —dijo el entrenador—, si por “convincente” quieres decir excesivamente molesto.

Yuuri soltó una risita nerviosa..

—Es un buen muchacho —agregó Yakov y Yuuri pudo percibir el afecto en su voz—, pero no deja de ser un adolescente que no siempre toma en cuenta cómo es que sus decisiones o sus comentarios pueden afectar a los demás. ¿Y qué te parece Rusia?

—Eh, no he visto mucho, pero me gusta aquí.

Yakov asintió.

—Pues siéntete como en casa—. Después de eso, volvió su atención a Victor—. ¿Yura?

—No creo que tarde en llegar.

—Ayer veía su programa corto y creo que lo tendrá listo en poco tiempo, ¿no es así?

—Así es —Yakov asintió y después miró a Yuuri otra vez—. Me dice Victor que has estado ayudando al muchacho.

—Yo no diría ayudar…

—Se nota un cambio en su trabajo —intervino Yakov antes de que Yuuri pudiera terminar con su frase—. Se ve menos tenso. Sus movimientos fluyen más que antes y eso es bueno, así que: sí, has estado ayudando al chico.

Yuuri no supo qué responder antes eso, así que solo se limitó a asentir en silencio. Yakov le sonrió.

—Ha sido un gusto conocerte al fin —agregó—. Aún tengo unos minutos para trabajar con mis muchachos, pero si necesitan algo, solo pregunten.

—Gracias —respondió Yuuri.

—Nos vemos, Yakov.

Feltsman hizo un gesto con la mano para despedirlos y regresó su atención a la pista, cruzándose de brazos. Yuuri lo miró de reojo una vez más antes de seguir a Victor hasta el otro lado de la pista.

—¿Está todo bien? —preguntó Victor cuando los dos tomaron asiento. Yuuri afirmó con la cabeza.

—Sí—respondió—. Eso fue extraño —agregó después de unos segundos—. Yakov es… no es como imaginé que sería.

—¿Cómo pensaste que sería?

—No sé. Luce como un hombre difícil de complacer. Intimida un poco.

Victor rio por lo bajo.

—Sí, es la apariencia que da, pero créeme que deja de ser aterrador una vez que lo conoces. Dale un par de semanas.

—¿Para qué?

—Para que se preocupe por ti tanto como cualquiera de nosotros—. Yuuri no supo qué responder así que optó por guardar silencio. Victor, por su parte, pareció meditar un poco sus palabras, pues casi de inmediato, agregó—: Pero no le digas que yo te dije. Todos por aquí fingimos que de verdad nos creemos su actitud de hombre duro.

Yuuri sonrió.

Después de aquello hablaron sobre otros temas. Yuuri mencionó que aquel lugar le recordaba a cuando aún entrenaba en Detroit y Victor preguntó un poco sobre su vida en Estados Unidos, sobre la gente con la que trabajaba mientras entrenó allá, sobre su antiguo entrenador, incluso. Y Yuuri respondió. Era agradable mantener conversaciones sobre su pasado sin que eso significara angustia o recuerdos dolorosos. Ahora, se sorprendió Yuuri, podía hablar de su pasado con nostalgia, sí, pero sin el dolor de antes.

Mientras hablaban, volvió a darse cuenta de que la gente a su alrededor los observaba. Los ignoró lo mejor que pudo, en especial porque Victor no les daba demasiada importancia y continuaba con su conversación como si no hubiera nadie más que ellos alrededor. Supuso que, en el lugar de aquellas personas, él también sentiría curiosidad por el hombre japonés que llegó junto a Victor y renqueaba de la misma pierna que él.

Pasaron unos minutos para que Yurio finalmente llegara a la pista. Yuuri vio el momento en el que el chico entró y fijó su atención en él y Victor, antes de caminar con paso seguro hasta ellos. El chico se dejó caer pesadamente junto a Yuuri, quien sonrió al verlo.

—Hola, Yurio.

—Hm —murmuró éste a modo de saludo—. Así que al fin decidiste venir —agregó. Yuuri asintió—. ¿Y vienes sólo a ver o…?

—Vengo a ver si ya no eres un soldado y si tienes un poco más de gracia al patinar, para variar.

Yurio le miró, perplejo, antes de soltar una carcajada.

—Oh, ya verás la gracia que tengo al patinar, Katsudon—. La sonrisa no había desaparecido de su rostro, incluso se acercó un poco para darle un par de palmadas en la espalda antes de ponerse de pie una vez más—. Es bueno ver que ya no eres un miedoso que no quiere decir lo que realmente piensa.

Como era su costumbre, se fue antes de que Yuuri pudiera darle una respuesta. Éste volteó a su derecha, en donde se encontraba Victor, quien se limitó a encogerse de hombros como para decir que así era Yura y no había nada que pudieran hacer al respecto.


Cuando uno tenía tantos años dedicándose a un trabajo que, básicamente, consistía en observar detenidamente a las personas (los gritos y la actitud amenazante eran un plus, en realidad), era fácil notar detalles que otros posiblemente no verían con la misma facilidad o a los que no le prestarían tanta atención.

Yakov no era un hombre que se entrometiera en la vida privada de los demás: bastante tenía con sus propios problemas (que no eran pocos) como para preocuparse por los de otros. No obstante, también podía admitir que, desde que Victor le habló sobre su alma gemela, sentía algo de curiosidad por la situación.

A Yakov no le pasaba desapercibida la manera como Victor se comportaba en presencia del ex patinador japonés. A pesar de que su atención estaba puesta en Plisetsky, Yakov se dio cuenta de las miradas furtivas que Victor le dedicaba a Katsuki y de cómo su lenguaje corporal cambiaba, también, cuando interactúa a con éste. A veces sonreía sin que se diera cuenta de ello o acortaba la distancia entre ambos después de un rato. Definitivamente lucía más relajado y, si podía decirle de esa manera, se veía más en paz consigo mismo.

Yuuri Katsuki no era, en absoluto, como imaginó que sería cuando Victor lo mencionó por primera vez. Era cierto que no tenía muchas referencias sobre el chico más allá de información sobre su trabajo de todavía tres años atrás, y que sus interacciones eran breves (saludos cordiales y comentarios escuetos sobre Yura y su trabajo), pero Katsuki era muy diferente a cualquier idea que tuviera sobre el alma gemela de Victor.

Katsuki era callado y lucía nervioso la mayor parte del tiempo, y cuando llegaba a interactuar con Yakov daba la impresión de que se sentía fuera de lugar. Pero algo en él cambiaba cuando llegaba a la orilla de la pista. Al estar en ella, de pie junto a Victor mientras veían a Yura patinar, Yuuri Katsuki lucía como una persona diferente. Su mirada permanecía fija en el joven patinador, seguía cada uno de sus movimientos con atención experta, haciendo muecas ocasionales en los momentos en los que Yura aterrizaba un salto con mucha fuerza o rotaba de más. A veces murmuraba para sí mismo o intercambiaba comentarios rápidos con Victor, quien lucía igual de serio en esos momentos.

Yakov fue sincero con su ex pupilo cuando le dijo que no comprendía lo que tenía que ver con almas gemelas. Vaya, ni siquiera podía decir que creyera en la existencia del alma por sí sola, pues era un hombre bastante escéptico. Durante muchos años Yakov había considerado risible la idea de que el destino, Dios o lo que fuera que estuviera allá arriba, decidiera así como así juntar a dos personas nada más porque le dio la gana hacerlo.

Algunos le habían dicho que su idea tenía que ver con el hecho de que había dejado de creer en el romance después de lo de Lilia y, francamente, había momentos en los que les daba la razón. ¿Cómo podía creer en que existía algo como las almas gemelas, cuando él y Lilia habían intentado por años mantener a flote una relación que no tenía futuro? Ambos se amaban, de eso no había duda alguna, pero el matrimonio para ellos. No, creer en almas gemelas no era algo sencillo de hacer. Pero, de alguna manera, ver a Victor y a Katsuki interactuar le hacía contemplar la idea desde un ángulo diferente.

Victor y Yuuri Katsuki rompían un poco con la idea estereotipada de un par de almas gemelas. Era cierto que el único referente de Yakov eran películas mal hechas y libros mal escritos, pero no podía expresarlo de otra manera. Los dos jóvenes no se la pasaban colgados el uno del otro, ni lucían como si estuvieran a punto de comenzar un número músical en cualquier momento (en ese sentido, Yakov agradecía saber, al igual que todos, que Georgi no tenía realmente un alma gemela, porque aguantarlo habría sido terrible).

No lo diría, porque sentía que no era su lugar hacerlo, pero los dos se veían simplemente bien estando uno junto al otro, como dos piezas de un rompecabezas que se unían a la perfección. No tenían que demostrar su afecto para que fuera evidente que éste existía, no tenían que mantener contacto físico para que fuera evidente que su relación iba más allá de la de dos meros conocidos, que era lo que quizá intentaban proyectar. Definitivamente Yakov no comprendía lo que tenía que ver con almas gemelas, pero cuando veía a Victor y Yuuri Katsuki, juntos, tenía la sensación de que lo único que no tendría sentido, sería un mundo en el que los dos no estuvieran juntos.


—No necesito regresar a clases de ballet.

Victor suspiró. Llevaban sólo un par de minutos en su departamento después del entrenamiento de ese día y Yura ya se las había arreglado para hacer que le doliera la cabeza. El chico se apresuró a sacar un bote de helado que compraron antes de subir al piso, buscó una cuchara entre los cajones de la cocina y se dirigió directamente a la sala, tomando su lugar de siempre en el sillón.

—Fue sugerencia mía —dijo Yuuri, acercándose cuidadosamente al muchacho. Yura detuvo su cucharada de helado a mitad de camino para mirar a Yuuri con el ceño fruncido.

—¿Por qué no me sorprende? —espetó, antes de enforcarse en devorar el postre sin dirigir su mirada hacia Yuuri o Victor una vez más.

Victor intercambió una mirada con Yuuri, quien se encogió ligeramente de hombros antes de seguir al chico y sentarse junto a él.

—Creo que sería… beneficioso para ti. ¿Hiciste gimnasia o ballet antes? —preguntó.

Yura le dio otra cucharada al helado. Una parte de Victor pensó en decirle que tenía que moderarse con eso, pero otra, a la que prefirió hacerle caso, le recordó que Yura aún era un adolescente con un metabolismo envidiable, así que no dijo nada.

—Practiqué ballet hace unos años —respondió el muchacho—. Aprendí los movimientos, los pasos y las posturas. ¿Para qué necesito regresar a clases? Tengo cosas más importantes en las cuales ocuparme.

—Como tu excesiva rigidez al momento de patinar —agregó Victor, cruzándose de brazos—. Creo que la sugerencia de Yuuri es acertada.

—Es exagerada.

—Incluso si lo es —intervino Victor—, por lo menos deberíamos intentarlo. Si vemos que no funciona, dejaremos de molestarte con todo este asunto. ¿Qué te parece?

Yuri pareció meditarlo por unos segundos.

—Está bien, pero si no funciona ustedes dos tienen que prometer que dejarán de molestarme en serio y se enfocarán en otras cosas.

—Lo prometo —dijo Victor. El chico miró a Yuuri con el ceño fruncido y éste asintió.

—Prometo no molestarte más con esto si es que no funciona —dijo—, aunque estoy realmente seguro de que te será muy útil.

—¿Por qué?

Yuuri se encogió de hombros.

—Porque fue lo que me ayudó a mí —respondió—. Practiqué ballet durante algunos años antes de enfocarme al cien por ciento al patinaje artístico. Incluso cuando me mudé a Detroit, seguí practicando algún tipo de danza. El ballet era esencial, y procuré no dejar de practicarlo cuando tenía tiempo, pero hice un poco de todo en la universidad. Baile de salón, flamenco, pole

Yuri se atragantó con el helado y tuvo un ataque de tos. Cuando pasó y pudo respirar y hablar bien una vez más, miró a Yuuri con horror.

—Esa es una imagen que no necesitaba en mi mente —se quejó.

—Esa es una imagen que yo sí necesitaba en mi mente —intervino Victor.

Yuuri se sonrojó un poco, pero no dijo nada más, contrario a Plisetsky, quien no tuvo reparos en continuar verbalizando sus quejas.

El móvil de Victor comenzó a sonar y, al ver quién era la persona que le llamaba, dejó que Yuuri lidiara con las quejas de Yura y aceptó la llamada camino a su habitación.

—Hola, Chris.

”Hola, Chris”, dice —respondió su amigo al otro lado de la línea—. ¿Hace cuánto no sé nada de ti y eso es lo primero que se te ocurre decirme? ¿No “hola, Chris, amigo mío, hermano del alma, qué bueno escuchar tu voz después de todo este tiempo”?

Victor se rio por lo bajo.

—Sabes que siempre es bueno escuchar tu voz.

Oh, Victor, ya lo sé.

—¿Qué tal estás? —preguntó Victor mientras se sentaba en la orilla de su cama—. ¿Ya estás entrenando?

Hasta morir, Victor, no podía ser de otra manera.  

—¿Oh? ¿Y a qué debemos eso?

La pregunta de Victor era sincera. En alguna ocasión Chris había mencionado algo sobre sentirse desanimado mientras más tiempo pasaba desde la lesión de Victor. Algo sobre una creciente falta de interés por lo monótonas que se volvían las competencias y la falta de personas interesantes contra las cuales competir.

Tu muchacho entra este año a la categoría senior, ¿no? Vi su participación del año pasado en la categoría junior. Todos tenemos puesta la mirada en él; después de todo, eres tú quien lo está entrenando.

Victor hizo una pausa.

—No intentes proyectar mi imagen en la de Yura, Chris.

Al otro lado de la línea, Chris suspiró.

Lo sé. Pero no lo digo por eso, Victor, de verdad que estoy genuinamente interesado en su trabajo. Es bueno. Muy bueno. No soy el único que tiene puestas sus expectativas en él.

Victor sonrió. Sabía que Yuri era un prodigio, que su trabajo llamaba la atención de muchas personas dentro del medio, y se sentía orgulloso de él y de trabajar con él. Saber que patinadores del nivel de Chris también esperaban con ansias competir contra él, le hacía sentir aún más orgullo.

¿Y tú? ¿Qué me cuentas? Supongo que ya estás entrenando al chico.

—Mhm. Estamos trabajando en algunos detalles, pero tengo confianza en él. No me gustaría adelantarme y decir que va a quedar entre los mejores del GP, pero creemos que tiene muchas posibilidades de hacerlo.

¿Creemos? ¿Otra vez estás consultando a Yakov con el entrenamiento de Yuri? Pensé que ya habías pasado esa etapa el año pasado.  

—No, no es Yakov. Han pasado muchas cosas, Chris.

Hmm. Cosas buenas, espero.

Victor pensó en Yuuri y sonrió.

—Sí, muy buenas la verdad.

¿Oh? ¿Por qué siento que hay una gran historia detrás de todo esto?

—Porque la hay y no lo vas a creer.

Al otro lado de la línea, Chris soltó una risa animada. Victor sonrió mientras sentía un calorcito extenderse por todo su cuerpo ante la expectativa de compartir algo tan importante con su mejor amigo.  

—Lo encontré, Chris.

¿Hm? ¿A quién?

—A mi alma gemela.

Hubo una larga pausa. Victor casi podía imaginar el rostro de su amigo en Suiza y eso le hizo sonreír aún más.

Victor.

—¿Sí?

¿Exactamente cuándo fue que le encontraste?

—Hmm. Hace un poco más de un mes.

¿Y por qué me entero hasta ahora?

—Es una larga historia.

Oh, pues mira, tengo mucho tiempo libre justo ahora —alguien al otro lado de la línea, posiblemente Masumi, dijo algo que sonó sospechosamente a uno “eso no es verdad”—. Shush, tú. Decía que tengo mucho tiempo libre justo ahora y que tú no vas a terminar esta llamada sin contarme absolutamente todo. Todo, Victor. Quiero todos los detalles.

—¿Todos los detalles?

Absolutamente, en especial esos detalles.

Victor no pudo evitar soltar una carcajada.

—Te decepcionarás un poco, pero puedo contarte una o dos cosas de lo que ha pasado en el último mes.

Adelante, no pienso interrumpir.

Cuando Victor terminó de contarle todo a Chris, ya había pasado más de una hora. Había pasado de estar sentado en la orilla de la cama a recostarse en ella. Habló sobre la primera vez que vio a Yuuri, sobre cómo se dio cuenta de que eran almas gemelas, de su regreso a Rusia y cómo, al final del día, había sido Yura quien armó todo un plan para unirlos en Japón una vez más.

Victor —dijo Chris—, para ser un hombre muy inteligente, a veces haces muchas tonterías. ¿Cómo pudiste pensar que alejarte sería lo mejor?

—En ese momento tuvo mucho sentido.

Típico de ti, actuando sin pensar. Me alegro que todo saliera bien al final. ¿Y? ¿Cómo es?

—¿Cómo es qué? —preguntó Victor a su vez. Casi pudo ver el momento en el que Chris puso los ojos en blanco.

Ya sabes a lo que me refiero.

—Ya, pero yo soy un caballero, así que no voy a hablar de eso.

Chris volvió a reírse.

—Estamos haciendo las cosas con calma —agregó Victor en voz baja—. Es… Está bien así. Apenas estamos conociéndonos, pero ambos estamos en el mismo canal: queremos que esto funcione, y queremos una relación romántica. Es todo por ahora.

Me da gusto, Victor, de verdad. Espero que sean muy felices juntos.

Victor pudo escuchar la sinceridad en la voz de su amigo y tragó en seco para deshacer un poco el nudo en su garganta. Con Chris no tenía que disimular cuando sus emociones se hacían presentes con más fuerza de lo normal.

—Gracias.

Prométeme que me mantendrás al tanto de todo —dijo Chris antes de despedirse, y Victor lo prometió.

Cuando iba camino a la sala, vio a Yuuri y a Yura aún sentados en el sillón, aunque ahora el recipiente de helado estaba completamente vacío y olvidado sobre la mesa de centro. Makkachin estaba recostado a los pies de Yuuri, mientras el adolescente continuaba discutiendo y moviendo las manos enérgicamente para acompañar su lenguaje verbal. Yuuri levantó la mirada y le sonrió. Casi de inmediato, Victor pudo sentir, a través de su vínculo, que estaba contento. Se acercó a ellos una vez más y, para enfado del menor, se sentó entre ambos, obligando al adolescente a hacerse hasta el otro lado del sillón.

—Estaba pensando —dijo—, ¿por qué no hablamos con Lilia para que te ayude con tus clases de ballet?

—¿Lilia? ¿Lilia Baranovskaya?

—Sí, esa Lilia.

Yura soltó una carcajada.

—Está bien —dijo aún riendo—. Regreso a las clases de ballet si ella acepta —agregó y se inclinó un poco para poder ver a Yuuri al otro lado del asiento, quien lucía algo confundido—. Lilia es la ex esposa de Yakov. Oh, esto va a estar genial. Yakov va a explotar cuando sepa.

Dicho esto, se puso de pie y se estiró.

—Me voy. Tengo tarea que hacer —agregó mientras arrugaba la nariz.

—Definitivamente eso es algo que no extraño de ser adolescente —murmuró Victor. Yuuri sonrió.

—Adiós, Yurio.

—Sí, sí, como sea.

Cuando el muchacho cerró la puerta detrás de sí y ambos se quedaron solos una vez más, Victor apoyó su espalda en el respaldo del sillón.

—¿No tendrás problemas? —preguntó Yuuri mirando a Victor con algo que éste reconoció como preocupación.

—¿Por lo de Lilia? No, Yakov es bastante profesional. Además, todo depende de si ella acepta la propuesta.

—¿Y si no lo hace?

Victor se encogió de hombros.

—Ya veremos qué hacer. Ahora, me parece recordar que mencionaste algo sobre practicar pole cuando estabas en la universidad.

El bonito color rojo que apareció en el rostro de Yuuri le alegró el día por completo.


De alguna manera, Yuuri siempre supo que su vida no se volvería más sencilla sólo por aceptar ir con Victor a Rusia. Habría sido demasiado fácil y si algo le había demostrado la vida, era que, cuando se trataba de su alma gemela, nada era sencillo. El problema, aunque Yuuri aún no sabía si aquella era la forma correcta para denominarlo, ocurrió un sábado por la mañana, justo cuando terminaba de desayunar y mientras decidían si saldrían o se quedarían en casa.

—Podemos ver si hay algún espectáculo más tarde —dijo Victor, mientras tomaba su móvil que descansaba a su lado en la barra—. ¿Te gustaría ir al ballet? Oh.

Yuuri miró a Victor con curiosidad. Su expresión se había tornado repentinamente seria mientras leía algo en su móvil. Tenía el ceño ligeramente fruncido. Había algo distinto en el ambiente y Yuuri sintió un escalofrío ante el silencio repentino.

—¿Pasó algo malo? —Victor no respondió de inmediato, aún con la mirada fija en el móvil—. ¿Victor?

Al fin Victor levantó la mirada del móvil.

—No sé si sea malo —dijo—, pero…

No elaboró más y le dio el móvil a Yuuri para que pudiera ver la pantalla. Éste así lo hizo y comprendió el porqué de su cambio de actitud. Entre un montón de letras en cirílico (entre las que reconoció “Виктор Никифоров”, el nombre de Victor), lo que más le llamó la atención fue la fotografía del sitio web. En ella, Victor y él caminaban uno junto al otro. Era de uno de los primeros días en los que acompañó a Victor al entrenamiento de Yuri y después fueron a cenar a un restaurante cercano. La distancia entre ambos era mínima y quizá podría pasar por cualquier fotografía intrascendente de dos personas caminando una junto a la otra, pero Yuuri recordaba que esa fue la primera vez que Victor tomaba su mano, si bien por unos segundos nada más, en un lugar público. Había sido un momento íntimo, de ellos, y Yuuri se sintió expuesto ante los ojos del mundo de una forma como jamás lo había estado.  

—Hay… hay más de una fotografía.

Yuuri deslizó su dedo sobre la pantalla para ver el artículo que, aún sin comprender, intuía de qué trataba.

Además de la fotografía de ambos caminando de la mano, había otras que fueron tomadas desde afuera del restaurante mientras cenaban. Yuuri se dio cuenta de que también había fotografías tomadas en otros días. Una mientras salían de la pista de patinaje, junto a Yurio (a quien le habían borrado el rostro, seguramente porque aún era menor de edad y todo eso); otras al subir juntos a un taxi. Había otra de Yuuri caminando en el parque cercano al departamento de Victor, mientras paseaba a Makkachin, en uno de aquellos días en los que aún no se sentía lo suficientemente cómodo con la propuesta de visitar a Yurio en su entrenamiento. La última fotografía era una en la que aparecía él solo, patinando. Por la ropa, Yuuri dedujo que era una fotografía tomada hacía unos cuatro años.

La idea de que alguien los había seguido durante varios días, para tomar esas fotografías, le hizo estremecerse.

—¿Qué dice? —preguntó mientras le entregaba el móvil a Victor una vez más.

—El título es “Victor Nikiforov en posible relación con ex-patinador japonés” —explicó Victor—. Luego son un montón de especulaciones sobre por qué estás en Rusia, algunas preguntas sobre tu relación con el equipo ruso de patinaje y por qué jamás se nos había visto juntos, hasta ahora.

Yuuri asintió.

Hubo otro momento de silencio durante el cual, Yuuri pensó en lo que significaba ese artículo. No es como si no supiera que, eventualmente, el mundo se enteraría de lo de él y Victor, pero saber que ocurriría no le había preparado para la sensación de su privacidad siendo invadida con tanta facilidad. Él nunca había sido muy bueno para esa clase de situaciones y su paso por el patinaje artístico había sido tan breve que nunca ameritó paparazis que tomaran fotografías de él durante sus momentos fuera de la pista o en situaciones ajenas al patinaje.

—¿Estás bien? —preguntó Victor.

—Yo… No sé —respondió Yuuri con sinceridad—. Creo que no estaba preparado para esto. ¿Siempre es tan…?

—¿Invasivo?

Yuuri asintió.

—Lo es —admitió Victor—. No te puedo decir que te acostumbras, porque no deja de ser molesto, pero aprendes a ignorar este tipo de situaciones, a no darles importancia. La mayor parte del tiempo sólo son chismes sin fundamento.

Después de aquel comentario, ambos se quedaron en silencio por unos segundos.  

—Lo estás tomando con mucha calma —murmuró Yuuri. Victor pareció meditar un poco al respecto antes de levantar la mirada otra vez.

—¿Crees? —Yuuri se encogió de hombros y no dio una respuesta directa. Victor suspiró—. Supongo que ya esperaba esto, así que realmente no me sorprende. Pero confía en mí, no es algo que vaya a durar mucho tiempo.

Yuuri no estaba del todo convencido, pero no dijo nada al respecto y ambos dieron por terminada la conversación sobre aquel tema.

Los días siguientes estuvieron acompañados de más noticias similares. Aunque Yuuri no solía revisar los diarios o las noticias de la ciudad, pronto se hizo evidente que el interés por él y su relación con Victor no era pasajero. Las fotografías continuaron, los comentarios en internet se volvieron más recurrentes y hasta su hermana, Yuuko y Minako-sensei le hablaron para preguntar si todo estaba bien. Aparentemente, los sitios de fans del patinaje también estaban llenos de información.

Quizá en otro momento, Yuuri habría tomado las cosas con humor. Después de todo, algunas de las teorías que la gente tenía (muchas de las cuales Yuuri sólo entendía a medias, porque el traductor de internet no era muy bueno que digamos) eran bastante absurdas. La gente hablaba de noviazgos, publicidad por parte de Yuuri (por qué o para qué, eso no importaba), hasta la aparente creación de una asociación para ex patinadores con lesiones. Pero, por alguna razón, por más que Yuuri intentaba no darle importancia a todo lo que leía o escuchaba, era mayor la incomodidad de saberse el centro de atención.

Victor continuaba sin darle mucha importancia, pero Yuuri comenzaba a cansarse de salir a la calle sólo para saber que, a los pocos minutos, ya habría fotografías suyas en internet. La última vez, incluso, el fotógrafo ni siquiera había tenido la decencia de disimular lo que hacía y Yuuri vio exactamente el momento en el que el sujeto al otro lado de la acera levantó la cámara y disparaba dos o tres veces antes de sonreírle y alejarse por el camino.

En retrospectiva, quizá debió hablar todas sus inseguridades con Victor, pero Yuuri estaba tan acostumbrado a guardarse sus propias emociones y sus propios pensamientos.

—Estás molesto —dijo Victor. No fue una pregunta: esa era la emoción que Yuuri irradiaba en ese momento.

Yuuri no levantó la mirada de su plato. Se limitó a remover los vegetales con su tenedor y a encogerse un poco de hombros.

—¿Por qué?

—No importa —murmuró Yuuri.

—Creo que sí importa.

Yuuri suspiró.

—Es sólo… esas fotografías. Y las noticias. Dijiste no duraría mucho tiempo y ya pasaron dos semanas. ¿Es que no te cansas de que tu vida se vuelva información pública?

—Casi la mitad de mi vida ha sido información pública —respondió Victor, como restándole importancia—. Realmente no me importa.

—¡Pero a mí sí!

Ambos se miraron uno al otro, en silencio.

—Perdón —continuó Yuuri después de un rato—. No debí gritar.   

—No, está bien, entiendo.

—No, Victor, creo que no entiendes —murmuró Yuuri, dejando el tenedor en el plato antes de ver a Victor de frente—. Mira, no soy muy bueno para lidiar con estas cosas y… todo esto, creo que es mucho para mí. Sé que no es algo que va a durar por siempre, pero ahora no dejo de pensar en que, cuando salgo, ni siquiera he llegado al lugar que voy cuando ya hay fotografías mías en internet. Sé que no te importa, pero para mí es… es difícil. Creo que esto no fue una buena idea.

—¿Yuuri? —preguntó Victor—. ¿De qué hablas?

—De… de esto. De venir aquí.

—Oh.

Yuuri agachó la mirada y se quedó en silencio mientras intentaba poner un poco en orden sus ideas. Aparentemente Victor también había perdido el apetito, pues sin romper el silencio, se puso de pie y levantó su plato.

—¿Quieres regresar a Japón? —preguntó.

—Yo… No lo sé.

—Pero tampoco te sientes cómodo aquí.

—Me sentía bastante cómodo hasta…

—Ya.

—No sé qué es lo que debo hacer —agregó Yuuri—, pero quizá ésta no es la mejor manera de hacer esto, ¿sabes? Tal vez habría sido mejor si me quedaba allá y, no sé, hablábamos por teléfono o algo antes de comenzar a vivir juntos. Tal vez estamos haciendo esto todo mal. No sería la primera vez.

Yuuri sintió la sorpresa de Victor, seguida de algo que identificó como dolor. Quiso golpearse a sí mismo por lo último que dijo, porque si bien el inicio de su relación no había sido el mejor, Yuuri pensaba que había dejado atrás los sentimientos asociados a ello. Aparentemente, no era así.

—Perdón —dijo, por segunda ocasión esa noche—. No quise decirlo así.

—No importa. Tienes razón. Está bien si quieres regresar —continuó Victor—. Entiendo que quieras hacerlo. Y… podríamos intentarlo, ya sabes, hacer las cosas de otra manera. Quizá en otro orden.

Yuuri no dijo nada, pero le pareció que Victor no estaba muy convencido de que eso fuera posible. Si era sincero, él tampoco. Ya lo había pensado en otra ocasión, ¿no? Que una separación como ésa, después de que las cosas no quedaran tan bien entre ambos, sólo podría llevarlos a alejarse aún más. Y era horrible. La simple idea hizo que a Yuuri se le hiciera un nudo en la garganta. ¿No se suponía que todo tenía que ser mejor ahora? ¿No era eso lo que pasaba con las almas gemelas? Cualquiera que dijera que encontrar y conocer a esa persona hacía todo más fácil no podía estar más equivocado.

—No quiero irme —murmuró—, pero creo que será mejor que lo haga.

Sólo después de esas palabras, es que dejó que sus emociones fluyeran libremente.

—Oh, Yuuri.

Sintió que Victor lo abrazaba y Yuuri sólo tuvo dos segundos para pensar que, a pesar de las veces en que se habían tomado de las manos, aquella era la primera vez que se abrazaban. Rodeó a Victor con los brazos, sintiendo consuelo en su cercanía. Yuuri no supo si pasaron segundos o unos cuántos minutos. Durante un rato sólo fue consciente del calor de Victor, quien masajeaba su espalda con movimientos circulares.

—Si es lo que quieres —dijo Victor sin soltar su abrazo—, está bien. Yo… Yuuri, debo admitir que me aterra mucho lo que vaya a pasar si es que regresas a Japón, porque no podría ir contigo. No puedo darle la espalda a Yura, no en plena temporada.

Yuuri no respondió. ¿Qué podía decir? Entendía muy bien que Victor tenía responsabilidades que él no, y que sería egoísta de su parte pedirle que fuera él quien viajara a Japón, por mucho que quisiera recuperar los días de tranquilidad en Hasetsu, las charlas y los paseos para conocerse un poco.

—Todo esto es muy nuevo para ambos y ya lo dijiste: no hemos hecho esto de la mejor manera. Yo no lo he hecho de la mejor manera.

—Lamento haberlo dicho así.

—No, está bien. Tienes razón. Si hubiera sabido manejar la situación desde un principio, quizá no estaríamos teniendo esta conversación.

—O quizá sí, eso no lo puedes asegurar.

—No, es verdad.

Victor lo soltó al fin y puso sus manos sobre los hombros de Yuuri, inclinándose un poco para que sus rostros quedaran al mismo nivel.

—Pero si decides quedarte —agregó—, haremos que esto funcione. Estoy seguro de que la prensa sólo tiene fijación por nosotros porque no tienen otra cosa de la cual preocuparse.

—Seguirán molestando, ¿verdad?

—Seguramente.

Yuuri asintió.

—No soy bueno para manejar situaciones así. Creo que sobreactué un poco.

Victor guardó silencio un momento. Volvió a erguirse con cuidado y caminó hasta su silla, sentándose frente a Yuuri una vez más.

—Yuuri, ¿puedo preguntarte algo?

—Sí.

—No quiero parecer entrometido o algo parecido, pero —carraspeó—. Después de que dejaste de patinar, ¿tuviste ayuda?

—¿Ayuda?

Victor asintió.

—Psicológica.

Instintivamente, Yuuri se hizo un poco hacia atrás.

—Y-yo… no —dijo—. No. El accidente pasó en Estados Unidos y allá lo sugirieron, tuve un par de sesiones con una terapeuta, pero en Japón no… bueno, no es muy común, y… no sé. No pensé que fuera necesario.

—Okay.

—¿Y tú? —preguntó Yuuri.

—Sí. No quería al principio, aunque acepté ir a terapia después de un tiempo. No puedo decir que me gustara mucho ir las primeras veces, la verdad, pero pronto me di cuenta de que me ayudaba bastante. Creo que, de no ser por ello, no habría tenido el valor suficiente para continuar con el patinaje como entrenador de Yura.

—¿Crees que debo…?

—Creo que te ayudaría —asintió Victor—, pero sólo si tú quieres ir con alguien. No es algo que yo pueda decidir por ti. Piénsalo. No tienes que decirme ahora mismo, así como no tienes que decidir quedarte aquí en Rusia conmigo.

Yuuri asintió.

—Ahora, respecto a la prensa… podemos poner una queja. Quizá no sirva mucho en lugares muy públicos, pero creo que podemos hacer algo para que no molesten cerca de esta zona.

—De acuerdo.

Victor sonrió y estiró la mano para tomar la de Yuuri sobre la mesa, como hacía siempre. Yuuri sonrió también.

—Todo va a estar bien —dijo. Era tanta la convicción la que irradiaba en se momento, junto con algo de alivio y calma, que Yuuri simplemente le creyó.

Publicado por cydalima10

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