Capítulo 7: Nombres


A Yuuri le sorprendió en sobremanera que Phichit, esa mañana, le dijera que quería volver al bar a trabajar con él, sobre todo cuando una noche antes también había tenido una pesadilla que soportar, como en todas las nueve anteriores.

—Ya me cansé —fue su respuesta cuando Yuuri se lo cuestionó, al tiempo que una luz de firmeza se vislumbraba sobre sus pupilas—. Además, me inspiré en ti. Te conozco de siempre y sé que tú no dejarías que algo así te tumbe por más de una semana. Siempre te cansas de ti mismo y quieres pasar a la acción para enfrentar lo que sea que estés sintiendo. Eso quiero hacer ahora. Quiero enfrentar el miedo que le tengo a Nikiforov.

—Sabes que él puede aparecer en cualquier momento.

—Lo sé. Pero incluso tú puedes ponerte frente a él pese a que recibiste un disparo suyo. Lo mío no es nada en comparación. Quiero hacerlo, Yuuri.

Yuuri sonrió de lado. Era bastante claro que sus situaciones no eran las mismas, que incluso él también tenía sueños bastantes recurrentes de una bala atravesando su cuerpo, pero a diferencia de los sueños de Phichit, si aparecía Víctor en ellos, eso no implicaba directamente que fuera una pesadilla. Aun así, no quiso contrariar a su amigo, sobre todo ahora que había encontrado el valor para retomar sus actividades en el bar. A Yuuri le parecía algo apresurado, pero si Phichit se sentía seguro de volver, iba a apoyarlo en todo lo posible, incluso si en el momento justo decidiera dar un paso hacia atrás y retractarse.  

Por eso, dejó que tomara su tiempo cuando ambos se encontraron frente a la entrada del bar y lo notó titubear demasiado, como si le fuera imposible dar un paso más al haber una barrera invisible que se lo impidiera. En silencio, Yuuri se acercó a la puerta y la abrió con lentitud, para darle algunos segundos extras y que pudiera tomar una decisión: si acaso continuaba o iba a intentarlo otro día. Después solo se hizo a un lado y lo miró en espera de alguna reacción suya más allá de solo mirar la entrada ya abierta.

Yuuri estaba seguro que Phichit retrocedería, lo cual no le parecía mal, al contrario, era ya un enorme paso que por él mismo hubiera decidido intentarlo. Por eso, continuó siendo una enorme sorpresa para él verlo tomar un respiro largo y profundo, y finalmente dar unos pasos hacia delante y entrar. Fue grato eso, sin duda, tanto que Yuuri no pudo evitar sonreírle y dedicarle algunas palmaditas en el hombro cuando pasó a lado suyo, como una muestra de apoyo y una felicitación por el gran paso que había dado.

Claro que eso no implicaba el fin del proceso: Phichit todavía debía enfrentarse a Nikiforov, asunto del cual era consciente, pues aunque logró adaptarse y retomar de nuevo lo que eran sus actividades habituales, algo de nerviosismo y ansiedad lo inundó durante la primera hora tras abrir el bar, sobre todo porque no podía despegar su mirada de la entrada con un evidente miedo.

Pese a eso, Yuuri comenzó a sentirse optimista al pensar que Víctor tal vez no aparecería esa noche. Eso iba a ayudar a que Phichit pudiera acostumbrarse de nuevo al ritmo del bar y tuviera más tiempo para sentirse cómodo y preparado para enfrentarlo. Sin embargo, no todo podía ser perfecto: Yuuri se encontraba tras la barra, junto con Phichit, en el momento justo en que observó a Víctor Nikiforov entrar. Su amigo se tardó más en notar esa intensa presencia, puesto que terminaba de servir un trago elaborado. No obstante, no hubo tiempo para que Yuuri pudiera advertírselo, solo fueron unos escasos segundos antes de que Phichit se sintiera observado por unos penetrantes cristales azules. Alzó su vista casi por inercia hasta encontrarse con ellos…  y sintió un horrible terror frío subiéndole por toda su espina dorsal. Quedó inmovilizado, sobre todo al ver como Víctor le sonría con un gesto de lado y comenzaba a caminar hasta él, con esos pasos firmes que parecían capaces de hacer retumbar al mundo entero. Era como si Víctor pudiera percibir su miedo y se burlara de él al acorralarlo, como si pudiera presentir ese sentimiento nauseabundo que llenaba el corazón de Phichit, el cual estaba a punto de explotar.

Sin mediar palabras, y cuando se encontró a tan solo unos pasos de la barra, Víctor introdujo su mano en el bolsillo del saco. Dicho movimiento no solo hizo que Phichit cerrara los ojos y se encogiera sobre sí mismo, como había hecho días antes cuando vio el arma apuntar hacia él, sino que hizo a Yuuri moverse en respuesta, dispuesto a usar su cuerpo una vez más como una barrera para proteger a su amigo. Por supuesto, lo que Víctor extrajo de su bolsillo no era un arma ni algo similar, sino un sobre pequeño y largo de color manila. Yuuri se detuvo al notar como Nikiforov dejaba dicho sobre en la barra, justo frente a Phichit, y tras sonreír un poco más, dio media vuelta para continuar con su camino, como si la reacción de ambos chicos le hubiera parecido graciosa y adorable a la vez, pero prefiriera no burlarse.

Tanto Phichit como Yuuri se miraron en silencio, confusos, sin terminar de procesar que había sido todo aquello hasta que vieron a Víctor perderse entre la clientela del bar. Phichit miró entonces el sobre con algo de temor y tardó algunos segundos en encontrar el valor suficiente para tomarlo…  Y otros tantos más para abrirlo. Más que por sí mismo, lo hizo por la presencia de Yuuri, la cual se encontraba muy cerca suyo, pegado a su hombro, demasiado curioso en saber qué había dentro. Los dedos de Phichit titubearon en torno al sobre y el momento en que poco a poco fue cortando la parte posterior le pareció a ambos eterno. Finalmente, del interior solo extrajo un pedazo de papel que era un poco más pequeño.

Víctor Nikiforov nunca era de pedir disculpas, pero las contadas veces en que lo hacía, no era por medio de palabras. Y ahí estaba la que le dedicaba a Phichit, transmutada en un cheque con una cantidad de dinero mayor a la que había ganado en esos meses de trabajo en el bar. Yuuri, por supuesto, nunca se hubiera imaginado que Víctor haría algo así, sobre todo porque, al ver el cheque, comprendió perfectamente qué significaba: entendió el sentido oculto de la disculpa. Sin darse cuenta sonrió… ¿El líder de una mafia pidiendo disculpas? Sonaba gracioso de solo pensarlo.

—Sabes que esto no te obliga a nada, ¿verdad? —Yuuri le hizo saber a su amigo, quien instantes después desenvolvió también sus labios en una sonrisa.

—Lo sé…

Phichit no se lo dijo directamente, pero sin duda había aparecido una idea en su cabeza que en ese momento no quiso compartir con él.



Yuuri Katsuki 
. Cada vez que ese nombre flotaba por su mente, lograba hacerlo sonreír, incluso en aquellos momentos donde no era del todo apropiado y su cabeza debía concentrarse en los asuntos de suma importancia que tenía frente a él. Pero Víctor ni siquiera hacía el intento de evitar que ese nombre lo bombardeara con tantos pensamientos y deseos, sobre todo cuando era más vulnerable a todo lo que él implicaba: la rebeldía y el arrojo burbujeante dentro de esos ojos marrones, mismos que solían clavárseles como dagas que eran imposibles de ignorar. Daría toda su fortuna, todo su poder, con tal de asegurar la existencia de esos ojos una vida entera, con tal de ver a Yuuri Katsuk retándolo una y otra vez y no retrocediendo a lo que su sola presencia inspiraba…   Estaba enloqueciendo, sin duda alguna, y de una manera extraña eso le terminaba por fascinar mucho más. Incluso había encontrado cierto gusto culposo en imaginarse su reflejo en cada copa de vodka o whisky que consumía, incluso aquellas que él mismo se servía en la soledad de su estudio o habitación.

En realidad, no tenía mayores razones por las cuales acudir al bar de forma diaria, tan religiosamente como si lo hubiera hecho ya parte de su rutina, y aun así estaba ahí todas las noches, casi a la misma hora, cuando la afluencia de clientes era lo bastante generosa para que pudiera pasar algo desapercibido y mezclarse entre los demás. Antes era común que prefiriera refugiarse en el cuarto privado cuando se encontraba ahí, aunque no tuviera alguna reunión que dirigir. Pero desde el momento en que fue consciente de lo que Yuuri Katsuki significaba para él, optaba por pasear alrededor suyo, como si fuera un planeta que, debido a la atracción que ejercía, giraba según su misma órbita, sin alejarse ni acercarse demasiado a él. Su parte preferida para estar era el balcón superior, pues ahí la vista hacia todo el bar —y sobre todo la barra— era simplemente perfecta.

Ahí, con copa en mano, se dedicaba a acosar a Yuuri con la mirada de forma persistente, procurando no perderlo ni un solo segundo de vista. En poco tiempo había aprendido cada uno de sus gestos al moverse y al hablar, cada uno de sus tics cuando algo le fastidiaba o salía como lo había planeado, cómo su nariz se arrugaba cuando se concentraba en preparar alguna bebida e, incluso, su modo de pararse detrás de la barra, de tomar la bandeja con bebidas, de ignorar a clientes borrachos quienes buscaban alguien con quien conversar y desahogar sus penas. Pero de todo eso, lo que más le fascinaba era el actuar de Yuuri cada vez que presentía su mirada y sus ojos terminaban por encontrarse. Primero él se mostraba sorprendido de verlo, sobre todo en aquellos días donde no lo había notado llegar; después fruncía su rostro, en un gesto que expresaba cierta incomodidad y confusión. Por último llegaba la mirada fija donde lo retaba silenciosamente con fiereza y se proponía a sí mismo a no ser el primero en retirar sus ojos como si de una pelea se tratara. Y así podían pasar horas enteras observándose, pero era Víctor quien terminaba por ceder antes, más que nada, porque no resistía la tentación de sonreírle y alzar la copa hacia él como si le propusiera un brindis. Yuuri entonces solo volvía su vista a un lado, preguntándose tantas cosas en su cabeza mientras su corazón se volvía un artefacto a punto de explotar.

Después de que Nikiforov le entregara el dinero a Phichit, las cosas se habían teñido de una deseada calma. Su amigo poco a poco se había acostumbrado a la presencia constante de Víctor, al punto en que solo quedó en él un temeroso respeto, como había sido en el inicio. Sus pesadillas también habían cesado, la parte que tanto él como Yuuri más celebraban y les aliviaba. Y, pese a que Yuuri notó la constancia de Nikiforov en aparecerse por el bar, también se percató de esa distancia extraña que puso entre ambos, muy diferente a los primeros dos meses de su relación como “socios”, donde Víctor aprovechaba cualquier oportunidad para acercarse y molestarlo. Diría que había perdido interés en él sino fuera consciente de que Víctor lo vigilaba más atentamente que antes. Yuuri no veía aquello como alguna clase de coqueteo o insinuación, él creía que Víctor de verdad sabía lo de su contacto con Leroy y que ahora cada uno de sus movimientos eran mucho más medidos por él.

Esa noche, sin embargo, fue distinta. Víctor se sentía frustrado, puesto que las negociaciones con los empresarios de Rillon seguían sin llegar a ningún acuerdo y algo en el actuar de los hombres a cargo de la empresa le hacía sospechar que su padre ya sabía de ello. Era peligroso proseguir, pero las consecuencias iban a ocurrir de cualquier modo en ese punto. Claro que era un asunto del cual debía hacerse cargo cuanto antes, pero en lugar de dirigirse de vuelta a casa después de la reunión para pensar en sus opciones, se encontró diciéndole a Chris que lo llevara al bar a pesar de que ya era algo tarde. Fue una orden clara, por lo que, aunque Christophe era más su amigo que un empleado, tampoco tenía la suficiente autoridad como para poder negarse. Intentar convencerlo de que lo mejor era discutir el asunto de Rillon cuanto antes sí, pero obligarlo a ello no. Lo intentó, pese a que de antemano sabía que no lograría nada. Víctor podía ser bastante testarudo cuando una idea se le metía en la cabeza, sobre todo si esta tenía un nombre y un cuerpo que le eran de interés. Aunque, ciertamente, eso solo había ocurrido una sola vez antes…  Y para suerte de Chris y todos quienes estaban bajo su cargo, había sido algo momentáneo. Claro que esperaba que las cosas se dieran de la misma manera y su “interés” por Yuuri Katsuki terminaran por menguar rápido.

Al ser un día entre semana, pasada la medianoche, apenas se encontraban un par de grupos de personas distribuidas por todo el bar. No fue una ocasión idónea para que Víctor jugara a ocultarse de Yuuri, pues este de inmediato lo notó al entrar. De todas formas, ese día Víctor tampoco estaba de humor para aquel juego, sino que caminó con decisión hasta la barra, sintiendo los ojos marrones del chico clavándosele encima, sin descaro alguno. Sonrió: le agradaba la forma en que su corazón se agitaba gracias a aquella mirada fija que lo examinaba a detalle, una mirada profunda que parecía guardar tantas preguntas y pensamientos a la vez. Al sentarse en uno de los bancos, Víctor se preguntó si Yuuri se sentía de la misma manera cuando él lo miraba.

Deseó que fuera así.

—Ya sabes que me gusta… —anunció mientras apoyaba sus brazos en la barra, deseando acercarse un poco más.

Yuuri, por su parte, mantuvo su mirada sobre él durante algunos segundos. Víctor lo vio mover sus labios, como si estuviera a punto de decir algo, pero finalmente terminó por servirle su whisky en silencio, conteniendo cada una de sus palabras. Víctor tomó la copa mientras una sonrisa de curiosidad bailaba sobre sus labios.

—Anda, dilo…  —comentó antes de dar el primer sorbo.

Nuevamente Yuuri guardó silencio, aunque alzó una ceja hacia él tratando de entender a qué se refería.

—Ibas a decir algo, así que solo dilo…  

Una media sonrisa fue su respuesta muda.

—No tiene caso, ya sé la respuesta. Solo me sigue pareciendo extraño.

Yuuri trató de restar importancia. Tomó un pequeño trapo que se encontraba a su lado y caminó al otro extremo de la barra con la intención de limpiar esa zona.

Por supuesto, esta ya se encontraba limpia.

—¿Qué es…? ¿Qué aparezca todos los días aquí? ¿Qué siempre te esté mirando…? —Víctor calculaba con atención la reacción de Yuuri, pero nada de lo dicho hizo efecto en él. ¿Qué era entonces? —. Acaso… ¿qué le diera dinero a Chulent?

El respingón de Yuuri le dijo que había dado en el blanco. Víctor dejó la copa de whisky sobre la barra y lo miró con atención, más interesado aún que antes. Mientras esperaba por una respuesta, paseó su dedo por el filo de la copa, recreando su forma circular una y otra vez.

—Es Chulanont… —Yuuri sonó irritado—. ¿Por qué lo hiciste si ni siquiera sabes su nombre? —Por el tono de su voz, parecía que dicho asunto había sido repasada en la cabeza de Yuuri una y otra vez, sin encontrar una respuesta que pudiera satisfacerlo.

Víctor, por su parte, se mostró divertido y satisfecho con esa reacción…  Así que Yuuri había estado pensado él, ¿eh? Un punto a favor para engrosar más las líneas de su ego. Sin poderlo evitar, pasó sus dedos para peinar ligeramente el fleco de su cabello hacia atrás. La respuesta a lo que Yuuri tanto se preguntaba cosquilleó dentro de su estómago y, aun cuando estaba más que decidido a decirlo, Víctor tuvo admitir que eso le provocaba un nerviosismo inusual, casi inocente. Se sentía como si hubiera vuelto a su adolescencia y estuviera a punto de confesarse por primera vez.

—Por ti.

Dos palabras poderosas que, gracias al factor sorpresa, pudieron desarmar a Yuuri en tan solo un segundo… pero no de la forma que Víctor hubiera deseado. Los pensamientos del chico, todas sus ideas y suposiciones hasta ese momento, nunca se habían encaminado por creer que Nikiforov se sentía atraído hacia él. Era claro que, por eso, tampoco lo harían cuando una respuesta tan ambigua y con tantos matices diferentes fue lo único que recibió. Yuuri, entonces, comenzó a sentirse comprado, sobornado… Creía ahora que el gesto del dinero implicaba una forma para mantenerlo contento y obtener su fidelidad, para hacerle creer que Víctor era el lado bueno de la historia…  y que JJ Leroy era el malo. Claro que Nikiforov tenía que saber sobre su contacto con él, claro que todo ese asunto debía girar en torno a ese tema. Pero, aun así, todavía había cuestiones que no encajaban del todo: ¿acaso Víctor realmente temía que Yuuri fuera a traicionarlo? ¿Qué diera el bar, que regalara información que no tenía del todo? Con lo fácil que era deshacerse de él, incluso destruir el bar con él adentro hasta no dejar nada de ninguno, sin pruebas siquiera de sus existencias… ¿Por qué entonces un líder de la mafia prefería mantener un asunto como ese a raya con dinero y no con la solución rápida?

Después de ahí prosiguió un denso silencio. Ayudó a Yuuri el hecho de que otro hombre se acercara a la barra y, ya algo ebrio, pidiera una cerveza. Tras entregársela, volvió a su tarea de limpiar un lado de la barra que no lo necesitaba.

Por supuesto, la reacción de Yuuri no era lo que Víctor había esperado. Bebió de una vez el contenido restante de su vaso y pidió más, tratando de llamar de nuevo la atención de Katsuki; sin embargo, solo se encontró con una pared de indiferencia que, tuvo que aceptarlo, le dolió. En silencio intentó convencerse que tal vez la táctica no fue la adecuada. A fin de cuentas, no había dicha nada claro aún y tal vez Yuuri simplemente no había terminado de comprender el sentido, aunque claro que Víctor, en ese caso, hubiera esperado siquiera algún mínimo interés de su parte por intentar entenderlo…  Alguna pregunta, algún “¿Qué quieres decir?”. De todas formas, si su ánimo se encontraba ya algo ambivalente, eso terminó por hundirlo en un pozo sin fondo. Ni siquiera tuvo el ímpetu de ponerse de pie e irse con la dignidad intacta, dejando que Yuuri sopesara lo dicho por más tiempo si le era necesario. No, se mantuvo en su sitio, dejando que Yuuri llenara su copa una y otra vez, hasta el punto en que el tiempo terminó por desdoblarse en su percepción. Lo que para él fue cuestión de unos minutos, transcurrieron en realidad un par de horas.

A las cuatro de la mañana, ambos eran los únicos que quedaban en el bar. Pese a que Yuuri moría de cansancio, no se había atrevido a pedirle a Víctor que se fuera. Pero ese punto fue su límite, sobre todo, tras aceptar que si no le decía algo, él iba a ser capaz de quedarse hasta la siguiente hora de apertura. Víctor en ese momento se encontraba recostado sobre la barra. No dormía, no estaba inconsciente…  no del todo, por lo menos, pues su vista se mantenía fija en la copa a su lado, misma que contenía ya solo un trago más de whisky.

—Voy a cerrar el bar —Yuuri anunció mientras su mano se posaba sobre el vaso para quitarselo. Sin embargo, no esperó una reacción tan viva y eficiente de alguien que parecía estar ahogado en alcohol: Víctor estiró su mano al instante, apenas los dedos de Yuuri apresaban el cristal, y logró tomar con firmeza el otro extremo de la copa para evitar así que se la llevara.

—¿Y qué hay si no quiero irme aún?

Yuuri tragó seco, ya que reconoció un tono claro de amenaza que Víctor solo usaba en momentos tensos. No, eso no se veía nada bien.

—Voy a cerrar el bar —Aun así insistió, como siempre hacía, sin ser capaz de calibrar cuando era peligroso continuar presionando. Ya lo había demostrado antes: ni siquiera cuando tenía una pistola apuntándole a la cabeza era capaz de hacerlo.

No obstante, nunca esperó que una sonrisa algo boba, digna de cualquier borracho, se dibujara sobre la boca de Víctor y que, junto con ella, la tensión de instantes antes desapareciera.

—Siéntate y toma algo conmigo.

Ambos sostenían todavía la copa, ninguno interesado en soltarla pronto y permitir que el otro ganase.

—Yo… no tomo.

—¿Eres barista y no tomas? ¿Qué clase de criatura rara eres? —Víctor intentó jalar la copa hacia él, pero Yuuri ejerció mayor presión para que no pudiera quitársela.

—¿Para qué quieres continuar? ¿No crees que ya has bebido demasiado? No estoy de humor para que intentes dispararme otra vez…

Yuuri soltó el vaso tras sus palabras y Víctor se encogió sobre la barra antes de soltar una carcajada potente. Durante unos segundos, Yuuri se sintió algo avergonzado, y trató de contener su risa al apretar sus labios con demasiada fuerza. Realmente no había pretendido ser gracioso, simplemente el comentario nació sin más, sin que se diera cuenta.

—Nadie murió, no debes preocuparte por eso.

—¿Por qué debería arriesgarme? —El tono de Yuuri era algo chillona, pues aún se esforzaba por no reír; no obstante, era incapaz de contener las sonrisas que se le escapaban por los labios cada vez que los movía—. Estabas borracho la última vez.

—¡Yo no lo estaba! —Víctor se fingió ofendido—. No… tanto… — admitió al final.

—Te tenía demasiado cerca como para saber que lo estabas…  Apestabas a alcohol. —Yuuri se reprendía mentalmente: ¿por qué no cerraba la boca de una maldita vez? ¿Por qué no podía dejar de sonar gracioso?

—Vamos, solo toma una conmigo y nos iremos —Víctor se levantó de su asiento y agitó la copa semi vacía casi contra el rostro de Yuuri. No se la ofrecía, estaba pidiendo que la llenara de nuevo.

Obviamente Yuuri intentó quitársela otra vez, pero Víctor fue más rápido al retroceder y alejarla de su alcance. Una vez de pie, era bastante obvio cómo su cuerpo se tambaleaba, lo cual era normal para alguien que había tomado demasiado; aun así, sus reflejos parecían mantenerse intactos, lo cual era algo…   Impresionante, pensó Yuuri.   

—Voy a cerrar el bar. Te dejaré aquí encerrado si no te vas ahora.  

—No puedes. Este es mi bar —La voz de Víctor había tomado un aire infantil, risueño .

—No, el bar es mío. Parte de las ganancias son tuyas.

Víctor sonrió casi con ternura y rio. Qué giro tan interesante había dado la noche. Él, que ingenuamente la había dado por perdida, cuando la realidad era que tan solo dio un primer golpe no muy efectivo…  Ese había sido tan solo su primer intento, en algún momento iba a encontrar la medida exacta para hacer a Yuuri caer.

—Yuuri, ¿sabes? Deberías apreciar la posición en la que estás. Con todas las insolencias que has hecho hacia mí hasta ahora, a cualquier otro ya le hubiera cortado la lengua y sus restos estarían flotando por ahí, en algún río… Si no lo he hecho aún contigo, es por algo, ¿no crees?

Víctor bebió de un solo trago el resto de su bebida y colocó la copa en la barra, frente a Yuuri. Después simplemente salió. Ese fue su segundo golpe, uno que dio muy cerca del blanco.


Víctor Nikiforov. Ese nombre se había vuelto como una clase de virus dentro de la cabeza de Yuuri. Ya no solo eran los sueños que tenía con él y el disparo, ya no solo eran las preocupaciones básicas de buscar una manera de huir de ese mundo y su poder, era que incluso en momentos de vigilia, cuando no había nada que lo aludiera de forma indirecta, ese nombre golpeaba de pronto en las paredes de su mente. Incluso lo pensaba fuera del bar, en casa, cuando no sentía su mirada persistente puesta en él, pero la sensación se mantenía como si lo estuviera.

Era inquietante de una manera que no sabía describir, era un sentimiento tan parecido a aquel que nacía con esos sueños recurrentes sobre Víctor y el disparo, esa sensación que debía ser miedo, pero que en realidad no inspiraba nada desagradable, sino que solo era confuso, fuera de lugar. Sentía que se encontraba en un sitio parecido al de Phichit días antes, donde miraba nerviosamente la entrada del bar cada vez que le era posible, esperando ver a Nikiforov entrar en cualquier momento. Se sentía ansioso, incluso esa necesidad de retarlo había desaparecido y ya no se creía capaz de sostenerle la mirada como antes, sobre todo cuando las últimas palabras que le había dicho un par de noches atrás continuaban girando en su cabeza, haciendo papilla cada uno de sus pensamientos coherentes. Dentro suyo se imaginaba la respuesta de ello, pero aún era algo pronto para que tuviera sentido alguno en su realidad, sobre todo cuando la idea de que todo giraba entorno a su contacto con Leroy seguía aferrada con fuerza a su cabeza.  

Esa noche en especial no deseaba ver a Víctor y, aunque era ya algo tarde, no dudaba que todavía pudiera aparecer. Y tuvo razón.

Cuando la puerta se abrió de forma brusca y el tumulto comenzó, Yuuri se encontraba sirviendo unas cervezas en una mesa cercana a la entrada. Era una situación inusual, sin duda, e incluso tardó en darse cuenta que se trataba de Víctor debido a que varios hombres lo rodeaban y cubrían con sus cuerpos. Todos caminaron con un paso rápido, como si en cualquier momento estuvieran a punto de correr, y ninguno tomó en cuenta a todos los presentes en el bar que miraron la escena entre expresiones asustadas y confusas.

Yuuri se mantuvo en su sitio, sin saber realmente qué hacer. ¿Acaso eso que estaba ocurriendo debía preocuparle? Dio unos pasos al frente cuando miró al grupo, de no más de cinco hombres, subir las escaleras, seguramente en dirección a la habitación privada de Nikiforov. Apenas distinguió la espalda curveada de Víctor sobre su propio cuerpo, su cabello largo y plateado agitarse por la rapidez con que subía. Dio un paso más y su pie resbaló un poco con algo líquido en el suelo… Cuando bajó la mirada y se encontró con algunas gotas de sangre que instantes antes no habían estado ahí, lo comprendió.

El cuerpo de Yuuri se movió solo y, antes de que se diera cuenta, se encontraba ya dentro del cuarto privado, sin haber pedido permiso para entrar o siquiera anunciarse. Lo primero que buscó fue a Víctor, quien en ese momento estaba recostado ligeramente en uno de los pequeños sofás. Tenía su brazo derecho sobre el rostro, ocultándolo a la mirada de Yuuri, y el izquierdo era sostenido por Christophe mientras envolvía esa mano con un paño aparentemente húmedo. Pero más que todo eso, lo que saltó inevitablemente a la vista de Yuuri fue la sangre: las pequeñas manchas circulares que Víctor tenía sobre su camisa blanca, el par de hilos rojos que escurrían de su rostro oculto…  y la que comenzaba a teñir poco a poco el pedazo de tela con que su mano era cubierta.

Apenas Yuuri entró, los otros tres hombres que rodeaban a Víctor, entre ellos Plisetski y Altin, dirigieron su mirada hacia él. Incluso Yuri se acercó un poco, a punto de tomarle del brazo para sacarlo de ahí, pero todos le perdieron interés a su presencia cuando de los labios de Víctor se escuchó un “Der’mo”(1) impregnado de dolor. Al parecer había intentado erguirse un poco, provocando que el dolor de sus heridas se resintiera con intensidad. Sin embargo, el movimiento había hecho que su rostro quedara descubierto y, gracias a ello, Yuuri pudo ver que no solo las marcas circulares y sangrantes se encontraban en su pecho, sino también en su rostro, como si alguien hubiera presionado objetos circulares y filosos contra su piel hasta lograr abrirla y hacerla sangrar.

Yuuri no entendía por qué todos estaban ahí en lugar de un hospital, si era más que obvio que Víctor había sido herido de alguna forma…  Sin comprender aún la gravedad, era consciente de que él necesitaba atención, ¿entonces por qué no lo llevaban a un sitio donde pudiera recibirla?

—Está herido, debe ir a un hospital —Yuuri sonó exasperado, tanto que no notó el tono de orden y firmeza que imprimió en sus palabras.

De todas formas, esa firmeza desapareció cuando casi todos los presentes dentro de esa habitación volvieron a mirarlo, pero ahora con un gesto de fastidio: era como si Yuuri hubiera dicho algo muy estúpido y fuera de lugar, y ellos se lo estuviera recriminando.

—Q-qué adorable… —Víctor jadeó con dolor, mientras intentaba dedicarle una temblorosa sonrisa.
Yuuri en ese momento quiso golpearse la frente, pues bastó esa multitud de miradas sobre él para que pudiera comprenderlo: claro, era bastante obvio que no podrían llevar al líder de la mafia a un hospital cualquiera, sobre todo si lo que había ocurrido con él estaba relacionado con alguno de sus “negocios”.

—Ya alguien vendrá, ¡así que largo!  —Plisetski gruñó entre dientes, evidentemente frustrado de no poder hacer nada más por Víctor que esperar. Finalmente terminó de acercarse a Yuuri y tomarlo del brazo, como había sido su intención inicial.

—No…  —jadeó Víctor de nuevo—. Salgan todos… Menos tú, Yuuri.

Por supuesto, Yuuri dejó de comprender otra vez.


(1): Mierda.

4 comentarios sobre “Capítulo 7: Nombres

  1. Tengo que admitir
    que personalmente este fic ya se ganó el lugar de favorito entre los pocos AU/mafia x YOI que e leído. Grácias por seguir compartiendolo. ✨👍

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: