Capítulo 6: Algunos miedos


Los ojos de Nikiforov, que tantas veces ardían en violencia, estaban ahí, enfrente suyo, mirando hacia la misma dirección que la boca de la pistola apuntaba: justo a su cabeza. Pero Yuuri, sin embargo, no lograba sentirse atemorizado, pese a que era consciente de lo que podría ocurrir si esa arma era disparada en ese momento. Recordaba el dolor de la primera vez, aún palpitante en su hombro como un recuerdo imposible de borrar, y podría reinterpretarlo para imaginarse cómo sería si un hueco parecido se abriera paso por su cabeza. La imagen, que debía generarle miedo y dolor, le provocaba en realidad el deseo de ver a Víctor apretar el gatillo, revivir ese justo instante en que el mundo pareció alentarse para ambos y pudo ver con precisión el reflejo rojizo del disparo titilar en las orbes azuladas de Nikiforov, su cabello largo ondear por las vibraciones y esa sonrisa curveada, y el disfrute en ella, de quien no se ha arrepentido de disparar.

Yuuri nunca apartaría sus ojos de esa imagen…  y la repetiría una y otra vez, aun cuando el dolor se volviera igualmente perpetuo. Pero lo que ocurrió en ese instante no fue como la imagen grabada de sus recuerdos: la sonrisa de Víctor no se formó sobre sus labios y esos ojos, mismos que solían ser tan profundos e indescriptibles, que solían representar a la seguridad misma, se abrían como mares transparentes hacia él y le dejaban ver duda, temor, la imposibilidad y el deseo de no proseguir que habían descritos dentro del alma de Víctor. Él no quería disparar…
Yuuri quiso abrir sus labios y tener el tiempo suficiente para decirle que no debía hacerlo, pero apenas un “no” lastimero logró escapar de ellos antes de que el resto fuera ahogado con el sonido de la detonación.

No obstante, no fue ese ruido dentro de sus sueños el que lo despertó: fue un grito, proseguido por varios “Lo siento” agónicos y repetitivos que habían comenzado a escapar de quien se encontraba en la habitación de al lado, como si se tratase de una letanía. Para Yuuri eso ya no era una sorpresa, no era la primera vez que ocurría, sino la quinta consecutiva dentro de esa semana. En ese momento Phichit era atormentado por una pesadilla que involucraba a Nikiforov y su arma. Resultaba tan extraño, porque Yuuri podría jurar que ambos tenían la misma clase de sueño, donde eran heridos una vez más por Víctor; pero, a diferencia de Phichit, ni siquiera la primera vez que ocurrió, Yuuri se sintió tan atemorizado y perdido como él. Nunca se vio en la necesidad de hacerse un ovillo en la cama, de cubrirse con la sábana para intentar ahogar las lágrimas que no podría contener. Justo como la imagen que veía de Phichit en ese momento, cuando corría a su habitación, a su auxilio, y lo encontraba tembloroso como un niño que se creía a punto de morir entre las fauces de un monstruo.

En ese punto solo podía recostarse a su lado y dejar que Phichit buscara su calor humano entre las sábanas, que lo abrazara y pegara contra sí, para que no se supiera solo, para que recordara como él se había interpuesto entre Nikiforov para salvarle la vida. Para Phichit, Yuuri era su salvador; pero este, al contrario, no podía dejar de sentir la culpa palpitar sobre su pecho, casi hasta hacerlo vomitar a borbotones de su boca. Si desde siempre no hubiera aceptado ese trato, no estarían sumergidos en aquel dilema de escapar para intentar salvar su vida o mantenerse fiel a un hombre que de nuevo podría enloquecer. En ambos bandos ya se encontraban en desventaja, en un peligro constante con el cual tendrían que aprender a lidiar. Era obvio que para Yuuri no implicaba más que un par de noches de insomnio y algo de temor; en cambio, para Phichit, aquello representaba terrores nocturnos que se traspolaban a su realidad. Yuuri estaba dispuesto a enfrentarse a las consecuencias de sus decisiones, fueran cuales fueran, pero no podía soportar ver a Phichit desmoronarse por estar pagando un precio que no le correspondía.

— No es tu culpa… — llegaba a escuchar entre los sollozos de su amigo.

Y Yuuri apretaba los labios y sus ojos para evitar llorar junto a él: claro que lo era.


Phichit no había querido volver al bar después de lo ocurrido: Yuuri lo comprendía muy bien. La forma en que ambos lidiaban con la situación resultaba por demás diferente, pese a que ahora Yuuri sentía la urgencia de intentar resolverlo todo por el bienestar de su amigo. Por eso, tras algunas noches de cavilar cada una de sus opciones, tenía ya un plan: iba a contraofertar lo que JJ Leroy le había ofrecido. Le daría el bar y la información que quisiera, incluso se ofrecería a permanecer a lado de Nikiforov como una clase de informante siempre y cuando le asegurara que su prioridad sería sacar a Phichit de la ciudad y mantenerlo a salvo. Lo que le ocurriera a él mismo ya no le importaba tanto.

Era una idea que, para ese entonces, no había comentado con Phichit todavía…  Y no tenía planeado hacerlo, por supuesto, no necesitaba su permiso para llevarla a cabo, sobre todo ahora que se sentía tan decidido con ella. No obstante, había algo que se interponía: JJ no había tenido contacto aún con ellos. ¿Acaso se había arrepentido del ofrecimiento? Recordaba que él le había dado el tiempo para que lo pensara y le dijo que lo buscaría para saber su decisión final, pero habían pasado tres semanas de eso y no había señales de que sucedería ese contacto. Mas de alguna vez Yuuri pensó en ir a The King para buscarlo de forma directa, sin embargo, no sabía de qué formar lograrlo sin terminar por exponer su plan a Nikiforov antes de hacerlo concreto. En ese punto, Yuuri era más consciente de que no siempre se encontraba solo, sino que era observado a cada instante de su día. Incluso, alguna vez llegó a reconocer, en varias partes de su trayecto al bar, a un hombre que lo seguía y quien podría jurar le servía a Nikiforov. Después de sus muestras de rebeldía y de cómo se había atrevido a enfrentarse a él, era un resultado bastante obvio que terminara siendo vigilado por su “socio”.  Tal vez incluso Víctor supiera ya del contacto que había tenido con JJ y a ello debía la vigilancia… Y, tal vez por eso, Leroy no había querido acercarse aún para cerrar el trato, porque resultaba peligroso para ambas partes. Eran bastantes posibilidades, por esta razón, por el bien de Phichit, era mejor no seguir haciendo movimientos imprudentes, sino continuar con su día a día como si nada estuviera ocurriendo. Ya encontraría el momento adecuado de actuar.

—¿Quieres más?

La voz de Phichit hizo a Yuuri despegar la vista del plato vacío y mirarlo a él, quién esbozaba una sonrisa temblorosa en espera de su respuesta. Yuuri odiaba ver ese tipo de gestos en su amigo, con ese aire de falsedad y esfuerzo en aparentar que todo estaba bien cuando no era así. Tampoco le gustaba que, desde que le confesó que no deseaba volver al bar por miedo a encontrarse con Nikiforov, insistiera en cocinar todos los días como si eso fuera alguna clase de recompensa por “abandonarlo”. No era porque a Yuuri no le gustara su sazón, caso contrario, sino porque sabía que ese ofrecimiento nacía de una culpa que no debía existir. Era Yuuri quien debía mostrarse afligido en aparentar que todo estaba de maravilla para tranquilizar a su amigo, era quien debía tratar de compensar cada una de las estupideces que había hecho hasta ese entonces. Él era el responsable, él era quien debía disculparse.

En todo caso, Yuuri le sonrió de vuelta y extendió su plato hacia él, pidiéndole que le diera solo un poco más. El resto de la comida transcurrió en un intraquilo silencio, como si las cosas banales por hablar se hubieran terminado, pero al mismo tiempo ambos supieran que habían temas pendientes que discutir. Yuuri no quiso contarle que ese día había recibido un mensaje de Nikiforov donde le pedía que, recién a la hora de apertura del bar, tuviera preparada ya la habitación privada y algunos tragos especiales, pues tendría una reunión con algunos socios que eran de suma importancia. Eso era una novedad pues, desde lo ocurrido con Phichit, Víctor tampoco había puesto un pie en el bar y esa sería la primera vez que tendría que verlo frente a frente después de tener su pistola nuevamente apuntándole. La idea, más que desagradarle, le generaba una extraña opresión en el estómago a la cual no sabía adjudicarle alguna clase de sentimiento. Por una parte no deseaba tener que enfrentarlo, era obvio, pero por otra no se sentía tan disconforme con la idea como hubiera esperado. Claro que todo eso le resultaba confuso para sí mismo, sobre todo porque se imaginaba lo que Phichit sentiría si es que se lo llegaba a mencionar o, peor aún, él se encontrara en su lugar. De todas formas, el ver a Víctor de nuevo no era algo que pudiera evitarse, por lo que darle vueltas, sabiendo que no obtendría nada en claro, no tenía sentido. Por eso se esforzó en mantener sus pensamientos lejos de ese tema hasta que tuvo que salir de casa.
Llegó una hora antes de que el bar abriera de forma oficial y, durante todo ese tiempo, se encargó de los preparativos: limpió y adecuó el lugar privado que Víctor utilizaba para sus negociaciones y se aseguró de tener preparada ya una ronda amplia de bebidas que también le había especificado en su mensaje.
Cuando Georgi llegó, poco antes de abrir, Yuuri terminaba los últimos martinis. Como era ya costumbre, después de ser recibido con un ánimo ambivalente, Georgi preguntó sobre el estado de Phichit.

—Se encuentra mejor… —esa era siempre la respuesta de Yuuri, aunque le pareciera que en realidad no hubía alguna mejoría notoria. Las pesadillas continuaban presentándose noche tras noche y, en cada comida, se daba cuenta del cansancio marcado en los ojos de su amigo, ese cansancio de alguien a quien no le fue posible dormir por ser acosado por terrores nocturnos. De todas formas, no es que quisiera entrar en detalles con Georgi, no era un amigo al fin y al cabo, era solo un empleado y compañero de trabajo a quien le gustaba más hablar de sus propios problemas que escuchar el de los demás. Por eso, siempre que él veía una oportunidad al crearse un silencio con alguien, comenzaba a relatar la nueva noticia respecto a su exnovia y sus variados intentos de reconquistarla, los cuales tampoco parecían tener algún avance.

Después de escucharlo desahogarse un poco, Yuuri subió al cuarto y dejó los últimos martinis sobre una mesa de cristal. Fue inevitable que en ese punto, cuando los deberes urgentes habían terminado ya y tenía un par de segundos para tomar un respiro, todo aquel asunto referente a Nikiforov volviera a salir a flote en su cabeza. Y, con ello, recordara cada uno de los sueños que había tenido con él, cada temor que afloró desde el primer disparo. Justo así, era curioso darse cuenta cómo este había evolucionado: no tuvo tanto miedo cuando, tras recibir la bala en su hombro, se plantó frente a Víctor para proponerle un trato para salvar a Celestino; en cambio, sí se aterró cuando lo vio asesinar a un hombre en el callejón y claro que sintió su corazón clavado con cientos de cuchillos cuando lo miró apuntar hacia Phichit…  Sin embargo, cuando fue su propio cuerpo el que se entrometió en el camino de una posible bala, el temor se disipó un poco y volvió a ser tolerable. Casi parecía que temía más por el bienestar de otras personas que por el propio, pero también sabía que eso no era de forma general, no lo remitía a todos los casos, sino que solo era sólido cuando se trataba de Víctor. ¿Por qué? Algo en él daba miedo, eso era obvio, pero para Yuuri, era una clase de temor que le inspiraba una extraña fuerza y valor para intentar sobreponerse y enfrentarlo, como si supiera de antemano que podría con él. Lo mismo ocurría con esos sueños constantes, aquellos que debía catalogar como “pesadillas”, pero que realmente le generaban un sinfín de impresiones y sentimientos contrarios a lo que debían: miedo.
Suspiró, alzando un poco sus anteojos para masajear el puente de su nariz. ¿En qué momento había terminado por enloquecer? E instantes después de ese pensamiento sonrió: Phichit le hubiera dicho que sucedió después de proponerle el trato a Nikiforov.

Salió de la habitación con calma, pero cuando cerró la puerta tras de sí, se detuvo al escuchar varios pasos retumbar por las escaleras, junto a una voz alta y un claro acento ruso que lo hizo estremecer. Miró la hora en su celular: eran las siete en punto. De alguna forma, no se sentía tan sorprendido de que Víctor fuera tan puntual, sin embargo, sintió su estómago encogerse ante el inevitable destino de tener que verlo de nuevo. Claro que sabía que eso iba a suceder, pero no se imaginaba que sería tan pronto, tan de repente, cuando él recién hubiera hecho su entrada al bar. Creyó que tendría más tiempo para asimilarlo y prepararse.
Pegó su espalda contra la pared cuando distinguió la figura de Nikiforov en los últimos escalones. No solo para dejar el espacio suficiente para que Víctor y quienes lo acompañaban pudieran pasar, sino con la esperanza de que aquello fuera suficiente para que ninguno de ellos le prestara algo de atención. Apretó la bandeja vacía contra su pecho, mientras sentía un asfixiante nerviosismo danzar por los latidos de su desbocado corazón. Incluso notó algo de sudor en sus manos. Pero, pese a lo que sería una reacción obvia de sumisión de cualquier otro, bajar la vista y evitar el contacto en lo posible, Yuuri fue invadido por un impulso estúpido y casi suicida de no correr la mirada hacia otro lado. No, su vista se clavó de manera brusca y evidente en el rostro de Nikiforov, quien guardó silencio por un par de segundos al sentirla sobre sí.

Durante ese breve instante, aquellas dos tonalidades dispares explotaron en una silenciosa batalla. Yuuri entrecerró un poco los ojos contra él, sin notarlo, como si estuviera retando a Nikiforov de alguna forma. Y él, en cambio, se mantuvo inmutable, pero analizando cada gesto de Yuuri mientras sus labios volvían a moverse para continuar la conversación que tenía con los tres hombres de traje que lo acompañaban. Todos notaron ese agresivo juego de miradas, incluso Christophe y Plisetski, quienes cerraban por detrás la comitiva. Mientras se podía notar la intensidad y pesadez en la mirada que Yuuri dirigía hacia el otro, Víctor demostró apenas un dejo de interés, como el de quien ve la mancha de una pared sin darse cuenta; pero justo cuando el contacto visual entre ambos se rompió, Víctor esbozó una pequeña sonrisa de lado que nadie observó.
Hasta ese momento, Yuuri había sentido como si un extracto de la realidad se expandiera hasta rodearlos solo a los dos. Y esa mirada fija había sido instintiva, sin un propósito fijo o de tener plena consciencia de lo que hacía, sobre todo cuando su pensamiento lógico había sido evitarle la mirada en lo posible.

—Tú buscas que te mate de verdad, ¿no? —la voz de Giacometti lo hizo sobresaltar un poco, pues ni siquiera había tomado en cuenta que ni él ni Plisetski habían entrado en realidad junto con Víctor, sino que se encontraban afuera, tal vez para hacer guardia.

—No es más que un suicida…  o un idiota —escuchó mascullar desde los labios de Yuri.

—O ambos —Christophe agregó con gracia, encogiéndose de los hombros momentos después.

Yuuri, por supuesto, no había sido consciente de su actuar hasta que aquellos dos le hicieron notar su imprudencia. Y fue obvia la sorpresa dentro de sí mismo al caer en cuenta de lo peligroso que había sido eso…  ¿Retar con la mirada a Nikiforov?

—Mejor vete, chico, algún día tu suerte se te va a acabar.  


Víctor intentaba enfocarse en el blanco que tenía enfrente suyo. Sentía la presencia de Christophe tras su espalda, como un perro guardián que trataba de asegurarse que su excelente tiro no se viera menguado bajo alguna distracción. Aun así, su mente era la que no le había permitido sentirse él mismo cuando sostuvo su arma. Llevaba diez disparos contra la silueta plástica que se asemejaba a un torso humano, y de esos, había logrado solo acertar cuatro en puntos no críticos, donde realmente no inmovilizaría o mataría a su enemigo.

Sabía que Chris se estaba conteniendo de reprenderlo o, quizá, tratar de averiguar directamente qué de todo lo acontecido en días pasados lo mantenía tan disperso. Seguro creía que se trataba del asunto de Sina y Fould, el cual, pese a que aún podía encogerle el corazón a Víctor y llenarlo de rabia cada vez que lo recordaba, había logrado recobrar por completo la compostura tras su arranque y en ese punto podía visualizar todo de mejor manera, con la cabeza y el corazón frío para pensar en cómo cobraría su venganza por la sangre derramada. Ahí también entraba la segunda cuestión que Chris pensaba podría mantener distraído a Víctor: el negocio que estaba intentando robar a su padre con la empresa Rillon, un multicorporativo de ventas que era el principal sitio donde Nikiforov padre se encargaba de vincular “legalmente” la cantidad millonaria de dinero que obtenía por parte de sus otros “negocios”. Víctor lo sabía bastante bien, ya que era un encubrimiento que su padre había manejado durante años, incluso antes de que él naciera, y por eso había emprendido su mayor esfuerzo en cerrar esa tan importante vía de lavado de dinero. El dueño y los accionistas mayoritarios fueron con quienes Víctor se había citado la noche anterior en el Bar On Ice, en esa importante junta a quien Yuuri le encargó los detalles. Las negociaciones, por desgracia, no habían salido del todo bien, puesto que aquellos hombres parecían bastantes fieles a su alianza con Nikiforov padre —Víctor se podía imaginar la clase de cantidad millonaria que ellos recibían por el negocio—. De todas formas, él era consciente que ningún humano es enteramente fiel y que, de saber mover bien las piezas, todo en la vida tiene un precio y es negociable. No obstante, no iba a ser tan sencillo llegar a eso como creyó, sin contar con el hecho de que se estaba moviendo en un terreno demasiado peligroso puesto que corría el riesgo de que su padre se enterara de sus intenciones y volviera a contraatacar. Pese a todo, Víctor estaba más que decidido a ya no detenerse hasta lograrlo.

Con todas esas preocupaciones tan importantes que tener en cuenta, resultaría curioso y hasta sorprendente para Chris descubrir cuál era la verdadera razón de la distracción de Víctor, y como esta tenía en realidad nombres que comenzaban a serle familiares: Yuuri Katsuki y Alexis…  Aunque, más que por ellos mismos, era por el parecido enorme que el primero tenía con el segundo, así como aquello que representaba una enorme diferencia entre ambos y que volvía especial a uno de ellos.

Fue ese parecido el que llamó la atención de Víctor cuando llegó al bar por primera vez. Yuuri fue la razón por la que aceptó realizarle el préstamo a Celestino, y también por qué, pese a ser un negocio insignificante que no merecía ni su más mínima atención, quiso hacerse cargo personalmente de él en lugar de encargárselo a alguno de sus trabajadores. Fue gracias a Yuuri también que Víctor aceptó darle a Celestino más tiempo para saldar su deuda cuando el tiempo límite llegó y él no tenía el dinero para pagarlo… Y fue por ese parecido por el que Yuuri, y no Phichit, recibió el disparo de advertencia. Víctor tenía que admitir que siempre fantaseó con la idea de hacerle eso a Alexis, y hubo una satisfacción algo grotesca en ver aquello realizado en unas facciones tan similares…

Alexis siempre resultó para él un pilar interesante sobre el cual mantener estable su tiempo libre y entretenimiento, pero con el paso de los meses y la novedad, terminó hastiado por la vulnerabilidad y la sumisión que siempre resultó en él…  De alguna forma se imaginó a Yuuri pareciendósele incluso en eso y por eso le fue tan sorprendente cuando él se paró enfrente suyo, aun con la herida del disparo fresca en su hombro, y tuvo los huevos de ofertarle un trato que mantuvo a sus términos hasta el final. Y esa no fue la última de sus sorpresas con Yuuri Katsuki: cada día, él le comprobaba de distintas formas que su carácter difería demasiado de lo que siempre detestó de Alexis, porque continuaba retándolo cada vez que le era posible; seguía interponiéndose entre sus balas, incluso para salvar a su amigo; seguía mirándolo de forma retadora y agresiva, como si no le tuviera miedo, como si no supiera que en cualquier instante podría sacar su arma y darle fin a su vida… O como si realmente lo supiera y aun así estuviera tentándolo a hacerlo.

Y eso…

Víctor realizó un nuevo tiro y, por supuesto, lo falló como el resto. Eso era demasiado, por lo que fue imposible que Chris contuviera de nuevo un gesto de frustración.

Le encantaba de él.

Víctor, por su parte, sonrió pese al fallo, de una forma tan amplia que parecía apunto de reír a carcajadas. Chris creyó que era suficiente, aunque eso le resultara extraño: para Víctor Nikiforov nunca había un “suficiente”.
—Tal vez debes tomar un descanso, Víctor —sugirió Chris mientras caminaba hasta quedar a lado suyo. Fue entonces cuando notó la sonrisa, misma que le hizo arquear una ceja: pensaba que Víctor iba a sentirse más frustrado que otra cosa—. ¿Qué ocurre? No es normal que estés distraído. Y que falles tanto…  Y que ni siquiera parezca importarte.

Víctor lo miró en silencio unos segundos antes de comprender lo que implicaban las palabras de Chris. Peinó su cabello hacia atrás, permitiendo finalmente que esa carcajada que había estado conteniendo finalmente escapara.

—Mierda…  —masculló al final de su risa.

—¿Qué ocurre? —Chris insistió, mostrándose genuinamente preocupado.

—Yuuri Katsuki…   eso ocurre.

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