Nueve Sakura


Moskovsky es uno de los distritos de San Petersburgo, considerado la puerta sur de la ciudad y es por esa salida que un Granta Sport circulaba a velocidad promedio por la ruta E20 en dirección a Cheremykino, una pequeña población con una estación de servicio y algunas tiendas de paso.

La zona era boscosa y estaba circundada por terrenos de cultivo era el escenario ideal para albergar una casa solitaria que se distinguía en la imagen satelital a penas por su techo y la punta de la chimenea hecha de piedra.

El Mayor Víctor Nikiforov estaba al volante muy seguro que su corazonada era lo único que debía seguir para encontrar las respuestas a todas las preguntas que se hizo durante tantos años. Junto a él, el teniente Katsuki revisaba una y otra vez el mapa satelital que Yuri Plisetsky había compartido minutos atrás y cotejaba los lugares por donde pasaban con la pantalla del celular.

 Víctor había decidido apagar los radio comunicadores ya que a esa distancia solo harían ruido y no los necesitaban. Además, el Mayor pensaba que tal vez sería una visita protocolar para determinar quién o quienes vivían en esa alejada propiedad.

Lo más probable sería que luego de inspeccionar la casa por fuera trataran de encontrar a la gente que vivía alrededor para preguntarles sobre sus habitantes y su rutina diaria, si habían notado algo sospechoso o si eran gente de bien, como muchas personas suelen describir a sus vecinos; pero el oficial lo pensó bien y recordó que los vecinos más cercanos a esa propiedad eran los trabajadores de una estación de servicios y de un market pequeño.

—¿Te sientes bien Yuuri? —El Mayor notó que el teniente no paraba de mover sus pies, punta taco, punta taco; además de sus continuos movimientos de cabeza comprobando las direcciones y esa le pareció que era una actitud inusual para un policía experimentado.

—Nunca antes he disparado un arma… en verdad sí, pero… —Yuuri mostraba cierta agitación y entrecortaba cada vez más las palabras—. Soy el más puntual en el entrenamiento de tiro y conozco bien el uso de diferentes armas, pero… nunca me vi en la necesidad de apuntar y disparar contra un ser humano.

—¿Qué modelo es tu favorito? —El Mayor sabía que debía distraer la atención de su compañero, lo necesitaba tranquilo y firme si querían actuar como equipo.

—La Glock de cuarta generación. —Yuuri se mostró sorprendido por la actitud despreocupada de Víctor aun así decidió seguir con la conversación—. Es bastante ligera y versátil, además no se traba y me permite sujetar bien la empuñadura.

Yuuri portaba una a un lado de su correa oficial y además portaba el arma reglamentaria que todo oficial de policía debía llevar cuando hacían operativos sorpresa en las zonas más problemáticas de Tokio. Apretó un poco los brazos a los costados de su cuerpo y pudo sentir las dos pistolas.

—Yo prefiero los rifles de largo alcance, son muy certeros; pero cuando tengo que salir en misión siempre llevo conmigo la Kots. Ella jamás me ha fallado. —Víctor dio un pequeño golpe a la zona donde tenía guardada el arma—. Su seguro es muy ligero y las cacerinas contienen más proyectiles que otras armas oficiales, es una verdadera belleza, con ella puedo disparar incluso bajo el agua.

Yuuri sonrió cuando escuchó hablar con tanto entusiasmo de un objeto que la mayoría de la gente teme. Recordó de nuevo que él era uno de los mejores en las prácticas de tiro, aun con su miopía podía ser muy certero en sus disparos; solo que en ese momento le gustaría seguir apuntando a blancos de plástico o silicona.

—Yuuri si debes disparar no dudes en hacerlo, nunca dudes, ni por un segundo porque esa pequeña fracción de tiempo representa la diferencia entre la vida o la muerte de tu compañero. —Víctor tenía que ser frontal con el oficial y en ese instante crucial no podía sostener una discusión ética sobre el uso de las armas.

[…]

El capitán Popovich y la teniente Babicheva se dirigieron hacia la zona Oeste de San Petersburgo, a la casa de uno de los empresarios más importantes de construcción de la ciudad, era un militar retirado y que en pocos años había adquirido mucha maquinaria, inmuebles y poder gracias a sus contactos.

Y aunque sabían que el Depredador jamás dejaría alguna prueba en su vivienda, estaban seguros que el perfil lo había descrito a la perfección, un hombre alto, de edad media, residencia fija, disciplinado, que tuviera alguna conexión con las fuerzas armadas o la policía, tal vez con familia y un trabajo estable.

Era el perfecto disfraz para un cazador, nadie sospecharía de un hombre que viviera como un miembro más de la comunidad, mucho menos que fuese un defensor de la ley. Pero Georgi Popovich sabía que esos seres se sentían justicieros tal como lo dijo en una de sus primeras cartas el monstruo.

—¿En qué los puedo atender oficiales? —La hermosa esposa de Pavel Maksimov llevaba un traje de diseñador y olía a alcohol a esa hora de la mañana.

—Espero nos disculpe señora, somos miembros de la oficina de investigación criminal y necesitamos hablar con su esposo. —Gerogi confiaba que la mujer se intimide un poco y les permita tener una revisión somera de la casa.

—Mi esposo está muy ocupado en este momento, tal vez y en un par de días podrían buscarle en su oficina, verá este es mi hogar y tengo un hijo pequeño que podría asustarse con vuestra presencia. —La mujer se plantó firme en la puerta de su vivienda.

—Este es un documento de la fiscalía que nos da autorización de llevar a su esposo a la delegación para hablar con él. —Georgi se las jugó y sacó un documento que correspondía a otra inspección, se lo mostró rápido a la mujer y ésta cedió al pedido de los dos oficiales.

Mila no podía creer que su jefe haya utilizado una artimaña para encontrar al tipo y forzarlo a ir con ellos, mientras salía la verdadera orden del juzgado y eso solo dependía de una llamada suya a la fiscal. La mujer no tuvo más remedio que hacer pasar a ambos agentes y subir para llamar a su esposo que estaba en la bañera en ese momento.

Sin perder tiempo los agentes hicieron una revisión breve de la sala, el comedor, la cocina, el cuarto de estudio del empresario y revisaron algunos cajones y gabinetes. Observaron que tenía una gran colección de armas de fuego de diferentes modelos, luego vieron que poseía muchas medallas y algunas fotografías de sus hazañas deportivas al interior de la institución.

Con cierta prisa pasaron hacia el patio trasero y solo observaron los juegos de los niños y la casa abandonada de un perro. Y por supuesto allí se encontraba la gran camioneta que Yuri describió, era ideal para transportar cualquier cosa y de acuerdo a los videos que revisó Otabek, el vehículo siempre estuvo estacionado en los parques días y horas previas al hallazgo de los cuerpos.

—Oficiales buenos días, qué se les ofrece. —El hombre ataviado con un finísimo traje de marca color azul se mostraba muy calmado. ¿Sería porque no tenía nada que ver con los asesinatos o sería porque era un frío asesino en serie?

—Señor Maksimov queremos hablar con usted, ya sabemos todo y esperamos su amplia colaboración, mi gente en el departamento tiene ubicada esta camioneta como sospechosa de hechos delictivos y ha seguido sus pasos durante estos últimos años. —Georgi tenía que ganar tiempo porque si el hombre le pedía la orden, estaría en problemas.

—¿De qué se me acusa oficial? —Pavel Maksimov siguió hablando con tranquilidad.

—Es sobre las muchachas. —Georgi no quiso decir más porque en las escaleras apareció un pequeño de unos cuatro o cinco años que los miraba con mucho temor.

El hombre asintió y siguió a los oficiales hasta la patrulla, se sentó en el asiento posterior y con extrema frialdad les dijo—. Bueno es mejor acabar con todo esto, los voy a llevar al lugar.

Durante media hora Georgi condujo en absoluto silencio siguiendo las indicaciones que le daba el empresario, Mila coordinaba por mensajes con la fiscal Baranovskaya, que a su vez coordinaba con el juez y ajustaban los requerimientos de una orden de detención, la agente Babicheva le dijo que estaban seguros que era el Depredador; pero lo que les esperaba en el lugar de destino superaba con creces todo lo que habían imaginado.

Un gran cerco eléctrico circundaba el lugar cercano al puerto, el empresario habló desde la patrulla con el encargado de la vigilancia, a lo lejos se veía una construcción similar a las bodegas y almacenes portuarios, un pabellón íntegro que se dividía en dos mitades separadas por un espacio central, a cada lado de esa enorme área apreciaron veinte puertas de acero cerradas por fuera, como si se tratara de una prisión, cada puerta tenía una ventana por donde se podía mirar en el interior. Cuando Georgi se acercó a observar el interior de la primera puerta creyó ver a una mujer durmiendo en una cama estrecha.

—Oiga señorita ¿está usted bien? —Georgi golpeó la puerta con fuerza y la mujer se levantó de inmediato y empezó a gritar y llorar en un idioma desconocido para los oficiales.

Ambos reaccionaron y obligaron con las armas en mano a que el empresario llame a los encargados del lugar para que abran las puertas. Adentro chicas de toda clase y condición se encontraban encadenadas a las camas. Al fondo de la construcción, en una especie de salón lleno de sillas que miraban a un escenario, los oficiales vieron objetos de castigo, sometimiento y tortura.

No les quedó duda, tal vez en medio de una práctica sadomasoquista Maksimov, poderoso empresario y ex miembro de las fuerzas especiales de asalto del ejército de Rusia, sobrepasaba el límite de la tortura y asesinaba a alguna de esas esclavas que tenía prisionera en su propiedad del puerto de San Petersburgo.

Tal vez y existía toda una red criminal de tráfico de mujeres y para desviar la atención, mataban de manera cruel a alguna que otra muchacha y las dejaban aparentando ser un asesino serial.

La teniente Babicheva llamó de inmediato a los refuerzos y confirmó a la fiscal Baranovskaya las sospechas, mientras que el capitán Popovich intentó comunicarse con Víctor, pero éste no contesto sus insistentes llamadas.

—Yuri es importante que nos comuniquemos con Víctor, han encontrado al Depredador, ¿cuántas veces más te lo voy a repetir? —Por más intimidante que se veía Otabek Altin no estaba logrando convencer al chico “Smart” para que indique el paradero de su superior.

Yuri sabía que si era infidente con el pedido de Víctor este podría pedir su separación del equipo y él no quería eso. Así que negó todo el tiempo, no quiso ni mostrar la pantalla de los ordenadores, su abuelo esperaba afuera el final del interrogatorio y sabía que su nieto jamás iba a ser infidente con su superior. Por un lado, Nikolay Plisetsky se sentía muy orgulloso de la actitud de su pequeño, pero por otro deseaba que por lo menos suelte alguna pista para comunicar la gran novedad al hombre que lo había dado todo durante tantos años por encontrar al maldito asesino.

—Te lo voy a pedir por última vez de buena manera o… —Otabek ya había sobrepasado el límite de su paciencia hacía varios minutos.

—¿O si no qué vas a hacer? —Yuri lo miró desafiante.

En menos de un segundo Otabek le hizo una llave chock y a pesar que el oficial era de menor estatura, el nieto del general quedó comprimido entre sus brazos sintiendo que su antebrazo se partía y que el ajuste sobre su cuello le privaba de aire.

Pero Yuri no dijo nada, prefería desmayarse antes de hablar. Ni siquiera su abuelo lo había persuadido con el argumento que Víctor debía estar presente en la captura y tenían que encontrarlo de inmediato.

—Suéltalo gladiador, Yuri no va a hablar si no se le trata con respeto y si no hablamos en el lenguaje que él entiende. —Anya separó a los dos jovencitos, ayudó a Yuri a sentarse, esperó que dejase de toser y que recuperase aliento, luego se acercó insinuante al muchacho—. Hagamos un trato Yuri, si nos dices dónde está Víctor o nos comunicas con él te prometo que te ayudaré con tu problema de castidad este fin de semana.

La hermosa mujer sonrió esperando que su belleza convencería al muchachito, lo había observado desde hacía mucho tiempo y estaba segura que Yuri la espiaba con fines poco románticos.

Yuri le clavó la mirada intimidante intentando descubrir si la promesa era verdadera, luego sus ojos rodaron hacia el escote y finalmente advirtió que el aroma de la capitana lo volvía loco. Anya era tan inalcanzable que perderse esa oportunidad sería lo más estúpido que podría hacer.

—¡Maldita sea, no voy a decir nada! —La voz de Yuri sonó muy firme, pero su dedo índice apuntó a la dirección que le había enviado a Víctor temprano por la mañana. Yuri decidió correr el riesgo con Anya.

La oficial ajustó la entrepierna abierta del chiquillo con su rodilla y susurró a su oído. —Gracias cariño, te lo voy a compensar bien.

Otabek rodó los ojos y se encaminó hacia la puerta, tenía las coordenadas en el celular, debía salir en ese momento para el lugar porque les quedaba un largo recorrido.

—¿Es verdad que encontraron al Depredador? —Yuri se volteó hacia las pantallas de sus ordenadores para disimular la reciente erección que Anya le había provocado—. ¿Por qué están tan seguros?

—¿Por qué lo dices hijo? —El General Plisetsky ingresó a la habitación de Yuri ni bien se solucionó el problema.

—Porque Víctor y el cuatro ojos fueron a un lugar donde se supone que estaba otro sospechoso, Víctor escogió el lugar guiado como siempre por su instinto y ya saben que debemos hacer caso cada vez que ese bobo tiene una corazonada. —Yuri no quería pensar que el Mayor Nikiforov se había equivocado.

—¿Había un sospechoso más? —Los tres oficiales miraron con sorpresa a Yuri y éste ya no pudo disimular su metida de pata.

—Yuri hace más de tres horas que Víctor no contesta nuestras llamadas, ni siquiera ha prendido la radio… —Otabek sí que se molestó en ese instante.

—Él dijo que quería estar seguro que fuera el sospechoso… —Yuri agachó la mirada.

—Pero no puede estar incomunicado durante tanto tiempo. —Ese silencio no era una buena señal, el abuelo de Yuri pensó que los oficiales podrían estar corriendo algún peligro—. Altin, Petrova vayan de inmediato al lugar y tengan mucho cuidado.

Los dos policías salieron a prisa de la casa del General y con las coordenadas establecidas y los mapas abiertos tomaron sus vehículos, ella un Corvette ZR1 y él una moto Kawasaki H2. Adentro en la casa de los Plisetsky Yuri comenzó a experimentar por primera vez la molesta sensación del temor haciéndose presente en la boca del estómago.

—Abuelo… ¿por qué piensas que Víctor y Katsuki corren peligro?

—Hijo, ¿recuerdas que el Depredador señaló que él no había matado a Sakura?

La mirada de Yuri retornó al mapa buscando las coordenadas, deseando que los oficiales se comunicasen otra vez y preguntándose con temor si había otro asesino en serie.

Yuri dejó de sentir el piso bajo sus pies.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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