Tres Sakura


Para las siete de la noche del día siguiente al hallazgo del cadáver de Kaori, a quien los medios de comunicación comenzaron a llamar Sakura por la cercanía de la floración de los cerezos en Japón; veintidós de los cuarenta invitados a la reunión donde se la vio por última vez a la joven habían sido interrogados por el equipo de Víctor.

Sus perfiles de redes sociales permanecían bajo la atenta mirada de Yuri Plisetky y sus comunicaciones tendrían que ser intervenidas por lo que Georgi Popovich estaba haciendo todos los trámites para que la fiscal pida al juez el levantamiento del secreto de comunicaciones de los jóvenes.

Georgi Popovich era un joven policía que trabajaba con mucha dedicación y tal vez sería el mejor de todos si no tuviera altibajos emocionales cada vez que terminaba una relación con alguna chica con la que salía durante meses y a la que no llegaba a enamorar por completo.

A sus veintiocho años había llegado muy lejos dentro del departamento de investigación criminal, solía ser muy diplomático incluso a la hora de investigar, pero eso le permitía ser más persuasivo y escudriñar de mejor manera a los sospechosos, su preparación como psicólogo le había ayudado mucho a entender bien los perfiles criminales y por lo general el apuesto Georgi extraía la información con una sonrisa y una mirada amable de sus oscuros ojos azules. Siempre pendiente de tener bien engominado su lacio cabello negro, siempre dispuesto a secundar a Víctor incluso en sus ideas más locas. Era quien presentaba a tiempo todos sus informes y a quien las chicas del equipo trataban de levantar la moral cuando llegaba con los ojos hinchados y la cara larga.

Durante esas interminables horas de interrogatorios había consumido varias latas de bebidas energizantes, solo así sería capaz de afrontar el trabajo que le quedaba por hacer. No era fácil hablar con los amigos y compañeros de Kaori, pero cada dato, cada detalle y cada palabra que él extrajera de sus confesiones serían importantes para establecer las semejanzas y diferencias entre los casos atribuidos al Depredador y el caso Sakura.

La mayoría de jóvenes había indicado que no se dieron cuenta en qué momento Kaori se había retirado de la fiesta, algunos dijeron que fue entre las diez y diez y treinta de la noche, otros dijeron que la vieron llamando un taxi y otros que alguien llegó a buscarla. Con las versiones tan dispares entre los jóvenes que, además de no recordar los detalles debido al grado de alcohol que llevaban en la sangre ese día, estaban muy asustados y sorprendidos por la noticia; Georgi tenía que hilar fino entre confesión y confesión para que alguno de ellos pudiera dar una pista más válida y certera.

—Vanya, ¿te puedo llamar así? —El muchacho aceptó en silencio y se puso demasiado nervioso para ser un chico que solo estaba conmovido con la muerte violenta de su compañera—. Muchas personas dijeron que fuiste tú el último con el que vieron a Kaori en la fiesta y que incluso te ofreciste a acompañarla hasta la salida.

—Pero no fue así porque en el camino me encontré con otros amigos y ella no quiso esperarme y cuando la busqué para llevarla a su taxi ya no estaba. —El muchacho taconeaba con los pies y movía tanto las manos que parecía no saber qué hacer con ellas, pero Georgi no quiso presionarlo dejó que hablara su versión y luego anotó en su libreta el nombre completo del jovencito. Seguro que Yuri se encargaría de saber incluso cuántas veces compraba profilácticos en la farmacia.

—Gracias Vanya por tu ayuda y si recuerdas algo más llámame por favor. —Georgi extendió su tarjeta de presentación hasta las manos sudorosas del muchacho que luego de despedirse se tropezó con un par de muebles de la oficina antes de salir.

Georgi tenía un sospechoso, no necesariamente de un asesinato; pero sí tal vez un testigo potencial de quién fue la persona que se había llevado esa noche a Kaori. Tal vez el chico tenía miedo de confesar y aunque él como varón no era una posible víctima del Depredador, era mejor ser discretos para no ponerlo en peligro.

En la oficina los teléfonos estallaban, las llamadas con falsos testigos ingresaban cada tres o cuatro minutos y Anya estaba saturada al escuchar que la mayoría de las personas hablaban tantas sandeces que no conducían a nada.

—Víctor en lugar de tenernos aquí contestando a estos estúpidos deberías dejarnos ir a las calles y hablar con la gente de manera directa. —Mila estaba tan cansada como su camarada. Habían dormido muy pocas horas y ni siquiera tuvieron tiempo de maquillarse.

—Otabek ya está haciendo el trabajo, solo serán unas horas más chicas, saben que entre esas llamadas podría estar aquella que nos dé una buena pista. —Víctor terminaba de organizar unos files con pruebas y nuevas fotografías de la escena del crimen, cuando recibió una llamada del mismísimo General del Departamento de Policía de investigaciones de San Petersburgo, Nikolai Plisetsky quien le hacía un pedido especial al que él no pudo negarse a pesar de sentir que la comisión le retrasaría en su trabajo.

—¿Y ahora qué anciano?, ¿nos dejas y te vas de fiesta? —Yuri regresaba del baño a seguir arrancando toda la información posible de la web y la deepweb.

—No importa donde vaya te estaré observando siempre pequeño, así que cumple con tus horas de trabajo, ve a casa a tomar tu leche calentita y mañana luego de la academia regresas a seguir apoyando al departamento. —Víctor sabía que ese trato enfurecía al nieto del mandamás de la policía.

Yuri solo atinó a sentarse refunfuñando y le mostró el dedo del medio a Víctor cuando éste dijo adiós.

A treinta kilómetros de distancia una furgoneta se estacionaba frente a una casa ubicada en un lugar muy desolado. Dos botas con las suelas muy gruesas dejaron sus primeras huellas alejándose del vehículo, quien las calzaba era un hombre de contextura media y que tenía una marca peculiar en la frente.

Al ingresar a la casa encendió la luz de la cocina y buscó algo de tomar en la nevera. Tras abrir dos latas de cerveza y beberlas de un solo trago, las estrujó entre sus gruesas manos y ambas terminaron aplastadas en el cesto de basura. Con cuidado limpió el mesón que se había mojado con hielo y luego de lavar bien el trapo de limpieza lo dejó colgando de un gancho cercano al lavadero.

Se quitó la ropa y completamente desnudo bajó por unas escaleras de madera hacia un sótano que mostraba un corredor largo y oscuro que presentaba tres puertas a cada lado. Sujetó la manija de la última puerta de la derecha y la abrió con mucho cuidado. Se quedó en el umbral contemplando con frialdad el cuerpo tembloroso de una joven no mayor de veinticinco años que esperaba desnuda y atada sobre una camilla de ginecólogo.

Las esposas estaban tan ajustadas que se introducían en la piel de sus muñecas y tobillos. Las cuerdas con las que su cuello, cintura y muslos permanecían pegados al sillón lastimaban su cuerpo y le impedían respirar con libertad. Un trapo sucio había sido introducido en su boca para callar sus gritos y sobre ella pendía una bombilla de luz amarilla que se balanceaba cada vez que el hombre pasaba cerca de ella.

Las lágrimas de la joven no cesaban de resbalar por sus mejillas, había estado llorando durante unas cuatro o cinco horas desde que subió al vehículo de ese hombre que amablemente se ofreció a llevarla a casa. La joven, una bailarina exótica de un club, sabía que un monstruo andaba suelto por las calles de San Petersburgo y que en cualquier momento salía de cacería.

Esta vez ella no sería quien leyera las noticias en los periódicos de los siguientes días, esta vez ella sería la protagonista de la noticia. Había observado los instrumentos que colgaban en las paredes de ese frío cuarto, daba la sensación de estar en el almacén de una ferretería, también había instrumental quirúrgico y no faltaban un taladro, una sierra eléctrica y un martillo automático.

Su suerte estaba echada no tenía ninguna oportunidad, no volvería a levantarse con modorra en las mañanas para ir a estudiar secretariado al instituto, no volvería a ver el rostro de su novio por la pantalla del celular, no volvería a oír los chismes de las chicas en el trabajo y dejaba a un gato que seguramente estaría muerto de hambre y frío como ella.

Se había cansado de gritar y solo esperaba que todo terminase rápido. Para el momento en que ingresó el hombre al mugriento y apestoso cuarto, ella sabía que estaba frente a su juez y su verdugo.

—Isabel esto va a dolerte mucho pequeña, pero el dolor te hará libre y podrás ver el rostro de dios sin ningún temor. —El hombre tomó una vara la puso sobre la zona íntima que se hallaba expuesta, la joven movía su cuerpo por instinto tratando de evitar en vano la lacerante penetración.

Tras un par de minutos en los que parecía que estaba meditando sobre su comportamiento el hombre introdujo sin ninguna contemplación el objeto y la muchacha tensó su cuerpo invadida por el intenso dolor.

El Depredador se tomó su tiempo para profanar las partes íntimas de la joven, dejándolas sangrantes, ardientes y adoloridas. Luego secó el sudor frío que corría por la frente y el pecho de la mujer y a continuación tomó de un mohoso mesón de granito unas pinzas gruesas, de esas que sirven para sujetar los cables de alto voltaje, se acercó a la víctima y tomó su mano izquierda con su inmensa mano callosa, la apretó con fuerza provocando que se estiren los dedos y apretó el artefacto en torno a una de las uñas pintadas de azul con pequeñas estrellas blancas…


Camino al aeropuerto de Narita en Tokio, la oficial Minako Okukawa Jefa de la División de Homicidios de la Oficina de Investigación Criminal instruía a su mejor agente para que cumpliese con la misión que los altos dignatarios de su país les habían encomendado.

—No quiero que pienses que te pido todo tu esfuerzo en esta misión solo porque Hitomi Yoshikawa es mi amiga. Lo que hicieron con su hija, lo que ese hombre hace con las chicas es la peor muestra de odio que alguien puede tener hacia las mujeres.

La oficial tenía la vista fija en la autopista, ella conducía la patrulla y su subordinado asentía con la cabeza y de vez en cuando decía sí a sus indicaciones.

—Quiero que colabores con los oficiales de San Petersburgo y quiero que seas bastante incisivo en los interrogatorios. —Okukawa observaba los letreros que señalaban la cercanía con el terminal aéreo y mantenía la mirada al frente—.  Además, quiero que hagas lo que mejor sabes hacer, tus proyecciones y teorías podrían ser de gran ayuda para los oficiales rusos.

La comandante seguía con su larga lista de recomendaciones mientras el oficial a cargo de la investigación miraba por la ventanilla del auto las flores de los árboles de cerezo y se preguntaba si en Rusia sabían que las sakuras representaban la delicadeza, la inocencia y la belleza de las mujeres; probablemente no.

—Confío en ti y en tu capacidad y por favor dile a la señora Yoshikawa que estoy con ella en este momento tan doloroso. —Minako Okukawa despidió a su subalterno con el saludo formal de la policía de Japón.

—Daré todo mi esfuerzo Comandante Okukawa y vendré con resultados positivos, gracias por la confianza. —El joven oficial ajustó sus lentes y tomó su equipaje entre las manos, al salir del auto se agachó en señal de respeto y luego de hacer el saludo oficial se dirigió hacia el counter de la línea aérea en la que debía viajar a San Petersburgo.

Dos días después que las chicas del club reportaran la desaparición de la joven a quien vieron salir con un cliente habitual que estaba muy ebrio, una llamada interrumpió las actividades en la oficina del grupo de investigación. Habían encontrado a una muchacha y por la descripción de los testigos esta vez las agentes Babicheva y Petrova sabían el nombre de la víctima: Isabel Velásquez. De inmediato las dos oficiales salieron en la patrulla y en el camino se les unió Georgi Popovich para observar la escena del crimen y realizar los primeros interrogatorios.

Al otro lado de la ciudad, el mayor Nikiforov ingresaba presuroso al aeropuerto Púlkovo. Se dirigió hacia el área de arribos internacionales consultando su reloj y cuando llegó a la sala de espera observó la pantalla que anunciaba los aterrizajes y miró con agrado que el vuelo de Japan Airlines había tocado la pista ocho hacía escasos cinco minutos. Eso significaba que la persona a quien debía recoger entraría en la sala de arribos en quince minutos más, tras pasar por los controles.

El mayor Nikiforov se encontraba algo ansioso, tenía una ligera desazón en la boca del estómago y parecía que le faltaba el aire. Observó el cartel que tenía en la mano y no entendió ni uno solo de los signos con los que se escribía el nombre del agente de la policía de investigaciones japonesa que había ido a recibir.

Cuando los pasajeros del vuelo nipón comenzaron a salir por la rampa a recibir sus maletas en la faja trasportadora, Víctor comenzó a observarlos al detalle, no tenía una imagen del oficial que llegaba en ese vuelo, pero sí esperaba a un hombre de veintiséis años de mediana estatura. Todos los japoneses jóvenes que arribaron esa tarde le parecían iguales.

En el momento que los vio dirigirse a la salida Víctor levantó el cartel que tenía en las manos y comenzó a decir el nombre del oficial. Muchos de los pasajeros pasaron junto a él y saludaron con cortesía agachando un poco la cabeza, Víctor los vio pasar a todos y pensó que tal vez alguno de ellos no entendió sus palabras o que quizá había levantado el cartel al revés, volvió a voltear la cabeza y frente a él observó la figura de un joven de pálida tez, cabellos lacios cortos, ojos chocolate y gafas azules de mediano tamaño, traía puesto un grueso abrigo azul y una bufanda acerada que le daba dos vueltas en el cuello. La maleta en la mano izquierda y un maletín de trabajo en la derecha.

El joven se agachó haciendo una reverencia para saludarlo, se volvió a poner firme y mirándolo directamente a los ojos le dijo en perfecto ruso.

—Buenas tardes mayor Nikiforov, soy el agente Katsuki, tengo el encargo del mismo primer ministro de mi país de investigar el asesinato de la joven Yoshikawa.

Víctor lo saludó llevando su mano hacia la sien y una inmensa sonrisa se dibujó en su rostro que hasta ese momento permanecía tenso y molesto.

—Bienvenido a Rusia agente Katsuki…


Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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