Tabú 14


Los últimos minutos del horario escolar sí que eran una punzante tortura, mirar el reloj y no verlo avanzar, contar los segundos mientras intentaba entender las explicaciones del maestro de historia sobre las clases sociales en la Europa del siglo XVI.

¿A quién diablos se le ocurrió poner el curso de historia en un horario tan inconveniente? ¿Así dicen hasta ahora que ésta es una buena escuela? ¿Sería que deseaban tener la atención completa de los alumnos hasta el final de clases o sería que el maestro se entendía tan bien con la directora que programaba los horarios de las clases a su conveniencia?

Mi mente había salido del aula, se dirigía hacia la parada de autobuses, caminaba entre la muchedumbre de la Plaza del Palacio y llegaba a tiempo a Nefrit, entonces saludaba con una simple mueca a todos y subía hasta el atelier para encontrar a Lilia que, junto a sus ayudantes, se perdían entre telas y brillos haciendo realidad los trajes para las musas inspiradoras que los exhibirían en la presentación.

Korina Klauss, bella, alta, rubia y con mirada de muerta; Andrea Lucciano exuberante, frente amplia, largo cabello lacio, cintura pequeña y pequeño cerebro; Lala Di Phillipe aburrida, bellísima con ojos de mar, piernas delgadas y largas, caderas pequeñas, serena y aburrida y claro, como no mencionar la engreída de todas las pasarelas, Bruna Roma tamaño perfecto, medidas perfectas, rostro prefecto, sonrisa perfecta, dientes perfectos, senos perfectos, la mejor modelo de pasarela del mundo y la mejor meretriz del mundo de la moda.

Esas damas vacías marcaban la tendencia, sonreían para las cámaras en algún desfile o alguna fiesta disimulando perfectamente el efecto amargo que les provocaba en la boca el bolo alimenticio en retroceso. Sabían cómo tomar, cómo comer, como reír, como acompañar a algún millonario, cómo vestir bien y cómo fingir sus orgasmos.

No quise extenderme más pensado en mujeres huecas y sin alma, así que imaginé la mesa de trabajo de Lilia, vi con claridad sus manos deslizando el lápiz sobre el papel y hasta pude escuchar su voz mientras me explicaba por qué ponía ese vuelo o por qué quitaba más tela en el vestido.

Entonces imaginé la figura de mi hermano invadiendo el atareado ambiente del atelier con su sonrisa abierta, su voz entonada, su mirada de niño curioso, su perfume de bergamota; esperando que la lección terminase o conversando con la gran maestra sobre la próxima colección y yo como niño bueno guardando todos los materiales y organizando mis libros una vez más en mi pesada mochila.

Pero entonces una voz me sacó de mis ensueños, el nuevo maestro llegado desde las lejanas tierras de Tailandia; amable, simpático, ojos vivaces y divertidos. Enseñaría el curso de arte, especialmente danza para todos aquellos que quisieran aprender a expresar sus sentimientos a través del movimiento y la música.

El profesor de historia le permitió pasar en los últimos minutos de su clase para que extendiera su convocatoria en forma personal y a su vez nos pasó una carpeta con una ficha en la que podíamos llenar nuestros nombres.

Casi todas las chicas levantaron la mano para participar de su clase y yo sabía bien por qué. Era obvio que a ellas les parecía un hombre muy bello; un hombre de contextura regular, fino estructura corporal y músculos discretos, con piel de azúcar morena y ojos de ébano, era una gran tentación exótica para ese mar de estrógenos y progesteronas caucásicas.

Yo tenía suficiente con las prácticas del equipo, que por cierto me estaban matando, no tenía tiempo ni ganas para aprender a bailar danzas exóticas, así que no puse mi nombre en la lista y la pasé al tonto del costado.

Yo soñaba con volar por entre los edificios, aterrizar en alguna acera, elevarme por encima de los bancos de las plazas, correr como el viento e impulsarme hacia la jungla de cemento, soñaba con ser un tigre que saltara alturas imposibles y que cayera siempre parado luego de enfrentar el vacío. La danza en cambio te pide repeticiones constantes, poses galantes y movimientos carentes de fuerza.

Suficiente con el equipo de hockey, esa era otra forma de expresar mi espíritu de guerrero. Un guerrero no danza. Un guerrero combate, golpea y aplasta cráneos. Y en el hockey eso es literal.

Al salir el maestro tailandés cuyo nombre y apellido no podía recordar, todo volvió a la calma por un par de minutos más hasta que sonó el timbre y por la radio la directora indicaba que las notas de los últimos exámenes ya habían sido puestas en los respectivos murales y que para la noche aparecerían en la bitácora virtual de cada alumno.

Todos saltamos, algunos felices por el resultado que auguraban, otros nerviosos por el fracaso que esperaban y yo solo quería saber que por fin estaba encabezando la lista de los veintiocho compañeros de aula que éramos ese entonces. Escuelas exclusivas, poco alumnado por salón, educación personalizada y de calidad.

No esperé que el aburrido profesor de historia se despidiera, corrí hacia el mural donde se publicaron las notas y cuando estuve en frente del listado de mi clase no encontré mi nombre, repasé la lista dos veces y mi estómago sintió un estrujón extraño. Retrocedí dispuesto a ir a la dirección de estudios y hablar con el calvo y obeso encargado cuando una compañera de cabello castaño y ojos cansados me dijo.

—Yuri estás en la lista de honor. —Sonrió con amabilidad y yo me limité a mirarla sin decir nada.

Mis ojos se dirigieron hacia un listado muy pequeño, apenas cinco nombres en la hoja que estaba dispuesta en la parte central del tablero, repasé los nombres desde la parte inferior del papel; Krushev, Volkov, Makarov, Zhúkov y Nikiforov.

¡Maldición! Ese fue el momento más glorioso que había vivido en mucho tiempo, mi nombre por encima de todos esos engreídos de apellidos notables, hijos de la abundancia y la ausencia paterna; estaba por encima del presidente de los alumnos de último año y estaba por encima de… la máquina.

No quise dar paso al temor, lo encerré de una maldita vez bajo siete llaves y me envolví de orgullo. Mostré absoluta arrogancia en el momento que abandoné el lugar en medio de las miradas llenas de asombro y envidia, podía sentirlas y me gustaba que todos tuvieran los ojos puestos en mí, aunque sea solo por ese momento, aunque me miraran pasmados e incrédulos por mi logro, aunque me odiaran por haber llegado en tan poco tiempo al nivel más alto del listado de méritos.

Con la vista en alto me encaminé hacia mi casillero, tomé mi mochila que llené de libros y cuadernos de notas, guardé la tableta en su estuche y tras cerrar la delgada puerta me precipité hacia los baños, necesitaba con urgencia descargar toda el agua tomada durante las últimas dos horas.

Al llegar a la puerta dos enormes brutos se plantaron en medio impidiendo mi ingreso, me miraban y se reían como perfectos idiotas. Eran mis compañeros del equipo que, para variar, también eran amigos de Zhúkov para que te des cuenta que estaba de nuevo frente a mis peores enemigos.

—Este baño es para hombres, niñita, así que camina hacia la derecha. —Uriel Vieltka, un metro noventa, defensa suplente del equipo y cara de palo me miraba con aire de desprecio.

—No escuchaste pequeña hormiga, este es baño para hombres fuertes como nosotros, no para pequeñas niñas que intentan ocultar su bulto entre las piernas. —Molovot sí que era torpe, se apoyaba en el lado derecho de la puerta y su brazo la cruzaba toda.

—¿Quién es el estúpido que obliga a estos gorilas a hacer de payasos? —pregunté en voz alta. No iba a quedarme callado mucho menos en un momento que estaba sintiéndome dios y que ya no aguantaba la presión en la vejiga.

La puerta se abrió de un solo tirón y tras ella apareció la inmensa figura de la máquina, sus ojos azules se quedaron fijos, el arco de sus cejas lo hacía ver como un león defendiendo su territorio. Zhúkov era una perfecta combinación de puños, ira y fuerza que se parapetó en la entrada del baño, endureciendo más su mandíbula rectangular y tratando de destacar su supremacía muscular.

—Yo lo digo, este baño es solo para hombres y tú no pasas. —Sus secuaces rieron como si el torpe hubiera contado el mejor de los chistes. Las chicas salían del baño de mujeres, ese que estaba pasando el hall y tras mirarnos asustadas corrieron hacia el exterior.

Yo no retrocedí, sabía que no podía enfrentarme a esos dos huasos y a la máquina demoledora; pero agachar la cabeza y buscar otro baño no era mi estilo.

—Yuri vamos el baño del tercer piso está vacío. —Uno de mis compañeros de aula, Mykolaiv, hijo de un empresario de Moscú y que siempre era muy amable conmigo, no sé por qué; intentó bajar la tensión que se vivía en ese instante.

Yo no contesté, apreté mi cuerpo y mis puños intentando aguantar mis ganas de orinar. Fue más un capricho de mi parte porque me sentí vulnerable y no podía tolerarlo. Yo pude llegar al baño para varones tercer nivel; pero no quise hacerlo.

Mis ojos ya se mostraban vidriosos por las lágrimas que acudían por mi necesidad, mi rostro enrojecido era otro síntoma, podía sentir el sudor frío bajando por mi frente y las punzadas en la pelvis me estaban matando.

—Yuri si no puedes retener más entra a nuestro baño, comprenderemos la situación. —La delegada del tercer año de secundaria me hablaba mientras me invitaba con un gesto de su mano a pasar al baño de las chicas. Jamás haría eso.

Los tres simios me miraban burlándose de mi acalorado rostro y repitiendo que me correspondía entrar al baño de damas. Los miré una vez más desafiante caminé tres pasos más, los que faltaban para estar muy cerca del umbral de la puerta, los brutos callaron sus risas y sin ningún pudor bajé la cremallera de mi pantalón.

—¡Oye imbécil qué te pasa! —Molotov miró mi movimiento con incredulidad y yo no detuve mi mano para sacar mi verga frente a ellos.

—¡Estás loco, asqueroso! —Vieltka dio un salto hacia atrás empujando a su líder.

—¡Hijo de perra… cómo se te ocurre…! —Zhúkov recibió mi primer chorro y luego jugué con mis caderas mojando a los tres gorilas.

Recuerdo que las chicas gritaron, los otros compañeros comenzaron a reír y las tres estúpidas moles que me impidieron el paso al baño, salieron corriendo tratando de evitar que el potente chorro siga mojando sus zapatos y las botas de sus pantalones.

Cuando terminé, el auxiliar de disciplina se encontraba detrás de mí y su fuerte voz me devolvió a mi triste realidad de simple alumno de preparatoria del prestigioso colegio particular San Marcos.

—¡Nikiforov! ¡será mejor que dé una buena explicación sobre su vulgar comportamiento! —Sentí sus manos sobre mis hombros y canté mi verdad.

—No podía aguantar más…


Una hora después de la salida de clases los tres gorilas y yo permanecíamos en silencio al interior de la oficina de la directora de la escuela. Afuera esperaban los padres de Vieltka y Mólotov, también había llegado mi hermano y solo esperaban que se haga presente el apoderado de Zhúkov, su hermano mayor que había pedido permiso en los cuarteles del ejército para atender el penoso asunto.

Cuando la máquina mayor llegó, la directora hizo pasar a nuestros apoderados, ellos se sentaron en los cómodos muebles de cuero de la oficina de dirección y nosotros permanecíamos de pie cerca de una ventana. La directora se acomodó las gafas y el saco del traje, saludó de mano a los recién llegados y con su aguda voz explicó la situación.

—Señores agradezco que hayan llegado a mi despacho y que atiendan mi intempestiva citación, pero creo que la situación merece ser solucionada con esta celeridad y soy una convencida que si la indisciplina se afronta a tiempo los resultados serán positivos. —La señora Komarova lucía las cejas levantadas y muy juntas, estaba en verdad sorprendida y muy molesta.

Los dos padres y los dos hermanos observaban con rostro de extrañeza a la principal de la escuela y permanecieron callados.

—Hoy se ha suscitado un altercado algo bochornoso entre vuestros hijos y apoderados y que espero nunca más se repita por el honor de nuestra institución, porque esta clase de conducta podría ser comentada por los alumnos y no queremos que los hechos trasciendan extramuros del colegio.

El desconcierto seguía reinando mientras la dama hacía gala de sus dotes dramáticas para enfatizar el mal comportamiento de todos los estúpidos que estábamos involucrados.

—Nuestros cuatro alumnos se han visto involucrados en un penoso incidente. Los alumnos Vieltka y Molotov impidieron el paso del joven Nikiforov a los servicios sanitarios, el señor Zhúkov se negó a darle acceso al joven y en un acto que no me parece el adecuado el alumno Nikiforov miccionó sobre sus compañeros, frente a todos los demás chicos y chicas de la escuela —la directora habló tan rápido que necesitó tomar una buena cantidad de aire en la pausa—. Quiero pensar que los chicos del equipo de hockey estaban haciendo una broma a su compañero menor y quiero pensar que el joven Nikiforov en verdad no pudo aguantar sus ganas; porque esas fueron las explicaciones que ellos me dieron sobre su reprobable comportamiento.

La directora acomodó una vez más sus gafas hasta la montura de la nariz y nos miró con el entrecejo muy junto.

—Me gustaría que ustedes se comprometan frente a sus padres y hermanos a no volver a repetir un hecho tan poco decoroso y también se comprometan a no molestarse con bromas pesadas entre compañeros de colegio y de equipo.

La directora nos lanzó una mirada fulminante esperando que alguno de los cuatro comencemos a decir nuestras buenas intenciones de convivencia escolar. Sin embargo, fue mi hermano el que tomó la palabra en ese momento.

—Con todo respeto señora directora y señores padres, pero creo que aquí no se ha tratado de ninguna broma, siento que los tres chicos del equipo han querido amedrentar a mi hermano y me temo que estamos ante un caso de posible acoso escolar, la diferencia de tamaño y fuerza entre ellos y mi hermano es abismal, impedir el ingreso al baño no me parece una broma. —Víctor se mostraba bastante molesto y cuando eso pasaba por lo general se formaban arrugas en su frente y fruncía la nariz.

—Orinar sobre el uniforme de sus compañeros tampoco me parece un acto prudente señor y creo que debería enseñar urbanidad y buenas costumbres a su hermano menor. —El padre de Molotov, tan alto, grueso y torpe como su hijo alzó la voz de una manera exagerada, tanto que la directora le exigió moderación.

—Y usted debería enseñar respeto a su hijo, qué clase de abusivo está educando. —Víctor no podía contener la furia que llevaba por dentro y yo podía notarla aflorar cada vez más. Pocas veces había visto al amable Víctor Nikiforov exaltarse y alzar la voz contra otra persona, una vez fue contra un conductor ebrio que casi choca su auto contra el de mi hermano y la otra fue en la estación del metro cuando un hombre nos empujó para subir al coche.

Cuando los ánimos se calmaron entre mi hermano y el padre de Molotov, la oficina de la directora quedó en silencio y recuerdo que los cuatro teníamos la cabeza gacha. Yo miraba sus pantalones aún mojados por mi orina y quería reír, pero si lo hubiera hecho mi hermano habría quedado mal parado así que mordí mis cachetes por dentro para seguir con cara de miserable.

—Vladimir quiero la verdad. —El hermano de la máquina habló muy calmado, pero con el gesto más agrio que yo haya podido ver en un hombre.

El ogro tensó la mandíbula se puso firme como un soldado frente al mismísimo presidente de Rusia y sin quitar la mirada de los ojos de su hermano, confesó.

—Impedimos el paso de Nikiforov al baño, señor; a pesar de ver que estaba en dificultades y nos burlamos de él, señor. —Por un instante la voz y las expresiones de Zhúkov me hicieron alucinar que me había trasladado a algún cuartel militar o la base de los Spetnatz.

—Qué te corresponde hacer Vladimir. —Si la máquina me daba cierta sensación de temor, su hermano sí que era un verdadero espanto.

—Pedir disculpas señor. —La máquina se volteó hacia mí en un solo giro de sus pies juntos y rígido como estaba desde que su hermano ingresó a la oficina de la directora, me miró con sus encendidos ojos azules, parecía el mismo demonio, era un hombre de las fuerzas especiales a punto de disparar su FAL, yo solo lo miré firme, muy firme, casi sin respirar—. Discúlpame Nikiforov, no volverá a pasar.

Yo no sabía qué decir o hacer en ese momento y solo atiné a mirar a mi hermano que con un gesto de sus ojos me dio una clara señal que debía responder al gigante.

—Está bien… yo tampoco volveré a mear en tus zapatos. —No sé si fue la respuesta más acertada, pero era lo que yo sentía en mi corazón.

Nuestros apoderados se comprometieron con la directora a tratar más a fondo el tema en casa y vigilar siempre nuestra conducta. La directora agradeció una vez más la presencia de todos y pidió a mi hermano que nos quedemos unos minutos más en su oficina.

—Víctor, sé perfectamente que esos chicos estaban molestando a Yuri, sé también que no es la primera vez que lo hacen; pero enfrentarlos de la manera que lo hizo tu hermano no es lo más prudente. —La directora Komarova suavizó el tono de su voz y mi hermano la intensidad de su mirada—. Dentro de la escuela puedo proteger a Yuri, pero como van las cosas ahora en el mundo no puedo garantizar que no lo molesten en otros espacios, por eso quiero que hables con él, yo sé que él te tiene mucho aprecio y sé que te escuchará, por favor sé prudente con tus consejos.

—Señora Komarova no sé qué decir, Yuri no hizo bien; pero no podía agachar la cabeza, eso sería darle más poder a estos muchachos. —Víctor intentaba conciliar sus emociones, estaba molesto y a la vez se veía preocupado—. Con esto no quiero justificar lo que hizo Yuri, créame que me ocuparé bien de corregir su conducta y tendrá que asumir su responsabilidad.

—No seas severo con él, acaba de llegar al primer puesto de todo el colegio y nos sentimos muy orgullosos de sus avances, solo necesita algo más de disciplina. —La directora se puso en pie, yo estaba avergonzado y Víctor agradeció el consejo reiterando la posibilidad de tomar medidas disciplinarias adecuadas para evitar que vuelva a hacer de las mías.

Salimos juntos y Víctor no dijo una sola palabra en el camino de regreso a casa. Yo me sentía muy mal, no me importaba lo que pensaran en el colegio, no me interesaba si la directora me expulsaba, si los padres de las moles me insultaban y si ellos me agarraban a golpes. Lo que yo quería era que mi hermano esté bien conmigo y ese momento comprendí que le hice pasar un mal rato frente a todos los que se reunieron en la oficina de la señora Komarova.

Aparcó el coche y salió de él en silencio. Yo también salí y no me atrevía a verle a la cara, estaba irritado; quería patear cualquier cosa que se me pusiera en frente porque cuando me enfado con alguien soy un ser salvaje, pero cuando me enfado conmigo mismo intento sacar mi ira golpeando algo o corriendo por toda la ciudad, haciendo brincos y cabriolas, no me importa si termino con las rodillas y los codos rasmillados.

Cuando entramos en el departamento Potya corrió a recibirnos, yo lo tomé en brazos porque nada en este mundo me haría rechazar o ignorar el cariño de mi amado gato que de inmediato reconoció que estaba algo alterado y se pegó más a mi pecho.

Víctor caminó hasta la sala, se quitó el abrigo, se dio media vuelta mirándome y caminó hasta estar a pocos centímetros de distancia frente a mí.

—¿Qué te hizo exactamente ese cavernícola y su tribu? —Víctor tomó mi mentón entre sus manos y me obligó a mirarlo—. Y no me ocultes nada Yuri.

—Me insultan, me gritan, me tratan de marica, me dicen niña todo el tiempo, me empujan contra las paredes. Si tengo alguna falla en el equipo me empujan contra las vallas de seguridad, se burlan de mí y de mi madre, me ponen cabe en los pasillos, tiran al suelo los libros que llevo en la mano, me desatan la cola del cabello, me dejaron sin ropa el otro día en el baño del gimnasio, me siguen en su auto hasta la parada molestándome y lo único que reciben de mi es indiferencia o mi dedo medio bien levantado. —Ya no quería mentirle más a Víctor, pero no buscaba que me protegiera, solo buscaba desahogarme.

—Yuri si esos estúpidos vuelven a molestarte dímelo, pero dímelo sin miedo, no me escondas tus problemas. —Sus ojos cambiaron de expresión por una más amable y dulce—. Somos hermanos y quiero que me tengas confianza, yo estoy para ayudarte y protegerte y si unos idiotas se meten contigo sabrán cómo es enfrentarse a un hombre de verdad.

—¿Los golpearás? —No imaginaba a mi hermano enfrentando a esas tres bestias a golpes.

—Ganas no me faltan Yuri, pero lo mejor será interponerles una demanda, allí sabrán que los hombres deben responder por sus actos. —Su voz firme me enseño que los hombres también debemos librar las batallas con otras estrategias.

Víctor me abrazó con fuerza, Potya saltó hacia el suelo para evitar quedar aplastado entre nuestros cuerpos y con el rabillo del ojo lo vi correr a la cocina.

Me perdí en los largos brazos de mi hermano, me sentí tan reconfortado con sus palabras, me sentí protegido bajo su calor, me sentí feliz de saber que no estaba solo, que tenía a Víctor para hacer frente a esos malditos, no importaba si los golpeaba o si les interponía una demanda.

Víctor se convirtió en la muralla que protegía mi integridad, en el guardián de mi vida y mi tranquilidad, en el inmenso crucero que rescataba al náufrago.

No sé en qué momento apreté también los brazos sobre su espalda y me quedé callado pidiendo a las estrellas que ese instante silencioso y pacífico entre los dos fuera para siempre.

Ese fue el primer momento que sentí su amor de hermano y que empecé a cuestionarme si en verdad estaba haciendo bien al dejar que mi juego erótico con él prospere. Si bien era solo una fantasía de mi mente y era un secreto tan comprometedor, era también un juego peligroso.

Un juego en el que se usaban armas punzantes y no teníamos armaduras. Por eso durante unas semanas quise dejar de lado los pensamientos lascivos que tenía por Víctor, pues pensé que con el tiempo yo saldría lastimado y porque me impedía sentir el amor de un hermano, un amor que no conocía ni imaginaba, un amor que era casi como el de un padre y a la vez de un gran amigo.

Un amor que ahora me arrepiento no haber conservado en ese altar purificado. Un amor que de haber prosperado fraternal en este momento sería la fuerza que nos mantendría unidos hoy.

Pero yo rechacé ese amor y me convertí en el Cancerbero de mi propio hermano, no lo dejé salir de mi trampa infernal de seducción, lo arrinconé a ella con plena conciencia de mis actos y ahora más que nunca me arrepiento porque de ese amor trastocado solo quedaron los recuerdos.

Solo recuerdos.

Tan dulces y tan amargos.

Notas de autor:

Spetsnatz: Fuerzas especiales de la armada rusa.

FAL: es un fusil de combate de carga y disparo automático, de fuego selectivo, diseñado por la industria de armamentos belga FN Herstal a fines de los años 1940 y producido desde principios de los años 1950 hasta la actualidad.

Gracias por seguir la historia y el próximo fin de semana actualizo otros cuatro capítulos acercándonos cada vez más al momento en que dejamos la historia.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

2 comentarios sobre “Tabú 14

  1. Es nuevo este capítulo??? O me me lo salte en wattpad sin querer??? Porque nunca lo había leído o.o
    Phichitooooo!!!! ♥♥♥♥
    Y pues si, yo esperaba que se meara en los gorilas esos xDDD
    Gracias por escribir Marymarce ♥

    Le gusta a 1 persona

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