Tabú 13


Nefrit lucía desde fuera como una perfecta joya, la antigua casona que me recibía todas las mañanas mostraba altiva la magnificencia del pasado.

Sus iluminados salones exhibían con orgullo el brillo de las mejores épocas en las que mi padre empezaba a moldear y pulir la alhaja. Fotografías de cuando todo eran colores, brillo maravilla y felicidad, desfiles, diseñadores, modelos y premios; artículos de revistas, entrevistas en medios y hasta un documental; cada día toda la historia de Nefrit, enmarcada, saludaba mis pasos hacia la oficina.

La producción de los diseños y las prendas no paraba y yo observaba con cierto pasmo cómo era que ninguno de los problemas financieros de la empresa afectaba el ritmo diario que cumplían los empleados de la firma.

No existía ninguna señal externa que mostrara el deterioro financiero con el que teníamos que vivir cada día; sin embargo, por dentro Nefrit comenzaba a presentar fisuras que amenazaban con quebrarla, desbaratarla, desmoronar todo el imperio que le costó tanto esfuerzo y dedicación a Miroslav Nikiforov.

Cada nueva reunión con el contador era más desalentadora que la anterior; teníamos deudas con el fisco, teníamos deudas en aduanas, teníamos deudas con los proveedores, teníamos deudas con la cadena de distribución, teníamos deudas con los patrocinadores y sobre todo teníamos una enorme hipoteca creciendo día con día.

Al ver los enormes listados que Anatoliy Velov me mostró en las pantallas de los ordenadores que mantenía dentro de la oficina de contaduría, aprecié temeroso que eran muy pocos los números que estaban en azul. Me pregunté qué había hecho mi padre durante los últimos tres años para llegar a esa situación límite en la empresa; ninguna entidad financiera podría haber sido tan allegada a él o él a sus directivos como para pensar que con solo sus palabras y promesas de venta de las siguientes colecciones levantaría las hipotecas y sacaría adelante la empresa.

Salí de la oficina del contador con el estómago hecho un nudo y lo único que pude hacer fue pedir a Lilia que me acompañase a la oficina de mi padre para contarle de una vez la verdad acerca de la situación que atravesábamos y las alternativas que teníamos para salir adelante.

—No hay forma de producir la nueva colección Lilia, no existen fondos, todas las propiedades de mi padre que vendí durante estos meses no solucionaron el mayor problema que atravesamos en la empresa, ¿qué crees que debo hacer? —No podía mirar a los ojos de la dama, ella contaba con ese trabajo, Nefrit seguía siendo la parte más importante de su vida.

—¿Qué alternativas le quedan a la empresa? —Lilia permanecía sentada frente a mí inundando el ambiente con su exquisito y potente perfume de violeta—. No me ocultes nada más Víctor.

—Liquidarla en unos cuatro meses más si es que la nueva colección no funciona o venderla en este momento al mejor postor. —Yo seguía mirando sus blancas manos, cuidadas como las manos de las mujeres de la realeza, con las uñas largas y pintadas en suaves tonos nacarados, un anillo de ópalo en el dedo anular derecho y otro de ágata en el dedo medio izquierdo.

—¿Y existe algún postor? —Por su tono de voz pensé que ella adivinaba la respuesta.

—Alexandr Truyev. —Ese era el nombre que Lilia no hubiera querido escuchar.

Truyev era un hombre ambicioso. No era diseñador, pero sí un gran inversionista de la moda, era considerado el rey midas por los expertos en la industria; era visto como uno de los jinetes apocalípticos por los entendidos del mundo del diseño.

Durante la última década se había convertido en el dueño absoluto de muchas casas de moda entre medianas y grandes a las que compró a buenos precios para convertirlas en simples fábricas de ropa, inundando el mercado con modelos mal copiados y prendas baratas.

Lo único que le interesaba era utilizar el nombre de la casa de modas por un tiempo, hacer que su producción llegara de cualquier manera a la mayor cantidad de gente, levantar capital, multiplicar en tiempo record sus ganancias y cerrar la firma, solo había permitido que permanezcan tres marcas reconocidas en las que decidió invertir dinero, el resto de las marcas fueron desapareciendo en forma paulatina y las empresas terminaron por ser declaradas en bancarrota.

—Truyev visitó a tu padre muchas veces durante los últimos dos años, pero Miroslav se negó a ver su proyecto en manos de un mercader de la moda. —Lilia me tomó de la mano y su gesto me obligó a enfrentar su mirada—. Liquida la empresa, no permitas que la deuda crezca más, si todavía se está a tiempo de saldar todas las obligaciones con la venta de los activos. Hazlo Víctor. Sin ningún temor hazlo.

—Yuri no quiere que Nefrit se venda. —En cierto modo yo tampoco quería que se venda, es decir guardaba cierto cariño por la firma pues ésta representaba ante todo la figura emblemática de mi padre.

—Yuri tendrá que entender la situación y terminará apoyando tu decisión, no lo pienses más y habla con Yakov, él es muy terco en algunos aspectos; pero cuando se trata del consejo práctico y el más recomendable, estoy segura que él te ayudará a tener la mejor transición en la liquidación de la empresa. —Lilia apretó mi mano con la suya y bajo la calidez de esa piel y de su mirada me sentí capaz de arreglar la grave situación que se cernía para la casa de modas más emblemática de Rusia.

Al quedar solo observando los detalles en la oficina de mi padre, terminé por fijar mi vista en su fotografía, aquella que se había tomado cinco años atrás cuando ganó un premio en un festival de moda en Londres.

“Uno de los pilares fundamentales de la moda glamorosa y el buen estilo”, así fue como calificaron a Miroslav y su trabajo creativo. Estaba tan orgulloso de él y ese día yo también me encontraba participando de la semana de la moda de Londres; pero cuando entregaron el premio a mi padre lo vi de lejos.

Me encontraba con un grupo de modelos muy cotizados observando la clausura del evento, mi padre estaba solo como siempre, podría estar acompañado de alguna modelo; pero sabía bien que lo único que buscaba era una compañera para no entrar solo en la alfombra roja, yo sabía que se sentía solitario.

Unos minutos antes que le tomaran esa fotografía oficial posando junto a su medalla y sonriendo a las cámaras, vi de lejos que mi padre me buscaba con la mirada tratando de hallarme en medio de tanta gente que charlaba, caminaba, se fotografiaba y reía en el salón; yo lo vi, pero no quise acercarme, prefería estar lejos de él y sus amistades porque todavía sentía que él nos debía muchas explicaciones y disculpas a mi madre y a mí.

Por ese motivo es que preferí ocultarme entre el grupo de chicos y chicas que bebíamos cocteles cerca de una barda de los Gray’s Inn Garden donde dieron cabida a los invitados internacionales bajo una lona multicolor. Cuando los fotógrafos y camarógrafos hicieron como siempre su bullicioso trabajo, aproveché la conmoción y me retiré de los jardines que burbujeaban de champan y gente desconocida junto a una rubia escandinava con la que fuimos a conocer los pubs londinenses del momento y perdernos en su habitación.

Me sentí miserable porque era claro que mi padre quería pasar algo de tiempo conmigo esa noche y yo solo lo evité, como se evita al vecino que habla demasiado, a la chica de las encuestas, al chico que te hablará sobre los refugiados y la manera cómo ayudarlos, a los predicadores que caminan con la biblia bajo el brazo o algún entusiasta vendedor de seguros. Desperdicié la oportunidad de decirle que estaba muy orgulloso de él y de sus logros porque todavía quedaba un tufillo de resentimiento dentro de mi alma.

Mirando esa fotografía pensé que podría tal vez decirle que él había sido para mí un referente de fortaleza y perseverancia, tanto como lo fue mi madre; esperaba que de alguna manera su espíritu escuchase mi oración.

Con los ojos cerrados lo volví a ver entre los flashes y las sonrisas impostadas de sus colegas e imaginé que luego de su sesión de fotos íbamos juntos al bar a tomar un trago y hablábamos de nuestros sentimientos, aunque sea solo por unos cinco o diez minutos. Sentí mi pecho vacío y por primera vez comprendí lo que era ser huérfano, supe qué significaba no tener a uno de tus padres, no contar con su voz, sus consejos, su sonrisa y su amor.

Cuando abrí mis húmedos ojos le pregunté directamente a la foto qué era lo que debía hacer con Nefrit. ¿Si luchar hasta el final de la batalla o pedir el armisticio con los bancos dejando el territorio a cambio de la libertad?

Miré los ojos de mi padre y su sonrisa y por más que intenté percibir alguna idea o una señal solo obtuve el silencio de la oficina, ni siquiera el canto de las aves en el jardín interrumpieron ese momento de absoluta soledad. Era yo un huérfano frente a la fotografía de mi padre y mi dura realidad, sin respuestas frente a la vida y con muchas dudas en el corazón.

Entonces pensé en Yuri, en cómo se habría sentido el momento que lo perdió todo, cuando le dijeron que su abuelo ya no estaría más a su lado y cuando se enteró que el hombre que había prometido protegerlo murió en una carretera cubierta por el hielo. Yuri me tenía a mí, jamás le fallaría, jamás lo dejaría solo como lo hice con mi padre; nunca le daría la espalda, no importaban las circunstancias, Yuri contaría conmigo siempre.

Imaginé sus ojos llenos de furia y de curiosidad, pensé en sus mechones rebeldes que se empecinaban en cubrir su hermoso rostro. Recordé que, las pocas veces que sonreía, era como ver el arcoíris. Su voz volvió a sonar en mi mente rompiendo como un gruñido el silencio, hasta sentí su aroma a niño de escuela, libros, lápices y goma de mascar.

Seguro que estaba en el laboratorio de química junto con el viejo profesor de ciencias Shishkin, tal vez se encontraba en el patio conversando con sus compañeros de clase, quizá estaría conociendo mejor a sus compañeros del equipo o tal vez estaba mirando a escondidas el cabello y la cintura de alguna de sus compañeras.

Sentí una punzada a la altura del diafragma que me obligó a tomar una gran bocanada de aire y volví a plantearme la imagen de Yuri enamorando a alguna chica linda de la escuela y… no me gustó la idea.

“Es muy joven y además debe dedicarse a los estudios, luego tendrá tiempo” me dije y una vez más intenté engañarme con ese argumento.

De inmediato retomé el duro día que no había terminado, hice algunas llamadas a un par de buenos amigos de universidad para pedir un consejo y por la tarde atendí la cita que los encargados de las áreas de producción y almacén, además de la encargada del área de confección solicitaron el día anterior y cuando la secretaria anunció su presencia los atendí de inmediato.

—Señor Nikiforov voy a hablar en nombre de los tres y también de los demás compañeros que trabajan en Nefrit. Sé que en estos momentos la empresa está pasando por una delicada situación, somos conscientes que debemos salir adelante librando deudas y los retrasos que el fallecimiento del señor Miroslav produjo; pero no podemos estirar más nuestros sueldos, ya van doce días de retraso en nuestros pagos y me temo que, si no recibimos el dinero en los próximos dos días, tendremos que ir a una huelga. —Roman Jarim era un hombre que había trabajado con mi padre desde que Nefrit abrió sus puertas, era uno de sus empleados de confianza y viniendo de él la queja que me presentaban sabía que era necesario hacer algo pues la gente no iba a comer retazos de tela.

—No se preocupe señor Jarim, voy a ordenar de inmediato que se solucionen los problemas para los trabajadores y veré que vuestros sueldos sean cancelados por completo. —Hasta ahora no sé cómo me atreví a prometer algo así a los empleados, era una idea descabellada, sin un centavo en las arcas y con toda la situación que teníamos por delante, había cometido un grave error y debía afrontar las consecuencias de mi promesa.

Sin más remedio que recurrir a la única fuente de liquidez que tenía, llamé al banco donde había depositado mis ahorros de toda la vida. Ese era dinero sagrado. Una tardeme juré no tocar ese dinero pues estaba consagrado a realizar un sueño especial: tener mi propia agencia de modelos con chicas y chicos que dejara de lado los rigurosos cánones de belleza que imponía el mundo de la moda y apostar por jóvenes que fueran más auténticos o más reales. Era posible porque algunos diseñadores comenzaban a tener otra visión de la gente que podía exhibir sus creaciones, así como de las personas que serían los consumidores de su moda.

En unos cuantos minutos convertí parte del dinero en una palanca de liquidez para la empresa y olvidé que ese monto representaba mi futuro. Sin pensarlo dos veces dispuse que el dinero fuera a parar a las cuentas de los trabajadores de la empresa. Pagué también a los proveedores y los almacenes de aduanas. Dejaba libre de esa forma la posibilidad para que la nueva colección tuviera todas las ventajas y así librar a la empresa del hoyo en el que estaba metida, aunque con ello solo ascendí unos pocos metros que nos daban un respiro momentáneo.

Pero cuando miré de nuevo los listados que el contador me había mostrado esa mañana supe que ni todo mi dinero sería suficiente para librar de otras deudas y pendientes a Nefrit. Esa joya sí que estaba resultando muy difícil de ser conservada y con el paso de los días se me resbalaba más y más de mis manos.

Cerca del atardecer y sopesando todo lo que había hecho hasta ese momento, viendo aterrado todo lo que todavía faltaba por hacer, decidí pedir ayuda por primera vez, necesitaba un bote salvavidas que me rescatase de esa mar embravecida. Tomé el teléfono y llamé a quien debía enterarse en ese momento de la crítica situación por la que estaba pasando y la persona en quien más confiaba en este mundo.

—Vitya qué sorpresa que seas tú quien me llames ahora. —Mi madre estaba disfrutando de unos días de relax en la mansión de unos amigos queridos de Chipre, ella pasaba siempre los veranos en el Mediterráneo, su agenda le decía siempre cómo es que debía gastar los millones y millones que su segundo marido le dejó de herencia y ella era consciente que no sabía qué hacer con tanto dinero y tanto lujo. Me rectifico, sí sabía qué hacer con ese dinero, reinvertir el cincuenta por ciento de las ganancias y gastar el otro cincuenta por ciento.

Angélica Nikiforova se convirtió después de cuatro años del divorcio con mi padre en Angélica Steinberg. Su flamante marido era un hombre judío que había hecho una gran fortuna, una de las más importantes del planeta con la necesidad de salvación que tenían las personas con VIH, creador de un nuevo grupo de antiretrovirales, los patentó y con la fortuna pequeña que heredó de sus padres en los noventa se metió de lleno a la fabricación de medicina algo más barata para controlar el síndrome. En pocos años su fortuna creció de manera exponencial.

Cuando conoció a mi madre era un hombre lleno de dinero, de lujos y poder; ella se convirtió en su esposa, además de la aprendiz de su estilo de hacer negocios y su brazo derecho. Juntos diversificaron las inversiones y cuando estaban en el mejor momento de su extraña sociedad matrimonial, el hombre se fue a un campeonato de vela y por extrañas circunstancias se perdió en el mar. Su cuerpo mutilado y mordisqueado fue hallado cuatro días después del accidente cerca de una playa de la isla Dominica.

Mi madre lo lloró mucho porque él fue un gran marido, un buen amigo y el mejor maestro que pudo tener en la vida. Incluso siempre le siguió guardando el recuerdo del amor casi fraterno que los dos se tenían. Y esperó que pasaran tres años de duelo para poder salir con algún amante más joven que ella por lo general cambiaba cada cierto tiempo. Seguía siendo una mujer bella a pesar de la edad y con la muerte del acaudalado Ishmael Steinberg, se había convertido en una mujer poderosa.

Por ese mismo motivo recurrí a ella. Quien mejor para tenderme una mano. Con parte de sus ganancias de ese año podría fácilmente pagar la deuda de la hipoteca, todos los demás endeudamientos de la firma y darme un capital de arranque para la nueva colección y la renovación que Nefrit necesitaba para salir adelante.

No quise esconder nada de la situación de la empresa a mi madre, le conté todos los problemas con lujo de detalles, le dije lo mal que la estaba pasando, le confesé que había empleado una buena parte de los ahorros de mi vida para pagar una deuda momentánea, le dije que era importante conservar la empresa para que mi hermano pueda cumplir sus sueños en ella y de alguna manera seguir con el trabajo de mi padre.

Ella me dejó esperando su respuesta por varios segundos, mi corazón ilusionado ya visualizaba la luz a la salida del oscuro túnel, pero ella rompió la magia antes que terminara de cobrar forma en mi mente.

—Víctor vende esa empresa, no te ates a algo que no es para ti, ahora que todavía pueden hacerte una buena oferta por ella no dudes más cariño y véndela. —Pensé en forma ilusa que mi madre entendería mi motivación para luchar por Nefrit, pero su respuesta fue contundente.

—Mamá, no puedo deshacerme de esta casa de modas como si fuera cualquier propiedad, además están los intereses de Yuri de por medio. —Aun quería convencerla de mi necesidad.

—Los intereses de tu hermano no pueden primar sobre la realidad de las cosas y el sentido común, hazle entender de alguna forma que no existe otro camino y deja atrás todo ese problema, por esa empresa has perdido hasta ahora demasiados contratos importantes. — Ella tenía otra visión de las cosas, era una mujer de negocios fría y calculadora—. Hasta ayer me llamaron varios diseñadores y firmas cosméticas para decirme que rechazaste sin mi autorización sus propuestas y créeme Vitya a esta altura de tu vida no puedes darte el lujo de rechazar ofertas, no eres el Vitya que tenía catorce años y cautivaba con su belleza a todos los lobos de la moda.

—Lo sé y yo tampoco quiero extender mi presencia en Nefrit más de lo necesario por eso quería hacerte una petición importante. —No quise darle más vueltas al asunto y le pedí de corazón su ayuda—. Préstame el dinero por favor, dame un período de gracia y yo te juro que te devolveré todo con sus respectivos intereses.

Mi madre calló una vez más, yo imaginaba que estaba haciendo un ejercicio mental sobre las posibilidades de la empresa, pero creo que estaba imaginando las palabras adecuadas para adornar su respuesta y que ésta no fuera tan abrasiva para mí.

—Lo siento cariño, tengo mi dinero comprometido en otras inversiones y no voy a poder prestarte ni un solo euro. —No dijo más y no hizo falta que lo hiciera. Ella debía estar imaginando que yo me aprovecharía de mi condición de hijo para fallarle en los pagos y luego no cumpliría con el compromiso de deuda. Muchos hijos lo hacen, por eso recurrí a otra idea.

—Mamá no me prestes el dinero, te propongo que compres parte de Nefrit, invierte en ella y te dará buenas ganancias en un par de años. —Necesitaba pensar en otros argumentos para convencerla—. Ese dinero que mi hermano y yo estamos necesitando ¿qué representa para ti?, será como máximo el quince por ciento de tus ganancias netas, no estoy hablando que vayas a sacar el efectivo de tus grandes capitales, es solo una escasa parte de tus ganancias del año.

—Vitya tú sabes bien lo que Nefrit significa para mí y por si lo has olvidado esa empresa terminó de alejarnos por completo de tu padre. —No podía creer que mi madre no hubiera superado esa parte de su pasado—. Entiendo que tú quieras hacerte responsable por tu medio hermano porque no tiene otro apoyo en la vida y apoyo tu iniciativa hijo, pero eso no te obliga a cargar con semejante muerto en tus hombros, deja que otros se ocupen de la empresa de tu padre, véndela y sigue con lo tuyo; pero no me pidas que yo intervenga en el presente y el futuro de esa casa de modas.

—Mamá te pagaré hasta el último centavo que me prestes por favor… —No tenía más argumentos porque con esa actitud mi madre me estaba llevando hacia la orilla del abismo.

—No se trata de dinero cariño, yo podría regalarte ese monto; se trata de mi orgullo, con esa firma tu padre me restregó en la cara su aventura, él prefirió hacer su voluntad en lugar de volver con su esposa y su hijo y Nefrit representa para mí el egoísmo supremo de Miroslav Nikiforov. —Mi madre seguía conservando la calma en cada palabra, las palabras salían tan dulcificadas de boca que su rigor no parecía estarme hiriendo el orgullo y cavando mis esperanzas—. ¿Acaso olvidaste el tiempo en el que no sabíamos dónde ir y deambulamos como dos parias por Europa mientras yo intentaba hallar un lugar y un motivo para seguir con nuestras vidas?

—Mamá ese tiempo ya pasó. —A esas alturas de la conversación yo empezaba a respirar con dificultad porque entendí que no podría convencerla.

—Ese tiempo fui el hazme reír de toda la gente que me conocía y me sentí la persona más miserable de este mundo. —Ella seguía con la voz tan imperturbable que por instantes hacía que me preguntara si estaba hablando con mi madre o con un robot de reemplazo.

—El divorcio te permitió tener lo que ahora tienes. Ese duro tiempo que pasamos te permitió llegar donde haz llegado. —Tenía que recordarle que de todo lo malo algo bueno resultó.

—Si es para rescatar esa empresa no cuentes conmigo hijo, lo siento mucho, pero yo no puedo meterme en algo que no pensé, no planifiqué, no ideé, ni soñé. Nefrit es el sueño de tu padre, cada parte de ese lugar lleva impreso el sentimiento que arrebató nuestra felicidad. —El corazón de Angélica Vólkova Steinberg seguía envenenado con el odio y resentimiento hacia mi padre y todo lo que significó el pasado junto a él, los tiempos malos que vivimos por su arrebato amoroso; pero también todo lo bueno que tuvimos cuando fuimos una familia llena de amor.

Pero ella tenía en parte razón porque al observar la casa mayor de la empresa, cada mueble, cada balaustrada, cada jardín y cada decorado mostraba el gran amor que mi padre guardó por siempre hacia su pequeña musa Ivana Plisetskaya. En especial la escultura del hada, era ella y a nadie le cabía duda.

Habíamos hablado sobre mi participación como CEO de Nefrit hacía unas semanas atrás y ella me había advertido que tome una decisión a tiempo, estábamos reiterando la misma conversación con la diferencia que en ese momento ya conocía el sentir y el verdadero pensamiento que movía a mi madre a mirar con indiferencia le incendio que consumía poco a poco el proyecto de papá.

—Gracias por tu tiempo mamá y perdona la molestia. —No quise ser grosero, pero estaba muy enfadado y dolido con mi madre. La amaba mucho; pero no pensé que en su corazón guardase tanto rencor al hombre que un día amó.

—Vende Nefrit y preocúpate por ti y tu felicidad hijo. —La sentencia era inapelable y yo supe a la perfección que no solo se refería a la empresa cuando me dijo que me preocupase por mi felicidad.

Quedé aplastado, no tenía a quien más recurrir y por un segundo una idea devastadora cruzó mi mente, tal vez conservar Nefrit no era tan buena idea, miré de nuevo la foto de mi padre y recordé el día que nos despidió a mi madre y a mí en el aeropuerto. Miraba su reloj, no sé si esperando que por fin saliéramos de su vida o esperando correr a los brazos de la jovencita que se adueñó de su corazón.

Yuri entró en la oficina ese momento, no era un buen momento para que me vea porque me sentía una vez más huérfano. En silencio se acercó al escritorio y su confusa mirada me hacía mil preguntas.

—Estabas tardando Víctor, ¿vamos ya a casa?

Miré sus ojos verdes, tan verdes como verdaderos jades y comprendí que Yuri era todo lo que yo necesitaba en ese momento, con su simpleza y su fortaleza se convirtió en la luz a la que me aferré en ese momento de completa oscuridad.

Estiré mi mano y tomé su muñeca tan delgada que se perdía por completo en mi agarre, con cuidado lo acerqué más a mí, yo estaba sentado y él me miraba confundido allí de pie frente a mí. Si ese momento Yuri hubiera podido leer mi mirada habría descubierto que no solo quería verlo como mi hermano, que no solo necesitaba su apoyo y su calidez; Yuri hubiera entendido que en ese instante le pedía desesperado me diera un poco de su amor para seguir respirando y batallando.

Abracé su delicada cintura esa que amaba tan en secreto que ni siquiera yo me había enterado y acomodé mi cabeza sobre su pecho escuchado la mágica sinfonía que su respiración y su corazón creaban para arrullarme y calmar toda mi desesperación.

—¿Te sientes mal? —preguntó poniendo sus brazos sobre mis hombros.

Negué dos veces, pero mentía; por eso lo apreté más contra mí, para que su perfume me adormeciera, para que su calor me animara y para que me sintiera, por un instante breve, niño entre sus brazos.

—¿Las cosas no andan bien en Nefrit? —Yuri aún ignoraba el verdadero panorama que removía los cimientos de nuestra empresa.

No contesté esa pregunta y suspiré profundo para tragar mis lágrimas. No podía mostrarme vulnerable ante mi hermano menor en una situación así y deseaba encontrar la manera de ponerme en pie sin temor para seguir adelante.

—¿Quieres que te sirva algo de vodka? —Sus finos y fríos dedos peinaron mi melena enredada, esa que había desatado cuando conversaba con mi madre.

—No… solo déjame estar así por un rato más. —Aspiré todo el aire que cupo en mis pulmones y lo boté lentamente para calmar mis nervios y revivir mis esperanzas. Lo hice varias veces porque el primer intento no me funcionó, lo hice para aquietar mi cuerpo y alejar esas imágenes que nos condenaban al fracaso.

Yuri apretó con una de sus manos mi hombro y la otra desenredó por fin mi cabello dejándolo caer sobre mi espalda. No sé cuánto tiempo permanecimos abrazados y en silencio, solo sé que fue un momento en el que me sentí más unido que nunca a él.

Después de diez minutos que me parecieron horas, deshice nuestro fraterno abrazo. No tenía ganas de fantasías mundanas, solo quería sentirme unido a ese chiquillo de voz guerrera y mirada atigrada para que pudiera sentir mi sangre corriendo a prisa por mis venas, reclamando un día más de lucha, unas horas más de insomnio, unos minutos más de esfuerzo y unos segundos más de pasión. Nefrit necesitaba todo eso de mí.

Al ponerme en pie y ver el rostro de Yuri, al observar cómo su mirada de ángel se transformaba en una dura roca ígnea y me exigía ser un general en medio de la batalla y al imaginar sus sueños rotos; sentí que él se merecía cada discurso, cada pedido, cada carta, cada reunión, cada compromiso firmado, cada despido sellado, cada palabra, cada latido y cada exhalación mía, cada batalla luchada hasta la última gota de mi sangre para que sus sueños pudieran despegar y se uniesen a los de mi padre muerto.

Otra vez puse la pesada carga sobre mis hombros, otra vez pensé que Jakov sería mi mejor consejero, guía y apoyo. Estaba dispuesto a escucharlo como no lo había hecho hasta ese momento. Otra vez Lilia idearía las colecciones y Joseph Done se pondría manos a la obra para crear magia en el atelier.

Y otra vez vería la sonrisa y la mirada de orgullo de Yuri y respaldaría su pequeño gran esfuerzo, ese que entregaba las tardes que llegaba a la casa mayor ansioso por seguir aprendiendo. Respaldaría el talento que convertía en figurines y que Lilia rechazaba o aprobaba con severas observaciones y él se esmeraba en corregir o guardaba celoso en una carpeta a la cual nadie tenía acceso.

Yuri se merecía ese amor que lo entregaba todo por él. El amor de un hombre que lo protegía y quería su triunfo y su dicha. Ese hombre era yo, quien juró un día convertirse en su fuerza, en su guía y su ángel guardián.

Esa noche ningún pensamiento zafio cruzó mi mente. Contemplé a Yuri como el ser que abandonaba su niñez y se preparaba para ser un hombre. Lo miré con ojos de hermano, con ojos de maestro, con mirada de amigo, con ojos de humano. Podría decir que esa noche también lo contemple con ojos de padre.

Esa noche en la frugal cena que comimos callados no sentí la necesidad de pensar en su belleza masculina que convocaba al duende de mis instintos. Esa noche solo quería que mi mano sobre la suya significara un “no temas, aquí estoy”. Esa noche de frío viento otoñal que acariciaba las ventanas de la cocina solo sentía el gran compromiso y la alegría de estar haciendo lo correcto por Yuri.

Yuri mi pequeño hermano, Yuri mi niño rebelde, Yuri mi eterno sol de verano, Yuri mi luz y esperanza, Yuri mi vida y mi amor…

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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