Tabú 12


Mis visitas a Nefrit dejaron de ser esporádicas desde que me presenté un lunes cerca de las seis y treinta de la tarde después de la práctica con el equipo de hockey.

Siempre escuché comentarios absurdos de personas que no podían creer que un joven como yo que expresa su amor por el arte a través del diseño de modas pudiera también practicar hockey con rudos compañeros que me estrellaban contra las bardas o la pista de hielo y aquel entonces todos creyeron que mi pasión por el diseño solo era un sueño de un niño que aún no terminaba de definir su futuro.

Pero esa tarde me encontraba en el taller junto a Lilia esperando que terminara de conversar por teléfono con una proveedora de encajes. Ella me hizo una pequeña señal con el dedo para que la esperase y mientras tanto me puse a observar el trabajo de los demás. Algunos tuvieron la gentileza de mostrarme sus avances y otros se sintieron algo molestos con mi presencia.

Los diseñadores eran muy celosos con su trabajo y en más de una oportunidad lo comprobé, porque no siempre estaban dispuestos a hablar de sus proyectos y mucho menos a mostrar algo que estuvieran trabajando sobre el papel.

Alguien que no era nada celosa y, yo diría, se mostraba como una generosa maestra de la moda era Lilia. Ella no tenía miedo de compartir sus apreciaciones serias y corregir tus diseños a tiempo para que no trabajes en vano. Era muy exigente cuando ya mostrabas cierto nivel de avance y no tenía reparos en enseñarte algunos de sus trucos y técnicas; aunque para ello debías demostrar lo que ella llamaba “maestría”.

Cuando terminó de conversar de manera acalorada con la misma dueña de la fábrica por el pedido fallido que habían enviado, Lilia tomó algo de agua para calmarse, me miró desde su mesa de trabajo y con el tono de voz marcial me llamó para que la siguiera.

—Yuri este será tu espacio propio. —Señaló un tablero de dibujo empinado que estaba sobrepuesto encima de un escritorio lleno de cajones de diferentes tamaños tanto en la parte frontal como en la posterior—. Es un lugar muy iluminado, cómodo y tienes todos esos gabinetes para que guardes tu material de trabajo.

Acercó una silla alta y me pidió que me sentara en ella. Trajo dos hojas grandes de papel blanco y varios tipos de lápices grafito para dibujar. Me pidió que me pusiera en posición de hacer algún dibujo y cuando lo hice corrigió la postura de mi espalda, mis brazos, mi cuello, mi cabeza y mis manos.

—A mano alzada cariño, esa es la forma como debes hacer los figurines y cualquier dibujo que se te ocurra para que no quiebres de más la espalda y para que no manches la hoja con la mano. —Tomó mi mano derecha con la suya y la dirigió al papel, señalando la forma como debía deslizar el lápiz sobre él.

Al inicio fue difícil dominar esa postura pues estaba tan acostumbrado a dibujar sobre la mesa de mi escritorio y apoyar mi muñeca y mi mano en ella, que presenté gran dificultad en hacer los trazos. Pero Lilia tuvo mucha paciencia conmigo y yo me exigí al máximo para lograr hacer lo que ella pedía.

La gran dama se sentó junto a mí y tomó un lápiz y dibujando cualquier cosa, que a ella le salía muy hermoso, comenzó a darme una gran explicación sobre el mundo que ella y mi padre habían compartido con pasión desde que fueron compañeros de estudios.

—Yuri el diseño de modas es un arte. Muchos confunden nuestro trabajo como si fuéramos confeccionistas de prendas de vestir, pero no es así. Cuando tú vas a crear un patrón lo primero que haces es imaginar a la mujer, el niño o el hombre que lo usará y pensarás cómo es que esa persona se verá usando aquello que has creado.

Tomó un lápiz de una cartera delgada y lo acercó a mi mano para que yo comenzara a dibujar los trazos acostumbrándome a sostener la nueva postura que me había enseñado.

— Para trasladar los diseños que tienes en tu imaginación, no basta con un simple lápiz y papel. Es importante conocer la anatomía del ser humano para que un diseño se entienda correctamente y resulte proporcionado. —Ella seguía guiándome mientras terminaba de crear un traje de gala para alguna mujer afortunada que lo vestiría algún día—. Además, debes tener en cuenta que ese dibujo ayudará al patronista a entender tu idea y trasladarla a un modelo más real, por así decir.

Lilia comenzó a dibujar los detalles del traje y yo solo había hecho unas cuantas líneas desordenadas. Como sentí que la frustración me estaba llenando la cabeza de tonterías, respiré profundo y decidí seguir dibujando algo casi sin sentido y sin mucha gracia. Ella siguió hablando.

—Primero debes realizar bocetos y anota en ellos todas tus ideas y posteriormente si te interesa ver el acabado final, puedes hacer un figurín más elaborado y artístico en el que puedes emplear técnicas mixtas combinando lápices de color, rotuladores o acuarelas.

Lilia parecía estar dando lecciones a un pequeño de kínder, no porque me considerase demasiado infantil; sino por el empeño y el cariño con el que se puso sobre los hombros la gran tarea de ser mi maestra.

— Una vez que hayas definido cómo será tu diseño, tendrás que elaborar lo que se denomina ficha técnica, en la que dibujarás sólo la prenda por delante y por detrás anotando todos los posibles detalles, así como los acabados que te interesan.

Yo la escuchaba y guardaba en mi mente todas sus palabras y su gesto firme que contrastaba con la calidez de sus ojos marrones.

—Cuando se dibuja un cuerpo humano no debes olvidar que estás representando un ser que está en movimiento. Es básico que observes con mucho detenimiento los movimientos habituales de las personas, los movimientos hacen que el dibujo se vean trazos flexibles, sinuosos y ágiles.

Lilia añadió varias flores que caían a un costado a la imagen del sombrero. Revisó el dibujo y añadió un par de detalles más a los tirantes. Luego tomó unos lápices de color y fue repasando el trazo con ellos dejando que la suave tonalidad de la prenda muestre sombras y luces que daban la sensación de movimiento.

—El figurín de moda es el medio ideal que usamos los diseñadores para representar gráficamente un vestido o toda una colección. Debe contar con una expresión viva, un trazo fresco, un movimiento dinámico, una pose elegante y una expresión adecuada al tipo de vestimenta propuesto. —En pocos minutos terminó con el modelo y frente a mí apareció un vestido de una sola pieza para una gala diurna con detalles marcados en los tirantes y las borlas del vestido que me dieron la impresión de ser un traje para una mujer muy joven—. Tienes que evitar representar un figurín con una pose demasiado estática o demasiado realista, ya que resultaría rígido y artificial, poco adecuado al lenguaje divertido del mundo de la moda. También debes evitar dibujarlo en posiciones que no permitan interpretar el modelo del vestido.

Al ver el modelo que había creado me enamoré más de ese mundo de colores que empezaba a mostrarme su encanto de la mano y la voz de quien sería siempre mi mejor maestra.

Lilia me pidió que la siguiera hasta la mesa de Ednita, una colaboradora de la empresa que trabajaba en sus ratos libres y que hacía maravillas con los accesorios de cuero sintético.

—Mira Yuri, la parte más técnica de las fases de diseño de moda, es cuando se realizan los bloques del patrón. Un conjunto que se hace en papel o en tela. —Ednita se retiró unos pasos y pude apreciar cada uno de las partes de un modelo que estaba dibujando sobre papeles delgados y transparentes—. Cada uno representa una sección o parte de la prenda de vestir. Todas se ven como piezas de un rompecabezas, por lo que cada sección debe unirse con la que le corresponde. Una vez que se han cosido juntas, las piezas forman la prenda de vestir.

Lilia jugó un poco con las piezas del traje que la patronista estaba diseñando en los papeles y me mostró cómo se ensamblaban unos con otros hasta que frente a mis ojos apareció el modelo de un saco muy holgado y de suave caída.

Mi maestra me pidió que la siguiera a la zona más alejada del atelier donde dos chicas vestían unos bustos de madera.

—Aquí nuestras colaboradoras están usando un maniquí. Para confeccionar una prenda en maniquí se requiere usar un tipo de tela de muy bajo costo, que se asemeje al material del que se intenta realizar la prenda. —Lilia me invitó a tocar la tela y parecía plástico, yo me detuve sintiendo la textura, pero ella siguió explicando—. Un diseñador de moda debe usar el maniquí para alisar, contornear y manipular la tela para crear la prenda o patrón. Éste permite al diseñador ver cómo su concepto se verá en el cuerpo antes de coserlo. La mayoría de los que usan este método marcan las costuras y el diseño en la tela barata, después, cortan las piezas de la prenda de vestir para crear un patrón de tela y, al final, la cosen.

Agradecimos a las diseñadoras y colaboradoras que nos permitieron interrumpir su labor para que pudiera ver en qué consistía y Lilia me guio de nuevo hasta mi mesa de trabajo. Me senté y ella volvió a corregir mi postura —eso fue algo que repitió durante los primeros tres meses de mi aprendizaje— y me dejó con una interrogante muy importante que me persiguió durante un buen tiempo sin tener una respuesta precisa.

—Tu padre se inspiró en las mujeres y sobre todo se inspiró en una mujer especial, tu mamá. —Lilia apretó mis hombros y mirándome a través del espejo que teníamos en frente soltó la pregunta—. Piensa Yuri y tómate tu tiempo para saber la respuesta. ¿En quién vas a inspirarte? ¿Para quién vas a crear tus diseños?

Me quedé callado mientras observaba que ella regresó a su mesa de trabajo y jugó como si fuera una niña con papeles brillantes de colores. Esa era una técnica muy especial que ella usaba para crear algo de textura sobre el figurín que había dibujado.

Me puse a pensar quién se convertiría en mi musa, en la mujer que me anime a crear colecciones enteras para vestir su piel desnuda. Mi mente estuvo en blanco por varios minutos y por más que me pregunté y repasé muchos rostros en mi cabeza no encontré a ninguna mujer cuyo cuerpo me apasionara tanto como para hacer que trabajara con esmero mis figurines.

Me puse a trabajar en algo y no sabía en qué y revisé en mi celular algunos diseños presentados por diferentes casas de modas en los últimos desfiles de las colecciones para el otoño-invierno de ese año. Copié un par de ellos a la perfección y sin embargo no estaba satisfecho con ciertos cambios que les añadí.

Sabía que Lilia me estaba tomando una prueba de inicio para conocer cuál era mi potencial de dibujante y así determinaría de qué manera y en qué punto comenzarían las verdaderas lecciones.

Recuerdo que durante largo rato estuve con el lápiz en la boca y que no sabía qué más hacer. Incluso pensé en mi madre y lo bonita que se veía en las revistas de modelaje que mi abuelo guardó con especial cariño y cuidado en un cajón de su closet. Mi bonita mamá tampoco logró inspirarme.

A punto de claudicar en mi desesperado intento por tener una fuente de inspiración, tomé los lápices, los borradores y las hojas. Estaba decidido a buscar esa noche mi modelo especial, tal vez una artista o alguna vocalista de una de las tantas bandas que admiraba.

«No tienes que desesperar», me dije y añadí: «Lilia me dijo que tomara mi tiempo para encontrar esa musa».

Miré el reloj y faltaba muy poco para que todos se levantaran de sus asientos, para que la música dejara de sonar y el atelier quedara solitario. Resignado miré una vez más mis dibujos, un vestido de fiesta muy sencillo estilo romano con cortes a los costados de la falda y un traje de dos piezas para una mujer ejecutiva.

Quería quemar ambos figurines.

Mi musa.

¿Dónde estaría ella? Seguía preguntando cuando de pronto la voz de mi hermano sonó por detrás de la puerta y cuando ingresó al taller con su sonrisa abierta y sus ojos de niño bueno, lo miré bien, observé sus movimientos tan cuidados, su largo cabello bien peinado y sujeto en una cola alta, su caminar firme y su mirada coqueta, como si estuviera modelando para todos.

Me quedé paralizado porque supe de inmediato que había encontrado mi musa.

«Maldición mi musa tiene pene», me reproché.


El preciso instante cuando el cielo se oscurece y las luces de las calles empiezan a encenderse parpadeando, como si se resistieran a cumplir con su lánguido trabajo, pasó a significar un momento ritual entre mi hermano y yo.

Por lo general yo me encontraba frente al tablero de diseño que Lilia ordenó instalaran para mí muy cerca de la gran mesa de trabajo donde ella, Joseph y los tres ayudantes del atelier discutían qué tipo de escote llevaría ese nuevo vestido, cuántas piezas debían mantener en el nuevo traje de cóctel o cuántas pinzas llevaría el pantalón del enterizo.

De vez en cuando Lilia observaba mis dibujos, su mirada seria jamás cambiaba haciendo que mi interior arda de desesperación al no saber si había hecho mal o bien la propuesta; luego de unos minutos de estar en silencio tomaba el lápiz y con dos o tres trazos simples convertía mis diseños en perfectas piezas elegantes y hasta extravagantes. El glamour ante todo, esa era la propuesta que “Nefrit” debía seguir vendiendo a las mujeres del mundo.

Aunque me sentía frustrado y mi mirada decía que quería botar todo por el caño, contemplar que casi el cincuenta por ciento de mis propuestas sobrevivían a la calificación de la exigente dama, me hacía sentir que debía esforzarme más y aprender, aprender, aprender. Me faltaba un larguísimo camino que recorrer para que pudiera comparar en algo mis trazos raros con los perfectos diseños de la grandiosa Lilia Baranovskaya. Con algo de indulgencia pensé que el cincuenta por ciento no estaba mal.

Ese era el momento que Víctor ingresaba al atelier, se veía cansado; pero nunca le faltaba la sonrisa coqueta con la que saludaba a las damas, el respetuoso beso en la mano con el que saludaba a Madame Varanovskaya y la mirada de cariño con la que se acercaba hacia mí, para luego posar los largos dedos de su mano sobre mi cabeza y revolver mi cabello diciéndome hola.

 A veces lo dejaba jugar con mis mechones, otras veces apartaba su mano con la mía y otras apartaba toda mi cabeza tratando de evitar su suave toque. En el fondo quería seguir sintiendo su cálida palma y sus traviesos dedos jugar entre mis mechones hasta sentirme rendido a su mágico toque.

Víctor miraba mis trazos y también me daba su punto de vista. Yo me sentía abochornado por lo que tuviera que corregir; era la mirada de un hombre sobre el traje que usaría una dama que lo acompañaría a una elegante cena o alguna fiesta exclusiva. Él siempre decía que era bueno ver algo de piel, no demasiado para dejar que la imaginación masculina pudiera trabajar sobre los puntos ocultos.

Mi problema es que yo no podía ver a las chicas como objetos eróticos porque las imaginaba siempre como mis iguales, como si fueran chicos más delicados, jóvenes con bonitas sonrisas, hombres con curvas especiales y carentes de órganos viriles. No era capaz de distinguir la diferencia salvo por el tono de voz, las maneras suaves de trato y los intereses que a veces son tan diferentes a los que tenemos los varones.

Después de unos diez minutos de charla entre mi hermano, Lilia y los demás diseñadores; Víctor me llamaba con esa tonada que alargaba la última sílaba de mi nombre, yo para ese momento había preparado mi maleta de la escuela y tenía la chaqueta puesta para salir junto a él y volver a casa. Eso fue lo que me dijo desde el primer día que empecé a vivir junto a él, “a casa” se convirtió en mi frase favorita porque me hacía sentir seguro y querido.

Nos despedíamos de todos y emprendíamos el retorno al lugar que nos permitía ser solo nosotros, el departamento lujoso que se había convertido en nuestro sitio de juegos, en nuestro lugar especial para ver películas de amor, guerra, acción, terror o drama; el hogar en el que compartíamos una cena ligera todas las noches y la acompañábamos de vino y música.

Jazz, Víctor amaba el jazz y yo quebraba esa extraña cadencia de guitarras y saxofones con los potentes sonidos de las guitarras de mis grupos favoritos de hard rock o rock alternativo.

Esa noche como todas las noches yo era el copiloto de mi hermano, como la despensa estaba llena no hicimos ninguna parada entre la casa “Nefrit” y el edificio donde vivíamos, él me contó lo agotador que había resultado su día caminando de un banco a otro para entrevistarse con los asesores de crédito de mi padre y extender las fechas de los pagos, tenía la esperanza que le dieran más tiempo para poder cumplir con las cuotas y salvar la empresa. Pero la esperanza de Víctor era similar a la débil llamarada de una vela que intenta iluminar un bosque entero; los problemas de “Nefrit” eran muy serios.

Yo me limité a contarle que había terminado los exámenes de ese trimestre y que el último lo había resuelto en tan solo veinticuatro minutos por lo que estuve algo movedizo sobre mi pupitre, y que por lo que la profesora se acercó pensando que estaba en problemas, yo me limité a entregarle la prueba y ella me miró con incredulidad, entonces como premio a mi eficiencia me ordenó que me sentara en su escritorio y resolviera algunos ejercicios de una clase avanzada de álgebra en línea.

—Qué tal premio — comentó risueño.

—Fue como un golpe en las bolas —añadí sin ganas.

Quedamos en silencio cuando terminé mi escueto relato y sentí que el pasar de las luces sobre nosotros relajaba mi cuerpo, necesitaba descansar pues había terminado de estudiar pasada la media noche, había entrenado con el equipo de hockey y como siempre terminé con algunos rasguños; así que deseaba llegar a casa pronto, cenar y acostarme luego de atender a Potya.

Cerré los ojos por unos segundos y no me di cuenta que mi cuerpo fue cayendo hacia el lado del piloto, mi cabeza topó el hombro de Víctor y yo solo me dejé llevar por esa agradable sensación de comodidad. Comencé a caer en la cálida espiral que te hace sentir que estás entre dormido y despierto, seguía escuchando la voz de una mujer que cantaba en inglés un tema muy conocido de soul y a la vez me deleitaba con el perfume de Víctor que parecía embriagarme y hacerme sentir más ligero.

En ese momento se presentaron en mi mente imágenes de mi hermano lo vi tal y como estaba vestido en la mañana con el pantalón gris claro, la camisa blanca, el chaleco bien ajustado a su cuerpo, arreglando su corbata frente al gran espejo de su enorme walking closet; no recuerdo cuánto tiempo me quedé contemplando sus gestos y movimientos, solo sé que pensé que se veía apuesto y que todas las mujeres tenían razón cuando se quedaban con la boca abierta mirándolo pasar en la calle, en el gimnasio o en las pasarelas. Y sentí el impulso de entrar al pequeño cuarto y abrazarlo con todas mis fuerzas.

¿Por qué quería abrazar de esa forma a mi hermano? ¿Por qué quería sentir su calor? ¿Por qué esperaba con ansias sus manos juguetonas desordenando mi cabello que de por sí ya era un desastre? ¿Por qué mis ojos reclamaban mirarlo todo el tiempo y mi mente se regocijaba incluso con el gesto más insignificante? ¿Por qué me sentía tan complacido de aspirar su perfume todo el tiempo? ¿Por qué me obligaba a seguirlo todas las madrugadas corriendo durante poco más de una hora? ¿Por qué sentía que su voz me acariciaba?

Amaba a mi hermano, eso estaba bien, los hermanos deben amarse, apoyarse, alentarse y protegerse. Pero mi amor cobró una forma más egoísta, amaba a Víctor con el deseo de nunca sepárame de él y quería ver que todo el tiempo me estuviera sonriendo, quería que solo me mirase a mí y no tuviera ojos para nadie más.

Entonces recordé la noche que lo vi entre los brazos de la hermosa; recordé cómo lucía su cuerpo, recordé sus gestos cargados de lujuria y recordé sus vulgares frases, sus sonidos, sus quejidos. Mi mente se fijó en un gesto particular, su sonrisa retorcida por el placer, esa que regalaba con tanto ardor a Anya. Su gesto se quedó congelado en mi recuerdo y quise que hiciera lo mismo conmigo; que me regalase esa misma sonrisa a mí.

Desperté sin abrir los ojos y sentí un gran vacío en el estómago, estaba apoyado sobre el hombro de mi hermano y su perfume comenzaba a hacer que sintiera mi cuerpo tenso, caliente y hormigueante. Me asusté porque al instante reconocí esas sensaciones, lo miré por primera vez de cuerpo entero y me sentí pequeño frente a él. Yo no amaba a Víctor hermano, yo amaba, yo anhelaba a Víctor… hombre.

De inmediato abrí los ojos para no seguir viendo esa realidad de mi interior que se mostró tan descarada y desnuda que me hizo ruborizar. Observé los pliegues de tela en el abrigo de Víctor, volví a aspirar el aire con aroma a él y no estoy hablando de la cara fragancia que se pone dos veces al día para atraer a las mujeres, hablo de ese perfume que exuda su cuerpo, ese que subyace por debajo de las gotas atomizadas de su colonia; el mismo que sentía todas las mañanas cuando regresábamos de haber corrido juntos.

—¿Cuánto tiempo dormí? —Mareado y con temor que mi hermano descubriera mis sentimientos me aparté de un salto hasta alejarme lo suficiente para evitar que mi cuerpo sintiera más calor.

—Diez o doce minutos. Ya estamos llegando Yuri. —Víctor siguió mirando la calle y yo enfoqué la mirada cuando dimos la vuelta en la esquina del edificio— ¿Quieres descansar?

—Tengo mucha hambre y quisiera comer una vaca entera en este momento. —Insalivé recordando que había unos jugosos bistecks esperando en la conservadora, ya estaban preparados y solo tenían que ser puestos en la sartén mientras hacía algo de puré y ensalada, sería fácil y no tomaría más de quince minutos.

—¿Quieres que te ayude a hacer la cena? —Preguntó como siempre y yo recordé una vez más que Víctor jamás ayudaba; por el contrario, hacía desastres en la cocina.

—No, solo quiero que laves los platos después de comer. —Mi hermano hizo un ligero puchero y yo fingí enfado en mi mirada.

Tenía que fingir siempre una mirada dura y llena de reproches para que no pudiera jamás captar en mis ojos las ganas que tenia de él.

Cuando nos sentamos a comer, cuando nos deseamos buen provecho, cuando Víctor abrió la botella de vino, cuando el aroma de la comida nos complació y abrió más nuestro apetito, cuando lo observé con su oscura camiseta de casa que arremangada mostraba la forma de sus brazos, fuertes y firmes, cuando observé su larga melena cayendo cansada sobre sus hombros, cuando sus labios se movían con suavidad mientras masticaba la comida, cuando vi toda la espectacular belleza de Víctor mostrarse despreocupada frente a mis ojos; ese momento sentí que mi miedo a amarlo crecía dentro de mí como la fiebre cuando comienzas a sentir que has pescado un gran resfriado.

No me gustaba ese sentimiento, nunca me ha gustado ser cobarde y huir de mis enemigos y precisamente esa sensación de vacío y culpa comenzaba a convertirse en mi enemigo.

Estaba sentado frente a mí Víctor mi hermano, el único hermano que tenía en este mundo; la única familia que me quedaba para apoyarme y sentir que pertenecía a algún lugar. Pero mi mente, mi cuerpo, mi alma, no sé qué diablos dentro de mí, querían vestir de sensualidad esos sentimientos puros, aquellos que te unen a un hermano con un amor particular.

Me sentí oscuro e impuro y odié sentirme así; yo debía amar a Víctor como se ama a un hermano, pero…

Nunca había sabido cómo era amar a un hermano, solo hacía cuatro meses que sabía cómo era vivir con uno y él era un completo desconocido en el momento que llegué a su departamento. Durante ese tiempo comencé a saber cómo era, qué pensaba, qué sentía, cómo afrontaba la vida, qué manías tenía, cuáles eran sus cualidades y cuáles sus defectos. Y conforme lo empezaba a conocer más, sentía que me gustaba y sentía que amaba cada aspecto de su forma de ser.

Víctor debía ser mi ejemplo a seguir, tenía que admirarlo y respetarlo, mirarlo con cariño y sentirlo casi como un segundo padre. Se supone que así se quieren los hermanos.

Había estado callado durante la cena dejando que todos esos pensamientos pasaran por mi cabeza y de vez en cuando rasguñasen mi corazón. Era horrible sentirme fuera de lugar, culpable por mi forma de pensar y mi forma de sentir.

Entonces sin darme cuenta había fijado mi mirada en Víctor y me preguntaba todo el tiempo qué tan malo sería quererlo de la manera como lo estaba queriendo. Yo lo miraba sin cerrar los párpados y él tomaba su copa de vino, yo lo miraba y él comía con gran apetito el postre, yo lo miraba y él limpiaba en forma delicada sus labios con la servilleta, yo lo miraba y él se sonrojó, vi como sus mejillas se iluminaban con el rubor y coloreaban su rostro de marfil.

¿Qué estaría pensando para ponerse así? ¿Acaso lo miré de más? ¿O tal vez ya se dio cuenta de lo que yo estaba sintiendo? ¿Sería que mis ojos revelaron mi secreto?

Cerré los ojos y me vi de manera clara, estaba en un punto donde el camino se bifurcaba en dos; o combatía toda la sensación erótica que estaba sintiendo por mi hermano o era honesto conmigo mismo y lo amaba con mi corazón, con mi alma y con mi piel.

Nunca tuve miedo de mirar a los ojos de mis enemigos, mi enemigo ese momento era mi ego, que se convertía en deseo; lo miré de frente sin ningún temor y decidí tomar sus riendas, no sería golpeándolo con el látigo de la moral humana que lo llegaría a domar; solo me convertiría en su amo cuando lo dejara discurrir libre por mis venas.

El rostro encendido de Víctor me dio la pauta, disfruté tanto ese pequeño instante en el que lo vi vencido frente a mi mirada deseosa que me sentí poderoso y me prometí amar a Víctor con la verdad de mi alma, no lo quería como un hermano, lo amaba como a un solo se ama a un macho.

—¿Quieres algo más de vino Yuri? —me preguntó aún abochornado.

—Sólo si tú también te sirves una copa más. —Decidí amar a Víctor con todo el impulso de mis dieciséis años, llenos de preguntas, de sueños, de altibajos, de hormonas revueltas, de inmadurez, de inexperiencia y de esperanza.

—Por tus buenas notas Yuri. —Algo más calmado alzó su copa y yo la topé con cuidado.

—Porque siempre me sigas queriendo en tu vida Víctor. —Decidí exponer un poco de esa honestidad, solo un poco.

—¿Por qué no te querría en mi vida Yuri? —Mi hermano me miró desconcertado.

—No lo sé… a veces soy tan loco y tan raro. —Esa era la forma cómo me veía a los dieciséis.

—Pues a mí me gusta que seas loco y raro Yuri, no te querría de otra manera. —Una vez más Víctor me sorprendía porque hablaba de cariño.

Yo no solía dar mi cariño a cualquiera. Tenía que conocer a una persona muy bien y haberlo tratado por un largo tiempo para abrir mi corazón y en ese momento me parecía muy poco el tiempo que había pasado junto a Víctor como para que él me hablara de sentimientos.

Pero él ha sido y siempre será así. Amable con todos y amoroso solo con pocos. No es que sea tan desconfiado como yo; solo que es selectivo y abre su corazón a las personas que en verdad se merecen sus sentimientos.  

Él también me dio un lugar en su corazón; pero en ese momento me preguntaba cuál sería ese lugar. Si me dejaba estar a su lado solo por una obligación moral o si ese cariño que confesó me convertía en alguien importante para él.

En cambio yo, a pesar de ser siempre huraño con todos; me mostré vulnerable frente a la mirada y la sonrisa de Víctor y lo hice desde el primer momento que lo conocí, solo que en un inicio no podía darle un nombre a ese sentimiento.

No era como querer al abuelo o como la vez que comencé a sentir aprecio y cariño por mi padre. Era algo más intenso y en un inicio eso me daba miedo, aunque confieso que jugué con esas emociones queriendo enredar un poco las cosas y fui yo quien resultó enredado.

Sonreí de costado y decidí que mis sentimientos por Víctor, esos que perturbaban mi mente con imágenes calientes y que me hacían sentir enervado todo el tiempo, serían mi tesoro enterrado en la isla solitaria de mis pasiones.

Jamás se los revelaría, porque él no entendería que mi amor, aunque retorcido e imperfecto, era un amor verdadero.

Comprendí que si guardaba mis sentimientos de hombre siempre tendría para mí su sonrisa y su mirada de hermano mayor. Él jamás aprobaría esa conducta, él me quería como el chico que compartía su sangre y apellido; él amaba a Anya y nunca me vería con ojos de amante.

Esa noche mirando lo apuesto que era Víctor, observando detenidamente la belleza que hasta hoy lo acompaña y sopesando el coraje que sacaba para enfrentar la difícil situación que se avecinaba en Nefrit; decidí que podía ocultar al mundo entero lo que en verdad sentía por él, pero que jamás le mentiría a mi corazón.

Notas de autor:

Yuri está siendo sincero consigo mismo; pero sabe que sería raro y peligroso hablar de esos sentimientos hacia Víctor que comienzan a tomar forma de amor romántico.

Gracias por seguir la historia.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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