Tabú 11


Los deseos de Yuri, los sueños de Yuri, el futuro de Yuri.

Por primera vez en mucho tiempo anteponía los anhelos de otra persona a mis propios intereses y me sentía satisfecho como si los sueños de mi hermano fueran los propios. Yuri se lo merecía, mi amado hermano debía tener todas las oportunidades que la vida me dio y yo deseaba ser el artífice de ese futuro.

Empecé a soñar que, junto a mí, Yuri llegaría a encontrar su destino y que algún día llegaría el momento de mirar hacia atrás para sentirme satisfecho por el esfuerzo que estaba haciendo.

Había dejado de lado un par de contratos. Me negué al pedido de promocionar la nueva línea Yung Box de Tom Piarelli, un joven y audaz diseñador de calzados y dije no a filmar en las playas de Costa Rica para el exclusivo resort Makasha Inn.

Mi deber de hermano era más importante y en esos momentos de crisis alguien debía estar al frente de la empresa de mi padre, alguien debía tomar las riendas de ese caballo desbocado, alguien debía atreverse a mirar de frente la montaña de problemas y luchar hasta conseguir llegar a la cima y ese alguien tenía que ser yo.

Pero esa tarde debía enfrentar otro tipo de dilema que surgió en mi vida profesional. Debía hablar de manera clara con mi representante, que se sentía molesta conmigo pues haber declinado a firmar esos contratos me alejaba demasiado de mi carrera de modelo y me dejaba mal parado frente a los poderosos empresarios que podrían haber pensado en mí como imagen para sus firmas. Además de dar una gran oportunidad a los competidores.

—Hola mamá ¿cómo está París? —Traté de parecer despreocupado por el celular, pero sabía bien que ella no estaría muy contenta—. Dicen que está lloviendo mucho estos días.

—Sí está lloviendo y sabes bien que la lluvia me pone de mal humor cariño. —Ella era así, primero rodeaba a las personas con sus palabras y su tono suave de voz, las envolvía y al final las constreñía.

—¿Por qué no te tomas un par de semanas y vas al Caribe o a Malasia? —Mamá tenía buenos amigos en muchas partes del mundo y podía viajar en su propio avión a cualquier ciudad si lo deseaba.

—Porque no suelo dejar mis obligaciones de lado —lo dijo sonriendo y yo sabía que en el fondo estaba hirviendo por el enojo—. Mi carrera al frente de esta firma y mi actividad como modelo veterana es muy importante para mí y no soy tan irresponsable con mis compromisos.

—Mamá sé a dónde quieres llegar y no estoy siendo irresponsable, solo estoy haciendo otra cosa que requiere más atención de mi parte. —Mi madre tenía la pequeña barita mágica con la cual podía hacerme sentir el hombre más importante y afortunado del planeta o el niño más miserable. Esa tarde me había tocado ser el niño malo e irresponsable.

—Vitenka sabes lo mucho que te amo y te admiro. Por supuesto que sé que estás poniendo sobre tus hombros una gran responsabilidad mi amor; pero es algo que no te corresponde. Tú jamás tuviste interés por Nefrit —Las madres lo saben todo y ese momento ella acababa de decirme una gran verdad.

Nunca antes de la muerte de mi padre había tenido algún deseo de saber cómo era la casa de modas por dentro. Conocía a sus principales socios, a sus diseñadores, sus operarios; había visitado varias veces la casa matriz; pero jamás había sentido ganas de ponerme en los zapatos de papá y mucho menos me había imaginado estar sentado en su gran sillón gerencial dirigiendo la orquesta.

Para mí Nefrit siempre fue la marca de Miroslav y ni siquiera fui su modelo porque él se dedicó a vestir solo a las mujeres bellas y ricas de Europa. Mi madre me conocía muy bien y como pocas personas en el mundo ella sabía cuáles eran mis verdaderos intereses.

—Tengo un compromiso moral mamá. —Me di cuenta que estaba muy tenso desde que vi el nombre de mi madre en la pantalla del celular y me recliné sobre el asiento para poder pensar bien mis respuestas. No era fácil hablar con Angélica Vólkova—. Nefrit es una gran firma y ya está posicionada como una marca importante en la industria. No puedo dejar que el sueño de mi padre y todo su esfuerzo desaparezcan.

—Pero sí puedes arruinar tu futuro como modelo. —Mi madre elevó la voz un poco, esa actitud era algo que no veía en ella a menudo—. Dime Vitya ¿en verdad quieres dejar de ser la imagen de las corporaciones de moda conocidas y de los nuevos talentos para convertirte en un empresario de éxito y llevar las riendas de la empresa de tu padre hasta el final? Porque si es así yo te entiendo.

—Mamá sabes bien que amo modelar, es mi vida; pero en estos dos últimos años he estado un poco perdido y tal vez este tiempo en el que pretendo salvar la firma de papá, pueda lograr tener otra visión de mí mismo como modelo. —Eso era algo que lo había pensado desde que decidí montar ese caballo salvaje llamado Nefrit, alejarme un tiempo del mundo fashionista y volver con otra propuesta.

—Víctor sabes muy bien que será demasiado difícil volver a los escenarios luego, solo con descuidar un poco tu carrera puedes hundirla por completo y ni yo ni todos mis agentes de Beletza podremos lograr que recuperes el éxito de antes. —Una vez más ella tenía razón, no podía discutirle ese argumento porque era cierto.

El modelaje es una carrera muy ingrata en la que debes estar día a día peleando por tu lugar en las campañas, en las pasarelas, en las revistas de moda y en los carteles de exhibición. Ser modelo en parte significa ser un luchador y tus armas deben ser el estilo, la belleza y la seducción.

—Mamá tengo además otro compromiso y éste es más importante aún. —Estaba revelando a la hacedora de mis días el motivo fundamental para haber decidido hacer lo que estaba haciendo y poner en espera mis proyectos propios—. Sabes que me hice cargo de mi hermano, soy su apoderado y él vive en mi departamento. Durante dos años debo ser su guía y él es un chico muy hábil que tiene el sueño de ser como papá.

Quería que mi madre lo entendiera y sobre todo quería que esté orgullosa porque su hijo tomó una decisión tan madura y seria, aún a costa de ciertos sacrificios.

—Víctor es muy noble de tu parte que estés haciéndote cargo de ese niño, aun cuando esa labor no te corresponde. —Recordé que mi madre no se sorprendió mucho con la noticia cuando le comenté que tenía un hermano y dijo que era fruto de la última gran travesura de Miroslav —. Tienes tu vida, tienes tu novia y tienes tu carrera. Ese es tu presente y tu futuro y no puedes meter en medio a un chico que no conoces bien.

—Ese chico es mi hermano y no podía dejarlo desamparado —protesté al sentir que mi madre no tomaba tan en serio mi labor como hermano mayor.

—Lo sé cariño, no puedes dejar en la nada a un hermano; pero tenía entendido que Lilia y Yakov se harían cargo de él. —Y me pareció que mi madre estaba mostrando demasiada suspicacia—. ¿Para qué te metiste a pedir su custodia?

—Porque es mi hermano, le estoy agarrando cariño y quiero apoyarlo, mamá. —Y de repente sucedió. Como nunca antes había sucedido, estaba discutiendo con mi madre—. Además, solo van a ser un par de años hasta que él vaya a la universidad ¿cuál es el problema?

—¡Ah Vitenka! ¿te has puesto a pensar que pasaría si no puedes remontar la situación de Nefrit? —Una vez más la voz de mi madre se puso severa en la línea—. Tú pierdes años de tu carrera que te costará mucho retomar; pero ese niño lo pierde todo; él no tiene nada más que la herencia de tu padre por lo que me dijo Yakov. Si te las juegas con los bancos puedes hacer que tu hermano quede en la pobreza.

—Me encargaría de darle una profesión…

—Vitya estás a tiempo de no cometer un grave error.

—¿Qué sugieres mamá?

—Vende Nefrit —dijo sin titubear—. Así como están las cosas ahora, incluso con las deudas, la firma vale algo más de mil millones; sé que hay tres interesados dispuestos a pagarte al instante por la marca. —Calló un momento y con más calma argumentó—. Tomas tu parte, pones en un banco la parte que le corresponde a tu hermano como un fideicomiso y dejas que Yakov lo administre; él es un abogado muy bueno, pero también es un hombre honesto. El asunto estará arreglado tanto para ti como para tu hermano y nos ocuparemos de darle un nuevo impulso a tu carrera y a tu imagen, mi Vitya.

No puedo decir que la idea no pasó por mi cabeza. También la había pensado muchas veces y sabía que era la solución más sencilla y práctica; pero esa solución me alejaría de Yuri. Él se sentiría defraudado dado que me había confesado sus proyectos. Lo más probable sería que mi hermano terminase viviendo con Lilia y no conmigo porque vender “Nefrit” significaría retomar al cien por ciento mi carrera de modelo y vivir en todos los hoteles de lujo del mundo, menos en casa.

Además, esa decisión me alejaría de Anya y no podríamos estar muy juntos como habíamos planificado. Así como estaban las cosas, corría demasiados riesgos; pero tendría la oportunidad de demostrar mis dotes de gerente y podría vivir en familia con mi novia y mi hermano. Yuri y Anya me habían demostrado en el corto tiempo que trataron, que se llevaban bien.

—Dime que por lo menos lo pensarás unos días, consulta con otras personas para que no creas que lo que te digo es solo asunto mío. —Esa voz arrulladora volvió a sonar en mis oídos, parecía tener tanta razón y a mí me daba miedo admitir que ella estaba en lo correcto, porque volvería a ser su niño bueno y yo quería por fin crecer.

—Gracias por el consejo mami; pero esta vez no voy a hacerte caso —le dije convencido—. Perdóname y por favor intenta apoyarme en esta etapa.

—Sabes que siempre apoyé tus decisiones y que siempre estaré a tu lado mi Vitenka. —Parecía decepcionada, pero como una gran dama jamás perdió el estilo y el control—. Si a ti te corresponde ahora hacer este esfuerzo y demostrarte a ti mismo que puedes sobrellevar esas responsabilidades, a mí me corresponde dejarte que lo hagas y que, como un buen guerrero enfrentes tus batallas.

—Qué poética estás. —Me pareció que estaba enojada.

—Me conoces bien amor, siempre quiero dar la respuesta adecuada —contestó entre risas y añadió de inmediato—. ¿Quieres que cancele todos tus contratos?

—No todos por favor —Estaba convencido que podía hacer algunas cosas para no alejarme demasiado del modelaje—. ¿Me puedes enviar la agenda y yo te la devuelvo mañana o pasado mañana con las fechas aprobadas?

—Como tú digas cariño. —Sonó un beso por el auricular—. Cuídate y llámame más seguido no importa si es para hablar de cualquier tontería por unos pocos minutos. Te amo.

—Yo también te amo ma.

Mi madre era la dueña de mis sentimientos infantiles que todavía seguían jugando en un jardín hermoso que había construido mi alma dentro de mi corazón. La amaba, la respetaba y muchas veces la veneraba. Por eso me dolió decirle no y seguir con mi loco proyecto de convertirme en el hombre de empresa que no era y en el héroe de mi hermano menor.


Los pensamientos más puros y correctos llegaban a mi mente para justificar mi deseo de estar todo el tiempo posible con Yuri y correr junto a él por las mañanas, conversar un par de minutos a medio día y verlo dormir por las noches. Me estaba acostumbrando a entrar a su dormitorio antes de irme a dormir y cubrirlo con una manta más o acomodar sus almohadas.

Me estaba acostumbrando con mucha facilidad a contemplar su perfecto perfil y escuchar su suave respiración que adormilaba mis sentidos. Costumbres que un hermano mayor puede darse la oportunidad a manera de ensayo para cuando sea padre y acune a sus hijos antes de irse a descansar.

Pobre iluso.

Me daba explicaciones tratando de reconfortarme por mi esmerada actuación, pero no podía engañar por mucho tiempo al demonio que yacía expectante observando desde el balcón de mi subconsciente, riéndose de mí a cada segundo, planificando el momento preciso para salir como fiera hambrienta y clavar sus fauces en la yugular de su víctima.

Su víctima dormía plácida en el cuarto de huéspedes junto a su peludo gato y con el celular encendido. Yo lo apagaba para que descanse mejor y con pasos silentes salía de la habitación de mi hermoso hermano, esperando que el día y la noche se repita una vez más para sentirme orgulloso y satisfecho de mi encomiable labor fraternal.

Después mi rutina continuaba con la lectura de algún libro, tal vez repasar unos cuantos noticieros, contestar algunas de mis cuentas en redes, postear fotos y por supuesto escribir a mi bella novia que a esas horas estaba en plena cacería de animales salvajes con los enormes lentes de sus cámaras o tal vez estaría extrayendo información de algún nativo semidesnudo y amable de las tribus que intentaban denunciar ante los organismos internacionales la extinción de su mundo y de sus recursos.

Esa noche Anya me envió muchas imágenes de hermosas flores que no existen en otra parte del mundo más que en la amazonia de Brasil. Yo le conté la situación en la que se encontraba la empresa y la decisión de Yuri. Ella dudó un poco sobre la decisión de mi hermano, pero apoyó por completo la mía, no sin antes darme algunos consejos para que pudiera afrontar una situación tan seria y riesgosa.

Al final los dos concluimos que me apoyaría en los consejos de Yakov, él siempre allanó el camino para que mi padre pudiera sobrevivir y crecer en el difícil mundo del negocio de la moda, pues Miroslav Nikiforov sabía más de diseños que de gerencia estratégica de empresas.

Durante esa hora de mensajes Anya volvió a ser mi buena amiga, tal como lo había sido siempre; solo que resentía su lejanía y necesitaba de ella más que nunca. Es difícil para un hombre mantenerse tranquilo y célibe durante mucho tiempo, más aún si se tiene tentaciones momentáneas en cada estudio fotográfico, en cada playa paradisiaca y en cada fiesta desenfrenada a la que uno debe asistir.

Es peor cuando se tiene la menuda tentación de seguir observando a tu hermano de manera insistente para encontrar regocijo en el rubio destello de sus pestañas, en la dulce fragancia a caramelo en su cabello y en el marcado camino de su clavícula desnuda.


Las aburridas reuniones con el contador de la empresa se hacían más largas cada día. De pequeña estatura, lentes redondos de marcos muy delgados, ojos celestes muy pequeños, brillante calva que cubría con una boina de distinto color cada día y fragancia a madera añeja en el caro traje de diseño. Ese anciano hacía maravillas con los números y los cálculos exactos en los impuestos, había forma de deducir más ítems que los verdaderamente obligatorios. Su nombre Anatoliy Belov.

En pocas semanas había puesto al día todos los balances de la empresa y junto con Yakov hicieron un listado de las propiedades que mi padre poseía en Rusia y fuera de ella, cuál era el valor de las mismas en el mercado inmobiliario y hasta una lista de los posibles compradores. El contador trabajaba por un extraordinario sueldo semanal, Yakov lo hacía por un buen porcentaje de las ganancias y las ventas.

A saber, mi padre había adquirido durante sus veintiocho años de éxito profesional y los dieciséis al mando de Nefrit; edificios, casas, terrenos, almacenes, un par de mansiones de gran valor, fábricas al borde de la quiebra, un gran patrimonio en autos de lujo, finas joyas, departamentos de lujo y un yate.

Una fortuna que jamás quiso tocar para financiar su fuente principal de riqueza, por eso acudió a los bancos que, por ser Miroslav Nikiforov una personalidad y el más puntual de sus clientes, le permitieron cometer la locura de pedir un préstamo empresarial a mediano plazo con dos hipotecas sobre los bienes inmuebles de la empresa. Todos los activos estaban comprometidos, así como las futuras colecciones de los próximos dos años y yo como un héroe sin capa debía salvar esa situación.

Lo único que me quedaba para seguir viendo a la empresa en pie era vender las demás propiedades de papá.

Esa movida económica me permitiría pagar el íntegro de la deuda empresarial con los proveedores y la hipoteca más pequeña, también me dejaría respirar aliviado unos cuantos meses para ver de qué manera podría pagar la hipoteca principal y tal vez me facultaría refinanciar la deuda. Pero debíamos darnos prisa en la venta y transferencia de las propiedades a sus nuevos dueños, si no quería que las nuevas obligaciones y plazos con los bancos me alcanzaran.

No quería tener que pagar multas y penalidades a los simpáticos banqueros, aquellos que te sacan de apuros económicos y que luego te quitan sin contemplaciones tus propiedades, tus sueños y tu futuro, aquellos que rezan para que no te quites la vida con el fin de seguir cobrando los intereses moratorios que tal vez no lograste cubrir luego que perdiste todo.

Aquellos fueron días de intensas negociaciones, el apuro de vender los inmuebles representaba un peligro para obtener las mejores cotizaciones del mercado. Yakov fue el mago que movió sus contactos y envolvió en sus hechizos a los compradores. Yo solo firmé los papeles y asistí con puntualidad a las oficinas registrales para hacer efectivas las ventas.

La mayoría de las propiedades eran lugares novedosos y desconocidos para mí. Solo la mansión de San Petersburgo me traía recuerdos de los momentos que pasé junto a mi abuelo paterno y ese fue el contrato de venta que más me dolió firmar. Lo único que llevé a casa fueron los viejos álbumes de fotos de mi padre, sus objetos personales más queridos, una antigua máquina de coser fue a parar a la mansión de Nefrit y el resto de posesiones las repartí entre algunos parientes lejanos, fueron pocos los que dieron las gracias por los obsequios.

El día que logré levantar la segunda hipoteca de la fábrica y obtuve el documento de cancelación de deuda en el banco, me dije que dormiría plácidamente por la noche. Y es que durante casi dos meses mi sueño se limitó a cuatro horas diarias, mi apetito se redujo demasiado y me volví bastante irritable, “un viejo gruñón” como me decía Yuri.

Mi querido hermano me soportó callado, solo chasqueaba los dientes cada vez que yo le contestaba molesto o le pedía absoluto silencio para poder concentrarme en planificar los siguientes movimientos con la banca y la proyección en el mercado, la promoción de la última colección de accesorios y la inauguración de las últimas tres tiendas en Londres, Madrid y Viena.

No era fácil ser mi padre, tomar tantas decisiones importantes al día, proyectar la agenda futura, reunirse con proveedores y compradores, aprobar los planes de las futuras colecciones y seguir siendo el guía de un chico inteligente, rebelde y dueño de sí mismo.

Yuri sí que hacía lo que quería conmigo y con los demás, incluso se salía con la suya cada vez que trabajaba y aprendía algo nuevo al lado de Lilia. Estaba creciendo, más por dentro que por fuera, pero un día lo vi grande aun con el skate que descansaba a sus pies, maduro dentro de su apretado pantalón de mezclilla, muy serio y bastante responsable escuchando su estridente música favorita. Afanoso frente al tablero de dibujo, esmerándose por plasmar sobre los papeles y cartulinas toda su imaginación virginal, sus ideas frescas y renovadas.

«Eso era lo que necesita Nefrit», me dije.

Fueron días plenos de crecimiento, en los que yo ensayaba una nueva postura e imaginaba un look más ejecutivo para ser considerado cabeza de familia y guía neto de la empresa. Días de aprendizaje que me ayudaron a conocer más a Yuri, a Lilia, a Yakov y a mí mismo. Días de contracturas musculares, muchas tazas de café, dietas quebrantadas y alimentos a deshoras, con la consecuente irritación estomacal y pesadez mañanera.

Días que terminaron una noche fría de otoño en la que Yuri me dio un regalo espectacular y yo me sentí vulnerable frente a su maligna inocencia.

Había terminado de leer un capítulo de la última novela de Pavliv Volkovo cuando decidí descansar mi vista y luego de ponerme colirio a mis enrojecidos ojos los cerré durante unos minutos, relajándome con el sonido constante de la regadera en el baño. Yuri jabonaba y enjuagaba su cuerpo como lo hacía religiosamente cada noche antes de comer un último bocadillo e irse a dormir.

El momento que el sonido de la ducha cesó todo el departamento se sumergió en un adorable silencio, ni un solo sonido, ni siquiera el maullido prolongado del gato, ni la voz del presentador de noticias en la televisión, ni la música en el celular de mi hermano, ni el sonido de su equipo gamer. Solo la paz de no sentir ni un solo chistar externo.

Esa atmósfera me acunaba permitiéndome entrar en la suave dejadez del sueño, alejándome del mundo y de la pesadez de mi cuerpo, cuando la puerta del baño se abrió y dio paso a la luz intensa y al aroma a manzana del shampoo que usaba Yuri.

Mis ojos se abrieron en forma automática, un minúsculo salto me trajo de vuelta a la consciencia y observé su lento paso por delante de mi puerta. Agradecí a aquel dios que me estaba permitiendo ver la piel reluciente que cubría sus cincuenta kilogramos de músculos delgados y tensos, piel por donde resbalaban las gotas de agua que parecían evaporarse en medio del ambiente frío de la noche.

Acomodé mis almohadas hacia el lado izquierdo de la cama y la acción me ayudó a seguir contemplando a Yuri que en el dormitorio de en frente caminaba de un lado a otro acomodando su uniforme sobre el taburete, sus cuadernos y libros en la mochila, su gato sobre la cama y su celular muy junto a su almohada.

Qué persistencia la de Yuri de dormir todas las noches con el celular conectado y con algo de música. Yo también era persistente pues en media hora entraría a su dormitorio a apagarlo y dejarlo lejos de su cama; pero sobre todo entraría para verificar si dormía bien.

Observé con cierto placer cómo Yuri estiraba sus brazos para relajarse, tomaba la secadora de cabello y se ubicaba frente al espejo del closet. En medio de todos esos pequeños movimientos Yuri deslizó la toalla que tenía sujeta a su cintura y la tiró sobre la cama. Entonces me permitió ver toda su espectacular arquitectura, había fortalecido mucho su abdomen y sus piernas en los tres meses que vivía junto conmigo, sus brazos lucían algo más desarrollados y ya no parecían ser los brazos de una muñeca.

La espalda firme todavía mostraba los claros síntomas de la adolescencia a la que en poco más de un año le estaría diciendo adiós, su cintura delgada estilizaba más su figura y su quebrado derriere era la curva más peligrosa de su hermoso y delicado cuerpo.

Insalivé varias veces porque Yuri era un platillo delicioso que se exhibía frente a la mirada ansiosa de un hambriento. Me quedé mirando cada detalle de su andar, cada pequeño gesto de sus ojos, sus cejas y sus labios frente al espejo, su cabello que volaba con el viento cálido del secador, su firme vientre que mostraba los frutos del trabajo en el gimnasio del colegio, la suave maraña castaña en la que terminaba su cefírico torso y su relajada virilidad que entre infantil y joven se balanceaba libre al compás de los movimientos de su cuerpo.

Mirar la belleza natural de un hombre y admirarla en secreto no era ningún pecado, no había nada malo en observar con detenimiento las anguladas formas de los bíceps y tríceps, los oblicuos y los femorales, esa observación me permitía saber el estado de salud de la persona y me ayudaba a reafirmar mi absoluta preferencia por varones, tan igual como la que sentía por las bellas mujeres que pasaron por mi vida.

Sin embargo, si esa persona a quien observas hasta en el más mínimo detalle es tu hermano menor, eso se convierte en pecado, pero… ¿quién lo iba a saber? Mientras Yuri no lo notase y no se sintiese incómodo, ¿qué daño le podía estar haciendo?, mientras todo quedase en el campo de la observación y apreciación ¿existía algún peligro?

Ese momento de contemplación yo, Víctor Nikiforov, olvidé que de la admiración sincera por la belleza masculina al apetito voraz existe una corta distancia que es fácil de franquearse. Pobre Víctor debía haber evitado seguir engullendo con la mirada al chiquillo; pero mi ego, terco como siempre, no quiso hacerlo y siguió hurgando con los ojos hacia el interior del dormitorio de mi bello hermano menor que se paseaba desnudo sin ninguna preocupación. Qué tonto que fui al creer que era el dueño absoluto de la situación.

Yuri se aproximó a la puerta de su dormitorio y yo disimulé estar dormido. Él como siempre dejó la puerta medio abierta y prendió la luz de su lámpara de noche. Fueron pocos minutos, pero fueron los suficientes como para provocar una fuerte ola de calor en mi cuerpo que amenazaba con encender las zonas más vulnerables de mi pobre humanidad.

Tenía que hacer algo de inmediato, así que esperé un tiempo calculando que Yuri se durmiera y tomé mi celular y con desesperación busqué a mi principal contacto. Mi bella Anya que a esa hora debía estar en su descanso de medio día. Recé porque fuera así.


—¿Todo está bien mi amor? —Creo que el popular sexto sentido de las mujeres debe existir oculto en alguna parte de sus bellas anatomías. El de Anya estaba alerta y podía develar mi vulnerable estado de excitación a miles de kilómetros de distancia—. Lo digo porque te escucho demasiado tenso… dime qué pasa Vitya.

—Son los problemas de Nefrit amor. Aún no logro resolver lo del banco central. —No, no se debe mentir a las mujeres inteligentes, intentar disimular su predicamento con una mentirilla fue el peor error que Vitya cometía en ese momento.

Era como un niño inexperto de doce o trece queriendo ocultar el efecto que producía en su tensa y caliente entrepierna las hermosas copas desbordadas de un brasier al que miraba fijamente, sin deseos de disimular el arrebato.

De igual manera mi pequeño Vitya no podía evitar repasar una y otra vez en su atormentada memoria la visión edénica que su hermano le había regalado minutos atrás. Algo en la voz, en la respiración, en la cadencia, en las palabras de ese Vitya lo pusieron en evidencia. Si, algún detalle sin importancia debía haberme delatado.

—Víctor Nikiforov si no me dices por qué me has llamado a esta hora con tanta insistencia tendré que colgar la llamada. —Allí estaba la sentencia dictada y yo el pobre condenado debía desmentir mi testimonio y hablar de nuevo con la verdad.

Mi verdad, la verdad que tenía dentro de mi pecho en ese instante era una verdad a medias, una verdad a la que intentaba cerrarle las puertas de la conciencia para que no me muestre más vulnerable y desnudo de lo que ya me encontraba.

—Te extraño… Anya. —Sí la extrañaba, pero solo en parte. Extrañaba sus atenciones y cuidados, me había acostumbrado a sus besos mañaneros y sus manos jabonando mi espalda por las noches.

—Es la primera vez que me lo dices, ¿estás seguro? —Claro que estaba seguro, quería que esté junto a mí esa noche para sentir su suave fragancia y apretar sus caderas con furia.

—Es la primera vez que te alejas tanto tiempo. —Imaginé sus largos cabellos como suave manto cubriendo su espalda mientras ensayaba un nuevo movimiento sobre mi pelvis.

—¿Estás en tu límite mi Vitya? —Mi diosa tenía razón en ese momento pues mi mano recorría por quinta o sexta vez los bordes de mi ropa interior.

—Te necesito… Anya… —Fue la parte más honesta de toda la conversación. Por supuesto que la necesitaba, quería tener sus labios de fuego recorriendo mi piel hasta llegar a sentir toda la intensidad del placer sobre mi carne—. Te deseo…

Podría decir que, en lugar de hablar en el teléfono, estaba ronroneando mis palabras para que ella se apiade de un gato mal trecho y abandonado, para que le dé algo de consuelo y calma.

—Vitya tengo que volver al vehículo, la carretera ya fue despejada… —me anunció con cierta pena.

—Solo pide unos minutos por favor… —rogué como un moribundo

—No puedo…—dijo y calló por unos segundos, yo escuché las voces, la música y el sonido de los carros. Anya volvió a hablar—. Espera… dame solo un par de minutos.

No fueron un par. Para todas las cosas importantes de la vida las mujeres suelen tomarse su tiempo, un tiempo en el que no podía hacer otra cosa más que deslizar mis interiores hacia los tobillos y buscar la causa de mi agitación nocturna, sujetarla con firmeza y alcanzar el desfogue inmediato e intenso en una sola pulsión.

La solución estaba tardando en llegar cuando la pantalla de mi celular se encendió y comenzaron a ingresar algunas fotografías a mi mensajería. Fotos sugerentes, fotos sensuales, fotos atrevidas, fotos cargadas de deseo, fotos eróticas, fotos lascivas.

Anya se convirtió en una modelo porno, la más vulgar y atrevida de todas. El ambiente de fondo era el baño de un restaurante, el apuro le hizo pedir prestado el servicio en el comedor del hotel y allí posó como la más bella de las meretrices que ofrece sus servicios a los hombres y mujeres que pagan por placer.

Esa no fue la solución que yo había esperado, pero cuánto ayudaron Anya y sus curvas perfectas a que Vitya pudiera llegar a calmar ese doloroso e intenso momento de algarabía sensorial y testosterona mental que quebraban su frágil voluntad.

Cuanto ayudaron la sonrisa de mi amada, la sombra mágica de su aureola, la redondez perfecta de sus caderas, el largo camino de sus piernas y la húmeda vegetación de su pubis, cuánto ayudaron a alejar la imagen tentadora de mi hermoso hermano que descansaba envuelto en las suaves sábanas de los sueños.

Anya

Mis ojos volvieron a detenerse en sus detalles que conocía a la perfección, mis manos volvieron a sentir la tersura de su piel y la mullida sensación de sus inmensos senos, mi boca volvió a gozar del dulce sabor de su inquieta lengua y hasta mis oídos escucharon una vez más su voz diciéndome palabras a medias, como solía hacerlo cuando se encontraba a punto de perderse entre mis brazos.

Anya fue mía esa noche, aunque ella estuviera dentro de un vehículo todo terreno rumbo a la espesura de la madre selva.

¿La amaba?

La amaba, claro que la amaba con todo mi ser. De no haberla amado, jamás me hubiera entregado a sus recuerdos como lo hice esa noche. La amaba sin temores, sin restricciones, con toda la furia de mis instintos y con la dulzura de mi niño interno.

La amaba mucho, pero para su desgracia y la mía, Anya me amaba más.

Notas de autor:

Fashionista: es una persona devota a la moda, a la ropa y accesorios, especialmente a la «High Fashion». Un fashionista siempre está al pendiente de las tendencias y tiene conocimientos de diseñadores, marcas y estilos.

Cefírico: proviene de Céfiro el dios del viento en Grecia. Era el viento más suave de todos y mensajero de la primavera.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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